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lunes, 11 de septiembre de 2017

Video Solo quedan 33 soldados del Chaco



Un día como hoy, hace 85 años, empezó la Guerra del Chaco. En los cuatro años de la campaña murieron casi 30.000 bolivianos de unos 200.000 que movilizó el país. El último registro del Senasir da cuenta de que en la actualidad únicamente viven 33.

Según datos del Servicio Nacional del Sistema de Reparto (Senasir), 10 beneméritos quedan en Cochabamba, otros 9 en La Paz, 9 en Santa Cruz, 3 en Sucre, 1 en Tarija y 1 en Estados Unidos. En 1974 —a 39 años del cese de hostilidades entre Bolivia y Paraguay— fueron registrados 50.000 excombatientes.

Cansados, enfermos y con un siglo de vida en las espaldas, los últimos héroes del Chaco se resisten a morir. La Razón encontró a seis de los sobrevivientes.

‘Don Marcelino’ Guzmán continúa firme

Marcelino Guzmán Alarcón cumplió 103 años el 5 de junio. El benemérito nació en 1914 y en 1933 se enroló al ejército boliviano, en Huarina. “Don Marcelino”, como le llaman respetuosamente quienes lo conocen, está lleno de recuerdos. El hambre y la sed de aquellos días son imborrables. “Comíamos frutas silvestres y tomábamos nuestro orín”, explica. En el campo de batalla también aprendió a comer víboras para sobrevivir.

El exsoldado estuvo desde 1933 hasta mediados de 1934 en el Chaco y participó de las acciones militares en Boyuibe y Camiri. Cuenta con orgullo que “disparaba fusiles Vickers... los americanos”. A pesar de los años, él se mantiene firme y no duda en regalar un saludo militar para la presente nota.

Es viudo pero no está solo, tiene cinco hijos y 15 bisnietos. Hace más de seis décadas que se hizo cargo de un puesto de bebidas en San Pedro, exactamente detrás del reclusorio. Es considerado el padre de la Asociación de Vendedores de Licores “Otero de la Vega”. En su último cumpleaños hubo una fiesta para homenajear a “Don Marcelino”... “Don Marcelino el eterno”(como también le dicen quienes más lo quieren).

Emeterio Talavera es el morterista religioso

Emeterio Ernesto Talavera Choque nació el 10 de marzo de 1918 en Tinguipaya (Potosí), pero se quedó a vivir en La Paz tras la guerra. Tiene 99 años y fue morterista en el Chaco. “Estoy entrando a los 100 años, solo me faltan meses para ser centenario”, comenta con la voz ronca y cansada. Talavera y sus tres hermanos fueron a defender a Bolivia. Anselmo (+), Felipe (+) y Leoncio (+) fueron los primeros en ir, luego le tocó a él. “Estuve 24 días con sus noches en la línea de fuego, fueron 24 jornadas de infierno”, recuerda. Eso sí... en medio de las tinieblas había algo de luz cristiana. Así, cuando tocaba enterrar a un soldado paraguayo o boliviano se le ponía una cruz encima.

Su diario de guerra indica que Talavera participó de la Batalla de Quebrada Cuevo y Yaway entre enero y junio de 1935. “No me hirieron, Dios es grande y no morí”, cuenta el hombre que tras la conflagración se hizo policía hasta jubilarse. El último cumpleaños lo festejó en Tinguipaya, donde es toda una personalidad.

En la actualidad vive junto a su hijo Gróver en Achachicala. Por las noches escucha la radio y los fines de semana sigue a su querido The Strongest. Cuando se le pregunta cuándo será su próximo cumpleaños, él responde con picardía: “El 30 de febrero…”.

Condori, un soldado amante de los gatos

Carmelo Condori Condori nació el 16 de agosto de 1916 en Muramaya (Viacha) pero festeja su cumpleaños el 16 de julio. “Por la fiesta paceña”, avisa Róger su nieto... y, el excombatiente ya lleva 101 veranos en su cuerpo delgado. Condori ingresó el 1 de enero de 1935 al frente de batalla del Destacamento 280 Primero de Artillería y participó de la defensa de Villamontes. “La guerra es para no recordar, la gente se volvía loca con el calor”, comenta el anciano mientras enseña un viejo plato y una cantimplora de plomo que le quedan del conflicto bélico. Al acabar la conflagración, él volvió a su pueblo para arar la tierra. “Cuando alguien decía que fue atacado por el khari khari, él ejercía sus dotes de sanador”, cuenta su hija Alicia. Entre los aymaras se cree que el khari khari roba la grasa humana a los viajeros.

Ahora la única responsabilidad de Condori es cuidar a Blanquita y Mascaritas, sus dos gatas.

Róger recuerda que hace 25 años él y su abuelito salían a las 04.00 desde Muramaya rumbo a la ciudad de La Paz para cobrar la renta. Ésos eran sus días más felices.

Espere

Carmelo Condori Condori, uno de los 9 beneméritos de la Guerra del Chaco en La Paz Bolivia. Video: La Razón Digital Bolivia

Roque vivió entre los muertos

Ricardo Roque Condori nació el 15 de febrero de 1915 en Charaña (La Paz). Hasta 2016, en las noches, todavía cantaba Boquerón abandonado con su hija Laura, rezaba y dormía. Ahora está enfermo, vive rodeado de viejas fotografías y nostalgias... como aquel recuerdo que lo transporta a su boda con Rufina Condori Romecín (+), justo una hora antes de viajar a la guerra. Allí participó del II Ataque a Nanagua, el cerco de la IV División Infantería Cañada Gondra y la batalla en Campo Vía. Roque disparaba una ametralladora y en la contienda perdió el brazo derecho. Malherido se entremezcló entre los muertos durante un día y una noche hasta que fue socorrido. Un lustro atrás estuvo al frente de la Federación Nacional de Mutilados e Inválidos de la Guerra del Chaco, este año fue distinguido con el Morrión de Oro de los Colorados de Bolivia, escuadra a la que él defendió.

En 2016 lloró y gritó, porque no pudo ir a desfilar el 6 de agosto, ahora está cansado y se resiste a desfallecer. “No quiero morir, no tenemos casa, ¿dónde vas a ir, hija?”, le dijo en julio a Laura. Ambos viven en las instalaciones de la Federación de Beneméritos de la calle Yanacocha, frente al colegio Ayacucho.

Iturralde es atigrado y excorrector de diarios

Julio Iturralde Perales celebró 99 años de vida el 9 de agosto. Él participó de la defensa de Villamontes en 1935, una batalla icónica del enfrentamiento entre bolivianos y paraguayos. Entró como soldado y salió como cabo.

Su aventura empezó cuando murieron sus padres, entonces él y su hermana quedaron huérfanos. Ingresó al Ejército como voluntario y tenía la ilusión de morir en la guerra. Sufrió las primeras heridas cuando volcó el camión de los soldados bolivianos; fueron, en realidad, sus únicas lesiones de la lucha contra los paraguayos.

Volvió al país y en 1947 contrajo nupcias con Teresa Llanos Aparicio, quien falleció en 1980; fue otro golpe (casi) mortal.

La guerra lo marcó, hubo tardes que lloraba al escuchar el bolero de caballería Despedida de Tarija y la cueca Destacamento 111. Hoy vive en Alto Obrajes, está muy enfermo, una infección en la próstata le tiene postrado.

Hasta hace cuatro años tomaba un bolígrafo rojo y marcaba los errores ortográficos que encontraba en los diarios de La Paz. Recuerda su época de corrector del periódico La Calle. Es muy futbolero. “Cuando perdía el Tigre se enfermaba”, cuenta su nieto Luis.

Orozco, el exprisionero e inventor tiene 102 años

Abdón Orozco Guibarra nació en La Paz el 21 de julio de 1915. Se presentó para ir a la guerra el 2 de marzo de 1933 y cayó prisionero el 11 de diciembre del mismo año, en Campo Vía. Fue repatriado al país el 26 de junio de 1936.

Una de las historias que suele contar es aquella en la cual su gorra fue perforada por un proyectil mientras él reptaba hacia una zanja.

Fue apresado y pasó más de dos años en las cárceles paraguayas. Orozco aprendió guaraní y logró conquistar amistades en las filas enemigas. En los años 90 retornó a Paraguay en busca de algún amigo olvidado medio siglo atrás, no halló a nadie conocido.

Después de la guerra, el hombre se casó con Maclovia Guzmán Siles. Juntos administraron un restaurante en Miraflores. Él enfermó y fue operado, hoy radica en California, Estados Unidos.

Su hija Lourdes recuerda que no había imposibles para su padre excombatiente. “Una vez inventó una batidora con el motor de un taladro y confeccionaba los guardapolvos y ternos de sus nietos”, añade. Cuando creaba algo, él colocaba sus iniciales AOG a la obra. Hoy está enfermo y es cuidado por sus hijos.


domingo, 10 de septiembre de 2017

Minuto a minuto se vive la batalla de Boquerón a través del WhatsApp

La Sociedad de Historia de la Guerra del Chaco Oruro, aprovecha el avance de la tecnología y es a través de la red social conocida como el WhatsApp, que relata minuto a minuto lo que sucedió en la batalla de Boquerón, a tiempo real, cómo sucedió y en qué preciso momento de hace 85 años atrás. Gracias a los aportes de Jesús Elías y Maurice Cazorla.

Esta experiencia es la segunda, puesto que la gestión pasada se desarrolló la misma actividad y por el éxito de la misma se decidió repetir la experiencia, para que muchos de los interesados en la historia de esta contienda bélica, puedan vivir los hechos que marcaron un acontecimiento reconocido a nivel mundial.

"Las noticias son en tiempo real con día, hora y minuto. Nuestra cronología se basa en textos bolivianos y paraguayos, cada uno de ellos respecto a sus acciones propias. Como ya sucedió, no se sorprendan recibir mensajes a media noche o madrugada, respetaremos el acontecimiento lo más fiel posible. Es un informativo actualizado al instante, para compensar esa carencia de noticias en vivo hace 84 años".

Así presentan el grupo de WhatsApp, que empezó a funcionar desde este viernes y mantiene entretenido a quienes son amantes de la historia.

Para que los miembros de este grupo se puedan concentrar en los hechos de este pasaje bélico, los administradores del grupo pidieron que puedan mantener silencio en la mayoría de estos 21 días que duró la resistencia de los valientes soldados bolivianos.

"La actividad de quienes quieran aportar con información y no opinión, por favor no opinión. Será bienvenida siempre que sea sintética breve y precisa, relacionada al hecho específico. (No adelantar hechos al día y hora publicados. son noticias recuerden)", refiere el comunicado para iniciar esta aventura que se mantendrá por tres semanas.

La mayoría de los ingresados al grupo, solicitaron su inclusión mediante otra red social, el Facebook y ahora los afortunados que pudieron ingresar viven la historia a través de la magia de la tecnología, sabiamente utilizada.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Tunupa - Tawapaca - Unidad

Tunupa es Tawapaca, una leyenda cubierta por el velo del tiempo que habla de una divinidad importante que existió hace aproximadamente 3.000 años antes de Cristo y es el personaje principal de la cultura Tiahuanaco. Su imagen se encuentra esculpida en la piedra al centro de La Puerta del Sol en las ruinas de ese gran imperio que desarrolló la inteligencia y el conocimiento científico que hasta ahora no ha podido ser descifrado en su totalidad. Es muy poco lo que se sabe y gracias a las tradiciones orales y leyendas que se han compartido de generación en generación nos encontramos con una espiritualidad que vincula al hombre con lo sagrado en ésta región andina desde tiempos inmemoriales.

El volcán Tunupa es considerado una montaña sagrada situada entre los salares de Tunupa (hoy salar de Uyuni) y Coipasa, un punto que irradia una misteriosa energía que según dicen se puede ver claramente desde el espacio exterior. Los astronautas que orbitan la tierra se han sentido atraídos por una luminosidad que al cuadrante de sus coordenadas han descubierto que proviene de la cumbre del volcán donde hasta ahora se realizan ceremonias rituales y le entregan ofrendas con el debido respeto a una divinidad muy antigua.

En algunos relatos aparece Tunupa como una mujer hermosa asediada por los Mallkus o señores que disputaban su amor y que después de una feroz pelea, fueron castigados y convertidos en montañas. El Tata Sabaya y el Tata Sajama son dos de ellos que permanecen vigentes en el imaginario popular.

Otra leyenda cuenta que Tunupa o Tawapaca era el hijo de Wiracocha, Dios creador y que fue asesinado por su propio pueblo desesperado, en medio de un diluvio que amenazaba a la gente y sus animales por la crecida de las aguas. Envuelto en su propia manta fue arrojado al lago sagrado y un fuerte viento lo arrastra hacia el sur y su preciosa manta convertida en una balsa de totora rompe la tierra dando origen al río Desaguadero que baja el nivel del agua provocada por la lluvia incesante y recorre una gran distancia dando origen a los lagos Uru Uru y Poopó salvando a su pueblo de morir ahogado. Su recorrido termina en las Pampas de Aullagas donde el río se sumerge en la tierra y la balsa varada en terreno firme se mueve porque Tunupa resucita y comienza un peregrinaje sembrando la unidad entre los pueblos y comunidades de aquel entonces que se trataban como enemigos envueltos en constantes litigios y peleas. Su camino era muy largo hasta llegar al mar, bajando por la quebrada y región de Tarapacá que en su honor adquirió el nombre, promoviendo la amistad, el amor y la unión entre las personas a través de las celebraciones y rituales relacionadas con ciclos agrícolas y fenómenos naturales donde todo ser viviente de los alrededores estaba invitado a participar. Los jóvenes de diferentes latitudes se conocían y enamoraban en la fiesta donde no faltaba alegría, música, libaciones y danzas. Al cabo de un tiempo nacían hijos que consolidaban la unión entre los pueblos y comunidades que hasta ese entonces eran enemigos irreconciliables.

A la llegada de los conquistadores españoles y en su plan de extirpación de las idolatrías, los evangelizadores describieron a Tunupa como el recuerdo de un milagrero civilizador que logró sacar a los pueblos de la barbarie enseñándoles valores morales, unidad, organización y técnicas de cultivo en terrazas con el manejo del agua, que benefició a todos.

Las tres leyes fundamentales que heredamos del Imperio Inca, muy posterior en el tiempo puede ser una herencia de Tiahuanaco, conservada hasta nuestros días como un código de honor. Ama Suwa, Ama Llulla, Ama Quella.



(Ser honesto, verdadero y

trabajador)

La profunda huella que dejó Tunupa a su paso quedó inscrita de manera indeleble en los innumerables jeroglifos y pinturas rupestres presentes en toda esa región que muestran claramente su imagen.

Entre los pueblos de Tarapacá y Huara en Chile, existe una duna de arena muy fina de regular altura que en su parte más alta se dibuja de manera imponente la imagen de Tunupa de cuerpo entero y de grandes proporciones que hoy en día le llaman "El Gigante de Tarapacá". Probablemente este enorme jeroglifo le dio el nombre a toda la región de Tarapacá y el cerro de arena donde está emplazado fue bautizado por los españoles como "Cerro Unita" (Unidad en latín) reconociendo el concepto de unión entre la gente que promovió una divinidad tan antigua llamada Tunupa o Tawapaca.

Las fiestas con sus rituales seguían celebrándose pero los evangelizadores las consideraban paganas y suplantaron las divinidades originarias aprovechando la espiritualidad y manifestación de fe popular con el fin de imponer su doctrina. Donde se veneraba a una divinidad masculina impusieron un santo y las divinidades femeninas fueron reemplazadas por una virgen o una santa.

La Cruz del Sur o la sagrada Chakana para el mundo andino se transformó en la Cruz de Cristo celebrada los primeros días de mayo cuando la constelación se ve más clara y en posición vertical. La Chakana representa la vida, la Cruz de Cristo representa la muerte. El Tata Illapa que recuerda el rayo y las tormentas eléctricas fue suplantado por el Tata Santiago Apóstol. El año nuevo aymara, Inti Raymi o Machaq Mara que celebra el solsticio de invierno cada 21 de junio es cuando se enciende el fuego sagrado para calentar la tierra en la noche más larga y fría del año, fue movido al 24 de junio y se cambió por la fogata de San Juan. La fiesta de San Andrés celebrada a fines de noviembre probablemente en sus orígenes era el inicio del Jallu Pacha o la temporada de lluvias que fecundan la tierra.

El polvo de los siglos ha cubierto algunas verdades originarias y el vértigo de la vida actual no permite valorar ni aprovechar inteligentemente la sabiduría antigua. La sociedad contemporánea se ha desvinculado de lo sagrado, del ritual y de su propia espiritualidad al encandilarse con lo material que representa un mal entendido bienestar y progreso. La proliferación de iglesias, sectas y el fanatismo religioso intransigente es una prueba concreta de la confusión ideológica y espiritual en la que hemos caído.

La evocación de Tunupa o Tawapaca en el sentido más puro de "Unidad y Verdad" que fue promovida hace tantos siglos vuelve a cobrar vigencia para ayudar al hombre actual a recuperar su espiritualidad y orientación en la vida cotidiana. La energía desplazada o mal canalizada es la causa de enfermedades físicas, psíquicas y/o vitales. La herencia que recibimos de nuestros ancestros es simple y profunda. Nos acerca a la comprensión de valores y conceptos importantes para el desarrollo del conocimiento y la evolución humana relacionando equilibradamente lo material con lo espiritual.



ALLE KAUSAY: Vivir bien

Cuando aparecen las divisiones políticas en la época contemporánea se originan las fronteras, se conjugan los intereses económicos que enfrentan nuevamente a los pueblos que son manipulados por grandes poderes y naciones extranjeras. La extensa región de Tarapacá guardaba en sus entrañas una enorme riqueza mineral insospechada.

La Misión Jesuita de Pica recibe de regalo con mucha insistencia por parte de los indígenas de la zona que traían unas piedras blancas y no lograban entender muy bien de qué se trataba ni para qué servían. Sin mucho interés las depositaron a un costado de la iglesia y al cabo de un corto tiempo ven con asombro el crecimiento exuberante de las hierbas y plantas cercanas formando una mancha verde que sobresalía en aquel árido desierto. Se descubría así el Salitre, un fertilizante natural que luego fue llamado "El oro blanco" ya que en Europa provocó mucho interés y avidez porque sus tierras de cultivo ya estaban agotadas por los siglos de sobre explotación. Se descubrían yacimientos por todas partes y el salitre se podía encontrar casi a flor de tierra. Se establecen las Oficinas Salitreras para explotarlo y en las duras faenas de extracción y proceso en pleno desierto trabajaban obreros chilenos, peruanos y bolivianos. Los dueños y patrones eran en su mayoría ingleses o extranjeros. La preciada carga era transportada en barcos veleros y vapores a los principales puertos del viejo mundo donde se transaba a muy buen precio. El negocio era floreciente y sus jugosas ganancias provocaron una pugna por el control de toda la región y se desencadena la Guerra del Pacífico en 1879, donde se enfrentaron los pueblos de Chile, Perú y Bolivia.

Los grandes consorcios económicos extranjeros financian el conflicto bélico apoyando a Chile que finalmente gana todo ese territorio en beneficio de las grandes potencias interesadas en seguir lucrando de aquella preciada riqueza mineral. Los trabajadores y obreros que después de la guerra siguieron operando en esas faenas de extracción del salitre en condiciones muy duras e infrahumanas en el desierto más árido del mundo eran también peruanos, chilenos y bolivianos. Les pagaban con fichas que cambiaban por mercaderías y alimentos de baja calidad que no abastecían para mantener dignamente a sus familias, las viviendas eran miserables barracas muy precarias mientras que los patrones se hacían construir mansiones donde vivían opíparamente.

A principios del siglo veinte fue creciendo el descontento y se genera un levantamiento obrero y popular que protesta por mejores condiciones de vida ante las desigualdades vergonzosas cada vez más evidentes. En diciembre de 1907 se declara una huelga general en todas las oficinas salitreras de la región de Tarapacá y deciden bajar a protestar a Iquique, el Puerto Grande donde estaban instaladas las oficinas generales de administración de toda el área.

Iquique se va llenando con miles de obreros y sus familias que llegaban pacíficamente desde la pampa salitrera con la esperanza de ser escuchados en sus justas demandas. El gobierno central se siente amenazado y como respuesta envía algunos barcos de la Armada con destacamentos militares para reprimir la sublevación y esa gran masa humana es arrinconada y obligada a esperar la respuesta a sus demandas en una escuela llamada "Santa María". Al no llegar a un acuerdo satisfactorio para los patrones, el 21 de diciembre de 1907 llegó la orden desde el gobierno central en Santiago de disparar contra esa gente desarmada que esperaba una solución pacífica a sus demandas.

Más de 3.600 personas murieron acribilladas, entre hombres, mujeres, niños y ancianos, bolivianos, peruanos y chilenos.

Ese episodio es conocido por la historia como la "Masacre de obreros del Salitre en la Escuela Santa María de Iquique"

Aberraciones como ésta por supuesto no se quieren recordar por vergüenza.

Cuando se inventa en Alemania el salitre sintético derivado del petróleo, cae el negocio y las oficinas salitreras son abandonadas convirtiéndose en pueblos fantasmas en pleno desierto de Atacama. Durante la dictadura militar de Pinochet son aprovechados algunos de estos pueblos abandonados para convertirlos en campos de concentración, tortura y exterminio, cárceles con gente recluida por tener ideas diferentes consideradas peligrosas, entre los cuales se encontraron nuevamente chilenos, peruanos y bolivianos.

Tunupa o Tawapaca predicaba la unidad y amistad entre los pueblos en tiempos remotos cuando no existían fronteras ni nacionalidades y los conflictos de aquella gente eran más simples. Insistía en la unidad, el ritual, la celebración y lo sagrado.

En estos tiempos actuales, de fronteras y confrontaciones que responden a intereses y conflictos bastante más complicados, se manifiesta espontáneamente el sentido de unidad y comprensión entre la gente más sencilla y sensible que aplica inteligentemente ese código de honor heredado de nuestros ancestros, a pesar de las banderas y colores nacionalistas diferentes. Son los gobernantes de hoy al servicio de los grandes poderes económicos y/o políticos, los que impiden la verdadera integración de sus pueblos. Y como siempre el hombre humilde y sumiso que es utilizado como carne de cañón en todos los enfrentamientos es el que paga las cuentas a costa de su miseria e ignorancia.

La evolución de la humanidad a través de la historia registra muchas guerras y matanzas de miles y millones de personas que fueron obligadas a luchar a favor de algún Soberano ambicioso o desquiciado dando origen a Imperios poderosos que pretendieron dominar el mundo con el fin de controlar los recursos y la riqueza concentrada en las élites que habitaban los fastuosos palacios mientras el pueblo pobre, ignorante y sometido, acataba fielmente las leyes creadas por los poderosos en beneficio propio.

El continente europeo bien llamado "El viejo mundo" es un referente de levantamientos populares, revoluciones y guerras internas que se extendieron a todo el planeta involucrando a la humanidad en su conjunto. Las guerras mundiales generaron conflictos que parecían imposibles de resolver entre los países directamente involucrados, por los crímenes y aberraciones cometidas de uno y otro lado, sin embargo aparece la "Unión Europea" como ejemplo de unidad y buena voluntad para intentar reparar los errores del pasado. Alemania y Polonia que estuvieron en el origen de los enfrentamientos parecían ser enemigos irreconciliables, en parte por la ocupación alemana de territorios que deja a los polacos sin acceso al Mar Báltico por mucho tiempo, pero hoy vemos que esos países y varios otros están aprendiendo a convivir y compartir todo, comenzando por el mar, una sola bandera que los identifica, una misma moneda que unifica sus economías para compartir y administrar responsablemente la riqueza pensando en el bien común que los acerque a la felicidad.

La ética en el comportamiento humano y la incorporación de valores morales en la vida cotidiana se han visto empañados o disminuidos por el avasallamiento de los avances tecnológicos y la velocidad vertiginosa de la vida actual. La trampa, la mentira, el robo etc. son vistos con cierta familiaridad y se aceptan como males necesarios en una sociedad corrupta que atenta contra sí misma. Un verdadero revolucionario no miente ni engaña y, un buen político dirigente debería ser transparente y austero, que dé el ejemplo a las nuevas generaciones para intentar construir un mundo mejor.

Tunupa o Tawapaca es el recuerdo de una divinidad muy antigua que insistía en promover la "Unidad y Verdad" entre las personas y con Amor resolver los problemas de convivencia por muy complicados que pudieran parecer. La espiritualidad, el ritual, la celebración y el vínculo con lo sagrado son elementos inherentes al ser humano y por ahí podría estar la respuesta que lo conduzca al conocimiento y al entendimiento pleno y personal de Dios.



La Khantuta (Leyenda)

Dominaba el imperio uno de los incas más crueles, sanguinarios y tenaces en su ideas. El que no admitía que ninguno de sus vasallos, ni aún los nobles, los auquis y los amautas, le contradijeran en lo más mínimo. Este soberano señor, cuyo nombre no ha conservado la tradición, tenía una hija hermosa.

Tanto, que la fama de su belleza habíase extendido por todo el imperio.

En uno de los viajes que hizo el monarca hasta el adoratorio de la Isla del Sol, quedó hospedado muchos días en el poblado de Copacawana, el maravilloso mirador del lago Titicaca. Estaba acompañado, como en todos los viajes, de su hermosa y predilecta hija, para quien eran todas las atenciones y preferencias del soberano.

Durante los días que permanecieron en Copacawana, la princesa conoció a Kento, un mancebo del pueblo, joven y apuesto, pero de origen humilde. Sus padres habían sido traídos desde una lejana comunidad, dominada años antes.

Ambos jóvenes apenas se conocieron, se amaron de inmediato, con pasión extraordinaria. Ella sabía muy bien que sería inútil confesárselo a su padre, pues éste nunca permitiría un matrimonio que no estuviese de acuerdo con las costumbres y tradiciones de la casa real. El joven pretendiente no ignoraba tampoco que había puesto los ojos muy alto y que jamás sus ilusiones alcanzarían a convertirse en realidad.

Ambos se encontraban frente al más grande de los problemas, sin la más leve esperanza para la unión y la felicidad de la pareja.

Un día, anunció el monarca su retorno al Cusco, ordenando que se realizaran los preparativos para el viaje. En todo aquel día, la princesa no se dio tiempo ni modo para ir a despedirse de su amado. Y sólo cuando llegó la noche pudo salir a escondidas de su aposento. Tenía empero, que recorrer un largo trayecto para llegar a la casa de Kento, el elegido de su corazón. La noche era lóbrega y en el firmamento ni siquiera parpadeaban las estrellas, ocultas por espesos nubarrones. Pero la joven, que conocía el lugar se encaminó muy resuelta al encuentro de su amado pese a la oscuridad.

Avanzó así hasta muy cerca de la casa de Kento, y cuando ya creía próximo el momento de la despedida, cayó a una profunda grieta, en cuyo fondo crecían matorrales. Resonó un grito en la oscuridad de la noche, un grito profundo, alarmante, que despertó a todos los que vivían en los alrededores. Pero después reinó un silencio absoluto, interrumpido tan sólo por el ulular del viento que venía desde el lago.

Los lugareños volvieron a dormirse, y sólo al día siguiente hallaron el cuerpo yerto de la infeliz hija del inca, tendido en el fondo de la barranca. Al rodar, había dejado huellas de sangre en las zarzas y espinos del lugar, ex-trañamente las manchas de sangre semejaban pétalos de una flor que hubiese brotado de un día para otro. Al poco tiempo, en el lugar donde había hallado la muerte la bella princesa, brotó un arbusto, desconocido has-ta entonces, cuyo ramaje era muy semejante al de las zarzas del lugar, pero sin las púas agresivas de éstas.

La planta creció con el tiempo y empezó a mostrar sus flores de forma de cáliz rojas, del color de la sangre regada sobre los matorrales. Como el arbusto apareció primero cerca de la casa de Kento, los naturales denominaron a la flor KENTU UTA PANKARA.

De tradiciones y supersticiones indígenas de Víctor Santa Cruz.

El día histórico - 5 de septiembre de 1858 Fusilamientos en la plaza de La Paz

Los sucesos políticos del 10 de agosto de ese año en contra del Gobierno no alteraron el orden público en la Repú-blica, pero determinaron una ominosa y funesta dictadura.

El presidente José María Linares desde aquel momento se convirtió en un tirano que sojuzgó al país con mano férrea y cruel; apenas extinguido el motín, mandó tomar presas a más de 300 personas de ambos sexos en sólo la ciudad de La Paz. Entre los presos hallábanse como principales sindicados 5 militares y un religioso franciscano; había unas 30 mujeres, mu-chas de las cuales fueron encerradas en la prisión con sus hijas y con niños de pecho. Por último, había algunos frailes y sacerdotes, entre ellos los canónigos, los padres recoletos, mercedario y un franciscano.

Se organizó un consejo de Guerra para juzgar a los presos y sindicados. Por sentencia del 30 de agosto el Consejo condenó a sufrir la pena de muerte al religioso franciscano Juan Manuel Pórcel, al mayor de Ejército José María Blanco, al teniente Rafael Clinger, a los sargentos Salvatierra y Calero y otros 10 militares más entre oficiales y soldados.

EL APARATO MILITAR EN LA PLAZA

El 31 de agosto de 1858 el Ministerio de Guerra dictó una orden general disponiendo que al día siguiente todos los cuerpos del Ejército, militares en servicio, en plaza, francos, etc., concurriesen a presenciar la ejecución de los reos políticos, debiendo acudir a sus puestos al primer toque de llamada.

La hora para la ejecución se señaló a las diez de la mañana; pero el toque de llamada hizo saltar a todos de sus lechos antes de que el día aclare. A las cinco de la mañana, el Ejército estaba formado en la plaza. Los batallones 1° y 2°, al mando de los jefes Nicanor Flores y Plácido Yáñez formaron en cuatro bocacalles de la plaza, emplazando un cañón en cada esquina. La columna municipal y el escuadrón Húsares estaban apostados en partidas de 25 hombres a dos cuadras de la plaza a la redonda. Completaba este aparato militar el escuadrón Bolívar que a caballo y en partidas de 10 ó 15 hombres hacía el servicio de patrullas en toda la ciudad.

En esa actitud de campaña permaneció el Ejército desde el amanecer; reinaba profundo silencio en las filas y parecía que la tristeza o el terror embargaban todos los ánimos: cuando el vecindario de La Paz despertó aquella mañana, se encontró con la ciudad convertida en un campamento militar, y la plaza en un reducto como para defenderse de un ataque enemigo.

En la puerta del Loreto se levantaron seis patíbulos de adobes, distantes uno de otro como a una vara.

LA DEGRADACIÓN DEL PADRE JUAN MANUEL PÓRCEL

A las ocho de la mañana, el padre Pórcel fue sacado de su prisión de las Cajas (hoy policía principal) y conducido al palacio episcopal. Iba a la cabeza del séquito el fiscal Pedro Fernández Cueto, de gran uniforme, acompañado de tres ayudantes. Seguía un piquete de soldados y después el padre Pórcel, en medio de tres religiosos franciscanos; cerraba la marcha otro piquete de soldados.

Cuando este séquito llegó a la casa del obispo, ya estaba allí todo preparado y dispuesto para la afrentosa ceremonia; el ca-bildo eclesiástico y todo el clero secular y regular acompañaban al prelado. Con los ojos arrasados de lágrimas y en medio del llanto de todos los circunstantes el prelado procedió al acto de la degradación, habiéndose visto obligado a interrumpirlo en va-rias ocasiones por el desfallecimiento de su espíritu, y también porque al padre Pórcel le llegó a faltar la voluntad, la energía, la vida, era una masa inerme, un ser inconsciente...

Mientras en el palacio episcopal se desarrollaban estas tres escenas, en las torres de las iglesias de la ciudad, las campanas tocaban plegarias; aquel fúnebre tañido señal de la degradación. La ceremonia, intencionalmente prolongada, no terminó sino a las 11 de la mañana, hora en que el reo, vestido ya de civil, fue vuelto a la Policía, en medio del mismo aparato militar con que había sido llevado.

EL VÍA CRUCIS DE LOS REOS

Hacía ya más de siete horas que el Ejército en formación esperaba la hora de las ejecuciones. Por fin el corneta de órdenes del jefe de la línea tocó firmes y atención. Un sordo murmullo, causado por la emoción, se produjo en las filas, siguiendo luego un profundo silencio interrumpido sólo por los golpes lentos y lúgubres de un tambor destemplado. El fúnebre séquito salió de las Cajas. En primer término caminaba Pórcel, cubierto su cuerpo con un capote de soldado, y en medio de dos oficiales.

Seguían Blanco y Clinger, y en segunda fila los sargentos Salvatierra y Calero. Ca-

da reo iba apoyado de un sacerdote y la comitiva marchaba al centro de un castillo erizado de bayonetas. Después de una marcha lenta, acompasada por los golpes del tambor, los reos llegaron a la puerta del Loreto. En el primer banquillo fue sentado Blanco, en el segundo Pórcel, en el si-guiente, Clinger y en los últimos los sargentos. Cuando el otro reo, Manuel Pacheco, iba a ocupar su puesto, un edecán fue a comunicar que se suspendiese su ejecución.

LA EJECUCIÓN

Calló el tambor y en medio del silencio más profundo, interrumpido sólo por las oraciones de los sacerdotes, avanzó cautelosamente un pelotón de 20 hombres, del batallón 2°, con las armas bajas y preparadas. A diez pasos de distancia de los reos, hicieron alto. A su derecha y de costado a los patíbulos se colocó el fiscal Fernández Cueto, frente a éste y a la izquierda de los tiradores, el oficial Rodríguez, que mandaba la ejecución.

Eran las 12 y 10 del día. A una seña del fiscal, el oficial levantó el sable y quince bocas de fuego apuntaron a los cinco pe-chos que servían de blanco. El aliento, la vida de los centenares de espectadores estaban paralizados; todas las miradas es-taban fijas en aquella espada terrible; la atención estaba reconcentrada en el grupo de reos y ejecutadores que formaban el centro siniestro del sombrío cuadro.

Bajó el sable... sonó la descarga. Un grito ahogado, algo como un gran rugido, como un eco de queja, en protesta, siguió a la descarga. Un segundo después, y cuando el humo de la pólvora aún no se había disipado, salieron de las filas cinco hombres, avanzaron hasta colocar sus fusiles casi sobre los mismos pechos de los reos y dispararon el tiro de gracia...

Momentos después el Ejército desfiló delante de los cadáveres, volviendo luego a sus cuarteles. El dictador sombrío y taciturno presenciaba este espectáculo desde su ventana de palacio. Mientras el fiscal hacía conducir los cadáveres al cementerio general, el mayor de la plaza hacía retirar los adobes y mandaba levantar la sangre, para que nada quedase de la hecatombe. ¿Nada? Las manchas de sangre, si se las lava en el suelo, ¡no se borran de la historia!

La crueldad del dictador y el terror que causó la muerte de un religioso y de los militares, lejos de intimidar a sus enemigos, engendraron el odio entre ellos, que conciliábulos, juraron la venganza… y se vengaron.

UNA LEYENDA POPULAR SOBRE LA MUERTE DE PÓRCEL

Una leyenda popular muy en boga en aquellos días y aun durante muchos años después, fue que cuando sonó la primera descarga de ejecución, cayeron cuatro de los reos, quedando ileso uno, el padre Pórcel. Los soldados se encargaron de ejecutarlo, no habían querido en su fanatismo hacerse cómplices de lo que dio en llamarse sacrilegio y profanación, aun entre las clases ilustradas, y habían apuntado al reo que estaba al lado.

Se dijo también que el soldado que de-bía darle el tiro de gracia, por la misma ra-zón que asistía a los anteriores, desvió la puntería del fusil, quedando ileso el padre.

Agonizante, pedía éste la muerte entre rugidos de desesperación; y el jefe del pe-lotón mayor Sevilla, viendo que el reo aún no había muerto, arrebató el fusil de un soldado y apuntando al corazón del padre, le disparó el tiro mortal. Desde aquel día, el mayor era llamado por el vulgo generalmente con el nombre de “fraile guañuchi” (el que disecó al fraile).

Dos años después, fueron a exhumar el cadáver del fraile, para comprobar el caso de los tiros; pero el cadáver no estaba en el panteón. Manos piadosas, acaso los mismos franciscanos, lo habían robado para darle definitiva y honrosa sepultura.

Los restos del Che aún están en Bolivia

Los restos de Ernesto Che Guevara siguen enterrados en Bolivia, repartidos en cuatro lugares diferentes del recinto de un batallón “Pando” en Vallegrande, al sudeste del país, según una investigación del periodista y escritor J.J. Benítez que sale a la luz 50 años después de la muerte del guerrillero.

J.J. Benítez relató, en una entrevista con Efe, cómo decidió publicar en el libro: Tengo a papá, editado por Planeta, las investigaciones que llevó a cabo durante seis años sobre las últimas horas del Che y que le reflejaron unos hechos que “no tenían nada que ver con lo que nos habían contado”.

Ni los hechos ni el personaje ya que, aseguró JJ Benítez: “(el Che) era un personaje muy oscuro, nada que ver con el ser mítico que nos ha dibujado la historia”, añadió.

La investigación de Benítez partió del testimonio de un exagente de la CIA con el que se entrevistó en EE.UU. en 2011, al que en el libro llama Mendi, que fue testigo “de excepción” de la muerte del Che en Bolivia.

Además, se basa en los diarios de uno de los guerrilleros que acompañó al Che desde Cuba hasta su muerte y de uno de los oficiales del ejército boliviano que participó en su captura. Este último, al que el autor llama Saturno, relata cómo tras ser apresado y asesinado por el Ejército de este país, el Alto Mando de las Fuerzas Armadas ordenó que el cuerpo del Che, tras ser exhibido y practicarle la autopsia, fuera incinerado para que sus cenizas fueran enterradas en un lugar secreto.

“(Pero) algo salió mal...” y el fuego no hizo desaparecer el cuerpo del Che, que “fue cortado en cuatro partes” y cada trozo “enterrado en un lugar diferente en el recinto del batallón”, relató J.J. Benítez.

Inti, en el último combate



El Che estaba sentado en un tronco.

Fumaba deleitándose con la fragancia del humo. Tenía la gorra puesta. Cuando nuestro grupo llegó, sus ojos relampaguearon de alegría.

El hombre más buscado por el imperialismo, el guerrillero legendario, estratega y teórico de proyecciones mundiales, bandera de lucha y esperanza, estaba allí, metido tranquilamente en el corazón de uno de los países más oprimidos y explotados, relata Guido Álvaro Peredo Leigue (Inti), en el libro de su autoría Mi campaña con el Che.

Era la noche del 27 de noviembre de 1966. El Che lo llamó por su nombre, conversaron unos minutos y luego Pombo le entregó una carabina M-2, la primera arma que Inti tenía en manos, junto con el equipo de combatiente.

Al día siguientes, el Che llamó a Inti, Coco y al Loro “para conversar sobre el carácter de la lucha” y la razón por la cual eligió a Bolivia “como escenario de guerra”.

La razón fundamental fue la ubicación estratégica del país en el corazón del cono sur del continente, limitando con cinco países, lo cual le convierte “en una región estratégica para irradiar la lucha revolucionaria a las naciones vecinas”.

Inti había meditado en esa lucha por varios años, desde su juventud. De hecho, por sus ideas fue apresado cuando apenas tenía 17 años junto con su hermano Coco.

En mayo de 1966, cuando ya estaban en marcha los preparativos del foco guerrillero en suelo de Bolivia, Inti elabora un informe para el Congreso Regional del Partido, donde plantea la necesidad impostergable de la lucha armada.

Cuando el 31 de diciembre de 1966 Mario Monje los visita en Ñancahuazú y les impulsa a abandonar la lucha, encuentra en Inti, su hermano y los cinco militantes del PCB que le acompañaron, la negativa a esa actitud traidora.

Inti relata en su libro que Monje quería tener el “mando absoluto” de la guerrilla, a lo cual se opuso Guevara por la inexperiencia del secretario del PCB.

De acuerdo con los registros del periodista Carlos Soria G., el Che realiza 80 referencias sobre Inti en su diario. Lo nombra como uno de los comisarios políticos del naciente Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, como un “ejemplo en todo tipo de labores”.

En el mes de mayo, a los seis meses de su incorporación al grupo insurgente, señala: “Muy bueno, mantiene el espíritu a pesar de su endeble constitución física, es ejemplo y ha pasado por la doble prueba del sacrificio y el combate a entera satisfacción”.

En el resumen del mes de agosto el jefe guerrillero poco dado al elogio plasma en su diario la impresión sobre los hermanos Peredo: “Hay que considerar que despuntan cada vez más firmemente como cuadros revolucionarios y militares Inti y Coco”.

Tras el combate de la Quebrada del Yuro, Inti se sobrepuso al dolor de la pérdida del extraordinario dirigente, del hermano y demás compañeros, desempeñando un importante papel en la salida del pequeño grupo de combatientes de la zona insurgente. Antes de partir de forma clandestina hacia Cochabamba y de ahí a La Paz, junto a Urbano, había acordado con Pombo reorganizar la red urbana y el Ejército de Liberación Nacional, para desatar la guerra popular, propugnada por el Che.

Al comentar la actuación de Inti, el general de brigada en retiro Harry Villegas destaca la gran calidad humana del dirigente, quien con increíbles actos de audacia burló la intensa persecución y con la cooperación de su suegro y otros militantes del Partido Comunista organizó la salida de los combatientes hasta el poblado de Sabaya, en el departamento de Oruro, muy próximo a la frontera chilena, donde los esperaba Salvador Allende, refiere Soria.

Había recorrido más de mil kilómetros burlando la feroz persecución militar y de los servicios de inteligencia, que no lograron impedirle cumplir el juramento de comenzar a preparar una nueva etapa de lucha.

El hombre firme, de convicción absoluta en la justeza de sus ideas, penetra en Bolivia en mayo de 1969. Dos meses después su mensaje al pueblo, ‘Volveremos a la montaña’, conmocionó la opinión pública del país, y el Gobierno desató una persecución brutal. El 4 de septiembre, un nuevo comunicado produjo otro gran impacto.

Los cuerpos represivos lo buscaban, por lo que se traslada clandestinamente de Cochabamba a La Paz. Al amanecer del día nueve 150 efectivos de fuerzas combinadas, alertadas por una delación, rodearon la casa donde se escondía. El Ministerio del Interior tenía órdenes terminantes de asesinarlo. Por espacio de una hora, Inti resistió el ataque hasta que una granada lanzada por una ventana le produjo graves heridas en una pierna y un brazo. Solo así lograron apresarlo.

En la cárcel lo torturaron salvajemente. Cuentan que el sicario Tato Quintanilla le dio varios culatazos en la cabeza, y como pasadas dos horas permanecía con vida sin delatar a nadie, decidieron que el doctor Hebert Miranda Pereira provocara su muerte mediante una inyección.

A las diez de la noche de ese día el Gobierno mostró a la prensa el cuerpo del guerrillero con evidentes señales de tortura. Su caída fue un duro golpe para el movimiento revolucionario del país andino, donde las banderas que él enarboló ondearon enlutadas, pero su himno de combate continúa escuchándose en el altiplano y la selva donde tantas lecciones de heroísmo dictó y hoy inspira a las nuevas generaciones decididas a construir una vida mejor para su pueblo.

El Movimiento Guevarista recordará este 9 de septiembre el último combate del Comandante Inti.

La diputada del MAS-IPSP Sonia Brito indicó que el acto se realizará a las 10.30 en la calle Santa Cruz, entre Isaac Tamayo y Max Paredes, lugar donde Inti “libró su último combate contra la dictadura”. Eventos similares se realizarán en Santa Cruz, Cochabamba, Sucre y Potosí.