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jueves, 6 de agosto de 2015

No sólo fueron 16 años, la lucha empezó en 1778


La historia oficial nos ha enseñado una versión diferente de aquello que ocurrió antes, durante y después del 6 de agosto de 1825, cuando Bolivia nace a la vida independiente, según José Fellman Velarde, compuesta por cuatro regiones dramáticamente diferentes: el altiplano, los valles, los llanos y el Litoral. Esta versión insiste y trata empíricamente de demostrar que sólo fueron 16 años de lucha por la independencia, desde lo que se considera el primer grito libertario de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809.

Lo que se tiene que comprender, para tener una idea clara acerca de la lucha independentista de Bolivia, es que éste no fue un hecho casual, sino que responde a un contexto interno, que describiremos luego, y también a la coyuntura externa que fue la que dio el impulso, la fuerza que los bolivianos de entonces (charqueños) necesitaban para dar el primer paso. ¿Qué pasaba entonces?

Desde que los españoles se apoderaron de las tierras y gente de Latinoamérica, su bonanza duró casi dos siglos, expoliando la riqueza de este suelo en cantidades exorbitantes de la manera más cruel y tortuosa posible para los verdaderos dueños de estas tierras. Casi a fines del siglo XVII, se presentó una profunda crisis económica y política para la corona española, y el último rey de la dinastía, Carlos II (“el Hechizado”), que pertenecía a la Casa de los Habsburgos Españoles, con aparente trastorno mental y sin un heredero, mostró mucha debilidad en la conducción de su reino colocando en una situación crítica a España e iniciándose una lucha tenaz por la Corona.

Emergió una nueva casa reinante en España, la de los Borbones, que aún hasta hoy sigue rigiendo los destinos de ese país; sin embargo, este cambio de dinastía trajo consigo, ya a principios del siglo XVIII, una profunda crisis que, según esta nueva clase reinante, ameritaba nuevas formas de beneficio y explotación de las riquezas americanas, imponiendo nuevas leyes aún más severas que la anterior. Habiendo sido una buena parte de la población americana exterminada, con tanto trabajo y sufrimiento al que había sido sometida, la actual administración recurrió incluso a ancianos, mujeres y niños para destinarlos a los trabajos más duros que un ser humano pueda imaginar; fue entonces que aquella chispa de redención que nunca se apagó en los nativos desde la llegada de los peninsulares, comenzó a encenderse y nuevos aires de liberación comenzaron a tener pie, a objeto de detener los vejámenes y abusos a los que estaban sometidos.

En 1739, se crea el Virreinato de Nueva Granada, en 1776 el Virreinato del Río de la Plata separándola del Perú y permitiendo que la plata, el oro, además de cereales, carne, cueros y otros productos salgan a Europa, ya no sólo por el Pacífico, sino también por el Atlántico; además, frente a los intereses de los ingleses, que fueron los grandes ganadores con el cambio de dinastía, la creación del Virreinato significó también proteger esta zona de los intereses portugueses. Se cambió igualmente la forma de administración política, aplicando el sistema de división del territorio en intendencias, suprimiendo el temible sistema de los corregimientos. En realidad este proceso no cambió para nada la situación de los nativos americanos, más bien la acrecentó.

La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, requería de materias primas y pretendía sí o sí apoderarse de las que existían en América, todavía en manos españolas; entonces, se dio inicio a una serie de estrategias para lograr este cometido. Se dice que al margen de la gran labor humana que realizaban los Jesuitas en América, el Papa Clemente XIV, en 1773, expulsó a la orden de la Compañía de Jesús, también por alguna relación que tendría que ver con las intenciones de la influencia inglesa. En este estado de cosas, no es menos importante hacer referencia a la Independencia de los Estados Unidos ocurrida el 4 de julio de 1776, dos años antes del levantamiento de Chayanta.

Este conjunto de hechos habría influido en la vida cotidiana del Alto Perú (hoy Bolivia). En 1778, se da inicio a la denominada Revolución de Chayanta, encabezada por Tomás Katari, de quien según nuevas fuentes e interpretaciones de su papel en este proceso, habría sido financiado por los ingleses, conjuntamente a Tupaj Amaru en el Perú, para que sus intenciones de redención vayan más allá de un simple levantamiento.

En varios Libros escritos por el suscrito (“Héroes Prestados I”, “Héroes Prestados II”, “Cómo Nació Cochabamba”, “Historia Crítica de la Independencia” y otros), describimos el rol que desempeñó Tomás Katari y cómo, al margen de lo que señala la historia oficial, su esfuerzo dio paso a la denominada lucha por la independencia de Bolivia, desde 1778, dando lugar a que este periodo emancipatorio abarque 47 años para hacer libre a lo que hoy es Bolivia y no sólo los 16 años, desde 1809 hasta 1825.

La Revolución de Chayanta fue un episodio épico, digno de resaltarlo y que el pueblo boliviano tenga una noción cabal de su significado en este momento importante del nacimiento del país. No sólo fue Katari, sino sus hermanos, su esposa, su familia entera, miles y miles de charqueños (nativos), que estaban esclavizados, que ya no podían aguantar el estado de cosas que significaba su dura existencia. El pueblo todo se levantó en contra del sistema colonial impuesto. Se sumaron a este proyecto, criollos, mestizos, curas, acompañando a Tomás en su gigante labor, porque la relación español-indio, iglesia-indio, autoridad-indio, doblegó sus sentimientos y se apegaron y sumaron a la tarea de hacer libres a estos hombre cautivos.

Chayanta fue el resultado de haber sido tolerantes ante el dolor, el hambre, de mirar cómo todo un pueblo era castigado sacándole los ojos, las orejas, ante la osadía de poder intentar leer o escribir, de reclamar por el excesivo trabajo, por esto era castigo a la vista de todos para que no se quejen, y como escarmiento simplemente se les cortaban las manos o los pies o, volverles hacer trabajar otras tantas horas. Este era el trágico final de estos cientos de personas, que solamente pecaron por ser nativos y tener un suelo rico bajo sus pies, del cual por siglos se les enajenaron. Esto no es mero eufemismo, un mero discurso que por siglos estaba prohibido referirlo. Chayanta significa abrir los ojos y mirar la luz del día, oculta hasta entonces para la mayoría de los bolivianos de antes y ahora. Este evento tiene tanta connotación en la región, que sin excepción alguna, todos los pueblos sometidos se levantaron a su ritmo, es el caso de Cochabamba.

¿Es que acaso por ser indios los que encabezaron este movimiento habría que olvidar este momento de la historia? En realidad, fue así. Luego de 1825, los que se apropiaron de esta lucha fueron comodines, españoles vestidos a la americana, quienes dieron paso a la Bolivia naciente. Tenían que borrar de la memoria estos hechos épicos, a sus protagonistas, para hacer creer que fueron ellos los que lucharon y rubricaron luego la independencia de Bolivia.

Se empezó a hablar desde entonces de las batallas de Pichincha, Junín, Ayacucho, que habrían dado la libertad a Bolivia. Sin el ánimo de desmerecer estas contiendas, que en verdad dieron la libertad a cuatro de nuestros países hermanos: Venezuela, Colombia, Ecuador y el Perú, no ocurrió los mismo con nuestro país, así como se nos impuso lo que en algún libro llamamos “Héroes Prestados”, o aquello del “Tabú Bolivarista”, que menciona valientemente el historiador Marcos Beltrán Ávila.

Fue pues Esteban Arze, Juana Azurduy de Padilla, Tomás Katari, Tupaj Katari, Manuela Rodríguez, Manuel Ascencio Padilla, Tomasa Silvestre, Matos, el Padre Muñecas, el Moto Méndez, los hermanos Millares, Nogales, Camargo, Del Rivero, y miles de hombres y mujeres que con su lucha y su vida nos legaron nuestra libertad. Sobre esto, Charles Arnade (La Dramática Insurgencia IX) señala: “(…) no es nada que pueda extrañar, que acontecimientos de hondura y magnitud como las grandes sublevaciones indígenas de los hermanos Katari de Chayanta, de Julián Tupaj Katari, Tupaj Amaru (…) hayan sido tergiversados por los relatores colonialistas y que, tras de abominar esos grandes movimientos de masas y denigrarlos, se les hubiese despojado de toda trascendencia e importancia para la historia nacional, perpetuando los errores y falsedades, según A. Arguedas”.

Causa indignación profunda que a 190 años de la independencia de Bolivia, todavía se siga recordando, con homenajes solemnes, desfiles fastuosos, a quienes no hicieron, incluso se opusieron tenazmente, a nuestra independencia. En este 6 de agosto, el pueblo en su totalidad debe hacer una reflexión precisa y aguda, acerca de los Padres de la Patria, quiénes son, en esencia, los que hicieron libre a Bolivia. De aquellas batallas que dejaron en los campos a miles de protagonistas y héroes anónimos; desde 1778 hasta 1809, y desde esa fecha hasta 1825.

De una vez, el sistema de la educación en Bolivia, debe asumir con seriedad y responsabilidad este tema que marca el destino y la identidad de nuestro pueblo. No es justo que se siga repitiendo aquello que no ocurrió. Es el propio boliviano que, a costa de legarnos su vida, hizo de Bolivia un Estado libre y soberano y es esa historia que quieren conocer el ciudadano de hoy. Basta de seguir repitiendo aquello que por siglos ha lastimado el espíritu y la conciencia de los bolivianos, enseñando y preparándonos sólo para obedecer, para ser pobres de por vida, estando sentados en una silla de oro. Esa historia, la nuestra, es maravillosa, digna y heroica.



Franz Gustavo Morales

Docente en la Universidad Autónoma Tomás Frías y en la Universidad Pública de Uyuni UATF. Director Departamental de Turismo. Articulista en varios periódicos del país.

Autor de 11 libros. Actualmente, docente en la UMSS.



La Revolución de Chayanta fue un episodio épico, digno de resaltarlo y que el pueblo boliviano debe tener una noción cabal de su significado en este momento importante del nacimiento del país.

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