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jueves, 21 de julio de 2016

La BBC destaca el aporte de Bolívar

La BBC elogia y elige a Simón Bolívar como el Hombre más importante del siglo XIX. “Con sólo 47 años de edad peleó 472 batallas, siendo derrotado sólo seis veces”, se menciona.
Destaca además el medio de comunicación europeo que El Libertador participó en 79 grandes batallas, con el gran riesgo de morir en 25 de ellas.
Liberó seis naciones, cabalgó 123 mil kilómetros, más de lo navegado por Colón y Vasco de Gama unidos. Destaca también que fue jefe de Estado de cinco naciones.
Cabalgó con la antorcha de la libertad la distancia lineal de 6.500 kilómetros, que es aproximadamente media vuelta a la Tierra. Recorrió 10 veces más que Aníbal, tres veces más que Napoleón, y el doble de Alejandro Magno.
Sus ideas de libertad fueron escritas en 92 proclamas y 2.632 cartas. Lo más increíble es que muchas de ellas fueron dictadas de forma simultánea y en diferentes idiomas a distintos secretarios.
"Y el ejército que comandó nunca conquistó… sólo liberó…”, dice el documento.
Lo anterior fue el argumento con el cual la BBC de Londres eligió al Libertador Simón Bolívar como el Americano más prominente del siglo XIX.
Vivió solo 47 años, suficientes para ser conocido como un hombre de fina cultura y agudo pensamiento político. En menos de 20 años logró la independencia de seis naciones: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá.
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, más conocido como Simón Bolívar, el Libertador, nació el 24 de julio de 1783, Su ciudad natal, Caracas, era entonces la capital de la Capitanía General de Venezuela.

miércoles, 20 de julio de 2016

475 aniversario de su muerte El salvaje asesinato de Francisco Pizarro y el misterio de su tumba

En su último año de vida, Francisco Pizarro parecía que iba a gozar al fin de los dulces frutos de sus conquistas. A pesar de los fantasmas que le perseguían a sus 63 años, el extremeño vivía feliz en su recién construido palacio de Los Reyes junto a la bella Angélica Yupanqui. Había sido un solterón empedernido, pero, empeñado en que los españoles entroncaran con la población local, se casó al final de su vida con mujeres indígenas a modo de ejemplo. Disfrutaba de cierta calma, aplastada la rebelión de su viejo aliado, Diego de Almagro, hasta que una brutal muerte le sorprendió en su palacio.

El conquistador casi sobrevivió a todo. A la ingrata tierra extremeña, al duro viaje a través del Atlántico y a una lucha contra millares de guerreros incas, pero no pudo hacer nada contra la ira de sus propios compatriotas. Cuando Pizarro pensaba que moriría de viejo rodeado de sus hijos, su esposa y sus fieles hermanos, junto a los cuales había dado muerte al traicionero de Almagro, irrumpieron los almagristas el 26 de junio de 1541, hace 475 años, en el palacio del extremeño para darle “tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta”, según la descripción de un cronista.

Terminaba con puñaladas una vida marca-da por las armas y las aventuras. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Francisco Pizarro era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. En 1502, se trasladó a América en busca de fortuna y fama, donde oyó historias sobre un rico territorio al sur del continente que los nativos llamaban “Birú” (transformado en “Pirú” por los europeos). Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del conti-nente.

LOS ALMAGRISTAS VENGAN A SU LÍDER

Una vez finalizada la conquista de esa tierra mítica, las riñas internas entre los partidarios de Almagro y los de Pizarro, que luchaban por delimitar los territorios que pertenecían a cada uno de los bandos, entra-ron en conflicto armado en 1535. Tras un choque entre facciones, conocido como la batalla de Las Salinas, Pizarro cogió prisionero a Almagro y lo condenó a muerte. El conquistador suplicó por su vida, a lo cual respondió uno de los herma-nos de Pizarro, Hernando, diciendo: “Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene re-medio”. Finalmente, fue ejecutado el 8 de julio de 1538 en la cárcel por estrangula-miento de torniquete y su cadáver decapita-do en la Plaza Mayor de Cusco.

En medio de la relativa calma que siguió a la muerte de Almagro, Francisco Pizarro seguía conservando su vitalidad, jugaba a los bolos y a la pelota a diario, así como sus hábitos y vestimentas austeras. “Usaba un sayo de paño negro con los faldamentos hasta el tobillo y el talle a los medios pechos, unos zapatos de venado blancos, un sombrero blanco, su espada y su puñal a la antigua”, describe Agustín de Zárate sobre la despreocupada ropa de Pizarro, que vestía a la antigua, esto es, como en otro tiempo. A sus 63 años, el extremeño ya era un anciano, un hombre que disfrutaba mezclándose con el pueblo y observando cómo la ciudad de Lima crecía un poco más cada día.

Lo cual no significa que Pizarro esperara ocioso el final de sus días. Como explica la historiadora Carmen Martín Rubio –autora de “Francisco Pizarro: el hombre desconocido” (Ediciones Nobel)–: “El decreto dado al te-niente de Arequipa el 7 de mayo de 1541, so-bre mes y medio antes de su muerte, atesti-gua fehacientemente la fuerza física y mental que Pizarro poseía en esos momentos. (…) tenía determi-nado comenzar en el próximo verano otra guerra contra el Inca (Manco Inca); es decir, unos seis o siete meses más tarde...”.

Y entonces le llegó la muerte. Ante las amenazas de muerte que le llegaban de los partidarios de Diego de Alma-gro el Joven, hijo de su antiguo compañero de armas, Pizarro aumentó la seguridad en su palacio y, tal vez por estos temores, el día de su muerte pidió que se oficiara misa en su residencia. No se equivocaba el extremeño, puesto que los almagristas le esperaban junto a la iglesia para coserle a cuchilladas. No obstante, al ver que permanecía en su palacio, el grupo armado se dirigió allí al grito de “Viva el rey, muera el traidor”, provocando una enorme espantada entre los acompañantes del conquistador del Perú.

Relata Pedro Pizarro que “todos los que se hallaban en la sala salieron corriendo, incluso el teniente gobernador Juan Velázquez con su vara de mando en la boca, y que se tiraron por las ventanas que daban al río Rimac... dejando solos al gobernador, a su hermano y a dos pajes”.

UN ERROR CON LA TUMBA DURANTE UN HOMENAJE

Francisco Pizarro y su hermano Martín murieron a manos del grupo de almagristas. El extremeño se defendió “bravamente” y fueron necesarias al menos 20 heridas de espada para acabar con su vida. Tras uno de lo mayores magnicidios de la historia de la Edad Moderna, los agresores obligaron a las autoridades de Lima a nombrar gobernador al joven Diego Almagro y forzaron que Fran-cisco Pizarro fuera enterrado de forma casi clandestina, según señala Henry Kamen, en un patio de la catedral de la ciudad. Y precisa-mente aquí empieza la otra parte del desgra-ciado ocaso de Pizarro. Las tumbas y diretes.

Los investigadores, sin embargo, hallaron en el lugar una momia que creyeron la de Pizarro y la colocaron en un mausoleo, situado en la parte derecha de la catedral

Como narra la historiadora Carmen Martín Rubio en su obra, Pizarro había dejado escrita su voluntad de ser enterrado “en la iglesia ma-yor de esta Ciudad de los Reyes, en la capilla mayor de la dicha iglesia”. Con el paso de las décadas los restos de Pizarro sufrieron distin-tos traslados hasta que, en 1623, se decidió su definitivo emplazamiento: en la bóveda sepul-cral debajo de la capilla mayor de la Catedral de Lima. Allí permanecieron hasta que, en 1881, el cabildo de la ciudad estableció una comisión para exhumar e investigar sus restos como conmemoración del 340 aniversario de su muerte.

Sin excesivo rigor, los investigadores halla-ron en el lugar una momia que creyeron la de Pizarro y la colocaron en un mausoleo para la ocasión, situado en la parte derecha de la catedral. La comisión defendió que se trataba del extremeño porque, según su informe, el ca-dáver mostraba marcas de derrames sanguí-neos producidos por heridas en la cabeza, cue-llo y extremidades.

Durante más de un siglo esa momia repre-sentó al conquistador del Perú y fue el objeto de sus actos de homenaje, sin que nadie sos-pechara que no se trataba de los restos de Pizarro. El 18 de julio de 1977, unos operarios encontraron durante unos trabajos de remode-lación en la catedral una caja de plomo y otra de madera. En la de madera se hallaron hue-sos. Por su parte, en el inte-rior de la de plomo había un cráneo y una inscripción ine-quívoca: “Aquí está la cabeza del señor marqués Don Fran-cisco Pizarro que descubrió y ganó los reinos de Perú y puso en la real Corona de Castilla”. Se abría el misterio: ¿cuáles eran los auténticos restos de Pizarro?

EL FINAL AL MISTERIO Y A LA POLÉMICA

Los sucesivos análisis arqueológicos no terminaron de despejar el misterio sobre los restos de Pizarro. En un principio se dijo que los huesos de la caja pertenecían a un adulto, una mujer y dos niños, pero, incluso cuando el arqueólogo Hugo Ludeña aseguró que se trataba de Pizarro, la polémica siguió abierta. Al no alcanzarse un acuerdo en la comunidad científica, los investigadores decidieron abrir también la urna donde reposaba la momia del supuesto Pizarro. Dos antropólogos forenses procedentes de EE.UU. confirmaron las sospechas: aquella momia pertenecía a cualquier persona menos a un soldado del siglo XVI; en tanto, se procedió a trasladar los restos de las cajas a una ca-pilla ubicada en la parte derecha de la catedral.

SE CONFIRMÓ QUE SE TRATABA DE PIZARRO EN BASE A LAS 16 HERIDAS PUNZO CORTAN-TES Y DE LA HUELLA DE OTRAS CICATRICES EN LOS HUESOS

El solemne traslado no significó el final de la polémica. Distintos historiadores continuaron desconfiando de los procedimientos empleados y exigieron nuevos estudios. Tras una investigación radiológico sobre el esqueleto, a cargo de la doctora Ladis Delpino (Universidad Cayetano Heredia), se confirmó que se trataba de Pizarro en base a las 16 heridas punzo cortantes y de la huella de otras cicatrices en los huesos, que correspondería con la forma en la que murió el extremeño y con heridas documentadas a lo largo de su vida.

Y por si aún cabía alguna duda, entre el año 2006 y el 2008 el arqueólogo forense Edwin Raúl Grenwich, de la Universidad de San Marcos, realizó análisis bio-arquiométricos que parecen haber dado al fin carpetazo al miste-rio. No en vano, Grenwich identificó los restos como los de un hombre diestro, robusto, de 1,74 centímetros, y que al fallecer tenía entre 50 y 68 años en el momento de su muerte.

CÉSAR CERVERA

ABC - Cultural

El primer encuentro de Belzu con Juana Manuela Gorriti

Entre las apasionantes vidas de nuestra América, está la de Juana Manuela Gorriti, escritora, poetisa, novelista, política y principal actora en el desenvolvimiento de cuatro gobiernos de la República, cada cual más tormentosos en la Historia de Bolivia. Nos referimos a los gobiernos de José Ballivián, Manuel Isidoro Belzu, Jorge Córdova y Mariano Melgarejo, que desde ya muestran estridencias en lo que ha sido Bolivia en los inicios de su vida republicana.

Juana Manuela Gorriti, nacida en Salta, en el norte de la República Argentina, casi en la frontera de las provincias altas con las provincias bajas, llamadas así desde el Congreso de Tucumán en 1816, transcurrió su niñez en Salta y gran parte de su vida en Bolivia, viviendo en sus postrimerías en Lima y Buenos Aires.

Mujer estudiosa, culta, muy hermosa y de una inteligencia superior, significó en la vida pública boliviana un toque de romanticismo, en una tierra convulsionada por las pasiones políticas…

Juana Manuela Gorriti ha sido considerada como “La primera novelista Argentina”, sus obras han sido publicadas en Lima, Buenos Aires y París, y sus veladas literarias, en el transcurso de su vida, fueron visitadas por lo más granado de la intelectualidad de la época.

En esa época gobernaba la República de Bolivia el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, quien había sido llamado de urgencia para hacerse cargo de la conducción del país por la disolución de la Asamblea Constituyente decretada por el General Velasco, ocupando la presidencia el 19 de mayo de 1809.

Una de las primeras actuaciones de la presidencia de Santa Cruz, fue la reorganización del ejército boliviano, que después de la retirada de las fuerzas libertadoras colombianas, había quedado como una pequeña minoría.

El Gobierno de Santa Cruz acogió a militares de prestigio en la reorganización del ejército de Bolivia, los más héroes de la guerra libertadora de la Independencia, incluyéndose en el escalafón a Francisco Burdett O´Connor, Otto Felipe Braun, Guillermo Miller, y los coroneles José María Silva, José de La Trinidad Morán y José Ballivián Segurola, siendo éste uno de los principales.

Entre los incorporados al ejército también figuraba el Capitán Manuel Isidoro Belzu, que había servido en el ejército peruano y que al conocer las intenciones del General peruano Agustín Gamarra, de ingresar a territorio boli-viano, pide su incorporación al Ejército de Boli-via, siendo, después de algunos problemas de orden militar, destinado a la ciudad de Tarija, por instrucciones de Ballivián.

Y es en esa hermosa ciudad, a orillas del Guadalquivir, la Andalucía boliviana, que Manuel Isidoro Belzu conoce a Juana Manuela Gorriti, una niña, una mujer de rara belleza, que con solo su mirada turba el carácter recio del militar de campaña, quien caería rendido a sus pies. El hecho inicial se habría dado cuan-do Manuelita Gorriti de 14 años de edad, saliera al balcón de la casa de los Marqueses del Tojo, en la plaza principal de Tarija, al escuchar las bandas militares de un desfile encabezado por un escuadrón de granaderos, encontrándose de improviso con los ojos profundos de un gallardo capitán de rostro moreno aperlado y una estatura más que regular, fruto de un mestizaje de india con árabe que le otorgaba un atractivo poco común.

Se inicia así el romance, con la total oposición de la familia Gorriti. No podía aceptarse dentro de la familia a un oscuro militar que si bien era de apuesto continente no significaba un futuro aceptable para Juana Manuela, y me-nos tratándose de un personaje sin alcurnia. La ayuda y explicación del General Francisco Bur-dett O´Connor, a la sazón Comandante del Ejército de Tarija, facilitó el romance. Don José Ignacio Gorriti quedó sorprendido cuando el joven militar pidió a su hija en matrimonio, no quedándole otra cosa que dar su aquiescencia, dado el enamoramiento de Juana.

Y se ejecutó el matrimonio en la Iglesia Matriz, celebrado por el Obispo Coadjutor de Tarija, con los festejos y las felicitaciones corres-pondientes en la casa del afamado General Francisco Burdett O´Connor, ubicada en la ca-lle Campero esquina Bolívar, hoy Archivo De-partamental de Tarija.

Don Bernardo Trigo Espejo, Prefecto de Ta-rija, ofreció su casa de campo, en su propie-dad ubicada en la localidad de San Joaquín, a escasa distancia de la ciudad de Tarija, para la luna de miel de la feliz pareja; hermosa finca heredada actualmente por el nieto de don Bernardo, don Leocadio Trigo Achá.

Juana Manuela contaba con 15 años, y el Capitán Belzu con 25 años, hacía poco había ascendido de Sargento Mayor a Capitán.

Fue entonces que se inició la vía crucis de Juana Manuela, comprendiendo tardíamente que ser la esposa de un militar en Bolivia, país lleno de convulsiones políticas y aprestos mili-tares permanentes, era vivir con el Jesús en la boca, implorándole que su marido no pereciera en los innumerables combates que mantenía.

Llamado el Capitán Manuel Isidoro Belzu a la capital de la República, se traslada con su familia esperando el destino señalado en el ejército, y Juana Manuela, mujer liberal, no re-presentaba ningún problema doméstico para su esposo, pues para cambios de destino ella era una diestra amazona, pudiendo acomoda-rse a cualquier emergencia sin problema algu-no.

Es el tiempo de gloria del Mariscal Andrés de Santa Cruz y un 14 de agosto de 1831 es nombrado Presidente Constitucional de la Re-pública. Gran Ciudadano y Restaurador de la Patria, fue iniciando preparativos para el ingre-so de su ejército ante el llamado de auxilio del Presidente peruano Luis Orbegozo.

Bajo esas circunstancias, Belzu es destinado a la ciudad de La Paz e incorporado al ejército, estableciendo su hogar en forma momentánea en su propiedad de Millocato, en Río Abajo, lu-gar histórico donde se había refugiado el obis-po realista La Santa y Ortega en la revolución del 16 de julio de 1809. Juana Manuela es aco-gida con mucho cariño por la sociedad paceña, iniciando una serie de amistades con conoci-das familias y el año 1833 nace su primera hija, Edelmira…

(Fragmentos del libro “Juana Manuela Gorriti – su vida, su obra y su paso por Bolivia”, de José Alberto Diez de Medina).

domingo, 17 de julio de 2016

Video Los restos de Murillo descansan en una cripta en la Iglesia San Francisco

Video Mira los cambios que vivió La Paz a lo largo del tiempo

Video Repasamos la historia de la firma de la proclama de la Junta Tuitiva

Ayo Ayo salva el templo en el que Túpac Katari fue sacristán

Encontramos al comunario Ignacio Aro Apaza sentado a los pies de la estatua de Julián Apaza, autodenominado Túpac Katari. El monumento se encuentra edificado a unos pasos del templo Niño Salvador de Ayo Ayo, localidad que fue cuna de este líder indígena. Hace cinco días, el recuerdo de este personaje volvió a la mente de sus pobladores, en especial de los abuelos.

"Túpac Katari era un líder indígena. Antes luchó contra los españoles. (...) Él ha visto, ha conocido cómo eran los españoles, si eran buenos o malos; entonces, observando, se ha levantado”, explicó Aro. Conversamos con él, mientras esperábamos el inicio de la ceremonia de entrega de las obras restauradas de la iglesia del pueblo.
El acto se llevó a cabo el miércoles 13 de julio. En la ceremonia participaron representantes del Ministerio de Culturas y Turismo, de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) así como pobladores de la localidad. También estaban los residentes en La Paz, que emprendieron las gestiones.

El templo Niño Salvador de Ayo Ayo data del siglo XVIII. Incluso el mismo Julián Apaza fue sacristán en el mismo. En 1945 fue declarado como Monumento Nacional, pero a pesar de ello no se hizo mucho por preservarlo e incluso sufrió el robo de cuadros, cuyo paradero, hasta ahora es desconocido.

En 1781, el líder indígena se rebeló contra las autoridades de la Corona española y sometió a la ciudad de La Paz a dos cercos, que en conjunto duraron casi seis meses. En la plaza del pueblo hay una estatua del rebelde y sus habitantes aún conservan la memoria de su levantamiento.

En la plaza del pueblo había entre 250 a 300 personas. La señal de que el acto iba a empezar fue dada por los acordes que interpretaba una banda colegial que acompañó a las autoridades en un breve desfile alrededor de la plaza. También había un grupo autóctono, en el que se destacaban, sobre todo, las zampoñas y los sikus. La entrega se realizó durante una típica mañana invernal altiplánica, caracterizada por el azul intenso del cielo, el sol abrasador y el frío bajo la sombra.

Luego de la ceremonia, ingresamos al interior del templo. Las obras de intervención se realizaron en el retablo mayor, el púlpito, 16 esculturas, 10 marcos así como la portada en piedra y el portón de madera. También fueron restaurados 12 lienzos, que fueron colocados en las paredes laterales que rodean al retablo mayor.

Las gestiones para la restauración comenzaron hace varios años. "El año 2010, 12 lienzos se han depositado en el Ministerio de Culturas, estaban enrollados. (...) Después de tres años, más o menos, se han restaurado”, explicó el asesor general del Centro de Residentes de Ayo Ayo, Guillermo Reynaga Mita. También aclaró que en total se restauraron 16 imágenes de santos. "Nosotros, con nuestros aportes del Centro de Residentes, hemos hecho cinco. En total son 16 esculturas”, indicó al explicar que en el templo hay en total 25 estatuas.

Los fondos empleados ascienden a 250 mil bolivianos, que fueron aportados por la ABC. Reynaga explicó que el pueblo de Ayo Ayo destinó un terreno de seis hectáreas a la entidad estatal. "De ahí han sacado el material árido, arena, piedras y cascajo; todo eso se ha puesto en la doble vía. En reconocimiento a eso, la ABC nos ha dicho: ‘les doy 40.000 dólares, presenten un proyecto productivo’”, contó.

Lo anterior pasó el año pasado. Al principio, no hubo un acuerdo en el pueblo. "A nadie le gusta la iglesia porque la población quiere tener cosas productivas, que generen ingresos. Ellos dicen ‘aquí qué cosa podemos tener’”, añadió el representante. "Todavía no están entendiendo el valor que tiene hacer esto (restaurar el templo)”.

El secretario concejal del municipio, Virgilio Orozco, contó que, efectivamente, el monto de 40.000 dólares que entregó la ABC a la comunidad, inicialmente, estaba destinado a la adquisición de ganado. "Los comunarios destinaron a otro proyecto que era compra de vacas”.

Entonces, las autoridades de la ABC les explicaron que no podían destinar recursos a ese tipo de proyectos. "Queremos ayudar de otro modo”, les dijeron. "Entonces se ha insertado este proyecto”, continuó el concejal.

Y finalmente se acordó que se restaurase el interior del templo. "Las restauraciones son de mucho valor e importancia porque lamentablemente, en años anteriores, esta iglesia ha sufrido robos”, según Orozco.

El altar mayor, por ejemplo, estaba muy deteriorado. "Prácticamente estaba en ruinas, teníamos el temor de que cualquier momento se nos venga abajo”, afirmó el presidente del Centro de Residentes, Jorge Sánchez Vargas. "Prácticamente ha sido renovado, ha sido reforzado”.

Durante la restauración, algunas piezas fueron reubicadas en sus lugares originales. Esto pasó con la figura del Niño San Salvador de Ayo Ayo. "Es el patrono del pueblo, lo hemos ubicado en su lugar original”, indicó Sánchez.

Así realizamos un breve recorrido por el interior del templo. Al salir, nos encontramos con Petrona Calle, que recién llegaba. Ella tenía curiosidad por ver cómo quedaron los bienes restaurados, sobre todo por el escepticismo de algunos comunarios, que preferían emplear los recursos en otros proyectos. "Yo siempre he dicho que está bien, pero la gente no piensa eso, son un poco malos”, dijo. "Han dicho que deberían gastar (el dinero) en agua”, contó.

Por todo aquello, Calle tenía curiosidad de ver el resultado de las obras. "Estoy contenta, feliz, tan bonito es este templo, desde (la época de) los abuelos. Yo tengo 72 años cumplidos. He conocido, no era así. Era una pena, ahora ha mejorado. Siempre vengo los domingos, yo soy de Ayo Ayo”, continuó Calle. "La gente no tiene que estar descontenta, aquella vez ratero ha entrado. Habían agujereado los cuartos y todo se lo han llevado. Y la gente no dice nada de eso”, concluyó.

Al finalizar el acto, Reynaga comparte su sueño. "Vamos a coordinar con Calamarca y Sica Sica para hacer un triángulo para visitar los tres monumentos”, dijo. Su idea consiste en que los tres templos conformen un circuito turístico.



Obras antiguas

Lienzos Se restauraron 12 óleos sobre tela correspondientes a los siglos XVIII y XIX. La identidad de los autores es desconocida.
Polvo Las pinturas estaban muy empolvadas, no tenían bastidores y algunas casi no se distinguían.
Temas Muestran imágenes de la Virgen y los santos.

En este tiempo hay crisis religiosa

El párroco del templo Niño Salvador de Ayo Ayo, Germán Alvarado, explicó que muy poca gente acude a las misas de la parroquia. "Por lo menos vienen 70 a 80 personas”, aseguró.

Los servicios religiosos se hacen los sábados, domingos y en fechas especiales, como la fiesta del patrón del pueblo, el Niño Salvador, que se celebra el 6 de agosto.

Otra festividad religiosa importante es la dedicada a la Virgen del Carmen, que se celebra el 16 de julio.

"En este tiempo en que hay crisis religiosa muy poca gente asiste a los oficios religiosos”, indicó Alvarado, al explicar que él se desplaza para celebrar misas por 20 comunidades cercanas al pueblo.

El sacerdote cree que la crisis religiosa se debe a varios factores, como la irrupción de la tecnología, "Van quitando la fe espiritual y la gente se centra en lo material. No obstante, no se pierde lo espiritual, sigue manteniéndose”, afirmó.

Con las restauraciones realizadas, la visita al templo será más grata para los comunarios. Lo principal de la restauración de los bienes muebles es la satisfacción de los pobladores, afirmó el sacerdote.

"La gente se llena de satisfacción cuando aprecia con los ojos, con los sentidos. De esa manera está contenta y hace digna su visita porque (el templo) presenta un aspecto muy bueno”.

Ahora, es necesario un compromiso de los pobladores para realizar un mantenimiento adecuado. Justamente -contó el concejal Virgilio Orozco- los técnicos recomendaron a los pobladores que deben retirar el polvo que se acumula en el interior del templo. Asimismo, deben evitar el ingreso de palomas.

"Después de todo es un monumento nacional que debe ser conservado con la ayuda de todas las autoridades.

Esperamos que así se realice. Por nuestra parte seguiremos teniendo el cuidado del templo”, concluyó el párroco Alvarado.