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domingo, 22 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - La llegada de los españoles

El último tiempo del Imperio, luego de la muerte de Huayna Capac, estuvo plagado de conflictos políticos y bélicos entre sus dos hijos: Huáscar y Atahuallpa, a quienes se les había delegado el gobierno de Cusco y Quito, respectivamente. Todos los hechos acaecidos por Huáscar, a quien su hermano mandó matar, fueron utilizados luego por los españoles como excusa para acusar a Atahuallpa de fratricidio.

Según los relatos históricos, el Inca tenía mucho interés de conocer a los españoles. Por ello, se dirigió a Cajamarca donde ellos lo esperaban. Los españoles se escondieron en los principales edificios de la plaza principal, donde observaron su fenomenal ingreso, junto a cientos de bailarines, nobles y guardias. El único español que salió al encuentro de Atahuallpa fue el fraile Vicente de Valverde, quien a través de un intérprete habló con el emperador, compartiendo chicha en un vaso keru.

En esa oportunidad, se ordenó que el Inca aceptara el cristianismo como religión verdadera, sometiéndose a la autoridad del rey Carlos I de España y al papa Clemente VII (Dejo Bendezú, 1993). La indignación del Inca y el desagravio del cura fueron el detonante para que se iniciara la masacre de los súbditos quechuas, a manos de la artillería y los fusiles españoles. La matanza fue sangrienta, ya que miles de sirvientes imperiales murieron en esa oportunidad.

Atahuallpa fue apresado en un palacio de Cajamarca. Los relatos de los cronistas cuentan que lloraba mucho, comía y dormía poco (Poma de Ayala, 1988); pero tuvo fuerzas para organizar dos ejércitos, uno bajo el mando de Chalcuchímac, para que fuese a Cajamarca a liberarlo, y el otro bajo el mando de Quisquis, para que tomase Cusco y eliminara cualquier vestigio de Huáscar. La versión tradicional menciona que el Inca habría mantenido algunos privilegios en prisión, como seguir administrando el Imperio, aprender a leer y escribir y a hablar castellano. Se cuenta también que mantuvo una relación amistosa con Francisco Pizarro.

Cuando estaba preso, es muy conocido el hecho de que Atahuallpa ofreció llenar dos habitaciones de plata y una de oro a cambio de su liberación. La codicia de los españoles hizo que aceptaran y de inmediato se mandó la orden a todo el Imperio para enviar la mayor cantidad de oro y plata hacia Cajamarca. A pesar de haber cumplido su parte, el Inca fue sentenciado a muerte por los cargos de idolatría, fratricidio, poligamia e incesto. Su última concesión fue ser bautizado como cristiano con el nombre de Francisco, para luego ser ahorcado. Su ejecución se realizó el 25 de julio de 1533, enterrándose en la iglesia de Cajamarca. Se cree que Francisco Pizarro lloró la muerte del soberano.

La noticia de la desaparición del Inca tuvo varias repercusiones; entre ellas el que muchas etnias dominadas se sublevaran e intentaran recuperar su independencia. Por su parte, los partidarios de Huáscar (como Manco Inca) se unieron a los españoles para derrotar a Chalcuchimac, a Quisquis y a los demás partidarios de Atahuallpa.

Con estos acontecimientos un nuevo orden se estableció en los Andes, con los consiguientes cambios económicos, sociales y políticos; temas que serán abordados en el siguiente tomo de esta Historia de Bolivia.

sábado, 21 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Balance

Según la información etnohistórica, la presencia imperial no es mayor a un siglo en esta parte de los Andes. Sin embargo, son grandes los cambios desarrollados por las poblaciones locales en ese tiempo. Uno de los más relevantes fue el nuevo orden territorial que experimentaron las poblaciones en relación a los cambios políticos desarrollados. Una muestra tangible de esos cambios es la presencia de la red vial inca y el establecimiento de tambos como áreas de congregación poblacional para la formación de provincias y nuevas estructuras territoriales de las poblaciones anexadas al Imperio.

Otro de los aspectos llamativos fue el crecimiento de la producción a todos los niveles, muy significativo en términos de agricultura, ganadería, minería y, seguramente, también en relación a la producción de bienes y artefactos que demandaron altos niveles de especialización.

Ese hecho hizo que los afanes expansivos y la obtención de nuevos productos se convirtieran en la motivación del nuevo orden imperial. Por ello, el establecimiento de fortalezas y el traslado de gente foránea fue uno de los hechos que marcó la dinámica del último tiempo y el momento en el que irrumpió la colonia española.

A nivel social, el impacto del Imperio produjo un ambiente globalizador, a partir del establecimiento de símbolos homogéneos y la circulación de bienes y servicios que trataban de anular las características mantenidas por los grupos en tiempos anteriores. Uno de los rasgos más llamativos tiene que ver con el aparato religioso y la institucionalización de un nuevo orden ritual que marcó a dichas poblaciones, incluso hasta ahora. Las peregrinaciones a la Roca Sagrada en el Titicaca fue uno de los elementos simbólicos más relevantes en ese sentido.

Por otra parte, la homogeneización de los materiales y el sincretismo que el Imperio logró de las tradiciones andinas más relevantes, convierten a los incas en la síntesis de la cultura y la tecnología acuñada en más de un milenio en los Andes. Por todo ello, y por el tiempo en que esto fue logrado, se constituyen en el desarrollo político más relevante de esta región de América. Sin embargo, por su fuerza e impacto, el sistema imperial no podía mantenerse mucho en el tiempo. Debido al grado de organización y al impacto ocasionado en las poblaciones locales, es un sistema que estaba produciendo reacciones adversas en muchas partes del territorio. Un ejemplo claro es la rebelión de los huancas, quienes lograron realizar alianzas con los españoles en contra del sistema establecido. Esa situación –sin duda– se dio en muchas partes de los Andes, implicando aspectos desestabilizadores que no se podían controlar.

Dicho panorama es el que encontraron los españoles, sumado a conflictos políticos al interior de la élite gobernante y a un afán expansivo hacia las Tierras Bajas que estaba en su auge. Probablemente, todos esos aspectos mostraban una estructura debilitada y/o vulnerable para la avanzada de un nuevo orden. A ello se debe agregar el aspecto mítico, que planteaba la llegada de un nuevo líder, el cual fue mimetizado con los españoles.

Muchas son las teorías acerca de cómo 200 hombres en Cajamarca sometieron a un Imperio de millones de habitantes. Lo cierto es que si todo hubiera estado a favor del sistema en el que las poblaciones vivían, los españoles no habrían logrado el control del Imperio. Como se verá en el siguiente volumen, la Colonia marcó un nuevo contexto para las poblaciones andinas, seguramente como parte de un destino que no se podía evitar, y que era parte ineludible de la secuencia diacrónica en los Andes.

viernes, 20 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - El aporte tecnológico

Los incas tuvieron el desarrollo más complejo que existió en los Andes; para muchos investigadores, haciendo una analogía con civilizaciones como la de los aztecas o los romanos, este desarrollo puede ser considerado imperial (Bauer, 1992; D’Altroy, 1992; Julien, 1982; Pärsinnen, 1992; Pease, 1978, 1982; Presta, 1995; Rostworowsky, 1988; Saignes, 1985, 1990; Schreiber, 1992; Stanish, 1997). Esto está relacionado –como ya se dijo- sobre todo a su afán de expansión territorial y política, aspecto no observado en ningún desarrollo precedente en los Andes.

El proceso expansivo en todo el Imperio implicó cambios radicales para los grupos locales, pero también se invirtió en la creación o rehabilitación de un sistema de caminos, la construcción de tambos y el reasentamiento de colonias (mitmas) hacia diferentes partes del Tawantinsuyo, dando la opción de detentar poder a las autoridades locales administrando y controlando la movilidad para su beneficio. Su sistema organizativo y la construcción de la infraestructura pública utilizaron la fuerza de trabajo, basándose en un sistema decimal, como indica Julien (1982). Un aspecto que lo diferencia de Imperios como el Azteca u otros en el mundo es el hecho de que la extracción de riqueza también utilizó la fuerza de trabajo y no el tributo en especie (Murra, 1975).

A nivel tecnológico, su presencia es la síntesis del conocimiento de los grupos precedentes, por lo cual está marcada por elementos representativos que fueron registrados arqueológicamente en muchas partes de su territorio. Entre ellos, es relevante la arquitectura de este periodo, que si bien denota un patrón muy particular, estaba basada en la tradición arquitectónica de Tiwanaku, denotando su influencia. Los elementos más representativos son estructuras como kallankas, ushnus y torres funerarias, construidas en piedra, con formas y técnicas particularizadas de acuerdo a las regiones. Dicha infraestructura es registrada en diferentes partes de los Andes, sobre todo asociada a centros administrativos.

A ello se debe añadir la infraestructura agrícola, basada especialmente en la construcción de inmensos campos de terrazas y silos, que eran lugares de producción y almacenaje. Este tipo de construcción implicaba trabajos de ingeniería, hidráulica y conocimiento de los ciclos de la naturaleza. Una de sus características fue el establecimiento de un sistema de riegos asociado, al igual que el funcionamiento a secano de este sistema.

Las terrazas o takanas, sistema más utilizado en ese período, consideraban la fertilidad del suelo, el drenaje del agua y prevenían la erosión, para lo cual fueron construidas utilizando rocas grandes que eran colocadas en la base para nivelar el terreno. Con una capa de piedras más pequeñas se generaban conductos reguladores de agua que evitaban que la tierra fértil, donde se sembraba, se escurra entre las rocas; para darle mayor seguridad, se levantaban paredes de piedra. Estas paredes pueden conformar altas y extensas plataformas, como las observadas en muchas partes de los Andes.

Por su conformación y arquitectura, las terrazas agrícolas definen un paisaje nuevo, donde se cultivaban alimentos tan esenciales como el maíz, uno de los principales productos agrícolas de la época. Debido a su funcionalidad, esas antiguas construcciones aún se utilizan para cultivar alimentos tradicionales, a los cuales se sumaron nuevos productos, como el haba, el trigo, las arvejas y la cebada, introducidos con la llegada de los españoles y que actualmente se incluyen en las tradiciones culinarias en esta vasta región.

Las expresiones materiales registradas en los sitios arqueológicos son los restos de trabajo en cerámica, líticos, textiles y metalurgia, en los cuales se lograron grandes avances tecnológicos y artísticos. Como se observa en lo referente a la arquitectura, la tecnología empleada para la producción de esos artefactos fue una herencia de culturas precedentes, pues los incas rescataron las mejores tecnologías de los Andes como parte de su acervo cultural. La elaboración de los mismos correspondía a especialistas, localizados en diferentes partes de los Andes.

La elaboración de cerámica también fue una herencia de Tiwanaku, localizándose sus principales ceramistas en las márgenes del lago Titicaca, considerados los “olleros del inca”, como menciona John Murra (1982). Luego de un periodo donde resaltaba el negro/ rojo en las vasijas, vuelve la policromía en la elaboración de finos artefactos, los cuales eran un símbolo del prestigio de los incas y de los señores locales.

Las formas más típicas y rituales de la cerámica Inca fueron los aríbalos, los kerus (vasos ceremoniales) y los platos playos con decoración geométrica polícroma, producción sumamente estandarizada. Los colores más usados fueron diferentes tonos de marrón y sepia, además de rojo, negro, blanco, naranja y morado, los que producían una gama relativamente variada de combinaciones. Se aprecia en esta alfarería la predilección por los diseños geométricos, predominando rombos, barras, círculos, bandas y triángulos. Este tipo de artefactos se encontraron en los Andes, presentando manifestaciones particulares de acuerdo a las diferentes regiones (Fig. 113).

Paralelamente, se registra material doméstico, el mismo que no presenta decoración y que responde a las características tecnológicas de las diferentes regiones anexadas al Imperio. A este tipo de materiales se los define como estilo Inca local, cuya característica es el uso de un profuso engobe de color rojo.

Por último, también se advierte un sincretismo tecnológico entre el estilo cerámico imperial y los estilos locales. Su característica es la conservación de las formas emblemáticas como el aríbalo o el plato playo, pero el decorado presenta un estilo local. Este tipo de artefactos es registrado, sobre todo, en las áreas marginales del Imperio, siendo uno de los indicadores para establecer el tipo de relación de las poblaciones locales con los incas. Como ejemplo, podemos mencionar los estilos Inca Pacajes, Inca Carangas e Inca Quillacas, registrados en el altiplano de La Paz y Oruro (Fig. 114).
Los Aribalos

A nivel de artefactos líticos, sobresale el fino trabajo pulido, sobre todo de hachas y armas o instrumentos de guerra, los cuales fueron registrados en muchas partes de nuestro territorio. La tecnología lítica era más elaborada que en tiempos anteriores, haciendo mucho uso de finos acabados. Las formas más representativas son las hachas líticas y las azadas, las que se registran en muchas partes del territorio; son artefactos que fueron utilizados a nivel ritual y para la agricultura, respectivamente (Fig. 115). Otro tipo de artefactos líticos son las armas o herramientas vinculadas a los conflictos ejercidos por los incas en su proceso expansivo. Estas armas consisten, sobre todo, en macanas y boleadoras que eran utilizadas junto a las hondas.

En cuanto a la escultura, son relevantes las representaciones zoomorfas de auquénidos, llamas, vicuñas y alpacas, así como algunas representaciones fitomorfas, y numerosos cuencos y recipientes llamados popularmente morteros. En este tipo de expresión se observa la simplificación de las formas por medio de volúmenes geométricos sencillos y una esquematización de los motivos decorativos. La escultura de este periodo se caracterizó por la sobriedad, la geometría y la síntesis, tendiendo más a lo práctico y funcional que a lo formal.
Sincretismo

Hacha Litica


La tecnología metalúrgica fue una de las más relevantes en el periodo Inca, dado que el área andina fue la cuna de la metalurgia. En toda la costa existieron expertos plateros, como una herencia de los poblados de Chimú, Pachacámac, Ica y Chincha, los que eran considerados como los mejores orfebres de los Andes. Durante el apogeo imperial, se enviaron mitmas a Cusco para la producción de objetos suntuarios. Entre ellos, fueron relevantes los artefactos utilizados por las élites, destacándose las diademas, orejeras, pendientes, anillos, pecheras, tobilleras, tupus, (prendedores) etc. Por otro lado, se consignan pequeños elementos rituales y de ofrendas, finamente elaborados en oro y plata, como regalo a las deidades naturales. Algunos de estos objetos fueron registrados en el lago Titicaca y en diferentes contextos rituales. Sin embargo, los más recurrentes son los tumis (cuchillos ceremoniales) y las hachas rituales, artefactos de aleaciones que se registraron en muchos sitios de esta región (Fig. 116).

Es importante mencionar la importancia que tenía el oro para los incas, ya que reflejaba su relación con lo divino, y cuyo trabajo de acopio fue delegado a los mitmas. Para realizar su fundido utilizaban las huayrachinas, donde se realizaban diferentes aleaciones que luego dieron paso a impresionantes artefactos de oro, plata y tumbaga.

Para la creación de armamento se utilizaba cobre y sus aleaciones. Con el bronce elaboraban sobre todo cuchillos ceremoniales y hachas para la nobleza, además de mazas, entre otros objetos militares. Las mazas tenían forma estrellada con un orificio al centro, a fin de colocarla en un palo, por lo cual recibían el nombre de macanas. También se cree que utilizaron platino y hierro, aunque sólo para la elaboración de pequeños ornamentos.
Piezas Ornamentales

En relación a los textiles, es remarcable el hecho de que los incas aprovecharan finas fibras, como las de vicuña, para la elaboración de suntuosas prendas. A la tradición textil existente, cuyos principales representantes fueron las culturas de la costa central –en las poblaciones de Paracas y Nazca–, los incas incorporaron figuras geométricas: cuadrados rectángulos o rombos, ordenados vertical u horizontalmente. Esta nueva forma de representación corresponde a una iconografía centrada en símbolos conocidos como tokapus, significativos de la heráldica prehispánica y mantenida hasta la Colonia.

Los textiles se elaboraban en telares, los que prensaban la trama y la urdimbre con la ayuda de una wichuña, hueso de llama pulido al que le sacaban una punta. Las fibras utilizadas correspondían sobre todo a camélidos, como llamas, alpacas y vicuñas, las cuales tomaban color a partir del tinte de plantas y minerales.

Es justamente en este período en el que prevalece el rol de la fibra de vicuña como elemento suntuario de alto prestigio. Los incas instituyeron el chaku como forma sostenible de obtención y aprovechamiento de la vicuña, es decir que se esquilaba a los animales en vivo para la obtención de la fibra.

Para los incas, la importancia de los textiles fue religiosa, social y política. En ellos expresaban su cosmovisión, su sentido del espacio y de sus divisiones, además de ser símbolos que denotaban el rango social. Los famosos ponchos dameros, blancos con negro y rojos al centro, se destinaban sólo a los orejones o generales allegados al Inca. Se dice que los diseños geométricos, que aparecen en algunos tejidos, servían también para identificar a los incas y a sus familias (Fig. 117). Desde la visión política, los tejidos representaban bienes que se podían intercambiar y/o tributar para cohesionar al Imperio.
Textiles tokapus

A ello se deben sumar las prendas elaboradas con plumas de aves exóticas, que manifiestan un gusto estético por el color y por los recursos de otros ambientes ecológicos. Esta técnica de manufactura se utilizó en mantas, unkus, abanicos y sombrillas, mostrando la relación de los incas con las poblaciones de origen selvático para la adquisición de esa materia prima.

Por otra parte, conceptos y cálculos matemáticos fueron aplicados principalmente en actividades económicas. Los sistemas de registro y cálculo más conocidos eran los quipus y los yupanas. Los quipus eran sistemas nemotécnicos que consistían en tiras anudadas; sólo se anudaban los resultados de las operaciones realizadas anteriormente en los ábacos o yupanas. Los cronistas españoles narran que en este sistema se guardaban fragmentos de la historia de los incas, relatando nacimientos, guerras, conquistas, nombres de los nobles y tiempos de tales eventos.

Los registros arqueológicos realizados en los Andes dan cuenta de innumerables artefactos que prueban el avance de la tecnología incaica. Algunos de esos aspectos también son corroborados en los documentos de la Colonia temprana, donde se describen con detalle algunas tradiciones prehispánicas. Sin embargo, las viejas tradiciones fueron cortadas con los españoles, denotando un nuevo periodo en el que la estética y la tecnología fueron reemplazadas por la funcionalidad de los artefactos y de las construcciones.

jueves, 19 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Curiosidad tecnológica

Son muy conocidas las estatuillas de oro y plata ofrendados en tiempos del Inca al lago Titicaca dentro de urnas de piedra, como las que se observan al lado derecho de la fotografía. Algunos de estos preciosos ejemplares se conservan actualmente en el Museo del Oro de la ciudad de La Paz. Estas piezas muestran la habilidad de los orfebres de la época por la representación de esculturas antropomorfas en posiciones específicas.

Sin embargo, la pieza de madera del lado izquierdo, procedente de Nueva Guinea y registrada en la colección etnográfica de Ralf Buschardt - Berlin (2014), nos muestra mucha similitud con los ídolos de oro. La escultura corresponde a un bastón, cuya terminación es una representación antropomorfa del mismo tamaño y similar posición a las estatuillas referidas.

Sin el afán de interpretar difusiones o paralelismos culturales, llama la atención que en diferentes espacios geográficos y momentos de la historia se registren aspectos como éstos. Si se observara con detenimiento la producción tecnológica de las diferentes culturas en el planeta, sin duda se encontrarían aspectos particulares que podrían motivar muchos análisis e hipótesis sobre las representaciones del imaginario colectivo actual y del pasado.
Curiosidad tecnológica

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Arquitectura inca

El principal material utilizado en la arquitectura Inca fue la piedra. En las construcciones más simples era colocada sin tallar, más no así en las estructuras complejas e importantes.

Los constructores de la época desarrollaron técnicas para levantar muros enormes, verdaderos mosaicos formados por bloques de piedra tallada que encajaban perfectamente, sin que entre ellos pudiera pasar un alfiler. Muchas veces, esos bloques eran tan grandes que resulta difícil imaginar su colocación, estando las mejores muestras de esa habilidad en Cusco. Se sabe que los mejores talladores de piedra eran collas, provenientes del altiplano, posiblemente como parte de la herencia que dejó Tiwanaku en esas poblaciones.

Es por ello que se dice que la arquitectura Inca fue influenciada técnicamente por Tiwanaku, y el lugar donde se hace evidente ese hecho es en Ollantaytambo - Cusco.

miércoles, 18 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Sistema adiministrativo y organización política

Como se vio en el capítulo precedente, en el período que va entre Tiwanaku y los incas, las sociedades andinas estaban organizadas de formas muy simples, con niveles de jefaturas que no implicaban organizaciones centralizadas o estatales. Con las fases expansivas de los incas esta situación fue cambiando paulatinamente, ya que necesariamente implicó la vuelta a un nivel de centralización política con grandes cambios de orden social y económico.

Por ejemplo, los señores del altiplano y los jefes de los pueblos de las Tierras Bajas tuvieron que establecer diferentes niveles de relaciones con el Inca, ya sea para acceder a sus favores y ser parte de la élite gobernante, o para negociar la anexión de sus territorios al Imperio. Ahora bien, esta anexión fue secuencial y se dio a partir de una re-estructuración que implicó el establecimiento de un “tributo” y la organización de las poblaciones en la mit’a para la producción, la edificación de arquitectura pública o el servicio a la élite gobernante.

De la misma forma, la anexión de determinado territorio no era un caso fortuito, pues implicaba la construcción de un centro regional, la vinculación de una red de caminos a la principal (Capac Ñan) y la obtención de algún recurso que pudiera fortalecer los intereses del Imperio. Esos recursos eran de tipo productivo o poblacional; en el primer caso, relacionados a la agricultura, minería o ganadería y, en el segundo, como parte de la gente que fortalecía los ejércitos imperiales o que era enviada a otros territorios como mitmas.

El resto de la población, dependiendo del tipo de alianza que habían logrado los jefes locales, estaba destinada a pagar al Imperio con mano de obra y, excepcionalmente, con excedentes de producción. Todas las poblaciones dedicadas a la agricultura debían abastecer a los ejércitos imperiales; por su parte, los especialistas a nivel de textilería, metalistería, orfebrería, manufactura de cerámica y construcción de obras públicas contribuían con su mano de obra. Por último, una población más restringida, como la de las ñustas (princesas incas) o los niños, era dedicada a actividades sacerdotales o al sacrificio, a pesar de que salían de la contabilización de sus lugares de origen, pues estas personas eran trasladadas a los santuarios principales.

Un fenómeno similar no se había dado antes, y los pobladores andinos estaban en un proceso de asimilación y/o reacción hacia esa nueva situación socio-política. Luego de casi un siglo en este estado, había disconformidad en las poblaciones locales, ocasionadas en algún sentido por tensiones internas vinculadas al acceso al poder. En esta situación se encontraba gran parte de los Andes cuando irrumpió la Colonia, que cambió –en parte– el panorama, pero aumentó grandemente dichas tensiones.

martes, 17 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - La conquista de otros territorios

Una vez establecido el Imperio y sus estrategias de control en los Andes y los valles mesotermos, se inició una campaña militar esforzada en establecer control político y económico en otras regiones. Esas regiones eran parte de las Tierras Bajas de la Amazonía y el Chaco, zonas muy ricas en recursos como madera, alucinógenos, plumas, productos exóticos y psicotrópicos. La conquista o expansión hacia la Amazonía y el Chaco fue uno de los últimos eventos desarrollados por los incas en esta parte de los Andes.

En este ámbito es que como parte de las políticas de avance se construyeron fortalezas para albergar a los ejércitos incaicos, compuestos por pobladores andinos. Ese hecho posibilitó la demarcación de una frontera entre el mundo andino y el de la Amazonía y el Chaco, consolidada a partir del establecimiento de ese tipo de sitios.

En ese mismo sentido, debe decirse que el concepto de frontera fue mal entendido, tanto por la etnohistoria como por la arqueología. Desde una lógica positivista, se entiende como un espacio de conflicto constante y donde las variables de interrelación son anuladas por acciones bélicas o de sometimiento. Sin embargo, la denominada frontera de los incas, a más de contar con esas características, también mostraba una dinámica cultural y poblacional que permitía la circulación de bienes y la interacción de las poblaciones en conflicto.

Es así que se estableció una organización distinta en estas zonas, con niveles de control diferenciados. Éstos tenían que ver con las alianzas que en muchos casos los incas lograron con algunos grupos para permitir el paso de sus ejércitos, lo cual no necesariamente se plasmó en el sometimiento de dicho grupo. Un caso visible de ese hecho es la relación de los incas con los tacanas para acceder a las llanuras de Mojos; se estableció una interacción socio-política que, a la postre, se manifestó en una influencia cultural quechua sobre este pueblo amazónico (ver Tyuleneva, 2010).

Por otra parte, también se advierte que en algunas áreas, el control fue reforzado con la presencia de mitmas, como en Oronkota, para posibilitar el mantenimiento de la dinámica fronteriza (Alconini, 2002). Pero, como en todos los casos de la presencia inca en los Andes, el establecimiento de esta red de puestos fronterizos también respondió a particularidades de cada uno de los casos. Dado que el tema fue escasamente estudiado, el análisis de la organización de zonas de frontera en Bolivia aún está incompleto.

Sin embargo, a partir de los datos etnohistóricos, se conoce que los conflictos y la avanzada hacia las Tierras Bajas por territorio de Charcas (cara caras, yamparas, chichas) motivaron la conformación de los ejércitos expansivos. Este hecho derivó en el establecimiento de una frontera étnica entre los Andes y las Tierras Bajas, denotando un relacionamiento de conflicto que tuvo sus repercusiones hasta el período colonial (Saignes, 1985).

Los principales sitios registrados en esa frontera son Oronkota, Cusco Tuyo e Incahuasi,en Chuquisaca; Samaipata (Fig. 111) y Saipina, hacia Santa Cruz; La Yunga, en Cochabamba, y también varios sitios de Ixiamas, en el Norte de La Paz. Sin embargo, sitios como Las Piedras, en Riberalta (Beni), muestran que los incas ya habían logrado una gran avanzada por el Norte, probablemente a partir de su incursión en Mojos por territorio kallawaya (Fig. 112).

De la misma forma, este hecho sacó a la luz la existencia de un conglomerado poblacional hasta ese entonces mimetizado en su propia dinámica, el cual había desarrollado características y patrones culturales particulares, pero también complejos. Estas poblaciones, consideradas “salvajes” por los documentos coloniales, desarrollaron una dinámica muy interesante en ese último período.

Son muy conocidas, por ejemplo, las invasiones desarrolladas por los chiriguanos en los Andes, quienes nunca fueron sometidos y pelearon hasta tiempos coloniales. Otro caso registrado por los documentos son las alianzas logradas entre los capitanes incas y el cacique Grigotá, quienes sellaron el pacto con la entrega de mujeres a los jerarcas andinos.

Para lograr este impacto sobre los grupos locales, los incas tuvieron que movilizar una gran cantidad de poblaciones, las que generalmente estaban constituidas por mitmas destinados a la guerra y que conformaban sus ejércitos. Todo ello nos muestra que la presencia del Imperio tuvo diferentes matices en las diferentes regiones, haciendo uso de las potencialidades materiales y humanas disponibles, ya que cambiaron y reestructuraron la dinámica existente para lograr un fenómeno político y social no igualado hasta ahora.
La conquista de otros territorios

La conquista de otros territorios

lunes, 16 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Tambos y áreas administrativas

Asociadas a la red principal de caminos, se construyó también una red de edificaciones administrativas, las cuales fueron denominadas tambos, y que mostraban la indudable presencia imperial. Los tambos eran concentraciones constructivas y de poblaciones, que tenían el objetivo de congregar a las elites y administradores de los lugares conquistados por los incas. Contaban con arquitectura monumental y en la mayor parte de los casos estaban asociados al camino principal inca, seguramente en la lógica de controlar el movimiento de poblaciones y de productos locales (Fig. 108).

Tambo Quillacas


Las principales estructuras de un tambo eran las kallankas, grandes construcciones rectangulares, de hasta 70 metros de largo. Se piensa que fueron edificios públicos que servían para el hospedaje de gente, administradores y funcionarios imperiales. Dichas construcciones también estuvieron vinculadas a actividades ceremoniales y a la administración de almacenes. Por lo general, presentan varias puertas, nichos y ventanas en forma trapezoidal, típico signo constructivo imperial. De acuerdo a los registros realizados en gran parte de los sitios, se plantea que las kallankas habrían sido cubiertas con un techo a dos aguas.

Dentro de los tambos más importantes, también se observa la existencia de una plaza central en la que se edificó un ushnu o asiento imperial; se dice que el Inca visitaba los tambos y ese era el lugar en el que tomaba posición para dirigirse a la población. Su arquitectura generalmente corresponde a un estilo arquitectónico local, pero –en relación al grado de importancia que tenía– se observan algunos rasgos sobresalientes. Entre ellos, podemos citar su asociación a torres funerarias de estilo cuzqueño, como las encontradas en el territorio de los carangas. En algunas de las estructuras, también se pueden registrar restos de enlucidos de color, como se observa en Incallacta, sitio administrativo de central importancia. En Bolivia, los tambos más relevantes se encuentran en Paria, Incallacta, Incarracay, Sevaruyo, Opoco, entre otros (Fig. 109).

A manera de balance, puede decirse que la red regional de caminos cambió el patrón de manejo del espacio para adecuarse a la administración incaica, observándose una clara relación entre los caminos, tambos, áreas agrícolas y de almacenaje para abastecer los sitios administrativos. Del mismo modo, dichos sitios se asocian a cerros o huacas, dejando claro que los aspectos rituales, económicos y administrativos formaban un todo indisoluble. Otro aspecto que cabe resaltar es la articulación con la población conquistada, como se evidencia en los restos materiales típicamente Inca o en los restos que son producto del sincretismo entre el estilo imperial y los estilos locales.

A la pregunta de quiénes habitaban esos sitios, se puede indicar que hubo población de distinta jerarquía, compuesta por dignatarios imperiales (hatun curacas), élites locales, funcionarios encargados de la administración económica y sirvientes. Adicionalmente, debido a la naturaleza de los tambos, se observa una población itinerante que era movilizada por los caminos y que se refugiaba momentáneamente en esos sitios. Una imagen congelada de esa dinámica mostraría a los tambos como un pueblo grande, diverso y con mucha actividad.

Un análisis regional de estos sitios muestra que una gran mayoría de los mismos se ubican en áreas de frontera de los grupos locales. Este hecho –en algunas regiones– parece haber demarcado una concentración de poblaciones y de contactos multiculturales, propiciando un fenómeno intercultural y de globalización, en desmedro de las identidades étnicas locales. Tal caso parece observarse en la región de Quillacas (Lima, 2008).

Los tambos tenían gran importancia para el Imperio, ya que eran parte de la avanzada política hacia el sur, lo que explica la inversión en edificación de infraestructura administrativa. En relación a los datos de fines del siglo XVI, las negociaciones con los grupos locales para el establecimiento de esos sitios parece haber sido muy compleja. Los documentos mencionan niveles de alianza de los jefes locales con los incas; pero lo que se observa es una evidente política de desestructuración, manifestada en la implantación de tambos en zonas que teóricamente eran multiétnicas, así como en la emergencia y difusión de elementos globalizantes u homogeneizadores. 
Las Kallankas


Es muy difícil saber cuál fue la reacción de las poblaciones locales frente a esos cambios, aunque puede inferirse que tuvo diferentes expresiones. Sin embargo, el proceso mencionado parece haber sido lento y, en algún momento, pudo ocasionar una crisis interna, sobre todo a nivel socio-cultural. La masificación de los símbolos de la presencia imperial parece marcar el surgimiento de nuevas identidades sociales y/o políticas, debilitando los niveles de autoadscripción étnica. Este es un aspecto que merece ser profundizado en el análisis del impacto que ocasionó la presencia del Imperio en los Andes Centro Sur.

En relación a ese tema, un ejemplo son las alianzas políticas logradas con las élites locales de algunos grupos, como los carangas, que tuvieron como resultado la construcción o edificación de diferentes símbolos, tales como las chullpas de color del Río Lauca (Fig. 110). Estos elementos no sólo muestran una alianza política, sino también la pervivencia de una costumbre y tradición mortuoria que fue conservada por los incas y que se mantiene hasta la actualidad.

Por lo observado, los incas lograron una incursión sutil, pero políticamente respaldada por las jefaturas locales en sus territorios. Los centros administrativos parecen haber centralizado los poderes locales, siendo los sitios desde donde se implementó toda la estrategia para debilitar social y políticamente a las poblaciones. Por tanto, es posible confirmar la generación de sistemas de control, políticamente sustentados en toda la región.
Torres Funerarias

viernes, 13 de mayo de 2022

El Capac Ñan en Bolivia

También se ha mencionado de la importancia que tenía el Capac Ñan para los incas y la movilización de poblaciones, información y producción. Parte de esa red de caminos fue registrada en Bolivia, patentizando la presencia imperial en este territorio. Como se dijo, esta red permitía el aprovechamiento de productos como la coca, metales preciosos, piedras y productos exóticos, y sus registros muestran que estaba dispersa a lo largo de todo el país, definiéndose principalmente dos áreas: el sector Uma y Urco del territorio.

El Cápaq Ñan empieza en Cusco, presentando varias bifurcaciones que luego se extienden a manera de red por todo los Andes. En esta parte, es el eje acuático, el lago Titicaca y el lago Poopó, el que define la red. La entrada del Capac Ñan en territorio boliviano se da a partir de Desaguadero, por el lado Uma, y por el Norte del Titicaca hacia el sector Urco. Los caminos corren en dirección Norte-Sur hasta encontrase en las márgenes del lago Poopó, donde también divergen para luego unirse y llegar al Sur de Bolivia, ingresando a territorio de la actual Argentina (ver Fig. 103).

Paralelamente, se observan caminos transversales que son parte de la red, los cuales comunican los diferentes ambientes ecológicos. Por ejemplo, del camino Uma se desprenden ramales que derivan a la costa y hacia la región de los salares. De la variable Urco se desprenden ramales hacia la región de los valles, tanto al Norte de Bolivia como hacia el este.

Todo ese movimiento estaba relacionado con la circulación de bienes y productos, tanto de orden doméstico como de orden suntuario. Es por ello que el Capac Ñan es entendido como una red y no sólo como un camino real, establecido sobre las antiguas rutas de los llameros, los que desde tiempos tan tempranos como el Formativo circulaban los productos a través de los Andes.

Debido a su importancia, el Imperio invirtió una gran fuerza de trabajo en su construcción. Se puede decir que gran parte de la monumentalidad arquitectónica observada en Cusco es posible de ser apreciada en la elaboración de algunos de los caminos en Bolivia (Fig. 107). De la misma forma, la construcción de estas vías estaba relacionada a un sistema de ingeniería muy elaborado, consistente en la construcción de imponentes plataformas que eran adecuadas a la topografía de los Andes, las cuales tenían un ancho de entre 3 y 10 metros. Esas plataformas eran empedradas y contaban con canales, áreas de drenaje, pasos de agua, etc. adecuados tanto a zonas secas como a áreas de inundación.

Por otro lado, debe mencionarse que los caminos siempre estaban orientados en dirección Nortesur, por lo cual se consideraban las rutas más directas para llegar a Cusco. Se asociaban a apachetas en las abras de cerros y en algunos casos parecen estar marcados por sitios de torres funerarias (chullpas), como se observa en Oruro. Lo que se concluye de estas características es que el Capac Ñan también implicó una transformación del paisaje, tanto visual como ritual, de las poblaciones prehispánicas.

La inmensa red de caminos registrada en Bolivia permitió lograr un amplio dominio territorial, así como el abastecimiento y dinámica de diversos productos materiales, rituales e ideológicos, entre centros poblados ubicados en lugares estratégicos para la agricultura, la ganadería y la minería, principalmente.

Sitios relacionados a los caminos incas son los tambos y las postas, lugares donde se cobijaban los viajeros en sus largas caminatas por los Andes. Los tambos grandes, algunos de los cuales se constituyeron en áreas administrativas debido a la congregación de poblaciones que registraron, se ubicaban cada dos días de caminata. En cambio, las postas se ubicaban a cada día, estando algunas de las veces asociadas a sitios con aguas termales (Lima y Michel, 2005). Algunos de estos sitios presentaban una inmensa plaza rodeada de kallankas, con un ushnu o pirámide trunca en el centro. Este tipo de enormes centros abiertos son también una característica fundamental de la ruta principal.

La ruta por el altiplano se relacionaba a una estrategia cuya finalidad era la de lograr mayor aprovechamiento del camino para la obtención de recursos de humedales alto andinos. Sin embargo, algunos ramales que se bifurcan de la red principal se internan hacia valles mesotermos de producción de granos y otros productos típicos de ese ambiente. Toda esa dinámica, como se puede observar, está interrelacionada con la construcción de áreas administrativas, con la estructuración de complejos sistemas agrícolas y con el aprovechamiento de regiones ricas en minerales.
El Capac Ñan en Bolivia

miércoles, 4 de mayo de 2022

Aprovechamiento de la producción agrícola

Ya se ha mencionado que los incas tuvieron mucha incidencia en el fomento de la actividad agrícola. Eso se debió a que ese tipo de producción, como se observó en Tiwanaku, pudo mantener al Imperio y a sus ejércitos.

En ese sentido, se puede decir que, en ese tiempo, eran tres las formas más comunes para el desarrollo de la agricultura: la construcción de andenes o takanas, la reutilización de camellones o suka kollus y el uso de qochas o lagunas artificiales. Sobre todo en los dos primeros casos, se demandaba de la movilización de grandes cantidades de mano de obra, aspecto que fue asegurado por la política imperial.

Los andenes son también conocidos como terrazas agrícolas o takanas; permitían aprovechar mejor el agua, tanto en lluvia como en regadío, haciéndola circular a través de los canales que comunicaban sus diversos niveles. Este sistema era adecuado, sobre todo, a los lugares escarpados, por lo que sus restos son registrados en las laderas de cerros.

En cambio, la tecnología de los sukakollus es propia de las riberas del lago Titicaca, habiendo sido utilizados durante el periodo Tiwanaku. Son montículos de tierra que permitían almacenar y aprovechar mejor el agua en áreas de frecuentes inundaciones a causa de las lluvias. Se componen de un gran número de surcos simétricos que recolectan el agua y la conducen entre sus canales, permitiendo la fertilización de la deposición adyacente. Esta forma de cultivo fue complementada con la construcción de qochas o lagunas artificiales, utilizadas para cultivar y dar de beber al ganado.

Todos los complejos agrícolas fueron complementados por elaborados sistemas hidráulicos y áreas de almacenaje. Los primeros estaban constituidos por canales y bocatomas, que permitieron la irrigación y el cultivo; en cambio, las áreas de almacenaje estaban relacionadas a una cantidad ingente de silos o qollcas asociadas a las áreas agrícolas. Evidencias de estos sistemas fueron registradas en diferentes regiones de los Andes.

Aunque en muchos sitios se observó el crecimiento de producción agrícola en el último período prehispánico, el amplio valle de Cochabamba fue –en Bolivia– el área más importante. Su importancia radicaba en que era la zona de mayor producción de maíz, considerado éste un recurso de primera necesidad para la elaboración de chicha, además de ser un producto de tipo suntuario que otorgaba prestigio, por lo que también era cultivado con fines burocráticos, militares y ceremoniales. El maíz estaba relacionado a los ritos y fiestas que desarrollaban los incas en honor al dios Sol, a quien le hacían libaciones en vasos rituales de cerámica con esta sagrada bebida.

Con ese fin, una gran cantidad de población fue movilizada al valle (Wachtel, 1982) en calidad de mitmas agricultores, poblaciones foráneas que constituyeron una adecuada fuerza de trabajo. Esas poblaciones provenían de diferentes partes del altiplano y, con el tiempo, se sincretizaron a la población local.

Los centros agrícolas estaban distribuidos en gran parte del valle de Cochabamba, consistiendo en inmensos campos de terrazas, asociados a áreas de almacenaje que mantenían a la élite y a los ejércitos del Inca. Entre los más famosos se encuentran los sitios de Cotapachi y Colcapirhua, áreas donde se almacenaba toda la producción para luego redistribuirla. La evidencia arqueológica permitió el registro de más de 2000 silos en un solo sitio, lo cual da una idea de la magnitud de la producción agrícola en la región.

En función de la documentación etnohistórica, se sabe que esa producción era llevada a los silos para luego ser transportada, por los llameros del Inca, desde Sipe Sipe hasta Cusco (Wachtel, 1982), es decir que el maíz del valle era consumido por la élite imperial. Esto a pesar de que la producción de áreas adyacentes servía para el sustento de los ejércitos imperiales, apostados en las inmediaciones con el objetivo de avanzar por los valles hacia el Chaco y la Amazonía.

Tal vez debido a ello, la construcción de Incallajta muestra la importancia que tenía el valle de Cochabamba para los incas. Ya se ha mencionado que con la incursión de Huayna Capac el valle cobró mayor relevancia, por lo cual en esa región fue construido uno de los centros administrativos más importantes del Imperio. Las fuentes coloniales mencionan la presencia del palacio de este Inca en Incallajta, aspecto que fue corroborado por las excavaciones arqueológicas..

En la parte central del sitio fue registrada una estructura de doble planta que contaba con un espeso revoque blanco, identificándose como el palacio de Huayna Capac. Asociados a este rasgo, se registraron una plaza central, varias kallankas y un ushnu, que denotan la presencia imperial (Muñoz, 2012).

lunes, 25 de abril de 2022

Minería en tiempos del Inca

La producción de metales en tiempos del Inca se caracterizó principalmente por el uso del cobre, la reducción del mercurio y la aleación del bronce. Se dice que gracias a la extracción del oro y las aleaciones hechas con plata y cobre se obtuvo un producto muy similar al platino.

Como el Imperio dedicó mucho tiempo y esfuerzo a la extracción de minerales, se construyeron estructuras subterráneas, desarrollando elaborados trabajos de ingeniería. Sin embargo, en muchos casos, los minerales se extraían de la superficie o de los ríos.

Los registros coloniales mencionan que para excavar la tierra, los obreros usaron cuernos de ciervo, y que para sacar el mineral usaron cuernos cosidos en forma de sacos. Toda esta tecnología denota niveles de especialización, mostrando la complejidad de la actividad y el afán imperial por su desarrollo.

miércoles, 13 de abril de 2022

Las minas de Chuquiago y de Porco

La actual La Paz era parte de un valle muy rico en oro, por lo cual se denominó Chuquiago Marka. Durante el período prehispánico, este próspero valle fue el asentamiento de poblados correspondientes a Tiwanaku, a los desarrollos aymaras y posteriormente a los incas. Es por ello que varios lugares de la actual ciudad presentaron y aún presentan evidencias arqueológicas que comprueban este hecho (Aranda y Lémuz, 2010).

En un trabajo arqueológico reciente, se sistematizaron los diferentes periodos de asentamiento desde el Formativo (1500 a.C.-400 d. C.) hasta la época Inca (1471-1500 d:C.) (Ibid.), constatando alrededor de 3000 años de poblamiento de este valle. En los periodos más tempranos, la dinámica prehispánica parece corresponder a lo que ocurría a nivel de la cuenca del Titicaca. Sin embargo, en el denominado periodo de Desarrollos Regionales (1200-1400 d. C.), luego de la caída de Tiwanaku, se empieza a observar un panorama multiétnico:

Entidades Pacajes, Lupacas, Chinchas, Canas y Canchas habrían de asentarse en zonas como Achumani, Aruntaya, Mallasilla, Chicani, Hampaturi, Apaña, Miraflores y Ovejuyo, dejando como evidencia torres funerarias elaboradas en adobe y piedra… un símbolo de poder étnico… (Aranda y Lémuz. 2010: 61)

Como es posible observar, ni la presencia de Tiwanaku marcó la identidad local, la cual estuvo siempre ligada a una multietnicidad que se distingue ya en el periodo de Desarrollos Regionales. Este aspecto se hizo más evidente en el periodo de ocupación Inca, el que se caracterizó por el desplazamiento y asentamiento de mitmas de diferentes Señoríos, impuestos por la administración imperial (Fig. 105). En esa época existía un manejo dual del espacio en La Paz, a cuya cabeza, Anan y Urin, estaban los caciques Quirquincho y Otorongo (Torres, 2004). En versión de Aranda y Lémuz:

La incursión Inca en el entonces denominado valle de Chuquiapo, habría de caracterizarse por el desplazamiento y asentamiento de mitimaes de diferentes Señoríos impuestos por la administración incaica… La fuerte resistencia que se presentó al avance incaico en la región determinó el traslado de grupos étnicos lupacas (provenientes del área circunlacustre), pacajes (nativos del Sur del lago Titicaca), canchas (oriundos del altiplano), cañaris (originarios de la región del Cañar en Ecuador), canas (procedentes del Norte del lago Titicaca), chinchaysuyos (naturales del Norte peruano) entre otros… (Aranda y Lémuz, 2010: 61).

El motivo de esta dinámica fue el aprovechamiento del recurso aurífero del río Choqueyapu, recurso probablemente utilizado desde tiempos de Tiwanaku, el cual motivó la presencia imperial en la región. Son los documentos del siglo XVI los que relatan acerca del desarrollo de la actividad minera en La Paz, pero se registran también algunos restos arqueológicos que denotan la importancia del valle para los incas, como los asentamientos registrados en la actual zona de San Sebastián y de Inca Llojeta (Fig. 106).

Población multiétnica en el valle de La Paz

Este último sitio es donde a mediados del siglo XX se registraron artefactos de élite. Los importantes hallazgos realizados dan cuenta del establecimiento de grupos sociales de alta jerarquía, los cuales probablemente eran parte del aparato de control de la actividad minera en tiempos de los incas.

Durante ese tiempo, los caciques indígenas dependían del Inca, quien había conquistado estas tierras, haciendo que el asiento aurífero de Chuquiabo perteneciera a la momia de Huayna Capac. La noticia más antigua que se tiene sobre esos hechos data de 1535, pues Sancho de la Hoz menciona:

las ricas minas de oro de aquella provincia del Collao están más allá del lago (en un lugar) que se llama Chuquiabo. Están las minas en la caja de un río… hechas a modo de cuevas a cuya boca entran a escarbar la tierra… (tomado de Torres, 2004: 1).
Sitios Arqueologicos
Figura106. Recientes trabajos arqueológicos desarrollados en el valle de La Paz han demostrado la densidad de ocupación que existió en esta ciudadentiempos prehispánicos. El mapa que se observa muestra gran parte de los sitios registrados, los mismos que corresponden a diferentes periodos. 


Desde 1534, Francisco Pizarro se adjudicó las minas y continuó su explotación en tiempos coloniales. Sin embargo, se sabe que para 1548, año de fundación de la ciudad de La Paz, las vetas de oro estaban completamente agotadas y las bocaminas abandonadas (Torres, 2004).

Al parecer, las razones para elegir el sitio de fundación de la actual La Paz fueron la provisión de agua y leña, y su posición en el límite étnico y punto de encuentro entre cuatro de los corregimientos indios: Larecaja, Sica Sica, Omasuyos y Pacajes. Su ubicación geográfica y ecológica también fue relevante, pues el valle se encontraba cerca del altiplano y del lago Titicaca, y en la ruta del camino principal Urcosuyo del Capac Ñan, que era paso obligado para ir desde Lima hasta Potosí. Al mismo tiempo, este espacio posibilitaba el contacto con el mundo amazónico a través de los Yungas, aspectos que también explican la multietnicidad antes mencionada.

En Churubamba se encontraba un poblado indígena, el que al parecer correspondía a una élite local gobernada por el cacique Quirquincho. Sobre este poblado se fundó el barrio de San Sebastián, con pobladores originarios y mitmas collas traídos por los incas, muchos de los cuales eran forasteros que trabajaban en los obrajes de telas de los jesuitas. Los resabios de población quechua, resto de la dominación inca, fueron reducidos en la –hoy desaparecida– parroquia de Santa Bárbara (Ibid.).

Entonces, la nueva ciudad fue estructurada en una lógica dual india-española. El centro criollo fue establecido en torno a la Plaza Mayor (hoy plaza Murillo), habitado por los criollos, españoles y mestizos. En cambio, la periferia estuvo limitada por los ríos Choqueyapu y Mejavira, área habitada por los indios, al otro lado de la actual avenida Mariscal Santa Cruz, donde se encontraba la iglesia de San Francisco. Este panorama poblacional es el que se observaba a mediados de 1500 en el valle de La Paz.

Similar situación parece haberse dado en otras regiones de los Andes Centro Sur por la explotación de oro. Casos concretos son las minas Chichas y las de Porco, las que según Pedro Sánchez de la Hoz, secretario de Francisco Pizarro, fueron las que más se explotaron durante este periodo. Según las investigaciones históricas, en Porco estaban ubicadas las minas de plata, al igual que un importante centro ritual que atraía peregrinos de los Andes del Sur (Van Buren, 2003). Al parecer, el mineral existente y todo el contexto natural de la huaca gozaban de una importante significación espiritual para los indígenas prehispánicos.

La conquista de la región por parte de los incas estuvo motivada fundamentalmente por los abundantes recursos minerales. Las investigaciones arqueológicas han corroborado el desarrollo de la actividad minera imperial, la que –según cronistas españoles– produjo buena parte de la plata que se utilizó para decorar el Templo del Sol en Cusco (Van Buren, s/f ). Los restos registrados en Porco muestran una infraestructura centralizada, con instalaciones para la vivienda, el almacenamiento, la administración, la minería y procesamiento de minerales (Ibid.). También en función de datos históricos, se plantea que en Porco existían trabajadores de la mit’a, reclutados en forma rotativa de entre los grupos conquistados, además de yanakunas.

Cada sitio construido por los incas parece haber sido re-ocupado por poblaciones relacionadas con el procesamiento de metales, siendo muy variada la tecnología que se utilizaba para el beneficio y refinado de los minerales. Tanto el registro histórico como el arqueológico indican que la explotación de los depósitos de plata era descentralizada y se realizaba en pequeña escala (Van Buren, s/f ). Parte de la tecnología empleada consistió en el uso de huayrachinas u hornos de viento, que servían para fundir el mineral de plata. Dicha tecnología fue utilizada también durante la época Colonial, teniéndose incluso registros contemporáneos de su uso.

sábado, 9 de abril de 2022

La ritualidad de Copacabana en diferentes periodos

Para algunos autores, Copacabana probablemente deriva de los vocablos aymaras kupak (“azul lacustre que refleja como turquesa”), y k’awa (lugar o canal), significando “canal abierto de color turquesa”. Esa denominación parece cobrar sentido si consideramos que en tiempos de Tiwanaku, ese era el santuario de un ídolo de piedra de color turquesa.

Con la llegada del cristianismo, el ídolo turquesa de la huaca fue reemplazado por la imagen de la Virgen de la Candelaria, tallada como una imagen indígena por Tito Yupanqui, durante la época colonial. Esta sacralidad, rodeada de un paisaje de belleza escénica, fue consolidada con una de las tradiciones más famosas del Titicaca: las rutas de peregrinación y purificación hacia la Roca Sagrada.

jueves, 7 de abril de 2022

Complejo ritual en el lago Titicaca

Un complejo ritual de gran envergadura para los incas fue el lago Titicaca, conformado por Copacabana, la Isla del Sol y la Isla de la Luna, donde se erigieron los principales templos y palacios de esta parte de los Andes (Fig. 104). Este complejo estaba relacionado a las rutas de peregrinación y purificación que hacían los incas hacia la Roca Sagrada, lugar de su origen mítico.

El cronista agustino de Copacabana, Ramos Gavilán (1988 [1621]), escribió que el Titicaca era un lugar sagrado, mencionando que fue Túpac Yupanqui quien le devolvió a la Roca Sagrada su antigua categoría, convirtiéndola en un centro de peregrinación.

Al parecer, Copacabana fue un lugar central, pues concentraba a poblaciones de mitmas provenientes de alrededor de 40 naciones de los Andes y de todos los confines del Imperio. Ramos Gavilán escribía que para 1589:

aquí el Inca transplantó (tomándolos de su lugar de nacimiento) Anacuscos, Hurincuscos, Ingas, Chinchaisuyos, Quitos, Pastos, Chachapoyas, Cañares, Cayambis, Latas, Caxamarcas, Guamachucos, Guaylas, Yauyos, Ancaras, Quichuas, Mayos, Guancas, Andesuyos, Condesuyos, Chancas, Aymaras, Ianaguaras, Chumbivilcas, Padrechilques, Collaguas, Hubinas, Canches, Canas, Quivarguaros, Lupacas, Capancos, Pucopucos, Pacajes, Iungas, Carangas, Quillacas, Chichas, Soras, Copayapos, Colliyungas, Guánucos y Huruquillas. (1988 [1621]:60) 
ElIñacuyo, ubicado en la Isla de la Luna,



En tiempos de los Incas Pacachutec y Túpac Yupanqui, esta región fue transformada en una huaca o centro espiritual de adoración panandina, de igual importancia que el Korincancha en Cusco y Pachacámac en la costa, los mayores centros de culto prehispánico de los Andes.

Esa dinámica hizo que se construyeran santuarios en medio de una impresionante red de caminos, que convergían en la península de Yampupata, considerada la entrada ritual al lago Titicaca. Pero para entrar en este espacio, conceptualizado sagrado, se debía pasar por un muro ubicado en el actual Yunguyo, que dividía el espacio profano del sagrado. En el muelle que aún hoy se observa a la entrada del lago, los fieles tomaban balsas de totora hacia la Isla del Sol, pasando –según los relatos de los cronistas coloniales– sólo las personas purificadas, ya que entrar en las aguas del Titicaca implicaba el ingreso a un espacio sagrado (Ramos Gavilán, 1988 [1621]).

La sagrada ruta presentaba puertas o punkus de purificación, descritas por los cronistas de fines del siglo XVI. Ramos Gavilán (Ibid.) menciona que antes de llegar al adoratorio principal de la Roca Sagrada, se tenía que pasar por tres puertas, en cada una de las cuales existía un sacerdote que imponía penitencias de acuerdo a las culpas:

Antes de llegar a este adoratorio, se había de pasar por tres puertas, que distaban las unas de las otras poco más de veinte pasos; la primera se llamaba Pumapuncu, que suena lo mismo que puerta del León, porque había allí un León de piedra, que decían guardaba la entrada, y en ésta antes de pasar, se hacía una expiación de pecados, confesándolos al sacerdote que allí residía… La segunda puerta tenía por nombre Kentipunco, por estar matizada toda de plumas de tominejos, a quien ellos llaman Kenti… De la tercera puerta era el nombre, Pillcopuncu, que fuera puerta de esperanza, estaba adornada con plumas verdes de un pájaro muy estimado que se trae de los Chunchos llamado Pillco… (Ramos Gavilán 1988 [1621]: 48-49).

Toda esta mística registrada en el siglo XVI fue constituida en tiempos de los incas, mostrando la veneración de un elemento natural y la institucionalización de una tradición ritual sin precedentes en esta parte de los Andes. Ya sea como un elemento natural o un lugar consagrado culturalmente, el lago Titicaca inspiró la construcción de una ideología que tiene repercusiones hasta la actualidad. La peregrinación sagrada hacia el lago, cubierta por el velo del sincretismo católico, se reproduce cada año en la fiesta de la Candelaria (2 de febrero), en Semana Santa y en el aniversario de Copacabana (6 de agosto), con los miles de fieles que peregrinan hasta el santuario prehispánico.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en el área sagrada de la Isla del Sol, y siguiendo las descripciones realizadas en 1653 por Bernabé Cobo, mostraron datos muy interesantes. Aunque ya no se aprecian los ornamentos de la Roca Sagrada, la deposición existente cerca del altar principal permitió registrar una especie de canales elaborados en piedra que –al parecer– eran los receptáculos de la chicha que se ofrecía en el santuario (Stanish, 2003). Esta misma importancia fue atribuida a la Chinkana o laberinto Inca, construida en las inmediaciones de la Roca Sagrada, lugar donde se lograba la purificación de los fieles. Al parecer, la construcción laberíntica de la estructura y sus múltiples puertas propiciaban estados de introspección en los individuos, permitiendo una comunión entre las divinidades y ellos..

Por tanto, se observa que la importancia ritual de Copacabana también pasó al nivel político, ya que en la época de persecución de Paullu Inka, la Isla del Sol fue su lugar de refugio. Al parecer, toda esa relación mítica de origen y posterior ritualización de las islas del Titicaca fue muy bien aprovechada por el Imperio para su consolidación política y social en esta región de los Andes. Todo ese ámbito de ritualidad y religiosidad parece haber sido la razón por la que en Copacabana viviera un sacerdote, el cual gobernaba el Collasuyu; a la llegada de los españoles éste era Chalco Yupanqui. Así también en esta zona residía la corte inca, registrándose la presencia de varias panacas, razón por la que tal vez también existían mitmas de todo el Imperio. ¿Habría sido Copacabana una muestra de lo que fue el Imperio? La cita textual de Ramos Gavilán es muy ilustrativa al respecto:.

Por tanto, se observa que la importancia ritual de Copacabana también pasó al nivel político, ya que en la época de persecución de Paullu Inka, la Isla del Sol fue su lugar de refugio. Al parecer, toda esa relación mítica de origen y posterior ritualización de las islas del Titicaca fue muy bien aprovechada por el Imperio para su consolidación política y social en esta región de los Andes. 
El Inga Guaynacapac, fue el que más nombre dio a la isla Titicaca y a las demás convecinas porque se aventajó a su padre, y así por señalarse de dos hijas que tuvo en el Cusco, la una dellas mandó traer a esta isla y la puso en una de las casas de las Vírgenes dedicadas al Sol y que como prefecta y mayor cuidase de las demás. Cuando los españoles habían ya entrado en la tierra, uno de los hijos de Guaynacapac que estaba en el Cusco, llamado Paullo Topa Inga, vino a este asiento de Copacabana en busca de su hermana y al modo y usanza de los Ingas (sacándola del recogimiento) se casó con ella y tuvo algunos hijos y esta es causa de que muchos indios de Copacabana se aventajan en la nobleza a los demás… (Ramos Gavilán 1988 [1621]: 185)..

Por tanto, se observa que la importancia ritual de Copacabana también pasó al nivel político, ya que en la época de persecución de Paullu Inka, la Isla del Sol fue su lugar de refugio. Al parecer, toda esa relación mítica de origen y posterior ritualización de las islas del Titicaca fue muy bien aprovechada por el Imperio para su consolidación política y social en esta región de los Andes.

lunes, 28 de marzo de 2022

La impronta inca en Bolivia

El contexto descrito para la presencia de los incas en los Andes se dio también para su expansión hacia los Andes Centro Sur. La misma lógica fue empleada en cuanto al aprovechamiento de los diferentes recursos que esta parte del territorio le ofrecía. Por otro lado, fue también esta región la que posibilitó que el Imperio tuviera contacto o llegara a las Tierras Bajas, por tanto, su importancia dentro de la política imperial fue muy grande.

Ya se mencionaron los cambios a nivel social, con una jerarquización muy estricta que tuvieron que aceptar las élites de los pueblos sometidos. Otro aspecto determinante fue la nueva concepción de territorialidad que impusieron los incas, interdigitando un movimiento Norte-Sur a partir del Capac Ñan, contrapuesto al movimiento transversal que hasta ese tiempo habían desarrollado los pueblos de esta parte de América. Pero, sin duda, el aspecto más relevante de este influjo fue el movimiento de bienes y servicios; el aprovechamiento de los recursos de estas regiones contribuyó en la consolidación del sistema imperial en sus últimos tiempos.

Como parte de los cambios que los incas realizaron con las poblaciones locales se estableció la movilización de pueblos enteros a determinados territorios; en algunos casos, para el aprovechamiento de los recursos y la guerra y, en otros, para propósitos ceremoniales. Fue precisamente el Inca Huayna Capac quien impuso una movilización de mitmas sin precedentes en los Andes Centro Sur, la cual condicionaba su presencia a los cambios territoriales y aprovechamiento de recursos delineados por el Imperio.

Aunque no existe un mapa de mitmas en Bolivia, se sabe que existieron poblaciones trasplantadas en Copacabana, Chuquiago, el lago Poopó, hacia Norte del actual Potosí y en Porco para aprovechar la explotación minera. De la misma forma, muchas áreas de Yungas fueron re-pobladas con mitmas, así como Pocona y Samaipata en los valles orientales. Esas poblaciones trasplantadas eran formadas por habitantes de tierras altas (carangas, quillacas, pacajes, cotas, etc.), provenientes de la costa y de territorios del Norte del Imperio, como los chuis y los cañaris.

En función de esta nueva situación, como en todo el Imperio, el tipo de presencia de los incas estaba relacionado con el tipo de actividades que desarrollaban o con el tipo de recursos que aprovechaban en las diferentes regiones de los Andes. Es así que su denominada impronta puede ser caracterizada a partir de la construcción de sitios monumentales y de la realización de alianzas con los grupos locales, aspectos que marcaron diferentes niveles de importancia política y ritual para el Imperio.

Para analizar esos niveles es preciso demarcar algunas de las formas en las que los incas desarrollaron su influjo en diferentes partes de los Andes Centro Sur. En orden secuencial y de importancia, se puede mencionar el establecimiento de un área ritual y religiosa en el lago Titicaca; el aprovechamiento de las minas de oro del valle de Chuquiago y de Porco; la consolidación del control de la movilidad a través del Capac Ñan y de los caminos secundarios vinculados a la red principal, con el consiguiente establecimiento de tambos y áreas administrativas; el aprovechamiento de la producción agrícola en el valle de Cochabamba, con la creación de áreas de almacenaje que mantenían a los ejércitos del Inca; el dominio de la población Uru y el aprovechamiento de los recursos acuáticos; así como la expansión imperial hacia las tierras bajas a partir del establecimiento de fortalezas que demarcaron una frontera entre el mundo andino y el de la Amazonía y el Chaco.

Toda esta dinámica, desarrollada en alrededor de un siglo, cambió estructural y diametralmente la vida de las poblaciones locales. Las connotaciones materiales y sociales de estos cambios se plasmaron de distintas formas y en diferentes sitios de este periodo, así como los tipos de relacionamiento con las poblaciones locales implicaron diferentes niveles. Esta diversidad de matices hace que el fenómeno Inca en Bolivia sea estudiado de manera particular en cada caso, en contraposición a los modelos propuestos teóricamente, como se verá en adelante.

miércoles, 23 de marzo de 2022

La conquista de las Tierras Bajas ¿Hasta donde llegaron los incas?

Como dato sin referencia, se debe mencionar que en el actual territorio brasilero existen dos caminos que parecen corresponder a la época Inca. Uno parte del Noreste, desde Quito llegando al actual Estado de Roraima. El más conocido es el llamado camino de Peabiru, que conecta las costas del océano Atlántico, en el actual Estado de Sao Paulo, con la ciudad del Cusco.

Esta información lleva a cuestionar el verdadero ámbito de interacción de los incas, siempre restringido a los Andes. Al parecer, los contactos con poblaciones de Tierras Bajas tuvieron mayor alcance del que la historia y la misma arqueología han podido corroborar.

sábado, 19 de marzo de 2022

Expansión inca hacia el Collasuyo

El Collasuyo fue el suyo austral del Tawantinsuyu, además de ser el mayor de sus territorios. Se extendía al Sur de Cusco (Perú), los Andes y altiplano de Bolivia, hasta las riberas del río Maule, al Sur del actual Santiago de Chile; y desde las costas del Pacífico hasta los llanos de Santiago del Estero, en la actual Argentina. El centro neurálgico de este territorio estaba situado en el altiplano, en torno al lago Titicaca, una de las regiones más densamente pobladas de los Andes en tiempos prehispánicos.

El nombre de Collasuyo proviene de los pueblos de habla aymara y de una serie de desarrollos independientes que se asentaban en los que eran conocidos por los incas bajo el nombre genérico de collas. El territorio colla, en torno a la orilla Norte del Titicaca, fue para los incas el más significativo en los inicios de su gran expansión imperial hacia esta parte de los Andes. En tiempos del Inca Pachacuti, se tomó Hatun Colla, antigua capital del reino colla, hecho con el cual el Imperio reforzó su dominio sobre el Collasuyo. La expansión propiamente dicha fue realizada por Túpac Yupanqui entre 1471 y 1493, según los documentos coloniales. Sin embargo, las fechas obtenidas en la cuenca del Titicaca para las primeras incursiones están entre 1450 y 1475, situando este evento durante el reinado de Pachacuti (Stanish, 2003).

Por otra parte, antes de la llegada de los incas, la cuenca del Titicaca estaba viviendo un período de conflicto debido a las batallas entre lupacas y collas. Cari, el jefe de los lupacas, había hecho una alianza con el Inca Túpac Yupanqui, con cuya ayuda destruyó Ayaviri y se declaró victorioso en esa batalla. Entonces, se estableció una capital inca en Chucuito, donde el jefe lupaca fue nombrado cacique del Collao. Luego, se realizó la conquista de los territorios de Pacajes, Paucarcolla, Omasuyo, Azángaro y de las islas del Sol y de la Luna, para posteriormente emprender la conquista de los valles del sur.

El interés del Imperio en esta región de los Andes estaba centrado en la fertilidad del lago Titicaca y en la sacralidad de esta huaca natural. Adicionalmente, el oro de Chuquiago (actual La Paz) concitó el interés por el establecimiento de minas. Pero, sin duda, el aspecto más llamativo para esta ocupación fue que era el ingreso a la zona de valles y yungas, para el aprovechamiento de maíz y de la preciada coca. De la misma forma, la alianza con los jefes collas y lupacas implicó un logro político que permitió su ingreso e interrelación con otros grupos de la región.

Los aspectos señalados, sin duda, fueron efectos ocasionados por la incursión y el establecimiento de nuevas políticas en los Andes durante el período Inca. Sin embargo, la generación de nuevos estudios arqueológicos en áreas marginales del Imperio nos está mostrando otros aspectos y variantes en cuanto a su relacionamiento con los grupos locales. Dichos efectos son advertidos tanto a nivel del Imperio como de las mismas poblaciones anexadas, en una dinámica de retroalimentación constante.

Una característica que cambió el patrón de asentamiento previo es que los asentamientos principales estaban integrados a una red que contemplaba caminos, tambos y áreas administrativas. Por tanto, se establecieron “capitales” en diferentes partes, desde donde se expandió la actividad regional, y las que fueron ocupadas específicamente durante ese periodo. Las más importantes en la cuenca del Titicaca fueron Hatun Colla, en territorio colla, y Chucuito, en territorio lupaca.

El centro panregional seguía siendo Cusco, pero en el área del Titicaca se establecieron centros regionales secundarios que estaban en un rango de entre 20 y 80 hectáreas, entre los que figuraban los centros de Hatun Colla y Chucuito, pero también Paucarcolla, Acora y Juli, en territorio lupaca del actual Perú (Stanish, 2003). En cambio, hacia lo que hoy es Bolivia se establecieron centros regionales más pequeños, los que en opinión de Stanish (2003) no rebasaban las 11 hectáreas de extensión, ubicados en Pucarani, Guaqui, Tiwanaku, Sullkamarca, Copacabana, las islas del Sol y de la Luna, además de Huancané (Fig. 102). Todos estos territorios correspondían tanto a los pacajes como a los collas.

Es interesante notar que, según las visitas de los primeros tiempos de la Colonia, estas poblaciones tenían miles de tributarios, ratificando su importancia como centros regionales del período Inca, pero también como poblados mantenidos durante la Colonia.

A pesar de la importancia del área del Titicaca para los incas, debemos decir que el territorio del Collasuyo era un espacio más amplio, en el cual se desarrolló una serie de cambios estructurales a nivel político, económico, social y, sobre todo, territorial. El territorio fue dividido en guamanis o provincias (compuestas por 10000 familias), las mismas que fueron la base de los corregimientos en tiempos coloniales, y de las provincias de la época republicana. Esta división territorial fue la que encontraron los españoles, la cual fue luego registrada en los documentos del siglo XVI y reconocida hasta la actualidad como parte de las tierras de los grupos preincaicos (ver Bouyssé-Cassagne, 1987).

Lago Titicaca

Al ser el lago Titicaca un espacio sagrado para los incas, se establecieron sitios de gran importancia en los alrededores. En este mapa seobserva la distribución de los principales sitios de este periodo.



La incorporación de las poblaciones al Sur del Titicaca comprendió una serie de sucesos y alianzas con las jefaturas de las poblaciones locales. Como ya fue mencionado, la anexión de los carangas se dio a partir de la alianza para someter a los pacajes, creando la provincia Hatun Caranga. Una vez que fueron sometidos los pacajes, se procedió a la conquista de los reinos del sur, los charcas entre ellos. La indomable estirpe guerrera de los charcas los convirtió luego en parte de los ejércitos del Inca para conquistar las Tierras Bajas del Chaco y de la Amazonía (Saignes, 1985).

Posteriormente, las tratativas realizadas con el cacique Guarachi de los quillacas posibilitó su anexión y la creación de una confederación multiétnica (Lima, 2008). El ingreso a esta región permitió la posterior anexión de los chichas y la explotación de sus recursos minerales, por lo que allí se estableció un grupo de incas de privilegio, los denominados Orejones (Angelo, 1999). Hacia el este, el establecimiento del centro administrativo de Paria posibilitó el ingreso a los valles de Cochabamba, con el traslado de una gran cantidad de mitmas que se dedicaban a la producción agrícola (Wachtel, 1982), aspecto que incidió en su denominación como “granero del Inca”.

La alianza con el cacique Francisco Aymoro permitió el establecimiento de Hatun Yampara como centro desde donde se controlaba todo el Norte de Chuquisaca y a sus diferentes poblaciones (Barragán, 1994). Esta avanzada pretendía extender los dominios del Imperio hacia el Chaco, a partir de la construcción de fortalezas en la denominada frontera oriental para conquistar el territorio de los guaraníes.

Más al Sur de este territorio, el Imperio conquistó el occidente de la actuales provincias de Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja, San Juan y el extremo Noroeste de Mendoza, incorporándolas al Collasuyo. Los pueblos que habitaban esa región: omaguacas, diaguitas, calchaquíes, huarpes, entre otros, intentaron resistir, pero fueron sometidos. Es así que se establecieron las provincias de Humahuaca, con probable cabecera en Tilcara y habitada por mitmas chichas; de Chicoana o Sikuani, habitada por los pulares; de Quire-Quire o Kiri-Kiri, ocupada por calchaquíes y yocaviles, además de un gran número de mitmas de Tucumán o de Tucma; y la más meridional conocida como Cuyo (Palma, 1998; Williams, 2000).

Los sitios inca más importantes en esta región son: el Potrero de Payogasta (Salta), la Tambería del Inca (La Rioja), pucará de Aconquija y el Shincal de Londres (Catamarca), pucará de Tilcara (Jujuy) y las ruinas de Quilmes (Tucumán) (Raffino y Alvis, 1993). Según los estudios, la mayoría de estos sitios presentaba ocupación preincaica, siendo organizados por los incas en una red de puestos de control militar.

En territorio del actual Chile, Túpac Yupanqui conquistó a los diaguitas de los valles del Norte. Hacia el sur, sometió a parte de las poblaciones Norteñas del territorio picunche (Pikun Mapu) que habitaban el valle de Aconcagua, donde se piensa se establecieron los límites del Imperio, aunque éstos fueron luego extendidos hasta el río Maule.

Esta nueva configuración territorial del Imperio conllevó –como en otras partes de los Andes– una nueva jerarquización social. Pero su control fue posibilitado por la implantación de una red de comunicación y circulación de bienes y productos, asociada a un sistema de centros administrativos (tambos), áreas agrícolas (qollqas y takanas) y de producción de tejidos, asentamientos, fortalezas (pucaras) y santuarios de altura. Dicha red conformó parte del llamado Camino Real o Capac Ñan.

Sin duda, a nivel constructivo, el Capac Ñan es la infraestructura vial más monumental de los Andes, siendo una red de caminos que se extendía por todo el territorio, desde Ecuador hasta Argentina, institucionalizando la vialidad en tiempos prehispánicos para el aprovechamiento de recursos de las diferentes regiones del Tawantinsuyo. Cuatro eran las vías que a lo largo y a lo ancho integraban todo el Imperio: Cusco a Quito, con un ramal hasta Pasto (Colombia); Cusco a Nazca y a Tumbes (frontera Perú-Ecuador), Cusco a Chuquiago, Cusco a Arica y Atacama, con ramales hasta el río Maule y a Tucumán (Fig. 103). A partir de esas cuatro vías se desprendían ramales en todas las direcciones y hacia las áreas que estaban bajo la égida del Imperio. Gran parte de esas ramificaciones han sido registradas en Bolivia y los países vecinos, siendo reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad (2014).

El trabajo de ingeniería de esta red vial muestra el avance tecnológico de este periodo, así como la capacidad de movilización de gente que tenían los incas. Los datos de registro del Capac Ñan muestran tipos de soluciones para efectivizar la movilidad en diferentes momentos del año y por diferentes tipos de ambientes. La red está dispuesta en llanuras, crestas de cerros, sobre bofedales, ríos, etc., haciendo uso de recursos como puentes, empedrados, graderías y descansos. De la misma forma, parte de su mantenimiento tenía que ver con la construcción de canales, controles de paso, señalización, aspectos que permitían la ágil circulación de productos y de información por todo el Imperio (Espinoza, 2004). Debido a estas características, el Capac Ñan también es conocido como la vía más directa para llegar a Cusco.

La vía más larga contaba con una longitud de 5200 kilómetros, desde Quito (Ecuador) pasando por Cusco, hasta Tucumán (Argentina). A lo largo de esa ruta, se establecieron tambos y postas o lugares de paso para el almacenamiento de granos y otros alimentos, además de dar cobijo a los viajeros. En su recorrido también se encuentran apachetas asociadas, simbolizando la sacralidad que los antiguos habitantes le dieron al paisaje andino.

Como infraestructura, presenta tres elementos que permiten su identificación: 1) el registro de su presencia en documentos coloniales; 2) su dirección, ya que todos conectaban sitios prehispánicos entre sí, y 3) sus características constructivas (Espinoza, 2004). Así se diferencian rutas principales y caminos transversales, siendo las primeras las que definían el tránsito Norte-sur, y las otras las que unían los poblados más pequeños por todo el territorio. Por ejemplo, cerca del lago Titicaca, la ruta principal se dividía en dos ramales (Urcosuyo y Umasuyo), para retomar su curso hacia el sur; de ella se desprendían rutas transversales que se diseminaban por toda la cuenca y conectaban esta región con poblaciones de valles calientes, costa e incluso otros pueblos del altiplano.
Figura103. La red vial del Cápaq Ñan fue una de las infraestructuras más monumentales del mundo antiguo en los Andes. Se trataba de ramales decaminos construidos a lo largo de todo el Imperio, comunicando el centro político de Cusco con sus diferentes territorios.Fuente: Hyslop, 1992; Estévez, s/f.

Esos caminos, que se encuentran en todo el territorio andino, fueron mejorados con infraestructura imperial a partir de rutas pre-existentes, lo cual denota la movilidad de las poblaciones mucho antes de la presencia de los incas. En ese ámbito, podría decirse que el Imperio únicamente institucionalizó la dinámica existente, con el objetivo de organizar el movimiento de los productos.

El efecto de la correcta administración del sistema económico-social descrito fue el lograr que el Imperio tenga la producción necesaria para la redistribución. Dicha producción provenía de la agricultura, la ganadería, la pesca, la artesanía y la caza, generándose espacios y poblaciones especializadas que mantenían la provisión de esos productos, tanto para el consumo de la élite como para la manutención de sus ejércitos. Todos esos aspectos representaron una nueva dinámica para las poblaciones del Collasuyo y del resto de los Andes; algunos de esos cambios registrados en lo que actualmente es el territorio boliviano son descritos a continuación.