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martes, 13 de agosto de 2013

Sucre quería ir a La Habana

Por Gil Ricardo Salamé Ruiz
Después de liberar a la América, el 9 de diciembre de 1824 en Ayacucho, Sucre se quedó con un ejército de más de 8.000 hombres que muy pronto estarían sin empleo. Quizá vino a su memoria lo que pasó con los hombres de los ejércitos ingleses y franceses después de la derrota de Napoleón, en Waterloo, muchos de los soldados y oficiales de esas tropas se convirtieron en mercenarios.

Es conocido de cómo una gran parte de los soldados del ejército irlandés fue contratado por López Méndez, en Londres, para que formaran parte de los batallones patriotas en la lucha contra los españoles, y hasta se creó un batallón formado casi íntegramente por irlandeses y británicos; ese batallón fue el célebre Rifles cuyo primer comandante fue James Rooke. Posteriormente fue nombrado comandante de Rifles a Arthur Sandes, (1).

Entre uno de los tantos inmigrantes irlandeses que vinieron a Venezuela está Daniel Florencio O’Leary, Secretario primero, de Bolívar y luego de Antonio José de Sucre. Pero volviendo a las causas que hicieron pensar al Gran Mariscal de Ayacucho en ir a liberar a Cuba está la ya mencionada, además, Sucre sabía que estaba en posesión del ejército más poderoso existente en América, el cual estaba muy bien acoplado, por lo que no le iba a ser difícil derrotar a los españoles en Cuba, ya que se decía que el espíritu patriótico estaba en toda la gente. Además, porque él, como Comandante en Jefe de sus tropas, únicamente había perdido una batalla, la de Guachi, al desobedecer el General Mires, su Segundo Comandante, las órdenes de no atacar todavía. Antonio José de Sucre amaba guerrear por la libertad de los pueblos, ese era su mayor anhelo y gloria. El 8 de marzo de 1825 desde su Cuartel General en La Paz le escribió al Secretario de Estado del Despacho de Guerra:

Señor secretario:

Aunque supongo que S. E. el Libertador habrá escrito al gobierno de Colombia para saber qué se hace con ese ejército nuestro después de haber acabado con la campaña del Perú, es mi deber pedir a S. E., el vicepresidente sus resoluciones en el particular.

Dentro de cuatro meses cuento con tener esa fuerza pronta a marchar, y sobre este dato puede el supremo gobierno calcular para la dirección en estas tropas. No me aventuro si aseguro a V. S. que éste es un ejército capaz de todo: está bajo un pie de organización, de orden, de sistema de economía, e instrucción, que creo buenamente que en nada se diferen-cia de las tropas europeas.

No sé si estaría en los intereses de Colombia alguna empresa sobre La Habana; pero me atrevo a indicarle, si es que se puede disponer de alguna marina con qué protegerla.

A. J. DE SUCRE

Este es un fragmento de la carta que Sucre la hizo al Secretario del Despacho de Guerra en la cual se nota su voluntad inquebrantable de guerrero; y aún más, en diversas cartas que le escribió al Libertador, le decía que sería un buen objetivo ir a la Habana, además el 7 de junio en 1825 también se lo expresó al Coronel O’Connor de la siguiente manera:

“Dios quiera que al gobierno de Colom-bia le ocurra comprar un pleito en La Ha-bana. Yo experimento un vacío que puedo decir a Vd. que desde Potosí no tengo un día contento.”

Sucre, el 28 de julio de 1825 desde La Paz se dirige a Bolívar:

“Mucho celebro que México se empeñe en la expedición a la Habana; pero yo he pensado que Vd. ha desistido de ello, puesto que solo trata de mandar nuestras tropas para Venezuela. En fin, pronto me dirá Vd. qué hay de esta bella y deseada expedición”.

Desde Chuquisaca, el 20 de septiembre de 1825 Sucre le escribe a Bolívar:

“Me olvidaba decir que si resuelve la expedición a la Habana puede contar con el batallón y escuadrón bolivianos antici-pando avisos para equiparlos muy bien...; y yo cuidaré de llevar conmigo dos exce-lentes cuerpos como Vd. pide.

En otra carta le decía:

“a la expedición de la Habana; no sólo la acepto por mil motivos de gratitud a Vd. y de gloria, sino que la anhelo; creo que ella a un tiempo sirve a los intereses de Colombia y de la América, sino que parti-cularmente a mí, me es de sumo bien, por cuanto me saca de la difícil posición en que me han colocado los involuntarios compromisos de mandar estos pueblos (era Presidente de Bolivia); leí con sumo gusto esta carta de convite pero en la del 18 ya no me vuelve hablar Vd. de esta ex-pedición, lo cual me ha desconsolado”.

Ese mismo año 1826, el 27 de abril le escribió al General Páez:

“Recientemente de Ayacucho nuestro ejército ofreció al Gobierno ocuparse de la libertad de La Habana; pero sea que no se tengan los medios pecuniarios para soste-ner una nueva campaña, o sea que nos convenga a los intereses de Colombia en-trar en una cuestión que pudiera dar em-barazos; el gobierno ha contestado sólo dando las gracias. Nuestro ejército está en un pie brillante por disciplina, orden, siste-ma y, sobre todo, con un espíritu nacional y militar que le duplica su fuerza. Sería ca-paz de cualquier empresa digna de sus armas”.

El Gran Mariscal de Ayacucho tenía todo previsto para la expedición a La Habana, incluyendo el financiamiento de la misma, había previsto solicitar un empréstito y una vez liberada la isla de los españoles debía Cuba reintegrarlo. (2) Para mandar a las tropas en Cuba le escribió al Libertador: “no sólo irá el general Córdova, sino que yo y todos iremos a acompañar a Vd.” (3) Pero era imprescindible para esa expedi-ción que Chile le suministrara navíos por-que le sobraban.

Bolívar no le respondió nada a Sucre y no le comentó más nada acerca de ir a liberar a Cuba porque se dio cuenta que a Chile no le interesaba la expedición, y por tal motivo ya no contarían con los barcos que eran precisos para la empresa. Cuba no sería libre de los españoles hasta el año 1898, para, luego, caer por un tiempo, en manos de los Estados Unidos (hasta 1902). Puerto Rico por su parte, única nación que no libró guerra por su Indepen-dencia, le fue entregada por los españoles a los Estados Unidos después de la guerra entre ambos y desde 1898 forma parte de esta última nación.

*) Este es un capítulo de mi libro “Sucre, algo más que un guerrero”.

Gil Ricardo Salamé Ruiz es economista e historiador.

Notas:

1) El cuartel que lleva el nombre de Arturo Sandes en la Casona de Caracas, por alguna razón desconoci-da, tiene mal escrito su apellido, escribieron “San-dez.” Con z al final.

2) O’Leary, Daniel Florencio, Ibidem Tomo I pág. 393

3) Archivo de Sucre, obr. cit. Tomo X pág. 363.

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