Buscador

miércoles, 6 de marzo de 2013

Jules Crevaux Un francés que falleció explorando Bolivia en 1882

El clásico escritor Jaime Mendoza, menciona en su monumental obra, que produjo el culto por la tierra, “El macizo boliviano”, que Bolivia: “es un país mixto. La forma no tan sólo ese bloque montañoso culminante en América, al que los primitivos llamaron Kollasuyo y Alto Perú los españoles, sino también la gran masa de territorios bajos y calientes que prolonga sus faldas por el norte, oriente y sureste. Allí esta Bolivia de llanos que completa a la Bolivia de las montañas”.

Sin embargo, durante la década de 1880, se trató de unir esos territorios complementarios por medio de las exploraciones, que tuvieron como objetivo la búsqueda de nuevas rutas comerciales y de navegación que permitieran a los bolivianos salir al océano Atlántico. Por otro lado, la recopilación de información sobre esos territorios poco conocidos durante esa época.

Es en ese sentido, que diversos científicos, militares, médicos y religiosos incursionaron en la exploración de esas zonas geográficas desérticas y boscosas, expuestos a enfermedades y a la hostilidad de algunas tribus salvajes que habitaban dichos territorios.

Es de esa manera, que aquí narraremos la vida, obra y muerte de uno de los personajes que lideró una de esas exploraciones. Jules Crevaux, nació en Lorena (Francia) en 1847, Julio Díaz Arguedas nos recuerda sobre este personaje, “fue educado en el liceo de la ciudad de Nancy hasta guardarse en ciencias médicas. Como legionario de Gambetta, hizo la campaña contra el ejército prusiano que había invadido su patria en 1870.

Durante su vida se debió no solamente al ejercicio de su profesión médica, sino también al estudio experimental de la naturaleza realizando excursiones, primero a expensas propias y luego por cuenta de su gobierno. Visitó las costas de África, la Guayana inglesa y el Brasil durante el año de 1872, luego paso al Río de la Plata en 1874. De Regreso a su patria, perfeccionó sus conocimientos en el Observatorio de Tolón, cuando fue comisionado a estudiar al curso del río Maroni, que separaba la Guayana Francesa de la Holandesa, ganándose el prestigió de las Sociedades Geográficas, la prensa y revistas intelectuales. Más tarde, en 1881, vino a la América del Sud”.

A su llegada a Buenos Aires, inspirado en la obra de Santiago Vaca Guzmán sobre el río Pilcomayo, escribió notas de solicitud a M. Omiste, representante diplomático boliviano residente en la capital argentina; Antonio Quijarro, Ministro de Hacienda y a Samuel Campero, Prefecto de Tarija, para poder explorar los ríos Pilaya y Pilcomayo. Como objetivo central tendría el reconocer la ruta por la que sea posible establecer vías de comunicación entre el Departamento de Tarija y la región del Para-guay, así en la parte fluvial como en la terres-tre, por la orilla derecha de dichos ríos. Para ejecutar su plan partió el 24 de diciembre de 1881 de Buenos Aires con dirección á Tarija para descender por el Pilcomayo desde su curso superior. La intención era llegar a Asun-ción en un viaje de 17 días.

En ese sentido, mediante una nota del 9 de marzo de 1882, el Gobierno de Bolivia, representado por Antonio Quijarro, aceptó la propuesta efectuada por el explorador francés y propuso la colaboración de la Prefectura de Tarija y la suma de 7115 pesos bolivianos de la época. Entusiasmado Jules Crevaux, por la respuesta boliviana escribió el 13 de marzo de 1882, al Ministro de Instrucción Pública de Francia, sobre esta exploración: “después de un viaje de tres meses a través de la República Argentina y de Bolivia, estamos próximos a emprender la exploración del río Pilcomayo…la exploración del Pilcomayo es una empresa mucho más difícil y mas onerosa de lo que pensábamos; pero el gobierno de Bolivia que está particularmente interesado en el éxito de mi misión, tomará á su cargo nuestros gastos extraordinarios”. De dicha institución francesa también recibiría recursos.

Tras una minuciosa organización la explora-ción compuesta por 16 personas partió de Tarija el 19 de abril de 1882, llegando á Irúa, en este lugar ocurrió el primer encuentro con las poblaciones nativas, pero a través de regalos lograron persuadirlos. El día 20, continuaron la marcha y lograron llegar a Bella Esperanza, por la noche, como describe la exploración “parece que los indios querían acometerlos, más ha-biéndolos oído, los ahuyentaron con una des-carga al aire”.

Los días 21 y 22 caminaron hacia Teyu, en este lugar acamparon y convivieron con los nativos, pero fue tal la confianza del Dr. Crevaux con los originarios, que les quito los tubos a los rifles de los expedicionarios para que no los atemorizaran con los tiros a los pobladores. El día 23 y 24 de abril, recorrieron hasta Cabayo-repoti. El día 25, llegaron hasta un salto de río. Pero el día 27, fue una fecha trágica para dicha exploración, según la documen-tación de la época, menciona: “…has-ta las 12 horas del día, nada les ocu-rrió, a esa hora saltaron a tierra todos menos Estanislao Zeballos (…) mien-tras estaban andando descuidados, confiados y separados los unos de los otros, los alevosos Tobas los acometieron y ejecutaron su bárbaro y sangriento plan. El niño Francisco Zeballos (sobrevi-viente de la exploración, descri-bió): que vio matar de un golpe de macana a Bernardo Valverde; vio a Ernesto y á Rodríguez huir, y nada sabe de todos los demás, incluso su padre. al volver a la Misión de San Francisco, pasando Teyu, dice: que vio á Blanco quien apenas pudo de-cirle que suplicase al Padre y á los cristianos(…)dice aun que en los dos meses que ha estado de cautivo, ha visto á los Tobas vestidos con la ropa de todos los exploradores…”. De esta manera, toda la exploración fue devastada y Jules Crevaux, fue asesinado, sus restos nunca fueron encontrados. Pero su fallecimien-to marco un hito en la historia de la exploración en Bolivia, porque impulso y fue la base de las exploraciones de Daniel Campos, en 1883; Ar-thur Thouar, en 1886; Henry Bolland, en 1901; Percy H. Fawcett en 1908 y Víctor Ustariz, en 1923-32.

Como una muestra de agradecimiento a su entrega a Bolivia, el 29 de agosto de 1883, el explorador Dr. Daniel Campos ordenó la funda-ción de la ‘Colonia Militar de Crevaux’ en Teyu, el sitio en donde falleció. De esta manera, a modo de conclusión, en este trabajo describi-mos una exploración franco-boliviana, encabe-zada por el Jules Crevaux, que trato de inte-grar a dos países a través del establecimiento de una ruta comercial, que con el transcurrir el tiempo fue olvidada.

* Académico Supernumerario de la Academia Boliviana de Historia Militar.

El primer aviador boliviano

NACIMIENTO Y FORMACIÓN

El primer aviador boliviano, Juan Mendoza y Nernuldes, nació en la ciudad de Oruro el 16 de noviembre de 1893; fueron sus progenitores Don Angel Mendoza y Doña María Nernuldes, de reconocida prosapia en la sociedad orureña.

Guiado por su espíritu aventurero, sus innatas cualidades deportivas y su afición por la mecánica, a la temprana edad de diecisiete años realizó los inéditos “raids” interdepartamentales en bicicleta entre Oruro-La Paz, y Oruro-Cochabamba.

En julio de 1915, se presentó ante la inquieta mirada de Juan la figura de una extraña máquina voladora, era el monoplano tipo Bathiat Sánchez “Punta Arenas” del famoso aviador chileno Luis Omar Page, quien arribó a la ciudad de Oruro deseoso de conquistar los diáfanos aires de la altiplanicie boliviana. Si bien, fue sólo una serie de infructuosos intentos de vuelo lo que observó, no mermaron su obsesión por la actividad aérea; por el contrario, se propuso llegar a ser aviador y constituirse en el primero en surcar los im-polutos cielos de Bolivia.

En vista de no contar con recursos económicos para hacer realidad el sueño que le obsesionaba, recurrió al Comité Pro Aviación de Oruro; los miembros de esta novel organización, conocedores de sus excepcionales cualidades deportivas y convencidos de la irresistible afición por el vuelo que de-notaba, le ofrecieron su incondicional apoyo.

De esta manera, a través de los parlamentarios orureños se logró que la Cámara de Diputados consigne en el presupuesto de instrucción para la gestión 1916 una partida destinada exclusivamente a solventar los estudios de aviación del joven Juan Mendoza en la República Argentina (1).

Es así, a través del Tesoro Departamental de Oruro, Mendoza obtuvo Bs.1.800; mien-tras que el Comité Pro Aviación de su ciudad natal contribuyó con Bs. 1.500; si bien, ambos montos no constituían una gran suma, era suficiente para cubrir el anhelado curso.

Los Diputados y el pueblo orureño, todo esperanzados, le tributaron una serie de simpáticas manifestaciones de despedida, entre ellos estaba el “Five O’clock Tea” que le ofreció un grupo de jóvenes en la tradicional pastelería “Parisiense”.

Desbordando de entusiasmo, pero consciente de la responsabilidad que había asumido, el 12 de febrero de 1916 arribó a Buenos Aires. Un mes después, el 18 de marzo, ingresó a la Escuela de Aviación Civil de Villa Lugano, dirigida por el afamado aviador y constructor de aeroplanos Paul Castaibert.

Después de cumplir con todas las prácticas necesarias y haber realizado más de 900 vuelos, el 9 de julio de 1916, coincidiendo con la efemérides nacional Argentina, Juan Mendoza se graduaba como aviador; se le concedió el brevet No.103.

Asimismo, sus sólidos conocimientos y habilidad para la mecánica hicieron que su aprendizaje en aviación fuera completo, comprendiendo el pilotaje propiamente dicho y la mecánica de aeroplanos.

La “Nación” de Buenos Aires, en su edición del 19 de julio de 1916, publicó junto con el retrato de Juan Mendoza las siguientes líneas: “En el aeródromo civil de Villa Lugano, rindió examen de piloto aviador un discípulo del activo maestro Pablo Castaibert, de cuyas pruebas, realizadas en presencia del secretario del Aero Club Argentino, señor Ramos Vivot y del Teniente de Fragata Don Raúl Moreno, ha salido airoso el aspiran-te....A las 7.15 de la mañana el alumno Juan Mendoza daba la orden de ‘Largar’ y rápidamente decoló hasta alcanzar una altura de 250 metros, desde donde se dispuso a realizar las pruebas reglamentarias de cinco series de ochos. Terminada la primera parte, volvió a remontarse para iniciar desde 150 metros de altura el vuelo planeado con motor detenido, aterrizando oportunamente en el punto indicado...Asimismo, estudió con su profesores, construcción de aeroplanos, por cuyo motivo su brevet, que llevará el número 103, será de piloto constructor. A fines del mes próximo partirá para La Paz”.

EN EL SOLAR PATRIO

Rebosante de orgullo y felicidad, regresó a Oruro el 7 de agosto de 1916; en la estación de ferrocarriles se congregaron miembros del Comité Pro Aviación y numerosa juventud, quienes le dieron una efusiva y afectuosa bienvenida; no había defraudado a su pueblo, se había constituido en el primer avia-dor boliviano; ahora sólo le faltaba volar en los cielos de su Patria.

Poseído del más grande entusiasmo e ilusión para que en Bolivia se implante la Escuela de Aviación, presentó al Ministerio de Instrucción Pública una solicitud ofreciendo sus servicios. El proyecto era factible, puesto que en casi todas las ciudades y pueblos del país se recolectaron fondos con ese noble propósito.

La Cámara de Senadores, en la sesión del 25 de agosto de 1916 envió una minuta de comunicación al Poder Ejecutivo señalando que el “H. Senado Nacional vería con agrado que en los estudios preliminares para el establecimiento de la escuela de aviación en Bolivia, se utilicen los servicios del señor Juan Mendoza, que ha obtenido honrosamente su título de aviador con subvención del Comité Pro Aviación y el Tesoro Departamental de Oruro” (2).

Sus persistentes gestiones parecían dar fruto, ya que el 17 de agosto de 1916 en la Cámara de Diputados se trató “en grande” el proyecto de Ley que autorizaba al ejecutivo la implantación de una Escuela de Aviación en las inmediaciones de Oruro, manifestando “que era tiempo de establecer esa escuela, puesto que hace algo más de un mes un joven orureño había cursado brillantemente ese curso en Buenos Aires trayendo su brevet” (3).

Cuando desempeñaba el cargo de secretario del Comité Pro Aviación de Oruro, en 1917, “se hizo cargo de la organización del tránsito en Oruro, y en vista de su exitosa labor fue llamado a Cochabamba y La Paz para realizar similar organización” (4).

SURCADOR DE LOS CIELOS DE BOLIVIA

Después del exitoso vuelo del triplano Curtiss “Wasp”, que el 17 de abril de 1920 al mando del aviador norteamericano Cap. Donald Hudson rompió el mito de la altura al surcar por primera vez los cielos de Bolivia, mediante Decreto Supremo de 23 de junio de 1920 se creó en El Alto de la ciudad de La Paz la Escuela Militar de Aviación con aviadores militares bolivianos brevetados en la Argentina y Chile; pero, debido a la pre-matura destrucción del referi-do triplano, ese novel instituto entró en receso.

El único aviador civil boli-viano, Juan Mendoza, que no fue consignado en ese nuevo instituto ni como instructor ni alumno, decidió emprender por su propia cuenta la actividad aérea para demostrar que la aviación en nuestro medio era una realidad tangi-ble.

En sociedad con el Sr. Alfredo Etienne, administrador de la renta de alcoholes e inten-dente de Oruro, adquirió en Buenos Aires un biplano Fiat R-2 de 380 H.P. al que denominó “Cobija”, en homenaje al cautivo puerto boliviano del Pacífico. Esta aeronave de industria italiana tuvo un costo de 16.000 pesos argentinos. Asimismo, contrataron al mecánico de aviación Angel Mardesich.

Después de probarlo ampliamente en la capi-tal Argentina, el Fiat fue trasladado por ferrocarril hasta Villazón; pero, debido a los daños que sufrió en el trayecto, fue llevado por la misma vía a Uyuni para su correspondiente reparación, aprovechando los equipos y herramientas de la maestranza del lugar.

EL PRIMER VUELO

Después del exitoso primer vuelo de ensayo realizado en Uyuni el 10 de noviembre de 1921, en el que alcanzó los 500 metros de altura, el aviador Mendoza se propuso realizar el raid Uyuni-Oruro-La Paz. Apoyando ese noble propósito, la Escuela Militar de Aviación de El Alto comisionó al Tcnl. Meredia Villarreal para dirigir la construcción del campo de aviación de “Papelpampa”, enviando además el combustible y lubricante necesarios.

Debido a las fallas que denotaba el motor y la carencia de combustible en el lugar, a suge-rencia de su mecánico, el Fiat fue trasladado en ferrocarril hasta la población de Poopó, distante 50 km. de la ciudad Oruro.

A las 06:45 del 21 de noviembre de 1921, el Fiat “Cobija” tripulado por Juan Mendoza y Angel Mardesich, decoló de la improvisada pista de Poopó con rumbo a la ciudad de Oruro; después de 15 minutos de vuelo aterrizó en la planicie de “Papelpampa”; el pueblo orureño entusiasmado por la hazaña del intrépido aviador le prodigó cariñosa acogida; la multitud espontáneamente lo paseó en hombros por las calles. Ese día fue declarado en Oruro “Día de regocijo”.

“Si en la anterior década los automóviles ha-bían causado sensación, mayor impacto produ-jo la demostración aérea efectuada por el aviador nacional Juan Mendoza...Jamás la po-blación había tributado un homenaje tan grande y merecido a un héroe local. Los viejos recuerdan con entusiasmo ese acontecimiento, algunos todavía tararean la cuequita(5) dedica-da al piloto, cuya letra se atribuye al orureño José Encinas Nieto, que dice:

Juan Mendoza ha volado

en un cielo hermoso y puro

de las nubes ha bajado

de laureles coronado” (6)

El hecho anecdótico se dio al aterrizar en “Papelpampa” cuando un indígena se le arro-dilló y quiso besarle la mano creyendo que se trataba de algún ser supremo.

El vuelo hasta La Paz no pudo concretarse, sin embargo, realizó otro sensacional raid entre las ciudades de Oruro y Cochabamba. Pero, en su primer vuelo de exhibición en esa ciudad, por una falla en el motor el Fiat se precipitó a tierra aparatosamente. Al respecto, en una entrevista realizada en octubre de 1961 Juan Mendoza dijo: “Fue en esta circunstancia que, para evitar mi caída sobre la gente me fui a clavar sobre un barrial, quedando casi total-mente destruido del biplano. Felizmente yo quedé ileso”(7). Así culminó su efímera, pero histórica aventura en cielos bolivianos.

Con una economía exhausta por las deudas y los gastos que significó el mantenimiento y la operación de la aeronave, el primer aviador boliviano resignando su pasión por el vuelo, se dedicó íntegramente a su otra afición, la mecá-nica general, a través de la maestranza que poseía en Oruro.

GUERRA DEL CHACO

Cuando se iniciaron las acciones armadas con el Paraguay por la posesión del Chaco Bo-real, Juan Mendoza, que a la sazón ya frisaba los 40 años de edad, sin estar comprendido en los llamamientos, se presentó voluntariamente al Ejército para prestar servicios de mecánico en las columnas militares de transporte.

Gracias su habilidad y experiencia, mediante Orden General No. 309 de 8 de octubre de 1932 fue asimilado al grado de Capitán y desti-nado a la Maestranza de Villamontes; como jefe de esta importante repartición, tuvo a su cargo todas las operaciones técnicas y de transporte del Ejército en Campaña.

Dos años después, por Orden General No. 21-34 de 26 de mayo de 1934 ascendió al grado inmediato superior de Mayor Asimilado. Pero, como reconocimiento a su destacada y abnegada labor, el 1 de enero de 1935 a través de la Orden General No. 1-35 se le confirió la jerarquía de Mayor de Reserva. Pasado el conflicto bélico, se desmovilizó con el grado de Teniente Coronel de Reserva.

HOMENAJES

Como un homenaje imperecedero al primer aviador boliviano, por Resolución Municipal de 10 de octubre de 1945, el aeropuerto de la ciudad de Oruro fue nominado “Juan Mendo-za”; además, fue declarado hijo predilecto de la ciudad que tanto amaba.

Por su parte, la Fuerza Aérea Boliviana en un solemne acto realizado en la Base Aérea de El Alto, el 12 de octubre de 1961 le confirió el brevet de Comandante Piloto “Honoris Causa”.

En la conmemoración del 50 aniversario de su histórico vuelo, en 1971, la H. Alcaldía Muni-cipal de Cochabamba, ciudad donde radicaba por motivos de salud, le rindió un sincero y afectuoso homenaje.

El 4 de noviembre de 1982, la Mesa Redonda Panamericana de Oruro inauguró en su honor un singular monumento ubicado en una céntri-ca avenida de esa ciudad, consistente en una aeronave T-33 Mark III, cedida por la Fuerza Aérea Boliviana.

Juan Mendoza, que pertenecía a varias insti-tuciones culturales y deportivas de Oruro, con-taba con una gran cantidad de condecora-ciones y distinciones que le confirieron diver- sas entidades de su ciudad natal y el país.

VUELO A LA ETERNIDAD

El pionero e infatigable impulsor de la avia-ción nacional, Tcnl. Res. Juan Mendoza y Ner-nuldes, falleció en la ciudad de Cochabamba el 28 de agosto de 1976 a los 83 años de edad; sus restos mortales fueron trasladados a Oruro en una aeronave dispuesta expresamente para el efecto por la Fuerza Aérea Boliviana. Des-pués de ser velados en la Prefectura, fueron inhumados con todos los honores militares en el Mausoleo de los Notables.

NOTAS

(1) El Tiempo, 20 de noviembre de 1915.

(2) La Vanguardia, 26 de agosto de 1916.

(3) El Diario 18 de agosto de 1916.

(4) Cielos de Bolivia, No.6 diciembre de 1945 pág.11.

(5) Ritmo musical del folclore boliviano.

(6) Fajardo, Jorge. Oruro del 900.

(7) La Nación, 8 de octubre de 1961.

*El autor es Académico de Número de la Academia Boliviana de Historia Militar.

Por Carlos del Frade (APE) San Martín ese famoso desconocido

El 25 de febrero se cumplie-ron los 235 años del nacimiento oficial de José de San Martín. Alguien famoso pero desconocido como líder político de masas.

De allí la necesidad de pensar en algunas de sus ideas fuerzas.

El primer triunvirato, constituido por Juan José Paso, Manuel de Sarratea y Chiclana, resolvió crear un impuesto que gravaba con un 20 por ciento el consumo interno de carne. En forma paralela eliminó distintas tasas que regulaban la exportación.

Semejante decisión de política económica generó la primera aparición pública de San Martín y sus granaderos. Ocuparon la Plaza de la Victoria, la de Mayo, y recién se retiraron cuando fueron designa-das nuevas autoridades políticas.

El 3 de abril de 1815 el ejército que el director Carlos Alvear había enviado para reprimir a los artiguistas se sublevó contra la autoridad porteña. En Mendoza, en tanto, San Martín reunió a una Junta Militar que llamó tirano a Alvear y un cabildo abierto declaró rotos los vínculos con Buenos Aires. San Martín dejó de ser comisionado de la ciudad puerto y fue designado gobernador “electo por el pueblo”.

Septiembre de 1816. A los pies de la cordillera de Los Andes, San Martín sabe que no en-contrará aliados entre los porteños o los representantes de la burguesía, por ello encara la alianza con los indios del sur mendocino.

“Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su ejército para matar a todos los indios, y robarles sus mujeres e hijos. En vista de ello y como yo también soy indio voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados, y para ello pasaré Los Andes con mi ejército y con esos caño-nes...Debo pasar por Los Andes por el sud, pero necesito para ello licencia de ustedes que son los dueños del país”, les dijo San Martín.

El 27 de julio de 1819, San Martín afirmó: “...Andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios: seamos libres y lo demás no importa nada”.

El 27 de agosto de 1821, ya en el gobierno de Perú, decretaría la abolición del tributo por vasallaje que debían pagar los indígenas a los españoles, la eliminación de la mita, la encomienda y el yanaconazgo y los declararía “peruanos” para intentar zanjar las diferencias del propio lenguaje. De tal forma seguía los mandatos que en su momento, ante la Puerta del Sol en Tiahuanaco, dispuso Juan José Castelli al frente del Ejército Expedicionario del Alto Perú cuando declaró ciudadanos e iguales a todos los indios.

En 1819, San Martín volvió a desobedecer al gobierno de Buenos Aires, representante político de los comerciantes porteños aliados a Gran Bretaña y a los propietarios de saladeros del Litoral que le ordenaba marchar contra el inte-rior rebelado. Buenos Aires quería que reprima a las montoneras de López, Ramírez y Bustos. San Martín repitió su negativa.

Ya en Chile, en 1820, San Martín comunicó la necesidad de elegir un nuevo jefe ya que el gobierno de Buenos Aires había cesado. Sin embargo, aquel 2 de abril, los soldados de aquel primer Ejército Popular Latinoamericano en Armas, el de Los Andes, suscribieron un acta en la ciudad de Rancagua. “Queda sentado como base y principio que la autoridad que recibió el General de Los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado ni puede caducar, pues que su origen, que es la salud del pueblo, es inmudable”.

“Para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que orgullo nacional, pero para defender la libertad y sus derechos, se necesitan ciudadanos...a pesar de todas las combinaciones del despotismo, el evangelio de los derechos del hombre se propaga en medio de las contradicciones”, sostuvo San Martín en distintas ocasiones.

Era su plataforma política: liberación nacional y continen-tal, derechos políticos que garanticen la dimensión de ciudadano y respeto por los derechos humanos.

“La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos”, reglamentó cada vez que se hizo cargo de gobiernos estatales, regionales o nacionales, en Cuyo y Perú respectivamente.

Para el equipo de investigación de Walsh, “revolucionario en 1812 y 1815 contra gobiernos impuestos por Buenos Aires contra la voluntad de los pueblos; gobernador elegido por el pueblo cuyano; general en jefe recono-cido por sus oficiales por un mandato originado en la salud del pueblo, pero sumiso al legítimo Congreso peruano; nunca creyó que la obediencia militar fuera un valor más alto que la soberanía popular. Este es el verdadero San Martín que desde hace un siglo es ocultado al pueblo soberano y a los militares que deben servirlo”.

El Alto, un hito de gloria

El gobierno del Gral. José M. Pando fue el que dio mayor impulso al desarrollo del ferrocarril como uno de los principales medios de transporte de pasajeros y carga. Entonces El Alto se constituyó en el centro de distribución tanto al exterior como al interior del país vía Viacha, El Alto-Oruro-Arica, El Alto-Guaqui, El Alto-ciudad de La Paz, hasta la estación ubicada en la actual Terminal de buses y la Estación Central.

El 17 de abril de 1920, en una pista improvisada, El Alto fue escenario de la primera demostración aérea en la ciudad de La Paz, hazaña realizada por el aviador norteamericano Donald Hudson en un triplano “Curtiss” traído desde los Estados Unidos, con el objetivo de inaugurar los vuelos aéreos en Bolivia. Esta prueba fue celebrada con gran júbilo por el presidente de la República José Gutiérrez Guerra y por la multitud paceña que se había dado cita en la pista aérea de El Alto.

Además, la urbe cuenta con una extensa variedad de lugares sagrados para la cultura andina que dan muestra de la riqueza ancestral que posee uno de los municipios más jóvenes del país.

En esa diversidad cultural están vigentes los ritos espirituales de los amautas y yatiris que guardan la sabiduría ancestral en búsqueda de un acercamiento a los achachilas, a la pachamama y a las wak’as sagradas, mientras el nevado del Qaqaqi (Huayna Potosí) observa expectante y guarda en su misterio el desarrollo de los acontecimientos más importantes que tomaron por asalto la ciudad en estos 28 años. Por otra parte, los Amawtas han conservado la tradición de rendir culto a la madre naturaleza, al sol, la luna y las estrellas, por lo que actualmente ocupan muchas de las avenidas principales a la espera de una persona que busque su ayuda.

En la actualidad, las tradiciones son acompañadas de distintas creencias culturales, que antes, durante y después de la época colonial marcaron los rituales, los suplicios y los sacrificios a la Pachamama (Madre Tierra) y al Willka Tata (Sol), todas encabezadas por sabios espirituales andinos. La creencia afirma que los rituales y las costumbres no pueden faltar para la prosperidad del que lo haga o lo solicite.

Todos estos sitos místicos son también pruebas fehacientes de la belleza y la diversidad de lugares que son potenciales atractivos turísticos incomparables.

El Alto celebra su 28.º aniversario

El Alto. Organizaciones sociales e instituciones alteñas se dieron cita ayer ante la Alcaldía Quemada para rendir homenaje a la ciudad que las acoge.
Esta actividad dio inició a los actos protocolares preparados para celebrar la efeméride alteña. En ese marco, la Alcaldía condecoró con el escudo de armas a personalidades e instituciones destacadas de la urbe.
Ayer se desarrolló la tradicional serenata y para hoy está programado el desfile cívico militar.

domingo, 3 de marzo de 2013

Participación del oriente y Tarija en la Guerra del Pacífico

Históricamente, el sentimiento por la pérdida del Pacífico no ha tenido la misma intensidad en oriente que en occidente; sin embargo, hay registros de la participación de los habitantes de estas regiones en el conflicto bélico.

Si bien el trauma causado por la pérdida del Pacífico fue menos sentido en el oriente boliviano y Tarija que en el occidente, esto no significa que estas regiones no hayan participado de una u otra manera en el conflicto bélico de 1879, ni tampoco —como anota el expresidente Carlos Mesa— que estén en contra de la histórica demanda marítima.

Participación del oriente y Tarija en la Guerra del Pacífico


La historiadora cruceña Paula Peña afirma que la guerra (1879-1880) afectó a todo el territorio.  “Las municipalidades y las ciudades mandaron sus aportes en metálico y hombres”. El historiador y diplomático Ramiro Prudencio señala que existió, aunque poco numeroso, un regimiento procedente de Santa Cruz que fue a La Paz, donde fue recibido por un tiempo.
“Los muchachos querían ir, pese a que Hilarión Daza ya estaba en Tacna. Insistieron y fueron, aunque se les había pedido que no lo hagan. Participaron en la Batalla del Alto de la Alianza”, señala. Hubo otro “pequeño contingente” que llegó del Beni que “se unió en La Paz al grupo de cruceños. Si bien eran pocos, demostraron gran patriotismo”.
El libro Aclaraciones históricas sobre la Guerra del Pacífico, de Roberto Querejazu Calvo, relata: “De acuerdo con la separación de clases sociales que existía en la época, los llamados ‘jóvenes decentes’ o juventud de la clase blanca se alistaron en la ‘Legión Boliviana’ con sus propios caballos y con armas de su propiedad, quienes poseían rifles. Los de La Paz y Oruro integraron el batallón ‘Murillo’; los de Cochabamba, el ‘Vanguardia’; los de Sucre, Potosí y Camargo, el de los ‘Libres del Sur’; los de Santa Cruz y Trinidad, el escuadrón ‘Velasco’ y los de Tarija el escuadrón ‘Méndez’”.
De éstos últimos, Prudencio afirma que nunca llegaron a entrar en combate. Aunque Querejazu da más detalles: “Potosinos y tarijeños quedaron vagando durante meses en la altipampa a las órdenes del general Narciso Campero y sólo llegaron a la zona (a) principios del año siguiente (1880)”.  Los cruceños y benianos (del destacamento “Velasco” llegaron al campo de operaciones) el 13 de octubre, señala. 
De acuerdo con ese texto, la “clase mestiza de Santa Cruz y el Beni” no fue llamada. No obstante, la “juventud mestiza de las demás ciudades y capitales de provincias (en su mayoría artesanos, maestros, oficiales y aprendices)”, fueron a dar a los batallones de infantería: los del departamento de La Paz al “Victoria”, “Illimani 2”, “Paucarpata” e “Independencia”; los de Cochabamba al “Aroma”, “Viedma” y “Padilla”; aquéllos de Chuquisaca al “Olañeta”; los de Oruro al “Dalence”; los de Tarija y Potosí, al “Bustillo”, “Ayacucho”, “Tarija” y “Chorolque”.
Meses antes, cuando se fue esparciendo por el país la noticia de la invasión chilena —tardíamente a causa de la falta de telégrafo en Antofagasta— y llegó a Santa Cruz y Trinidad “hubo manifestaciones similares con profunda fe bolivianista. Desgraciadamente, la prensa no registró detalles para la historia”, afirma el estudio de Querejazu. 
En cuanto a Tarija, señala que la información llegó el 1 de marzo de 1979. “En vista de las noticias llegadas de Tupiza, el pueblo marchó por las calles eufórico de patriotismo y suscribió un documento de adhesión al Gobierno y de ofrecimiento de servicios y personas hasta el sacrificio final”. 
Ya en el combate, el beniano Daniel Velasco registra en su libro La Leyenda de Avaroa que el Gobierno habría enviado a un representante para responder negativamente a la rendición. En marzo de 1879, el elegido habría sido un cruceño, el comisionado Menacho, cuyo nombre se pierde en la historia. El enviado habría sido desaparecido por los chilenos.
También es rescatado el nombre de la enfermera de origen cruceño Ignacia Zeballos, quien fue, posiblemente, una de las pocas mujeres presentes en la batalla más importante de la Guerra del Pacífico: la batalla del Alto de la Alianza.
Destacaron de igual manera los médicos cruceños Bailón Mercado y Zenón Dalence. En el campo militar se menciona al coronel Castro Pinto, quien comandó la resistencia en los corredores de Tacna.
Perdida la guerra, 25 años después, poco antes de la firma del Tratado de Paz y Amistad, hubo una gran tensión entre los parlamentarios nacionales, cuenta la historiadora Peña. Entre ellos estaba el cruceño Pablo E. Roca, que se negó a firmar el tratado y “fue sujeto de un atentado posterior”. Parte de la opinión pública boliviana de esa época se opuso a la firma del mismo. “Desde el oriente se envió al Congreso el famoso Memorándum de 1904, en el que queda clara la posición de la región sobre ese desastre firmado por diputados y senadores”.
Sin embargo, si bien es rescatable la actitud de Roca en ese momento, su postura no fue aislada entre los parlamentarios de ese año. Así, Prudencio calcula que la diferencia en la votación fue muy escasa, “algo así como 30 diputados que votaron a favor de la firma contra 20 en contra, entre los que incluso había gente del partido oficialista, el Liberal. Nunca hubo simpatía por el Tratado, ni siquiera la tuvo el Gobierno, estaba presionado por todo lado, el Brasil, Paraguay y Perú”.
Así es cómo la historia registra la participación oriental y de Tarija en la Guerra del Pacífico, que si bien fue menor a la occidental —no sólo a consecuencia de factores demográficos, sino también por las distancias en un país extenso— no debe ser olvidada.

sábado, 2 de marzo de 2013

Recopilan 20 mil documentos que respaldan la demanda marítima

La Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar) recopiló 20 mil documentos primarios que respaldan la demanda marítima, informó ayer el director General Ejecutivo Embajador Extraordinario Plenipotenciario, Juan Lanchipa.

La autoridad dijo que esta documentación es la recopilación histórica, notas diplomáticas y material bibliográfico, que sirven “de análisis y de investigación para la construcción de los argumentos jurídicos” que serán incluidos en la demanda marítima.

Como parte de una estrategia gubernamental, esta documentación será presentada a tribunales internacionales. Esta labor está a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Cancillería.

“No vamos a mencionar cuándo vamos a enviar esta demanda, pero debemos decir a la población que estamos llevando de la manera más responsable el tema de los argumentos marítimos”, dijo Lanchipa, a tiempo de recalcar que Bolivia se guía por su propio interés con la finalidad de obtener una salida al mar.

“Tenemos que retornar a las costas marítimas con soberanía, que no sólo es para mejorar el comercio y el transporte”, destacó.

La autoridad participa de las jornadas de reflexión y concientización sobre el tema marítimo, que organizó la Asamblea Departamental.

El evento está dirigido a estudiantes de secundaria y la población en general.