lunes, 4 de julio de 2022

El Chaco - Registros materiales y escritos para una etnohistoria chaqueña

Al indagar en la complejidad del poblamiento étnico del Chaco, el panorama general que nos ofrecen las fuentes materiales y escritas deja grandes lagunas para la época prehispánica. En efecto, es tal la fragmentación social y étnica de los diferentes grupos a lo largo del tiempo que la profusión de etnónimos en la documentación ha generado gran confusión entre los autores, quienes a menudo han buscado signos de equivalencia del presente con el pasado para explicar las identidades actuales, negándoles así historicidad (Combés, 2009b). A esto se suma la poca precisión con la que usualmente se manejan conceptos, como “grupo étnico”, y se los asocia a secas a una organización socio-política, cuando en realidad no sabemos a ciencia cierta a qué nos remiten (Barragán, 1994).

La escacez de investigación de la arqueología chaqueña en nuestro país, hace que necesariamente acudamos a los estudios realizados en el Chaco argentino, que presentan mayores avances, sobre todo en relación a dataciones y hallazgos de urnas funerarias. A pesar de que los datos no son definitivos, los mismos han permitido conjeturar la presencia de una cultura prehistórica “netamente chaqueña” influenciada por los grupos calchaquíes provenientes del Oeste (Boman, 1908; Nordenskiöld, [1903]; Lima, comunicación personal).

Ante los grandes vacíos derivados de la ausencia de información escrita y estudios arqueológicos pormenorizados, los autores se refuerzan con ayuda de filólogos y lingüistas, que han clasificado a los grupos “típicamente chaqueños” en distintas “familias lingüístias”: Mataco, Guaycurú, Lule-Vilela, Lengua-Maskoi, Zamuco, Arawak y Tupí-Guaraní (este último también hablado en Argentina y Paraguay, aunque el mayor número de hablantes se encuentra en Bolivia).

Aun cuando la mayoría de estas categorizaciones han sido formuladas a partir de fuentes históricas bastante más tardías, no pasa desapercibido el hecho de que en el Chaco nos encontramos ante una pluralidad de troncos lingüísticos; algunos de ellos vinculados a los grupos del Sur, como es el caso de la lengua Lule-Vilela; otros, más bien, a los grupos amazónicos de lengua arawak del Norte. Los chiriguanos vendrían a ser parientes lingüísticos de los grupos guaraní del Brasil, lo que sugiere que en el Chaco convergieron lenguas de regiones vecinas.
Lenguas Chaco Boreal

viernes, 1 de julio de 2022

El Chaco - El Chaco como espacio geográfico y cultural

El confinamiento del Chaco y la débil influencia política que Charcas ejercía sobre éste, pueden corroborarse en las fuentes coloniales tempranas, que hacen referencia a su situación de marginalidad e impenetrabilidad, asociada a menudo al extremo salvajismo de sus moradores. Si bien la situación en la frontera se tornó especialmente violenta poco después de la conquista del Perú, se tienen noticias sobre las tensiones entre incas y chiriguanos al menos desde tiempos de Túpac Yupanqui (1417-93), cuando éste intentó fallidamente ampliar sus dominios desde el Collasuyo; asimismo, es también sabido que al menos desde el siglo XV un ancho arco fronterizo neutral que no pertenecía a nadie, podía ser transitado, separando los dominios territoriales del Tawantinsuyu de la Cordillera Chiriguana (Pifarré, 1989).

La “barrera chiriguana”, entonces, habría impedido en gran medida la penetración incaica en el Chaco de manera formal, y así contribuir a forjar en el imaginario cusqueño la representación de una tierra lejana y agreste. Esta noción puede encontrarse en las obras de varios cronistas y aparece evidentemente filtrada por un paradigma civilizador incaico, donde el mítico Antisuyo y su gente reproducen la convicción de superioridad de valores de los incas frente a otros grupos y sitúan a los chiriguanos en el estrato más bajo de la jerarquía como indican algunos cronistas (Poma de Ayala, [c. 1615]; Garcilaso, [c.1609] 1943).

jueves, 30 de junio de 2022

El Chaco - Introducción

 Mariela Rodríguez

El Chaco es una extensa y árida región con singulares características históricas y culturales. A menudo mencionado como el mediterráneo de la América Austral por los españoles, el Chaco ha sido tradicionalmente visto como un territorio periférico y marginal, alejado de los centros de poder colonial y nacional. El término “Chaco” proviene del quechua chaku, que en quechua significa “territorio de cacería” (Bertonio, [1612]). Conocido como Gran Chaco Gualamba hasta finales del siglo XIX, esta dilatada región boscosa y espinosa se caracteriza por tener un ecosistema eminentemente seco y sujeto a variaciones térmicas extremas (en invierno las temperaturas pueden descender a 0 °C, mientras que en verano pueden llegar a los 45°C), lo que hace que las condiciones de vida sean difíciles; la subsistencia de quienes allí habitan depende de una constante lucha por la obtención de alimentos y recursos acuíferos.

Como espacio geográfico, se puede decir que la región chaqueña es una vasta planicie semiárida ubicada en el centro de Sudamérica, que tiene alrededor de un millón de kilómetros cuadrados de superficie que se extiende por parte de los territorios de Argentina (al Norte), Bolivia (al Sureste) y Paraguay (al Oeste y Noroeste), entre los ríos Paraguay y Paraná y el altiplano andino. Por el lado boliviano, si se penetra desde los valles subandinos de Tarija y Chuquisaca en dirección al Este, las elevaciones pueden llegar hasta a los 2.000 m.s.n.m. A este ecosistema de transición que es una zona que comparte características físicas y climáticas similares a las de los contrafuertes andinos se lo conoce como pie de monte. A medida que avanzan hacia el este, las estribaciones del pie de monte descienden hasta llegar a los 250 m.s.n.m. y abren paso a la llanura chaqueña, un vasto espacio con una topografía casi plana que solamente se ve interrumpida por dunas estabilizadas por la vegetación y por zonas depresivas conocidas como bañados.

Contrariamente a la visión tradicional de un espacio considerado marginal y aislado, lo cierto es que el Chaco ha sido históricamente una zona de intercambio e influencia recíproca de zonas adyacentes y, a su vez, de contactos entre los diferentes grupos que lo habitaron (incluidos los no indígenas) (Combès, Villar y Lowrey, 2009). Si bien algunas de sus vías fluviales constituyen un vínculo natural entre los enclaves andinos y los ríos amazónicos, los pantanos y arenas movedizas que dejan a su paso dificultan el tránsito humano durante gran parte del año. Esto explicaría por qué el Chaco aparece en las fuentes históricas como una tierra fragosa, mientras que la multitud de naciones que ahí habitaban son calificadas como fieras indómitas salvajes en permanente guerra con los españoles (Lozano, [1733] 1941: 15).

La indiscutible problemática de fondo en el quehacer histórico y etnográfico del Chaco ha sido la diversidad cultural y étnica de sus habitantes, así como las influencias y aportes externos que pudieron haber asimilado de zonas vecinas, como los Andes al oeste, la franja chiquitana al Norte o el Pantanal al Noreste. A la complejidad misma que supone abordar el poblamiento étnico de una región de por sí poco conocida y habitada por numerosas “naciones”, a menudo confundidas por los colonizadores, se suma la parquedad de las informaciones contenidas en las fuentes escritas tempranas, sobre todo para el interior del Chaco, donde son prácticamente nulas y vienen “filtradas” por diferentes intermediarios chiriguanos y chanés asentados en los márgenes chaqueños, y que fueron los que mantuvieron contacto directo primero con los incas y después con los españoles.

A pesar de estas limitaciones y desafíos, durante las dos últimas décadas los chacólogos han venido realizado significativos avances que han permitido indagar desde una especificidad regional cada vez mejor precisada la evolución de los indígenas (incluidos aquellos asentados en las zonas más alejadas) en términos de composición étnica, fusiones, divisiones, mediaciones y contactos, especialmente al prestar atención al impacto misional sobre las diferentes colectividades. En un esfuerzo interdisciplinario conjunto, se ha empezado a considerar las identidades del Chaco como fenómenos cambiantes en el tiempo, resultado de complejos procesos históricos transcurridos en un espacio donde convergieron diversas corrientes culturales de regiones vecinas. 
Mapa Etnico de El Chaco

lunes, 27 de junio de 2022

Santa Cruz indígena - Acabados y consumidos

Los primeros años de la conquista española tuvieron un fuerte impacto sobre los indígenas de la región, pues sunúmero menguó rápidamente. Las cifras suelen variar, incluso del simple al doble: según las fuentes, el número de indios empadronados en 1561 oscila entre 30.000 y 60.000. Sea lo que fuere, las bajas son en todo caso espectaculares. En 1586, el gobernador de Santa Cruz, Lorenzo Suárez de Figueroa, habla de sólo 8.000 indios “de visita y servidumbre, sin más de 3.000 indios e indias que hay de servicio personal dentro de la ciudad” (1965 [1586]: 402). Un año después, se habla de un total de 10 a 20.000 indios en los alrededores (Crónica anónima, 1944 [c. 1600]: 502). Como lo nota García Recio (1988: 157), si bien en la década de 1570 el mercedario Diego de Porres empadronó 15.700 “indios varones”, en 1601 sólo se cuentan 4.000. A inicios del siglo XVII, Díaz de Guzmán puede escribir que Irala “halló en aquella tierra mucha multitud de indios labradores en grandes pueblos, aunque el día de hoy los más son acabados y consumidos” (1835 [1612]: 14).

Las causas de este descenso son, primero, las epidemias y enfermedades que achacan a los indígenas a raíz del contacto con los europeos, principalmente la viruela y el sarampión. Otros muchos simplemente huyen hacia el bosque y escapan así a los censos y repartimientos. Otros más son víctimas de las “malocas” de los cruceños, verdaderas cacerías de indígenas para venderlos luego “al Perú” como esclavos. Ya en 1571 el virrey se queja:

He sido informado de que muchas personas que han salido de la provincia de Santa Cruz de la Sierra a estos reinos del Perú han sacado cantidad de piezas de indios de aquella tierra y los han dado y vendido y rescatado con color que son indios chiriguanaes y de guerra (Toledo, 1571 en Mujía, 1914 t. 3: 33).

Otros pocos, finalmente, siguen la suerte de sus amos y los siguen hasta la sede de la Audiencia u otras partes “del Perú”.

La fundación de San Lorenzo en 1590 y el posterior traslado de Santa Cruz hacia el río Guapay tuvieron sus consecuencias sobre los indígenas de la región. Ya en 1584, Suárez de Figueroa prevé que poblando en Grigotá, y hasta lograr “pacificar” a los indígenas locales, se tendrá que utilizar a “indios de servicio” de Santa Cruz. Efectivamente, documentos posteriores señalan que “indios de repartimiento” de Santa Cruz fueron trasladados a Grigotá para contribuir a la edificación de San Lorenzo. En el viaje hasta el Guapay, sea en esta época temprana, sea luego cuando se mudó definitivamente Santa Cruz, muchos indígenas aprovecharon para retornar a sus lugares de origen o incluso huir a Charcas, hacia el oeste. A inicios del siglo XVII, se habla de unos 3.000 indios originarios de Santa Cruz en Charcas (García Recio, 1988).

Sin embargo, y sin querer menospreciar sus impactos, la alteración española en la zona de la primera Santa Cruz duró, finalmente, poco tiempo. Aunque víctima de “malocas” y correrías en busca de esclavos tanto por parte de los cruceños como de los bandeirantes de Brasil, la zona no sufrió de una presencia española permanente y cayó en el olvido con el traslado de la ciudad. Fueron las misiones jesuitas, iniciadas a fines del siglo XVII, las que realmente cambiaron de manera drástica este panorama, y su acción homogeneizadora fue continuada luego en los pueblos criollos de la Chiquitania del siglo XIX. Chiquitanos y ayoreos sólo son dos las etnias identificables hoy en la vieja Santa Cruz, antaño hogar de tantos “naturales”.

miércoles, 22 de junio de 2022

Santa Cruz indígena - Más allá de Santa Cruz

Podemos esbozar, a grandes rasgos, el panorama étnico de la vasta región a la cual pertenecía Santa Cruz de la Sierra. Al este en el Pantanal, allí donde los españoles de Asunción establecieron el “Puerto de los Reyes” (probablemente la laguna Gaiba), vivían grupos a quienes los españoles dieron el nombre genérico de “orejones”, por los pendientes que llevan como adornos. Todos ellos son descritos como grandes agricultores, al contrario de muchos de sus vecinos “canoeros” y pescadores : guaxarapos, guatos, acheres o yacarés, etc. Finalmente, se señala también al menos una aldea guaraní en Puerto de los Reyes, al mando del “principal” Yandarupia, quien dice conocer la ruta del metal hacia el occidente.

De Puerto de los Reyes, siguiendo río arriba, en las profundidades del Pantanal, se llegaba a la región dominada por los grupos xarayes. Los xarayes pertenecían a la familia lingüística arawak, pero a una rama diferente de la mojobauré o chane: la rama paresi (Paul Rivet citado por Métraux, 1942). Lo más sobresaliente de esta zona es, sin duda, el complejo sistema jerárquico establecido entre los diferentes grupos xarayes y sus “sujetos”, grupos muy diversos que incluían tanto a los ortueses agricultores como a los tiyues e yayna, “gente de canoa”. La red de clientelismo xaray se extendía hacia el occidente, y existen datos sobre matrimonios interétnicos entre mujeres xarayes y hombres “chiriguanaes” de la parcialidad Bambaguasu; ya mencionamos también el papel de los xarayes en la distribución del metal andino Paraguay abajo y su participación en expediciones multiétnicas hacia el oeste.

Las noticias son parcas sobre la región que se extiende entre Puerto de los Reyes y la futura Santa Cruz. Irala menciona a varios grupos guaraníes, “de la misma generación” que los de Puerto de los Reyes y la tierra (mejor dicho el cerro) de Ytapua, un poco más al occidente. Se mencionan también a tarapecocis, chanes y payzunos en esta región. Todos son parte de la gran cadena del metal.

Más al Norte, al Oeste de los xarayes, la tierra parece haber sido bastante más poblada. Dos conjuntos dominan la región: primero una serie de grupos guaraní-hablantes, por ejemplo los pitaguaris más occidentales, los bambaguasu y luego el conjunto conocido como “itatines” llegados a esta tierra en busca del metal, y segundo el grupo, bastante belicoso, de los tapuy-miri, es decir de los chiquitos.

El occidente de la ciudad parece haber sido muy poco poblado hasta llegar al río Guapay o Grande. De manera interesante, Schmidel menciona a los tamacocis del río Guapay inmediatamente después de los gorgotoquis, cuando una considerable distancia (unas 50 leguas) los separan. No se trata de una negligencia del mercenario alemán, pues otras fuentes confirman que toda la tierra entre Santa Cruz al Este y el río Grande al Oeste era “un desierto de 55 leguas”, sin agua y, por ende, sin gente. En la región misma del río Guapay, el grupo más importante era el de los tamacocis, con su jefe Grigotá, muy probablemente chane-hablantes (Sanabria, 1949; Combès e Hirtzel, 2007). En el margen izquierdo del río, los “llanos de Grigotá” estaban ubicados entre la “provincia de chiriguanaes” del cacique Vitupue y, más al oeste, la tierra donde vivían grupos jores y yuracares. Junto con los tamacocís, estos últimos eran “tributarios” de los chiriguanaes, a quienes proporcionaban particularmente palma de “la provincia del Çiriti” para la fabricación de flechas. .

Como lo indica el nombre dado por los españoles, la “cordillera Chiriguana”, que se extendía a lo largo de los últimos estribos andinos, era una región dominada por estos grupos guaraní-hablantes, que tenían “tributarios”, como los yuracares o los jores, y “esclavos”, como los chanes. Pero fue también, en el período inmediatamente prehispánico, lugar de asentamiento de pueblos andinos (los “candires” y “carcaraes” de las crónicas), particularmente en Samaipata (a escasas leguas del “asiento de Vitupue”) y probablemente también en Saypurú, entre los ríos Guapay al Norte y Parapetí al Sur. Mal llamado “el fuerte”, el complejo de Samaipata era más bien un centro a la vez religioso y administrativo incaico, quizás incluso con rango de capital provincial, aunque probablemente edificado sobre asentamientos preincaicos (Meyers, 1999; 2005; Meyers y Ulbert, 1997).

En términos lingüísticos, son varios los grupos (con sus respectivas familias, lenguas particulares y dialectos) que se pueden identificar en toda la macro-región: arawak, con al menos dos familias distintas, la llamada “mojo-baure”, que incluye a la lengua chane y la paresi, presente principalmente en el Pantanal; guaycurú al Sur, con los mbayás chaqueños; guaraní, familia representada sobre todo por los dos conjuntos de “chiriguanaes” itatín y de la cordillera; chiquito o chiquitano, con los tovasicosi, al Noreste de Santa Cruz; probablemente otuqui-bororó, particularmente en la región del Pantanal. Sin embargo, en muchos casos, no tenemos información sobre los idiomas hablados por los diferentes grupos. 
GRupos Etnicos SAnta Cruz

martes, 21 de junio de 2022

Santa Cruz indígena - Una región bisagra

A medio camino entre Andes y Pantanal, la ciudad de Santa Cruz se ubicaba “en frontera de dos provincias de chiriguanaes” (Suárez de Figueroa, 1965 [1586]): al Este de la ciudad, los chiriguanaes de Itatín y, al oeste, los de la “cordillera”. Según las fuentes, los itatines se ubican a 25 ó 30 leguas “al levante”. Al Oeste y Suroeste de la ciudad se ubicaban los chiriguanaes de Vitupue y Condorillo, y los tamacocis; al Norte, los chiquitos, “gente muy belicosa y de guerra”, que utilizan flechas envenenadas; y al Sur “está la provincia de morotocos”, también “gente belicosa” a causa de quienes no se trajina más el camino que llevó a Irala, en 1548, hasta los gorgotoquis.

De hecho, los grupos indígenas de la primera Santa Cruz no pueden entenderse como núcleos aislados. Las fuentes evidencian intensos contactos entre los grupos de la región y sus vecinos, contacos que tejían como una inmensa telaraña entre el Pantanal y el río Guapay, o entre la Chiquitania y el Chaco boreal.

Una primera red de contactos la constituye el comercio (o el robo, el trueque, etc.) del metal andino a través de las Tierras Bajas. Oro y plata se conseguían principalmente de la gente llamada “los candires” y “los caracaras”, es decir, los incas y sus yanaconas de los centros de Samaipata en los valles y de las minas de Saypurú en la “cordillera Chiriguana”. El comercio o el robo de metal entre los diferentes grupos es lo más sobresaliente de las informaciones y relaciones españolas, pues era también el principal punto de interés de los exploradores. Lo importante es que mediante este comercio, todos los grupos indígenas de una extensa región están interconectados: los tarapecocis reciben por ejemplo metal de los payzunos, quienes a su vez lo obtienen de los chanes y otros grupos; los gueno, ymore y xarayes distribuyen el metal, conseguido al Oeste a lo largo del río Paraguay, a grupos como los xaquides, xacota, chanes, quigoaracoçi, yriacoxi, xabacoxi, deycoxi, turucoxi y guarhagui.

Oro y plata pueden conseguirse mediante trueque –los tarapecocis los obtienen “a trueco de arcos y flechas de esclavos que toman de otras generaciones”–, comercio en el cual los grupos chanes y payzunos ocupan un lugar privilegiado de intermediarios; o mediante robos a los productores, o incluso aliándose varios grupos “para ir a buscar el metal”. Así tenemos conocimiento de expediciones multiétnicas, que integraban guaraní-hablantes, xarayes y otros pueblos, hacia el occidente en la época inmediatamente prehispánica.

Se trataba entonces de una región en plena efervescencia, donde todos los grupos estaban interconectados y donde los contactos directos o mediatizados con los pueblos andinos y los asentamientos incaicos fronterizos eran constantes. Sean pequeños grupos pescadores o grandes núcleos agricultores, sea la que fuere su pertenencia lingüística, prácticamente todos los grupos de esta macro-región tenían relaciones entre sí por el trueque o el robo del metal, por su participación en expediciones guerreras, por alianzas matrimoniales, por relaciones de amos a esclavos. Más allá, esta red se extiende, por ejemplo, río Paraguay abajo (y de allí al Atlántico), al occidente hasta los Andes. Si la ciudad de Chaves se fundó precisamente en este lugar fue por la “gran cantidad de naturales” presentes; fue porque, en la línea borrosa e indefinida que separa al Gran Chaco del macizo chiquitano, a medio camino entre el Pantanal y los últimos estribos andinos, Santa Cruz se erige en un punto bisagra, bisagra geográfica, bisagra ecológica, crisol donde se encuentran varias tradiciones, lenguas diversas, “generaciones” plurales.

Santa Cruz indígena - Familias lingüísticas en las Tierras Bajas

Principales grupos étnicos de Santa Cruz la Vieja

Las fuentes no siempre precisan si un nombre se refiere a una simple aldea, un sub-grupo (lo que los españoles llamaban “parcialidades”) o a un grupo mayor (“generación”). En el cuadro siguiente, sólo tomamos en cuenta a estas “generaciones”. Intentamos reagruparlas por familia lingüística, pero los datos no siempre están claros. Así, con el signo “+”, se indica una pertenencia lingüística confirmada; con “+/-”, una identificación probable, y con “?”, una hipótesis tentativa.

Grupo Linguistico Santa cruz