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martes, 2 de agosto de 2016
Perú, 9 de diciembre de 1824 - Batalla de Ayacucho
La batalla de Ayacucho, fue el último enfrentamiento armado que sostuvieron los ejércitos españoles y patriotas, en el largo camino hacia la independencia del Perú. Fue librada entre las tropas del libertador Simón Bolívar al mando de Antonio José de Sucre, y las fuerzas españolas al mando del virrey José de la Serna. Se desarrolló en la Pampa de la Quinua en el departamento de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824; la victoria de los independentistas, selló la independencia del Perú y de América del Sur. Los españoles tenían 9 mil hombres, los patriotas 5 mil. Los principales jefes realistas son Canterac, Valdés, Monet y Villalobos. En el lado de los patriotas, destacan, además de Sucre, La Mar, Córdova y Miller. Después de casi tres horas de duro combate, el virrey La Serna, herido es tomado prisionero. Por la tarde, Canterac y otros jefes realistas capitulan. Con esta batalla se pone fin a la dominación española en la América continental. Fue precedida de un movimiento político y militar que, entre 1808 y 1826 afectó a la casi totalidad de los territorios de la América hispana, y que condujo al nacimiento de un grupo de repúblicas independientes, entre ellas el Alto Perú. En tanto, los jefes vencidos se embarcan hacia España.
domingo, 14 de diciembre de 2014
190 años de la Batalla de Ayacucho
El martes 9 de diciembre fue una fecha especial para todos los americanos; ese día asistimos jubilosos, desde Río Grande hasta la Patagonia, a la celebración del 190 aniversario de la hazaña militar que selló nuestra definitiva emancipación: La Batalla de Ayacucho, la última y más importante de cuantas se celebraron en el marco de la gesta independentista americana. Ayacucho no solo marca el fin del poder colonial español en el Nuevo Mundo, es la victoria que señala el tránsito hacia la futura integración latinoamericana, al tiempo que, bajo sus laureles, contempla el nacimiento de una nueva nación: La República de Bolivia.
Aquel 9 de diciembre de 1824, después de superar obstáculos inimaginables, el general venezolano Antonio José de Sucre y 5.780 bravos del Ejército Unido Libertador asisten a su cita con la gloria en la Pampa de Ayacucho, dispuestos a consumar la libertad de la América Meridional.
La victoria no se presentaría nada fácil, el adversario que se interponía entre la libertad definitiva del continente o la continuidad del yugo colonial era, sin lugar a dudas, el más poderoso de cuantos oprimieron al país de los incas. El Virrey José La Serna y sus experimentados jefes europeos disponían de una maquinaria militar de más de 15.000 hombres, 10.000 de los cuales se presentaron ese día en el campo de batalla.
ESTRATEGIA. Comenzadas las acciones, el general Sucre, leyendo perfectamente lo que sucedía en el campo de batalla, ordena al general José María Córdova que ataque con su División el centro realista, comprometido momentáneamente en el paso de una quebrada luego de su incómodo descenso por las faldas del cerro Condorcunca. Colocado frente a sus tropas el general neogranadino emite una célebre orden: ¡Soldados, armas a discreción; de frente, paso de vencedores! Acto seguido, en medio del mayor orden táctico desplegado durante la jornada, las tropas de Colombia siguen a la victoria a su joven comandante de 24 años. Los más selectos cuerpos realistas salen a su encuentro: Burgos, Guías, Victoria, Infante; su esfuerzo es vano, los batallones del Rey son arrollados y disueltos pese al arrojo con que se emplean sobre el campo de batalla.
Sobre el costado izquierdo del campo, la División La Mar (batallones Número 1, 2 y 3 del Perú y la Legión Peruana de la Guardia) se traba en feroz combate con la vanguardia realista del Mariscal Valdés; mientras, en el centro, los heroicos batallones Pichincha, Bogotá y Caracas se abalanzan sobre el fuego enemigo a costa de grandes pérdidas. En el fragor de la batalla llega el turno de actuar a la caballería patriota del intrépido general Miller, los Húsares de Junín, con el comandante Suárez de Buenos Aires, y los Granaderos y Húsares de Colombia de los venezolanos Silva y Carvajal, irrumpen como truenos sobre la pampa para terminar de decidir la batalla a favor del bando republicano.
Al final de la jornada, la victoria patriota es total: en su poder quedan el Virrey, 15 generales, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 jefes y oficiales y 2.000 efectivos de tropa, mismos que ascenderían a 6.000 en los días posteriores. Sucre no conoce la victoria sin la clemencia, la generosa capitulación concedida por el jefe patriota a sus otrora opulentos adversarios eleva el nombre de América al sitial de las más nobles y civilizadas naciones del universo.
La victoria de Ayacucho representó también el triunfo de la política de alianzas continentales impulsada por el Libertador Simón Bolívar. A Ayacucho, enclavado en la Sierra Sur del Perú, concurrieron tropas de Venezuela, Nueva Granada, Quito, Guayaquil, Alto y Bajo Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Centroamérica y Europa, la mayoría de ellas confederadas ya con Colombia gracias a los tratados de Amistad, Unión, Liga y Confederación perpetua suscritos por el Libertador Bolívar con los gobiernos de Lima (1822), Chile (1822), Buenos Aires (1823), México (1823) y Centroamérica (1826). Estos acuerdos serían ratificados en la primera Asamblea de Pueblos libres que recuerde la historia americana: El Congreso Anfictiónico de Panamá.
CHARCAS. Más allá de las consecuencias políticas, económicas, sociales y comerciales que en el ámbito continental arrojó la jornada de Ayacucho, para los altoperuanos tuvo una especial significación pues bajo la égida del héroe de Pichincha y Ayacucho los territorios de la antigua Audiencia de Charcas verán nacer en su seno una nueva nación, Bolivia. El general Sucre, conocedor desde la campaña de Pichincha del sentimiento independentista de los altoperuanos, apenas cruzó el Desaguadero no dudó en convocar a una Asamblea Deliberante para que los habitantes de Charcas decidieran su futuro, tal como lo había anunciado desde el año anterior en decenas de cartas dirigidas a Bolívar y a diferentes autoridades militares de Colombia. Pero el concurso del futuro Gran Mariscal de Ayacucho a la independencia del Alto Perú no se limitó solo al decreto, con su pluma magistral pudo doblegar a las guarniciones realistas y ganarlas para la causa de libertad.
Desde su Cuartel General en Cusco, el 1 de enero de 1825, el futuro Presidente de Bolivia dirige una nutrida correspondencia a las municipalidades de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí informando que: “El 9 de diciembre en los campos de Ayacucho terminaron la opresión y los males de este país... les dejaremos (el Ejército Libertador) su más amplio y absoluto albedrío para que resuelvan sobre sí lo que gusten, para que se organicen del modo que más proporcione su felicidad”. En similares términos se comunica con los jefes realistas de Oruro y Santa Cruz (Arraya y Aguilera), anexando a toda su correspondencia copia de la Capitulación de Ayacucho. Ante el infortunio de la causa española en América, la reacción de las principales guarniciones realistas del Alto Perú no se hizo esperar, los pronunciamientos de adhesión a la causa libertaria se suceden uno tras otro: el 14 de enero de 1825 Cochabamba, el 12 de febrero Valle Grande, el 14 de febrero Santa Cruz, el 22 de febrero Chuquisaca y el 30 de marzo Cotagaita.
Pudiendo haber aplastado con su remozado e invicto ejército a los disminuidos realistas del Alto Perú, el espíritu cívico y humanista de Sucre se decantó por la diplomacia; en América no se había dado conducta igual. El último vestigio del poder español en Charcas se extinguiría, sin pena ni gloria, con el asesinato del obstinado general realista Pedro Antonio Olañeta, a manos de sus más cercanos colaboradores, en momentos en que el Ejército Libertador ocupaba ya Potosí.
El 6 de agosto de 1825 “un nuevo motivo de júbilo para el género humano”, la América contempla el nacimiento de una nueva nación, Bolivia, como tributo al campeón de la independencia americana, pero también como manifestación perpetua de un amor por la libertad.
martes, 9 de diciembre de 2014
9 de diciembre de 1824 Batalla de Ayacucho
La batalla de Ayacucho, fue el último enfrentamiento armado que sostuvieron los ejércitos españoles y patriotas, en el largo y sangriento camino hacia la independencia de América.
Fue librada entre las tropas del Libertador Simón Bolívar al mando del Gral. Antonio José de Sucre, y las fuerzas españolas al mando del virrey José de la Serna. Después de la derrota de Junín, Canterac recibió refuerzos de Jerónimo Valdés y se unió con las fuerzas del virrey La Serna. Por otro lado, Bolívar seguía su marcha hacia el sur, recogiendo armas, aprovisionamientos y desertores del ejército de Canterac para estrechar el asedio a Lima y Callao.
Por su parte el Gral. Sucre que ya estaba al mando del ejército libertador, por decisión de Bolívar, consideró conveniente hostigar al enemigo con el fin de impedir su recuperación tras el descalabro de Ju-nín. Luego de algunas escaramuzas, finalmente, el 8 de diciembre de 1824, mientras Bolívar estaba en Lima, Sucre en Huamanga, los ejércitos patriotas y realistas se encuentran prestos para la batalla final al pie del cerro Condorcunca (cuelo de cóndor) en la Pampa de la Quinua, en el departamento de Ayacucho, los españoles tenían más de 9.000 hombres, los patriotas más de 5.000. Los principales jefes realistas son: Canterac, Valdés, Monet y Villalobos.
En el lado contrario destacan, además de Sucre, La Mar, J. M. Córdova y Miller. La batalla se inició el 9 de diciembre a las 10 de la mañana y duró casi tres horas.
En el fragor de la batalla el virrey La Serna cae herido y es tomado prisionero, se difunde la noticia del percance, entonces los soldados del virrey dándose por derrotados, optaron por la dispersión y el ejército realista se vio reducido a su Estado Mayor y con escasas tropas. Por la tarde, Canterac y otros jefes firman la capitulación reconociendo la independencia definitiva del Perú y América. El ejército realista había sufrido 1.800 muertos y los patriotas 309; los heridos en el bando espa-ñol sumaban 700 contra 670 patriotas. Se había capturado abundante armamento.
Fue librada entre las tropas del Libertador Simón Bolívar al mando del Gral. Antonio José de Sucre, y las fuerzas españolas al mando del virrey José de la Serna. Después de la derrota de Junín, Canterac recibió refuerzos de Jerónimo Valdés y se unió con las fuerzas del virrey La Serna. Por otro lado, Bolívar seguía su marcha hacia el sur, recogiendo armas, aprovisionamientos y desertores del ejército de Canterac para estrechar el asedio a Lima y Callao.
Por su parte el Gral. Sucre que ya estaba al mando del ejército libertador, por decisión de Bolívar, consideró conveniente hostigar al enemigo con el fin de impedir su recuperación tras el descalabro de Ju-nín. Luego de algunas escaramuzas, finalmente, el 8 de diciembre de 1824, mientras Bolívar estaba en Lima, Sucre en Huamanga, los ejércitos patriotas y realistas se encuentran prestos para la batalla final al pie del cerro Condorcunca (cuelo de cóndor) en la Pampa de la Quinua, en el departamento de Ayacucho, los españoles tenían más de 9.000 hombres, los patriotas más de 5.000. Los principales jefes realistas son: Canterac, Valdés, Monet y Villalobos.
En el lado contrario destacan, además de Sucre, La Mar, J. M. Córdova y Miller. La batalla se inició el 9 de diciembre a las 10 de la mañana y duró casi tres horas.
En el fragor de la batalla el virrey La Serna cae herido y es tomado prisionero, se difunde la noticia del percance, entonces los soldados del virrey dándose por derrotados, optaron por la dispersión y el ejército realista se vio reducido a su Estado Mayor y con escasas tropas. Por la tarde, Canterac y otros jefes firman la capitulación reconociendo la independencia definitiva del Perú y América. El ejército realista había sufrido 1.800 muertos y los patriotas 309; los heridos en el bando espa-ñol sumaban 700 contra 670 patriotas. Se había capturado abundante armamento.
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