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jueves, 18 de noviembre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - El periodo arcaico en territorio de la actual Bolivia - Valles y Tierras Bajas

 En la zona de Yura, al Sureste de Potosí, se descubrieron cuatro sitios de esta época en cuevas y aleros en las rocas con pintura rupestre, además de puntas de proyectiles, raspadores bifaciales y otros objetos líticos (Lecoq y Céspedes en Rivera, 2005).Hay evidencias de presencia humana en la etapa Arcaica en las regiones de los valles como Sacaba y Mizque en Cochabamba, en Candelaria, Quila Quila y Maragua en Chuquisaca (Capriles y Albarracín, 2012) y también en Icla y Cinti.

En los Llanos de Mojos (Beni), en la región amazónica, existen montículos que se distinguen del terreno llano que durante mucho tiempo se pensó eran formaciones naturales o producidas por la acción de animales e insectos. Sin embargo, en los últimos años, Umberto Lombardo y un equipo de trabajo de la Universidad de Berna, descubrieron que en realidad se trata de montículos artificiales formados por amontonamientos de conchas, huesos de animales y carbón, y que son los restos de asentamientos de cazadoresrecolectores en “islas de bosque” que vivieron allí hace unos 10.400 años, a inicios del Holoceno (Lombardo, 2013) alimentándose de mamíferos, peces, aves y caracoles de agua dulce. Los restos acumulados formaron estos montículos que se convirtieron en el hábitat natural de flora y fauna local.

Al final de esta época, la experiencia desarrollada en la recolección de alimentos, en la observación de los ciclos vitales de los animales, en los ciclos climáticos estacionales, el conocimiento de sus indicadores, los saberes basados en la observación del cielo, las prácticas de desplazamiento entre diferentes pisos ecológicos y la complejización de relaciones sociales llevaron a la aparición de la agricultura, la ganadería y nuevas técnicas productivas, como la cerámica y el tejido. Éstas serán ya las características del siguiente período, el Formativo, marcado por formas más sedentarias de vida, por la construcción de aldeas y complejos ceremoniales, agricultura y ganadería especializada y cosmovisión relacionada con dioses ligados a estas actividades.

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Los primeros humanos en territorio de la actual Bolivia - Viscachani y el altiplano central

 El yacimiento lítico mejor conocido es el de Viscachani, que fue encontrado a mediados del siglo XX. Se trata de yacimientos superficiales sobre terrazas de formaciones naturales que bordeaban un antiguo lago glacial. Los talleres líticos de Viscachani muestran la mayor cantidad de objetos trabajados en piedra, como puntas de proyectiles, puntas de lanzas, raederas y las herramientas para producirlos. La zona donde se encontraron los restos líticos trabajados es extensa y tiene 28 Km. de largo por 4 Km. de ancho. Sus materiales con industria lítica tosca son choppers, lascas grandes y medianas y hachas de piedra. (Fig. 11).

En Viscachani, los materiales más empleados fueron la cuarcita verdosa y el basalto negro. Las formas de las puntas de proyectiles son, entre otras, la hoja de sauce y las puntas triangulares. La fase más tardía de la cultura Viscachani (Viscachani II) se caracteriza por la presencia de instrumentos similares a los de la época anterior, aunque de tamaño más reducido, y por la aparición de puntas de lanza gruesas y muy toscas, instrumentos en forma de hoja de laurel de una y dos caras elaboradas en cuarcita verdosa. Se fabricaron también puntas de lanza de 6 a 7 cms. de largo, además de instrumentos como lascas, raspadores, raederas y buriles, obtenidos mediante la técnica de percusión.

Recientemente se realizaron nuevos descubrimientos en áreas cercanas a Viscachani y más alejadas como Viacha, Quelcatani y Callapa, que llegan hasta la zona intersalar y que tienen características similares a Viscachani (Capriles y Albarracín, 2012).

Cerca de Oruro, en Kala Kala, Capachos y Uspa Kollo, existen también sitios de la época del Arcaico. Al Oeste de Oruro y en la frontera con Chile se encontraron sitios con industria lítica de esta etapa y en Iroco, a orillas del río Uru Uru, se descubrieron talleres líticos, bases de refugios, artefactos e instrumentos de piedra, como cuchillos y puntas de proyectiles; muchos de ellos hechos de basalto negro y de obsidiana. Objetos trabajados en estos mismos materiales fueron ubicados en Pumiri. En la zona del salar de Coipasa se encontraron también evidencias de ocupaciones humanas.

Instrumentos liticos de viscachani

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - El periodo arcaico en territorio de la actual Bolivia - Altiplano Norte

 Es importante señalar que en eras geológicas pasadas, casi toda la zona del altiplano estuvo ocupada por un gran paleolago que se formó en el Pleistoceno y que después de la era glaciar cubrió desde la zona del Titicaca hasta los actuales salares de Coipasa y Uyuni. El eje acuático del altiplano, con el lago Titicaca, los ríos Desaguadero, el lago Poopó y los salares, corresponde al desarrollo final de ese proceso que se inició hace millones de años. Estos paleolagos tuvieron una fuerte influencia en el clima y en las características físicas de esta región y en el origen de su biomasa.

En la época inicial de la presencia humana en esta región, los alrededores del eje acuático fueron el escenario de poblaciones que se instalaron allí atraídas por la flora y fauna locales. En el lago Titicaca, cerca de Tiwanaku, y en Santiago de Huata se encontraron en 2011 talleres líticos a cielo abierto de la época del Arcaico (Capriles y Albarracín, 2012) que se sumaron a los sitios de esta época encontrados en 2004 en la Isla del Sol (Stanish y Bauer) y que estaban considerados como los más antiguos de Bolivia. 

Mapa de sitios arqueológicos de Periodo Arcaico en Bolivia.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Los primeros humanos en territorio de la actual Bolivia

 Las investigaciones sobre esta etapa son las menos numerosas dentro del campo arqueológico y de otras disciplinas en Sudamérica. Incluso si se compara con las pocas investigaciones realizadas en países vecinos, el trabajo arqueológico que se ha hecho en Bolivia es muy reducido, en especial para las épocas más tempranas, aunque en los últimos diez años aumentaron las excavaciones, investigaciones e hipótesis.

Las evidencias sobre las poblaciones humanas más tempranas en Bolivia se encontraron en el sitio de Cueva Bautista de San Cristóbal, Potosí, que fueron estudiadas por Capriles y Albarracín (2012). Estas investigaciones muestran restos humanos de 10.900 años de antigüedad (c. 8.900 a.C.) , por lo que esta es la datación más antigua de un ser humano en el territorio de la actual Bolivia.

Anteriormente a estos hallazgos y a su datación, se consideraba que las evidencias más antiguas de seres humanos eran los restos óseos encontrados en San Luis, Tarija. Los análisis realizados dieron como resultado una antigüedad de 7.640 años, es decir que los restos del llamado “Hombre de San Luis” se podrían datar aproximadamente en 5600 a. C. (Delcourt, 2008). (Fig. 9).

Otros antiguos restos óseos, de una persona de aproximadamente 50 años de edad fueron descubiertos en la región del Chaco, en Ñuapua (Ñuagapua). Su análisis dio una antigüedad de 6000 años antes del presente, es decir unos 4000 años a.C.; estos restos estaban asociados con megafauna ya extinguida de la época, como gliptodontes y otros (Delcourt, 2008).

En Jaihuayco, Cochabamba, se descubrieron también restos óseos humanos y después de realizados los análisis de datación se concluyó que tenían una antigüedad posible de 13000 años; sin embargo, después se consideró que hubo fallas en el sistema de datación y se descartó la antigüedad que le había sido adjudicada.

Restos del Hombre de San Luis


miércoles, 10 de noviembre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Cazadores, recolectores y pescadores. 10000 - 2000 a.C.

 La época conocida como el Arcaico se desarrolló aproximadamente entre 11000 y 4000 años antes del presente (9000 y 2000 a.C.) En la etapa más antigua de este período histórico los seres humanos convivieron con la megafauna del Pleistoceno. Algunos de estos animales, ya extintos, fueron los perezosos gigantes (Megatherium americanum), mastodontes o elefantes americanos (Mastodon andium, Cuvieronus sp.), caballos (Parahipparium saldose, y Equus curvidens), ciervos (Cervus brachyceros), camélidos, como la paleollama, y felinos dientes de sable (Smylodon sp), además de otras especies menores (Lumbreras et al., 2010).

Al igual que en la etapa anterior, estas poblaciones lograron obtener sus medios de vida a partir de una economía de caza, recolección y pesca, adaptándose a diferentes medios geográficos y desplazándose en busca de otros recursos. Posiblemente se trataba de grupos humanos no muy numerosos, igualitarios, con poca o ninguna estratificación social, con división de trabajo por sexo, con una posible preponderancia de cazadores masculinos y mujeres dedicadas a la recolección de alimentos. Habitaban en lugares que proporcionaban cobijo, como cuevas o paredes rocosas o hacían campamentos que construían con pieles de animales o pequeños refugios de barro, recintos que pueden ser considerados como los primeros indicios de aldeas. La población tenía una gran movilidad y estos refugios eran temporales, cambiando de lugar de acuerdo a las variaciones estacionales del clima. Posiblemente los grupos humanos de esta época se desplazaban entre las zonas altas, valles y costa, buscando alimentos vegetales y siguiendo a los animales de los cuales vivían. Además de estos grupos trashumantes, posiblemente hubo también grupos sedentarios. La base económica de esta formación cultural fue el uso intensivo de la naturaleza y la apropiación de recursos mediante la caza, la pesca, la recolección y la extracción. Los cazadores desarrollaron la manufactura de instrumentos de piedra hechos para la caza y para el tratamiento de pieles y carne de animales. Además de piedra, se usó también madera, hueso, cuero de animales y plumas para la producción de instrumentos, herramientas, objetos utilitarios y de adorno. Posiblemente existió una tendencia a una movilización general que llevó al surgimiento de algunos elementos comunes como las puntas de proyectil en forma de hojas, que, por el sitio donde fueron encontradas en mayor cantidad, se conocen con el nombre de  Ayampitín (Lumbreras, 1981).

Estos recorridos temporales generaron circuitos que serían característicos de los recorridos de los seres humanos con sus camélidos y que integraron paisajes, territorios y sociedades de diferentes sitios desde el altiplano hasta la costa, pasando por la cordillera, la precordillera y los valles del occidente de esta región. Ya desde esta época, diferentes ecologías quedaron conectadas por los desplazamientos estacionales de las poblaciones de regiones diferentes y se generó lo que Nuñez y Dillahey llaman “la movilidad giratoria”, un modelo que explica una de las formas de la distribución de la ocupación de espacios interzonales y la interacción entre las sociedades en la región centro-Sur andina. (Núñez y Dillehay, 1995), que fueron generadas precisamente por la conexión entre grupos móviles con sus caravanas de camélidos con las sociedades sedentarias. Esta “movilidad giratoria”, que pervive hasta la actualidad, surgió de manera muy temprana y organizó las experiencias de las sociedades del periodo Formativo. También marcó las interrelaciones en la época de Tiwanaku y las características de este Estado, y también es importante para comprender la estructura de las sociedades que más tarde se desarrollarían en la región.

Seguramente la cosmovisión que se desarrolló en esta época estuvo ligada al contexto geográfico y a los elementos que fueron más importantes para la subsistencia, como los camélidos en las zonas altas. La pintura rupestre y los grabados que aparecen en las cuevas muestran la representación de animales junto a seres humanos. En el arte rupestre se ven también manos y rostros humanos esquematizados, además de representaciones geométricas y abstractas como espirales y círculos radiados. Dibujos y grabados en rocas se encuentran tanto en las zonas altas como en los valles y en Tierras Bajas. Aunque no se tienen dataciones precisas sobre la mayor parte del arte rupestre encontrado en Bolivia, se considera que, por el contexto y el tipo de representaciones, muchos de estos grabados y pinturas corresponderían a la época de cazadores, recolectores y pescadores. (Fig. 8). 

A esta etapa pertenecen también gran cantidad de instrumentos, como raederas, raspadores, puntas de proyectil, hachas, cuchillos, y otros. Muchas de estas herramientas han sido encontradas en toda la zona andina. Las armas y herramientas de piedra fueron elaboradas haciendo saltar fragmentos de un trozo grande de piedra por el método de percusión. Esta técnica fue mejorada combinando la técnica de golpe y percusión y añadiendo la de retoque, que permitía el despeje de trozos más finos de la zona afinada, lo que le daba un acabado más cuidadoso. También se fabricaron artefactos de elementos orgánicos que posiblemente no sobrevivieron en la misma proporción que los líticos. 

Cazadores, recolectores y pescadores. 10000 - 2000 a.C.


lunes, 8 de noviembre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Los periodos más antiguos: el Paleoindio y el Arcaico

En la periodización de la historia americana, se llama Paleoindio al período comprendido entre la llegada de los primeros grupos poblacionales a América y los años 8000 a 10000 a. C., cuando se produjeron cambios significativos en las formas de vida de estas poblaciones. Dentro de la periodización de la Historia Universal, el Paleoindio estaría dentro del período cultural del Paleolítico y parte temprana del Mesolítico.

La etapa siguiente es la del Arcaico (9000 a 2000 a. C.) que se caracteriza por el aprovechamiento de diferentes ecosistemas y por la producción de herramientas; esta época corresponde a las eras geológicas del Pleistoceno tardío y el principio del Holoceno. El Arcaico correspondería en su fase temprana a la parte final del Mesolítico y, en su fase tardía, al Neolítico y primera parte de la etapa de la Prehistoria conocida como la Edad de los Metales. En esta etapa comenzaron los primeros logros en la domesticación de plantas y animales que llevarían más adelante a la agricultura, el pastoreo, la ganadería y la existencia de caravanas de camélidos, con las que la territorialidad de los grupos se amplió e integró.

Actualmente se presume que los primeros pobladores de los Andes estuvieron asentados previamente en la costa (Aldenderfer y Flores, 2011), desde donde habrían llegado a las zonas altas. Esta teoría se opone a hipótesis anteriores que proponían que fueron los cazadores del altiplano los que se desplazaron a la costa. Por otra parte, la hipótesis de Lathrap, de 1971, que sostenía que las corrientes de poblamiento de Sudamérica habían seguido una ruta Este-Oeste desde las Tierras Bajas hacia los Andes, recibió en los últimos años un respaldo con estudios de ADN de antiguas momias del Norte de Chile, cuyos resultados muestran coincidencias genéticas con el ADN de los de habitantes de la Amazonía (Standen et al., 2003).

De todos modos, es importante señalar que en Sudamérica la geografía quebrada que va desde la costa del Pacífico a la cordillera, el altiplano, los valles interandinos y las Tierras Bajas de las cuencas del Atlántico conformó también, a lo largo del tiempo, un espacio cultural de alta movilidad entre diferentes ecologías, de manera que culturalmente no es tan sencillo establecer los límites, por ejemplo entre lo “andino” y “lo amazónico”. Los territorios de muchos países sudamericanos actuales como Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, incluyen esta diversidad geográfica. 

 La geografía de la región andina centro- Sur varió a lo largo de estos siglos, en especial debido a los cambios producidos entre fines de la época del Pleistoceno y todo el Holoceno. En la etapa del Holoceno se produjeron fases secas seguidas por temporadas húmedas que se diferenciaron de región en región y que se manifestaron en diferentes características del clima y la vegetación (Aldenderfer, 2009). A partir del año 7000 a. C. aumentaron las lluvias, lo que generó un ambiente con mayor vegetación y condiciones más favorables para la vida. En estos largos períodos (Paleoindio de 35000 al 10000 a. C. y Arcaico de 10000 a 2000 a. C.) se presentan características culturales similares en diferentes regiones.

Breves definiciones: Pleistoceno y Holoceno

El Pleistoceno es una época geológica que comenzó hace dos millones y medio de años y que finalizó aproximadamente entre 12000 y 11000 a.C se caracteriza por las glaciaciones. El Holoceno es un período geológico que abarca los últimos 11800 años, se inicia desde la finalización de la última glaciación del período geológico anterior, el Pleistoceno. En sus inicios, la capa de hielo se derritió y el clima se hizo más benigno. La única especie humana que vivió en esta época es el homo sapiens, a la que pertenece la humanidad actual.

Pleistoceno y Holoceno


sábado, 6 de noviembre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Evidencias más antiguas sobre la población de América

 En las últimas décadas del siglo XX y primeros diez años del siglo XXI hubo un aumento de excavaciones enfocadas en la búsqueda asentamientos del Paleoindio y del Arcaico, especialmente en América del Sur, tanto en la costa como en la zona andina y en la Amazonía. De acuerdo a las dataciones aceptadas de excavaciones relativamente recientes, el panorama del poblamiento de América muestra la presencia más temprana de seres humanos al extremo Sur del continente, en el sitio de Monte Verde, cerca de Puerto Montt, Chile, cuya antigüedad es de 14500 años (12500 a.C.). En general, estas fechas de Monte Verde han sido aceptadas por la comunidad académica.

Entre 1978 y 1980 en Pedra Furada, Piauí, Brasil, se encontró un refugio de paredes altas con arte rupestre; más tarde en este mismo lugar se encontró industria lítica que fue datada con una antigüedad posible entre 33000 y 25000 años (31000 a 23000 a. C.) (Dillehay, 1988), aunque no hubo un consenso que ratificara la datación.

En Sudamérica continuaron los hallazgos de poblaciones muy tempranas, y se excavaron restos humanos de 13000 años de antigüedad; 11000 a.C. en Piedra Museo, Santa Cruz, Argentina. En Quebrada Jaguay y Quebrada Tacahuay, en la costa peruana, se encontraron ocupaciones con una antigüedad de 13000 a 11000 años (11000 a 9000 a. C.).

Pero los hallazgos tempranos no solamente son del Sur de América. En Buttermilk Creek, un complejo arqueológico al Norte de Austin, Texas, los arqueólogos encontraron en una capa de tierra debajo de una excavación Clovis, herramientas pre-Clovis de 15528 año de antigüedad, es decir, unos 2000 años anteriores a Clovis, lo que confirma la presencia humana en América antes de Clovis (Gugliotta, 2013). En el sitio de Aucilla, al Este de Tallahasse, Florida, se encontraron evidencias de presencia humana de hace 14500 años. En 2004, en el sitio de Topper, Carolina del Norte, Estados Unidos, se encontraron herramientas de piedra que fueron datadas con una antigüedad posible de 37000 años (35000 a. C.). En Pensilvania, hallazgos arqueológicos en el sitio de Meadocroft mostraron restos de hace 19000 años (17000 a.C). Ambas dataciones, sin embargo, fueron cuestionadas por el procedimiento de toma de muestras. En 2006 se encontraron esqueletos en las cavernas de Tulum, en Quitana Roo, México, con una posible antigüedad de 14000 años. La tendencia actual de la ciencia sobre este tema es pensar que hubo grupos humanos viviendo en América hace 15000, 16000 o tal vez incluso 18000 años.

En 2012, científicos de la Universidad de Exter, Inglaterra, del Museo Nacional de Historia Natural de Nueva York y del Instituto Smithsoniano plantearon la teoría de la llegada de grupos humanos siglos antes de Clovis procedentes de Europa. La hipótesis se basa en el parecido de la tecnología de las puntas Clovis encontradas en Pennsilvania y el Sureste de Virginia con puntas de proyectiles de la cultura solutrense del Paleolítico Superior. Sin embargo, los científicos opinan que esta hipótesis merece mayor investigación, pues las pruebas aún no son concluyentes.

En 2005 los arqueólogos encontraron en Monte Verde algunos instrumentos líticos aún más antiguos que los que habían sido encontrados anteriormente, que fueron datados en 33000 a.C. aproximadamente. Las investigaciones continúan y todavía la ciencia no tiene una explicación aceptable para estos hallazgos.

Presencia humana en América

• Monte Verde II (Puerto Montt, Chile). Restos de 33000 años, posiblemente, todavía en estudio.

• Topper,( Carolina del Norte, EE.UU) . Evidencias datadas en más de 30000 años, fechas en discusión.

• Pedra Furada (Brasil). Evidencias con posible antigüedad de 25000 años (23000 a. C.), datación no confirmada.

• Buttermilk Creek (Austin) EE.UU. Heramientas pre-Clovis de hace 15500 años.

• Monte Verde I (Puerto Montt, Chile). Restos de hace 14500 años (12500 a. C.).

• Aucilla, Tallahasse ( Florida, EE.UU.). Evidencias de presencia humana con una antigüedad de 14500 años.

• Clovis (Estados Unidos). Restos de caza y recolección de 13500 años de antigüedad (11500 años a.C .).

• Piedra Museo (Argentina. Restos de 13000 años de antigüedad (11000 a. C.).

• Chivateros (Lima, Perú). Industria lítica de hace12000 años (10000 a. C.).

• Los Toldos (Santa Cruz, Argentina). Restos de caza y recolección de hace 12000 años (10000 a. C.).

• Paiján (La Libertad, Perú). Esqueletos humanos de hace 11000 años (9000 a. C.).

• Pedra Pintada (Piauí, Brasil). Pinturas rupestres fechadas hace 11000 años atrás (9000 a. C.).

• Mojos (Beni, Bolivia). Montículos artificiales de conchas y huesos de hace 10400 años (8400 a. C.).

• Lauricocha (Huánuco, Perú). Industria lítica, fósiles de animales, plantas, esqueletos humanos y pinturas

rupestres de hace 10000 años (8000 a. C.).

• Hombre de San Cristóbal ( Potosí, Bolivia). Restos óseos de hace 10000 años (8000 a. C.).

• Toquepala (Tacna, Perú). Pinturas rupestres de hace 9000 años (7000 a. C.).

• Lagoa Santa (Brasil). Restos fósiles de hace 8000 años (6000 a. C.).

• Viscachani (Bolivia). Talleres líticos, herramientas y armas de hace 8000 años (6000 a. C.).

• Cueva de las Manos (Santa Cruz, Argentina). Pinturas rupestres de hace 7730 años (5730 a. C.).

• Hombre de San Luis (Tarija, Bolivia). Esqueleto de hace 7640 años (5640 a. C.).

• Cueva Fell (Tierra del Fuego, Chile). Restos de hace 7000 años (5000 a. C.).

• Hombre de Jayhuayco (Cochabamba, Bolivia). Restos de 5500 años de antigüedad (3500 a. C.)

viernes, 29 de octubre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - El origen de la población desde la perspectiva biológica

 El proyecto de investigación científica del genoma humano cuyos resultados fueron hechos públicos a principios del siglo XXI abrió las posibilidades de estudios genéticos aplicados al análisis de grupos humanos. Muchos de estos estudios se aplicaron a poblaciones tempranas de América. Gracias a estos estudios se tienen evidencias de los marcadores genéticos nucleares del ADN mitocondrial y de cromosomas Y que muestran que la población americana desciende de grupos provenientes de Asia, del Sur de Siberia.

Los estudios genéticos del ADN mitocondrial muestran variaciones tan grandes entre grupo y grupo que los científicos creen que no sería posible que estas diferencias se hubieran originado partir de un grupo original relativamente reciente (11000 años a.C., la antigüedad aceptada para los pobladores de Clovis y grupos relacionados) y que la diversidad genética tendría que haberse producido en el doble de tiempo. El consenso actual entre los especialistas es que el modelo Clovis es insuficiente para explicar el poblamiento del continente (Dillehay y Mañosa, 2004).

Aún no hay consenso sobre este tema, pero en general se plantea la hipótesis de que los primeros americanos habrían llegado desde Siberia por la ruta de Behring, como se había aceptado durante todo el siglo XX, pero que llegaron mucho tiempo antes de que grupos humanos que se asentaran en Clovis, y se dirigieron hacia el Sur del continente posiblemente por mar, navegando cerca de la costa del Pacífico y estableciéndose en tierra sitios cerca de la costa.

Es probable que se hubieran producido también otras olas migratorias procedentes de otros continentes, especialmente desde Polinesia, Melanesia y Australia. Evidencias genéticas señalan que los polinesios tendrían un origen dual, asiático y melanesio, por lo que se podrían encontrar semejanzas y diferencias en la información genética. Hacen falta estudios más profundos que comparen los marcadores genéticos de restos arqueológicos en los posibles lugares de origen con las evidencias encontradas en los primeros asentamientos humanos en América lo que podrían llevar a confirmar o descartar estas hipótesis.


sábado, 23 de octubre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Nuevos descubrimientos e hipótesis sobre el origen de la población americana

 En 1975 se produjo un descubrimiento que generaría nuevas hipótesis sobre el origen de la población americana y más interrogantes sobre posibles rutas migratorias. En el extremo Sur del continente, en Monte Verde, al Sur de Chile en una zona de colinas boscosas cerca al Océano Pacífico, se encontraron cientos de herramientas e instrumentos fabricados por seres humanos hace 14800 años, es decir, por lo menos 1000 años antes de las evidencias de presencia humana encontradas hasta entonces en Norteamérica.

Los habitantes de Monte Verde fueron cazadores y recolectores que vivieron muy lejos de las primeras poblaciones humanas en el Norte de América.

Los grupos humanos que vivieron allí parecen haber tenido una economía basada tanto en la recolección de plantas como en la caza de grandes animales, y construyeron refugios en forma de carpas o tiendas. Todavía se pueden ver postes de madera y estacas con cuerdas hechas de fibras naturales y los nudos con que estos antiguos pobladores aseguraban estos elementos. La estructura principal que se encontró, de más de 15 metros de largo, hecha de madera y techo de piel de animales, tenía al interior dos espacios separados, cada uno con su propio fogón. Una estructura exterior en forma de horquilla contenía plantas medicinales y, un poco más lejos, restos de mastodontes. Se encontraron también papas silvestres y semillas comestibles, además de cuerdas, herramientas de piedra (choppers) y tablas de madera (Dillehay, 1982). Resulta importante señalar que no se encontraron puntas estilo Clovis, lo que podría ser un indicador de que las sociedades del extremo Sur de América no habrían derivado de las que se establecieron en Norteamérica.

A partir de este descubrimiento, científicos de diferentes instituciones establecieron una polémica acerca de la antigüedad de los sitios en el Norte y el Sur de América, y se produjeron discusiones sobre el significado de estos hallazgos en función de la definición de la procedencia de las migraciones más antiguas y, por tanto, en relación al origen (o los orígenes) de la población de América. El debate sobre la antigüedad del poblamiento de América, comparando la datación aceptada previamente como la más antigua en América del Norte con las posibles fechas de las evidencias de poblamiento temprano de América del Sur, fue fuertemente sesgado por tensiones académicas y políticas entre instituciones Norteamericanas que llevaron las discusiones más allá del ámbito estrictamente académico a través del apoyo o rechazo de las nuevas hipótesis.

El surgimiento de esta información puso nuevamente en actualidad el tema del origen de la población americana. Los avances en el campo de la medicina y las nuevas tecnologías de prospección arqueológica hicieron que el tema fuera abordado desde diferentes campos de la ciencia.

Los hallazgos de Monte Verde, Chile, han cambiado la posición de la ciencia con respecto a la datación de la llegada de los seres humanos a América. En 1997 una comisión investigadora formada por arqueólogos y científicos de distinta procedencia avalaron la datación del sitio, con lo que surgieron nuevas interrogantes acerca de las corrientes migratorias más antiguas, respaldando las teorías del poblamiento temprano. Si los primeros habitantes de Monte Verde o sus antepasados llegaron cruzando el puente terrestre de Beringia, no sería posible que sus fechas fueran anteriores a los asentamientos en Norteamérica, situados miles de kilómetros más al Norte y más cercanos al estrecho de Behring, lo que hace surgir muchas interrogantes nuevas sobre las dataciones y los sitios de ingreso a América.

Otros hallazgos de evidencias antiguas de poblaciones en el Sur de América proceden de Piedra Furada (Brasil) y del Sur de Argentina. Al encontrarse en el extremo opuesto del continente, no se descartó la idea de una migración a través de la Antártica, a pesar de que el Polo Sur y el continente americano no estuvieron conectados por lo menos en los últimos 80 millones de años. Los descubrimientos en Monte Verde hicieron resurgir el interés por las teorías del origen de la población desde diferentes puntos, como Australia o Polinesia, desde donde habrían llegado los primeros pobladores en embarcaciones.


Los científicos que investigan el origen de la población de América aún no han llegado a un consenso sobre este tema y posiblemente se requiere de nuevos modelos que permitan explicar el origen de la presencia humana en América. 

lunes, 18 de octubre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Principales teorías sobre el origen de la población de América y Otras teorías

Principales teorías sobre el origen de la población de América 

 Existen diversas teorías sobre las rutas que siguieron los grupos humanos hasta este continente. La más aceptada por los investigadores durante todo el siglo XX fue la hipótesis del arribo de seres humanos a través del estrecho de Behring. Esta teoría, planteada por Alex Hrdlicka en 1937 considera que la población americana tuvo origen en Asia, en las regiones de Siberia, China Occidental, Mongolia, Tibet, Japón, Filipinas y Formosa.

La historia del poblamiento inicial de América está ligada a la historia glacial de la Tierra, y los investigadores consideran que esta ola de migraciones entre continentes debió haber sucedido después del fin del último período glacial, que terminó hace 19000 años. Cuando el hielo retrocedió, el estrecho de Behring, antes cubierto, se convirtió en un puente de tierra conocido con el nombre de Beringia, que unía los puntos extremos de Siberia y Alaska, por donde población asiática habría pasado al continente americano.

Los restos de estas poblaciones fueron descubiertos al Sur de los Estados Unidos; el sitio considerado durante mucho tiempo como el más temprano con evidencias de presencia humana se encuentra en Clovis, Nuevo México. Esta aceptación de la teoría del poblamiento basada en las evidencias encontradas en Clovis y en otros sitios se conoce como “Consenso Clovis”, aceptado por científicos durante largo tiempo.

Más tarde se encontraron en la misma región del continente otros sitios con características similares en artefactos, instrumentos, armas primitivas y huesos que fueron datados entre 11.250 y 10.600 a.C., es decir, con una antigüedad de unos 13.000 años antes del presente. La datación fue realizada a mediados de los años 50 del siglo XX, y a partir de entonces se han desarrollado nuevas y más precisas técnicas de datación que hacen que actualmente se esté revisando (y reprocesando) esta información.

Parte de la población habría seguido posteriormente la ruta desde el Oeste hacia el este y desde el Norte hacia el sur, posiblemente por el mar, a lo largo de la costa del Pacífico, buscando animales para cazar, hasta el momento en que la megafauna se extinguió.

La idea de que los habitantes de Clovis y de sitios asociados constituyeron la primera población de América ganó consenso entre científicos y académicos y prevaleció por largo tiempo durante el siglo XX. Surgieron, además, otras hipótesis y recientemente nuevos descubrimientos arqueológicos realizados en 1975 en Sudamérica dieron resultados que hacen variar toda la teoría acerca del poblamiento tardío de América, como veremos más adelante.

De acuerdo a esta hipótesis, la población americana, tendría orígenes diversos:

a) Migraciones del Asia a través del estrecho de Behring (Beringia)

b) Migraciones desde Australia hasta la Patagonia.

c) Migraciones de Melanesia, postulada sobre la base de la existencia de elementos culturales comunes en la actualidad.

d) Migraciones desde Polinesia.

Sin embargo, como ya se señaló, la teoría más aceptada durante el siglo XX acerca del origen de la población americana y sobre los primeros asentamientos temporales fue la de Hrdlicka con la llegada de los primeros seres humanos desde Asia a través de Behring, que establecieron asentamientos iniciales en Nuevo México (c.11250 y 10600 a.C.)



viernes, 15 de octubre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Los primeros pobladores de América

 La población de América es relativamente reciente si la comparamos con la datación de los primeros seres humanos que surgieron como parte de un largo desarrollo evolutivo a partir de especies de primates. Los primeros homínidos bípedos (australopithecus) que aparecieron en África tienen una antigüedad de entre ocho a tres millones de años aproximadamente. Los homínidos son resultado de un salto evolutivo que sucedió cuando una especie de simios en África Oriental inició una forma de vida diferente, lejos de la protección de las copas de los árboles, en el suelo de la sabana africana, posiblemente empujados por un cambio climático que transformó su hábitat original en la selva.

El hecho de caminar erguidos dejando libre un par de extremidades hizo que éstas se acortaran y se especializaran en otras actividades. La posición erguida de la cabeza llevó a cambios de forma del cráneo y a un mayor desarrollo del cerebro. Los cambios de conducta y prácticas que se produjeron con estas características físicas determinaron la aparición de una nueva especie que evolucionaría en otras, una de las cuales sobrevivió y dio origen a la especie a la que pertenecemos los humanos actuales, los homo sapiens.

Hoy sabemos que todos los seres humanos actuales comparten antepasados comunes gracias al descubrimiento, en 1974, de un esqueleto femenino en Etiopía, al que se llamó Lucy, que posiblemente vivió hace 3.200.000 años. En este esqueleto se evidencian las primeras características de bipedestación (caminar en dos extremidades). Esta especie fue evolucionando en diferentes líneas, muchas de las cuales se extinguieron.


Los primeros seres humanos con las características actuales, homo sapiens, aparecieron en África Oriental hace unos 200.000 años. Los restos más antiguos de nuestra especie humana son de una mujer que la ciencia denominó “Eva mitocondrial”. Desde África, los homínidos pasaron a Eurasia hace unos 60.000 años y a Australia hace unos 50.000 años; y desde Asia llegaron a América, probablemente hace 30.000 a 20.000 años. Sin embargo, en 2005 se encontró en Dmanisi, Georgia, un cráneo de 1.8 millones de años de antigüedad que posiblemente corresponde a la primera corriente de homínidos que migraron de África a Europa, y que probablemente perteneció a una de las ramas que se extinguió sin continuar su camino evolutivo. Esta datación podría cambiar la idea sobre la época que los prehumanos se expandieron desde África hacia otros continentes.

martes, 12 de octubre de 2021

Origen de la población de América y las sociedades más tempranas (10000 - 2000 a.C.) - Buscando el origen

 A lo largo del tiempo, religiosos, filósofos y científicos de todo el mundo se preguntaron sobre el origen de la población de América. Diferentes culturas americanas elaboraron explicaciones sobre el origen de los seres humanos por medio de mitos que, en general, adjudicaban a los dioses locales la creación de los primeros seres humanos que aparecieron en los sitios más significativos de sus propias culturas. Desde otros continentes, religiosos y filósofos se preguntaron sobre la procedencia de la población americana y buscaron las respuestas dentro de los ámbitos de sus especialidades y de acuerdo a la mentalidad de su época. Por ejemplo, en el siglo XVI en Europa se planteó que los habitantes de América provenían de una de las doce tribus perdidas de Israel de las que hablaba la Biblia, y durante el siglo XIX surgieron las teorías del origen autóctono de las poblaciones americanas, planteadas por el argentino Florentino Ameghino. Otras conjeturas surgieron de la lectura de los escritos de Platón, de donde se intentaron derivar hipótesis sobre el origen de la población americana en un continente perdido.

En el siglo XX surgieron las hipótesis científicas sobre la procedencia de la población del continente americano. La más aceptada fue la de Alex Hrdlicka, que habla sobre el origen asiático de la población americana y de su llegada a través del estrecho de Behring cuando el hielo del último período glacial retrocedió y abrió un puente de tierra que hizo posible que grupos cruzaran caminando de continente a continente. Surgieron también teorías sobre un origen poligenético de la población, que procedería de otros continentes y habría llegado de diferentes maneras, entre ellas navegando de continente a continente. Estas teorías apelaron principalmente a descubrimientos arqueológicos para establecer pruebas, aunque también se recurrió a la lingüística y a la biología.

A principios del siglo XXI nuevas búsquedas y hallazgos de evidencias arqueológicas abrieron otras posibilidades en las investigaciones sobre el origen y la antigüedad de los seres humanos en América. Actualmente, científicos de diferentes especialidades están analizando evidencias arqueológicas, genéticas, e incluso lingüísticas para buscar el origen de los primeros americanos, la época en que llegaron al continente y lo que sucedió posteriormente con estas poblaciones. Sin duda, los descubrimientos futuros y el estudio de las evidencias encontradas permitirán aclarar más el panorama de la historia temprana de la población del continente americano.

El tema de los primeros pobladores del continente americano ha sido ampliamente estudiado, analizado y discutido por científicos en los dos últimos siglos, tanto en lo que respecta a la antigüedad de su presencia como a su procedencia.

Surgieron diversas teorías, algunas que planteaban que los habitantes de América eran originarios de este continente (teorías autoctonistas) y otras que sostenían que la población americana procedía de diferentes continentes. Finalmente se desecharon muchas de las hipótesis, entre ellas las del origen autóctono y las de migraciones procedentes de Medio Oriente. Se estableció que los habitantes de América habrían llegado desde otros puntos del planeta después de haber alcanzado la etapa evolutiva de homo sapiens.

El tema de la datación continúa en discusión, ya que las fechas que fueron surgiendo como probables para estas primeras migraciones son muy disímiles, y tienen un rango muy amplio de variación (entre 12000 a 40000 años de antigüedad).

sábado, 9 de octubre de 2021

Historia prehispánica: Las Tierras Bajas, Pasado prehispánico de la Chiquitania

 Datos arqueológicos y registros en la Chiquitania (Prümers, 2002; Riester, 1981), denotan que la población de estas regiones se remonta por lo menos al 500 d. C. Al parecer, dichas poblaciones constituían sociedades con niveles de complejidad poco entendidos y discutidos por los investigadores.

La arqueología del Departamento de Santa Cruz, como parte del conjunto de las Tierras Bajas, no fue muy explorada. Sin embargo, existen algunos documentos que presentan datos muy interesantes sobre la producción cultural prehispánica de sus antiguos habitantes como datos sobre El Puente, Piedra Marcada, San Ignacio de Velasco y Pailón (Prümers, 2002). Es importante mencionar que en la obra de Riester (1981) existe un buen compendio de sitios de arte rupestre en todo el departamento.

En la región chiquitana se realizaron varios trabajos de registro de sitios de arte rupestre existentes, sobre todo en las serranías de Santiago y San José de Chiquitos (Kaifler, 1993, 1997, 1999, 2002, Pia 1987, 1997). Uno de los primeros registros corresponde a Jorge Arellano, Danilo Kuljis y William Kornfield (1976) y luego fue documentado más detalladamente por Sergio Calla (2005).

Los primeros trabajos a nivel regional en estas serranías fueron realizados por Marcos Michel y Sergio Calla (2001). Dicho estudio fue denominado “Arqueología del Valle Tucavaca, Serranías de Santiago y Chochis” y consistió en un diagnóstico encargado por la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano. La prospección arqueológica regional llevada a cabo por Lima (2006) en 38 sitios, permitió identificar claros componentes culturales asociados tanto al área amazónica como al Chaco, denotando la importancia de la Chiquitania como zona de contacto y alta movilización en el pasado. Excavaciones en los últimos años en San José de Chiquitos (Chiavazza y Prieto, 2006; Delfor Ulloa, 2007) buscando restos de la primera ciudad de Santa Cruz, fundada en el siglo XVI, permitieron reunir una interesante colección de materiales que permiten una localización sistemática de los restos.

A un nivel etnohistórico, los trabajos pioneros de Métraux (1942) y Susnik (1978) revelaron la enorme diversidad de grupos y lenguas en la región chiquitana. La misma fue estudiada sistemáticamente por Combès (2008). En base a los datos de las fuentes tempranas, la misma investigadora puso en evidencia el intenso comercio de metal que unía, en los tiempos prehispánicos, las tierras altas con la Chiquitania y, más allá, hacia el Océano Atlántico.


viernes, 8 de octubre de 2021

Historia prehispánica: Las Tierras Bajas, Desarrollos Regionales en la Amazonía Boliviana

 El pasado de la región amazónica fue y es todavía menospreciado. Posiblemente esto se deba a un marcado andino centrismo de los estudios arqueológicos; y también a que los restos culturales se preservan menos en climas húmedos. Asimismo juega un papel importante la imagen de zona marginal que dejaron los incas y enfatizaron los españoles. Sin embargo, las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en la región amazónica, especialmente en los Llanos de Mojos de Bolivia, dan indicios de que esta región estuvo densamente poblada entre el 400 y 1400 d. C. es decir, mucho antes de la llegada de los españoles.

Así lo atestiguan los cientos de sitios arqueológicos esparcidos en diferentes latitudes de los Llanos de Mojos. Al Oeste, se encontraron grandes sistemas de plataformas de cultivo o camellones, asociados a extensos sitios habitacionales. Al sureste, centenares de montículos habitacionales, muestran construcciones monumentales de hasta 20 m de altura y al Noreste de la región, se registraron decenas de complejos sistemas de zanjas, intercomunicadas por largos terraplenes que atraviesan las sabanas.

Las primeras publicaciones sobre montículos artificiales en los Llanos de Mojos, fueron realizadas por Erland Nordenskiöld (1913) a inicios del siglo pasado. Casi setenta años después, Bernardo Dougherty y Horacio Calandra del Museo de la Plata - Argentina (1981-82, 1984, 1984-85, 1985), llevaron a cabo prospecciones y excavaciones de sondeo en diversos sitios habitacionales del sureste y Noreste de los Llanos de Mojos. A partir de los años 80’s Clark Erickson (2006, 2008, 2010) de la Universidad de Pensilvania, emprende el proyecto Agro-Arqueológico del Beni y realiza prospecciones regionales y excavaciones en sistemas agrícolas. Marcos Michel (1993) y John Walker (2004), investigaron también sistemas agrícolas, en las áreas de San Ignacio de Mojos y del río Iruyañez respectivamente. Erickson (2009) continuó con investigaciones en el área de Baures y Walker (2012) en río Yacuma.

A partir de 1999, Heiko Prümers (2008, 2012, 2013) y Carla Jaimes Betancourt (2004, 2012, 2013), del Instituto Alemán de Arqueología, inician el Proyecto Arqueológico Lomas de Casarabe, investigando sitios habitacionales en montículos al sureste de los Llanos de Mojos. Actualmente, dirigen el proyecto arqueológico boliviano - alemán en Mojos e investigan sistemas de zanjas al Noreste en Bella Vista y Baures (Prümers, 2006, 2014; Jaimes Betancourt, 2012b, 2013). También se intensificaron los aportes de las ciencias geográficas y geológicas con las investigaciones de Umberto Lombardo (2010, 2012, 2013).

Todas estas investigaciones mencionadas han permitido cambiar sustancialmente las concepciones del pasado cultural de la Amazonía boliviana. En primer lugar, hay que mencionar los avances en diferenciar tanto cronológicamente como espacialmente los diferentes asentamientos y grupos culturales que habitaron las diversas áreas de esta región.

Además de saber dónde se encuentran, qué tipo de obras y en qué periodo de tiempo éstas fueron construidas, se ha podido comprobar que las poblaciones fueron fundadas en territorios altos, sin riesgo a las inundaciones, que anualmente amenazan a los Llanos de Mojos. Esto les permitió vivir con una relativa estabilidad durante largos periodos de tiempo, gozando de buenas condiciones para la agricultura. En este escenario florecieron grandes y extensas poblaciones, que pudieron construir obras monumentales.

En otras áreas de los Llanos de Mojos, donde las inundaciones eran inevitables, los antiguos pueblos supieron mitigar los efectos, mediante la construcción de canales, diques y campos elevados. Esto nos demuestra, que las culturas de la Amazonía boliviana, lejos de dejarse limitar por el medio ambiente, inventaron estrategias de adaptación, transformando culturalmente a su entorno con la construcción de centenares de obras de tierra.

Hasta ahora, no se han encontrado indicios directos de interacción o influencia con el área andina. Las culturas de los Llanos de Mojos, además de poder ser consideradas como desarrollos autónomos, forman parte de la historia cultural de la Amazonía, en la cual similares hallazgos están siendo también investigados.

lunes, 4 de octubre de 2021

Historia prehispánica: Las Tierras Bajas, Samaipata y El pasado prehispánico del Chaco

Las Tierras Bajas

Samaipata

 En el llamado “codo de los Andes”, a 1.920 metros sobre el nivel del mar en la provincia Florida del departamento de Santa Cruz, está ubicada la mayor obra ceremonial de arte rupestre de América latina y el mundo: una imponente y gigantesca roca completamente labrada en su dorso, conocida como “el Fuerte de Samaipata”. Este sitio cuenta con registros desde finales del siglo XVIII (Tadeo Haenke) y desde entonces fue periódicamente visitado y estudiado (D’Orbigny, 1847; Nordenskiöld, 1913; Pucher, 1945; Rydén, 1956; Trimborn, 1967; Meyers y Combès, eds., 2015). Fue declarado por la UNESCO en 1998 como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Las diversas excavaciones han demostrado que este sitio evidencia varias fases de ocupación pre-incaicas, de probable origen amazónico y que se remontan al menos hacia 1000 d. C., dos fases incas e incluso una fase española.

El pasado prehispánico del Chaco

Poco es lo que se sabe del pasado prehispánico del Chaco. Los estudios arqueológicos en la región provienen mayormente del Chaco argentino, y sólo durante los últimos diez años se han venido realizando prospecciones en los valles contiguos de Chuquisaca y Tarija, lo que ha permitido inferir que hubo contactos muy tempranos con las tierras altas (Pärssinen y Siiriäinen, 2003; Alconini, 2002; Michel, 2000; Beirelein, 2008). Los estudios etnohistóricos recientes confirmaron además estos contactos (Combès, 2009).

Unos primeros datos históricos aparecen a mediados del siglo XVI sobre el Chaco, cuando las expediciones asunceñas cruzan la región. Sin embargo en los siglos posteriores, el Chaco se mantiene como un espacio históricamente marginal de los centros de poder colonial y nacional. Esta marginalidad se explica en buena medida por la tenaz resistencia que ofrecieron los chiriguanos al avance español sobre su territorio –puerta natural de entrada al Chaco– que impidió el contacto con los grupos del interior, todos nómadas y poco numerosos.

Este aislamiento geográfico e histórico, sumado a la infranqueabilidad de la barrera chiriguana, puede apreciarse en las fuentes más tempranas del siglo XVI, todas elaboradas en un momento de hostilidades en que los agentes coloniales de Charcas ya habían vislumbrado la importancia de expandir los límites de su jurisdicción hacia el este ante la creciente necesidad de vincular la Audiencia a la metrópoli a través del Atlántico (Matienzo, [1567] 1967). Por lo menos hasta el siglo XVIII, cuando los padres jesuitas empezaron a incursionar entre los pueblos chaqueños, por ejemplo con la reducción de San Ignacio de Zamucos desde Chiquitos, las informaciones se limitaban a los grupos asentados en la periferia chaqueña, los tristemente célebres chiriguanos confines a los incas, que a menudo ejercieron de mediadores entre la sociedad hispana y los grupos asentados más al interior.

Tradicionalmente, la problemática fundamental en los trabajos históricos y etnográficos del Chaco ha sido la diversidad étnica de sus habitantes. La tendencia actual es abordar cuestiones históricas y etnográficas de forma conjunta en el intento por develar más sobre el pasado de una región vista como periférica aun hoy (Combès, Villar y Lowrey, 2009).



miércoles, 29 de septiembre de 2021

Historia prehispánica: Incas

 El período Inca es el más corto en la cronología, pero a la vez es el que mayores cambios trajo a las sociedades andinas. Por un lado, su estudio está basado tanto en investigaciones arqueológicas como etnohistóricas, donde se observan ciertos problemas, incoherencias y contradicciones que todavía son debatidos. Uno de esos problemas es el tipo de interpretaciones que se dan en los documentos y crónicas coloniales para entender el llamado Incario, y que ha llevado a cierto escepticismo en las interpretaciones arqueológicas. Por otro lado, la arqueología inca se ha desarrollado a partir de la identificación de su cultura material, como el estilo cerámico, arquitectónico o el trabajo en textiles y metales, para interpretar el área y la intensidad de su incursión en distintas partes de los Andes (Bauer, 1992, 2006). Esto debido a que se hace difícil la datación de contextos Inca de los últimos 70 años del período prehispánico, pues el sigma del C-14 muchas veces rebasa ese tiempo (Vranich et al., 2002).

Es así que con la ayuda de las fuentes históricas se ha construido una secuencia de la presencia inca en los Andes, desde el centro ubicado en Cusco –donde se registran los restos más monumentales– hacia las zonas marginales o periféricas del Imperio (Rowe, 1944). En ese mismo sentido, también se ha discutido mucho la pertinencia de cierta terminología para denominar a los incas, desde la visión de una sociedad Estado centralizada en Cusco, hasta el desarrollo de un Imperio, perspectiva que es más aceptada por sus particulares características (D’Altroy, 1984, 1992; Schreiber, 1992). A pesar de ello, todo lleva a plantear que el paso de esta sociedad por este territorio trajo los cambios más relevantes a todo nivel para las sociedades precedentes (Alconini, 1998; Angelo, 1999; Hyslop, 1992; Julien, 2002; Lima, 2000; Stanish, 2003).

Los incas justificaron su dominio apoyándose en los mitos de origen que difunden su origen divino. En consecuencia establecieron una jerarquización social muy estricta, diferenciando a las élites del resto de la población (Cobo, 1950 [1653]; Ramos Gavilán, 1988 [1621]). Esto implicó también la consolidación de un aparato religioso complejo, que se centraba en un culto solar, pero que reconocía divinidades locales e incluso ocultas de la élite. Desde esta perspectiva, la construcción de diferentes niveles de santuarios y la práctica de numerosos tipos de rituales cobraron mucha relevancia en la vida pública y social de las diferentes poblaciones.

A nivel político, la expansión territorial hacia diferentes partes de los Andes a partir de Cusco, implicó el sometimiento y/o la alianza de diferentes tipos de poblaciones (D’Altroy, 1992; Pärsinnen, 1990). Estos hechos convierten el territorio en un espacio multiétnico y multinacional bajo la égida de un solo gobierno (Schreiber, 1992). Esto, sumado a una política basada en la estrategia militar y socio-política, implementada en períodos cortos de tiempo, le da a los incas la característica de sociedad imperial. Este afán expansivo parece haber estado basado en el acceso a diferentes recursos de los Andes, los cuales eran convertidos en bienes de consumo y bienes de prestigio por las élites, que dieron el soporte socio-económico al Imperio (Earle y D’Altroy, 1995). Luego de la conquista de los alrededores de Cusco (Bauer, 1996), los incas se expandieron al Norte hacia tierras de los cañaris (Meyers, 2002). Luego esta expansión se dirigió hacia los Andes centro-Sur (Pärsinnen, 1990), intentando llegar hasta la Amazonía, como relatan los documentos coloniales (Saignes, 1986; Tyuleneva, 2010).

Los cambios a nivel tecnológico son los más visibles, pues se observa todavía la impronta inca como prueba de su influjo en el pasado. La arquitectura, como una herencia de Tiwanku, dejó los restos monumentales a nivel de palacios, santuarios y centros administrativos. Son muchos los sitios que conservan este rasgo en Bolivia y Perú, al igual que en otros lugares de los Andes (Bauer, 1996; Stanish, 2003). La alfarería desarrollada permitió la generación de un nuevo estilo caracterizado por la policromía y la estilización de las formas, símbolo de la presencia imperial donde se las registra. La textilería, desarrollada a partir de los tejidos de la costa central, adquirió mucha relevancia en el uso de algodón y de fibras de camélidos, caracterizada también por la policromía, la estilización y geometrización de los diseños. El uso de los metales fue, sin duda, el rasgo que más diferencia a los incas de las culturas precedentes; existía un exacerbado interés por el uso del oro como bien de prestigio, herencia de la tecnología de los expertos chimú.

Otro cambio ejercido por los incas fue el movimiento de poblaciones y su implantación en nuevos territorios, que originaron el surgimiento de los mitmas (Wachtel, 1982). El pago hacia el Imperio se daba a través de la mano de obra, lo que implicó la consolidación de grupos especializados en determinadas actividades, como el de los alfareros, mineros, agricultores. Todos estos aspectos cambiaron diametralmente el panorama social, político y cultural de los pueblos y se convirtieron en la antesala a la llegada de los españoles. Vale aclarar que los cambios ocurridos durante la Colonia temprana continuaron con las políticas de los incas y adaptaron sus estrategias para lograr el control de las poblaciones y de los recursos.

El estudio de tan complejo desarrollo político fue, en principio, objeto de estudios etnohistóricos en Bolivia, como los desarrollados por Murra (1975), Saignes (1986), Bouysse-Cassagne (1987) y Pärsinnen (1990), entre otros. Sin embargo, a través de la arqueología también se estudió el tema inca por regiones; una de las más importantes es la del Titicaca, centrada en Copacabana y las islas del Sol y de la Luna (Bauer, 1996; Escalante, 1993; Rivera, 2003; Stanish, 2003). Esta región de los Andes centro-Sur es la que presenta la mayor centralización y el resto se considera como área periférica del Imperio.

El estudio de Capac Ñan fue otro de los ejes en cuanto a la investigación de los incas. Entre los estudios más notables se encuentran los de Hyslop (1992), R. Espinoza (2005), Michel y Lima (2005) y Ballivián (2011). Asociados a este camino y en regiones adyacentes se encuentran centros administrativos, algunos de los cuales, por su importancia, fueron estudiados por Pärsinnen (2005) y Michel (2011) en Caquiaviri, Muñoz (2010) en Incallajta, Pereira (1985) en Incarracay, Lima (2006) en Sevaruyo, D. Angelo (1999) en Tupiza, y Rivera (1998) en Cinti, entre otros. Paralelamente, los estudios de Barragán (1994), Del Río (1989) y Presta (2005), ofrecen importante información sobre los incas en regiones de los valles interandinos.

Otra vertiente de trabajos de estudio del tema inca, relacionada a sus rituales, tradiciones funerarias y cosmología se desarrolló en algunas regiones de Oruro. Entre estos trabajos se pueden citar los desarrollados con las torres funerarias de color del río Lauca (Lima, 2003; Lima et al., 2005), las torres de color de Condor Amaya (Sagárnaga, 2007), el centro ritual de Pumiri (Diaz, 2005), las necrópolis de Totora (Ganem, 2012), el centro de Antín Curahuara (Ticona, 2012), las torres de piedra de Yaraque (Hesley, 1986) y los santuarios de altura de Sajama (Torrez, 2010, comunicación personal).

Por último, tenemos los estudios relacionados al área de frontera de los incas hacia la vertiente oriental. En este ámbito es muy importante el aporte de investigadores de la etnohistoria como Thierry Saignes (1986) y Vera Tyuleneva (2010), y los estudios arqueológicos de Pärsinnen (2003) y Sonia Alconini (2002).




sábado, 25 de septiembre de 2021

Historia prehispánica: Señoríos y Desarrollos Regionales

 A mediados del siglo XX los hallazgos y las teorías sobre la cronología de las culturas precolombinas del arqueólogo alemán Uhle (1856- 1944) sirvieron a J. Rowe (1962) para precisar y definir una cronología sobre las secuencias de las culturas en los Andes que aún está vigente. La propuesta de “horizontes culturales”, a pesar del debate respecto a la terminología, sigue en uso en cuanto a la secuencia en tiempo y espacio. En cuanto al período del llamado “Intermedio Tardío”, Uhle estableció que luego de la caída de Tiwanaku tuvo lugar una atomización en Desarrollos Regionales, aclarando con ello el panorama histórico-cultural de la región y ubicando a los Señoríos en una etapa intermedia entre dos formaciones estatales: Tiwanaku e Inca. Sin embargo, no se puede aplicar el corte temporal de manera mecánica a todo el altiplano y mucho menos a las Tierras Bajas, debido a que el sello que dejó Tiwanaku al Sur y al Este no es el mismo que en la región del Titicaca y, por tanto, su desintegración no afectó con la misma intensidad a todas las regiones.

Los Señoríos formaron organizaciones colectivas con autoridades y territorios que consideramos no constituyen plenamente un Estado, aunque tengan algunos elementos “estatales”, como autoridades de gobierno, territorio y algún tipo de instituciones sociales y rituales distribuidas de manera relativamente homogénea entre la población. En el aspecto político, se producen también federaciones y confederaciones más visibles en la región del Altiplano Sur que en la del lago Titicaca.

En cuanto a la cultura material que queda como evidencia arqueológica, se estableció que chullpas (torres funerarias) y pucaras (sitios defensivos de altura) son los elementos característicos de este período, tanto así que la memoria indígena hace referencia a un aucaruna o “tiempo de guerra”. Precisamente la inestabilidad política y la competencia por el acceso a recursos, características de esta etapa, se reflejan e en el abandono de varios asentamientos de las llanuras y la presencia de pucaras (fortalezas) distribuidas por todo el altiplano, aunque su intensidad no es igual en todas las regiones. Albarracín Jordán (1996) sugiere la existencia de esporádicos conflictos en el valle de Tiwanaku, lo mismo que sostiene Martti Pärssinen para Caquiaviri (región pacaje), mientras que Stanish (1997) encuentra profusión de ellos en la región lupaca, en el lado occidental del lago Titicaca, lo mismo que ocurrió en la región colla al Norte y Noreste del lago (Arkush, 2009). Es precisamente esta región ubicada en el actual Perú la que fue objeto de sostenidos estudios arqueológicos (Tschopik, 1946, Hyslop, y Mújica, 1976). Probablemente la causa principal de estos enfrentamientos fue  el deterioro climático y las intensas sequías, cuya mayor intensidad tuvo lugar entre los años 1250 y 1310 d. C. En cuanto a la antigüedad de estos restos, Pärssinen (2009) considera que en la región pacaje las pucaras precedieron a las chullpas, en cambio Elizabeth Arkush (2009) encuentra que en la región colla la profusión de pucaras llega incluso hasta la conquista inca, es decir que algunas de ellas son más tardías.

La correspondencia entre el espacio de distribución de las chullpas con el de la lengua aymara marca de manera singular a este período. La región de mayor presencia de estas torres es el altiplano boliviano y en menor medida el altiplano peruano. Nunca se encontraron restos tiwanakotas en las chullpas, lo que dejó muchas dudas acerca de la posible continuidad con Tiwanaku. Sin embargo, algunas chullpas de piedra de distintas formas y dimensiones en la región lupaca se presentan posiblemente reemplazando a sitios rituales Tiwanaku. Las investigaciones arqueológicas en el sector boliviano son aún dispersas y están pendientes interpretaciones de conjunto (Rydén, 1947; Arellano y Kuljis, 1986; Portugal, 1988; Pärssinen, 1990 y Huidobro, 1992). Aún así, algunas cuestiones van siendo respondidas: por ejemplo, si el sistema de enterramiento en chullpas irrumpe en el altiplano rompiendo con una tradición tiwanakota. Esto deja abierta la posibilidad de que el sistema funerario en chullpares se hubiera difundido de Sur a Norte como un fenómeno repentino a mediados del siglo XIII, que enfatizaba el culto a los antepasados (Pärssinen, 2009).

A diferencia de lo que ocurríría en la región lupaca, donde se habría establecido un corte abrupto, Albarracín Jordán y Mathews (1990) enfatizan para la región pacaje una continuidad con Tiwanaku. No sabemos si el patrón de asentamiento disperso que se constata tanto desde la etnohistpria como de la arqueología es parte de esta continuidad o es más bien la muestra de un nuevo poblamiento. Como fuera queda por establecerse si lo que conocemos como Intermedio Tardío, Señoríos o Desarrollos Regionales no fueron más bien provincias incas o wamani, pues la información de la etnohistoria proviene de fuentes coloniales más cercanas al mundo inca. Los trabajos de etnohistoria tienen la dificultad de que la mayoría de ellos se concentra en una nación o Señorío, excepto en algunos casos notables como el de Therese Bouysse-Cassagne (1986), quien, usando como fuente crónicas coloniales, estableció que había una organización del espacio basada en una concepción dual: Urco/Uma a lo largo del eje acuático del altiplano. Por su parte, Charles Stanish (1997) tiene una visión regional que incluye el circuntiticaca (alrededor del lago Titicaca). También en este campo se debe mencionar la propuesta realizada por Teresa Gisbert, que plantea que la caída de Tiwanaku se pudo deber a migraciones aymaras desde el Sur (1987), hipótesis que, aunque muy debatida, promovió nuevas lecturas y reflexiones.

Los estudios, sobre todo de historia, no se concentran en el Intermedio Tardío más bien abarcan períodos más amplios introduciéndose en el período Inca y aún colonial. Algunos autores como Ibarra Grasso (1953), en la década de 1950, se interesaron en estos Desarrollos Regionales cuando el interés dominante era Tiwanaku. A partir de los años 70 creció el interés por estudiar este período. Desde entonces contamos con los aportes importantes que resumimos los más significativos siguiendo un orden geográfico de Norte a sur. Sobre los collas trabajaron Bouysse-Cassagne (1975, 1987), Caterin Julien (1983) y Arkush (2009); sobre los kallawaya Juan Carlos Chávez (2010, 2011); John Murra (1969, 1975), Stanish (1997) y Hyslop (1976) escribieron sobre los lupaca; Xavier Albó (2003), Roberto Choque (1987, 1993) y luego Pärssinen (2009) sobre los pacajes; acerca de los soras trabajó Mercedes del Río (2005); sobre los carangas Gilberto Pauwels, Gilles Riviere (1982), Ximena Medinacelli (2007) y Marcos Michel (2000); Tomás Abercrombie (1986) y Pilar Lima (2008) estudiaron a los quillacas; sobre los charcas contamos con publicaciones de Silvia Arze y X. Medinacelli (1991) y el trabajo colectivo de Tristan Platt, Therese Bouysse, Olivia Harris y Thierry Saignes que además se ocupan de los cara cara, así como Pablo Cruz (2007), M. del Río (1989) y Patrice Lecoq (2003); de los yamparaes se ocuparon Rossana Barragán (1994) y P. Lima; de los chuis Raimund Schramm (1990); de los cintis C. Rivera (2006, 2014); de los chichas se ocuparon Carlos Zanolli (2005), María Beierlein (2008), Mariela Rodríguez (2011) y Florencia Ávila (2013); sobre los lípes trabajaron J. Arellano López y E. Berberian (1981), Axel Nielsen (1998, 2002) así como José Luis Martínez (2011). Todavía hay una serie de grupos más dispersos hacia los márgenes de lo que fue el Imperio Inca como moyomoyos, urus y casabindos. Los urus han merecido una serie de investigaciones desde los años 30 con Alfred Metraux (1931) y Jehan Vellard (1949-1951) que culminan con la obra de Nathan Wachtel (2000). Normalmente el estudio de los otros grupos ha estado inserto en medio de otros estudios.

La dispersión de las investigaciones da cuenta de la atomización de identidades que se hacen visibles en este período. Sin embargo, existen temas comunes de estudio, como la organización territorial y fronteras (Alconini, 2002), el sistema de autoridades, la movilidad en el espacio (Conti y Albeck ,2012) y la metalurgia (Lechtman, 1984; Lechtman y Macfarlane, 2005; Cruz y Vacher comp., 2008). Una línea importante planteada en la obra Qara Qara – Charka (Platt et al., 2006) es la publicación de fuentes junto con estudios sobre una región específica, lo que permite conocimientos comparativos interesantes y abre posibilidades de estudios a futuro.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Historia prehispánica: Tiwanaku

 Tiwanaku surgieron a través de los años. Las explicaciones más tempranas se perdieron en el tiempo y solamente fue posible conocerlas a través de los mitos e historias que registraron los primeros cronistas españoles en el siglo XVI (Cieza de León, Betanzos, Sarmiento de Gamboa, Acosta, Anello Oliva, Cobo y otros).

Ellos recogieron mitos que identificaban a Tiwanaku como el lugar de origen de la humanidad y consideraron que allí se encontraban las raíces de la civilización sudamericana más conocida en la época, los incas. Fue entonces que Tiwanaku quedó consolidado en el pensamiento de la época como uno de los sitios más importantes del mundo prehispánico.

Durante el siglo XIX varios diplomáticos, viajeros y científicos europeos visitaron Tiwanaku, hicieron descripciones sobre el sitio arqueológico y ensayaron algunas interpretaciones tanto de su antigüedad como de su identidad. En 1864 George Squier, diplomático Norteamericano, hizo planos de Tiwanaku y fotografió el sitio; años después el austriaco-francés Charles Wiener fotografió Tiwanaku e hizo algunas interpretaciones sobre los restos arqueológicos. En 1877 el francés Theodore Ber postuló que Tiwanaku debió haber tenido dos épocas diferentes y que ambas eran anteriores a los incas. Encontró que los muros de las edificaciones estaban orientados de acuerdo a los puntos cardinales (Albarracín, 1999). El sitio arqueológico de Tiwanaku atrajo también a investigadores europeos, como el Conde de Castelnau, el Marqués de Nadaillac, el científico Alcides D’Orbigny y el arqueólogo y etnógrafo suizo-estadounidense Adolphe Bandelier.

Los arqueólogos alemanes Alphons Stübel y Wilhelm Reiss llegaron a Tiwanaku atraídos por las narraciones de D’Orbigny. Años más tarde, Stübel trabajó con Max Uhle, arqueólogo alemán considerado el padre de la arqueología peruana, y en 1891-1892 publicaron el libro Las ruinas de Tiahuanaco en las tierras altas del Antiguo Perú, con fotografías de B.von Grumbkow. Más tarde Uhle propuso una secuencia para las culturas de los Andes. En este libro Stübel y Uhle asociaron Tiwanaku con los aymaras y señalaron que la distribución de la lengua aymara coincide con las áreas de expansión de Tiwanaku (Albarracín, 1999).

Las excavaciones e investigaciones científicas y sistemáticas comenzaron en el siglo XX. El gobierno de Pando otorgó permiso a la misión francesa de Crèqui de Montfort para excavar en Tiwanaku con la condición de que las piezas encontradas pasaran a formar parte del Museo Arqueológico, cuyo director era Manuel Vicente Ballivián (Laguna Meave, 1986). Uno de los arqueólogos del equipo, Georges Courty, encontró algunos monolitos, una escalinata y cerámica (Albarracín, 1999).

En 1903 llegó a Bolivia el ingeniero austriaco Arthur Posnansky, quien trabajaría sobre este tema durante décadas. Con los resultados de sus estudios publicó los cuatro volúmenes bilingües español/inglés de Tiahuanacu, la Cuna del Hombre Americano. Posnansky hizo un trabajo muy importante de registro en Tiwanaku, aunque muchas de sus hipótesis carecen de bases científicas y son consideradas por algunos sectores académicos como “arqueología fantástica y mítica” (Browman, 2007). Creó la Sociedad Arqueológica de Bolivia, un grupo de estudio con matices esotéricos, que se propuso la tarea de lograr la protección estatal al sitio arqueológico de Tiwanaku. Este grupo estuvo conformado por importantes hombres públicos bolivianos, especialmente de la ciudad de La Paz, en un contexto de políticas liberales y, posiblemente, con influencia masónica (Barnadas, 2002).

El arqueólogo Norteamericano Wendell Bennett (1930) propuso una cronología de la cultura tiwanaku y también hizo una síntesis de la arqueología de Bolivia que sirvió de guía para trabajos posteriores (Rivera y Stecker, 2005). Bennett afirmó que el estilo de la arquitectura de Tiwanaku tuvo una distribución extensa y que la fase clásica tuvo variantes en las Tierras Bajas (Albarracín, 1999). El arqueólogo sueco Stig Ryden hizo excavaciones en la zona del Titicaca y también aportó con estudios sobre cerámica del valle de Mizque (Cochabamba).

El gobierno del MNR, instaurado en 1952, buscó elementos para la construcción del nacionalismo estatal e íconos que lo emblematizaran. Tiwanaku fue clave para este propósito. En esta época se dio un nuevo impulso a la investigación arqueológica desde el Estado; en 1958 se creó el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Tiwanaku (CIAT) y más tarde, en 1975, el Instituto Nacional de Arqueología (INAR). La arqueología nacionalista intentó unir la ideología política propugnada desde el gobierno con un pasado remoto y glorioso; se hizo un intenso trabajo de excavaciones, pero se difundieron y publicaron pocos trabajos con los resultados. Portugal Zamora y Gregorio Cordero realizaron extensas excavaciones entre las décadas de 1950 y 1960. La reconstrucción del Kalasasaya en la década de 1970 posiblemente tuvo el propósito de mostrar la monumentalidad de Tiwanaku. La investigación arqueológica estuvo liderizada por Ponce Sanginés y tuvo la intención de resaltar los logros de este Estado, llegó incluso a adjudicarle calidad imperial, expansión en un amplio espacio geográfico, monumentalidad de su ciudad principal y un enorme número de habitantes. Desde mediados de la década de 1950 hasta los años 70, el trabajo arqueológico en Bolivia estuvo centrado en el trabajo de arqueólogos bolivianos, en especial de Ponce Sanginés, que fue la figura principal de la arqueología de esta época y del enfoque político del Estado.

A fines de los años 80 equipos de investigación de universidades extranjeras realizaron trabajos de excavación en el sitio de Tiwanaku. El proyecto Wila Jawira dio un nuevo impulso a excavaciones, análisis, estudios e hipótesis. El Norteamericano Alan Kolata mostró a Tiwanaku como centro urbano y ceremonial y también expuso el complejo sistema agrícola en la zona. Gray Graffam estudió los sukakollos y Marc Bermann trabajó uno de los sitios incorporados a Tiwanaku, Lukurmata. Charles Ortloff y Alan Kolata estudiaron la tecnología e ingeniería hidráulica desarrollada en Pajchiri y Lukurmata.

En la década de 1990, nuevas investigaciones completaron el panorama de Tiwanaku como centro urbano y como Estado. Para ello aportaron las excavaciones realizadas por Linda Manzanilla y Maria René Baudoin, que dieron mayor información sobre Akapana, los trabajos de Juan Albarracín y Claudia Rivera, que mostraron un panorama más completo sobre Tiwanaku. En este contexto, las nuevas lecturas, a partir de la década de 1980, buscaron también allí temas como la identidad y la etnicidad, y encontraron que este Estado estuvo formado por diferentes grupos étnicos y sociales. Este interés no estuvo centrado solamente en el centro urbano de Tiwanaku, sino también en otras regiones. En algunos casos, los estudios buscaron la vinculación de culturas locales con Tiwanaku (Anderson y Céspedes, 1998). 

A principios del siglo XXI un nuevo descubrimiento arqueológico en la isla de Pariti hecho por el equipo del proyecto finlandés (Sagárnaga y Korpisaari, 2005) el año 2004, abrió la posibilidad de estudiar una cerámica exquisita y plenamente realista hasta entonces desconocida, permitiendo ampliar la perspectiva de lo que fue Tiwanaku. Los trabajos recientes de Vranish, Isbell, Stanish, Vinning, Couture y otros escritos durante los últimos años son un aporte que seguramente generará nuevas investigaciones a futuro.

Además de la arqueología y la etnohistoria, los estudios sobre Tiwanaku se han enriquecido con el aporte de otras disciplinas. En la década de 1970, varios estudiosos (Torero, Cerrón Palomino y otros) generaron desde la lingüística nuevas hipótesis sobre Tiwanaku y la identidad de los grupos que lo conformaron. En los últimos años se han incorporado estudios médicos y biológicos a partir del análisis del ADN de restos óseos de enterramientos rituales, con el propósito de encontrar el origen biológico de sus habitantes. Estos estudios abren un campo enorme para la determinación de importantes características de la composición de la población de Tiwanaku, tanto en el sitio como en los diferentes lugares bajo su hegemonía.

En cuanto al trabajo arqueológico, se ha añadido recientemente a las tradicionales excavaciones, las posibilidades que brindan la exploración con magnetómetro y con radar que permiten localizar lugares donde probablemente existen estructuras y contextos arqueológicos, técnicas que ya han sido aplicadas en Tiwanaku desde 2007 (Williams, Couture and Blom, 2007). No obstante apenas se ha excavado menos del 20% la ciudad de Tiwanaku y mucho menos aún en otros sitios. A pesar los avances y del enorme potencial cultural de Tiwanaku hoy son lamentables las condiciones en que se conservan las ruinas más notables del pasado prehispánico de Bolivia, incluso el ícono de esta cultura como es el monolito Bennett está perdiendo ante nuestros ojos los símbolos esculpidos en su cuerpo. 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Historia prehispánica: El Formativo

 El Formativo (2000/2200 a.C. - 400/500 d.C.) es uno de los períodos de transición más importantes en el desarrollo socio-político de las poblaciones prehispánicas. Su temporalidad está marcada por el surgimiento de la agricultura como un eje productivo, el cual propende a la sedentarización de los pueblos de cazadoresrecolectores que existían previamente. Otros aspectos que marcan este período son la aparición de la alfarería, la construcción de villas o poblados permanentes y –de acuerdo a cada región– el surgimiento de tradiciones religiosas y rituales que marcaron posteriormente la identidad de los pueblos andinos.

Siendo un período que transcurre alrededor de 2000 años en distintas partes de los Andes, se establecen diferentes fases de desarrollo. Por ejemplo, en sus fases iniciales en la cuenca del Titicaca los procesos socio-políticos todavía eran simples y ligados al proceso de la sedentarización y la sobrevivencia. En una fase posterior se observa el desarrollo de tradiciones religiosas y de edificación que luego fueron consolidadas y dieron paso al surgimiento de desarrollos políticos más complejos que compitieron por la hegemonía regional y que luego derivaron en la formación del Estado (Hastorf et al., 1999). En otras regiones este proceso fue distinto, se pasó de desarrollos políticos de villas y aldeas con niveles de jefaturas simples, a otros que presentaban niveles políticos complejos (Bermann, 1995; McAndrews, 1996; Rose, 2002). Sin embargo, los datos también muestran que este panorama estuvo ligado a la potencialidad productiva de las diferentes regiones, así como al contacto interregional.

Al ser el Formativo uno de los períodos más largos del desarrollo cronológico prehispánico, sus implicancias fueron determinantes para los procesos subsecuentes. Por un lado, derivó en la formación del Estado de Tiwanaku y, por otro, determinó la complejidad y diversidad de otros pueblos que se encontraban fuera del área de influencia de este Estado. Un aspecto recurrente de este período es su influencia sobre las distintas tradiciones y estilos que marcaron la producción cultural de su época (More, 1984), tanto a nivel de la cerámica, como de la arquitectura y las representaciones simbólicas que fueron mantenidas hasta tiempos tardíos. Por estas razones, su estudio y análisis tiene mucha importancia en la cronología andina y permite explicar parte de la diversidad observada en períodos posteriores.

Los diversos estudios fueron promovidos en Bolivia en tres grandes regiones: 1) La cuenca del Titicaca, ligada a la cultura chiripa; 2) Oruro y los valles de Cochabamba relacionados con el desarrollo de Wankarani y 3) Santa Cruz. Más escasos son los datos de la Amazonía, Mojos y el Chaco. En la cuenca circunlacustre, el sitio epónimo del Formativo es Chiripa, que ha merecido el interés de los investigadores desde los años 40 del siglo pasado, con trabajos como los de Maks Portugal Zamora (1988) y Alfred Kidder (1943). En adelante su investigación estuvo a cargo del INAR y posteriormente por David Browman (1981). Pero es a inicios de los años 90 cuando se realizan los aportes más relevantes en el tema con el ingreso del equipo de investigación de la Universidad de Berkeley, a la cabeza de Christtine Hastorf. Posteriormente, varios de sus estudiantes y algunos investigadores bolivianos desarrollaron tesis doctorales e investigaciones especializadas para datar y entender la dinámica regional. Entre ellos se puede citar a MatthewBandy (2001), William Whitehead, Lee Steadman y José Luis Paz (2001), Andrew Rodick (2008) y Eduardo Machicado (2009).

El área de Wankarani fue estudiada inicialmente por la presencia de montículos artificiales y cabezas líticas de camélidos. Estos rasgos llamaron el interés de investigadores como John Wasson, Luis Gutierrez Guerra y Ramiro Condarco desde la década de 1950. Posteriormente las excavaciones del montículo de Wankarani, realizadas por Carlos Ponce Sanginés, terminaron dando el nombre a ese desarrollo del Formativo orureño que se conoce como cultura Wankarani. En la década de 1990, el equipo de la Universidad de Pittsburgh empezó a desarrollar investigaciones intensivas en diferentes montículos, sobre todo de la región de La Joya.

En la región de los valles de Cochabamba y Santa Cruz, las investigaciones fueron promovidas por investigadores del Museo Arqueológico de Cochabamba, quienes desde los años 40, a la cabeza de Ibarra Grasso y Geraldine Byrne de Caballero, realizaron los primeros reportes. Posteriormente investigadores como D. Pereira, R. Céspedes, Ramón Sanzetenea, Javier Gonzáles y María de los Angeles Muñoz desarrollaron estudios más sistemáticos. A este equipo se unieron investigadores como Donald Brockington, Marianne Vetters, Olga Gabelmann, Christoph Dollerer, Timothy McAndrews y Claudia Rivera, quienes lograron también importantes aportes.

Estos aportes fueron extendidos a los valles del Sur con los trabajos de Rivera en Cinti y los importantes fechados que Pereira y su equipo publicaron sobre el Formativo en Santa Cruz, que muestran ocupaciones muy tempranas que hacen ver que la historia cultural del Oriente boliviano todavía es desconocida.

El Formativo en las Tierras Bajas no ha sido muy investigado, lo que no quiere decir que no exista. Un buen ejemplo constituye el sitio arqueológico Grigotá ubicado entre el segundo y tercer anillo de la ciudad de Santa Cruz. Este sitio fue excavado en 1976 por Bustos Santelices (1976, 1977) y posteriormente por Heiko Prumers (2000) del Instituto Alemán de Arqueología. Aquí se documentaron poblaciones sedentarias que practicaron la agricultura y se establecieron, según fechados radiocarbónicos, entre el 400 a. C. y 100 d. C.

Si bien en la frontera entre Brasil y Bolivia se tienen evidencias de las primeras ocupaciones sedentarias (ca. 2500 a. C.), son muy escasos los sitios formativos que han sido encontrados en la región amazónica. Esto no solamente se debe a la falta de investigación, sino posiblemente a que los sitios correspondientes a este periodo, se encuentren cubiertos por sedimentos aluviales debido a un proceso de cambio climático, el cual todavía está siendo estudiado y que estaría asociado a un aumento de las temperaturas y de la pluviosidad en toda la Amazonía (Neves, 2007).



lunes, 13 de septiembre de 2021

Historia prehispánica: El origen de la población y Poblaciones más tempranas

 El origen de la población 

La pregunta sobre del origen de la población americana fue una interrogante constante desde que la existencia de este continente fue conocida en Europa. Las respuestas que se intentaron reflejan los conocimientos, la mentalidad y los imaginarios de cada época, desde explicaciones que recurrían al Antiguo Testamento para ubicar a los habitantes de América dentro del contexto de relatos bíblicos, hasta teorías sobre el origen de la población en continentes desaparecidos. Debido al persistente interés en el asunto, en el siglo XVIII se realizaron varias expediciones científicas que permitieron profundizar el conocimiento de la población americana.

Más adelante, durante el siglo XIX aparecieron teorías del origen autóctono de las poblaciones americanas, planteadas por el argentino Florentino Ameghino, pero se descubrió que los restos óseos presentados no eran de humanos. En 1925 el portugués Mendes Correia propuso la idea de que la población de América habría llegado desde Australia. La más aceptada fue la del Norteamericano Alex Hrdlicka (1937) sobre el origen asiático de la población americana y su llegada a través del estrecho de Behring, aunque también se desarrollaron teorías sobre un origen poligenético de la población, que procedería de diferentes continentes y habría llegado de distintas maneras, entre ellas navegando de continente a continente, como planteó el francés Paul Rivet en 1943. Descubrimientos arqueológicos permitieron establecer las pruebas para las teorías, pero también éstas apelaron a la lingüística y a la biología.

Otro de los temas más estudiados y discutidos fue el de la datación de las primeras evidencias de grupos humanos en América, es decir, la antigüedad de los sitios donde aparecieron las primeras evidencias de presencia humana. Descubrimientos arqueológicos al extremo Sur del continente en las últimas décadas del siglo XX pusieron sobre la mesa de las discusiones académicas y científicas nuevos datos que todavía están en discusión. A principios del siglo XXI, el proyecto de investigación científica del genoma humano abrió las posibilidades de estudios genéticos aplicados al análisis de los restos de seres humanos que vivieron hace miles de años y que probablemente estuvieron entre los primeros pobladores del continente. Sin duda, los descubrimientos futuros y el estudio de las evidencias encontradas permitirán aclarar más el panorama de la historia temprana de la población del continente americano.

Poblaciones más tempranas

La época conocida como Arcaico se desarrolló aproximadamente entre 11000 y 4000 años antes del presente (9000 y 2000 a.C.). Las investigaciones sobre estas etapas son las menos numerosas dentro del campo arqueológico y de otras disciplinas en Sudamérica y son más escasas aún en Bolivia. Las instituciones estatales no promovieron trabajos arqueológicos que se enfocaran en este período y los esfuerzos y hallazgos realizados hasta ahora proceden de iniciativas de investigadores como Dick Edgard Ibarra Grasso (1986), Jorge Arellano (1981), Eduardo Berberian (1981) y otros. La Universidad Mayor de San Simón tuvo un papel importante con el trabajo de Ricardo Céspedes y David Pereira (2005). La colección de objetos de esta etapa histórica excavados por Ibarra Grasso, Céspedes y Pereira forma hoy parte de los fondos del Museo Arqueológico de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba.

En 1903 el estudioso francés Georges Courty localizó un yacimiento paleolítico en Sur Lípez. En 1954 el investigador argentino Ibarra Grasso descubrió el sitio de Viscachani, considerado actualmente un campamento al aire libre. La existencia de una enorme cantidad de instrumentos y herramientas líticas en este sitio hizo que durante décadas Viscachani fuera considerado el lugar más importante del período Arcaico, y que una de sus fases tuviera la reputación de ser la más antigua evidencia de presencia humana en Bolivia; sin embargo, descubrimientos más recientes cambian este panorama.

El inglés William Barfield realizó excavaciones en Laguna Hedionda, Lípez, al Suroeste del país, en 1958. En 1978 E. Berberian y J. Arellano encontraron y estudiaron otros sitios en Lípez con restos de herramientas líticas, y en 1982 Ibarra Grasso y Querejazu Lewis hallaron restos arqueológicos de esta etapa en San Pablo de Lípez. A partir de 1980 continuaron las excavaciones en el altiplano y en la zona de Lípez y también excavaciones en las Tierras Bajas del Chaco, al sureste de Bolivia, donde en el sitio de Ñuapua se encontraron restos humanos que fueron datados con una antigüedad de 6000 años y considerados como los más antiguos encontrados hasta entonces. También por esa misma década se realizaron excavaciones e investigaciones en Cochabamba.

Las investigaciones más recientes sobre el Arcaico fueron realizadas en 2012 por José Capriles y Juan Albarracín en el sitio de Cueva Bautista de San Cristóbal (Lípez, Potosí); los resultados permiten confirmar allí presencia humana de 10.900 años de antigüedad (c. 8900 a.C.), lo que hace que éste sea el sitio con presencia humana más antigua en territorio de la actual Bolivia.

Las investigaciones arqueológicas en Bolivia tomaron nuevos rumbos en el siglo XXI. La arqueología, centrada anteriormente en Tiwanaku, cedió paso a nuevas excavaciones que se dirigen más bien a buscar información sobre las historias de otras regiones. En el caso de las Tierras Bajas se debe mencionar que un equipo multidisciplinario (Lombardo, et al. 2013) confirmó recientemente, que algunas de las islas de bosque en los Llanos de Mojos, son en realidad acumulaciones de desechos alimenticios, principalmente de caracoles, restos de fauna y material orgánico por grupos de cazadores y recolectores que vivieron hace por lo menos 10000 años.