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viernes, 28 de noviembre de 2014
Tarija La calle Cochabamba y los “San Lunes” de chicha
La calle “Cochabamba”, una de las más largas y antiguas calles de la ciudad, situada en la parte alta de Tarija, tiene una gran trayectoria histórica y popular. Sobre todo, por haber sido un lugar, donde predominaban las fábricas de chicha.
Antiguamente esta calle fue más conocida por el pueblo como la “calle ancha” debido a su amplitud a comparación de las calles adyacentes. Años antes, en la zona, los puestos de chicha abundaban y el festejo del “San Lunes” se hizo una costumbre.
Cuenta la tradición que cada lunes los artesanos y empleados hacían derroche “de cumplimiento” para llenar las chicherías y abandonar los talleres, oficinas y puestos de trabajo, porque este día parecía constituirse en toda una institución lugareña. No había que perderlo sin copiosas libaciones de chicha.
Relatan los antiguos vecinos que las chicherías eran muy visitadas y más aún para las fiestas que se organizaban, generalmente en casas amplias con corredor, patio y corral de fondo. Ocupando los primeros lugares de estas grandes casas de chicha se reunían los tomadores, mejor llamados “tunantes” a los que se les ofrecía asiento en largas bancas; poniéndoles una mesita para las botellas y los vasos.
Con frecuencia las “tomadas” daban lugar a interesantes tertulias o partidos de “taba”; pero si de fiesta se trataba y había compañía femenina, la fiesta se acompañaba con caña, erke, caja, camacheña o violín, según la época, armándose vistosas escenas de rueda y zapateo y entonces venía la “cuequiada”.
Según los vecinos del barrio, las chicherías, se las reconocía por las banderitas coloradas que se acostumbraba colocar al extremo de una larga caña a manera de saliente mástil en las puertas de las casas, donde se hacía y vendía chicha.
Para el escritor René Aguilera Fierro, la calle “Ancha” tiene una trayectoria desde los linderos de la ciudad de Tarija. Incluso relató que la Fiesta de Santa Anita que antes se hacía en la plaza Campero fue trasladada a la calle Cochabamba porque no había otro lugar donde hacerla con amplitud.
Otra de las actividades que dio fama a la calle Cochabamba, según el escritor, fue la Fiesta de San Roque ya que cuando ésta culminaba era costumbre irse a la calle ancha a tomarse unas chichas, un arrope, a jugar a la taba o a los gallos durante la semana.
En los sin iguales encuentros se bebía, se conversaba, se comía gratis y se hacían amistades. En dicha calle vivían muchos cochabambinos y fueron ellos los que trajeron la costumbre de la chicha y las banderitas rojas, por lo que la calle ancha cambió su nombre a calle Cochabamba.
Las chicherías
Bernarda Uriona de Gallardo, Lorenzo Castillo, Francisca Zarate de Molina conocida como doña “Panchita”, Jacoba Panique, Eleuterio Espíndola, Luisa Herrera, Mercedes Camacho, Atanasia Salinas, Lola Sánchez y muchas personas más son recordadas porque hacían rica chicha y masitas exquisitas.
La gente de otros barrios a la que entrevistó El País eN cuenta que existían chicherías de mucho renombre ya sea por la buena chicha, la buena comida o las buenas mozas. Entre las más mentadas están: “Miss San Roque”, “Ojosas”, “Doña Felisa”, “Las teclas”, “La gaucha”, “La chilena”, “Las chabelas” y otras.
“Increíblemente en la calle Cochabamba no se conocía la palabra discriminación. La gente recién llegada se largaba a la calle ancha, donde se compartía en un ambiente de igualdad. Los visitantes de esta calle escuchaban la caña, a veces el violín y se ponían a cantar coplas. Lo interesante era que la comida era gratuita”, relata René Aguilera Fierro.
Pero cuenta también que en la calle Cochabamba se jugaba “taba” por conchitas al igual que la riña de gallos en la cual se hacían transacciones por chicha. Otro detalle que resaltó es que en las casas de expendio vendían la bebida por cántaros que en Tarija llamamos Yambuy.
Decaimiento de la calle
La calle Cochabamba llegó a tomar verdadero auge con motivo de la guerra, pues a ella iban los oficiales y soldados en busca de “consuelo para sus penas” y a “echarle el último trago”. Eso hizo que se abran muchas más chicherías y bares.
Sin embargo, con esto la calle perdió su característica y se vulgarizó.
La costumbre de las chicherías se mantuvo hasta pasado el año 1994; luego poco a poco fue desapareciendo. A esto se sumó que el progreso y el desarrollo hicieron más fácil la venta de vinos y singanis.
Posteriormente, la comida ya tuvo un costo y luego comenzaron a haber los restaurantes. “También se podría decir que el que influyó mucho para que decaiga el expendio de chicha fue el padre Bartolomé Attard, debido a que él comenzó a prohibir y a hablar en sus sermones en contra de la calle Cochabamba, diciendo que se trataba de un expendio de borrachos”, revela Aguilera Fierro y añade que el padre calificaba a la calle ancha como “un lugar, donde se cobijaba gente de mal vivir de Tarija”.
“Él mismo, personalmente, hacia la inspección de la calle Cochabamba logrando que se cierren estos lugares”, concluyó Aguilera.
La Fiesta de Santa Anita
La calle “Ancha” tiene más de 100 años de historia, al principio era de tierra y empedrado. Los vecinos más antiguos comentan que la gente llegaba hasta esta vía para pasear y conocer las chicherías. Poco después del decaimiento otro evento le devolvió la fama, se trata de la Fiesta de Santa Anita, misma que antes se hacía en la plaza Campero y fue trasladada a la calle Cochabamba.
La Fiesta de Santa Anita se extendió a cuatro barrios de la ciudad, siempre alentada por niños y padres de familia. En el año 1892, a iniciativa de los vecinos de la Calle Cochabamba, levantaron frente a la Capilla de San Roque, los primeros puestos de miniaturas, coadyuvando con sus hijos en la elaboración, fabricación y venta mediante el juego.
La modalidad era pagar con botones de conchas a los cuales se los llamaba simplemente “conchitas”. De esta manera, la festividad de “Santa Anita” hacía alusión a las cosas y objetos pequeños que se expendían. Éste fue un acontecimiento novedoso para el barrio y la ciudad.
Con el transcurso del tiempo se fueron destacando artesanos y personas hábiles en la fabricación en miniatura, tales como muebles, camioncitos, autitos, masitas, dulces, ancucos, empanadas, aros para rodar, trompos, sellos, bolillas de arcilla y otros.
Tiempo después, la ubicación de los bazares se trasladó detrás de la iglesia abarcando toda la calle Cochabamba. En la actualidad la mayor característica de la calle ancha es la Fiesta de Santa Anita que se realiza cada 26 de julio y que tiene duración de una semana.
En esta feria, en la actualidad, se exponen artículos tradicionales como instrumentos típicos de la región muy bien elaborados, además que lo que más resalta es la gran variedad de miniaturas que traen los comerciantes para vender desde el interior del país. Dentro de las miniaturas se puede encontrar de todo desde dinero hasta vestimenta, autos y comida.
Más detalles sobre la calle cochabamba
Inspiración de pintores
La calle Cochabamba por su historia y valor tradicional en la cultura tarijeña es sin duda una gran inspiración para los pintores. Así lo refleja el siguiente cuadro.
Proliferan los modernos comercios
Quedaron en el recuerdo las antiguas ventas de chicha y aloja. Ahora en la calle Cochabamba proliferan los restaurants de comida rápida
La Fiesta de Santa Anita
La Fiesta de Santa Anita devolvió la fama a la calle ancha, tanto que cada 26 de julio, y durante la semana que comprende, la vía alberga a más de cinco mil visitantes
Historia boliviana desde el periodismo
Los hechos diarios que vivió Bolivia son parte de medio siglo de servicio al país, que es retratado en el libro Del papel carbónico a la computadora. Historia de la Agencia de Noticias Fides: 1963-2013, escrito por Julieta Tovar Ibieta, periodista de amplia y reconocida trayectoria, que será presentado hoy en la Asociación de Periodistas de La Paz, edificio Las Dos Torres de la avenida 6 de Agosto.
La historia de un medio de comunicación social tiene que ser vivida, pero para evitar que se borre de la memoria es necesario escribirla.
Según investigaciones de su autora, la agencia conocida internacionalmente con la sigla de ANF, nació el 5 de agosto de 1963, como los emprendimientos que para muchos son utopías, por lo tanto, sin futuro o al menos incierto. Sin embargo, la historia le dio un vuelco a las premoniciones agoreras. 51 años no son pocos, aunque seguramente serán escasos comparados con otros medios, pero había que buscar recursos tanto humanos como financieros y técnicos.
La historia está relatada en cinco partes con capítulos cortos, cual si fuesen noticias. En ellos se reflejan desde las peripecias que vivió ANF para sostenerse en medio siglo como relatora diaria del acontecer político, económico y social del país. La primera agencia de noticias de Bolivia pasó por gobiernos democráticos, dictatoriales y nuevamente en una democracia sin interrupciones.
La creación de ANF hace más de cinco décadas, sin duda que fue como la locura de alguien, su fundador el padre José Gramunt de Moragas, SJ, y el entusiasmo de dos jóvenes periodistas: Juan Carlos Salazar y José Luis Alcázar. Pasaron por las salas de redacción periodistas como Ana María Romero de Campero, la primera Defensora del Pueblo y otras decenas que aprendieron este oficio y otros que saliendo de las universidades fortalecieron sus conocimientos.
Una de las partes retrata al fundador de ANF en sus diferentes facetas que no nació para Notario ni para vivir en su natal España, sino para sacerdote y periodista y para radicar en Bolivia. La Agencia de Noticias Fides no sería tal sin su creador, quien inclusive empleó la herencia paterna en el crecimiento de ANF. Hoy, el padre Gramunt está “jubilado” de ANF, mas no retirado de las lides periodísticas, pues, en la residencia de Cochabamba trabaja en un nuevo libro, sostiene la periodista que estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana y un Diplomado en Periodismo Económico, entre otros estudios.
La historia de un medio de comunicación social tiene que ser vivida, pero para evitar que se borre de la memoria es necesario escribirla.
Según investigaciones de su autora, la agencia conocida internacionalmente con la sigla de ANF, nació el 5 de agosto de 1963, como los emprendimientos que para muchos son utopías, por lo tanto, sin futuro o al menos incierto. Sin embargo, la historia le dio un vuelco a las premoniciones agoreras. 51 años no son pocos, aunque seguramente serán escasos comparados con otros medios, pero había que buscar recursos tanto humanos como financieros y técnicos.
La historia está relatada en cinco partes con capítulos cortos, cual si fuesen noticias. En ellos se reflejan desde las peripecias que vivió ANF para sostenerse en medio siglo como relatora diaria del acontecer político, económico y social del país. La primera agencia de noticias de Bolivia pasó por gobiernos democráticos, dictatoriales y nuevamente en una democracia sin interrupciones.
La creación de ANF hace más de cinco décadas, sin duda que fue como la locura de alguien, su fundador el padre José Gramunt de Moragas, SJ, y el entusiasmo de dos jóvenes periodistas: Juan Carlos Salazar y José Luis Alcázar. Pasaron por las salas de redacción periodistas como Ana María Romero de Campero, la primera Defensora del Pueblo y otras decenas que aprendieron este oficio y otros que saliendo de las universidades fortalecieron sus conocimientos.
Una de las partes retrata al fundador de ANF en sus diferentes facetas que no nació para Notario ni para vivir en su natal España, sino para sacerdote y periodista y para radicar en Bolivia. La Agencia de Noticias Fides no sería tal sin su creador, quien inclusive empleó la herencia paterna en el crecimiento de ANF. Hoy, el padre Gramunt está “jubilado” de ANF, mas no retirado de las lides periodísticas, pues, en la residencia de Cochabamba trabaja en un nuevo libro, sostiene la periodista que estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana y un Diplomado en Periodismo Económico, entre otros estudios.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Estudiantes recuperan documentos de 1840 sobre la historia de Sorata
Estudiantes y técnicos de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) recuperaron documentos y manuscritos que datan desde 1840 hasta 1960, sobre la historia del municipio de Sorata, ubicado a 150 kilómetros de la ciudad de La Paz.
"Se recuperaron documentos que datan desde 1840 hasta 1960. Estos papeles guardan más de 100 años de historia de la Alcaldía de Sorata”, dijo Luis Oporto, director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa.
Según Oporto, los escritos pertenecen a los archivos del Juzgado de Partido y la administración de la Alcaldía de Sorata.
"Los documentos guardan expedientes de juicios penales y civiles, como robos, divorcios, remates de bienes y otros de esa época. Estos textos evidencian la historia y el desarrollo de ese municipio”, sostuvo Oporto.
Los escritos también muestran la historia social de Sorata. "Este municipio ha diversificado su base productiva en la hacienda. Es una región de acceso a las minas de oro y a las tierras bajas”, dijo.
El historiador destacó además que los textos muestran el desarrollo de la ciencia penal en las provincias. "En uno de los expedientes se encontró evidencias como un saco con el plomo de los proyectiles”, contó.
El hallazgo fue realizado en septiembre. El lote de papeles fue encontrado en un depósito de la Alcaldía de Sorata. "Estaban en una situación crítica porque sufrieron manchas a causa del excremento de roedores y la humedad”, dijo Oporto.
En ese mes, una delegación de estudiantes y la directora del Archivo Histórico de La Paz, Mary Money, viajaron a Sorata para salvar los papeles. Una vez que llegaron a esa población, las autoridades del municipio de Sorata y de la UMSA firmaron un convenio para entregar los documentos al Archivo Histórico de La Paz.
Tras conseguir el permiso, los técnicos limpiaron los expedientes. Luego, trasladaron los documentos en cajas al Archivo Histórico de La Paz. En la actualidad trabajan en un proyecto para catalogar y digitalizar los papeles.
La historiadora Ximena Medinacelli resaltó el rescate de la documentación por su valor cultural, histórico y simbólico. Sostuvo que aportará a la historia de la región. Resaltó que hay que conservar adecuadamente los archivos porque "Sorata es una población muy importante, tiene una historia muy rica e intensa”.
El proyecto es impulsado por la carrera de Historia de la UMSA, la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional y técnicos de la Comibol.
Polémica
Iván Tays
Babelia / Madrid
Fuego cruzado literario
Y ardió Troya en Bolivia. El Festival Santa Cruz de las Letras llevó a más de 30 escritores de Latinoamérica a esa bella ciudad, entre ellos Katya Adaui, Jorge Volpi, Carlos Cortés, Imma Turbau y los cubanos Wendy Guerra y William Navarrete. Todo iba bien hasta que sobre la mesa donde estos últimos iban a participar, Cuba por dentro y por fuera, se levantó la sospecha de que sería una crítica al Gobierno cubano. Como cuenta William Navarrete en su testimonio Santa Cruz de los miedos, se obligó a los autores a no participar y se les excusó diciendo que estaban enfermos.
Ante el testimonio de Navarrete, aparecieron las réplicas de algunos de los organizadores, quienes calificaron a los cubanos con una jerga que añoraba la Cuba de Haydée Santamaría y el caso Padilla: "Gusanería” y "divismo”. Uno de los organizadores, el escritor Homero Carvalho, metió más leña al fuego declarando en una entrevista en La Razón que "esta era una movida del Gobierno de EEUU”. Y Edmundo Paz Soldán, sintiéndose aludido, aclaró la cuestión con un contundente artículo en el mismo diario, El Festival de Homero Carvalho.
Supongo que el fuego cruzado sigue, ahora en torno a mafias y camarillas y escritores jóvenes "que no saludan” a sus mayores. Miserias de la literatura cuando decide bailar apretadito con el Gobierno de turno.
"Se recuperaron documentos que datan desde 1840 hasta 1960. Estos papeles guardan más de 100 años de historia de la Alcaldía de Sorata”, dijo Luis Oporto, director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa.
Según Oporto, los escritos pertenecen a los archivos del Juzgado de Partido y la administración de la Alcaldía de Sorata.
"Los documentos guardan expedientes de juicios penales y civiles, como robos, divorcios, remates de bienes y otros de esa época. Estos textos evidencian la historia y el desarrollo de ese municipio”, sostuvo Oporto.
Los escritos también muestran la historia social de Sorata. "Este municipio ha diversificado su base productiva en la hacienda. Es una región de acceso a las minas de oro y a las tierras bajas”, dijo.
El historiador destacó además que los textos muestran el desarrollo de la ciencia penal en las provincias. "En uno de los expedientes se encontró evidencias como un saco con el plomo de los proyectiles”, contó.
El hallazgo fue realizado en septiembre. El lote de papeles fue encontrado en un depósito de la Alcaldía de Sorata. "Estaban en una situación crítica porque sufrieron manchas a causa del excremento de roedores y la humedad”, dijo Oporto.
En ese mes, una delegación de estudiantes y la directora del Archivo Histórico de La Paz, Mary Money, viajaron a Sorata para salvar los papeles. Una vez que llegaron a esa población, las autoridades del municipio de Sorata y de la UMSA firmaron un convenio para entregar los documentos al Archivo Histórico de La Paz.
Tras conseguir el permiso, los técnicos limpiaron los expedientes. Luego, trasladaron los documentos en cajas al Archivo Histórico de La Paz. En la actualidad trabajan en un proyecto para catalogar y digitalizar los papeles.
La historiadora Ximena Medinacelli resaltó el rescate de la documentación por su valor cultural, histórico y simbólico. Sostuvo que aportará a la historia de la región. Resaltó que hay que conservar adecuadamente los archivos porque "Sorata es una población muy importante, tiene una historia muy rica e intensa”.
El proyecto es impulsado por la carrera de Historia de la UMSA, la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional y técnicos de la Comibol.
Polémica
Iván Tays
Babelia / Madrid
Fuego cruzado literario
Y ardió Troya en Bolivia. El Festival Santa Cruz de las Letras llevó a más de 30 escritores de Latinoamérica a esa bella ciudad, entre ellos Katya Adaui, Jorge Volpi, Carlos Cortés, Imma Turbau y los cubanos Wendy Guerra y William Navarrete. Todo iba bien hasta que sobre la mesa donde estos últimos iban a participar, Cuba por dentro y por fuera, se levantó la sospecha de que sería una crítica al Gobierno cubano. Como cuenta William Navarrete en su testimonio Santa Cruz de los miedos, se obligó a los autores a no participar y se les excusó diciendo que estaban enfermos.
Ante el testimonio de Navarrete, aparecieron las réplicas de algunos de los organizadores, quienes calificaron a los cubanos con una jerga que añoraba la Cuba de Haydée Santamaría y el caso Padilla: "Gusanería” y "divismo”. Uno de los organizadores, el escritor Homero Carvalho, metió más leña al fuego declarando en una entrevista en La Razón que "esta era una movida del Gobierno de EEUU”. Y Edmundo Paz Soldán, sintiéndose aludido, aclaró la cuestión con un contundente artículo en el mismo diario, El Festival de Homero Carvalho.
Supongo que el fuego cruzado sigue, ahora en torno a mafias y camarillas y escritores jóvenes "que no saludan” a sus mayores. Miserias de la literatura cuando decide bailar apretadito con el Gobierno de turno.
lunes, 24 de noviembre de 2014
"Historias de Oruro": En la ciudad de los urus se tuvo los primeros teléfonos de Bolivia
"Los hilos se repartieron a lo largo de las calles. Una torre alámbrica tomó posesión en una de las esquinas de la plaza "Castro y Padilla". El teléfono había llegado a Oruro, Bolivia, como un aparato de misteriosas formas, pero de grandes ventajas para comerciantes, empresarios mineros y vecinos de la próspera ciudad", así relata la Revista "Historias de Oruro" en su edición número 28 la implementación de esa tecnología en esta ciudad.
Son detalles poco conocidos por los pobladores de hoy, pero necesarios de tener en cuenta para saber, que Oruro siempre estuvo adelantada en tecnología, gracias al empeño y esfuerzo de su gente.
"Historias de Oruro", además en la más reciente edición, muestra a Rajka Backovic, su vida y obra, no por nada una de las calles de esta ciudad lleva su nombre, y es Rodolfo Espinoza Aliaga quien presenta una semblanza valiosa, pese a los pocos datos que se tienen de la heroína.
El director de la revista, Fabrizio Cazorla Murillo presenta este nuevo material, orgulloso de seguir con su labor de recopilar datos para contárselos a la población con la colaboración de investigadores e historiadores, que inmortalizan a través de estas notas la rica historia de Oruro.
También se tiene un aporte del copacabanólogo, Marcelo Arduz Ruiz quien escribió sobre Sor Juana de Arias, quien fuera un personaje que nació en Copacabana de Andamarca, y en 1974 portó una pesada cruz de madera como un acto penitencial para consagrarse a Dios en el convento de Arequipa donde pintó en su celda en la que moraba, los colores que habían en la pintura del mural del Templo de Copacabana de Andamarca, constituyéndose en una historia muy valiosa.
Se tiene otro dato de Mario Calvo que fue el copiloto de Rafael Pabón en la Guerra del Chaco, pero ¿qué hizo?, y ¿por qué está en el mausoleo de Notables?, la respuesta está en "Historias de Oruro", desde sus estudios en el Colegio Bolívar, cómo se enroló al Ejército y cómo llegó a ser un experimentado piloto.
Además se relata algo de los 100 años de historia del Oruro Tenis Club, sobre el antiguo camión, y del arquitecto Edmundo Mirones Bustos que fue también otro personaje admirable, que también comenta aspectos sobre su trayectoria profesional y sus logros como docente en la Universidad Técnica de Oruro.
Y finalmente se cuenta con un espacio de imágenes, fotografías del Colegio Bolívar y otros que son un complemento de la edición.
Cazorla refirió que se ha hecho la reedición de la revista número 3 que era una de las más cotizadas y que se había agotado, y que para fin de año se prevé contar también con la reedición de la número 10, y el próximo año con la 4 y la 8 para que la gente pueda adquirir la colección completa y entender algo más de nuestra rica historia orureña.
Son detalles poco conocidos por los pobladores de hoy, pero necesarios de tener en cuenta para saber, que Oruro siempre estuvo adelantada en tecnología, gracias al empeño y esfuerzo de su gente.
"Historias de Oruro", además en la más reciente edición, muestra a Rajka Backovic, su vida y obra, no por nada una de las calles de esta ciudad lleva su nombre, y es Rodolfo Espinoza Aliaga quien presenta una semblanza valiosa, pese a los pocos datos que se tienen de la heroína.
El director de la revista, Fabrizio Cazorla Murillo presenta este nuevo material, orgulloso de seguir con su labor de recopilar datos para contárselos a la población con la colaboración de investigadores e historiadores, que inmortalizan a través de estas notas la rica historia de Oruro.
También se tiene un aporte del copacabanólogo, Marcelo Arduz Ruiz quien escribió sobre Sor Juana de Arias, quien fuera un personaje que nació en Copacabana de Andamarca, y en 1974 portó una pesada cruz de madera como un acto penitencial para consagrarse a Dios en el convento de Arequipa donde pintó en su celda en la que moraba, los colores que habían en la pintura del mural del Templo de Copacabana de Andamarca, constituyéndose en una historia muy valiosa.
Se tiene otro dato de Mario Calvo que fue el copiloto de Rafael Pabón en la Guerra del Chaco, pero ¿qué hizo?, y ¿por qué está en el mausoleo de Notables?, la respuesta está en "Historias de Oruro", desde sus estudios en el Colegio Bolívar, cómo se enroló al Ejército y cómo llegó a ser un experimentado piloto.
Además se relata algo de los 100 años de historia del Oruro Tenis Club, sobre el antiguo camión, y del arquitecto Edmundo Mirones Bustos que fue también otro personaje admirable, que también comenta aspectos sobre su trayectoria profesional y sus logros como docente en la Universidad Técnica de Oruro.
Y finalmente se cuenta con un espacio de imágenes, fotografías del Colegio Bolívar y otros que son un complemento de la edición.
Cazorla refirió que se ha hecho la reedición de la revista número 3 que era una de las más cotizadas y que se había agotado, y que para fin de año se prevé contar también con la reedición de la número 10, y el próximo año con la 4 y la 8 para que la gente pueda adquirir la colección completa y entender algo más de nuestra rica historia orureña.
PUBLICAN IDENTIDAD DEL HOMBRE QUE MATÓ AL CHE GUEVARA
Un diario localizó a Mario Terán y lo señala como el soldado que disparó al guerrillero.
El diario español El Mundo publicó ayer una entrevista con el hombre que, supuestamente, mató a Ernesto "Che" Guevara el 9 de octubre de 1967 en la localidad de La Higuera, en el sudoeste de Bolivia y aporta testimonios sobre cómo sucedieron los hechos.
Los periodistas Ildefonso Olmedo y Juan José Toro se desplazaron a Santa Cruz de la Sierra para hablar con Mario Terán Salazar, al que identifican como el soldado que disparó contra Guevara, capturado el día anterior por el Ejército de Bolivia cuando intentaba llevar la revolución al país.
La confesión. Los periodistas no consiguen de Terán Salazar la confesión de que fue él quien dio muerte al Che, pero consiguieron de su entonces superior jerárquico, el hoy general Gary Prado, el reconocimiento de cómo habían transcurrido los hechos, que el propio Terán contó por escrito.
Tras las primeras consultas, el entrevistado desmiente al periódico cubano Granma, que voceó el milagro: "médicos de la revolución devuelven la visión en Bolivia al hombre que mató al Che".
"No, no... No es como se dice que me han devuelto la vista. Falso. Yo no estaba ciego, una simple catarata tenía, y como están viendo me han dejado el ojo (derecho) colorado", indicó.
Efe retoma la publicación, cuyo relato indica que tras la captura de Guevara los militares recibieron la orden gubernamental de ejecutarlo y varios soldados se ofrecieron voluntarios para hacerlo.
El coronel Joaquín Zenteno designó a Terán, quien se dirigió a la escuela de La Higuera en la que estaba retenido el Che.
Al entrar en la sala Guevara se percató de las intenciones del suboficial Terán y le dijo: "Usted viene a matarme".
Según la confesión por escrito que hizo a sus superiores, Terán se sintió cohibido por la presencia del guerrillero y tuvo un mareo. "Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che cayó al suelo con las piernas destrozadas, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en un hombro y en el corazón...", dice.
Los tres marios. El diario pública una foto del suboficial Terán en 1967 y ahora, cuando tiene 72 años. El general Gary Prado lo reconoce en las fotos y afirmó que todavía se ven esporádicamente en Santa Cruz.
Prado aseguró que siempre recomendó al suboficial que no confesara públicamente su papel protagonista en la muerte de Guevara, para evitar posibles venganzas de sus seguidores.
En la charla de poco más de 20 minutos con Terán, en su casa de Santa Cruz, el antiguo suboficial juega con la confusión y afirma que hubo tres militares con su mismo apellido en el Ejército boliviano. Por eso apunta que "seguramente" ha sido confundido durante toda su vida con quien mató al Che.
Afirmó también que su compañía estaba alejada de La Higuera en los días de la captura y muerte del líder guerrillero, de quien no tiene una buena opinión.
"Para mí ha sido un invasor. Tenía ideas que con su guerrilla quería inculcar en la gente boliviana... ¡Cómo lo idolatran ahora!... ¡Tanta gente ha caído", asegura el exmilitar, hoy jubilado.
Ninguno de sus seis hijos ha seguido la carrera militar, lo que le da "alegría" y subraya que nunca ha visto películas sobre el Che o leído algún libro acerca de su vida: "Nunca me ha interesado seguir cuanto se decía del Che. Yo tenía ideas diferentes. Nunca he sido un seguidor".
La maldición. Desaparecer fue la orden que Prado, y de alguna forma los oficiales bolivianos que participaron en la captura y muerte del Che, dieron a Mario Terán. ¿La maldición del Che? Sea creíble o no, hasta siete involucrados en los sucesos de La Higuera y Vallegrande han muerto de forma violenta. El mismo presidente René Barrientos Ortuño, quien dio la orden de ejecución, falleció cuando el helicóptero en el que volaba se desplomó cerca de Cochabamba. Igualmente, se recuerda que el general Alfredo Ovando Candia y el expresidente Juan José Torres Gonzales tuvieron un aciago final.
47 años han pasado desde la muerte de Ernesto Guevara. Fue asesinado el 9 de octubre de 1967.
El diario español El Mundo publicó ayer una entrevista con el hombre que, supuestamente, mató a Ernesto "Che" Guevara el 9 de octubre de 1967 en la localidad de La Higuera, en el sudoeste de Bolivia y aporta testimonios sobre cómo sucedieron los hechos.
Los periodistas Ildefonso Olmedo y Juan José Toro se desplazaron a Santa Cruz de la Sierra para hablar con Mario Terán Salazar, al que identifican como el soldado que disparó contra Guevara, capturado el día anterior por el Ejército de Bolivia cuando intentaba llevar la revolución al país.
La confesión. Los periodistas no consiguen de Terán Salazar la confesión de que fue él quien dio muerte al Che, pero consiguieron de su entonces superior jerárquico, el hoy general Gary Prado, el reconocimiento de cómo habían transcurrido los hechos, que el propio Terán contó por escrito.
Tras las primeras consultas, el entrevistado desmiente al periódico cubano Granma, que voceó el milagro: "médicos de la revolución devuelven la visión en Bolivia al hombre que mató al Che".
"No, no... No es como se dice que me han devuelto la vista. Falso. Yo no estaba ciego, una simple catarata tenía, y como están viendo me han dejado el ojo (derecho) colorado", indicó.
Efe retoma la publicación, cuyo relato indica que tras la captura de Guevara los militares recibieron la orden gubernamental de ejecutarlo y varios soldados se ofrecieron voluntarios para hacerlo.
El coronel Joaquín Zenteno designó a Terán, quien se dirigió a la escuela de La Higuera en la que estaba retenido el Che.
Al entrar en la sala Guevara se percató de las intenciones del suboficial Terán y le dijo: "Usted viene a matarme".
Según la confesión por escrito que hizo a sus superiores, Terán se sintió cohibido por la presencia del guerrillero y tuvo un mareo. "Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che cayó al suelo con las piernas destrozadas, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en un hombro y en el corazón...", dice.
Los tres marios. El diario pública una foto del suboficial Terán en 1967 y ahora, cuando tiene 72 años. El general Gary Prado lo reconoce en las fotos y afirmó que todavía se ven esporádicamente en Santa Cruz.
Prado aseguró que siempre recomendó al suboficial que no confesara públicamente su papel protagonista en la muerte de Guevara, para evitar posibles venganzas de sus seguidores.
En la charla de poco más de 20 minutos con Terán, en su casa de Santa Cruz, el antiguo suboficial juega con la confusión y afirma que hubo tres militares con su mismo apellido en el Ejército boliviano. Por eso apunta que "seguramente" ha sido confundido durante toda su vida con quien mató al Che.
Afirmó también que su compañía estaba alejada de La Higuera en los días de la captura y muerte del líder guerrillero, de quien no tiene una buena opinión.
"Para mí ha sido un invasor. Tenía ideas que con su guerrilla quería inculcar en la gente boliviana... ¡Cómo lo idolatran ahora!... ¡Tanta gente ha caído", asegura el exmilitar, hoy jubilado.
Ninguno de sus seis hijos ha seguido la carrera militar, lo que le da "alegría" y subraya que nunca ha visto películas sobre el Che o leído algún libro acerca de su vida: "Nunca me ha interesado seguir cuanto se decía del Che. Yo tenía ideas diferentes. Nunca he sido un seguidor".
La maldición. Desaparecer fue la orden que Prado, y de alguna forma los oficiales bolivianos que participaron en la captura y muerte del Che, dieron a Mario Terán. ¿La maldición del Che? Sea creíble o no, hasta siete involucrados en los sucesos de La Higuera y Vallegrande han muerto de forma violenta. El mismo presidente René Barrientos Ortuño, quien dio la orden de ejecución, falleció cuando el helicóptero en el que volaba se desplomó cerca de Cochabamba. Igualmente, se recuerda que el general Alfredo Ovando Candia y el expresidente Juan José Torres Gonzales tuvieron un aciago final.
47 años han pasado desde la muerte de Ernesto Guevara. Fue asesinado el 9 de octubre de 1967.
martes, 18 de noviembre de 2014
Beni Nació en homenaje a la Batalla de Ingavi
El departamento de Beni fue creado por Decreto Supremo de 18 de noviembre de 1842, durante el Gobierno de José Ballivián y Segurola, en el territorio de Moxos. En esta fecha los benianos celebran su efeméride, a diferencia de los otros departamentos del país, que lo hacen en conmemoración a su gesta libertaria.
Ballivián fundó Beni en homenaje al primer aniversario de la Batalla de Ingavi, librada ante la invasión peruana, el 18 de noviembre de 1841 y en la cual el Ejército boliviano venció.
La publicación por el Sesquicentenario de la República, sobre la historia de Beni, señala que el 6 de agosto de 1842, el vencedor de Ingavi (Ballivián) firmó el decreto por el cual se daba a Moxos autoridad autónoma, dependiente del poder central, y se elevaba a la condición de ciudadanos a sus habitantes, con igualdad de derechos y obligaciones. El Decreto fue conocido en Moxos con júbilo en octubre y dio lugar a fiestas y celebraciones. Pronto los cuarteles donde vivían en promiscuidad los indígenas eran desocupados y se les dotaba de terrenos para construir sus propias casas.
De acuerdo a la misma investigación, el 18 de noviembre de 1842, al conmemorarse el primer aniversario de la Batalla de Ingavi, el presidente Ballián, desde la capital Sucre proclamó, mediante otro decreto, como nuevo departamento de la República a la que fuera la gobernación de Moxos, con el nombre Beni. Este decreto disponía que se determinaria posteriormene la capital; fijándose para ésta el lugar próximo donde fuera fundado Reyes, cerca de Rurrenabaque, y la que de acuerdo a disposiciones supremas debería llamarse ciudad Ballivián. Ninguno de los gobernantes se acordó de esa fundación.
En enero de 1844, la Prefectura se trasladó a Exaltación, entonces centro comercial sobre el río Mamoré, y desde 1848, volvió a Trinidad, convirtiéndose en capital de facto, sin que ninguna ley hubiera modificado la dictada por Ballivián.
Al eregirse el departamento de Beni contaba con tres provincias: Moxos, Caupolicán y Yuracarés.
Ballivián tenía interés en que el Beni desarrolle sus riquezas naturales y para el efecto envió al ingeniero José Agustín Palacios, que fue el explorador que más conoció Beni, dejando una interesante relación de sus viajes por el extenso territorio.
En ese entonces, Beni era un botín fácil y a él se acudía para llevar caballares de remonta al Ejército, pagar en ganado los vales del Estado, sin ningun control. Esta exacción de recursos, no era sólo de ese tiempo, se dio desde que se expulsó a los jesuitas. No se respetaron los tesoros ni fuentes de producción de ese departamento.
DIVISIÓN
La provincia Caupolicán se extendía hacia el norte hasta el Acre (hoy Pando) y el Mato Grosso.
1853 Inundación
Ese año ocurrió la inundación más grande de la que se tenía noticias hasta ese entonces. En Trinidad sólo quedó un sitio de tierra, donde están edificados el templo y la Casa de Gobierno, que sirvió de refugio para los 4.000 habitantes de la capital. Murió la mayor parte del ganado del campo y las caballadas morían por epizootias.
Orígenes de Beni
Beni, antes Enín, El Dorado, Gran Paititi o Moxos, es un pueblo con historia, pero con escasos documentos que se hayan conservado. Se perdieron con el destierro de los jesuitas en 1822, otros se convirtieron en cenizas en un incendio o destruyeron por la acción del agua y la humedad.
Su historia se remonta a periodos prehispánicos, con la existencia de la cultura de los arawak, de quienes descienden los moxos y los baures, los pueblos que los jesuitas encontraron a su llegada a las llanuras de Beni, entre 1560 y 1600. Atraidos por la leyenda del Gran Paititi o imperio de oro, los quechuas llegaron a esos territorios, pero no permanecieron mucho tiempo por la resistencia y ataques de los nativos y los animales.
Misiones jesuíticas
A la llegada de los españoles, se tejieron un sinnúmero de leyendas sobre los habitantes y riquezas fabulosas, que el mítico "El Dorado", o Paititi estaba en Beni, al que llamaron Moxos. Después de una temporada de intenso interés, en la primera fase de la época colonial, la región permaneció en un estado de fuerte marginalidad por algunos siglos.
En 1675, con la llegada de los jesuitas desde Santa Cruz y Cochabamba, se dio la conquista de esa región, se crearon los pueblos de Moxos (hoy Beni) y la conquista espiritual de los aborígenes. Las misiones jesuíticas, hoy convertidas en ciudades y pueblos, se situaron a orillas de los ríos Mamoré y San Miguel. La primera misión de Nuestra Señora de Loreto se fundó en 1682.
En el año 1767, los jesuitas fueron expulsados del territorio de Moxos por instrucción de la Corona Española.
Ballivián fundó Beni en homenaje al primer aniversario de la Batalla de Ingavi, librada ante la invasión peruana, el 18 de noviembre de 1841 y en la cual el Ejército boliviano venció.
La publicación por el Sesquicentenario de la República, sobre la historia de Beni, señala que el 6 de agosto de 1842, el vencedor de Ingavi (Ballivián) firmó el decreto por el cual se daba a Moxos autoridad autónoma, dependiente del poder central, y se elevaba a la condición de ciudadanos a sus habitantes, con igualdad de derechos y obligaciones. El Decreto fue conocido en Moxos con júbilo en octubre y dio lugar a fiestas y celebraciones. Pronto los cuarteles donde vivían en promiscuidad los indígenas eran desocupados y se les dotaba de terrenos para construir sus propias casas.
De acuerdo a la misma investigación, el 18 de noviembre de 1842, al conmemorarse el primer aniversario de la Batalla de Ingavi, el presidente Ballián, desde la capital Sucre proclamó, mediante otro decreto, como nuevo departamento de la República a la que fuera la gobernación de Moxos, con el nombre Beni. Este decreto disponía que se determinaria posteriormene la capital; fijándose para ésta el lugar próximo donde fuera fundado Reyes, cerca de Rurrenabaque, y la que de acuerdo a disposiciones supremas debería llamarse ciudad Ballivián. Ninguno de los gobernantes se acordó de esa fundación.
En enero de 1844, la Prefectura se trasladó a Exaltación, entonces centro comercial sobre el río Mamoré, y desde 1848, volvió a Trinidad, convirtiéndose en capital de facto, sin que ninguna ley hubiera modificado la dictada por Ballivián.
Al eregirse el departamento de Beni contaba con tres provincias: Moxos, Caupolicán y Yuracarés.
Ballivián tenía interés en que el Beni desarrolle sus riquezas naturales y para el efecto envió al ingeniero José Agustín Palacios, que fue el explorador que más conoció Beni, dejando una interesante relación de sus viajes por el extenso territorio.
En ese entonces, Beni era un botín fácil y a él se acudía para llevar caballares de remonta al Ejército, pagar en ganado los vales del Estado, sin ningun control. Esta exacción de recursos, no era sólo de ese tiempo, se dio desde que se expulsó a los jesuitas. No se respetaron los tesoros ni fuentes de producción de ese departamento.
DIVISIÓN
La provincia Caupolicán se extendía hacia el norte hasta el Acre (hoy Pando) y el Mato Grosso.
1853 Inundación
Ese año ocurrió la inundación más grande de la que se tenía noticias hasta ese entonces. En Trinidad sólo quedó un sitio de tierra, donde están edificados el templo y la Casa de Gobierno, que sirvió de refugio para los 4.000 habitantes de la capital. Murió la mayor parte del ganado del campo y las caballadas morían por epizootias.
Orígenes de Beni
Beni, antes Enín, El Dorado, Gran Paititi o Moxos, es un pueblo con historia, pero con escasos documentos que se hayan conservado. Se perdieron con el destierro de los jesuitas en 1822, otros se convirtieron en cenizas en un incendio o destruyeron por la acción del agua y la humedad.
Su historia se remonta a periodos prehispánicos, con la existencia de la cultura de los arawak, de quienes descienden los moxos y los baures, los pueblos que los jesuitas encontraron a su llegada a las llanuras de Beni, entre 1560 y 1600. Atraidos por la leyenda del Gran Paititi o imperio de oro, los quechuas llegaron a esos territorios, pero no permanecieron mucho tiempo por la resistencia y ataques de los nativos y los animales.
Misiones jesuíticas
A la llegada de los españoles, se tejieron un sinnúmero de leyendas sobre los habitantes y riquezas fabulosas, que el mítico "El Dorado", o Paititi estaba en Beni, al que llamaron Moxos. Después de una temporada de intenso interés, en la primera fase de la época colonial, la región permaneció en un estado de fuerte marginalidad por algunos siglos.
En 1675, con la llegada de los jesuitas desde Santa Cruz y Cochabamba, se dio la conquista de esa región, se crearon los pueblos de Moxos (hoy Beni) y la conquista espiritual de los aborígenes. Las misiones jesuíticas, hoy convertidas en ciudades y pueblos, se situaron a orillas de los ríos Mamoré y San Miguel. La primera misión de Nuestra Señora de Loreto se fundó en 1682.
En el año 1767, los jesuitas fueron expulsados del territorio de Moxos por instrucción de la Corona Española.
Trinidad nació junto al Mamoré
Trinidad, hoy ciudad capital de Beni, fue fundada en 1686 por el sacerdote jesuita Cipriano Barace, con el nombre de Siya Boco, en otro sitio que no es el que ocupa actualmente. A orillas del río Mamoré, con el nombre de La Santísima Trinidad, para la festividad del Ministerio Divino.
Las reducciones que organizaron los jesuitas en los primeros momentos del proceso evangelizador, están conformadas por parcialidades o comunidades de la cultura de los Moxos, descendientes de la familia etnolingüística Arawac.
Estas poblaciones ocupan una inmensa superficie que va desde los contrafuertes cordilleranos, a la planicie central y occidental de lo que actualmente es Beni. Comprende todos los ríos de la cuenca media y alta del Mamoré cuyos afluentes principales tienen nombres de origen mojeño.
El Mamoré es un hidrónimo mojeño que significa “madre de las aguas”. Siguiendo su ruta y a orillas de este cauce majestuoso, 12 leguas más abajo de Loreto, Barace levanta en una loma milenaria artificial, la segunda reducción en 1686 que llama La Santísima Trinidad, integrada también por aborígenes mojeños. Cuando Barace se disponía años después a realizar la conversión de los pueblos Baures, fue asesinado por estos naturales.
El promontorio sobre el cual fue fundada la nueva Misión es uno de los tantos millares de lomeríos existentes en la llanura beniana, trabajados por los milenarios habitantes de esta región como parte de una formidable manejó las aguas a través de un complejo sistema de obras de tierra. Según los especialistas, esta tecnología agrícola no tiene paralelo en el mundo por su complejidad y superficie.
Esta ingeniosa estructura de obras hizo posible la producción de alimentos en suelos pobres de nutrientes, empleando para ello plataformas elevadas o camellones agrícolas, cuyos orígenes van más allá de Cristo.
Casi un siglo permaneció el pueblo de la Santísima Trinidad junto al antiguo cauce del Mamoré, hasta que fue trasladado en 1769 por el cura y doctor Pedro de la Rocha al lugar que ocupa en la actualidad, dos años después de la expulsión de los jesuitas de las tierras de Moxos. El traslado se debió por las epidemias que diezmaban a sus habitantes, provocadas por los rebalses anuales del río.
TRASLADO
Debido a la situación desfavorable por las inundaciones, en 1769, la misión La Santísima Trinidad fue trasladada.
ETNIAS DIVERSIDAD
La población actual de Beni es racialmente variada. Hay oriundos de la zona y descendientes de europeos, aunque el mestizaje de siglos se refleja en una buena parte de los benianos.
Los grupos étnicos originarios son: Sirionó, Moxeño (Trinitario, Ignaciano, Javierano y Loretano), Yuracaré, Moré, Pauserna, Baure, Canichana, Chacobo, Esseja, Tacana, Chimán, Movima, Cayubaba e Itonoma, entre algunos
Geografía: amplias planicies y lagunas
El departamento de Beni está ubicado al noreste del país, limita al norte con el departamento de Pando y la República de Brasil, al sur Cochabamba y Santa Cruz; al este con Brasil y Santa Cruz y al Oeste con Pando y La Paz.
Posee amplias planicies cubiertas por pastizales (pampas o sabana) y abundantes lagunas. La selva ocupa las riberas de los numerosos ríos y también se halla en la zona de pie de monte. A lo largo de su territorio se presentan ondulaciones suaves y algunos afloramientos rocosos, así como un denso bosque en la zona de pie de monte.
Se ha establecido la presencia de estaño, manganeso, plomo, platino, oro, berilio y columbita en su territorio.
Por su clima tropical húmedo y suelo es apto para toda clase de cultivos tropicales; maíz, cacao, café, castaña, vainilla, yuca o mandioca, arroz, maracuyá, papaya, cítricos y otras frutas tropicales.
Los ríos son hábitat de una gran variedad de especies de peces, como son: pacú, tambaquí, surubí, palometa, sábalo y bagre.
Símbolos de Beni
La bandera beniana es verde en su integridad y de las mismas dimensiones del pendón patrio. Sus ocho estrellas doradas representan la integración y unidad de las ocho provincias de ese departamento. Colocadas en el centro de este símbolo en forma de círculo, representan el color dorado de la riqueza mineral que todavía guarda el departamento.
Escudo
Mediante la Ley Nº 3305, 16 de diciembre de 2005, promulgada por el presidente Eduardo Rodríguez Veltzé, se declara Escudo Oficial del Departamento de Beni, a la obra del artista R. Hugo Telléz, seleccionada por la Prefectura de Beni, a través del Decreto Prefectural Nº 04/92 de 7 de julio del año 1992. Esta obra recupera el escudo original, concebido por Don Lucio Pérez Velasco, a fines del siglo XIX.
En la parte superior del escudo están los reflejos del sol naciente (el mismo que calienta nuestras pampas todo el año y convierte la región en tierra fértil) y dentro, están representadas todas sus riquezas naturales.
Las reducciones que organizaron los jesuitas en los primeros momentos del proceso evangelizador, están conformadas por parcialidades o comunidades de la cultura de los Moxos, descendientes de la familia etnolingüística Arawac.
Estas poblaciones ocupan una inmensa superficie que va desde los contrafuertes cordilleranos, a la planicie central y occidental de lo que actualmente es Beni. Comprende todos los ríos de la cuenca media y alta del Mamoré cuyos afluentes principales tienen nombres de origen mojeño.
El Mamoré es un hidrónimo mojeño que significa “madre de las aguas”. Siguiendo su ruta y a orillas de este cauce majestuoso, 12 leguas más abajo de Loreto, Barace levanta en una loma milenaria artificial, la segunda reducción en 1686 que llama La Santísima Trinidad, integrada también por aborígenes mojeños. Cuando Barace se disponía años después a realizar la conversión de los pueblos Baures, fue asesinado por estos naturales.
El promontorio sobre el cual fue fundada la nueva Misión es uno de los tantos millares de lomeríos existentes en la llanura beniana, trabajados por los milenarios habitantes de esta región como parte de una formidable manejó las aguas a través de un complejo sistema de obras de tierra. Según los especialistas, esta tecnología agrícola no tiene paralelo en el mundo por su complejidad y superficie.
Esta ingeniosa estructura de obras hizo posible la producción de alimentos en suelos pobres de nutrientes, empleando para ello plataformas elevadas o camellones agrícolas, cuyos orígenes van más allá de Cristo.
Casi un siglo permaneció el pueblo de la Santísima Trinidad junto al antiguo cauce del Mamoré, hasta que fue trasladado en 1769 por el cura y doctor Pedro de la Rocha al lugar que ocupa en la actualidad, dos años después de la expulsión de los jesuitas de las tierras de Moxos. El traslado se debió por las epidemias que diezmaban a sus habitantes, provocadas por los rebalses anuales del río.
TRASLADO
Debido a la situación desfavorable por las inundaciones, en 1769, la misión La Santísima Trinidad fue trasladada.
ETNIAS DIVERSIDAD
La población actual de Beni es racialmente variada. Hay oriundos de la zona y descendientes de europeos, aunque el mestizaje de siglos se refleja en una buena parte de los benianos.
Los grupos étnicos originarios son: Sirionó, Moxeño (Trinitario, Ignaciano, Javierano y Loretano), Yuracaré, Moré, Pauserna, Baure, Canichana, Chacobo, Esseja, Tacana, Chimán, Movima, Cayubaba e Itonoma, entre algunos
Geografía: amplias planicies y lagunas
El departamento de Beni está ubicado al noreste del país, limita al norte con el departamento de Pando y la República de Brasil, al sur Cochabamba y Santa Cruz; al este con Brasil y Santa Cruz y al Oeste con Pando y La Paz.
Posee amplias planicies cubiertas por pastizales (pampas o sabana) y abundantes lagunas. La selva ocupa las riberas de los numerosos ríos y también se halla en la zona de pie de monte. A lo largo de su territorio se presentan ondulaciones suaves y algunos afloramientos rocosos, así como un denso bosque en la zona de pie de monte.
Se ha establecido la presencia de estaño, manganeso, plomo, platino, oro, berilio y columbita en su territorio.
Por su clima tropical húmedo y suelo es apto para toda clase de cultivos tropicales; maíz, cacao, café, castaña, vainilla, yuca o mandioca, arroz, maracuyá, papaya, cítricos y otras frutas tropicales.
Los ríos son hábitat de una gran variedad de especies de peces, como son: pacú, tambaquí, surubí, palometa, sábalo y bagre.
Símbolos de Beni
La bandera beniana es verde en su integridad y de las mismas dimensiones del pendón patrio. Sus ocho estrellas doradas representan la integración y unidad de las ocho provincias de ese departamento. Colocadas en el centro de este símbolo en forma de círculo, representan el color dorado de la riqueza mineral que todavía guarda el departamento.
Escudo
Mediante la Ley Nº 3305, 16 de diciembre de 2005, promulgada por el presidente Eduardo Rodríguez Veltzé, se declara Escudo Oficial del Departamento de Beni, a la obra del artista R. Hugo Telléz, seleccionada por la Prefectura de Beni, a través del Decreto Prefectural Nº 04/92 de 7 de julio del año 1992. Esta obra recupera el escudo original, concebido por Don Lucio Pérez Velasco, a fines del siglo XIX.
En la parte superior del escudo están los reflejos del sol naciente (el mismo que calienta nuestras pampas todo el año y convierte la región en tierra fértil) y dentro, están representadas todas sus riquezas naturales.
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