martes, 25 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Collas y la herencia de Tiwanaku

Los collas como ningún otro pueblo del altiplano se relacionan con el desmoronamiento de Tiwanaku. La dispersión que siguió a la perdida de hegemonía de Tiwanaku afectó a los collas que se instalaron al Norte y Noreste del lago y a los valles contiguos. Una memoria común, una lengua y autoridades de gran prestigio como fueron los Zapana, permitieron que –a pesar de los segmentos internos– se mantengan cohesionados y diferenciados de los pacajes al Sur y sobre todo de los lupacas a quienes consideraban advenedizos y con quienes se enfrentaban permanentemente.

Los incas aprovecharon estas diferencias para unir fuerza con los lupacas y conquistar a los collas. El jefe lupaca, Cari, atacó a Zapana en Paucarcolla y lo mató; el inca, entonces avanzó sobre la zona con sus tropas logrando vencerlos a pesar de la feroz resistencia. No conformes con este dominio a la muerte del Inca, los collas se rebelaron nuevamente; finalmente fueron sometidos y pasaron a formar parte del Tawantinsuyu. Es posible que fueran los incas quienes establecieron la división en dos sectores: Hatuncolla y Paucarcolla.

A pesar de haber contribuido a los incas con importantes conocimientos como sistemas de construcción, rituales y medicina, fueron excluidos de las festividades estatales e incluso recibieron el apodo peyorativo de “poquis millma rinri” (torpe oreja de lana), pues llevaban un bonete con orejeras de lana blanca (Guamán Poma, [1612] 1980).

Una lectura de larga duración ha permitido plantear que el surgimiento de lo que conocemos como “Señorío Colla” es el resultado de la presión que habría sufrido el pueblo de Tiwanaku en el periodo de inestabilidad alrededor del 1000-1100 d. C. Los tiwanacotas se refugiaron en el sector Nororiental y Noroccidental del lago Titicaca, y ya desligados del Estado se conocerían como el Señorío Colla (Bouysse, 1991).

Varios elementos apoyan esta propuesta: Los mitos de origen colla remiten a Tiwanaku y la isla del sol indicando que los collas se consideraban herederos del conocimiento y grandeza de Tiwanak. Esta memoria se apoya en el hecho de que la orilla umasuyu del lago, de dominio colla, es donde quedó mayor presencia del puquina, lengua dominante en Tiwanaku.

También el hecho de que collas e incas se consideraban con el mismo derecho a gobernar, este “derecho” se expresa en las imágenes de un keru (vaso ceremonial) donde los gobernantes colla e inca brindan una alianza, representados ambos con la misma categoría; incluso el colla tiene al sol como símbolo. De manera paralela el cronista Pachacuti presenta una invocación donde queda explícita la misma categoría de collas e incas.
Vestimenta colla.

Probablemente por esta situación los collas no aceptaron el dominio inca y resistieron su dominio, prueba de ello las pucaras tardias en la región. Por ello los incas tuvieron que aliarse con los lupacas para conquistar a los collas. En castigo a su rebeldía una vez bajo el dominio inca, los collas estaban excluidos de los rituales estatales (Bouysse, 1987) aunque los propios incas consideraban a los “puquina - kolla” como la “primera generación inca”.

Según Bouysse, “kolla” en puquina significa “esperanza” mientras que en aymara quiere decir “medicamento”; colla también era el título de la máxima autoridad que por su carácter religioso a veces fue llamado Colla Capac, Capana o Zapana, que se identificaba por un emblema en forma de media luna como muestran Guamán Poma y Martín de Murua en sus ilustraciones.

Los collas no habrían sido un Señorío unificado a lo largo del tiempo; uno de los grupos que forma parte de ellos de manera independiente fueron por ejemplo los kallawayas. En un estudio de arqueología Arkush (2009) muestra a sub grupos o federaciones sub regionales en el territorio colla asociados a pucaras y estilos cerámicos. Encuentra claramente cuatro estilos cerámicos principales: A) Collao, B) Collao Asillo, C) Sillustani (negro sobre rojo y blanco sobre rojo) y D) Pucarani. Además parece haber centros de poder autónomo sobre todo en el lado urcusuyu.

La información que se tiene del territorio colla corresponde al periodo inca, pero en general puede proyectarse hacia atrás. Ubicados al Norte del lago Titicaca se dividían en collas de umasuyu y collas de urcusuyu con dos cabeceras: Hatuncolla y Paucarcolla. La importancia de la primera queda confirmada porque se consideraba una suerte de Cusco local, contaba con palacios, acllawasi (casa de las mujeres escogidas) y otros sitios rituales. Hatuncolla y Capachica de los collas, son los únicos dos lugares en el altiplano donde en el siglo XVI se hablaba 100% puquina (Bouysse, 1987).

El límite entre collas y lupacas estaba en Chucuito, cerca de Puno y entre collas y pacajes cerca de Ancoraimes, donde los incas instalaron mitmas chinchaysuyus. Justamente Ancoraimes es uno de los lugares donde se hablaba preponderantemente puquina.

Por los menos en tiempos del Inca, las poblaciones de collas de Urcusuyu eran: Caracato, Juliaca, Nicasio, Lamba, Cabana, Cabanilla, Hatuncolla, Mañaso, Vilacache, Poco, Paucarcolla, Capachica, Vilque Grande, Cupi, Orurillo, Ñuñoa, Huancoayllu, Sangarara, Pucará, Macarí y Omachirí. Y las de collas Umasuyu eran: Asillo, Arapa, Ayaviri, Chichero, Carabuco, Cancara, Moho, Conima, Ancoraime, Huaycho, Huancasi, Vilque Chico, Huancané y Pusi. En el lado umasuyu hacia los valles se ubican los kallawaya que eran parte de los collas. También era colla el espacio sagrado de Copacabana y las islas sagradas de Titicaca (Isla del Sol) y Coati (Isla de la Luna) que espacial y simbólicamente se ubican en el taypi o centro. Mitimaes collas se encontraban dispersos por distintas partes del Tawantinsuyu, se conocen por ejemplo collas entre los carangas (en Huachacalla) en Combaya o en Larecaja. Controlaban tierras de valle sobre todo hacia el sector oriental de su territorio.

La nación Colla estaba formada por collas, urus y kallawayas. Tal vez anteriormente por una serie de agrupaciones menores, siendo los collas la población principal y con mayor poder. La lengua originaria era la puquina; la lengua aymara se superpuso y convivió con la primera. Estos datos son la base para que el lingüista Alfredo Torero y las historiadoras Therese Bouysse y Teresa Gisbert, propongan que los collas fueron un reducto de los antiguos tiwanakotas. Los urus por su parte, como población más antigua formaron parte de los collas manteniendo su propia lengua y modo de vida.

A su vez la situación de los kallawaya era distinta, manteniendo a lo largo del tiempo rasgos de identidad diferenciados y con un territorio ubicado hacia las estribaciones de la Cordillera Oriental (Larecaja). No ocupaban el lugar más bajo de la sociedad, como ocurría con los urus, sino diferente. En algún momento se puso en duda la antigüedad de la tradición médica de los kallawayas porque no hay referencias coloniales a esta actividad. Sin embargo últimamente Loza (2007) ha estudiado algunas ofrendas rituales, tan antiguas como Tiwanaku, que eran parte de las actividades de curación.

Tanto kallawayas como urus hablaban cada uno una lengua propia. Los primeros el idioma machchaj-juyai, lengua parecida a la puquina que hasta la actualidad se conserva por lo menos en algunos cantos y rituales en la zona kallawaya. Se hablaba también aymara, como lengua presente en todo el altiplano.

Distribución de tipos de cerámica colla en los conjuntosde pucaras.


lunes, 24 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Lupaca, una sociedad llamera

Un debate permanente se refiere a si las unidades que conocemos como “Señoríos” fueron tales antes del dominio inca. Lo más probable es que los conocidos lupaca, pueblo aymara hablante, ubicado en la orilla occidental del lago Titicaca (hoy Perú) cuya economía se basaba en el pastoreo, conformó una “provincia” dentro del Tawantinsuyu. Estudios de arqueología en la región permiten considerar que antes de los incas varios grupos o Señoríos locales habitaban la región, unidades que incluso podrían remontar su existencia antes de Tiwanaku (Stanish, 1997).

Los lupaca ocuparon únicamente en el lado urcusuyu del lago lo que podría ser la pauta de que “urcu” (zona seca y alta) era la región más pastoril del altiplano aunque se debe recalcar que esta vocación no excluye que también se cultivaran ciertos productos (Medinacelli, 2010).

Según el cronista Cieza de León los lupacas guiados por sus capitanes Cari y Cusi llegaron desde el Sur, tan lejos como Coquimbo y Copiapo (hoy Chile); de allí en diversas oleadas se fueron asentado en la zona del lago. En su afán por controlar la zona atacaron el centro ritual más importante –la Isla Titicaca (Isla del Sol)– que se hallaba en manos de los collas. Al parecer luego de atacar la isla, se retiraron a la orilla occidental del lago dejando establecida su supremacía guerrera. De hecho luego fueron aliados de los incas contra los collas. Asentados en la orilla occidental del lago, convivieron con la población uru y tal vez con otros grupos de lengua puquina los que tuvieron un status inferior. Como se trata de un pueblo de lengua aymara y economía pastoril que necesitaba moverse por el territorio para sobrevivir, estructuraron su territorio bajo una organización segmentaria dividida en markas.

Desde la arqueología se duda de este origen pues no existen evidencias materiales sobre esta migración y en Copiapó no existen restos de lengua aymara ni otros indicios, sin embargo los datos del cronista Cieza recogidos en el siglo XVI están ahí planteado las preguntas que por ahora no tienen otra respuesta. Lo que sí existe al Sur, es el sistema constructivo circular con techo embovedado típico de las construcciones de chullpas.

El estudio de Stanish en la zona lupaca particularmente en el eje Juli - Pomata establece varios puntos defensivos para el Intermedio Tardío llamado por su equipo Periodo Altiplano. En este momento constata el desarrollo de sitios fortificados en las cumbres de los cerros que representan un cambio radicalmente diferente del precedente patrón Tiwanaku y representa un cambio profundo en la organización política y económica. De los sitios estudiados la Pukara Juli parece fue el principal refugio de este periodo. Se trata deun enorme sitio fortificado que yace sobre el pueblo moderno de Juli. Sin embargo también existen sitios no fortificados que se tienden a concentrar cerca de las pucaras.

En cuanto a su organización interna, esta se conoce bastante bien gracias a la Visita realizada por Garci Diez de San Miguel en 1567 pero no se puede afirmar que correspondan necesariamente al periodo de los Desarrollos Regionales. Más bien lo que la arqueología considera es que no hay datos suficientes que permitan afirmar que hubo un sistema de poder centralizado en la región antes de los incas (Lawrence, 1997). Lo que el estudio sostiene es que el sistema constructivo (distribución espacial y diferenciación de construcciones más complejas), la ritualidad, el tipo de cerámica sin decorado y otros elementos no permiten sostener un sistema político centralizado. Sin embargo nuestras propias conclusiones son que al existir pucaras de enormes dimensiones como la de Juli Pukara con varias murallas y con cientos de estructuras habitacionales y tal vez de almacenamiento, son en si la muestra de un sistema de organización con autoridades con suficiente poder. En la región, Juli aparece como el lugar preinca más importante y pudo haber sido uno de los lugares que aglutinaba poder. Por otra parte es indispensable tener en cuenta que una sociedad pastoril tiene un sistema político que no busca ni la construcción de ciudades ni la especialización, por tanto los restos materiales que deja son también diferentes (Medincelli, 2010b).

A partir de documentos coloniales como la Visita de Garci Diez, Murra (1975) elaboró el modelo de economía andina denominado “control vertical”. Los lupaca estaban organizados en siete markas: Chucuito –que era la cabecera– Acora, Ilave, Zepita, Yunguyo, Pomata y Juli. También controlaban oasis en la costa desde Lluta hasta Sama y Moquegua. Cada una de estas markas se dividía en dos parcialidades: hansaya y urinsaya. Luego cada una de ellas en ayllus, la mayoría de los ayllus eran de población aymara pero algunos eran de urus.

Los nombres de sus autoridades étnicas Cari y Cusi, pasaron a ser el título de las siguientes autoridades. El primer Cari sería el que llegó de Coquimbo, pasó por Carangas y se estableció en Chucuito. Otro de los Cari, estableció una alianza con los incas para atacar a su vecinos los collas, de este modo vencen a Zapana, jefe de los collas. En estos enfrentamientos están también los quillacas que matan a gente de Hatun Colla que controlaban Machaca. Ya bajo el dominio inca se sabe que los lupaca fueron llevados al Cusco para realizar labrados en piedra.

Por otra parte, es común pensar que en el mundo andino no hubo propiedad privada y que los bienes, particularmente la tierra eran propiedad comunal. Sin embargo esta situación es diferente en lo que se refiere al ganado según se puede establecer en la Visita de Garci Diez (1567) que aunque se trata de una información tardía permite proyectar a la situación un par de siglos antes.

La propiedad del ganado se escalonaba desde los rebaños propios de las huacas pasando por los de la comunidad, los de familias privilegiadas, hasta los de propiedad individual como indica Polo de Ondegardo [1571]. Cada una de las “mitades” lupaca tenía cientos de miles de cabezas. En una escala inferior, sabemos que por ejemplo en la marka de Acora cada ayllu tenía su propio ganado. Entre los hombres más ricos figura Juan Alanoca de Chucuito, de quien se decía tenia en 1567 más de 50000 cabezas y del cual no se registra tuviera relación parental alguna con las autoridades lupaca. Las autoridades étnicas también tuvieron sus hatos como deja ver un padrón “…de los mil indios ricos” de Chucuito.

Puesto que carecer de animales limitaba las posibilidades de intercambiar y también de tejer, ambas actividades importantes para obtener otros productos, las familias se esforzaban por tener en propiedad algún ganado. Los padres legaban a sus hijos algún ganado y también se les regalaba en algunos ritos como en el primer corte de pelo. En la misma Visita se establece que los indios aymaras, aún los más pobres, tenían algún ganado. La cantidad de ganado marcaba el status social de su dueño y permitía a las autoridades ejercer con mayor holgura la reciprocidad con los miembros de su grupo. El ganado pastaba en amplios lugares donde a veces podían estar revueltos los animales de los caciques, principales y particulares en cambio los pastos eran compartidos. Para su registro se desarrollaron quipus que permitían anotar lo que cada cual poseía y que las autoridades podían controlar estrictamente. Todavía en el periodo colonial se encuentran datos de encargados de registrar el ganado en quipus (Medinacelli, 2010).

Como un pueblo dueño de mucho ganado desarrollaron finas técnicas textiles. Documentos coloniales estudiados por Murra evidencian la existencia de un importante núcleo textil en la región de Chucuito, capital de los lupacas, donde se realizaban tejidos de cumbi (tejido muy fino de lana de alpaca, vicuña y algunas veces de pelo de chinchilla). Este sitio parece fue establecido por los incas tomando la experiencia textil de los lupaca, para ello trasladaron mitimaes de otras zonas. El centro textil y también cerámico se instaló en Millerea cerca de Huancané, siendo un centro multiétnico dirigido por los lupacas. Según Gisbert, Arze y Cajias (1987) los cumbicamayos (especialistas en tejidos de cumbi) eran tanto de la parcialidad de anansaya como de urinsaya, formando una comunidad de tejedores dirigidos por personas de una elite estrechamente ligada al conocimiento religioso ya que debían tejer los símbolos de sus dioses, tanto así que en tiempos coloniales estuvieron presos por “hechiceros”.

domingo, 23 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Canas y canchis: la complementariedad

Los documentos identifican a los habitantes del margen Sur del valle del río Vilcanota como canas y canchis. Se ubican al Norte del lago Titicaca, en el Perú actual. Información importante se tiene porque el cronista indígena Santa Cruz Pachacuti Yamqui (Siglo XVII) fue originario del lugar siendo su obra una muestra de la élite local. Ambos Señoríos formaron una suerte de federación; compartían no solamente la lengua aymara, según explica Bertonio y se corrobora por la toponimia, sino también la vestimenta, prácticas funerarias así como estrategias económicas y por supuesto autoidentificación. El cronista Cieza de León (1553) indica que tanto hombres como mujeres llevaban en la cabeza unos bonetes de lana grandes muy redondos y altos. Un elemento común es también su cultura guerrera. Canas y canchis actuaron en conjunto luchando contra los quirhuas ubicados en la frontera tropical de los Andes.

Tanto canchis como canas se ubicaban a ambos lados del lago ocupando los sectores urcusuyu y umasuyu. Precisamente a partir de los datos de esta organización brindados por Pachacuti es que Bouysse (1987) desarrolló la propuesta que muestra a los Señoríos del lago Titicaca organizados en estos dos suyus.

Como la mayoría de los Señoríos, controlaban también tierras en los valles. Se sabe que pequeños grupos de mitimaes canas fueron trasladadosa diversas regiones de la actual Bolivia, como los valles de Ambaná o sitios rituales como Copacabana. Lo mismo ocurrió con los canchis de quienes se sabe los ubicaron como mitimaes en Copacabana y también en Italaque..

La relación entre estos Señoríos con los del lago Titicaca ha debido ser muy estrecha ya que compartieron muchos elementos culturales. Un ejemplo es el trayecto mítico que siguió Tunupa –dios lacustre– que en su recorrido toca algunos sitios canas, como Cacha (hoy Rajchi ubicado cerca del volcán Quimsachata) donde dice el mito realizó algunos hechos extraordinarios. Rajchi fue un centro urbano inca o probablemente un tambo en la ruta hacia el Collasuyu (Medinacelli, 2010b).

sábado, 22 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Choquelas o lari lari: sociedades de los márgenes

Desde el periodo formativo los cazadores (choquelas) muestran una historia larga de adaptación a las tierras más altas y áridas del altiplano, dedicados a la caza de vicuñas, guanacos y tarucas. De ellos dice el cronista Matienzo ([1567] 1967) que en el siglo XVI “hay pocos, y los que hay no entienden sino en matar ganado bravo y en idolatrar”. Mientras, Bertonio sostiene que no tenían una organización estable ni caciques. Con los incas habrían sido incorporados al Estado formando ayllus como se lee en un padrón de los lupacas donde se registró un ayllu Chuquila de cazadores.

Posiblemente los larilari (Bertonio) o choquelas formaron unidades monoétnicas, dedicadas únicamente al uso de los camélidos, a la caza y otras actividades relacionadas con el ganado silvestre pero no al pastoreo. Sobre los choquelas hay poca información, pero la que hay permite caracterizarlos como una población marginal, que en su peculiaridad participaba del mundo pastoril. Esta situación hace que los choquelas sean considerados con poderes sobrenaturales y guardianes de las huacas (deidades andinas). El nombre “choquela” podría derivarse de “choque illa”, elemento mágico de oro. Una de las traducciones de chuquila según el cronista Cobo podría ser “resplandor de oro”, haciendo referencia al rayo, por lo que es muy probable fueran adoradores de Illapa. Otro grupo de cazadores se encontraban en la Patagonia donde hubo grupos de cazadores nómadas que se vestían con la piel de los guanacos y con esta piel cubrían sus chozas.

viernes, 21 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Urus: cultura del agua

No se conoce con precisión su situación previa a la presencia inca. Es posible que mantuvieran independencia de la población aymara habitando las orillas de los ríos e incluso entre los totorales donde se refugiaban en momentos conflictivos. Entonces, mientras la población aymara construyó sus pucaras en las alturas, los urus se adentraron al lago con la misma finalidad de protección. En el siglo XVI, a la llegada de los españoles, constituían una cuarta parte de la población altiplánica.

Se trata de la población más antigua del mundo andino cuyos orígenes se pierden en la memoria, creando una cultura que se desarrolló a las orillas de ríos, lagos y salares a lo largo de unos 800 kilómetros. Su hábitat principal se ubica desde el río Azángaro, al Norte del lago Titicaca, hasta el lago Coipasa, en el departamento de Oruro, pasando por el río Desaguadero, el lago Uru Uru y Poopó así como en las islas del lago y las islas artificiales construidas por ellos. En el siglo XVI hay datos acerca de poblaciones urus en la costa del Pacífico (Hidalgo, 2004). Entre los lugares más poblados por urus está la región Norte del lago Poopó, cerca de la actual ciudad de Oruro. Excepcionalmente como en Lípez, (Potosí) , se sabe por el informe de Lozano Machuca de 1581, que vivían allí cerca de algunas ciénagas “unos mil indos uros” que se sustentan de la caza de guanacos, vicuñas y algún pescado y raíces (Wachtel, 2001).

Hoy en día los urus siguen conservando sus rasgos culturales y se distinguen por su idioma, vestimenta y modo de vida siendo una de sus características la movilidad en zonas con acceso al agua. En la región del lago Titicaca los urus se llaman a sí mismos kot’suns, es decir “hombres del lago”, distintos de los hombres “secos” (Wachtel, 2001).

Formaron parte de varios Señoríos del altiplano que incorporaban población aymara y uru, situación que probablemente provenía del ordenamiento inca. Los aymaras, sin duda, constituían el grupo dominante y consideraban a los urus como parte de “otra humanidad”. Ellos mismos se llamaban hombres del agua y a los aymaras “hombres secos”. La lengua particular de los urus se mantuvo a pesar de la convivencia continua con grupos de lengua aymara. Ha sido denominada por los lingüistas “uruquilla” y por los propios urus “puquina”. Sin embargo, los vocabularios de lengua puquina del periodo colonial muestran que uruquilla y puquina son dos lenguas diferentes (Torero, 1972/1992).

No solamente su lengua era distinta también su economía y cultura se basaban en productos lacustres: patos, parihuanas, peces, algas y totora, principalmente. Eran excelentes navegantes, expertos en elaborar balsas de totora, puentes flotantes e islas artificiales. De ese material también hacían sombreros, ropa, cestas, redes, esteras y sus viviendas y alguna vestimenta. Cuando los incas conquistaron la región del lago Titicaca, sacaron a los urus de su hábitat y los organizaron en ayllus que, aunque mantenían sus propias autoridades, dependían de otra sea ésta inca o aymara.

Bajo el denominativo uru se reúne una variedad de grupos con nombre propio como los Iruito de Jesús de Machaca, los Uchusumas del Desaguadero, los Chillaguas dispersos desde el Sur de Oruro hasta Aria y Azapa; los Villi-Villi de Oruro, Uruquilla del Sur del Lago Poopó y los más conocidos Chipayas de Carangas (Oruro)..

Nathan Wachtel (2001), experto en la historia de los urus, explica que a pesar de que en el periodo colonial fueron considerados como una sociedad inferior, no todos los urus tenían el mismo status. Algunos, como los de Yunguyo y Zepita (del Señorío Lupaca) tenían una categoría superior; otros datos informan que las principales autoridades Sabaya (Carangas) eran de origen uru por su parte los ochosumas del Desaguadero eran los más pobres y se alimentaban de peces y raíces de totora. Huellas de esta milenaria población se pueden encontrar en las deidades lacustres que probablemente fueron originariamente uru. Nos referimos a algunas deidades femeninas, por una parte Quesintuu y Umantuu dos hermanas y mujeres-peces con quienes “pecó” Tunupa (deidad de la región del Titicaca e hijo del Rayo) (Bertonio, [1612] 1984). Por otra parte, el “ídolo de Copacabana” y divinidad central del lago Titicaca también parece ser una deidad femenina de origen uru. El cronista Ramos Gavilán la describe como una piedra azul vistosa con un rostro humano y el cuerpo como pez, y añade: “a éste adoraban por dios de su laguna”. Teresa Gisbert (2004) propone que esta deidad, habría sido sustituida por la Virgen de Copacabana. 
Mapa de Distribución de los Urus

jueves, 20 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Altiplano: del lago Titicaca al lago Poopó

Varios estudios de patrones de asentamientos en la cuenca del Titicaca señalan la posibilidad de un despoblamiento gradual, reducción poblacional y dispersión de la cuenca durante y tras el colapso de Tiwanaku (Janusek, 2003) las unidades conocidas como “Señoríos” se desarrollaron cronológicamente después de este despoblamiento pero a pesar de corresponder a un periodo de desintegración, luchas entre grupos y profundas sequías, lograron consolidar un sistema de referencia espacial, ritual y de parentesco de larga duración que se percibe aun hoy en día. Estas referencias se reflejan en la continuidad de las identidades regionales que se remiten al periodo del Intermedio Tardío. Uno de estos desarrollo, sin embargo, es cronológicamente anterior y ecológicamente tiene su centro en los valles secos del Norte de La Paz, se trata de la cultura mollo. También más temprana es la presencia de urus y choquelas que provienen de una historia de larga duración y que durante el Intermedio Tardío formaron parte de las nuevas unidades.

Las nuevas unidades, unas más estructuradas que otras y conocidas ahora como Señoríos surgieron alrededor del siglo XII, luego de la caída de Tiwanaku pero en muchos casos no es visible la interferencia de Tiwanaku y se encuentra una continuidad desde periodos muy remotos. Una cierta continuidad se evidencia frecuentemente en la tradición cerámica como la de Carangas o del valle de Cinti que no presentan un cambio abrupto desde aproximadamente el año 400 dC. (Rivera, 2003).

Además, la investigación arqueológica acerca de este periodo (aproximadamente 1100-1350 d. C.) encuentra un problema en la contradicción entre el registro etnohistórico y el arqueológico que frecuentemente difiere, de modo que los límites de ciertos grupos marcados por la información histórica no coinciden, por ejemplo, con la distribución de la cerámica que suele tener una amplia distribución abarcando a veces distintas zonas ecológicas.

A la llegada de los españoles, en el territorio del Collasuyu (hoy altiplano boliviano), se encontraban diversas unidades sociopolíticas cada cual con un nombre propio, detentando una identidad particular. Cada una de ellas tenía sus autoridades y su territorio con tierras en la puna, en los valles interiores y costeros según los casos y algunos probablemente hasta los llanos. En la mayoría de estos Señoríos se hablaba aymara, lengua de intercambio y de contacto, pero no todos tenían al aymara como idioma principal ni era el único, junto a él se hablaban por lo menos dos idiomas más antiguos: el uruquilla y el puquina.

Llama la atención que a pesar de la disgregación y los constantes enfrentamientos de unos grupos con otros, existía una organización espacial por encima de las unidades particulares. Hablamos de la división del espacio en dos sectores: umasuyu/urcusuyu (Este/Oeste) que se extendía a todo el altiplano, organización que parece ir en contra de la inestabilidad política y la dispersión del poder.

Estas unidades sociopolíticas, constituyeron más tarde provincias incas. Por tanto, es posible que, lo que registraron los cronistas de la colonia como “naciones”, fueran en realidad estas provincias. Por ello tomaremos la información con este reparo pero teniendo presente también que los incas se basaron en elementos culturales y de identidad locales.

Ordenados de Norte a sur, en el Collasuyu se encontraban inmediatamente al Sur del Cusco, Canchis y Canas dos pueblos íntimamente relacionados, que aparecen en la documentación como una unidad complementaria. Alrededor del lago Titicaca se agrupan las naciones Colla, Pacaje y Lupaca –cuya distribución se replica alrededor del lago Poopó con soras, carangas y quillacas. Un tercer bloque forma la Confederación Charca –charcas, caracaras, chuis y chichas– y finalmente lípes y yamparas que ya no se ordenan en el eje Urco o Uma. Sin embargo son distintos entre sí; mientras los yamparas formaron un señorío, con autoridades propias, los lípes resultan ser un conglomerado de pueblos móviles con distintas identidades sin una centralidad política visible (Martínez, 2008).

En general se trata de unidades por lo menos biétnicas, unas veces con población uru y aymara y otras con los llamados choquelas o lari lari, Algún Señorío además agrupaba diversas identidades en su interior como el Quillaca que se presenta como una federación de varios pueblos.
Población uru y choquela en los Señoríos del Altiplano

miércoles, 19 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Quirhuas

La identidad “quirhua”, podría estar ligada a la ecología denominada “yunga” pues en el siglo XVI se ubicaban en los valles superiores del río Bopi con cabecera en el valle de Uyuni al Sur de La Paz, controlaban un cruce ecológico desde las altas pendientes de la cordillera real hasta los Chapi Yungas de Chulumani. En Cochabamba el Río Cotacajes constituía una especie de frontera natural entre los quirhuas de la ribera izquierda y los cotas de la ribera derecha al sur.

Según el diccionario de Bertonio quirhua en aymara es el mercader de coca pero también qherua son los valles templados. Carmen Beatriz Loza y Thierry Saignes proponen que son un grupo especializado en el cultivo, almacenaje e intercambio de la coca (Saignes, 1985; Loza, 1984a, 2007). Por lo expuesto, el caso quirhua plantea el problema de grupos especializados que no formaban necesariamente una identidad étnica y también el asunto del comercio, que se sostiene no hubo en los Andes, pues la coca constituía un bien de intercambio por excelencia.