La historia señala como el primer diario en sentido estricto aquel que Julio César hizo colocar en el “Foro Romano” y al cual deno-minó el Acta diurna en el siglo I a. de C. En la baja Edad Media, las hojas escritas con noticias comerciales y económicas eran muy comunes en las principales ciudades euro-peas. En Venecia, se vendían estas hojas al precio de una gaceta (moneda utilizada en Venecia, siglo XVI), de las que provienen los nombres de muchos periódicos publicados en la Era Moderna y la Contemporánea.
Hacia finales del siglo XIX, se descubrió el potencial comercial e influencia del periodis-mo y surgieron las primeras publicaciones parecidas a los diarios actuales. En los Esta-dos Unidos, empresarios como Joseph Pulit-zer y William Randolph Hearst crearon gran-des diarios destinados a la venta masiva, incorporando novedades como la entrevista dialogada (1836), el suplemento dominical en color (1893) o las tiras diarias (1904). Nuevas invenciones, como el telégrafo, faci-litaron la obtención de noticias. La fotografía comenzó a usarse en la prensa diaria en 1880.
En el siglo XX surgieron empresas dedica-das a la recolección de informaciones que eran vendidas a los diarios. Estas empresas fueron conocidas como agencias periodísti-cas o agencias de prensa.
En diversos países de régimen democráti-co, el trabajo periodístico está protegido por la ley o por la constitución. Esto incluye, el derecho del periodista a preservar en secreto la identidad de sus fuentes, incluso cuando sea interpelado judicialmente.
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martes, 10 de mayo de 2016
10 de Mayo de 1877 Prisión y confinamiento de periodistas
Por decreto de 8 de mayo de 1877, el gobierno del general don Hilarión Daza dejó sin efecto la convocatoria de la asamblea constituyente, aplazándola para la "época en que se pacifique por completo la república y se encuentre el fisco con el erario suficiente para atender los viáticos y dietas de los convencionales”.
El perióodico “La Reforma” de La Paz, cuyo editor era don César Sevilla, y redactores don Félix Reyes Ortiz, don Jenaro Sanjinés y don Severo Matos, impugnó editorialmente, en su número del 12, el decreto de aplaza-miento, demostrando al gobierno que no había tal guerra civil, y que Bolivia podía poner sin esfuerzo los fondos que se necesitaban para la reunión del congreso. Al concluir decía: “Hay plata y no hay guerra civil: reorganícese el país por medio de la representación nacional”.
La lectura de este escrito encolerizó terriblemente al presidente Daza, quién, en un día como hoy, hizo conducir a su presencia a Reyes Ortiz y a Matos. En el salón del pala-cio, los ultrajó de palabra, llegando al extremo de abofetear al primero, y librándose el segundo de los golpes de mano por la intervención del edecán José R. Ávila. Ordenó en seguida que los encargados de prisiones los condujesen a Caupolican (hoy Prov. Franz Tamayo) en calidad de confinados políticos.
Sevilla y Sanjinés, fueron así mismo capturados por la policía y notificados que debían ser desterrados a las regiones del río Madera. A Sevilla se le ajustaron los pies con gruesas barras, Sanjinés se libró del suplicio por no haberse conseguido el instrumento necesario.
Los redactores del diario "La Tribuna” Ni-colás Acosta y Ramón Rosquellas, que ha-bían opinado también como los redactores de “La Reforma” tuvieron que asilarse en la legación Argentina para no correr la suerte de éstos.
Los ministros de Daza, alarmados con es-tos hechos de fuerza, se pusieron en activo movimiento para aplacar la ira del presidente y obtener la libertad de los presos. El ministro don Jorge Oblitas, acompañado de los ministros del Brasil, del Perú y de la Argentina, señores Leonel de Alencar, Miguel San Ro-mán y José Evaristo Uriburu, respectivamente, se dirigió al palacio a pedir la revocatoria de la orden de destierro. Pero, nada pudo conseguir; el presidente se negó a todo acto de clemencia.
En la madrugada del día siguiente, Reyes Ortiz y Matos eran conducidos por el coronel Benjamín Saravía a las regiones de Caupoli-can. Reyes Ortiz, con barras en los pies, iba montado como mujer. Más feliz Matos, fue bien montado porque el herrero encargado de ponerle las barras, se perdió intencionalmente...
A tiempo de partir, Oblitas recomendó a Saravia que tratase a los presos con consideración, y así lo hizo. Matos, no tenía en aquel momento sino veinte pesos que se los había prestado en la prisión un amigo suyo.
Después de mil penalidades y sufrimientos los presos llegaron a Apolo, y allí permanecieron por más de tres meses, viviendo poco menos que del favor público, como sucede con todo confinado político. Los vecinos Car-los Frank, G. Estivariz, Francisco Alencastre, Hipólito Sánchez, Fermín Larrea y otros, los favorecieron con sus atenciones, procurando dulcificar su penosa situación.
En cuanto a los otros periodistas, Sanjinés y Sevilla fueron deportados a Covendo. Sevilla viajó con barras en los pies, y Sanjinés estuvo a punto de perecer rodando en una pendiente con su mulo.
Los asilados en la legación argentina, Acosta y Rosquellas, fueron confinados a lugares más próximos merced a los empeños del ministro Uriburu.
Don Serapio Reyes Ortiz, al saber en Oruro el destierro de su hermano Félix, escri-bió al presidente Daza una carta muy conmo-vedora, “Amigo General. -le dijo- le pido gra-cia por mi hermano Félix; le pido gracia por un padre de familia, pobre, viejo, enfermizo; que ha prestado importantes servicios a la patria en el ramo de las letras y de la instrucción pública. No hablo al hombre de Estado, ni entro en apreciaciones de las razones de Estado que hayan determinado su confinamien-to. Hablo al corazón bondado-so del que también es padre de familia; apelo a la noble generosidad del jefe de la na-ción; luego suplico al amigo y le pido que comprometa mi eterna gratitud con un rasgo de sublime perdón a mi pobre hermano que va a perecer en las montañas, dejando en la mendicidad a tantos hijos huérfanos. Con mi vida le ga-rantizo de que mi hermano no volverá a tomar la pluma para la prensa”.
Daza le contestó: “Conmovido profunda-mente con la lectura de su expresiva carta, he dado la orden para que no solo su herma- no, sino los otros señores que con él han sido confinados, vuelvan a sus hogares. Solo us-ted ha podido arrancarme un perdón tan amplio”.
A los tres meses más o menos, los perio-distas volvieron a sus casas “resueltos a no meterse a criticar más los actos del gobier-no,” solo Matos quedó por algun tiempo más en el pueblo de Moho, como abogado suelto.
“La Reforma”, que había sido clausurada el mismo 10 de mayo, no volvió a reaparecer sino en octubre siguiente.
El perióodico “La Reforma” de La Paz, cuyo editor era don César Sevilla, y redactores don Félix Reyes Ortiz, don Jenaro Sanjinés y don Severo Matos, impugnó editorialmente, en su número del 12, el decreto de aplaza-miento, demostrando al gobierno que no había tal guerra civil, y que Bolivia podía poner sin esfuerzo los fondos que se necesitaban para la reunión del congreso. Al concluir decía: “Hay plata y no hay guerra civil: reorganícese el país por medio de la representación nacional”.
La lectura de este escrito encolerizó terriblemente al presidente Daza, quién, en un día como hoy, hizo conducir a su presencia a Reyes Ortiz y a Matos. En el salón del pala-cio, los ultrajó de palabra, llegando al extremo de abofetear al primero, y librándose el segundo de los golpes de mano por la intervención del edecán José R. Ávila. Ordenó en seguida que los encargados de prisiones los condujesen a Caupolican (hoy Prov. Franz Tamayo) en calidad de confinados políticos.
Sevilla y Sanjinés, fueron así mismo capturados por la policía y notificados que debían ser desterrados a las regiones del río Madera. A Sevilla se le ajustaron los pies con gruesas barras, Sanjinés se libró del suplicio por no haberse conseguido el instrumento necesario.
Los redactores del diario "La Tribuna” Ni-colás Acosta y Ramón Rosquellas, que ha-bían opinado también como los redactores de “La Reforma” tuvieron que asilarse en la legación Argentina para no correr la suerte de éstos.
Los ministros de Daza, alarmados con es-tos hechos de fuerza, se pusieron en activo movimiento para aplacar la ira del presidente y obtener la libertad de los presos. El ministro don Jorge Oblitas, acompañado de los ministros del Brasil, del Perú y de la Argentina, señores Leonel de Alencar, Miguel San Ro-mán y José Evaristo Uriburu, respectivamente, se dirigió al palacio a pedir la revocatoria de la orden de destierro. Pero, nada pudo conseguir; el presidente se negó a todo acto de clemencia.
En la madrugada del día siguiente, Reyes Ortiz y Matos eran conducidos por el coronel Benjamín Saravía a las regiones de Caupoli-can. Reyes Ortiz, con barras en los pies, iba montado como mujer. Más feliz Matos, fue bien montado porque el herrero encargado de ponerle las barras, se perdió intencionalmente...
A tiempo de partir, Oblitas recomendó a Saravia que tratase a los presos con consideración, y así lo hizo. Matos, no tenía en aquel momento sino veinte pesos que se los había prestado en la prisión un amigo suyo.
Después de mil penalidades y sufrimientos los presos llegaron a Apolo, y allí permanecieron por más de tres meses, viviendo poco menos que del favor público, como sucede con todo confinado político. Los vecinos Car-los Frank, G. Estivariz, Francisco Alencastre, Hipólito Sánchez, Fermín Larrea y otros, los favorecieron con sus atenciones, procurando dulcificar su penosa situación.
En cuanto a los otros periodistas, Sanjinés y Sevilla fueron deportados a Covendo. Sevilla viajó con barras en los pies, y Sanjinés estuvo a punto de perecer rodando en una pendiente con su mulo.
Los asilados en la legación argentina, Acosta y Rosquellas, fueron confinados a lugares más próximos merced a los empeños del ministro Uriburu.
Don Serapio Reyes Ortiz, al saber en Oruro el destierro de su hermano Félix, escri-bió al presidente Daza una carta muy conmo-vedora, “Amigo General. -le dijo- le pido gra-cia por mi hermano Félix; le pido gracia por un padre de familia, pobre, viejo, enfermizo; que ha prestado importantes servicios a la patria en el ramo de las letras y de la instrucción pública. No hablo al hombre de Estado, ni entro en apreciaciones de las razones de Estado que hayan determinado su confinamien-to. Hablo al corazón bondado-so del que también es padre de familia; apelo a la noble generosidad del jefe de la na-ción; luego suplico al amigo y le pido que comprometa mi eterna gratitud con un rasgo de sublime perdón a mi pobre hermano que va a perecer en las montañas, dejando en la mendicidad a tantos hijos huérfanos. Con mi vida le ga-rantizo de que mi hermano no volverá a tomar la pluma para la prensa”.
Daza le contestó: “Conmovido profunda-mente con la lectura de su expresiva carta, he dado la orden para que no solo su herma- no, sino los otros señores que con él han sido confinados, vuelvan a sus hogares. Solo us-ted ha podido arrancarme un perdón tan amplio”.
A los tres meses más o menos, los perio-distas volvieron a sus casas “resueltos a no meterse a criticar más los actos del gobier-no,” solo Matos quedó por algun tiempo más en el pueblo de Moho, como abogado suelto.
“La Reforma”, que había sido clausurada el mismo 10 de mayo, no volvió a reaparecer sino en octubre siguiente.
domingo, 22 de junio de 2014
El fusilamiento de barragán no originó día del periodista
Cada 10 de mayo se celebra el Día del Periodista en Bolivia, en conmemoración a que en esta fecha en 1938 el Presidente Germán Bush creó la “Caja Nacional de Jubilados, Pensionados y Montepíos de Periodistas”. Sin embargo, en los últimos años, se viene afirmando en la prensa que esta recordación tuvo su origen en el fusilamiento del periodista Cirilo Barragán en esta fecha en 1865, por órdenes del Presidente de facto Mariano Melgarejo, por ejercer el periodismo y criticarlo desde sus páginas. No obstante, esta afirmación es equivocada, porque Barragán no fue fusilado en esa fecha, ni por escribir en contra del flamante régimen de Melgarejo, (que derrocó tres meses antes al Presidente Achá), sino por ser uno de los cabecillas de dos revoluciones en su contra.
La fuente primaria de esas rebeliones está en el relato testimonial del Gral., abogado y futuro Presidente, Narciso Campero, que estuvo al servicio de Melgarejo en 1865 acabando desterrado en el Perú, y que escribió un libro criticando al caudillo bárbaro. (Recuerdos del regreso de Europa a Bolivia y retiro a Tacna). En el cual, relató que en marzo de 1865, cuando el Presidente Melgarejo no estaba en la ciudad de La Paz, el ex-Presidente Manuel I. Belzu ingreso el día 22 desde el Perú a esta ciudad, donde fue recibido por sus partidarios que se sublevaron y lo proclamaron presidente, estando entre los cabecillas los hermanos y abogados Alejo y Cirilo Barragán. Melgarejo que estaba en Oruro, al enterarse de esta rebelión retorno a La Paz y en el camino le dijo a Campero: “A quienes les tengo unas ganas es, a esos Barragancitos…¡Son unos malvados!”
Luego Campero narró cómo esta revolución fue sofocada cinco días después, el 27 de marzo, en una acción militar que culminó con la muerte de Belzu. Y poco tiempo después, Melgarejo se trasladó a Potosí dejando en La Paz a Campero como Prefecto. Entonces los hermanos Barragán (que no fueron apresados ni fusilados el 10 de mayo) organizaron y encabezaron una nueva revolución, que se produjó el 25 de mayo. En la que fue proclamando presidente el Cnl. Casto Arguedas que fue ascendido a general, y Alejo Barragán fue nombrado prefecto en vez de Campero. Quien relató que estuvo a punto de ser victimado por órdenes de este Barragán, pero consiguió refugiarse en la casa del Cónsul de Bélgica y escapar después de la ciudad.
Mientras tanto y según Campero, los revolucionarios paceños se aliaron con otros de Oruro que llegaron a La Paz, y en un banquete de camaradería, Cirilo Barragán efectuó un brindis ofensivo contra los orureños. Lo que originó una trifulca que fue contenida por Arguedas, que expulsó del lugar a Cirilo, que salió seguido por su hermano Alejo. Quien después trató de deponer a Arguedas y reemplazarlo por un triunvirato presidido por él, lo que más bien ocasionó que Arguedas lo destituyese de prefecto y lo deportase a los Yungas.
Esta revolución de La Paz y Oruro junto con otras que se produjeron en otras ciudades fueron sofocadas finalmente por Melgarejo en la “Batalla de las Letanías” el 24 de enero de 1866. Posteriormente, según Campero, Cirilo Barragán fue apresado en una provincia paceña y fue llevado a Oruro donde estaba Melgarejo, que lo hizo fusilar “sin figura de juicio”, (y en fecha desconocida). Su hermano Alejo, según Nicanor Aranzaes (1915), estuvo “proscrito durante la dominación (de) Melgarejo, regresando al país después de su caída. Fue electo diputado suplente por La Paz al Congreso de 1872. Decepcionado de la política se retiró a Arequipa, donde falleció en 1874”. (Según Aranzaes, estos Barragán eran paceños, hijos de un chileno y una paceña)
Cabe agregar que Campero índicó entre otras cosas, que los Barragán no eran de fiar porque no tenían respeto por la constitución como alegaban, pues habían participado antes en otras revoluciones como la de marzo de 1849 en contra del Presidente Belzu. En este sentido, Nicanor Aranzaes (1918), relató que estos hermanos Barragán fueron apresados en La Paz junto con 43 personas más por estar involucrados en otra insurrección a favor del Gral. José Ballivián que debía estallar en junio de 1848 en contra del Presidente Velasco, siendo todos liberados después.
Por otro lado, Gabriel René Moreno de padre belcista, en su libro de denuncia “Matanzas de Yáñez”, relató que durante la Dictadura de José M. Linares, el Prefecto de La Paz, José M. Santibáñez convenció a Cirilo Barragán para que escribiese un folleto contra el derrocado expresidente y yerno de Belzu, Jorge Córdova. Barragán que era su amigo de la infancia, no pudo redactar el folleto al agrado de Santibáñez, por lo que éste lo escribió, pero fue publicado con la firma de Barragán en febrero de 1859. Meses después, Barragán, en posible recompensa por este servicio, fue nombrado Fiscal del Distrito de La Paz, pero luego tuvo un altercado con el Ministro del Interior, el argentino Ruperto Fernández, por lo que renunció a su cargo en mayo de 1860.
Meses más tarde en enero de 1861, Linares fue derrocado por dos de sus ministros, (José M. Achá y Ruperto Fernández), y el Prefecto de la Paz, que conformaron un triunvirato. Luego Achá fue elegido presidente, y durante su gobierno, según Moreno, el comandante de La Paz, Crnl. Plácido Yáñez, en ausencia de Achá que estaba en Sucre, en la noche del 23 de octubre de 1861, “mandó asesinar con la fuerza pública a medio centenar de ciudadanos, que arbitrariamente había hecho encarcelar días antes a título de belcistas conspiradores”, estando entre éllos el expresidente Córdova y el hermano de Belzu, (Francisco Paula). Un mes después, la plebe paceña asaltó el palacio de gobierno donde estaba Yáñez y “ajustició al criminal con dos de sus cómplices”, en medio de una revolución a favor del Ministro del Interior Ruperto Fernández que se había quedado en Sucre. Mientras tanto, Achá retornó a La Paz, donde acusó a Fernández de ser el “instigador” de la masacre perpetrada por Yáñez. Luego esa rebelión de Fernández fue sofocada y él huyó a la Argentina.
Recién días después de la muerte de Yáñez, el 29 de noviembre, según Moreno, la matanza cometida por él fue denunciada y publicada en la prensa nacional, siendo el primero en hacerlo el flamante periódico paceño “El Juicio Público” que hizo su aparición en esa fecha para denunciar la masacre, pero dejó de publicarse cuatro meses después, el 20 de marzo de 1862. Sus propietarios y directores eran los hermanos Cirilo, Vicente y Román Barragán, (no Alejo), la redacción era firmada por otras dos personas, pero el verdadero y principal redactor era el abogado Cirilo Barragán, quien “solía ejercer cargos concejiles o municipales”.
Este periódico, al decir de Moreno, actuó como fiscal acusador de Yáñez y sus secuaces, (en consonancia con la profesión de Cirilo), siendo su color político el belcismo, pero no fue contrario al gobierno de Acha y más bien coincidió con la prensa oficialista en su “odio” contra Fernández, sindicándolo también de haber sido el instigador de Yáñez, aunque sin pruebas contundentes. (Cirilo detestaría a Fernández por el altercado que tuvo con él). Moreno puso en duda la no culpabilidad de Achá en la masacre, y relató que meses después de cerrarse el periódico de los Barragán, Cirilo “prevaricó” como demócrata, participando en la revolución sin éxito del Gral. Gregorio Pérez en contra del Presidente Constitucional Achá.
Por lo expuesto, podemos señalar que Cirilo Barragán fue un abogado de profesión, y un político inconsecuente y conflictivo que participo en varias revoluciones de diverso color político, y que ejerció eventualmente el periodismo por motivos políticos y para denunciar las matanzas de Yañez. Estuvo entre los cabecillas de dos insurrecciones contra el régimen de Melgarejo, por lo que fue fusilado, aunque sin el debido proceso. Alcides Arguedas lo consideró “atrabiliario e imprudente”.
Sin embargo, Alberto Gutiérrez, un acérrimo detractor del caudillo bárbaro, en su libro El Melgarejismo (1916), distorsionó y falseo los hechos para acrecentar sus crímenes, presentando a los hermanos Alejo y Cirilo Barragán como si solo hubiesen sido unos periodistas y redactores belcistas de “El Juicio Público” de circulación permanente que denunciaron dicha masacre, (Alejo no intervino entonces ni fungió como periodista), y que tiempo después, fueron perseguidos durante el régimen de Melgarejo. Siendo Cirilo apresado y fusilado sin trámite alguno, mientras que Alejo en su fuga encontró la muerte en “esa existencia de fiera despavorida, en el fondo de los bosques”. (Lo que es una falsedad descabellada e inadmisible).
No obstante, parte de esta distorsión de Gutiérrez, fue repetida e introducida en la historia del periodismo nacional, posiblemente de buena fé, por Gustavo Adolfo Otero en “El periodismo en América” (1946). En la cual, indica erróneamente que Alejo (sic) y Cirilo Barragán que denunciaron dichas matanzas, “se constituyeron en los periodistas representativos y defensores de las libertades” atropelladas por el régimen de Melgarejo. Quien ordeno su sañuda persecución, siendo Cirilo apresado y fusilado “en el patíbulo que se alzó para el escarnio de la libertad de prensa en la ciudad de La Paz, (sic, en Oruro) Cirilo Barragán es el mártir del periodismo boliviano de todos los tiempos, que ofreció su sangre en holocausto de sus ideas democráticas y liberales”. (Sic)
Posteriormente, estos errores históricos serían repetidos con diversos matices por otros autores, y en los últimos años, alguien agregaría imaginativamente que Cirilo Barragán fue fusilado el 10 de mayo de 1865, originado el día del periodista. Lo que es equivocado como acabamos de demostrar, pero viene siendo repetido por varios autores, que esperamos adviertan el error y lo rectifiquen.
Cabe agregar, que el periodista J. J. Toro Montoya el año pasado en este matutino (09/05) sugirió investigar los antecedentes de Barragán, (que lo hicimos), y consideró que Luís Espinal merecía mayor reconocimiento en el día de su asesinato, sin advertir que este ya es el Día del Cine Boliviano desde 2007.
*Jaime De La Fuente Patiño. Investigador de Historia.
La fuente primaria de esas rebeliones está en el relato testimonial del Gral., abogado y futuro Presidente, Narciso Campero, que estuvo al servicio de Melgarejo en 1865 acabando desterrado en el Perú, y que escribió un libro criticando al caudillo bárbaro. (Recuerdos del regreso de Europa a Bolivia y retiro a Tacna). En el cual, relató que en marzo de 1865, cuando el Presidente Melgarejo no estaba en la ciudad de La Paz, el ex-Presidente Manuel I. Belzu ingreso el día 22 desde el Perú a esta ciudad, donde fue recibido por sus partidarios que se sublevaron y lo proclamaron presidente, estando entre los cabecillas los hermanos y abogados Alejo y Cirilo Barragán. Melgarejo que estaba en Oruro, al enterarse de esta rebelión retorno a La Paz y en el camino le dijo a Campero: “A quienes les tengo unas ganas es, a esos Barragancitos…¡Son unos malvados!”
Luego Campero narró cómo esta revolución fue sofocada cinco días después, el 27 de marzo, en una acción militar que culminó con la muerte de Belzu. Y poco tiempo después, Melgarejo se trasladó a Potosí dejando en La Paz a Campero como Prefecto. Entonces los hermanos Barragán (que no fueron apresados ni fusilados el 10 de mayo) organizaron y encabezaron una nueva revolución, que se produjó el 25 de mayo. En la que fue proclamando presidente el Cnl. Casto Arguedas que fue ascendido a general, y Alejo Barragán fue nombrado prefecto en vez de Campero. Quien relató que estuvo a punto de ser victimado por órdenes de este Barragán, pero consiguió refugiarse en la casa del Cónsul de Bélgica y escapar después de la ciudad.
Mientras tanto y según Campero, los revolucionarios paceños se aliaron con otros de Oruro que llegaron a La Paz, y en un banquete de camaradería, Cirilo Barragán efectuó un brindis ofensivo contra los orureños. Lo que originó una trifulca que fue contenida por Arguedas, que expulsó del lugar a Cirilo, que salió seguido por su hermano Alejo. Quien después trató de deponer a Arguedas y reemplazarlo por un triunvirato presidido por él, lo que más bien ocasionó que Arguedas lo destituyese de prefecto y lo deportase a los Yungas.
Esta revolución de La Paz y Oruro junto con otras que se produjeron en otras ciudades fueron sofocadas finalmente por Melgarejo en la “Batalla de las Letanías” el 24 de enero de 1866. Posteriormente, según Campero, Cirilo Barragán fue apresado en una provincia paceña y fue llevado a Oruro donde estaba Melgarejo, que lo hizo fusilar “sin figura de juicio”, (y en fecha desconocida). Su hermano Alejo, según Nicanor Aranzaes (1915), estuvo “proscrito durante la dominación (de) Melgarejo, regresando al país después de su caída. Fue electo diputado suplente por La Paz al Congreso de 1872. Decepcionado de la política se retiró a Arequipa, donde falleció en 1874”. (Según Aranzaes, estos Barragán eran paceños, hijos de un chileno y una paceña)
Cabe agregar que Campero índicó entre otras cosas, que los Barragán no eran de fiar porque no tenían respeto por la constitución como alegaban, pues habían participado antes en otras revoluciones como la de marzo de 1849 en contra del Presidente Belzu. En este sentido, Nicanor Aranzaes (1918), relató que estos hermanos Barragán fueron apresados en La Paz junto con 43 personas más por estar involucrados en otra insurrección a favor del Gral. José Ballivián que debía estallar en junio de 1848 en contra del Presidente Velasco, siendo todos liberados después.
Por otro lado, Gabriel René Moreno de padre belcista, en su libro de denuncia “Matanzas de Yáñez”, relató que durante la Dictadura de José M. Linares, el Prefecto de La Paz, José M. Santibáñez convenció a Cirilo Barragán para que escribiese un folleto contra el derrocado expresidente y yerno de Belzu, Jorge Córdova. Barragán que era su amigo de la infancia, no pudo redactar el folleto al agrado de Santibáñez, por lo que éste lo escribió, pero fue publicado con la firma de Barragán en febrero de 1859. Meses después, Barragán, en posible recompensa por este servicio, fue nombrado Fiscal del Distrito de La Paz, pero luego tuvo un altercado con el Ministro del Interior, el argentino Ruperto Fernández, por lo que renunció a su cargo en mayo de 1860.
Meses más tarde en enero de 1861, Linares fue derrocado por dos de sus ministros, (José M. Achá y Ruperto Fernández), y el Prefecto de la Paz, que conformaron un triunvirato. Luego Achá fue elegido presidente, y durante su gobierno, según Moreno, el comandante de La Paz, Crnl. Plácido Yáñez, en ausencia de Achá que estaba en Sucre, en la noche del 23 de octubre de 1861, “mandó asesinar con la fuerza pública a medio centenar de ciudadanos, que arbitrariamente había hecho encarcelar días antes a título de belcistas conspiradores”, estando entre éllos el expresidente Córdova y el hermano de Belzu, (Francisco Paula). Un mes después, la plebe paceña asaltó el palacio de gobierno donde estaba Yáñez y “ajustició al criminal con dos de sus cómplices”, en medio de una revolución a favor del Ministro del Interior Ruperto Fernández que se había quedado en Sucre. Mientras tanto, Achá retornó a La Paz, donde acusó a Fernández de ser el “instigador” de la masacre perpetrada por Yáñez. Luego esa rebelión de Fernández fue sofocada y él huyó a la Argentina.
Recién días después de la muerte de Yáñez, el 29 de noviembre, según Moreno, la matanza cometida por él fue denunciada y publicada en la prensa nacional, siendo el primero en hacerlo el flamante periódico paceño “El Juicio Público” que hizo su aparición en esa fecha para denunciar la masacre, pero dejó de publicarse cuatro meses después, el 20 de marzo de 1862. Sus propietarios y directores eran los hermanos Cirilo, Vicente y Román Barragán, (no Alejo), la redacción era firmada por otras dos personas, pero el verdadero y principal redactor era el abogado Cirilo Barragán, quien “solía ejercer cargos concejiles o municipales”.
Este periódico, al decir de Moreno, actuó como fiscal acusador de Yáñez y sus secuaces, (en consonancia con la profesión de Cirilo), siendo su color político el belcismo, pero no fue contrario al gobierno de Acha y más bien coincidió con la prensa oficialista en su “odio” contra Fernández, sindicándolo también de haber sido el instigador de Yáñez, aunque sin pruebas contundentes. (Cirilo detestaría a Fernández por el altercado que tuvo con él). Moreno puso en duda la no culpabilidad de Achá en la masacre, y relató que meses después de cerrarse el periódico de los Barragán, Cirilo “prevaricó” como demócrata, participando en la revolución sin éxito del Gral. Gregorio Pérez en contra del Presidente Constitucional Achá.
Por lo expuesto, podemos señalar que Cirilo Barragán fue un abogado de profesión, y un político inconsecuente y conflictivo que participo en varias revoluciones de diverso color político, y que ejerció eventualmente el periodismo por motivos políticos y para denunciar las matanzas de Yañez. Estuvo entre los cabecillas de dos insurrecciones contra el régimen de Melgarejo, por lo que fue fusilado, aunque sin el debido proceso. Alcides Arguedas lo consideró “atrabiliario e imprudente”.
Sin embargo, Alberto Gutiérrez, un acérrimo detractor del caudillo bárbaro, en su libro El Melgarejismo (1916), distorsionó y falseo los hechos para acrecentar sus crímenes, presentando a los hermanos Alejo y Cirilo Barragán como si solo hubiesen sido unos periodistas y redactores belcistas de “El Juicio Público” de circulación permanente que denunciaron dicha masacre, (Alejo no intervino entonces ni fungió como periodista), y que tiempo después, fueron perseguidos durante el régimen de Melgarejo. Siendo Cirilo apresado y fusilado sin trámite alguno, mientras que Alejo en su fuga encontró la muerte en “esa existencia de fiera despavorida, en el fondo de los bosques”. (Lo que es una falsedad descabellada e inadmisible).
No obstante, parte de esta distorsión de Gutiérrez, fue repetida e introducida en la historia del periodismo nacional, posiblemente de buena fé, por Gustavo Adolfo Otero en “El periodismo en América” (1946). En la cual, indica erróneamente que Alejo (sic) y Cirilo Barragán que denunciaron dichas matanzas, “se constituyeron en los periodistas representativos y defensores de las libertades” atropelladas por el régimen de Melgarejo. Quien ordeno su sañuda persecución, siendo Cirilo apresado y fusilado “en el patíbulo que se alzó para el escarnio de la libertad de prensa en la ciudad de La Paz, (sic, en Oruro) Cirilo Barragán es el mártir del periodismo boliviano de todos los tiempos, que ofreció su sangre en holocausto de sus ideas democráticas y liberales”. (Sic)
Posteriormente, estos errores históricos serían repetidos con diversos matices por otros autores, y en los últimos años, alguien agregaría imaginativamente que Cirilo Barragán fue fusilado el 10 de mayo de 1865, originado el día del periodista. Lo que es equivocado como acabamos de demostrar, pero viene siendo repetido por varios autores, que esperamos adviertan el error y lo rectifiquen.
Cabe agregar, que el periodista J. J. Toro Montoya el año pasado en este matutino (09/05) sugirió investigar los antecedentes de Barragán, (que lo hicimos), y consideró que Luís Espinal merecía mayor reconocimiento en el día de su asesinato, sin advertir que este ya es el Día del Cine Boliviano desde 2007.
*Jaime De La Fuente Patiño. Investigador de Historia.
sábado, 10 de mayo de 2014
El 10 de mayo de 1865, Mariano Melgarejo mandó ejecutar al periodista Cirilo Barragán
El 10 de mayo de 1865, Mariano Melgarejo mandó ejecutar al periodista Cirilo Barragán por un artículo que molestó a su dictadura. El 10 de mayo de 1938, Germán Busch decretó el Día del Periodista. Se daba el primer paso para reconocer esta actividad como una profesión y se validaba el derecho a la jubilación. Desde aquella vez se lo celebra el 10 de mayo de cada año.
viernes, 10 de mayo de 2013
HISTORIA DEL DERECHO A INFORMAR Día del Periodismo: 75 años de institucionalidad en Bolivia
Los periodistas de Bolivia celebran hoy su 75 aniversario, en una historia que se caracterizó siempre por la lucha del derecho a la libertad de expresión y de información contrapuesta con los intereses del poder.
Tradicionalmente, se menciona como punto de partida para el homenaje el decreto del 10 de mayo de 1938, que confiere a los periodistas jubilados los primeros beneficios sociales y que, en su Artículo 3 (lo más importante para el sector), reconoce el ejercicio del periodismo como un “trabajo intelectual” al servicio de agencias de información sujeto a sueldo.
Sin embargo, la historia se remonta hasta una fecha menos grata para el gremio, cuando el 10 de mayo de 1865, el entonces presidente Mariano Melgarejo ordenaba la ejecución del periodista Cirilo Barragán, por haber criticado desde sus páginas el régimen militar.
Posteriormente, en 1938, atendiendo a una iniciativa de la Delegación Boliviana y la VI Conferencia Internacional Americana, el presidente Germán Busch decretó aprobar por unanimidad la creación de la Caja Nacional de Jubilados, Pensionistas y Montepíos de periodistas con sede en La Paz, además de la elección de un directorio para administrar los recursos de su Caja.
Asimismo, vio por conveniente profesionalizar el periodismo en Bolivia, otorgándoles derechos y garantías de carácter social que hasta la actualidad no llegaron a cumplirse.
El Día del Periodista se instituyó mediante Ley del 16 de noviembre de 1938, y el decreto de Busch se formalizó recién en 1943.
Aunque se tratan de los primeros pasos para la institucionalización y aunque Gabriel García Márquez se haya dignado de darle la denomiación de "El mejor oficio del mundo", en los hechos, en Bolivia, sigue siendo eso: sólo un oficio.
El periodismo recién es reconocido como profesión mediante la Ley 494, del 29 de diciembre de 1979, durante la presidencia de la Junta Militar, sobre la base del proyecto de ley del 18 de diciembre de ese año, reglamentado por normas de jerarquía inferior hasta la aprobación y promulgación del Estatuto Orgánico del Periodista, mediante el Decreto Supremo 20225 del 9 de mayo de 1984 por el presidente Hernán Siles Zuazo.
Esa normativa estableció que para ser profesional de periodismo había que ejercer una carrera universitaria, mientras que aquellas personas que hubieran ejercido el oficio durante más de 10 años serían reconocidas como profesionales, siempre que demostraran su idoneidad.
A estos hechos, hay que mencionar como otras fechas significativas, el 17 de julio de 1920, cuando nace el reglamento de imprenta, posteriormente elevado a rango de ley (1925).
Aniversario marcado por la falta de libertad de prensa
El 75 aniversario del Día del Periodista en Bolivia encuentra al gremio sumergido en una situación cada vez menos favorable con relación al ejercicio del derecho a la libertad de prensa, según lo establece el último informe de la organización internacional Reporteros Sin Fronteras.
Según el informe, hasta antes de 2006, Bolivia se ubicaba entre los primeros 50 puestos del mundo en libertad de prensa.
Este año se ubica en el puesto 109 de una lista de 179 países, lo que devela una caída sostenida desde la asunción de Evo Morales.
"Bolivia, país en que algunos medios de comunicación fueron blanco de atentados espectaculares (ataques con dinamita, incendios provocados) y donde la polarización pesa tanto a escala nacional como local. Marcado por un año de gran tensión entre el Gobierno y los principales sectores de la prensa privada", dice la breve reseña que dedica a Bolivia el informe 2013 de RSF.
LEGISLACIÓN
• El 17 de julio de 1920 se promulga el decreto supremo que aprueba el Reglamento de Imprenta.
• El 19 de enero de 1925, se eleva el reglamento a ley.
• El 29 de diciembre de 1979 se reconoce mediante ley la profesión del periodismo.
• El 9 de mayo de 1984 se aprueba el Estatuto Orgánico del Periodismo.
• El 10 de marzo de 1991, la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia aprueba su Código de Ética.
• El 19 de julio de 2009, su estatuto orgánico.
HISTORIA
Algunos hitos en la historia de Bolivia sobre periodismo, extractados de un artículo de Wilson García Mérida:
1826: Sucre impone una ley condenando “abusos de la libertad de imprenta” y estableciendo penas de cárcel y destierro.
1834: El Código Penal de Andrés de Santa Cruz flexibiliza la ley de Sucre y sienta las bases coercitivas de la actual Ley de Imprenta.
1851: Belzu garantiza derechos de periodistas de fiscalizar actos de la administración púbica.
1858: La dictadura de José María Linares prohíbe a la prensa fiscalizar la administración pública.
1861: La Asamblea Constituyente deroga los decretos de Linares y sienta bases de la futura ley de imprenta. Raya límites de actividades privadas y públicas.
1881: Narciso Campero ordena que diarios tengan garante solvente para casos de juicio.
1888: Aniceto Arce elimina jurados de imprenta y dispone cárcel preventiva a periodistas enjuiciados.
1900: José Manuel Pando repone los jurados.
1918: José Gutiérrez Guerra vuelve a eliminar los jurados por considerarlos “impracticables”.
1920: Bautista Saavedra repone el jurado.
1925: El reglamento de imprenta es elevado a rango de ley.
Tradicionalmente, se menciona como punto de partida para el homenaje el decreto del 10 de mayo de 1938, que confiere a los periodistas jubilados los primeros beneficios sociales y que, en su Artículo 3 (lo más importante para el sector), reconoce el ejercicio del periodismo como un “trabajo intelectual” al servicio de agencias de información sujeto a sueldo.
Sin embargo, la historia se remonta hasta una fecha menos grata para el gremio, cuando el 10 de mayo de 1865, el entonces presidente Mariano Melgarejo ordenaba la ejecución del periodista Cirilo Barragán, por haber criticado desde sus páginas el régimen militar.
Posteriormente, en 1938, atendiendo a una iniciativa de la Delegación Boliviana y la VI Conferencia Internacional Americana, el presidente Germán Busch decretó aprobar por unanimidad la creación de la Caja Nacional de Jubilados, Pensionistas y Montepíos de periodistas con sede en La Paz, además de la elección de un directorio para administrar los recursos de su Caja.
Asimismo, vio por conveniente profesionalizar el periodismo en Bolivia, otorgándoles derechos y garantías de carácter social que hasta la actualidad no llegaron a cumplirse.
El Día del Periodista se instituyó mediante Ley del 16 de noviembre de 1938, y el decreto de Busch se formalizó recién en 1943.
Aunque se tratan de los primeros pasos para la institucionalización y aunque Gabriel García Márquez se haya dignado de darle la denomiación de "El mejor oficio del mundo", en los hechos, en Bolivia, sigue siendo eso: sólo un oficio.
El periodismo recién es reconocido como profesión mediante la Ley 494, del 29 de diciembre de 1979, durante la presidencia de la Junta Militar, sobre la base del proyecto de ley del 18 de diciembre de ese año, reglamentado por normas de jerarquía inferior hasta la aprobación y promulgación del Estatuto Orgánico del Periodista, mediante el Decreto Supremo 20225 del 9 de mayo de 1984 por el presidente Hernán Siles Zuazo.
Esa normativa estableció que para ser profesional de periodismo había que ejercer una carrera universitaria, mientras que aquellas personas que hubieran ejercido el oficio durante más de 10 años serían reconocidas como profesionales, siempre que demostraran su idoneidad.
A estos hechos, hay que mencionar como otras fechas significativas, el 17 de julio de 1920, cuando nace el reglamento de imprenta, posteriormente elevado a rango de ley (1925).
Aniversario marcado por la falta de libertad de prensa
El 75 aniversario del Día del Periodista en Bolivia encuentra al gremio sumergido en una situación cada vez menos favorable con relación al ejercicio del derecho a la libertad de prensa, según lo establece el último informe de la organización internacional Reporteros Sin Fronteras.
Según el informe, hasta antes de 2006, Bolivia se ubicaba entre los primeros 50 puestos del mundo en libertad de prensa.
Este año se ubica en el puesto 109 de una lista de 179 países, lo que devela una caída sostenida desde la asunción de Evo Morales.
"Bolivia, país en que algunos medios de comunicación fueron blanco de atentados espectaculares (ataques con dinamita, incendios provocados) y donde la polarización pesa tanto a escala nacional como local. Marcado por un año de gran tensión entre el Gobierno y los principales sectores de la prensa privada", dice la breve reseña que dedica a Bolivia el informe 2013 de RSF.
LEGISLACIÓN
• El 17 de julio de 1920 se promulga el decreto supremo que aprueba el Reglamento de Imprenta.
• El 19 de enero de 1925, se eleva el reglamento a ley.
• El 29 de diciembre de 1979 se reconoce mediante ley la profesión del periodismo.
• El 9 de mayo de 1984 se aprueba el Estatuto Orgánico del Periodismo.
• El 10 de marzo de 1991, la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia aprueba su Código de Ética.
• El 19 de julio de 2009, su estatuto orgánico.
HISTORIA
Algunos hitos en la historia de Bolivia sobre periodismo, extractados de un artículo de Wilson García Mérida:
1826: Sucre impone una ley condenando “abusos de la libertad de imprenta” y estableciendo penas de cárcel y destierro.
1834: El Código Penal de Andrés de Santa Cruz flexibiliza la ley de Sucre y sienta las bases coercitivas de la actual Ley de Imprenta.
1851: Belzu garantiza derechos de periodistas de fiscalizar actos de la administración púbica.
1858: La dictadura de José María Linares prohíbe a la prensa fiscalizar la administración pública.
1861: La Asamblea Constituyente deroga los decretos de Linares y sienta bases de la futura ley de imprenta. Raya límites de actividades privadas y públicas.
1881: Narciso Campero ordena que diarios tengan garante solvente para casos de juicio.
1888: Aniceto Arce elimina jurados de imprenta y dispone cárcel preventiva a periodistas enjuiciados.
1900: José Manuel Pando repone los jurados.
1918: José Gutiérrez Guerra vuelve a eliminar los jurados por considerarlos “impracticables”.
1920: Bautista Saavedra repone el jurado.
1925: El reglamento de imprenta es elevado a rango de ley.
10 de mayo: Día del Periodista
El Día del Periodista Boliviano se conmemora cada 10 de mayo, desde la dictación del Decreto Supremo de 1938, cuando el entonces presidente Germán Busch reconoció la labor de los trabajadores de la información en concordancia con de la Delegación Boliviana y la VI Conferencia Internacional Americana que también asumieron la necesidad de brindar una jubilación digna a los periodistas.
Los periodistas fueron considerados entonces como impulsores de la cultura, del progreso colectivo, de la enseñanza y el beneficio a la sociedad.
Un antecedente sobre esta fecha histórica se dio a partir del régimen de Mariano Melgarejo, acostumbrado a vulnerar los derechos humanos mediante ejecuciones públicas de sus detractores militares y políticos.
El 10 de diciembre de 1865, el dictador embriagado de poder, decidió mandar a fusilar al periodista Cirilo Barragán. Más tarde fallecía otro periodista de la época, Néstor Galindo que fueron parte de la era previa a la Guerra del Pacífico, donde se constituyeron matutinos como El Cholo, La Bandera Boliviana, El Constitucional de Sucre, La Discusión, La Patria, La Esperanza, El Eco de Bolivia, El Juicio Público, La Aurora Literaria, La Reforma, El Comercio y El Siglo Ilustrado, según cita el autor de la Enciclopedia de Periodismo, Armando Piñeiro.
Los periodistas fueron considerados entonces como impulsores de la cultura, del progreso colectivo, de la enseñanza y el beneficio a la sociedad.
Un antecedente sobre esta fecha histórica se dio a partir del régimen de Mariano Melgarejo, acostumbrado a vulnerar los derechos humanos mediante ejecuciones públicas de sus detractores militares y políticos.
El 10 de diciembre de 1865, el dictador embriagado de poder, decidió mandar a fusilar al periodista Cirilo Barragán. Más tarde fallecía otro periodista de la época, Néstor Galindo que fueron parte de la era previa a la Guerra del Pacífico, donde se constituyeron matutinos como El Cholo, La Bandera Boliviana, El Constitucional de Sucre, La Discusión, La Patria, La Esperanza, El Eco de Bolivia, El Juicio Público, La Aurora Literaria, La Reforma, El Comercio y El Siglo Ilustrado, según cita el autor de la Enciclopedia de Periodismo, Armando Piñeiro.
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