Buscador

Mostrando entradas con la etiqueta Señorios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Señorios. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de febrero de 2022

Los estilos cerámicos en arqueología

Claudia Rivera Casanovas

Estilo es un término que se refiere a una cierta manera de hacer las cosas, siguiendo límites y normas para alcanzar un producto final. En arqueología el estilo se relaciona con la cerámica, los líticos, los textiles, la arquitectura, la escultura, entre otros elementos. Como Margaret Conkey señala (1990: 8) el concepto de estilo está intrínsecamente ligado con el reconocimiento de patrones y la centralidad de los objetos. Los arqueólogos de fines del siglo XIX y gran parte del XX estudiaron objetos como la cerámica por dos razones principales: para establecer cronologías y para equiparar los estilos con culturas o grupos sociales. A fines de los años 60 del siglo pasado, cambios en los paradigmas de investigación dejaron de enfocarse en los objetos en si para centrarse en la explicación de procesos sociales y de sistemas adaptativos. En este nuevo contexto el estilo se entendía como un producto cultural que contenía códigos que debían ser descifrados por los arqueólogos entendiendo su contexto social de producción y uso. Dentro de las nuevas corrientes los estudios de estilo están centrados en entender si este es capaz de revelar grupos sociales, identidades étnicas, unidades sociales o entidades históricas entre otros temas (Conkey, 1990: 11). Los fenómenos sociales detrás del estilo se relacionan con procesos de interacción, ideologías, afiliaciones grupales, diferenciación social y por supuesto identidad. Sin embargo, establecer una correlación directa entre estilo, grupos sociales o identidades étnicas no siempre es posible ya que el estilo no necesariamente se intersecta con grupo social o identidad. Por tanto se requiere de metodologías específicas para tratar estos temas y corroborar si es posible establecer este tipo de relaciones.

En Bolivia, arqueólogos durante el siglo XX han usado los estilos cerámicos para caracterizar a culturas determinadas, basándose en el supuesto que estos materiales y sus atributos morfológicos, técnicos y estilísticos expresan de forma material y visual aspectos de identidad grupal. Es decir que una sociedad produce cerámica distintiva que puede ser usada para identificarla como en el caso de Tiwanaku y los Incas.

Es así que durante la primera mitad del siglo XX y al influjo de la escuela histórico cultural los arqueólogos como Dick Ibarra Grasso (1973) equiparaban estilo cerámico con una cultura específica. Así es común encontrar términos como la cultura Lípez o Tarija inciso. Sin embargo, con el desarrollo de nuevas visiones sobre la cultura material y su relación con lo social, ya no se plantea automáticamente que el estilo refleja identidad o etnicidad. Pese a ello, se reconoce que la cerámica es producida dentro de contextos sociales particulares y que expresa cosmovisiones e ideologías imperantes en ciertos períodos históricos. Por tanto, es una herramienta útil para identificar grupos sociales, pudiendo expresar, a través de sus características técnicas y estilísticas, aspectos de identidad grupal. Estos aspectos pueden ser intencionales y muy evidentes o muchas veces mucho más sutiles.

En Bolivia las investigaciones muestran que la gran diversidad de estilos y sus variantes en ciertos períodos se relacionan con entidades políticas y culturales de gran dimensión, expresando elementos estandarizados de ellas como en el caso de Tiwanaku. En otros casos, esta situación no es tan evidente y los estilos tienden a ser más generales y pudiendo ser usados por distintos grupos sociales que comparten tradiciones tecnológicas comunes. Este sería el caso de la cerámica de la Tradición Estampada e Incisa de Bordes Doblados común en los valles interandinos y ceja de selva del Centro y Sur de Bolivia o la cerámica del período Formativo en el Sur de Bolivia.

Para períodos arqueológicos tardíos en los que los documentos coloniales brindan información sobre distintos grupos étnicos o sociales, en muchos casos se pudo correlacionar estilos cerámicos y grupos sociales, considerando que el estilo expresa aspectos de identidad grupal. Por ejemplo, se han realizado correlaciones entre la distribución de estilos cerámicos y los territorios que ocuparon entidades políticas como los lupacas, los pacajes, los carangas, los chichas, los yampara o Confederaciones como los Quillaca- Asanaque o los Qaraqara-Charka. El estilo Pacajes es bastante estandarizado, presenta dibujos de llamitas y motivos geométricos: líneas onduladas, asteriscos, puntos y reticulados, entre otros, sobre superficies de tonos rojizos, marrones y naranjas, asociados a formas cerámicas típicas como cuencos, jarras, cántaros y ollas que se distribuyen en un territorio aproximado al conocido etnohistóricamente para este grupo. Sin embargo, existen variaciones regionales (Albarracín-Jordan, 1997; Janusek, 2003). Lo mismo sucede en el territorio Carangas donde el estilo asociado a este grupo tiene como motivo distintivo dibujos de espirales además de líneas onduladas en negro (Lima, 2014). La confederación Quillaca-Asanaque presenta una diversidad de estilos en su territorio que corresponden a grupos particulares (Lima, 2014).

En el caso de las confederaciones del Sur como los Qaraqara, que incluyen dentro su estructura política a varios grupos con identidades particulares, se evidenció una mayor variabilidad. Es decir que existe una distribución territorial específica de tres o más estilos cerámicos particulares que corresponden a uno o varios grupos que componían esta confederación. Por ejemplo la cerámica Yura estaría relacionada con los visijsas del Este de Potosí, mientras que la cerámica Huruquilla (de color generalmente gris) se relacionaría con otros grupos del Centro Este de Potosí y el Suroeste de Chuquisaca. La cerámica Chaquí se relacionaría con grupos del centro de Potosí, todos parte de esta confederación (Cruz, 2007; Lecoq, 1999; Rivera Casanovas, 2004, 2014). Por otra parte, están los yampara que incluirían en su estructura política diversos grupos sociales cuya cerámica refleja gran variabilidad dentro de un estilo generalizado como el Yampara y sus variantes. En el caso de los chichas del Sur del país, su cerámica roja o guinda con diseños negros es tan distintiva que ha sido denominada Chicha. Durante la presencia inca en Bolivia la mayor parte de estos estilos se mezclaron con elementos tecnológicos y decorativos incaicos dando lugar a estilos mixtos: Pacajes-Inca, Carangas-Inca, Quillacas-Inca o Quillacas Tardío, Huruquilla-Inca, Chicha Tardío, entre otros.

Fin del periodo Señoríos y Desarrollos Regionales

El fin del periodo está marcado por la irrupción de los incas en el territorio, alrededor de la década de 1450. Es un tema de discusión la manera en que los incas dominaron el extenso territorio. Como fuera, el cambio significó la instauración de un sistema no solamente estatal sino imperial y por tanto un proceso de estandarización de muchos aspectos de la sociedad, desde la organización en ayllus, un sistema de control y aprovechamiento del espacio, tecnologías en muchos sentidos: textil, constructivas, de cerámicas, etc. Es decir una transformación de la gran diversidad previa a una cierta uniformidad, aunque este proceso fue tan complejo que no llegó a concluir cuando irrumpieron los europeos. También cabe recalcar que el dominio inca no fue igual en todas las regiones, como se podrá ver en el siguiente capítulo. En algunos lugares como entre carangas, quillacas o charcas los antiguos señores étnicos pasaron a formar parte de la burocracia imperial. En otros la resistencia fue mayor, como entre los chuis quienes finalmente por medio de la guerra, fueron incorporados al Imperio. En este sentido, el cambio de periodo históricos, aunque escalonado en el tiempo, tuvo lugar a lo largo de todo el mundo andino incluyendo los valles.

La frontera étnica fue marcada con más nitidez entre un mundo inca “civilizado” y los “otros”, los chirguanos o los chunchos que mantuvieron a raya a los incas lo cual afectó a las antiguas relaciones de relación e intercambio que parece tuvieron lugar, por ejemplo, en la región de los chichas. Del mismo modo, la ocupación del espacio sufrió dramáticos cambios con la inclusión de mitimaes llevados por los incas de un lugar a otro, con lo que el mapa social y étnico del periodo será muy distinto al de los Señoríos.

lunes, 14 de febrero de 2022

Lípes, la máxima dispersión

Se conoce como “altiplano de Lípez” a la región comprendida entre el Salar de Uyuni y la frontera Sur de Bolivia. Se ubica en la parte occidental del departamento de Potosí (hoy provincias Nor y Sud Lípez) fue escenario de desarrollos locales de los que no se puede afirmar que fueran una unidad sociopolítica con una organización que estructure a toda la región y con un solo sistema de autoridades. Esto no quiere decir que no compartieran con los otros Señoríos una serie de rasgos culturales como por ejemplo el enterramiento en chullpas de la élite local.

A partir aproximadamente del 900 d. C. los grupos del altiplano de Lípez experimentaron cambios en el tamaño, emplazamiento y estructura interna de sus asentamientos residenciales y en correspondencia con el estado generalizado de tensiones, alrededor de 1300 d. C., se construyeron poblados defensivos en toda la región. Según Nielsen (2002) este proceso de aglutinamiento defensivo estuvo acompañado por la consolidación de formaciones políticas multicomunitarias y posiblemente jerarquización social. En esta región no se ha registrado restos relacionados con Tiwanaku. Más bien quedan sitios habitacionales con viviendas circulares con corrales de formas irregulares. A pesar de la importancia de la ganadería también se registran restos materiales que refieren al trabajo de agricultura, probablemente de quinua. También quedan chullpas de planta cuadrangurlar y circular.

Las pucaras defensivas ubicadas en sitios estratégicos cuentan además con una o dos murallas protectoras como en Alto Lakaya. Las estructuras en las pucaras no son redondas sino elípticas como si se tratara de una transición entre las construcciones redondas y las cuadrangulares. Las viviendas se hallan aglutinadas separadas por estrechas calles que a veces conducen a espacios abiertos como en Cruz Vinto y Churupata. Las pucaras también cuentan con chullpas que a veces llegan a varios centenares que normalmente se encuentran en la periferia del núcleo. Estos enterramientos y excavaciones en las viviendas dan cuenta que fueron sitios de habitación no ocasional sino permanente (Nielsen, 2002).

Existen distintas versiones sobre el significado del nombre lípes; en quechua sería “cosa que da resplandor” y según diccionarios del siglo XVI, el término se aplica también a aquello que parece “pelado de todo” como un territorio desierto. Justamente el cronista Capoche en 1585 escribe: “En el verano se enjuagan estas aguas y se descubre la tierra que queda hecha un salitral y con los rayos del sol hace reverberación en lo blanco muy perjudicial a los ojos”. En aymara, por su parte, “lipi” deriva de la técnica para cazar guanacos y vicuñas, animales que abundaban en la región. Por otra parte según el cronista Vázquez de Espinosa, “Hay en esta provincia además de las minas de plata de que esta lastrada toda ella, minas de piedra lipes de donde toma el nombre la provincia y de piedra imán”.

Por habitar un medioambiente muy árido constituye una sociedad netamente pastoril que se caracteriza por un poblamiento disperso con asentamientos humanos de varios siglos de antiguedad en las cercanías de fuentes de agua y una constante movilidad. Estos asentamientos pudieron ser talleres líticos situados en las nacientes de aguas, paraderos o campos de caza ubicados en el interior de la planicie (Arellano y Berberian, 1981).

En inmediaciones de los ríos protegida por un cerro, se encuentra una serie de construcciones dedicadas al cultivo que combinan recintos circulares con rectangulares conocida como Puca Pucara. Los sitios de sembradíos tienen forma oval y están protegidos por paredes para evitar el viento. También se construyeron corrales cerca a una pucara que se encuentra en las inmediaciones. El sustento principal descansa en el manejo de los camélidos domesticados pero también la existencia de animales silvestres. Según el cronista Vázquez de Espinosa (1983[1628])

Toda esta provincia como tiene grandes despoblados está llena, y cubierta de ganados silvestres, como son guanacos, vicuñas, venados, vizcachas y otros animales de que también se sustentan los indios.
Es probable que bajo el nombre de lípes se incluyera a diversos grupos que habitaban de manera dispersa esta región, población que mantenía estrechas relaciones tanto con Tarapacá y Atacama en la puna hasta la costa del Pacífico particularmente hacia la zona actual de Iquique (Chile).

En algunos mapas etnohistóricos los lípes aparecen como un grupo aymara con una cierta presencia uru, caracterización que proviene de informaciones coloniales (Capoche y Lozano Machuca) que señalan que los lípes eran un grupo con una población de unos 3000 a 4.000 aymaras junto a los que vivían cerca de 1.500 urus. Los pobladores de lengua aymara estaban concentrados en los bordes Oeste y Norte del salar de Uyuni, en cambio al Sur estaban los urus. Es posible, sin embargo, que estos “aymaras” fueran urus aymarizados pues su sistema de producción se basaba en la caza, pesca y recolección de raíces, características de la cultura uru. A los urus locales se los conoce con distintos nombres: pololos, notumas, sochusas y urumitas, por lo que probablemente no formaron una unidad. Fuera de urus y aymaras, se registraron también los llamados condes, cochabilcas y moyomoyos, y en los bordes del territorio, estaban los chichas. Esta presencia multiétnica se reproduce también en el panorama lingüístico ya que para la zona se consigna además del aymara y el uruquilla, por lo menos las lenguas cunza y atacama.

Desde una perspectiva arqueológica Arellano y Berberián (1981) señalan la existencia de una organización con características de un Señorío que denominaron Mallku que se habría desarrollado durante el período Intermedio Tardío (900 - 1200 d. C.) denominado así por encontrarse en las cercanías de una comunidad de ese nombre en la provincia Nor Lípez casi limítrofe a la de Sud Lípez. Varios datos de su trabajo de campo son importantes: establecen que la mayoría de las poblaciones actuales se encuentran muy cercanas da asentamientos correspondientes a lo que llaman cultura mallku, ubicados en sitios próximos a los valles formados por los ríos Lípes, Quetena y otros que finalmente desembocan en el Salar de Uyuni. Ubicaron enterramientos tanto en chullpas como en aleros y asociados a ellos diversos objetos como agujas, estacas de madera, husos, collares de conchillas, cerámicas, cestería y textiles (cuerdas, chuspas y mantas en rojo, verde y negro). Sin embargo, la propuesta de haber formado un Señorío no ha sido posteriormente desarrollada dejando la propuesta pendiente futuros estudios.

Se sostiene que Tupac Inca Yupanqui (1471- 1493) conquistó la región en su paso a Chile y la incorporó como una provincia del Imperio pero no mantuvo sus autoridades originarias; más bien les impuso incas orejones para vigilarlos a pesar de que no se consideraban grupos particularmente belicosos. Al parecer hubo algún tipo de autoridad regional, que abarcaba desde Lípez hasta Atacama, cuyo nombre o título era Viltipoco (Sica y Sánchez, 1996).

Una de las manifestaciones artísticas con fines rituales en la región de los lipes, son las pinturas rupestres ubicadas en aleros y cuevas que, por lo general, fueron elaboradas en color rojo púrpura y algunas pocas en color verde. Sobresale un sitio en particular con más de 18 escenas con motivos antropomorfos y realistas, zoomorfos estilizados y geométricos abstractos. La importancia ritual de estas pinturas se refuerza por la presencia de enterramientos y ofrendas cerámicas del estilo “mallku”, al pie de los aleros (Arellano y Berberian, 1981).

Una de las figuras muestra una representación antropomorfa estilizada donde se observa un personaje con un gran tocado y un taparrabo con adornos circulares con los brazos arriba. En otra se observa tres figuras en cadena probablemente en danza ritual.
region de los Lipez

pintura rupestre en Lípes

domingo, 13 de febrero de 2022

Yamparáes ¿indios de arco y flecha?

Los restos más antiguos de cerámica yampara relacionan a este pueblo con una amplia franja cultural que llegaba hasta Cochabamba y a las estribaciones de la Cordillera Real al Este de Chuquisaca, evidenciando así que los yamparas compartían formas culturales con otros grupos étnicos de estos valles. La cerámica yampara temprana corresponde cronológicamente al Tiwanaku clásico y la yampara clásica al Tiwanaku tardío, el yampara tardío corresponde al periodo Intermedio Tardíos (1000-1400) (Alconini, 2002b), pudiendo colegirse que esta formación social tiene una larga profundidad temporal.

La formación social conocida luego como yampara estaba ubicada en una región de contención a los chiriguanos, pueblo considerado una amenaza por los pobladores de los valles, amenaza que se incrementó en el periodo que nos ocupa, pero corresponde también a un momento de incremento de la población.

Lo extraño es que en Oroncota no se encontró cerámica relacionada con los chiriguanos. Podría deberse a que no llevaron consigo estos artefactos en sus veloces incursiones pero también, y más probablemente, se debe a que las relaciones fueron más de “aculturación” entre los guaraní de llanos y los yampara de valles. Ser un pueblo de frontera podría implicar también relaciones socioeconómicas con poblaciones de los llanos. Por ello se discute acerca del modelo de frontera cultural y frontera militar. En esta frontera se ubicaron por lo menos dos sitios de contención como son las fortalezas de Oroncota a orillas del Pilcomayo y Cuzcotuyo 60 Km al Este de la primera, donde los incas hicieron fuertes; en Oroncota se evidenció asentamientos anteriores a los incas con cerámica yampara de alrededor de 800-1300 d.C, pero en Cuzcotuyo los asentamientos preincas son más bien de baja densidad demográfica y de origen tropical. (Alconini, 2002).

Información etnohistórica deja saber que los yamparas, juntamente con otros pueblos de la región, no se sometieron con facilidad al dominio inca y más bien organizaron una fuerte resistencia. Topa Inca Yupanqui logró dominar allí la resistencia multiétnica formada por más de 20000 indios procedentes de Carangas, Paria, Cochabamba y Yamparáes. La estrategia quedó registrada por su originalidad: el Inca logró vencerlos gracias a que preparó una danza de mujeres para distraer a los centinelas permitiendo así el ataque al fuerte (Cobo, [1653] 1964). Con los incas, Oroncota sirvió de refugio para la resistencia y fue el escenario de una campaña militar que garantizó el dominio de los incas sobre los territorios de Tucumán y Chile (Julien, 1995).

Una vez incorporados al Tawantinsuyu los caciques yampara reafirmaron su poder en la región pasando a conformar una elite local apoyada por los incas. Documentación colonial refiere que Aymoro, el último cacique de origen prehispánico, recibió los privilegios reservados para los aliados de los incas: tierras, yanaconas y símbolos de nobleza.

Un panorama de las lenguas en la región indica la presencia del aymara entre varios de los pueblos de Chuquisaca pero existen indicios de que hubo también otras lenguas locales hoy perdidas e incluso quedan resabios en la toponimia local del puquina. Respecto a la lengua originaria de los yamparas solamente se sabe que tuvieron una lengua particular de la que no se tiene mayor información. Queda por investigar la relación de los pueblos vallunos con otros de los llanos con quienes tuvieron relaciones fluctuantes pues se sabe tuvieron constantes enfrentamientos pero también intercambios económicos.

El título del libro de Rossana Barragán (1994) se pregunta si los yamparáes o yampara podrían considerarse indios del altiplano o si por el contrario serían más bien de tierras cálidas distinguidos por el uso de arcos y flechas. Los yamparáes más que una etnia o nación eran también un conglomerado de distintos pueblos ubicados en lo que hoy es el departamento de Chuquisaca y en los alrededores de la ciudad de Sucre teniendo como centro principal Hatun Yampara ubicado a una legua del actual pueblo de Yotala. No tuvieron una cabecera en la puna ni tierras en el altiplano, siendo prácticamente totalmente un Señorío de valle organizados en dos mitades: la superior Yotala y la inferior Quilaquila. Hacia el Este de su territorio se demarca una línea fronteriza con el mundo chiriguano compuesta por el eje Tarabuco -Presto - Paccha.

Bajo el dominio inca, su territorio fue reestructurado y poblado por mitimaes de diversas partes del Tawantinsuyu como los huatas (incas de sangre real), también canches, collas, chichas y gente del Chinchaysuyu (Norte del Imperio). Es posible que la conquista de la zona fuera apoyada por los quillacas puesto que se encuentra importante presencia quillaca con una larga duración puesto que hasta la actualidad existen relaciones entre pobladores de Chuquisaca y el Sur de Oruro. Entre los yampara también se hallaban grupos considerados de menor desarrollo como los churumatas y moyos; por ello un mapa étnico del territorio yampara muestra un mosaico multiétnico característico de los valles.

La recomposición inca del territorio ordenaba hacia el Oeste del territorio a la población propiamente yampara mientras que los mitimaes de diversas partes se ubicaron sobre todo hacia el Este. De ellos las poblaciones altiplánicas estaban hacia el Norte en tanto que churumatas y moyomoyos estaban al Sur, respetando parciamente su hábitat natural. A su vez, gente yampara fue trasladada a zonas como los valles de Ambaná y Combaya, en el departamento de La Paz (Barragán, 1994).

Las referencias encontradas acerca de la religiosidad local se refieren al periodo inca; Gisbert, Arze y Cajías (1997) señalan la presencia en la región yampara de dos huacas relacionadas con los incas: Mantocalla y Quiquijana. Según el cronista Cobo del siglo XVI, Mantocalla era una huaca del Cusco ubicada en el camino del Antisuyu. Además en el Cerro de Manturcalla sacrificaban diez carneros para el sol y diez para el trueno. Quiquijana, en cambio constituiría – según el cronista Calancha– un altar en el que se sacrificaba un ídolo de plata en forma de llama.
D istribuciónd et opónimosq uechuas,g uaraníy e spañola l ol argod el af ronterai nca- c hiriguano

Ceramico Yampara

viernes, 11 de febrero de 2022

Chichas y la frontera con los Chiriguanos

Aunque como en la mayoría de los Señoríos existe un conflicto entre lo que el área que cubren se considera una unidad cultural y los restos arqueológicos intentaremos relacionar la información histórica con la arqueológica. Los chichas formaron una agrupación social integrada por una serie de grupos corporativos con diversas etnicidades conocidas como tales recién a partir del siglo XVI. Tienen como elemento común el papel activo que desempeñaron en la resistencia a los grupos chiriguanos. En el periodo que nos ocupa se caracteriza n por una gran dispersión étnica aunque compartían como indicador característico el material cerámico definido como estilo chicha y/o Yavi. El estilo Yavi-Chicha se caracteriza por una cerámica de colores claros (naranja, rojo, morado,ante) con inclusiones blancas, cubierto de un engobe claro, anaranjado, rojo, morado y decorado con complejos motivos geométricos. Ha sido reportada para la región de Lípez, el valle del San Juan del Oro y el Altiplano de Sama. Sin embargo, la cerámica del Valle de Tarija pertenece a cánones decorativos y tecnológicos muy diferentes y en las regiones al Norte, el estilo Yavi-Chicha no está presente en el Período de Desarrollos Regionales Tardíos (Beierlein, 2008).

Los datos etnohistóricos acerca de los límites del territorio chicha son muy limitados pero de los datos obtenidos se puede rescatar la idea de que los caciques chichas ejercían un cierto grado de dominación sobre grupos chilenos, especialmente en el área de Atacama (Beierlein, 2008).

Limitaban con diaguitas, juries, moyomoyos, umaguacas, casabindos y chiriguanos; es por esta razón que se los considera como la puerta de entrada a los territorios chiriguanos. De hecho el documento colonial conocido como memorial de Charcas sostiene que entre otros, los chichas se encontraban “en las fronteras y guarniciones en las fortalezas contra los chiriguanaes”. Michel (2006) planteó la hipótesis que la sociedad chicha se desarrolló inicialmente en el altiplano y valle de Tarija, constituyendo una identidad particular desde el periodo Formativo habiendo encontrado yacimientos de recolectores y cazadores en la zona del altiplano de Sama. Desde allí se expandieron hacia el Noroeste Argentino y hacia los Lípez y las costas del Pacífico mediante complejos sistemas de caminos y caravanas de llamas unidos por centros poblacionales. Por su parte Krapovickas (1989) cree que el centro de la tradición cultural chicha estaría en la región de Tupiza. Figura 88.
Ceramica Yavi Chicha

Ceramica Yavi Chicha

La expansión inca que se produjo, durante el reinado de Tupac Inca Yupanqui (1470), no tuvo características de ser pacífica. Por el contrario, la reacción ante el avance del Imperio provocó considerables conflictos que dejaron en evidencia la capacidad guerrera de los chichas y favoreciendo el surgimiento de elites locales particularmente relacionadas con lo militar. Entonces la presencia inca rediseñó la estructura social. Los chichas tuvieron un trato preferencial por parte de los incas, quienes los nombraron Orejones Chichas; esta alianza final revestía una importancia particular: garantizaba la paz en los márgenes del Imperio (Rodríguez, 2011).

Es posible que la política empleada por el Tawantinsuyu haya desestructurado importantes redes de interacción a través de la imposición de límites territoriales y fronteras. La presencia incaica asumió también un carácter de vigilante en la zona, cuyo objetivo era contener la latente amenaza de los habitantes del llano.

Ubicados en la región denominada área Meridional Andina que se extiende desde el altiplano Sur y valles mesotermos de Bolivia hacia el Noroeste argentino, los chichas habitaron una serie de valles interandinos que cortan transversalmente las serranías de montaña y comunican los valles con la región de la puna altiplánica al Oeste, y Tierras Bajas del Chaco al Este. Se distinguen por tener alturas entre los 2200 y 3200 m.s.n.m. presentando climas benignos y cálidos; de este modo la economía chicha tuvo un importante potencial agrícola. Estos valles constituyen una parte extensa de la cuenca del río San Juan del Oro, afluente del Pilcomayo (Rodríguez, 2011).

Estudios de arqueología sugieren que las ocupaciones chichas se ubican en las gargantas de ríos y rutas de tránsito natural. En este sentido, los chichas se presentan principalmente como un área de contacto entre distintas regiones ecológicas. Según Zanolli (1995) el territorio era vivido como una frontera ecológica y a la vez cultural pues limitaba también con los chiriguanos de las Tierras Bajas. Cuándo éstos avanzaron hacia los valles altos en los otros márgenes limitaban con carangas y lipez.

Hay quienes circunscribieron la presencia chicha exclusivamente al sureste de Bolivia (departamentos de Tarija y parte de Potosí), en cambio otros autores consideran la existencia de una cuña étnica que desde Bolivia se habría extendido sobre territorio argentino llegando hasta la localidad de Casabindo, donde habrían estado en contacto directo con los diaguitas. La extensión de su territorio comprendía las localidades de Talina, Tupiza, Gran Chocaya, Santiago de Cotagaita, Calcha, Esmoraca, Vitichi y Suipacha (Rodríguez, 2011).

Pese a la ambigüedad existente en la jurisdicción del territorio chicha, se puede establecer que ocuparon una región que abarcaba desde Tarija hasta Lípez, de Este a Oeste, y desde Cotagaita hasta Umaguaca, de Norte a Sur. Los límites estaban definidos por fronteras naturales como los ríos La Quiaca y Quirhue que los separaba de Umaguaca y el río San Juan del Oro que lo dividió de Chuquisaca. Dentro de este territorio se encontraban los principales poblados chichas. Además especialmente desde el periodo inca se constata la existencia de territorios con ocupaciones multiétnicas los que no se pueden definir fácilmente como chichas pero formaron una provincia inca con este nombre.

mapa etnico del Chaco




En cuanto a la organización interna, según la cédula de encomienda que otorgó Francisco Pizarro en 1539, la provincia de los chichas estaba organizada en dos parcialidades cada una con sus autoridades. Esta cédula muestra la situación aproximada de los chichas en momentos finales del Imperio incaico. Se observa a los mitimaes formando la parcialidad de hanansaya y Zanolli (2003) cree que éstos debieron ubicarse hacia el Sur y el Este, concretamente en las zonas de fronteras. Aunque sobre la base de documentos sobre encomiendas Thierry Saignes propuso que los chichas tuvieron dos parcialidades la una en Talina y la otra en Calcha, por el momento, es imposible determinar con exactitud los espacios correspondientes a las parcialidades de hanansaya y urinsaya. La movilización de estos mitimaes contempló, como primera instancia, el aspecto bélico y en menor medida el productivo.

Sin embargo, un conjunto de actividades agrícolas, mineras y ganaderas dieron a esta región un importante potencial económico. Los cultivos, especialmente del maíz, constituyeron la base de su economía aunque también la práctica de la minería fue llevada a cabo desde tiempos prehispánicos. Para los incas, la importancia del territorio chicha radicaba en el potencial agrícola y la riqueza de sus minas de plata y oro, que fueron explotadas por los propios chichas a favor del Estado. Cerca del río San Juan tenían minas de oro labradas por orden de Huayna Capac cuyas riquezas se trasladaban al Cusco.

No se tiene certeza de que los chichas hubieran sido una unidad étnica unificada antes de la conquista inca. Desde el punto de vista arqueológico, Ángelo (2003) considera a los chichas una sociedad conformada por una serie de grupos étnicos definida mediante las relaciones de parentesco, consanguinidad, alianzas y otros vínculos de tipo económico. A su vez desde un punto de vista histórico la documentación colonial muestra una amplia diversidad étnica con pueblos apatamas, casabindos, churumatas e incluso lípes y atacamas ocupando espacios reconocidos como chichas, compartiendo, como vimos, un estilo cerámico. Los apatamas, por ejemplo, parece que fueron un subgrupo de los chichas en tanto que los casabindos y cochinocas se los ha considerado unas veces como etnia chicha y otras como atacameña y aún diaguita. Esta diversidad sugiere que su organización no debió estar ordenada de manera lineal sino que funcionaban sin la necesidad de un núcleo de control estatal. Así se explica la complejidad de sociedades sin una estructura jerárquica y centralista..

Existen diversas teorías acerca de la lengua hablada por los chichas. Según el Memorial de Charcas hablaban el aymara; por el contrario, Ibarra Grasso considera que tuvieron una lengua propia y que adoptaron el quechua con el dominio incaico. Respecto a la toponimia, algunos autores llaman la atención a la frecuencia de topónimos que presentan el prefijo “es” (Escaya, Estarca, Esmoraca, entre otros)..

Para la década de 1570 el cura Hernán Gonzáles realizó un proceso de “extirpación” de cierto culto clandestino ubicado en el pueblo de Caltama dependiente de la parroquia de Toropalca y Caiza al Sur de Caracara sobre la frontera con los chichas rebeldes. Se trataba de un centro religioso hacia el cual se dirigían las peregrinaciones de los devotos de los chichas junto a las otras “naciones” de la provincia de Charcas. Pedían fertilidad, salud y victoria sobre sus enemigos. El culto de origen preincaico se centraba en varios cerros agrupados alrededor de la mina y huaca principal de Porco, la cual se encontraba junto con otras cuatro, las cuales pertenecían a otros cerros y minas de la región llamadas Cuscoma, Chapote, Suricava y Aricava. La huaca de Porco estaba compuesta por tres piedras que pesarían una arroba. En la época prehispánica los altos cerros tenían dos tipos de huaca uno en la cumbre y otro escondido en el interior de la montaña (Platt, Bouysse y Harris, 2006).

jueves, 10 de febrero de 2022

Valles y altiplano sur: Chuis, cotas y sipesipes: la frontera ecológica y política

La población de los chuis se hallaba dispersa por los valles cochabambinos desde Potopoto hasta Canata y Sacaba. Se trata de un pueblo cuya lengua estaba emparentada con la yuracaré según Schramm. No se reconoce que tuvieran un centro específico aunque parece que hubo cierta concentración en Punata y Sacaba. Esta diversidad sugiere que su organización no debió estar ordenada de manera lineal sino que funcionaban sin la necesidad de un núcleo de control central, sin embargo su importancia se reconoce porque los documentos tempranos señalan a este valle como “tierra de los chuies”. Desde una perspectiva histórica, la documentación los presenta junto con cotas y sipe sipes y también da indicios de una posible obediencia de los cotas hacia los chuis.

Una feroz resistencia a la conquista inca subraya su calidad guerrera y se sabe que entonces los chuis fueron prácticamente exterminados. Los que quedaron fueron sacados del valle y reubicados en Mizque, Pocona, Montepuco y Pucara, sitios de frontera donde cumplirían una misión defensiva en los fuertes incaicos contra los pueblos de Tierras Bajas. Durante un largo periodo los valles de Mizque y Cochabamba, fueron el punto de partida, lugar de tránsito o punto final de grandes movimientos migratorios (Schramm, 2012)

Mientras los cotas se encontraban junto a los chui, otro pueblo valluno, los sipe sipe, fue ubicado en tierras más altas convirtiéndose luego en “llameros del inca”. Por su ubicación geográfica cotas y chuis podrían ser los pueblos que produjeron cerámica durante el periodo Intermedio Tardío (1100 - 1470 d. C.); cerámica característica de Cochabamba que lleva decoración geométrica en blanco, negro, café y naranja.

Como a todos los pueblos de Tierras Bajas, los chuis se conocían como indios de “arco y flecha”, denominación compartida con los yamparaes, churumatas y chichas. Se relacionan también con urus, juries, yuracarés, amos, moyomoyos, chichas y charcas. Hay indicios sobre un idioma compartido entre los chuis y los yuracarés que se encontrarán luego en el Chapare denominado “idioma chui” (Schramm, 1990). Según fray Diego Martínez de Salazar residente de los conventos de Pocona en el año 1687 los yuracarés eran descendientes de los chuis de Mizque.

El valle de Cochabamba fue conquistado por el Inca Tupac Yupanqui (1471-1493) y luego reorganizado para convertirlo en un inmenso centro de producción agrícola del Tawantinsuyu. Con esta finalidad Huayna Capac, hijo de Tupac Yupanqui, pobló la zona con centenares de mitimaes trasladados de todas las zonas del Imperio. Luego de sometidos, los chuis pasaron a formar parte del ejército inca y participaron de algunas conquistas. Según Schramm (2012). los soldados del Inca no solo se reclutaban a los chuis sino también a los cotas que estaban a cargo de varias pucaras.

Formaron junto con los charcas, caracaras y chichas la llamada Confederación Charka. Cuando llegaron los españoles, los chuis juntamente con las “siete naciones” de la región resistieron su ingreso en el valle de Cochabamba. Por entonces el jefe de esta nación se llamaba Xaraxuri, quien también habría señoreado sobre los urus de la zona.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Caracaras, dueños de Potosí

Durante el Intermedio Tardío se supone un incremento de la población reflejado en la multiplicación de conjuntos habitacionales pequeños y medianos. También la región sufrió una importante modificación del paisaje gracias al desarrollo de la agricultura con terrazas de cultivo y canales de riego. Asimismo la importancia de la ganadería de camélidos continúa; hay sin embargo ausencia de registro de sitios mineros. Aunque no hayan muestras de una sociedad estratificada y con el poder centralizado, si se puede aseverar la existencia de una unidad cultural en el territorio de Potosí en forma de sociedades corporativas. No se observa un corte abrupto con el periodo anterior como en la región del lago Titicaca. En la cerámica sobresalen los estilos Yura-Potosí (negro sobre naranja), Caracara (rojo, púrpura, naranja y negro sobre color de la pieza) y Chaquí- Condoriri (Huruquilla), (Cruz, 2008).

Según el estudio realizado por Lecoq en los alrededores de Porco y de Potosí, se puede ejemplificar el tipo de ocupación de los caracara. Casi todos los sitios tienden a concentrarse alrededor de las fuentes de agua y de los ríos buscando controlar otras zonas ecológicas. Los sitios más tardíos se desplazan en las cimas de los cerros desde las que se podía controlar las principales vías de acceso.

En la mayoría de los casos, se trata de un conjunto de estructuras a veces defensivas o pucaras que muestran los restos de construcciones de piedra ubicadas sobre terrazas, como viviendas de planta rectangular. Asimismo pequeñas torres muy parecidas a los graneros o colcas de otras zonas que se construyeron alineadas a lo largo de las terrazas. Frecuentemente estos sitios están asociados con corrales, pequeños muros de fortificación y terrazas agrícolas con antiguos canales de irrigación. También quedan restos de enterramientos que suelen estar ubicados fuera de los límites del pueblo; no todas son en chullpas sino que existen otras en cistas (Lecoq, 2003). Estas características comparten con otros sitios de la región meridional de los Andes. Un ejemplo de sitio es el “Río Panagua” descrito por Chervin en 1908.

En cuanto a la ocupación espacial, se presentan algunos cambios en relación al periodo anterior; de los Desarrollos Regionales tardíos, como por ejemplo el abandono de algunos sitios como el de Palcamayu y crecen otros sitios como Jatun Talasa Huankarani con varios otros sitios secundarios. También se intensifica el uso de terrazas de cultivo con canales de riego y construcciones para el almacenamiento de productos así como la presencia de algunos sitios con muros. y los enterramientos en cistas y construcciones con patio. En la zona de valle fueron registrados pocos corrales y no se encontraron áreas de producción artesanal. Tampoco hay evidencia de fiestas o rituales (Rivera, 2006).

Estudios sobre la cerámica indican que se utilizaban grandes jarras y cántaros para preparar y guardar alimentos, cuencos en forma de campana invertida, ollas y platos de uso doméstico. Según Ibarra Grasso (1973) y Querejazu Lewis (1986) la decoración que presenta este material es de estilo Yura caracterizado por líneas negras con puntos o cruces. Otro material con fondo gris caracterizado como huruquilla ha preferido llamarse Yura Sobre Gris (Céspedes y Lecoq varios años).

La presencia en esta zona, de tantos pueblos contemporáneos con el mismo patrón de asentamiento, parece reflejar una misma organización socio-política y económica que controlaba los recursos regionales, agricultura, minerales e intercambio interregional. Este dinamismo de la circulación regional los hace parte de una cadena productiva que los ponía en contacto con otras regiones y donde el uso de la llama como animal de carga era un elemento clave (Núñez y Dillehay, 1995).

La mina de Porco, una huaca reverenciada por los pueblos del lugar, se encontraba en territorio caracara. En el periodo del Intermedio Tardío se encuentra ocupación en la zona ciertamente ligada a la explotación en pequeña escala de la mina. Sin embargo, como lo venimos observando para otros sitios mineros, la pequeña cantidad de sitios encontrados en los alrededores de Porco y su carácter exclusivamente habitacional y no minero, no corresponden al cuadro que brindan las fuentes etnohistóricas acerca de la mina de Porco (Lecoq, 2003; Van Buren, Cohen y Rehren, 2008).

Según la información etnohistórica, Porco fue célebre por haber sido entregada como botín a los españoles cuando la resistencia del Sur se rindió en 1536. Tata Purqu era considerado patrón sagrado de la minería, la guerra, la fecundidad y la salud. Al igual que Porco, Potosí que también estaba en su territorio desempeñaba el papel sagrado de puerta o “punku”, separando el mundo luminoso del exterior donde se multiplicaban las plantas, los animales y los hombres del mundo oscuro interior de las raíces donde brillaba y crecía el metal (Platt, Bouysse y Harris, 2006).

Esta suerte de contradicción entre los datos arqueológicos y los históricos obliga a hacerse preguntas acerca del tipo de explotación minera que se llevaba a cabo en este lugar y periodo. Cruz (2008) plantea que no deberíamos esperar una separación estricta entre el mundo doméstico y el tecnológico minero. La cuestión queda abierta. Acerca del significado del nombre de la nación, la posibilidad más cercana es que caracara signifique “el alba”, título que les había concedido el Inca y por tanto se los conocería como Hanko Charka” o Charca Blanco. La idea del alba, al igual que en el escudo de armas que solicitaron los charcas al rey en el periodo colonial, el de los caracara incorpora una “flor blanca que florece”. Se trata de una amancaya, flor de pétalos alargados que asemejan a Venus también representada en el escudo (Platt, 2013).

Hanko Tutumpi Ayra Kanchi, “flor blanca que brota”, fue un jefe guerrero poderoso antes del Tawantinsuyu; este señor de los caracara intercambiaba regalos con Pachakuti Inka Yupanqui y más tarde su hijo Uchutuma recibió a la hija del Inca Wayna Capac, llamada Payku Chimpu, a cambio de su servicio militar en la campaña cusqueña contra Quito. Desde entonces los charcas blancos serían conocidos con el título honorífico que les dio el Inca: caracara que significa “el alba”.

En tiempos del Inca Huayna Capac, el señor de la nación Caracara era Tata Paria, aliado de Coysara y de Gualca, señores de dos naciones cercanas: Charca y Sora. En alianza con los incas, se dice que los caracaras barrieron a los de Pilaya y Paspaya además de derrotar a los chuis, momento en que habrían ganado los cocales de Tiraque. La categoría de Tata Paria se refleja en el culto que le rindieron después de su muerte pues le hicieron dos sepulturas, una en Macha y la otra en Curata (del Río, 2006).

El territorio ocupado por los caracara abarcaba aproximadamente la región del actual Norte de Potosí; incluía lo que hoy es la ciudad de Potosí y se extendía por los valles del Sureste de Cochabamba llegando hasta los ríos Grande y Pilcomayo; colindaba al Norte con los charcas, al Oeste con los quillacas, al Sur con los chichas y al Este con chuis y yamparaes. Sus principales recursos fueron minerales y también los hatos de llamas y alpacas, con ellas se facilitaba el acceso a sus tierras distantes en otras zonas ecológicas consiguiendo en ellas lo necesario para su sustento.

Todo su territorio formaba parte del Urcusuyu y se hallaba dividido en dos mitades: Macha (hanansaya) donde se encontraba la capital y Chaquí (urinsaya) que ocupaba los alrededores de Potosí. Al mismo tiempo cada mitad se volvía a subdividir. Las poblaciones que eran parte de este Señorío fueron Aymaya (ubicada en medio de los charcas), Pocoata, Macha, Sullaga, Surumi, Carasi, Micani, Moscarí, Chaquí, Visisa, Cayza, Tacobamba, Colo, Caquina, Picachuri, Caracara, Moromoro y San Marcos de Miraflores. También el valle de Cinti parace haber formado parte de la confederación Caracara (Fig. 87)

Al igual que los charcas, los caracara formaron un grupo bastante homogéneo donde se hablaba solamente aymara. La diferenciación interna se puede plantear a nivel intermedio o pues la mitad Macha, estaba compuesta por pueblos con cierta unidad étnica, en tanto que la mitad Chaquí era más compleja pues incorporaba a diversidad de grupos con sus particularidades. El poblado central y más prestigioso era Macha.

Es precisamente en el periodo conocido como Desarrollos Regionales tardíos que se consolidan las grandes confederaciones. Este periodo se caracteriza por una intensa inter-relación entre la puna y los valles adyacentes, construyendo una identidad regional que se expresa en estilos cerámicos como el Huruquilla. Este estilo tiene una amplia distribución que corresponde en parte con el territorio que fue ocupado por la confederación Caracara siendo su rasgo principal el color gris de la pasta. Sin embargo los motivos parecen tener variaciones locales y regionales que podrían corresponder a los diferentes grupos sociales que conformaban la confederación. Fuera de la Huruquilla, la cerámica foránea más común es la chicha dando pautas acerca de una interacción en un eje Este - Oeste. Al igual que en otras áreas, las caravanas de llamas jugaron un papel central en la integración regional cuyas huellas y rutas se pueden seguir en los sitios de arte rupestre en lugares de descanso (Rivera Casanovas, 2003).

El inventario de ceramios realizado por Ibarra Grasso (1973) incluye jarritas con asa pitón o solamente pitón y un asa vertical, menciona que ellas se usaron para beber chicha basándose en observaciones etnográficas en los valles de Cochabamba.

Resulta significativa la relación con los chiriguanos, por representar “el otro”, con quien tuvieron una relación conflictiva debido a los constantes intentos de los chiriguanos por ingresar a territorio caracara y llegar a las minas de plata; su interés en Porco había sido tanto religioso - militar como económico pues debieron oír de la fama de su huaca.
Ceramica Huruquilla

CAracara

martes, 8 de febrero de 2022

Charcas y la tradición guerrera

De acuerdo a la tradición oral recogida en la probanza del Capac Ayllu del Cusco ([1569] 1985), cuando llegaron los tres hijos del Inca Pachacuti a conquistar las provincias al Sur de Paria, ingresaron hasta Charcas a la que conocían como “Vila Charka” y “Hanco Charka”. Platt, Bouysse y Harris (2006) proponen que el “Vila Charka” o Charca Rojo corresponde a los charcas propiamente y Charca Blanco a los caracara.

El nombre de su capital, Sacaca, estaba inscrito en un escudo de armas que solicitaron a la Corona Española. A pesar de tratarse de una manera de mostrar la nobleza en tiempos coloniales, los charcas lo utilizaron para registrar su historia prehispánica. Representaron a Sacaca en forma de un pájaro de colores con rayos de fuego a su alrededor pues Sacaca es precisamente el nombre de “un pájaro de la puna de colores” y también de un cometa que presagia cambios profundos, tanto así que se dice vieron uno en el cielo cuando Atahuallpa estaba preso en manos de los españoles (Arze y Medinacelli, 1991).

Los charcas dejaron escrita en tiempos coloniales un memorial donde dejan claro que estaban orgullosos de haber sido “guerreros del Inca”, lo propio se puede “leer” en el mismo escudo, donde en uno de los cuarteles aparece una mano tomando de los cabellos la cabeza cortada de un enemigo. Anotaron también que sus antepasados partieron hacia el Cusco para unirse al ejército inca e ir en son de conquista hasta el Ecuador. Para partir a la guerra vestían sus mejores galas, ropa bellamente tejida y tocados con adornos de plumas de aves. Tan importante como su calidad de guerreros era el culto a sus antepasados cuyos nombres se recordaban por generaciones. Los charcas recordaron a sus mallkus por varias generaciones (Memorial de Charcas, 1582): 
Genealogia de los Ayaviri

También participaban del culto al dios Tanga Tanga o Acatanga junto a otros pueblos de la región como lo registraron los cronistas Acosta y Garcilaso de la Vega. Se trata de un dios de naturaleza trinitaria representado con tres cabezas. Una de las huacas de Tanga Tanga se encontraba en La Plata en las faldas que separan los cerros Sicasica y Churuquella.

En el Norte de Potosí y extendiéndose hacia los valles de Cochabamba y Tarija se encontraba la Confederación Charca, formada por charcas, caracaras, chuis y chichas, es decir dos pueblos de puna y dos de valle.

Los charcas habitaban en una región de altiplano bajo que se conectaba directamente con los valles, en las actuales provincias de Bustillos, Ibáñez, Bilbao y Charcas. El pueblo de Sacaca, cabecera del Señorío, se ubicaba en la puna pero controlaba una cantidad de pueblos distribuidos de manera dispersa entre la puna y los valles que se despliegan hacia el actual departamento de Cochabamba: San Pedro de Buena Vista, Santiago del Paso, Moscarí y Acacio llegando hasta Totora donde tenían chacras de coca. A partir del dominio inca también tuvieron tierras en el valle de Cochabamba. Ubicados en el sector umasuyu no accedieron a tierras en la costa como ocurría con los Señoríos del Urcusuyu. Los charcas tenían como vecinos a los quillacas, los caracaras y los yamparas y se relacionaban de manera conflictiva con los chiriguanos con quienes tuvieron algunos enfrentamientos.

Aunque la información etnohistórica se refiere sobre todo al periodo colonial, quizás se pueda extender hacia el periodo anterior a ellos. Sabemos que en el siglo XVI la nación Charca estaba organizaba en dos grandes parcialidades: Sacaca y Chayanta. Sacaca a su vez tenía tres parcialidades: Hila, Pagre y Sullca, en tanto que eran parte de Chayanta los Chullpas, Laymes, Carachas, Chayantacas y Sicoyas (Fig. 61).

Los charcas hablaban aymara y hasta donde han avanzado los estudios, no se encuentra en la toponimia de la zona ni en los documentos históricos referencia a que hablaran alguna otra lengua. Este dato tan importante debe relacionarse con lo que ocurre en los otros Señoríos donde hay presencia del idioma uruquilla y puquina, además de otras lenguas locales. Es posible, sin embargo, que las familias de los mallkus conocieran además el quechua, debido a la política inca de difundir su lengua entre las elites locales.

escudo de armas ayaviri


lunes, 7 de febrero de 2022

Norte de Potosí

El patrón de asentamiento del Período Intermedio Tardío en la región de Potosí ofrece un panorama de la ocupación regional antes de la conquista inca. Según Lecoq (2003) casi todos los sitios tienden a concentrarse alrededor de la fuentes de agua y de los ríos aunque los sitios se ubican hacia las alturas en la cima de los cerros desde donde se podía controlar las principales vías de acceso; se trata a veces de pucaras defensivas que muestran los restos de estructuras de piedra que pudieron ser viviendas rectangulares o también silos para el almacenamiento. También se encuentran corrales, muros y terrazas agrícolas con canales de irrigación.

Frecuentemente estos sitios están asociados a necrópolis localizadas fuera del pueblo y ubicadas cerca de un riachuelo. Los enterramientos se caracterizan por tener inhumaciones simples o múltiples, en cistas o en pequeñas construcciones en forma de chullpa, construidas debajo de los abrigos de roca, y que fueron ampliamente descritas por Ibarra Grasso (1965), antes de que fueran totalmente saqueadas.

Todos estos sitios tienen muchas similitudes con los asentamientos contemporáneos de las zonas del altiplano meridional de Bolivia o del Norte de Chile y de Argentina (Hidalgo et al. 1989; Lecoq, 1999).

En cuanto a la cerámica, el material se asemeja mucho a las formas del periodo anterior presentando grandes jarras y cántaros para preparar y guardar alimentos, cuencos, pucos y escudillas. La decoración que presentan es de estilo “Yura” o “Yura Poligonal” caracterizado por líneas negras con diseños geométricos y tiene muchas variantes.

Un importante sistema de circulación e intercambio no solamente con valles sino también en el mismo altiplano expresa la construcción de una identidad regional.

Siendo el territorio fuente de riqueza mineral se podría esperar una extendida actividad minera, sin embargo esta actividad se asemeja a una recolección de superficie que no requiere altas técnicas y como lo plantea Pablo Cruz (2003) en los Andes no hay ‘sitios mineros’ prehispánicos en el sentido europeo de la palabra; hay minas, hay huayrachinas, pero no existe una frontera marcada entre el mundo ‘técnico’ de la producción y el mundo ‘domestico’ y también sagrado de los trabajadores con sus pueblos ubicados cerca de las minas” (Lecoq, 2003).

En relación a la ocupación pre-inca e inca en el Sur de Potosí se puede afirmar que la conquista de la región no parece haber modificado mucho la organización que prevalecía antes de su llegada, al parecer los llamados luego caracaras. Su integración con el Tawantinsuyu ha debido ser un acto voluntario de los señores étnicos.
Ceramica Yura

viernes, 4 de febrero de 2022

Quillacas y la Confederación de pueblos

Quillaca, más que un Señorío constituye una federación de varias naciones: quillacas, asanaques, sevaruyos - aracapis y aullagas-uruquillas, de las cuales los los quillacas eran la cabeza política. Junto con sus vecinos carangas formaron la llamada Confederación Quillaca. Cada una de estas naciones se dividía en parcialidades y luego en ayllus. Este fenómeno de aglutinación de segmentos de varias identidades, es más notorio aquí que en la región del lago Titicaca. La variedad de pueblos que veremos entre los quillacas es una muestra de la multietnicidad del altiplano boliviano en tiempos prehispánicos.

Los quillacas propiamente, formaron una unidad cuya cabecera era el pueblo de Hatun Quillaca, centro ritual de una amplia zona. El territorio Quillaca incluía tierras en Chuquisaca como, Pojpo, San Lucas de Paacollo y San Juan del Pedroso e incluso tuvieron tierras en los valles de Tarija. El sistema de autoridades era como en todos los Señoríos hereditario y binario; a la llegada de los españoles el mallku de los quillacas era Colque Guarachi.

La base de su economía descansaba en la cría de camélidos que les permitía un intenso intercambio con diferentes regiones donde posiblemente la sal fue un bien de primera importancia, pero además explotaban minas de plata y se dedicaban a la agricultura en la región de puna y también en sus tierras en los valles.

Los estudios arqueológicos en la región intersalar, Coipasa y Uyuni (Lecoq, 1997), indican que en el Intermedio Tardío (ca. 1200- 1400) hubo una fuerte presión demográfica manifiesta en una gran cantidad de ciudadelas encontradas en la región. Esto refleja, además, un estricto control de la producción y de la distribución de bienes, que se corrobora por la presencia de silos de almacenamiento, tambos y red de caminos. También se encontraron fortificaciones en lugares elevados o en faldas de los cerros; ubicadas siempre en proximidades de pequeños riachuelos o fuentes de agua. Más adelante durante el periodo inca varios de estos sitios fueron reocupados.

Otra característica de la zona es que presenta indicios de una ocupación multiétnica, expresada en una variedad de inhumaciones (en torres funerarias, en cuevas y en cistas). Los ajuares funerarios con objetos provenientes de zonas limítrofes confirman relaciones interecológicas, con los valles orientales y los oasis del litoral pacífico. Este panorama referido a la región intersalar, se podría extender a toda la región del Poopó. Es importante subrayar la menor incidencia de Tiwanaku en la región, por tanto la ausencia del dominio tiwanakota no afectó de la misma manera que al altiplano paceño.

Los sevaruyo - aracapi se ubicaban en Puna, Coroma y Tolapampa, teniendo además otros centros en Talavera de la Puna (Potosí) y Quiocalla (Chuquisaca). También accedían a tierras en el valle de Cochabamba desde tiempos del Inca Huayna Capac. En el siglo XVI, su población se encontraba dispersa en 28 pequeños pueblos a lo largo de 30 leguas españolas; estaba compuesta por 5968 sevaruyos y aracapis y 292 urus, todos ellos organizados en tres segmentos 1) Sevaruyo 2) Marca Soraga 3) Aracapi. Alguna documentación insinúa que los aracapis hablarían puquina. Los Choqueticlla, eran sus principales autoridades.

Los asanaques se ubicaron al Sureste del lago Poopó, teniendo como pueblos principales Condo Condo, Challapata y Culta (hoy de los qaqachaca). El cerro Azanaque figura en mitos modernos como el viejo que se enamora de la bella Tunupa un volcán ubicado en el salar de Uyuni. Su organización socioespacial presenta una división en tres segmentos. Hanansaya - Urus - Urinsaya, cada cual con varios ayllus. Sus autoridades eran los Copatiti.

Los aullagas - uruquillas: el Sur del Poopó cuenta con una tradición de larga data que da una cierta unidad a la región. Trabajos de excavación refieren que la región intersalar presenta diversidad de estilos cerámicos que podría efectivamente reflejar una ocupación pluriétnica o contactos interregionales constantes. De los restos, el tipo “Taltape” está particularmente bien representado en la región quillaca por ello han sido designados como Quillacas-Taltape. Este estilo parece inlfuir en regiones vecinas particularmente en Macha (Lecoq, 1997).

Lecoq (1997) se pregunta si es posible identificar cada una de las naciones que formaban parte de los quillacas a partir de restos arqueológicos y encuentra ciertos indicios, como por ejemplo que los quillacas tenían deformaciones craneanas aunque no fueran los únicos en hacerlo, pero en general es difícil establecer diferencias tajantes.

Algunos restos arqueológicos de la región intersalar se podrían asimilar al resto de la región quillaca como la arquitectura donde la mayor parte de los emplazamientos son pucaras defensivas que probablemente son bastante antiguas (600 - 900 d. C.) pero cuya difusión aumentó en el siguiente periodo (1000- 1350 d. C.). Las viviendas son de tipo cuadrangular distintas de las casas redondas típicas de la cultura wankarani, mucho más antigua y las colcas de almacenamiento probablemente de quinua eran pequeñas torres redondas y a veces cuadradas.

La cerámica de la región intersalar se cracteriza por ser utilizaria (jarras, tarros, tazones y escudillas) y algunas rituales como los kerus que proceden de tumbas saqueadas. El estilo cerámico mejor representado es el Cabuza que se caracteriza por una serie de pequeños triángulos y líneas onduladas pintadas en negro, cuya difusión llega por lo menos hasta Arica. Este estilo coincide con otros como el Taltape, Las Maytas y otros como el Puquí (Lecoq, 1997).

En la región Sur del Poopó existen restos de ciudadelas que tenían un carácter religioso y de culto a las huacas de origen pero conservan también el carácter defensivo de pucaras con muros de protección y circunvalación de los barrios que agrupaban a conjuntos de casas de planta circular. Su posición cerca de las planicies las diferencia de las pucaras de altura y difícil acceso. Alrededor de los años 1000 - 1400 d. C. (Intermedio Tardío) la población se expandió gracias a una alta densidad demográfica, a partir de 1450 la región fue controlada por los incas, localizados en ciudadelas. Es probable que se hubiera producido una reorganización del sistema productivo, lo que no significa una ocupación directa. El modelo administrativo inca se evidencia por la construcción de tambos estratégicamente ubicados.

Los aullagas-uruquillas tenían como centro más importante el tambo de Aullagas al Sur del lago Poopó; en su territorio también se encuentra el importante tambo de Sevaruyo. En documentos coloniales del siglo XVII, los aullagas y uruquillas se denominaron “yucasas”. Es difícil saber si hubo una diferencia entre urus y uruquillas. Uruquilla es un término que designa a la etnia del Sur del lago Poopó, a la lengua de los urus y a un estilo cerámico bautizado así por Ibarra Grasso. Abercrombie (2006) considera que los uruquillas eran especialistas en labores mineras, tarea que los diferencia de la tradicional actividad de los urus pescadores. Su territorio llegaba hasta Salinas de Tunupa hoy Garci Mendoza. Tenían tierras de comunidad en Sause, Cainaca y Pocpo en territorio de los yamparaes (Chuquisaca) asimismo en Chulla (Cochabamba) y Tuctapari (Porco). Su organización socioespacial era muy compleja y fragmentada pues su población se movía constantemente. Tentativamente se puede suponer que se organizaba en la siguientes parcialidades: Hanansaya, Urus, Urinsaya, Huari y Salinas de Tunupa, cada cual con sus ayllus.

La información que se tiene sobre los quillaca proviene sobre todo de la etnohistoria, pues la mirada arqueológica, centrada en Tiwanaku y el lago Titicaca ignoró frecuentemente la situación del Sur y más aún de los sectores de valle que controlaban los quillacas como fueron los valles interandinos de Chuquisaca. Estos tratados como recipientes pasivos de las influencias de las tierras altas.

Recién a fines del siglo XX y principios del XXI se encuentran aportes que permiten un diálogo aún incipiente con la información etnohistórica. Una serie de estilos cerámicos y una compleja red de caminos da cuenta que hubo una fluida interacción entre las poblaciones del altiplano y la de los valles de Chuquisaca, algunos de los cuales, como el de San Lucas, eran controlados directamente por población quillaca (Rivera, 2006).

miércoles, 2 de febrero de 2022

Mito de la Tunupa

De: Ramiro Molina Rivero

Las diferentes versiones del Mito de la Tunupa contemporánea se identifican claramente con un personaje femenino, a diferencia del personaje del siglo XVI que se caracteriza por un personaje de edad y masculino. Fueron recogidas principalmente en las localidades de Pampa Aullagas, Quillacas, Huari, Sevaruyo, Salinas de Garci Mendoza, Aroma, Ucumasi y Challapata. La versión que sigue es una de las más completas que incluye una serie de fragmentos existentes en las diferentes localidades estudiadas:

«Se dice que un día el viejo Asanaques se casó con la Tunupa y tuvieron varios hijos. El Asanaques era un viejo con barba blanca y el principal mallku de la región y la Tunupa una bella y joven mujer que llevaba doce polleras de muchos colores y doce enaguas.

El viejo Asanaques era muy celoso de la bella Tunupa ocasionándole muchos sufrimientos a la joven mujer. Así un día, tanto sufrir, la joven Tunupa decidió irse hacia la costa. En esa ocasión la Tunupa y el Asanaques tuvieron una riña, en la que el Asanaques comenzó a pegarla, mientras que la Tunupa pidió auxilio y salió a su defensa su hermana, Chullasi, que se encontraba al otro lado del lago cerca a Orinoca. Esta, para defender a su hermana Tunupa, le lanzó con una honda, una piedra a la cabeza del Asanaques, hiriéndole de esta forma al Mallku para siempre. Por esa razón el Mallku se encuentra inclinado hacia donde sale el sol y la piedra que le hirió se encuentra todavía en la pampa cerca al camino, que la llaman Pacokahua. Mientras estaba herido el Asanaques, la Tunupa aprovechó de marcharse, dejando atrás a sus hijos: Wilacollo, Huatascollo, Huari y Sevaruyo (Cerro Gordo).

En su recorrido hacia la costa, la Tunupa se orinó en las pampas de Aguas Calientes, donde hoy en día aún existen brotes de aguas termales. Luego, de transitar por las pampas de Condo, la Tunupa decidió descansar en la localidad de Quillacas, donde se hizo un fogón para cocinar, formando así los cerros de Santa Bárbara y San Juan Mallku, donde luego se ubicaría el actual pueblo de Quillacas. Al día siguiente, dirigiéndose rumbo al Oeste, la Tunupa para cruzar el río Márquez, dejó una de sus abarcas, en lo que hoy en día es la pequeña loma Sato. Al otro lado del río, decidió descansar un poco dejando su aposento temporal (jaraña) en esa localidad, conocida con el nombre del cerro de Pedro Santos Willka y donde se encuentra, al pie de dicho cerro, el pueblo de Pampa Aullagas. Rumbo al sur, cerca de Tambillo, la Tunupa excavó la tierra para construir una Tiwaraña y beneficiarse su quinua, comida que se guardó para el resto del camino. Continuando su trayectoria hacia el sur, en una localidad llamada Jayu Cota, excavó nuevamente la tierra para luego verter su leche y dejarla a su hijo menor que la seguía. Este lugar es actualmente un pequeño salar de color rojizo. Más adelante en su camino dejó a un hijo enfermo con viruela, llamado Salviano, nombre de un cerro que tiene muchos huecos.

Siguió su camino hasta llegar salir de Uyuni y perder de vista al Asanaques. En esta zona se encontró con dos jóvenes muy guapos, el Cora Cora y el Achacollo (o Cerro Grande), con los que tomó amistad, y quienes la convencieron que se quedase por esos lugares.

Muy pronto los jóvenes se enamoraron de la bella Tunupa. Su belleza atrajo la atención de conocidos y poderosos Mallkus como el Tata Sabaya y el Aconcagua. Algunos dicen que el Mallku Sabaya mandó su ejército para conquistar y robar a la Tunupa; en su intento fracasó. Mientras tanto los dos jóvenes pretendientes comenzaron a pelearse por la Tunupa hasta iniciar una guerra. Con un hondazo, el Cora Cora hirió el corazón del Achacollo, por lo que desangró mucho. Por ello este cerro hoy en día aparece totalmente seco. Por su parte, el cerro Achacollo también le lanzó un hondazo al Cora Cora, hiriéndolo en la vejiga y abriéndole muchos huecos. Este cerro hasta ahora tiene vertientes de agua que salen de su interior. Así ambos jóvenes pretendientes murieron por el amor de la Tunupa. Y desde entonces la Tunupa se quedó para siempre en esta región.” 
Ruta de la Tunupa

martes, 1 de febrero de 2022

Carangas: cultura pastoril de larga duración

¿Cuál es la antigüedad de este Señorío? Estudios arqueológicos basados en la continuidad del estilo de cerámica (llamado caranga en Bolivia y chilpe en Chile) proponen que los carangas provienen de una larga historia que se remonta hasta cerca al año 300 d. C. (Michel, 2000). Un equipo de investigación de la Universidad de Pittsburg sugiere que hubo continuidad de modelos cerámicos que no muestran interferencia tiwanakota. Esta continuidad también tiene que ver con la menor presencia que pudo tener Tiwanaku en la zona, pues, hasta el momento los estudios muestran que la huella que habría dejado esta cultura en Oruro es menor que en otras zonas.

En cambio los incas dejaron importantes huellas en el sector occidental del lago Poopó. Precisamente uno de los sitios arqueológicos más impresionantes de carangas es el de las chullpas decoradas del río Lauca, ubicado cerca de lo que fue la antigua cabecera. Todo indica que este sitio fue re-construido para conmemorar la alianza inca-caranga, en un espacio que es en verdad un santuario al aire libre. Esta alianza se traduce en la complementación de elementos incas con carangas; siendo las chullpas de origen preinca, el decorado de las mismas asemejan textiles incas; además en el lugar se construyó una chullpa de grandes piedras talladas de estilo inca imperial y con vanos trapezoidales típicamente incas, pero las propias chullpas y la concepción de este espacio como un paisaje sagrado, son carangas.

Los asentamientos dispersos en carangas siguen una tradición que se desarrolló hasta aproximadamente el año 1000/1200 d. C. cuando los pobladores construyeron las pucaras o asentamientos defensivos en altura, que son la expresión de un periodo de inestabilidad y enfrentamientos que duraron hasta cerca de 1450 d. C., momento en que fueron conquistados por los incas. El territorio y la población fueron reacomodados por los incas con fines administrativos formando una provincia.

A la llegada de los españoles gobernaban a los carangas Condor Vilca (en la parte de Huachacalla, Sabaya y Turco) y Vilca Callisaya (en la parte de Totora), por encima de todos ellos estaba Chuquichambi que residía en Chuquicota. Es notable que los documentos denominen a Condor Vilca como uru, lo que indicaría que el status de los urus en esta zona no seguía el patrón de sometimiento de otras regiones.

Ubicados en el sector Urcusuyo del altiplano, los carangas ocupaban las provincias de Sajama, Caranga, Atahuallpa y Totora del departamento de Oruro aunque antiguamente su territorio era más extenso e incluía tierras en distintos pisos ecológicos. La cabecera preinca era Turco cuya ubicación original se desconoce debido a que en el año 1600 tuvo que trasladarse por la explosión del volcán Huayna Putina. Turco no fue el único poblado importante pues además de éste hubo en Carangas unos seis o siete poblados principales o markas: Corquemarca, Andamarca, Chuquicota, Sabaya, Totora, Orinoca y Huachacalla. Cada una de ellas se dividía en hanansaya y urinsaya; varias markas se agrupaban formando una “parcialidad”. La parcialidad principal estaba presidida por Turco y se denominaba Hatun Caranga.

Las menores posibilidades de agricultura, limitada a algunas especies fuertes de papa y cañahua, se veían compensadas por la riqueza ganadera. En consecuencia, su organización social y territorial, así como el resto de su cultura se pueden considerar como expresiones de un pueblo pastoril andino que se movía constantemente por el territorio teniendo viviendas principales y secundarias. La población dispersa llegaba a la marka en momentos del año de importancia ritual y económica y se reunían en fiestas y ferias temporales.

Aunque la arqueología discute que los límites que señala la etnohistoria no coinciden con exactitud con los restos arqueológicos, los límites aproximados de la provincia de Carangas eran los siguientes: al Norte el río Mauri hacía de frontera natural con los pacajes. Al Noreste, la división entre carangas y soras era más difusa. Al Este, el lago Poopó separaba claramente a carangas de soras y al Sudeste y Sur nuevamente la frontera con los quillacas no era clara. El problema se presenta con la frontera Oeste; allí la Cordillera Occidental parecería ser un límite preciso, sin embargo hay datos que muestran que todavía en la provincia de Tarapacá al “otro lado” de la cordillera, los caranga tenían dominio discontinuo incluso hasta la costa donde interactuaban no solamente con otros Señoríos del altiplano (pacajes y lupacas) sino también con la población originaria local como los changos y camanchacas. Los recursos de esta zona eran no solamente coca, sino también pastizales irrigados y permanentes. Riviere (1986) propone que los lazos de complementariedad con la vertiente del Pacífico, que se encontraba entre tres y cinco días de camino, eran más antiguos que con los valles interandinos.

Precisamente accedieron a los valles de Cochabamba, Chuquisaca, Tarija y Lípez recién a partir del dominio incaico. Allí tenían tierras los de Totora, Andamarca, Urinoca, Corque y Chuquicota es decir las markas orientales de los carangas. En Tarija, se encontraban en la fortaleza de Aquilacha enviados por los incas como guardianes de frontera, una situación similar parece fue la de los carangas que se encontraban en Toco (Lípez). A su vez, encontramos en medio del territorio caranga a mitimaes provenientes de otros Señoríos y trasplantados en la época incaica: lupacas en el tambo de Cosapa; collas en la estancia de Choati de Huachacalla y charcas en el pueblo de Pacha.

A la llegada de los españoles, el centro de poder o “cabecera” donde residían las autoridades principales era Chuquicota, que desde los incas se convirtió en un importante tambo. Sin embargo esto no fue siempre así, en tiempos preincas fueron más importantes que Chuquicota, Corquemarca y Turco.

Los carangas estaban formados por los pueblos carangas y urus, los primeros eran llameros de lengua aymara y los segundos “hombres del agua”, ambos compartían una alta movilidad en el espacio, aunque con distintas características. Los llameros circulaban intercambiando bienes, en cambio los urus se movían tras los recursos lacustres.

Ambos pueblos formaban las markas que generalmente eran biétnicas, estando bien definidos los ayllus de urus y los de aymaras. Los primeros se identifican por el carácter lacustre de su cultura, pero esta relación con los lagos, ríos y salares ha hecho que tanto ellos mismos como los demás, los vean como una cultura al margen del orden establecido, como si fueran parte de otra humanidad. Incluso sus mitos de origen, sostienen que son “chullpapuchos” (los restos de los chullpas), como recuerdan los chipayas que mantienen aún hoy su lengua, costumbres, viviendas y creencias.

Sin embargo, esta marginalidad no puede generalizarse a todas las regiones y a todos los tiempos. En los documentos más tempranos sobre Carangas figuran autoridades uru como jefes de parcialidades completas como el caso de Condor Vilca, quien, era un cacique uru de la parcialidad de Sabaya - Huachacalla.

Por su parte los pastores carangas desarrollaron una cultura que hizo del espacio motivo de culto y ámbito de lo sagrado. Muchos mitos y tradiciones locales dejan saber que las montañas eran consideradas deidades con características humanas, podían ser hombres o mujeres que protegían, proveían y castigaban. Las leyendas del Sajama, la Tunupa y del Tata Sabaya son sólo algunos ejemplos. Este espacio estaba señalado por rasgos de la propia naturaleza por ejemplo ciertas montañas, volcanes, lagos, ríos y vertientes eran expresiones sagradas que los carangas resaltaron mediante construcciones de carácter religioso (tumbas de los antepasados) donde se realizaba una serie de rituales. Allí confluyeron elementos naturales y culturales demarcando los límites entre una parcialidad y otra; entre un Señorío y otro pero también entre los espacios sagrados y los profanos.
Reconstruccion sitio Caranguillas

lunes, 31 de enero de 2022

Soras y las relaciones interétnicas

En la región del Poopó (Oruro), se ubicaban tres Señoríos cuya composición étnica presenta una notable presencia uru, más importante quizás que en el lago Titicaca. Otra diferencia con esa región es que en Oruro se encontraban confederaciones de diversos pueblos, mostrando una organización flexible y aglutinante. Al Norte del lago Poopó se ubicaron los soras y al Este y Sur los carangas y quillacas estos últimos formaron la Confederación Quillaca.

El Señorío Sora plantea dos problemas: el de las relaciones interétnicas y el de influencia inca en la organización de los “Señoríos”. En lo que se refiere a las relaciones interétnicas, los soras son un ejemplo interesante de relación entre pastores, agricultores y pescadores, cada uno de ellos con sus propios ayllus, autoridades y territorio.

Es posible que lo sora fuera una reorganización de la administración inca pues se conoce que al Sur de Cusco existía otro Señorío denominado también Sora, por tanto surge la pregunta si los de Oruro fueron trasladados por los incas. De hecho los soras de Oruro, tienen todas las características de ser el producto del reordenamiento inca de la región, ya que existen poblaciones de diversos lugares, que reorganizados en el territorio, formaron una nueva unidad que conocemos como Señorío Sora. Esto no quita que pudieron haber soras originarios del lugar como opina Mercedes del Río (2006) que ha estudiado con mucho detalle esta realidad y encuentra en el sitio Sora Sora chullpas de origen preinca.

El término sora adquiere dos sentidos: chicha muy fuerte que según el cronista Arriaga era una bebida que consumían los “hechiceros”; la otra traducción es hierba acuática, abundante en el lago Poopó.

El Señorío Sora ocupaba una franja territorial que comprendía tierras de altiplano y valle, desde el actual departamento de Oruro, pasando por Cochabamba hasta Ayopaya. La parte altiplánica llegaba hasta las orillas del lago Poopó siendo tierras en gran parte inundables y en otros casos aptas para la ganadería de camélidos. Las tierras del valle, en cambio brindaban recursos complementarios para la subsistencia. Su cabecera, Paria, estaba ubicada en el altiplano, en una zona que controlaba el ingreso a los ricos valles de Cochabamba. Esta cabecera fue instalada por los incas donde construyeron un importante tambo para vigilar el flujo de bienes entre altiplano y valle. En cambio un importante centro preincaico fue Sora Sora, como indicamos, donde se encuentran chullpas de los antepasados fundadores del grupo cuyas tumbas no solo recibían el culto de la población sino que servían también de mojones. A partir del periodo colonial, la “capital” fue trasladada a Capinota.

La variedad de identidades se hace patente entre los soras que estaban formados por: soras, casayas y urus. La importancia política sigue este mismo orden, pues los soras, a pesar de ser los menos numerosos, eran el grupo dominante; los casayas ocupaban el segundo lugar en importancia y en número; finalmente siendo los urus, los más numerosos, eran el grupo de menor jerarquía política y social. Hubo también entre ellos diferencias en la actividad económica.

Las diferencias entre ellos residía tanto en la lengua como en su medio de subsistencia, mientras soras y casayas hablaban aymara, los urus tenían su propia lengua, la uruquilla. Los soras eran agricultores, los casayas pastores y los urus pescadores. A su vez, los soras se dividían en cuatro grupos: soras de Paria, de Caracollo, de Tapacarí y de Sipe sipe; los dos primeros formaban la parcialidad hanansaya mientras que los otros formaban urinsaya. Los soras altiplánicos (Paria y Caracollo) controlaron terrenos hasta los lagos Uru-Uru y Poopó, en tanto que los del valle (Sipesipe y Tapacarí) ocuparon el valle bajo cochabambino hasta Sacaba, donde compartían territorio con chuis, cotas y urus. Sus autoridades étnicas podían llevar el apelativo de “Inca”, como el conocido Inca Achacata. Bajo el dominio incaico, los soras desarrollaron para el Estado las tareas de artesanos, plateros, yanaconas del inca, mitimaes cultivadores de coca (en Pocona), agricultores de maíz (en Cochabamba), yanaconas en el templo de Copacabana y mitimaes en Guarina y Achacachi. También fueron llevados como mitimaes militares al territorio chicha, fronterizo con los chiriguanos.

Por su parte los casayas, controlaban un territorio donde hoy se encuentra la provincia de Saucarí (Oruro). Su centro llamado primero Yanacachi , luego Saucari, hoy es el pueblo de Toledo, muy cerca de la ciudad de Oruro. El cronista Antonio de la Calancha, sostiene que los casayas fueron trasladados al Poopó por los incas para “instruyeran” a los urus. Calancha consideraba a los casayas indios “lustrosos, hábiles, políticos, limpios y bien agestados”, además de acaudalados por la cantidad de ganado que poseían. La relación sora-casaya parece fue más fluida que con los urus pues se encontraban en varios poblados junto a la laguna, casayas mezclados con soras, pero no se encuentran juntos casayas con urus en un mismo poblado.

Finalmente los urus poblaban mayoritariamente la región húmeda de Caracollo en un sistema disperso de uso de su espacio. No quedan dudas que eran originarios del lugar y que fueron conquistados por los incas tras cruentas batallas. La reformulación de su espacio y sacarlos de la laguna, introducir a los casayas en su territorio y ponerlos bajo el dominio de los soras, es una muestra de que la incorporación de los urus del lago Poopó al Tawantinsuyu no fue pacífica.

viernes, 28 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Pacajes, hombres águila de doble origen

En medio de las luchas comunes en el Intermedio Tardio, la marka de Machaca, estuvo un tiempo en poder de los collas; aprovechando los enfrentamientos internos, probablemente fue el Inca Pachacuti (el noveno Inca 1438-1471) quien conquistó a los pacajes.

Se puede encontrar en los pacajes una excelente muestra de cómo la desintegración de Tiwanaku afectó de manera diferenciada al altiplano pues en algunos casos hubo una ruptura total y en otros no la hubo. Los pacajes muestran en algunos sectores continuidad con Tiwanaku, así observa Albarracín (1996) en la cerámica que paulatinamente fue perdiendo calidad y complejidad. Pero en otros sectores de los pacajes hubo un cambio más brusco que se observa en el tipo de enterramientos en chullpas características del nuevo periodo. Tal vez por esta doble situación es que Mercado de Peñaloza ([1583] 1965) sostuvo que los pacajes tenían un doble origen, unos en el lago y otros al Sur del altiplano (Carangas). Esta misma ruptura se observa entre los lupacas, pueblo vecino a los pacajes, que aparecen en la documentación como invasores que se instalaron en zonas que antes estuvieron dominadas por Tiwanaku. Otros vecinos, como los collas, más bien fueron empujados hacia el Norte y los valles del Noreste del Titicaca.

Investigaciones arqueológicas en la región pacaje, encuentran que en el periodo tiwanacota la población se concentraba en el valle de Tiwanaku y áreas aledañas al lago. Luego del colapso de esa cultura, el número de asentamientos humanos experimentó un explosivo incremento, particularmente en ciertas áreas, como en Caquiaviri, pero estas poblaciones no se encontraban en sitios defensivos sino en plena pampa. La cerámica que se encontró en 30 asentamientos del lugar muestra presencia de cerámica pacaje, inca-pacaje y alguna con influencia de Tiwanaku, pero no Tiwanaku puro, lo que indicaría su poblamiento luego de su desmoronamiento.

Su territorio, ubicado al Sur del lago Titicaca, estaba dividido en dos sectores, uno umasuyu y otro urcusuyu; abarcaba un amplio espacio que incluía la antigua ciudad de Tiwanaku y la actual ciudad de La Paz. Limitaba al Este con la “provincia de Carabaya y Quirhuas”, al Oeste con el lago Titicaca. Al Sudeste con los yungas y al Sur con Caracollo. En el centro principal, Caquiaviri, vivían las autoridades pacajes y también allí se construyeron sus enterramientos por lo que se encuentran restos de chullpas (torres funerarias) con algunos diseños. El resto de los asentamientos pacajes eran pequeños sitios dispersos por el territorio, típica forma de ocupación del espacio en el altiplano. A la llegada de los españoles contaban entre 18000 y 20.000 unidades domésticas, es decir unos 100.000 habitantes, que estaban divididos en markas o pueblos.

Al igual que otros Señoríos que accedían al lago, su economía se sostenía mediante pesquerías, totora, patos, otras aves acuáticas y algas, también contaban con gran cantidad de camélidos tanto domésticos (llama y alpaca) como silvestres (vicuña y guanacu). En el altiplano sembraban productos propios de la zona y accedían a otros mediante el “control vertical”, sus mitmas o colonos, controlaban tierras en los valles y yungas. Hubo colonias pacajes en Larecaja donde estaban junto con los collas y lupacas, también en Cochabamba, donde los incas establecieron un enorme centro productor de maíz; además tenían mitmas en Chaquí, cerca de la actual ciudad de Potosí, entre otros.

Los pacajaque; hombres-águila, hablaban un aymara que fue considerado por Bertonio ([1612] 1984) uno de los más ricos del altiplano; tenía alguna diferencia con el que hablaban los lupacas. Otro signo de identidad era su traje, de modo que los hombres llevaban un bonete de color amarillo que permitía distinguirlos fácilmente y las mujeres usaban una especie de capucha ligeramente levantada en la parte delantera.

El Señorío pacaje, incluía a urus, aymaras y algunos de habla puquina siendo este idioma entre los pacajes menos importante que entre los collas. Sin embargo, en ciertos lugares como en la ciudad de La Paz, se hablaba tanto puquina como aymara. Por otra parte se sabe que los urus estaban organizados en ayllus sin mezclarse con otras etnicidades, hablaban su propia lengua teniendo poco o ningún acceso a tierras, en cambio mantuvieron el dominio del lago y sus recursos. No existen referencias concretas sobre los lari lari o choquela (cazadores) pero es muy probable que formaran parte de los pacajes pues quedan resabios de una danza con este nombre. Se considera por tanto un Señorío multiétnico.

La tradición oral recogida en documentos coloniales refiere la existencia de una autoridad mítica denominada Apo Guarachi que tenía su “palacio” en Quillacas, al Sur del lago Poopó. Apo Guarachi tuvo dos hijos: Llanquetiti y Copatiti que figurarán como mallkus de los pacajes antes de la presencia inca. Al igual que entre los lupacas se administraron con doble autoridad siguiendo un sistema de sucesión que pasaba de hermano mayor al menor para luego regresar a otra línea familiar, a un sobrino o al tío; pocas veces heredaba directamente el hijo.
Probables Markas