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sábado, 22 de diciembre de 2018

LEY N° 1052 - Declárese Héroe Nacional a Eustaquio Méndez Arenas más conocido como “Moto Méndez”

LEY N° 1052
LEY DE 04 DE ABRIL DE 2018
EVO MORALES AYMA
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA
Por cuanto, la Asamblea Legislativa Plurinacional, ha sancionado la siguiente Ley:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA PLURINACIONAL,
DECRETA:
ARTÍCULO 1. Declárese Héroe Nacional a Eustaquio Méndez Arenas más conocido como “Moto Méndez”, líder guerrillero que lucho en varias batallas en Tarija y el Sur del País, entre ellas la Batalla de “La Tablada de Tolomosa”, contribuyendo con su lucha a la Independencia del Alto Perú, actual Estado Plurinacional de Bolivia.
ARTÍCULO 2. El Órgano Ejecutivo a través del Ministerio de Culturas y Turismo, y del Ministerio de Educación, en coordinación con el Gobierno Autónomo Departamental de Tarija y el Gobierno Autónomo Municipal de San Lorenzo, en el marco de sus competencias, implementarán políticas públicas de recuperación y conservación de la memoria histórica, investigación, promoción y difusión de la vida y los hechos de Eustaquio Méndez Arenas.
Remítase al Órgano Ejecutivo para fines constitucionales.
Es dada en la Sala de Sesiones de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a los veintisiete días del mes de marzo del año dos mil dieciocho.
Fdo. Lineth Guzmán Wilde , Efraín Chambi Copa, Patricia M. Gómez Andrade, Alicia Canqui Condori, Sebastián Texeira Rojas.
Por tanto, la promulgo para que se tenga y cumpla como Ley del Estado Plurinacional de Bolivia.
Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz, a los cuatro días del mes de abril del año dos mil dieciocho.
FDO. EVO MORALES AYMA, Alfredo Rada Vélez , Wilma Alanoca Mamani.

martes, 27 de noviembre de 2018

LEY N° 1018 - Se declara Héroe Nacional al Coronel de Milicias Patrióticas Manuel Ascencio Padilla Gallardo

LEY N° 1018
LEY DE 26 DE DICIEMBRE DE 2017
EVO MORALES AYMA
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA
Por cuanto, la Asamblea Legislativa Plurinacional, ha sancionado la siguiente Ley:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA PLURINACIONAL,
DECRETA:
ARTÍCULO 1. Se declara Héroe Nacional al Coronel de Milicias Patrióticas Manuel Ascencio Padilla Gallardo, por ofrendar su vida, demostrar su valor y su lucha inclaudicable en las batallas libradas por la independencia de Charcas (Alto Perú), actual Estado Plurinacional de Bolivia.
ARTÍCULO 2. El Órgano Ejecutivo a través de los ministerios de Culturas y Turismo, y de Educación, en coordinación con el Gobierno Autónomo Departamental de Potosí y el Gobierno Autónomo Municipal de Ravelo, en el marco de sus atribuciones y competencias, implementarán políticas públicas de promoción y difusión con fines educativos, culturales e históricos respecto a la trayectoria del Coronel de Milicias Patrióticas Manuel Ascencio Padilla Gallardo.
 
Remítase al Órgano Ejecutivo para fines constitucionales.
Es dada en la Sala de Sesiones de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a los veinte días del mes de diciembre del año dos mil diecisiete.
Fdo. José Alberto Gonzales Samaniego, Lilly Gabriela Montaño Viaña, Patricia M. Gómez Andrade, María Argene Simoni Cuellar, Gonzalo Aguilar Ayma, Sebastián Texeira Rojas.
Por tanto, la promulgo para que se tenga y cumpla como Ley del Estado Plurinacional de Bolivia.
Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz, a los veintiséis días del mes de diciembre del año dos mil diecisiete.
FDO. EVO MORALES AYMA, René Martínez Callahuanca, Roberto Iván Aguilar Gómez, Wilma Alanoca Mamani.

martes, 16 de octubre de 2018

LEY N° 946 LEY DE 10 DE MAYO DE 2017 EVO MORALES AYMA PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA

LEY N° 946
LEY DE 10 DE MAYO DE 2017
EVO MORALES AYMA
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA
Por cuanto, la Asamblea Legislativa Plurinacional, ha sancionado la siguiente Ley:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA PLURINACIONAL,
DECRETA:
ARTÍCULO 1. Se declara Héroe Nacional del Estado Plurinacional de Bolivia, al Poeta y Líder Indígena Juan Wallparrimachi Mayta, en memoria y justo reconocimiento a su lucha en la Guerra de la Independencia de Bolivia.
ARTÍCULO 2. El Órgano Ejecutivo a través de los Ministerios de Culturas y Turismo, y de Educación, en coordinación con las Entidades Territoriales Autónomas correspondientes, en el marco de sus atribuciones y competencias respectivamente, implementará políticas públicas de promoción y difusión con fines educativos, culturales e históricos de la trayectoria de Juan Wallparrimachi Mayta.
 
Remítase al Órgano Ejecutivo para fines constitucionales.
Es dada en la Sala de Sesiones de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a los cuatro días del mes de mayo del año dos mil diecisiete.
Fdo. José Alberto Gonzales Samaniego, Lilly Gabriela Montaño Viaña, Patricia M. Gómez Andrade, María Argene Simoni Cuellar, Gonzalo Aguilar Ayma, Dulce María Araujo Domínguez.
Por tanto, la promulgo para que se tenga y cumpla como Ley del Estado Plurinacional de Bolivia.
Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz, a los diez días del mes de mayo del año dos mil diecisiete.
FDO. EVO MORALES AYMA, René Martínez Callahuanca, Roberto Iván Aguilar Gómez, Wilma Alanoca Mamani.

lunes, 8 de octubre de 2018

LEY N° 930 - Se declara Héroe Nacional, al “Cnl. Vizente Camargo”, líder guerrillero

LEY N° 930
LEY DE 27 DE ABRIL DE 2017
EVO MORALES AYMA
PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA
Por cuanto, la Asamblea Legislativa Plurinacional, ha sancionado la siguiente Ley:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA PLURINACIONAL,
DECRETA:
Artículo Único.
I.            Se declara Héroe Nacional, al “Cnl. Vizente Camargo”, líder guerrillero que luchó por la Independencia de Bolivia.
II.          El nivel central del Estado, en coordinación con el Gobierno Autónomo Departamental de Chuquisaca y el Gobierno Autónomo Municipal de Camargo, en el marco de sus competencias, implementarán políticas de promoción de la vida, lucha y conducta valerosa de este patriota guerrillero, así como de la difusión de los lugares históricos relacionados con este personaje.
Remítase al Órgano Ejecutivo para fines constitucionales.
Es dada en la Sala de Sesiones de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a los veinticuatro días del mes de abril del año dos mil diecisiete.
Fdo. José Alberto Gonzales Samaniego, Lilly Gabriela Montaño Viaña, Omar Paul Aguilar Condo, Patricia M. Gómez Andrade, Gonzalo Aguilar Ayma, Sebastián Texeira Rojas.
Por tanto, la promulgo para que se tenga y cumpla como Ley del Estado Plurinacional de Bolivia.
Palacio de Gobierno de la ciudad de La Paz, a los veintisiete días del mes de abril del año dos mil diecisiete.

FDO. EVO MORALES AYMA, René Martínez Callahuanca, Reymi Luis Ferreira Justiniano, Wilma Alanoca Mamani

sábado, 3 de febrero de 2018

Historia Las casacas de Goyeneche

No se sabe a punto fijo cuántas fueron; hay quien habla de cinco o seis, esto es, de cinco o seis mudanzas de posición política efectuadas en el transcurso de poco tiempo por el tristemente afamado brigadier José Ma-

nuel de Goyeneche, conde de Huaqui.

En algunas historias publicadas la condenación de Goyeneche suele ser menos violenta; pero no parece posible que haya bencina suficiente para lavar su casaca fernandina, española, antiamericana, de toda la sangre que la mancha. Es verdad que no fue el único responsable de la tremenda represión de la revolución paceña de 1809. Fue americano, arequipeño, y su crueldad y dureza en la dicha represión aparecieron al criterio de los patriotas dobladas por la traición.

No fue tampoco el único americano que tomó las armas por el rey; su acción fue, empero, de-masiado destacada para que su recuerdo se perdiese paulatinamente, hasta la extinción, en la memoria de las gentes.

En 1811, ya no fue vencedor tan implacable como dos años antes, y Pueyrredón podía llamarle “amigo de mi corazón”. El mismo Goyene-che se jactó de haber enjugado con sus propios pañuelos la sangre de los heridos patriotas, y se indignó de que en Buenos Aires se le llamase monstruo americano, por considerar injusto el calificativo; todo fue y sigue siendo inútil: el monstruo americano tendrá, a lo que parece, perdurable existencia en la historia de la guerra de la Independencia.

En lo que mira a las casacas, al margen de Goyeneche, personaje histórico hubo que se puso, además, la portuguesa y la brasileña, y si no tiene estatua, es posible que la tenga; pero nadie lo recuerda, y tal vez es mejor; mas Goye-neche, fuera del nefando delito de ser americano, verdugo de americanos, tuvo para algunos historiadores bolivianos, René Moreno, por ejemplo, el pecado capital de haber invadido el Alto Perú con soldados bajoperuanos, y para otros, como el señor Groussac, tiene tantos y tan diversos que ni su amistad con Liniers le salva.

Casi todos los historiadores americanos aseguran que Goyeneche recibió en Madrid instrucciones de Murat para venir a América a predicar la cruzada francesa, bonapartista, y que con las credenciales del gran duque de Berg en el bolsillo fue a Sevilla a pedir la representación de la Junta Supre-ma de España e Indias.

Murat, sabedor de la importancia que los españoles daban a la conservación de las colonias, escribió a Napoleón el 25 de mayo: “Todo el mundo se ofrecía para ir allá (a las colonias) para inducirlas a permanecer fieles a la metrópoli”; es posible, y aun probable, que Goyeneche fuese uno de los que se ofrecieron, y que se le diesen las credenciales pertinentes; pero los documentos faltan, no se ha dado con ninguno que alegar como prueba irrecusable de la acusación.

En cuanto a la acusación misma, no es, a la verdad, de mucho valor, por cuanto no sólo Goyeneche sino la inmensa ma-yoría de los españoles y de los americanos residentes en la península, empezando por los altos cuerpos del Estado y las autoridades militares superiores, aceptaron los convenios de Bayona como legítimos, así no fuese sino para evitar mayores males, como más de uno alegó después. Nada de insólito, por lo tanto, en la actitud de Goyeneche al aceptar, o solicitar, la misión de venir a América a predicar la cruzada bonapartista. Ocu-rrió ello en mayo de 1808, y en estas materias es indispensable tener debida cuenta las fechas.

Ya tiene Goyeneche en el bolsillo la credencial muratiana; sale de Madrid, no se sabe bien si a Sevilla o a Cádiz, y cuando llega a la capital andaluza se encuentra con la novedad del levantamiento popular y la formación de la Junta Suprema, desconocedora de todo lo que en Madrid y en casi todo el resto de España ha sido aceptado. El bonapartismo de Goyeneche no resiste a la invitación que bien puede llamarse patriótica de los nuevos hechos, logra que la Junta lo nombre su representante en los Virreinatos del Perú y del Río de la Plata, para defender la causa de Fernando VII, en cuyo favor no tardarán en pronunciarse con el ma-yor entusiasmo las poblaciones de la América en-tera. No hemos logrado dar con las instrucciones secretas de la Junta a Goyeneche, que en alguna parte existirán; parece, empero, natural que la Jun-ta, en vista de la actitud de las altas corporaciones y autoridades militares de España, temiese que las de América aceptasen también los convenios de Bayona y reconociesen a José como rey, e instruyese a su enviado en el sentido de que aquí se hiciese lo que en la Península: que se organizasen Juntas de Gobierno por provincias para defender la causa del rey cautivo, tanto más necesario ello en Buenos Aires, a juicio de la Junta, cuanto que el virrey era francés.

Ya se vio que la primera casaca de Goyeneche, la bonapartista, fue, si la hubo, una casaca lógica; no menos lógica aparece la segunda, la casaca juntista o fernandista. No procedieron en otra for-ma los muchísimos súbditos de Fernando VII que fueron abandonando a José a medida que su fuerza se iba debilitando, con la circunstancia favorable, en el caso considerado, de que el abandono fue en la primera hora antes de Bailén, cuando el poder de Napoleón en España parecía invencible.

Embarcase Goyeneche con la credencial de la Junta de Sevilla, y llega a Montevideo precisamente en los días en que Elio se alzaba contra la autoridad de Liniers y pensaba formar una Junta. El delegado de Sevilla cumple las instrucciones que es de suponer traía, y aplaude la idea de formación de una Junta; mas no sin decir que la proclama de Liniers, del 15 de agosto, no estaba mala, pues el virrey no sabía lo que pasaba en España. Rendido ese cable a la otra orilla del Plata, en donde ocurrían cosas que no podía apreciar bien por lo que le decían en Montevideo, Goyeneche –y por ello también se le han hecho cargos– exalta el pa-triotismo de la población como lo habría hecho cualquiera: asegurando que Inglaterra se aliaría con España y que la victoria final de los españoles era cuestión de poco tiempo. Lo sorprendente e inexplicable habría sido que procediese en otra for-ma. Goyeneche se embarca, pues, para Buenos Aires después de haber prometido lo que no podía dejar de prometer: que propiciaría el régimen de Juntas. No lo hizo, sino todo lo contrario, y es lo que, en primer término, no le perdonan ciertos historiadores uruguayos.

Que Goyeneche fuese zonzo, es lo que nadie ha dicho; y como no era zonzo, a la primera entrevista que tuvo con Liniers y con las otras altas autoridades del Virreinato comprendió que la situación en Bue-nos Aires no era la misma que en Montevideo y se en-tendió a maravilla con el vi-rrey. Y en este punto se lle-ga, siempre haciendo versos, es decir, sin la documentación indispensable, a puntos muy interesantes. La buena inteligencia del virrey y del delegado de Sevilla aparece evidente en todas las historias, como aparece evidente que Liniers representaba las ideas y aspiraciones de los criollos, los fu-turos patriotas.

¿Por qué, entonces, no tener en cuenta esa circunstancia? Si en agosto y septiembre de 1808 la política de Goyeneche estuvo de acuerdo con la de los criollos, ello quiere decir que aquél se rindió a las razones de éstos, y de ahí, sin duda, que el deán Fu-

nes llamase a Goyeneche “leal americano que llenaba a su patria de la más dulce consolación”, co-

mo recuerda Mendiburu en un pasaje que no he-mos visto citado en las historias de esos sucesos. Si los de Montevideo quedaron descontentos e irritados con Goyeneche, y hasta intentaron hacerle daño en España, en Buenos Aires Liniers y los criollos se mostraron satisfechísimos con él, no siendo de creer que fuesen el uno y los otros tan poco perspicaces que no se diesen cuenta de que, como asegura Saguí –también haciendo versos, es decir, sin documentos– intrigaba con Alzaga y sus amigos para sacarles dinero. Y de pasada: si Goyeneche había sido reconocido como representante de la Junta de Sevilla, y la Junta reconocida como autoridad superior de España y las Indias, el gobierno de Buenos Aires estaba obligado a proporcionarle los recursos del caso para el cumplimiento de su misión. Además, si Goyeneche era rico, como todos los historiadores dicen, ¿para qué se metería en intrigas peligrosas con el fin de obtener dinero, que el comercio criollo de Buenos Aires le podía prestar sin inconveniente, antes con gus-to?

Y ya estamos en la casaca carlotina de nuestro hombre. Primera duda: ¿en dónde se puso esa ca-saca? Historiadores muy meticulosos, y otros que no lo fueron tanto, afirman que en Río de Janeiro, capital de donde Goyeneche, dicen, paró en el via-je de Cádiz a Montevideo. Hasta que René More-no habló, faltaban los documentos; pero el historiador boliviano dejó probado sin lugar a la menor duda que Goyeneche no estuvo en Río de Janeiro, y que la ca-saca carlotina la encontró y se la puso en Buenos Aires. Dijo más aun ese erudito escritor: fue Goyeneche “agente para que la carlota birlase el Virreinato a su hermano Fernando VII; pues dicho comandante (Cortés el de la “Carmen”, el buque en que Goyene-che había venido) esos días iba a Río de Janeiro a negociar, como lo hizo, esta anexión por cuenta de Li-

niers y de Goyeneche. Esto a ha sido hasta aquí ignorado por los historiadores del Río de la Plata. Tengo en este instante a la vista una carpeta de papeles de Cor-tés que así lo demuestran concluyentemente”.

Goyeneche fue, efectivamente, carlotino, tanto, que en 1812 propuso a Pueyrredón, para hacer cesar la guerra, la regencia de la Infanta. A pesar de ello, Abascal, anticarlotino notorio, le nombró presidente del Cusco y le confió las expediciones de 1809 y de 1811.

Sólo después empezó a desconfiar de él, más no precisamente por carlotino, sino por americano. Por ahora, nos limitaremos a recordar que en lo relativo a Goyeneche fue el cargo –entregarnos a los portugueses, decían– que con más insistencia le hicieron los oidores de Chuquisaca y los que con ellos estuvieron en la revolución de mayo de 1809.

Fueron esos oidores los únicos que se negaron a reconocerle como representante de la Junta de Sevilla, reconocimiento que sin inconveniente hi-cieron ambos virreyes y demás audiencias del Vi-

rreinato. A ellos se refería Pueyrredón cuando escribía a Goyeneche: “Los europeos del Tribunal de Charcas que tuvieron la insolente desvergüenza de expresar su resentimiento porque no hubiese con su honroso encargo un zapatero español, antes que un caracterizado americano”. Véase, así, que con la excepción de la Audiencia de Charcas, Go-

yeneche llenó cumplidamente el principal objeto de su misión: el reconocimiento de la Junta de Sevilla como autoridad superior en España y las Indias, misión nada fácil, dadas las circunstancias.

Los argumentos que se le hicieron en Buenos Aires para que abandonase la política juntista que había propiciado en Montevideo, debieron de ha-ber sido pues, bastante convincentes, y estuvieron de acuerdo con los propósitos posteriores de los gobernantes de España, que concluyeron por dejar que la Junta de Montevideo desapareciese del es-cenario sin hacer ruido.

No faltará por supuesto, quienes crean que lo que va escrito tiene por objeto defender a Goyene-che de los cargos que le hicieron acreedor al nada envidiable calificativo de monstruo americano. Na-

da de eso. Sólo se trata de dejar establecido que en el incidente de la casaca bonapartista no se han hecho valer documentos que prueben que tu-

vo comisión de Murat para el Río de la Plata; y que, en caso de haberla tenido, su pecado no fue más grave que el que innumerables españoles, con el único Borbón que había quedado en la Pe-

nínsula a la cabeza, cometieron al aceptar los convenios de Bayona.

De igual suerte, se ha querido señalar la inadvertencia en que incurren los que, sin documentación probatoria alguna, siguen sosteniendo que Goyeneche se puso en Río de Janeiro la casaca carlotina, siendo que se la encontró y se la puso en Buenos Aires, a donde los llamados “pliegos del Brasil” llegaron algunos días después que él, que no estuvo en 1808 en Río. La misión de Cortés y Cerdán, enviada a esa capital con el beneplácito de Liniers y probablemete de los criollos carlotinos de esos días, no ha sido tenida en cuenta por los historiadores que han escrito después de René Moreno, y de ahí el insistir en la inadvertencia.

Goyeneche, como se ha visto, seguía siendo carlotino cuando ya no quedaban, o casi no quedaban en Buenos Aires partidarios de la Infanta, y puede pensarse que no fue leal a su jefe, Abascal, cuando proponía a Pueyrredón la re-gencia de la Carlota, incidente ya recordado; más los cargos que le hicieron los oidores de Charcas pierden mucho de su valor cuando se recuerda que lo primero en que pensaron fue en ponerse de acuerdo con Elío: no querían tampoco combatir el ya inofensivo carlotismo cuanto tomar el mando político del Alto Perú, vieja inclinación de esa Au-

diencia. Naturalmente, los oidores iban contra la política de Liniers, a quien apoyaban los criollos, de manera que estos no perdieron la estimación que habían demostrado el año anterior a Goyene-che, sino cuando éste llevó a cabo la sangrienta represión de la revolución de La Paz, con que em-pezó su siniestra fama, más ennegrecida aun co-

mo consecuencia de la campaña de 1811, todo lo cual no impidió que Pueyrredón primero y Belgrano después, iniciasen con él negociaciones de arreglo, valiendo la pena recordar, respecto a las del segundo, que en los mismos días Goyeneche es-cribía a Abascal, cada vez más desconfiado, acerca de la conveniencia de una transacción con los patriotas, según lo apunta el general Mitre.

El de las casacas de Goyeneche no es, como cualquiera pueda advertirlo, asunto histórico de grande ni siquiera de mediana importancia; para los hispa-americano será siempre personaje antipático y merecedor de las más severas condenaciones; aun cuando no hubiese tenido sino una casaca, la fernandina, nuestro juicio a su respecto serían fundamentalmente el mismo. Por otra parte, la mudanza de casacas políticas fue hasta cierto punto un mal de la época, como de todas las épocas turbadas e inseguras.

Los sastres de tales casacas han debido de te-ner siempre un trabajo abrumador.

Tomado de LA NACIÓN de Buenos Aires.


martes, 12 de diciembre de 2017

Del 10 al 17 de diciembre de 1830 Los últimos días de Bolívar

(Parte sustancial)

Bolívar llegó en el bergantín Manuel a Santa Marta en estado de postración la noche del 1 de diciembre de 1830, tras una penosa travesía por el río Magdalena des-de Bogotá y a pesar del buen clima y las atenciones recibidas, su salud empeoró a los pocos días, teniendo algunos momentos de lucidez que le permitieron dictar su testamento y su última proclama, clamando porque su muerte por lo menos permitiera la reconciliación entre sus compatriotas, la desaparición de las ambiciones políticas y lo más importante, salvar la unidad de la Gran Colombia.

Días antes, también había escrito una carta de despedida a ese gran amor parisino que a pesar de la enorme distancia mantuvo con Fanny de Villars, una carta que significó un hermoso poema de amor.

TESTAMENTO DEL LIBERTADOR, HACIENDA DE SAN PEDRO, SANTA MARTA, 10 DE DICIEMBRE DE 1830

En nombre de Dios Todopoderoso. Amén. Yo, Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legítimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María Concep-ción Palacios, difuntos, vecinos que fueron de dicha ciudad, hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatísima y San-tísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte, como católico fiel cristiano, para estar prevenido cuando la mía me llegue con disposición testamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

1. Primeramente encomiendo mi alma a Dios nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis albaceas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y estén prevenidas por el gobierno.

2. Declaro: fui casado legalmente con la Sra. Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tu-vimos hijo alguno.

3. Declaro: que cuando contrajimos matrimonio, me referida esposa, no introdujo a él ninguna dote, ni otros bienes, y yo introduje todo cuanto heredé de mis padres.

4. Declaro: que no poseo otros bienes más que las tierras y minas de Aroa, situadas en la Pro-vincia de Carabobo, y unas alhajas que constan en el inventario que debe hallarse entre mis pa-peles, las cuales existen en poder del Sr. Juan de Francisco Martín, vecino de Cartagena.

5. Declaro: que solamente soy deudor de cantidad de pesos a los señores Juan de Francisco Martín y Poules y Compañía, y prevengo a mis albaceas que estén y pasen por las cuentas que dichos señores presenten y las satisfagan de mis bienes.

6. Es mi voluntad: que la medalla que me presentó el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto, que aún en mis últimos momentos conservo a aquella República.

7. Es mi voluntad: que las dos obras que me regaló mi amigo el Sr. Gral. Wilson, y que pertenecieron antes a la biblioteca de Napo-león tituladas “El Contrato Social” de Rousse-au y “El Arte Militar” de Montecuculi, se entreguen a la Universidad de Caracas.

8. Es mi voluntad: que de mis bienes se le den a mi fiel mayordomo José Palacios la cantidad de ocho mil pesos, en renumeración a su constantes servicios.

9. Ordeno que los papeles que se hallan en poder del Sr. Pavageau, se quemen.

10. Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal.

11. Mando a mis albaceas que la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva a su viuda para que la conserve, como una prueba de amor que siempre he profesado al expresado Gran Mariscal.

12. Mando a mis albaceas se den las gracias al Sr. Gral. Roberto Wilson por el buen comportamiento de su hijo el Coronel Belford Wilson, que tan fielmente me ha acompañado hasta los últimos momentos de mi vida.

13. Para cumplir y pagar este mi testamento y el contenido, nombro por mis albaceas testamentarios, fideicomisarios, tenedores de bienes, a los Srs. Gral. Pedro Briceño Mén-dez, Juan de Francisco Martín, Dr. Joé Var-gas, y el Gral. Laurencio Silva, para que de mancomún et in solidum entre ellos, los beneficien y vendan en almoneda o fuera de ella, aunque sea pasado el año fatal de albaceazgo pues yo les prorrogo el demás tiempo que necesiten, con libre franca, y general administración.

14. Y cumplido y pagado este mi testamento y lo en él contenido, instruyo y nombro por mis únicos y universales herederos en el remanente de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras sucesiones en el que haya sucedido y suceder pudiere, a mis hermanas María Anto-nia y Juana Bolívar, y a los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar, a saber, Juan, Felicia y Fernando Bolívar, con prevención de que mis bienes deberían dividirse en tres partes, las dos para mis dichas hermanas, y la otra par-te para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, para que lo hayan, y disfruten con la bendición de Dios.

Y revoco, anulo, y doy por de ningún valor ni efecto otros testamentos, codicilos, poderes y memorias que antes de este haya otorgado por escrito, de palabra o en otra forma para que no prueben ni hagan fe en juicio, ni fuera de el, sal-vo el que presente ahora otorgo como mi última y deliberada voluntad, o en aquella vía y forma que mas halla lugar en derecho. En cuyo testimonio así lo otorgo en esta hacienda San Pedro Alejandrino de la comprensión de la ciudad de Santa Marta a diez de diciembre de 1830.

Ante mí, José Catalino Noguera, Escribano público.

CARTEGENA, 14 DE DICIEMBRE DE 1830.

Su excelencia Gran Mariscal Andrés de Santa Cruz, Presidente de Bolivia.

Mi estimado Presidente y amigo:

El General Braun me asegura que todo marcha bien bajo la autoridad de usted y que Bolivia está en calma. Doy a usted enhorabuena por tan bello prodigio, el que espero que dure hasta tanto como la presidencia de usted.

Reciba usted las expresiones respetuosas de mi amistad y consideración. Bolívar. Mil cariños de mi parte para mi Bolivia.

LOS ÚLTIMOS INSTANTES DEL LIBERTADOR

Santa Marta, 17 de diciembre de 1830.

En este día Bolívar entra en agonía, ya no habla, sino de modo confuso, su respiración ese hace dificultosa y a la una de la tarde fallece a causa de una enfermedad pulmonar que degeneró en una tisis tuberculosa, en San Pedro de Alejandrino, a la edad de 47 años, en Santa Marta en la casa de su amigo español Joaquín Mier; Próspero Reverende, el médico de Bolívar, quien lo atendió en las instantes finales de su vida, refiere que al amortajar al héroe notó que su camisa estaba rota, el dueño de San Pedro Alejandrino sacó unas camisas nuevas para amortajarlo.

Más tarde, Manuelita, la mujer que acompañó a Bolívar en todas sus campañas libertadoras, decía: “Amé al Libertador, muerto lo venero”.

Bolívar había cumplido su maravilloso destino de dar la libertad a cinco países de nuestra América y fue el Primer Presidente de Bolivia, su “Hija Predilecta”.

martes, 7 de noviembre de 2017

7 de noviembre de 1810 Batalla de Suipacha

El primer ejército “auxiliar” enviado por la Junta de Buenos Aires, vino a tierras altoperuanas a órdenes de los generales Eustaquio Díaz Vélez y Antonio Balcarce; aunque el verdadero responsable de los destinos de la expedición fue el Dr. Juan José Cas-telli, representante de la Junta.

A la noticia del avance del ejército argentino, los jefes realistas Vicente Nieto y José Córdo-va, se lanzaron a la ofensiva conduciendo sus tropas hasta Cotagaita, donde se atrincheraron tan estratégicamente, que las fuerzas de Castelli lanzadas también al ataque fueron rechazadas, entonces los argentinos simulando una retirada se dirigieron hacia Suipacha, cerca de Tupiza, lo-grando que los españoles abandonen sus posiciones persiguiendo a los argentinos, sin embargo, Balcarce que tenía a sus mejores hombres escondidos en una hondonada, contando además, con el apoyo de la valerosa caballería chicheña, cayeron por sorpresa contra los realistas, es así que el 7 de noviembre de 1810, se libró la batalla de Suipacha, la suerte fue adversa para los realistas, quienes ante el arrollador ataque, huyeron en desbande, dejando en el campo toda su artillería y doscientos soldados entre muertos y heridos.

La victoria permitió a los hombres de Buenos Aires liberar la ciudad de Potosí y fusilar a algunos líderes en represalia por las atrocidades cometidas por los peninsulares, sin embargo, el éxito de los criollos fue temporal, pronto llegarían refuerzos desde el Perú, donde los españoles se mantenían firmes en su baluarte.

jueves, 12 de octubre de 2017

Bartolina Sisa, la virreina de los indios, la generala



“Ustedes son españoles, yo soy la virreina de los indios”, afirmó la líder indígena Bartolina Sisa, la niña que nació el 24 de agosto de 1750 en el cantón de Caracato, ayllu O’qori, Sica Sica, en La Paz.

Hoy, al rememorar el Día de la Descolonización, se recuerda a la líder joven y esposa de Tupaj Katari a través del trabajo de Lucila Choque Huarín, investigadora, docente, activista boliviana, que permite una mirada al ser humano, a la mujer indígena que rompió los esquemas de su tiempo.

En la división social creada por los colonizadores, Sisa fue considerada una del ‘común’. Los españoles eran ciudadanos de primera categoría, los criollos de segunda y los indígenas, denominados indios, eran considerados animales en proceso de llegar a humanos.

Según Thomsom, autor favorito de Choque, aprendió desde niña el valor del trabajo y el comercio, no tenía miedo a expresarse libremente y estaba enterada de todo lo que ocurría contra los pueblos originarios y sobre todo contra las mujeres indígenas.

Choque narró que aprendió a usar la espada y montaba un caballo en el que bajaba con su arma en ristre desde la zona de Altupata (hoy ciudad de El Alto) en actitud desafiante.

El Chacha-Warmi

Bartolina Sisa aprendió de sus padres la actividad del comercio y conoció a Julián Apaza, quien también comercializaba la coca, producto muy requerido en ese tiempo.

Los colonizadores explotaban las riquezas y las enviaban a España, mientras que en América, en lo que hoy es Bolivia, la población, sobre todo indígena, moría de hambre y para aguantar las duras faenas de trabajo y la falta de alimento, la coca fue indispensable.

Junto a Julián Apaza (Tupaj Katari) formó el chacha-warmi, que en su concepción original no significa que la mujer siga al marido como una sierva, al contrario, el lazo de lealtad y unión entre ambos fue inquebrantable pese a que vivieron separados.

Bartolina formó sola (sin ayuda de Apaza) su propio ejército en Pampahasi, en Chinchaya, tuvo más de 20 mil hombres que la obedecían, que llegaban desde distintos lugares a servirla y le expresaban respeto como la generala o la virreina.

Para reunirse con Katari, un consejo de amautas organizaba todo un protocolo con el fin de solicitar: “Por favor consejera, virreina de los indios, le está llamando su esposo”.

“Para mí la idea del cerco surgió en ella. En un momento Apaza se acobardó, no quiso matar a los españoles y ella no. Sisa nunca expresó miedo hasta el final, pese a todas las atrocidades que le hicieron, jamás entregó a sus compañeros y fue valiente hasta su muerte”, afirmó Lucila Choque.

Más aún, la investigadora, con una mezcla de admiración y rabia al referirse a la Sisa vestida de española, expresó: “La india no siempre es la mujer vestida con hermosos trajes que han mantenido nuestros territorios, podemos estar con las ropas más modernas, pero nuestro corazón es indio, es sentir esa rabia, ese furor de que somos las dueñas de este territorio”.

Choque ha dedicado gran parte de su tiempo a la investigación sobre Bartolina Sisa, ha seguido a distintos autores e investigadores que enfocaron sus trabajos en la heroína indígena con obras como La biografía de Julián Apaza y Bartolina Sisa, de la chilena María Eugenia del Valle; Historia del Tahuantinsuyu, de María Rostworowski; obras de autores como Nicanor Aranzaez, Augusto Guzmán, Porfirio Díaz Machicao y Raúl Bothelo Gozalvez, pero además las versiones románticas y paternalistas que la describen a ella y a Katari, ya sea como los mecenas o a Sisa como la pobre indígena mártir, Choque se inclina hacía el trabajo del doctor en historia Sinclair Thomson y su obra Cuando sólo reinasen los indios.



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La obra de la líder indígena de Pequeño Teatro



El elenco y escuela de dramaturgia Pequeño Teatro, pionero en la puesta en escena de la historia de Tupaj Katari y Bartolina Sisa, estrenó la vida de la líder indígena en la ciudad de Lyon, Francia, en 2016.

Una presentación que aún no fue posible en Bolivia debido a distintos factores. Sin embargo, el elenco, dirigido por Guido Arze, considera que a través de la representación artística se puede difundir la historia de los héroes indígenas.

Sisa fue interpretada por la actriz Verónica Armaza el año que la líder fue prisionera de los colonizadores. Armaza personifica las emociones más íntimas de la mujer, sus miedos no expresados, su pensamiento emancipador, su lucha por la expulsión de los españoles de la tierra americana y el amor que sintió por su pareja Tupaj katari pese a que éste vivió con otras mujeres.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La expulsión de españoles de América: La infame historia que escondió la independencia

La historiografía casi no quiso acordarse de ellos. Tal vez estaba demasiado entretenida con las mentiras de la leyenda negra como para prestar atención al éxodo que protagonizaron miles de españoles expulsados de América conforme se emancipaban territorios españoles en el continente. Fueron los perdedores de una guerra iniciada por los criollos (entre el 10 y el 15% de la población), los acomodados descendientes de españoles –como Simón Bolí-var o José de San Martín– que se revolvieron contra la madre patria y se cobraron lo que ellos pensaban la revancha. Los últimos españoles de América sufrieron toda clase de abusos y desprecios.

LA POBLACIÓN MESTIZA E INDÍGENA LUCHÓ EN AMBOS BANDOS

Lejos de ser una revolución popular y espontánea, los procesos de independencia de principios del siglo XIX corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EEUU e Inglaterra, empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. En tanto, la población mestiza e indígena, la mayoritaria, luchó en ambos bandos. Siendo que al final el dominio económico ejercido por España fue, simplemente, sustituido por el de otras potencias mundiales como Gran Bretaña. Cambio de patrones, pero no de estructura.

LOS ESPAÑOLES FUERA DE LA VIDA CIVIL

Los Estados surgidos tras las Guerras de in-dependencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos peninsulares que habían ocupado cargos de responsabilidad. Si bien fueron miles los españoles que huyeron debido al propio conflicto, el verdadero acoso comenzó con leyes dirigidas a expulsarlos o evitar que pudieran entorpecer la creación de los nuevos estados.

Como suele ser habitual en estos casos de expulsiones masivas –véase la de los judíos en 1492 o la de los moriscos en el siglo XVI– los que se llevaron la peor parte fueron los ciudadanos con pocos recursos que lo perdieron todo.

Los miembros de la aristocracia lograron congraciarse con el nuevo régimen o, simplemente, huyeron sobre puentes de plata. Los españoles que cambiaron su nacionalidad lo hicieron por conservar sus vastas propiedades y a cambio de renunciar a sus títulos nobiliarios. El verdadero drama afectó a miles de familias humildes, que abandonaron a contrarreloj los países don-de vivían y sus propiedades. En muchos casos la expulsión se realizó a través de precarias em-barcaciones, hacinados y obligados por la fuerza. Una vez en puertos de la Península Ibérica tampoco les esperaban vítores precisamente. España vivía uno de sus peores momentos.

En México, el antihispanismo que acompañó a los acontecimiento revolucionarios afectó gravemente a los 15.000 españoles que allí residían. En previsión de un conflicto de puertas para dentro, se le retiraron las armas a todo individuo español y se les expulsó del estado militar. Asimismo, en febrero de 1824, se relegó a los españoles de cualquier cargo público que ocupasen. Se les negaba la posibilidad de retirar capitales, y se les obligaba a abandonar sus lugares de residencia. En este sentido, los líderes más radicales culparon a los españoles de los males del continente y justificaron por ello que ahora se les quitara todo y se les expulsara, por muy ilegal e injusto que fuera esta medida.

Al declararse la independencia, los españoles que quisieran marcharse libremente, incluso con sus caudales, lo pudieron hacer en virtud del artículo 15 de los Tratados de Córdoba. Aquella fue la mejor opción, a tenor de la radicalización que se vivió más adelante y las insistentes vulneraciones del tratado. México promulgó el 10 de mayo de 1827 una ley de empleo por la que ningún español de nacimiento podría ocupar cargo alguno en la administración pública, civil o militar. Los españoles quedaron marginados a nivel social, hasta el punto de que tenían prohibido reunirse o asociarse. Una serie de leyes a nivel local y nacional orquestaron en va-rias oleadas la salida de los españoles de México, con un plazo de 30 días, y la condición de poder sacar del país únicamente la tercera par-te de sus bienes.

Calcula el investigador Harold Sims (autor de “La Descolonización de México”) que, entre los años 1827 y 1829, fueron expulsados de México en razón de su origen español 7.148 personas. En 1830 quedaban ya menos de 2.000 españoles en esa región. Los principales receptores de este éxodo fueron Estados Unidos, Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Europa. No así las islas británicas. Los peninsulares, a pesar de la supuesta amistad con Inglaterra, eran recibidos por las autoridades británicas en el Caribe con desconfianza y controles exhaustivos.

La situación vivida en la Gran Colombia de Simón Bolívar fue todavía más violenta que en México. Sin tiempo que perder, la guerra de Bolívar desembocó en una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821. Todos los españoles de origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

El principal lugar al que partieron estos expulsados fueron las islas del Caribe españolas, sobre todo Puerto Rico, donde arribaron 3.555 refugiados.

LOS ÚLTIMOS DE CALLAO

En Argentina y Perú también se aplicaron leyes para apartar inmediatamente a los españoles de la administración. Durante el conflicto fueron habituales las penas de confinamiento, “contribuciones especiales” y expropiaciones contra los españoles peninsulares con el fin de recaudar fondos militares. Los abusos fueron frecuentes. En torno a 1.000 personas de la población de es-pañoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina debido a la actividad militar en curso.

En Perú la población española se concentraba principalmente en Lima y, dada la antiguedad de este virreinato, se sentía más protegida que en otros rincones. Su seguridad jurídica, sin embargo, se vino abajo con la llegada de la expedición militar al mando de José de San Martín, quien amparó 4.000 actos de confinamiento en prisiones contra civiles españoles. El acoso contra los españoles se tradujo en un exilio de unos 12.000 españoles en este virreinato.

El epílogo de la guerra tuvo tintes de masacre. Tras la batalla de Ayacucho en 1824, en Lima, cerca de 6.000 civiles españoles se refugiaron en la fortaleza del Callao cuya guarnición resistió hasta el año 1826 al más puro estilo de los Últimos de Filipinas. Aquel lugar fue el último refugio de un territorio que había sido hispánico desde tiempos de Pizarro. La capitulación de la fortaleza terminó con solo 400 soldados supervivientes, de un total de 700 personas vivas.

martes, 8 de agosto de 2017

8 de agosto de 1776 Charcas al Virreinato de Buenos Aires

Concluida la conquista española en Amé-rica, el rey de España se vio precisado a crear organismos que asumieran el poder ejecutivo en estas tierras y se establecieron las Audiencias –trece en total– entre ellas la de Charcas, luego se erigieron los virreinatos y estos fueron cuatro: el de Nueva España (1535), inaugurado por Antonio de Mendoza; el de Perú (1544), atendido primeramente por Blasco Núñez de Vela; el de Nueva Granada (1717, suspendido en 1723 y restablecido en 1739; el de Río de la Plata, cuyo primer titular fue Pedro de Cevallos (1776).

El 8 de agosto de 1776, por cédula real ex-pedida por Carlos III, la Audiencia de Charcas pasó a formar parte del virreinato de Buenos Aires, posteriormente, en 1810 con la revolución de Buenos Aires, Charcas fue anexada nuevamente al virreinato del Perú, hasta la independencia.

La autoridad del rey estuvo representada en América por los virreyes, elegidos entre la alta nobleza española, eran elegidos con carácter vitalicio en los primeros tiempos, luego por tres años y finalmente por cinco años. Gozaban de numerosas atribuciones gubernativas, fiscales, judiciales, militares y aún eclesiásticas.

lunes, 7 de agosto de 2017

6 de Agosto: Sesiones reservadas e identidad boliviana



Cuando hoy se recuerda el 192 aniversario de la independencia de Bolivia, dos historiadores, Joaquín Loayza y Norberto Benjamín Torres, ambos integrantes de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre, destacan, cada uno por su lado, detalles poco conocidos de la creación de la nueva república.

Torres menciona que las sesiones de la Asamblea Constituyente previas a la del 6 de Agosto de 1825 eran reuniones secretas y se asentaban en actas. Tenían el propósito de definir los elementos que luego serían firmados y acordados para el nuevo país.

Loayza, por su parte, reflexiona acerca de la identidad boliviana, indicando que el ser nacional comenzó a gestarse en la antigua Real Audiencia de Charcas (VER RECUADRO APARTE).

Las sesiones reservadas

En el proceso de discusión y debate previo al 6 de Agosto, el abogado José Mariano Serrano cumplió un rol fundamental, como letrado y académico entendido en leyes, para la redacción del Acta de Independencia.

En agosto de aquel año, según la investigación de Torres, se realizaron cinco sesiones secretas: el lunes 1, viernes 5, lunes 15, sábado 20 y el sábado 27. El historiador extractó del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB) algunos apuntes de las actas de las dos primeras sesiones que aquí comparte con ECOS.

1 de agosto de 1825

“Se puso al conocimiento de la Asamblea compuesta de los señores Diputados del margen, el oficio que al Señor Presidente de este Departamento remitió el del Departamento de Santa Cruz, significando, que el Presbítero Cortés, electo Diputado por Mojos carecía de suficiencia, representación y moralidad para el desempeño de tan alto cargo, y que su nombramiento fue efecto de la colusión, como lo eran todos los actos populares de aquel Departamento, en que no se conoce el espíritu público: que por estos motivos creía anular aquella elección, para lo que solo esperaba que se le conteste” (sic), dice el acta, de aquel día, que lleva las firmas de José Mariano Serrano, como Presidente, y de José Ignacio San Ginés, como Diputado Secretario.

Luego, según el mismo documento, se produce una discusión del punto. Por ejemplo, “el Señor Olañeta tomó la voz, y dijo, que si en verdad el presbítero Cortes era del carácter que se había insinuado sería indecoroso admitirlo en el seno de la Asamblea” (sic).

5 de agosto de 1825

En esta oportunidad, se pusieron a consideración de la sala un total de seis proposiciones. La primera, “si la declaración de independencia se comunicará a su excelencia el Gran Mariscal de Ayacucho para que la transmita al conocimiento de su excelencia el Libertador. Segunda: si se dictará un decreto de premios a los señores Libertadores y Ejército Unido Libertador (…)”.

Se votó aprobando las seis propuestas y más tarde, según la investigación de Torres, se leyeron proyectos de ley presentados. “Uno de ellos contenía la propuesta de un escudo nacional para la futura república de Bolívar, con la siguiente descripción heráldica: Las armas de la república constarán de un escudo dividido en cuatro cuarteles, y un óvalo en medio, en este irá el sol en campo celeste, a la derecha del cuartel superior cinco estrellas en campo rojo, que denoten las cinco provincias y a la izquierda, el cerro de Potosí, en campo blanco. A la derecha del cuartel inferior el árbol ananás, en campo pajizo, y a la izquierda dos chinchillas en campo verde. El escudo tendrá a la cabeza por timbre la gorra de la libertad”.

Otro proyecto describía la moneda nacional: “la ley de la moneda, será la misma que hasta aquí más para distinguirla, se pondrá en el anverso el cerro de Potosí con el sol encima, y en la circunferencia estas palabras: República de Bolívar, con más el lugar donde se acuña, y las iniciales de los ensayadores. En el reverso, se presentará el árbol de la libertad coronado de cinco estrellas y dos chinchillas al pie, y en la circunferencia estas palabras: con unión, firmeza, orden y ley. La moneda de oro llevará además en el reverso, trofeos militares” (sic).

Un tercer proyecto de ley proponía el pabellón y la bandera, para que sirvieran de divisa a la República: “El pabellón y bandera de la república de Bolívar se compondrán de cinco estrellas verdes en campo rojo, llevando las mayores las armas designadas. La escarapela, será de color rojo y verde interpolado”.

6 de Agosto de 1825

El sábado 6 fue el día dedicado a la sesión pública, apunta Torres. En esa ocasión “votaron por las opciones: anexar estas provincias al Perú, anexarse a Argentina o crear un nuevo Estado, soberano e independiente”. El doctor Serrano, presidente de la Asamblea, redactó el acta fundacional de la nueva República.

Muy pocos diputados asistieron a todas las sesiones (ordinarias y secretas). El historiador los menciona a continuación: Martín Cardón (La Paz) y Manuel José Calderón (Potosí). “Sin embargo, ninguno de los dos participaron en los debates, Manuel Anselmo Tapia (Potosí) asistió a todas las sesiones ordinarias y a cuatro de las sesiones secretas”.

El diputado que asistió a menos sesiones fue el cochabambino Manuel Mariano Centeno, con 14 sesiones ordinarias y cuatro secretas. Los cruceños Vicente Caballero y Antonio Vicente Seoane asistieron 19 y 16 veces a las ordinarias, 3 y 2 a las sesiones secretas, respectivamente.

“Es interesante tomar nota que ninguna sesión secreta tuvo asistencia completa. La única sesión que contó con la asistencia de cuarenta y ocho diputados, fue la número 19 del viernes 19 de agosto”, concluye Torres. •

Joaquín Loayza: De charqueños a bolivianos

“Desde la época precolombina se suscitaron hechos muy importantes en lo que hoy es Bolivia, como la guerra entre los incas y los chiriguanos y posteriormente la conflagración entre los españoles y chiriguanos, que posibilitó el establecimiento de una frontera no sólo militar, sino también económica y sobre todo cultural, desatándose una serie de fenómenos culturales y sociopolíticos que luego formaron parte del sentimiento de identidad, del ser boliviano a partir del 6 de agosto”, sostiene el ex director del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia Joaquín Loayza.

Él enfatiza que cuando el actual territorio boliviano se llamaba Real Audiencia de Charcas ya existían hombres y mujeres con valores y principios de autoidentificación, con una prehistoria e historia establecidas, con una geografía y sociedad establecidas, un proceso de desarrollo económico concreto y con hechos históricos y geopolíticos muy precisos.

Uno de ellos es el descubrimiento del Cerro Rico de Potosí. A partir de la explotación de la plata se estableció un sistema económico en diversas regiones (de lo que hoy es Bolivia), donde incluso había sectores que hoy no pertenecen al país, como el sur y el norte peruano y el norte argentino.

El sistema económico se especializó en diferentes producciones; por ejemplo: agrícolas, ganaderas, vitivinícolas, industriales y artesanales. Todos constituían un mercado interno que hizo posible la existencia de Potosí.

“Otro acontecimiento fundamental fue la creación primero del Obispado y luego del Arzobispado de La Plata, que generaron un sentimiento de identidad con instituciones como su capilla de música, donde se reunieron maestros de Charcas y músicos que llegaron de Europa y de otros lugares de América”, dice el investigador a ECOS.

Menciona que la creación de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca tuvo un papel muy influyente en la creación del sentimiento de identidad nacional, lo mismo que las Misiones en Chiquitos fueron esenciales para entender lo que significa ser “charqueño” y, ahora, boliviano.

Es decir, de acuerdo con este estudioso, Bolivia no existe por casualidad. “Antes de la Guerra de la Independencia, en las insurrecciones ya existía un principio y sentimiento de identidad nacional, cultural, política e ideológica que era diferente a la identidad del peruano, brasileño, chileno o argentino. No fue el obsequio de una persona: este país se fue haciendo desde antes de la conquista”, puntualiza Loayza.

Así, la geografía, la cultura, la economía, la política y los hechos históricos se trasuntaron después en valores culturales como la cueca, el bailecito, el huayño, las comidas picantes con ají, maní y papa.

Incluso en la forma de hablar del boliviano, “que muchas veces mezcla el español charqueño boliviano con el quechua, dando lugar al ‘quechuañol’, que conjuga verbos en quechua con el castellano, resultando palabras como ‘chachear’, ‘capujar’, ‘ch’aquí’; o el uso de adjetivos o sustantivos en quechua que se vuelven como verbos en español, por ejemplo de ‘silpar’ (adelgazar) deriva el silpancho”.

En suma, resume Loayza, “la república boliviana nace porque existían charqueños que decidieron ser bolivianos”.

¿Qué decían dos inéditas cartas de Sucre en 1825?


COLABORACIÓN

Mario Castro Torres. Historiador y Psicólogo. Maestro en Psicología de la Salud. Doctorante en la USFX. Docente titular de las carreras de Historia, Turismo y Psicología de la USFX. También fue docente de la Univalle y la Universidad Católica Boliviana.

Si bien Bolivia nace como un estado libre, independiente y soberano el 6 de Agosto de 1825, meses previos a esa fecha la región aún temía que las convulsionadas revueltas afecten su integridad y por eso se solía recibir en Charcas la presencia de tropas extranjeras, una prueba de ello se encuentra en un par de misivas inéditas que el mariscal Antonio José de Sucre envió desde la Capital que hoy lleva su nombre hasta Lima.

Los documentos que fueron encontrados por el historiador y psicólogo Mario Castro Torres, quien presenta la transcripción y realiza una interpretación de la carta en la que el Mariscal Sucre informa, el 25 de mayo de 1825, del enorme gasto que representan a la región las tropas colombianas y otra en la que reporta acciones sobre una reforma de hacienda pendiente de aplicación en el Alto Perú, al esperar una comunicación oficial del libertador Simón Bolívar.

Según el historiador, “este oficio es enviado de Chuquisaca a Lima porque en ese momento Simón Bolívar es dictador –con el denominativo de Libertador– de Perú y Antonio José de Sucre –quien escribe de su puño y letra esta comunicación, lo que la hace particularmente interesante– es Comandante en Jefe del Ejército Colombiano en expedición a Charcas –autodenominado Ejército Libertador– cuyas fuerzas son entonces sostenidas económicamente por el Tesoro peruano”.

A decir de Castro, esta comunicación también deja ver un serio problema: el enorme e insostenible gasto que produce el Ejército colombiano a su paso. Como se ve, desde antes de la fundación de Bolivia e incluso varios años después, el Ejército va a seguir demandando un presupuesto excesivo para los recursos de Charcas. Pocas semanas después, esas tropas llegan a La Paz y son sostenidas por los tesoros de Perú primero y de Bolivia después.

“En este caso se aprecia un gasto tan exorbitante que el General Sucre se siente alarmado y a tiempo de pedir cuentas, instruye informar a Bolívar. Cabe hacer notar que dado que ya no existen fuerzas realistas en Charcas, que Sucre y sus fuerzas se encuentran acantonadas en la antigua sede de la Real Audiencia de Charcas, ya no resulta necesario traer más tropas del Bajo Perú, mucho menos cuando su mantenimiento es demasiado oneroso. Lo ideal hubiera sido despacharlas de regreso, pero la política exterior colombiana exige una fuerte presencia militar en Charcas para impedir la llegada de cualquier expedición rioplatense”, sostiene Castro.

Carta del 25 de mayo de 1825

Ejército Libertador

Cuartel General de Chuquisaca a 25 de Mayo de 1825

Al Señor Ministro de Estado en el Departamento de Hacienda

Señor Ministro:

El Señor Prefecto del Departamento de Puno al remitirme un estado de los ingresos del tesoro público por la contribución del semestre de Navidad y gastos causados en el Ejército a su tránsito por las intendencias de Guancané, Lampa y Chucuito me dice que en este solo objeto se han invertido como veinticinco mil pesos sin incluirse la cuenta que corresponde a Azángaro.

Se hace increíble que sin permanecer las tropas en aquellos puntos más que el tiempo preciso para un corto discurso se haya gastado una gran cantidad tan excesiva en solas subsistencias. De Puno al Desaguadero, cuyo territorio pertenece a Chucuito, el ejército no ha parado en ningún pueblo y otros mil hombres es imposible que gasten siete mil seiscientos diez y ocho pesos uno y medio reales en cinco días de camino.

Como tengo un conocimiento cabal del territorio por donde ha pasado el Ejército para La Paz y que cuando más tardaría siete días de Puno al Desaguadero cuidando que no podían 1imbertirse los indicados siete mil y más pesos he dictado a la verdad en las otras partidas relativas a Lampa y Guancané.

Esta sola consideración me presenta la idea de que las cuentas que me ha remitido el Señor Prefecto de Puno no tienen la legalidad necesaria y que en ellas hay mucha equivocación, la cual debe aclararse por un examen prolijo. Con este fin incluyo a Vuestra Señoría copia del estado que manifiesta el ingreso de rentas al tesoro público en el semestre de Navidad y gastos que se han causado.

Querrá Vuestra Señoría ponerlo en conocimiento de Su Excelencia el Libertador para que disponga lo que crea conveniente en este asunto.

Dios guarde a Vuestra Señoría

Antonio José de Sucre

[Palacio de Lima] Junio 27 [de 1825]

2Contextese que las cuentas con sus respectivos documentos deben remitirse a la contaduría general para su examen por hallarse centralizados en esta capital todos los ramos del Estado, excepto el de la Guerra, según lo dispuesto por Su Excelencia el Libertador a quien se dirigirá copia de esta comunicación y de la que se remita al General en Jefe, igualmente que de la orden que se pase al Prefecto de Puno.

[Rúbrica]

Por orden de Su Excelencia

[Firma del Ministro de Hacienda Juan] Salazar

3Fecho todo

1Imbertirse: ‘invertirse’.

2Contextese: ‘contéstese’.

3Fecho: ‘hecho’.

Carta del 11 de junio de 1825

AGN, Lima, OL, 114-11

Ejército Libertador

Cuartel General en Chuquisaca a 11 de Junio de 1825

Al Señor Ministro de Estado en el Departamento de Hacienda del Perú

Señor Ministro:

Los cien ejemplares del Decreto de 30 de Marzo que Vuestra Señoría Ilustre se sirve acompañarme con su nota de Abril (sin fecha) los he recibido y están pasados a los departamentos para que se reserven hasta que Su Excelencia el Libertador resuelva si estos reglamentos de hacienda del Bajo Perú se ponen todos en práctica en el Alto Perú. Entretanto sigue el antiguo sistema y puede ocuparse el tiempo en las medidas necesarias para plantear los nuevos reglamentos en principio del año próximo.

Dios guarde a Vuestra Señoría Ilustre

[Firma de] Antonio José de Sucre

martes, 1 de agosto de 2017

Bolívar y la independencia de Bolivia La Constitución de Bolívar para el Alto Perú

En los actos recordatorios de las hazañas del Libertador hay pocas referencias a la Constitución boliviana. Obra magna del creador de la nacionalidad. Acaso piensan los constitucionalistas que es un tema escabroso, que ha quedado definido con la sustitución hecha poco después de haber sido adoptada por la asamblea de 1825.

Pero es preciso detenerse siquiera breves momentos para considerar las doctrinas e ideas que contiene en las cuales todos los historiadores han visto transparentados los ideales políticos de Bolívar.

Arbitro de los destinos del continente, solicitado por todas las naciones de América para arreglar sus asuntos, cuando Bolívar elaboró la Constitución destinada al Alto Perú se hallaba en el apogeo de su gloria y en la plenitud de su genio. El mensaje con que se envió a nuestra asamblea aquella concepción exterioriza tópicos tan profundos, que debían imponerse al criterio de los legisladores. Y así fue. Pero para alcanzar tan sólo una vida efímera, ya sea por la rareza de las instituciones como por la presidencia vitalicia que contempla, en la que muchos creen que Bolívar fincaba sus ambiciones, sin tener en cuenta que los deberes contraídos en el norte de América tenían para él mayores atracciones.

La presidencia vitalicia de la Constitución boliviana, la restricción del sufragio, que, según aquella, debía ser entregada únicamente a los ciudadanos conscientes, excluyendo a los que no supiesen leer ni escribir, a los mendigos, a los sirvientes domésticos, a los labriegos, a los jugadores, a los borrachos, a los que promueven escándalos en las elecciones y a los que compran votos, no tuvo otro objeto que cimentar el orden, según lo afirma el publicista colombiano Ricardo Vejarano.

Bolívar concibió que el ejercicio de la democracia en las repúblicas que salían de las tinieblas de la colonia al meridiano de la libertad, habría de convertirse en un peligro para su estabilidad y progreso. No era prudente, a su juicio, entregar como juguete al pueblo los derechos máximos,

Nace Bolivia “Situación del nuevo país es complicada”

Bolivia, 1825.- Desde distintos puntos de vista hallaron como “complicada” la situación de Bolivia, los asesores políticos-económicos que vienen trabajando en la región al servicio de las nuevas autoridades de gobierno.

Desde el punto de vista étnico y demográfico, afirmaron poseer la siguiente información: “la población total boliviana oscilaría entre un millón y un millón quinientos mil habitantes, los cuales se distribuyen en cuatro regiones tan diferentes entre sí que conspiran contra una identidad y un espíritu nacionales. Ellas son: el altiplano, los valles, los llanos y el Litoral. La población blanca ocupa los centros urbanos, junto con una gran mayoría de mestizaje; los aymaras continúan en las tierras altas de la meseta andina, los quechuas prefieren la zona de los valles, mientras que continúan existiendo en este país tribus nómadas que habitan la zona selvática”.

Desde el punto de vista económico, afirmaron que “la producción minera continúa su decadencia, no alcanzando la de este año a 1.000.000 de pesos fuertes, lo cual es una suma insuficiente para satisfacer las necesidades de bienes importados; como la carne, los granos, mulas y caballos principalmente, aunque también se importan artículos para el uso del Estado y de lujo para una minoría blanca”.

Por último coincidieron en que la situación política no es menos compleja, ya que la inexperiencia de los representantes y el cúmulo de problemas heredados de la Colonia, a resolver, retardan el proceso de consolidación de la independencia.

He dividido la fuerza armada en cuatro partes: ejército de línea, escuadra, milicia nacional y resguardo militar. El destino del ejército es guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos! Basta la milicia nacional para conservar el orden interno. Bolivia no posee grandes costas, y por lo mismo es inútil la marina.

También me atrevo a instar con encarecimiento a los Legisladores, para que dicten leyes fuertes y terminantes sobre esta importante materia. Todos hablan de responsabilidad, pero ella se queda en los labios. No hay responsabilidad, Legisladores: los magistrados, Jueces y Empleados abusan de sus facultades, porque no se contiene con rigor a los agentes de la administración; siendo entre tanto los ciudadanos víctimas de este abuso

No está considerada en la Constitución bolivariana la religión. La religión. –afirma–, es la ley de la conciencia y su cumplimiento es de ley moral y no política. “Por otra parte, –continúa–, ¿cuáles son en este mundo los derechos del hombre hacia la religión? Ellos están en el cielo; allá el tribunal recompensa el mérito, y hace justicia según el Código que ha dictado el Legislador. Siendo todo esto de jurisdicción divina, me parece a primera vista sacrílego y profano mezclar nuestras ordenanzas con los mandamientos del Señor”.

La Asamblea de Bolivia en este punto no estuvo de acuerdo con el Libertador e impuso la religión católica.

Aceptadas en principio sus otras doctrinas, quedaron, sin embargo desvirtuadas por los prematuros apetitos. Poco tiempo después fue dictado una nueva Constitución y luego otras sucesivas, creyendo ingenuamente nuestros legisladores que ellas habrían de obrar la transformación del país, turbulento e impreparado, en una nación próspera. Muchos lo han dicho: las leyes nada significan si no se cuentan con elemento popular preparado y capaz de cumplirlas y de hacerlas cumplir como soberano legítimo.

Tal vez por eso se explican los conceptos bolivarianos el sufragio restringido que, ciertamente, no armonizan con la doctrina de la igualdad, impuesta después a pesar de que median abismos entre los electores.

He pensado que la Constitución de Bolivia debiera reformarse por períodos, según lo exige el movimiento del mundo moral.

Legisladores, felices vosotros que presidís los destinos de una República que ha nacido coronada con los laureles de Ayacucho, y que debe perpetuar su existencia dichosa bajo las leyes que dicte vuestra sabiduría, en la calma que ha dejado la tempestad de la guerra.

Nace el Parlamento

El Parlamento boliviano inició sus primeras labores el 10 de julio de 1825, con la denominación de Asamblea de Representantes del Alto Perú. La primera sesión fue presidida por el doctor José Mariano Serrano al que acompañaban en la Directiva el Vicepresidente José María Mendizábal y los Secretarios Ángel Moscoso y José Ignacio Sanjinés.

La primera vez debía reunirse en Oruro el 19 de abril de ese mismo año ¬en cumplimiento de los decretos de 9 de febrero y 16 de mayo, emitidos por el Mariscal Antonio José de Sucre y el Libertador Simón Bolívar, respectivamente–, pero sólo fue posible formar el quórum necesario el 10 de julio, porque muchos diputados adujeron “que siendo ellos de alguna edad, les era imposible venir a Oruro, donde el excesivo frío de la estación los afectaría”.

El sufragio de Representantes consagró a los mejores hombres de la naciente Nación. Algunos poseían bastante experiencia adquirida en el Congreso de Tucumán, Argentina, como el ilustre Serrano, varones de probado temple moral, en cuya sabiduría confiaron los pueblos el porvenir y la suerte de la nueva República.

Presidía el cuerpo deliberante el chuquisaqueño don José Mariano Serrano, jurisconsulto eminente, cuyo mérito era el haber firmado las Actas de independencia de Argentina en 1816 y lo haría ahora por Bolivia, ese año de 1825. Formaban parte de la Asamblea ilustres altoperuanos como José Miguel Lanza, Casimiro Olañeta, “el tribuno”; Eusebio Gutiérrez, hombre de leyes como Manuel María Urcullo, José Ignacio Sanjinés, poeta de gran valía; los eclesiásticos Gregorio Zabaleta, Leandro López y otros notables.

El 10 de julio, día memorable, diéronse cita los Representantes en la ciudad de Chuquisaca, cuyas labores inauguró con un emocionado discurso el Presidente Serrano: “¿Dónde está el monstruo fatal –interrogaba Serrano– que rodeado de la injusticia, de la ambición y del fanatismo hizo de estas provincias la ciudad de la tiranía, el teatro de la sangre y el símbolo de la esclavitud? ¿Dónde el inicuo poder que taló numerosos campos, quemó a nuestros pueblos, enlutó nuestras familias y osó creer eterno su aciago dominio?” Bolívar y Sucre habían destruido la ominosa dominación, “el primero dotado con el corazón de Alejandro, con los talentos de César y las virtudes de Washington; el segundo humano y justo como los Antoninos y valiente como el héroe que reposa en la roca de Santa Elena. . .”

Luego, en acción de gracias, se celebró un oficio religioso solemne en la Iglesia catedral de dicha ciudad, Un desbordante entusiasmo se adueñó de los Representantes y del pueblo que en ese momento también era participe de esta memorable acontecimiento, donde al fin se ha-bían roto las cadenas de la esclavitud y con la arrogancia de las autoridades españolas.

Proclamada la independencia de las tierras altoperuanas, el Diputado Secretario Ángel Mariano Moscoso ocupó la tribuna para dar lectura al Acta de Independencia, redactada por una comisión de la que formaba parte el Presi-dente Serrano, autor del extenso y ampuloso documento, donde aludía al “furioso León de iberia” que lanzándose desde las columnas de Hércules hasta los imperios de Moctezuma y Atahuallpa había despedazado el desgraciado cuerpo de América”.

Y luego de la lectura del Acta de Independencia, los Representantes suscribieron el célebre do-cumento. Cuarenta y ocho diputados: 7 por Charcas, 12 por La Paz, 10 por Cochabamba, 17 por Potosí y 2 por Santa Cruz. Así se fundó la República y nació el Parlamento boliviano.

martes, 11 de julio de 2017

Francisco Pizarro: ¿era hijo de su abuelo?

Francisca González Alonso se negó a apellidar Pizarro a su hijo Francisco durante su bautizo. Bien sabía esta madre soltera que para criar a su hijo recién nacido no iba a contar con la ayuda del pdre, un joven soldado de Trujillo, ni la de su familia de hidalgos. Y es que la sociedad extremeña de la época podía ser despiadada con las madres solteras y los niños bastardos, incluso con este, que iba a terminar siendo el conquistador del Perú.

La familia de Francisca era apodada “los Roperos”, porque además de labrar sus tierras y cuidar sus animales se dedicaban al arreglo y venta de ropas. Sin embargo, a la muerte del padre de la joven la empresa familiar debió irse a pique y Francisca hubo de entrar a trabajar como criada en el convento de San Francisco El Real, situado en la Puerta de Coria de Trujillo. Trabajando ya como criada, Francisca mantuvo un encuentro sexual con el soldado, también de la localidad, Gonzalo Pizarro que le cambiaría la vida.

LAS CIRCUNSTANCIAS DE LA RELACIÓN

Gonzalo procedía de la rama trujillana de los Pizarro, familia cuyo prestigio era creciente en Extremadura por su participación en la Re- conquista. Como explica la historiadora María del Carmen Martín Rubio en su libro “Francisco Pizarro, el hombre desconocido”, el escudo familiar reflejaba a dos osos intentando alcanzar las piñas de un pino sobre un suelo de pizarro, y de ahí el apellido. Desde joven el hidalgo se mostró inclinado por la vida militar de sus ancestros y pronto se sumó a los ejércitos de los Reyes Católicos durante la guerra que mantuvieron contra las fuerzas del Rey de Portugal, aliadas con la candidata al trono castellano Juana La Beltraneja. Y precisamente Gonzalo y Francisca se encontraron durante las fiestas en Trujillo para agasajar a Isabel “La Católica” y celebrar la huida de Juana La Beltraneja del alcázar de la ciudad.

El historiador José Antonio del Busto emplaza entre el 20 de junio y el 4 de julio de 1478 el encuentro sexual del que nacería Francisco. Si bien se desconocen las circunstancias, se sospecha que fue a consecuencia de un galanteo breve o una relación fugaz, no así de una relación amorosa que se prolongara en el tiempo. Gonzalo frecuentaba el convento porque una tía suya era monja allí, de tal manera que había visto a la criada en otras ocasiones. El ambiente festivo fue la excusa para acercarse a ella y mantener relaciones sexuales en esos días. En cualquier caso, la actitud de total indiferencia del padre hacia la embarazada ha planteado incluso que pudiera ser una relación no consentida en el fragor de las celebraciones; una violación de la que no quisiera acordarse el soldado.

Repudiada por Gonzalo, Francisca quedó señalada en todo Trujillo. Al conocerse su estado de gestación las monjas la cesaron en su trabajo en el convento y tuvo que regresar al hogar materno. El pequeño Francisco se crió en la casa de Juan Cascos –segundo marido de su abuela– y creció en un ambiente rural del que, con intención de desprestigiar al conquistador, llevó a algunos cronistas a decir de forma poco precisa que se dedicó a cuidar cerdos en su mocedad. Finalmente, la madre abandonaría Trujillo junto a su hijo y se casaría en una localidad a pocos kilómetros de Sevilla con Martín de Alcántara. Allí nació su segundo hijo, Francisco Martín de Alcántara, catorce años mayor que Francisco y con el que mantendría toda su vida, incluso en las Indias, una estrecha relación.

El bastardo de Trujillo tuvo una infancia humilde y una educación escasa (no aprendió a escribir ni leer), de tal modo que su vida parecía orientada a trabajar en el campo. No obstante, en la mente de aquel joven ilegítimo nunca se borró la estampa paterna del hidalgo bravo que servía, por entonces, al Gran Capitán en Italia. Antes de viajar por primera vez al Nuevo Mundo, Francisco también sirvió a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba en Nápoles y Sicilia. Se desconoce si el futuro conquistador combatió en algún momento junto a su padre en este escenario, pues ambos participaron en 1495 en distintas fases de esta primera campaña italiana. Así y todo, el viaje del natural de Trujillo a América en 1499 puso un océano de por medio entre padre e hijo y evitó que pudieran coincidir en más ocasiones.

Y SI EL PADRE FUERA EL ABUELO...

Gonzalo se casó el 29 de julio de 1503 con una prima suya llamada Isabel de Vargas, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos. Su vida familiar fue escasa, dada su intensa carrera militar, y abundantes fueron los hijos ilegítimos. En su testamento reconoció hasta a seis de estos hijos bastardos, entre ellos dos que procreó con una molinera de la Zarza. No así al conquistador Francisco Pizarro, al que por alguna razón desconocida nunca reconoció ni quiso conocer.

¿No quería reconocer a Francisco porque le avergonzaba las circunstancias de su gestación? ¿Creía que Francisca era de origen judío? ¿Mostró al menos interés por conocer al muchacho?

Cuando Gonzalo Pizarro reconoció en su testamento a sus nueve hijos, entre legítimos e ilegítimos, lo cierto es que Francisco tenía ya 45 años y desde hace 20 años residía en América. Es decir, no se sabía nada de él. Esa pudo ser la razón por la que no le reconoció, además del bajo estatus de su madre, puesto que otras de sus amantes con mejor situación social si recibieron ayuda por su parte. Pero lo que resulta más improbable, en opinión de la historiadora María del Carmen Martín Rubio, es que Francisca tuviera orígenes judíos, dado que en la Probanza de Nobleza que se le realizó a Francisco Pizarro con motivo de su ingreso en la Orden de Santiago quedó acreditado que ambas ramas de su familia pertenecían a cristianos viejos de la ciudad.

En este sentido, la teoría más arriesgada es la que plantea el historiador Roberto Barletta Villarán, quien sostiene que el niño pudo nacer como consecuencia de una relación secreta del padre de Gonzalo, es decir, el abuelo del niño, con Francisca La Ropera. Hernando Alonso Pizarro, regidor de la ciudad, mantuvo según esta hipótesis una aventura a sus 40 años con la joven, de la que habría nacido el futuro conquistador. El principal indicio es que, en contraste con la desidia de Gonzalo hacia el niño, el abuelo ordenó que Francisco fuera a su casa en una ocasión, donde le abrazó secretamente y luchó para darle el apellido familiar.

martes, 30 de mayo de 2017

La búsqueda de gobiernos propios: Los documentos casi desconocidos en Bolivia sobre 1809



En general, en multitud de temas, los documentos históricos son tan abundantes que los/las investigadores se ven abrumados por ellos. En otras palabras, faltan historiadores y vidas para leer todo lo que habría que indagar sobre un tema. De ahí que la investigación tenga muchas veces que recortarse de una y otra manera.

No sucede lo mismo para 1809 (otra cosa sucede para años posteriores). En cada conmemoración, año tras año, suele repetirse lo que se conoce sobre el 25 de Mayo de 1809 y, año tras año también, las chispas entre Sucre y La Paz no dejan de encenderse. Una que otra vez se interrumpe este casi ritual con algún dato nuevo o con alguna interpretación un tanto novedosa. Y es que las fuentes y documentos accesibles (pueden haber algunos desconocidos o inaccesibles) en diversos archivos del país no son muy abundantes sobre el tema. Para convencerse basta mirar las fuentes utilizadas por dos historiadores y trabajos: Mendoza y La Mesa Coja y Roca y su libro sobre 1809. Ambos recurrieron, en gran parte, a documentos ya publicados. Y es que la mayoría de las fuentes documentales sobre 1809 no se encuentran en nuestro país. Están fuera de Bolivia. Me di cuenta de esta situación hace muchos años cuando releía el libro de Just Lleó sobre La Plata, autor que cita, en un 80 a 90%, documentos del Archivo Histórico de Madrid. Por otra parte, cuando pedí a un colega pudiera revisar en el Archivo General de la Nación Argentina algunos de los documentos publicados para el caso de La Paz por Pinto en 1909, y luego por Ponce Sanjinés y García en 1953, me apercibí que lo que habían publicado no era ni el 10% de lo que existía sobre “La Revolución de La Plata y de La Paz”. Estamos entonces frente a más de 20.000 páginas! Digitalicé gran parte estos documentos y una lectura aún parcial de ellos permite plantear varios temas sobre 1809.

Punto 1

En primer lugar, que no se trata de dos movimientos separados uno de otro, mucho más conservador el de La Plata y drásticamente radical el de La Paz, sino que ambos estuvieron relacionados. Esta articulación fue señalada por Just hace más de 16 años. Sin embargo, posiblemente por el contexto en que escribió, aún poco abierto a escuchar interpretaciones distintas, sus sugerencias continuaron pasando desapercibidas. De hecho La Plata apoyó a La Paz en varias ocasiones. Los oidores lo hicieron al afirmar categóricamente “que el castigo de Gefes delincuentes no es subversión del reino ni falta de Vasallaje sino un remedio contra la tiranía”. Pero aún más: se envió una Real Provisión el 10 de Agosto de 1809 para que Sanz no tomara ninguna medida en contra de La Paz aclarando que si actuaba contrariando sus órdenes se lo consideraría como traidor.

Punto 2

En segundo lugar, fue una disputa de coaliciones regionales que interpretaron de manera diferente lo que debía hacerse frente a la crisis en la península. Pero no se tuvo a La Plata versus La Paz o viceversa. Ambas ciudades formaron parte más bien de manera asociada, de una coalición junto con todas las regiones circundantes y en ambas se descabezó a sus autoridades acusándolas de traidoras, frente a la posición que tomó la intendencia de Potosí a la cabeza de Francisco de Paula Sanz que defendió a las autoridades establecidas y buscó ganar hacia sus perspectivas a las restantes regiones, principalmente, Cochabamba y Oruro.

El intendente Sanz pensó, al inicio, que en La Plata se había dado “una conmoción popular” contra el Presidente de la Audiencia por las propias rivalidades entre el Tribunal, los cabildos y la Universidad. Pero después del 16 de Julio sostuvo que fue “desengañado... del verdadero criminal modo de pensar de aquel Pueblo y sus caudillos y de la positiva independencia e insubordinación con que proceden... aun respecto al nuevo... Virrey” (Septiembre de 1809).

En el mismo mes, el intendente Sanz, que hizo de la villa de Potosí el “centro del reino”, explicó, cuando se enteró de los sucesos en La Paz, que “felizmente” Cochabamba se había “declarado el más adicto y... subordinado” y “felizmente” también, los de Oruro no habían enviado ni armas ni gente como les habían solicitado desde Chuquisaca.

Punto 3

En tercer lugar, lo que sucedió el 25 de Mayo o el 16 de Julio no fueron momentos episódicos puntuales de parte de los oidores o querellas entre las élites. Lo que se dieron son movimientos heterogéneos que duraron muchos meses y que tomaron acciones parecidas. Es indudable que los oidores fueron líderes de lo que se ha denominado “la Audiencia Gobernadora”, pero ello no significa que se limitó a una élite. Es fundamental subrayar que estuvieron involucrados varios “cuerpos” (cabildo, universidad) con la participación de grupos sociales heterogéneos –incluyendo la “plebe” descrita como “los cholos” y cuya presencia fue constante a lo largo de varios meses.

Punto 4

En cuarto lugar, lo que se hizo fue “descabezar” a las autoridades existentes y no sólo a los mandos más altos del poder secular y religioso sino también a un vasto grupo de autoridades lo que implicaba nombrar otras del gobierno civil pero también militar: toda una organización de rangos y jerarquías así como reclutamiento y alistamiento de soldados y milicias es decir toda una red de gobiernos propios.

Punto 5

En quinto lugar, la crisis política de 1809 supuso, como todo momento de esta naturaleza, la existencia de varias posiciones y la expresión de múltiples dinámicas. Posiblemente el término autonomía y la búsqueda de gobiernos propios puede constituir un común denominador para una de las posiciones más importantes. Era el “mal gobierno” con el que se deslegitimaba el poder y las autoridades en aquel entonces.

Punto 6

Finalmente, en la pugna de 1809 los términos “revolución”, e independencia que no eran aún muy utilizados, ya formaban parte del vocabulario y de la dinámica política de la época. Es cierto que fueron usados por Francisco de Paula Sanz y la coalición que lideró en contra de Chuquisaca y La Paz, es decir fueron parte del repertorio de la “acusación”. Pero su utilización revela también que las palabras revolución e independencia estuvieron presentes y se asociaban con la parte del descontrol y terror asociados a la Revolución Francesa. Finalmente, el lenguaje de diferentes discursos evocaba la tiranía y el mal gobierno, imponiendo, en su lugar, gobiernos propios.

*Historiadora – Instituto Internacional de Historia Social (Ámsterdam)

El rol de las mujeres en la revolución de 1809



Al perpetuar el proceso histórico de la memorable acción revolucionaria del 25 de Mayo de 1809, la misma historiografía independentista hispanoamericana, habitualmente recuerda a los gestores de la misma, con lujo de detalles. Nos referimos en forma general a los hombres y pueblos que lucharon por la independencia. Pero, qué de aquellos cuyo aporte nunca fue citado o sencillamente se dio solo una breve pincelada de sus acciones, sabiendo que en más de las veces, es un error subestimar lo pequeño sólo por ser pequeño, breve, fugaz o simple, cuando puede concentrar en sí mismo algo significativo y valioso –en este caso, el inestimable aporte al proceso revolucionario de América–.

Sin embargo, mucho más relegado, desatendido y mal interpretado, es el rol que asumieron las mujeres en la lucha libertaria de nuestro continente. La historiografía, las ignora en la mayoría de los casos y cuando hace mención de ellas, las minimiza, reconociéndoles solo una labor complementaria, nunca protagonista.

Sin el afán de adentrarnos como especialistas en el espacio biográfico, y sin contar con un gran aporte bibliográfico (claro, son mujeres…), es imprescindible conocer por siquiera un atisbo, el accionar de estas valientes guerreras. Ellas, sin dudar ni un instante, se alistaron prontamente a la convocatoria de rebelión y libertad de los valles, el altiplano, los llanos, los poblados y ciudades.

Estas valerosas mujeres poco recordadas fueron ese pequeño engranaje cuyo movimiento fue indispensable en la gran maquinaria revolucionaria (hecho que no fue reconocido en aquel momento). La participación femenina fue resaltante desde las primeras acciones de insurgencia, su intervención en la organización de reuniones secretas, apoyando y tomando parte junto a padres, esposos, hermanos e hijos sobresale nítidamente. El espíritu de rebeldía femenina, emergió por la necesidad de defender la tierra de sus mayores, en un temprano despertar de arrogarse su futura nacionalidad, mostrando valor y sacrificio en el tormentoso camino hacia la independencia.

En los acontecimientos chuquisaqueños, destacan Mariana de Zudáñez (hermana de Jaime) por su temperamento y valentía, pues cuando al atardecer del 25 de Mayo fue detenido Jaime de Zudáñez y llevado preso a punta de pistola por orden del presidente de la Audiencia, su hermana Mariana salió tras los soldados, gritando enardecida: “paisanos defiendan a mi hermano por ser leal y buen vecino”. Es la heroína oculta de los libros de historia. Mariana abogó en las calles por su hermano Jaime, fue la chispa que desencadenó este llamado "Primer grito libertario de América". Quizás sin este acto realizado, no hubiese sido posible la revolución de Mayo. A tal grito desesperado, acudieron los vecinos y el resto de La Plata que sin dudar un instante, salieron en defensa de Jaime de Zudáñez. El vecindario respondió y se sublevó.

Teresa Bustos de Lemoine, esposa de José Joaquín de Lemoine, uno de los principales actores de la revolución del 25 de Mayo de 1809, fue una dama cuya lealtad no sólo fue en la vida conyugal, sino que se vio manifiesta decididamente, en la causa independentista. Dominados los revolucionarios por el Mariscal Vicente Nieto, nuevo presidente de la Audiencia, doña Teresa intervino activamente en los trajines revolucionarios, mientras su esposo, refugiado en Buenos Aires, se incorporaba al ejército contra las fuerzas virreinales. Descubierta la actividad conspirativa de la señora Bustos, fue desterrada en extrema situación de desventura, junto con sus seis pequeños hijos y otras matronas revolucionarias.

Doña Casimira de Ussoz y Mozi, al anochecer del 25 de Mayo de 1809, incitó a la muchedumbre desde el balcón de su casa, para que atacara la casa pretorial de García Pizarro. Era esposa del oidor de la Audiencia de Charcas, José Agustín Ussoz y Mozi, otro gran hombre señalado junto con sus colegas en el derrocamiento del indicado Pizarro. El nuevo Presidente de la Audiencia (el antes nombrado Mariscal Nieto), desterró al oidor y su esposa doña Casimira. Esta digna dama, sufrió y aguantó serenamente, los ultrajes y vejámenes de las autoridades realistas, al ser amordazada públicamente, como escarmiento para los anónimos ciudadanos que habían apoyado la insurrección del 25 de Mayo y desconocido la autoridad de Goyeneche

Cómo no subrayar la destacada participación de las cholas chuquisaqueñas, preclaras y olvidadas protagonistas de los escritos convencionales. Entre sus trajines insurrectos, se relata que estas matronas de solemne presencia, azuzaron a los españoles con su léxico florido y adjetivos picantes, rasgándose las enaguas para ser utilizadas por los revolucionarios como cabezales para los escobillones de limpieza de los cañones, luego de cada disparo.

El coro de llantos y gritos de éstas y otras mujeres anónimas en las calles, tras el apresamiento de Jaime de Zudáñez (que posiblemente tendrá un tinte grotesco o risible para el típico escéptico de nuestros días), fue crucial para el curso de los acontecimientos. Estas acciones, aparentemente sin sentido, cumplieron un papel fundamental en la revolución de Mayo y felizmente quedaron plasmadas en la retina y la memoria popular. Como se puede deducir, esta intervención femenina se produjo en todos los niveles sociales, desde las indígenas, mestizas, pueblerinas en su mayoría y hasta las criollas de las élites sociales. Todas ellas colaboraron en la medida de sus posibilidades en el proceso histórico que vivieron.

Por lo antes indicado, de ninguna manera queda relegada la importancia del accionar de los insignes personajes revolucionarios, fue importante y mucho, pero había que reconocer el arduo trabajo de la mujer en los sucesos libertarios. En algunos casos, sus acciones fueron olvidadas, en otros desprestigiadas y en más de los casos, se aplicó displicentemente la filosofía del no importismo (No me importa, y si importa, tampoco me importa), por el sólo hecho de pertenecer al género femenino. Tarde o temprano llegará el tiempo en el que hombres y mujeres sean tratados como dos seres iguales y que ninguno tenga notoriedad o descrédito por ser lo que es.

Desterrada

Teresa Bustos de Lemoine, esposa de José Joaquín de Lemoine, uno de los principales actores de la revolución del 25 de Mayo de 1809 intervino activamente durante los trajines revolucionarios, mientras su esposo, ya refugiado en Buenos Aires, se incorporaba al ejército contra las fuerzas virreinales.

Cuando fue descubierta como parte de las actividades conspirativas en contra de la corona española, la señora Bustos fue desterrada en extrema situación de desventura, junto con sus seis pequeños hijos y otras matronas revolucionarias.



lunes, 22 de mayo de 2017

Cochabamba revivió la batalla de las Heroínas


Cientos de personas se dieron cita, ayer, en la colina de San Sebastián, para participar de la dramatización de la batalla de las Heroínas de la Coronilla, acontecida el 27 de mayo de 1812 en ese mismo lugar.

De este modo se recordó uno de los hechos más importantes en la historia de la revolución cochabambina, que dio paso al Día de la Madre, por haber sido liderada por mujeres.

La recreación fue organizada por la Casa de la Cultura, en tanto que la producción y puesta en escena estuvo a cargo de Gunter Revollo.

El ejército patriota se rindió a finales de mayo de 1812. Los realistas abatieron las fuerzas del pueblo en Pocona y se alistaron para cabalgar hasta la ciudad; pero en el valle de Cochabamba un grupo de mujeres, ancianos y niños, alrededor de 130, se atrincheraron en la colina de San Sebastián para dar lucha al ejército de Goyeneche.

Este significativo fragmento de la historia nacional se rememora desde el 2011 en una puesta en escena que involucra a más de 300 personas, entre actores, equipo de apoyo, logística, extras y voluntarios. Se presentó nuevamente a la población, en el escenario real donde sucedió.

“Esperamos que la gente nunca olvide lo que significa este espacio. Por eso hemos organizado la escenificación de la batalla en la misma colina de San Sebastián donde lucharon y murieron nuestras heroínas”, indicó la secretaria de Cultura de la Alcaldía, Ninozka Lazarte.

Por su parte, Revollo explicó la importancia del proceso de investigación histórica para revalorizar esta batalla. “En ocasión del bicentenario, en 2012, se me encomendó la tarea de hacer el guión de esta obra como parte de una investigación muy profunda, en que debía recurrir a fuentes primarias para determinar los antecedentes precisos”, dijo.

Según Revollo, la gente dijo durante mucho tiempo, que lo que ocurrió en San Sebastián fue “sólo una pequeña pelea”. Y si bien era una fracción del ejército contra 130 mujeres, ancianos y niños, “ahí está la prueba de la valentía, entrega y coraje de las mujeres cochabambinas”.



DATOS DOCUMENTADOS DE LA MAGNITUD DE LA BATALLA

Había historiadores que hablaban que nunca se dio esta batalla. Sin embargo, en el instituto Belgrano de Argentina se conserva una serie de cartas que recibió el General Belgrano de parte de un soldado llamado Francisco Turpin, quien se había quedado después de la batalla del desaguadero asentado en el alto Perú y combatía con el ejército.

En las cartas se encuentran relatos pormenorizados, como reportes enviados a Belgrano, en los que se menciona todo lo que ocurrió el 27 de mayo en la colina de San Sebastián. “Esto se constituye en una prueba documental de la información que hemos utilizado para hacer los diálogos y la representación de lo que fue la batalla de las heroínas de la Coronilla”, aclaró el director de la Academia de arte Dejavú y responsable de la propuesta escénica en la Colina de San Sebastián, Gunter Revollo.