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domingo, 9 de febrero de 2014

El olvidado geógrafo Manuel Vicente Ballivián fue un genuino fundador de Puerto Cobija

La Avenida 9 de Febrero es hoy una vía troncal en torno a la cual se dinamiza la economía pandina gravitando hacia el sur interno con rumbo a Porvenir y hacia la frontera norte con el Brasil. La fecha que representa aquella obra vial recuerda el trascendental acto administrativo de la creación de esta ciudad con su antiguo nombre colonial de Puerto Bahía, el 9 de febrero de 1906, a cargo del emisario castrense Enrique Fernández Cornejo. Pero la ciudad tomó su nombre actual de Puerto Cobija, en otro trascendental acto fundacional, el 22 de abril de 1908, por resolución ministerial de Manuel Vicente Ballivián, el sabio geógrafo que nadie recuerda…


¿QUIÉN ERA MANUEL VICENTE BALLIVIÁN?
El historiador Manuel Frontaura Argandoña, en su monumental obra “Descubridores y Exploradores de Bolivia”, ubica el nombre de Manuel Vicente Ballivián junto a los de Tadeo Haenke, Alcide D’Orbigny, Edwin Heath, Nicolás Armentia, Daniel Campos y otros eminentes científicos y exploradores de la era dorada del conocimiento nacional. Ballivián, el artífice de que Cobija sea la ciudad símbolo de la vocación portuaria de Bolivia, fue el más notable promotor de las expediciones geográficas del siglo XX, narrador de las mismas, y también expedicionario. Según los datos biográficos publicados por Arturo Posnansky, presidente de la Sociedad Geográfica de La Paz, Ballivián nació el 18 de julio de 1848 en Arequipa, hallándose en el exilio sus padres Vicente Ballivián y Roxas y doña Josefa James, el 18 de julio de 1848. Se educó en Europa -de ahí su dominio de idiomas extranjeros-, asimiló las disciplinas científicas como colaborador de su padre en la obra “Archivo Boliviano”. Fue secretario privado del presidente Tomás Frías. En elgobierno de Campero fue Revisitador de la provincia Omasuyos y posteriormente profesor de la Universidad de La Paz. José Vicente Ochoa, Ministro de Fernández Alonso, creó en 1896 la oficina de Inmigración, Estadística y Propaganda Geográfica, por iniciativa de Ballivián, a quien se le entregó la dirección. Su obra en esa oficina es monumental, entre 1896 y 1905 en que por invitación de Montes pasó a ocupar el Ministerio de Agricultura y Colonias que desempeñó durante cuatro años, desde donde impuso del nombre de Cobija al recién creado “Puerto Bahía”. Su aporte más trascendental al desarrollo estadístico de Bolivia fue el Censo de 1900, concebido y organizado personalmente por él, gracias al cual Bolivia conoció por primera vez en su historia republicana la realidad poblacional de su territorio. Falleció el 7 de agosto de 1921.

Imagen memorable tomada por el fotógrafo cochabambino Rodolfo “Turista” Torrico Zamudio en 1946. Jóvenes de la ciudad reunidos en el Paseo Junín. Reconocidas Regina Arab, Leda Soria, Olga Pinto, entre las damas acompañadas por alegres jovenzuelos cobijeños. | Foto Fundación Cultural Torrico Zamudio
El 21 de octubre de 1927, casi dos décadas después de haberse constituido como una ciudad portuaria, el intendente de Cobija Miguel Melgarejo dirigió una carta al director del periódico brasileño “La Voz do Acre”, editado en Pará, polemizando acerca de la cantidad de habitantes nacionales y extranjeros que moraban en esta parte del llamado Territorio Nacional de Colonias del Noroeste. La carta fue transcrita por José Salmón Ballivián en su libro “Por Tierras Calientes”.

De los aproximadamente mil habitantes establecidos en la ciudad, se sostenía que el 50% eran brasileños y el resto de la población era compartida entre migrantes del interior de Bolivia junto con colonos portugueses, sirios, japoneses, españoles, italianos, franceses y peruanos. El intendente Miguel Melgarejo aseguraba que “no eran tantos” los brasileños.

“Aunque no existe un censo de estos dos últimos años, tratándose de una población pequeña como es ésta, es fácil demostrar que la proporción que su diario indica no es muy precisa” —replicó el intendente boliviano esgrimiendo datos del Censo de 1925 que “en el radio urbano de Cobija sólo arroja la suma total de 486 brasileños; número que nosotros quisiéramos que aumentara mucho más, dadas las simpatías de que gozan acá y a quienes rodeamos de toda clase de garantías y seguridades”.
Ciudad nacida entre migrantes

Más allá de la polémica sobre más o menos brasileños radicados en Cobija —la mayoría de los cuales entraban y salían del territorio de acuerdo a las temporadas de la zafra gomera, al contrario de los otros colonos que tenían residencia fija— los datos que proporciona el Intendente revelan un proceso de colonización intenso en esta ciudad que emergía al influjo del auge del caucho.

Según registros de la Policía local transmitidos por Melgarejo al periódico brasileño, los habitantes de Cobija registrados de acuerdo a su ocupación laboral, presentaban la siguiente estadística:

Abogados: 14 bolivianos. | Médicos: Dos bolivianos. | Farmacéuticos: Un boliviano, un francés casado con boliviana y un peruano. | Contadores: Ocho bolivianos, un español y un alemán. | Telegrafistas: Dos bolivianos. | Mecánicos: Un dinamarqués casado con boliviana, un boliviano y un español. | Electricistas: Tres bolivianos, un portugués y un norteamericano. | Motoristas: tres bolivianos. | Herreros: un portugués, un sirio y un brasileño. Sastres: Dos bolivianos, un español, un portugués, un sirio, un brasileño y un peruano. | Zapateros: Tres bolivianos, un portugués con familia boliviana, un peruano y un sirio. | Peluqueros: Cuatro bolivianos, tres japoneses, un brasileño, un peruano y un sirio. | Carpinteros: Tres bolivianos, tres españoles, un japonés, dos portugueses, un sirio y un brasileño. Cafeterías de: Dos brasileños, un alemán y un italiano. | Panaderías de: Tres portugueses y cinco bolivianos. | Cocineros matriculados: Dos italianos y un boliviano. | Obstetrices: Cuatro bolivianas.

A parte de esos profesionistas, el intendente de Cobija detallaba la cantidad de propietarios de barracas (latifundistas) y comerciantes que provenían de 13 nacionalidades: 39 bolivianos, 28 sirios, 23 portugueses, 15 japoneses, 16 brasileños, ocho peruanos, cuatro españoles, tres italianos, tres suizos, dos argentinos, dos africanos, dos franceses y un griego. Un total de 20 de estos extranjeros formaron familia boliviana.

viernes, 7 de febrero de 2014

Se erigirá estatua de Melchor Daza

El alcalde municipal de Potosí, Rene Joaquino Cabrera, anunció que se mandará a construir la estatua del héroe potosino Melchor Daza para ser colocado en un lugar privilegiado de la plaza 10 de Noviembre.
Dijo que es necesario hacer un reconocimiento al hombre que aportó al nacimiento de la República de Bolivia con sus acciones y haber sido nombrado como uno de los máximos héroes de la guerra de la independencia.
Afirmó que la plaza central de la capital es el lugar de mayor interés para colocar la figura de una personalidad que tanto ha dado a la formación de la patria.
Joaquino explicó que el monumento debe ser elaborado en el material de bronce y con la mejor calidad, para eso se convocará a los artistas nacionales especializados para concursar para esta construcción.
Para ello se trabaja en la elaboración del documento de los términos de referencia y posterior publicación nacional de la licitación que se realizaría dentro de un mes.
Este anuncio fue hecho por el alcalde Joaquino después del acto de inauguración de los trabajos de reconstrucción y remodelación de la plaza 10 de Noviembre que está a cargo de la empresa Eicos en un plazo de 210 días calendario a un costo de Bs. 6'189.553,86.
Dijo que la plaza es la primera obra que se ejecuta dentro del plan de recuperación y restauración del centro histórico de Potosí para dar una mejor imagen patrimonial.
En la plaza se recuperará los arcos y la glorieta y se realizará nivelación.

Historia

Desde sus 18 años, el potosino Melchor Daza abrazó las acciones de independencia, participando en diferentes batallas y combates, entre ellos Guaqui, Tucumán, Salta, Vilcapugio, Ayohuma, Tablada, Pichincha y en Tumusla el 1 de abril de 1825 que fue la última antes de la creación de Bolivia. Fue firmante del acta de independencia.
La construcción de la estatua del héroe en el centro de la ciudad es el máximo reconocimiento de una población y sus autoridades, la iniciativa fue apoyada por la importancia histórica.

Alcalde de Potosí


“Hay que reconocer el aporte que hizo Daza con la construcción de su estatua"
René Joaquino

DESVELAN DATOS DESCONOCIDOS DEL ORIGEN DE LA PAZ

Un libro dice que los primeros pobladores llegaron 15 años antes de la fundación, en 1548.

La Paz fue fundada en 1548 por el capitán español Alonso de Mendoza para conmemorar el fin de cruentas guerras, pero en el lugar ya existían el asentamiento inca Chuquiabo y el hispano Pueblo Nuevo que regentó Francisco Pizarro, un dato desconocido hasta ahora que desveló un investigador boliviano. El arquitecto Juan Francisco Bedregal hizo el hallazgo al escribir su tesis doctoral en México, para la que revisó las crónicas coloniales sobre el origen de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, hoy sede del Gobierno de Bolivia. El autor presentó recientemente su obra Tras el oro de Chuquiabo: en busca de un tiempo olvidado y afirmó que el libro contiene información que supone una "revolución" frente a la historia oficial de la ciudad.

Historia previa. Contrariamente a lo que se cree, la fundación de la ciudad por Alonso de Mendoza no supuso el inicio de su existencia, porque ya tenía una historia previa con ocupaciones tiahuanacotas, incas y de los primeros españoles que llegaron 15 años antes de 1548. Uno de los descubrimientos claves de Bedregal es haber establecido que Pizarro estuvo en el lugar, un dato desconocido hasta ahora.

El célebre conquistador de Perú llegó a lo que años después sería Nuestra Señora de La Paz atraído por las leyendas de su riqueza aurífera escuchadas por boca del inca Atahuallpa, a quien tuvo de rehén en 1532. Al año siguiente, 1533, Pizarro envió a su escribano Pedro Sancho a verificar el lavado de oro en Chuquiabo, una riqueza usada por los seguidores de Atahuallpa para formar el famoso tesoro que había ofrecido a los españoles para que lo liberaran. Según el autor, la confirmación de la estancia de Pizarro en 1540 en Pueblo Nuevo fue posible gracias al primer libro de las Guerras Civiles del Perú de Pedro Cieza de León, quien registró ese viaje al asentamiento Chuquiabo o Chuquiago Marka, al sur del Cuzco.

Pizarro hace el viaje tras vencer sus tropas a las de Diego de Almagro (1538) en la primera guerra civil española en América. Para Bedregal, el hallazgo de las citas de Cieza de León supuso descubrir un "tapado histórico", es decir un tesoro oculto en la historia, porque ilumina el hasta ahora ignorado asentamiento urbano que precedió a La Paz. Al autor le parece sorprendente que esas referencias de Cieza de León y las de propio Pedro Sancho "no hubieran sido consideradas por los historiadores o especialistas".

Churubamba. Pizarro estuvo en el barrio de Churubamba que, agrega Bedregal, fue "el asiento más antiguo de la ciudad y más importante desde el punto de vista histórico", tanto para los incas como para los españoles. "El barrio de Churubamba, en Chuquiabo, fue el lugar que acogió a Francisco Pizarro, comendador, adelantado, lugarteniente, Capitán General, Gobernador de Nueva Castilla, en el año de 1540, por el lapso de dos meses", sostiene el investigador boliviano. Tal barrio aún existe y es uno de los más emblemáticos de La Paz, se conoce popularmente con el mismo nombre y en su centro tiene un monumento dedicado a Alonso de Mendoza frente al museo Tambo Quirquincho, que supuestamente fue el palacio de un líder indígena.

Según Bedregal, estando allí, Pizarro mandó fundar la ciudad La Plata (hoy Sucre) y Arequipa (Perú), en lo que entonces era el territorio sureño del Collasuyo, del imperio inca.

A juicio del autor, resulta sugerente que Pizarro instruya en 1540 fundar una ciudad con el nombre de La Plata cerca de donde estaba el Cerro Rico de Potosí, pero es posible que el conquistador contara con un información clave, un khipu real, sobre esa mina argentífera descubierta cinco años después.

De esta forma, Pizarro llegó a las tierras de la actual Bolivia tras el oro de Chuquiabo y la plata de Potosí, enfatiza Bedregal. El desconocimiento de estos hechos por parte de la historia oficial se explica porque hubo un "olvido, una amnesia y una amnistía tras la larga guerra que hubo entre los conquistadores y la Corona de España", desatada porque esta desconoció los derechos de los primeros en América, apunta. Por eso, sostiene el investigador, la fundación formal de la ciudad en 1548, con el nombre de "Pueblo Nuevo de Nuestra Señora de La Paz", fue un "hecho tardío" y se llamó así porque Pedro de la Gasca pacificó el Perú tras esa prolongada guerra civil (1538-1548).

Como evidencia de ello quedó el lema consagrado en el escudo de La Paz que pervive hasta ahora: "Los discordes en concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria". Una frase, según Bedregal, que en los hechos expresa la decisión de los españoles de olvidar voluntariamente lo sucedido. Con este libro, el autor contribuye a despejar esa amnesia para devolverle a La Paz su memoria perdida.

15 años antes de la fundación de La Paz (1548) se remiten los datos recogidos por el autor.

jueves, 6 de febrero de 2014

Desvelan el dramático y olvidado origen de la ciudad de La Paz

La Paz fue fundada en 1548 por el capitán español Alonso de Mendoza para conmemorar el fin de cruentas guerras, pero en el lugar ya existían el asentamiento inca Chuquiabo y el hispano Pueblo Nuevo que regentó Francisco Pizarro, un dato desconocido hasta ahora que ha desvelado un investigador boliviano.

El arquitecto Juan Francisco Bedregal hizo el hallazgo al escribir su tesis doctoral en México, para la que revisó las crónicas coloniales sobre el origen de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, hoy sede del Gobierno de Bolivia, aunque no su capital, que es la sureña Sucre.

El autor presentó estos días en el país andino su obra "Tras el oro de Chuquiabo: en busca de un tiempo olvidado" y afirmó en una entrevista con Efe que el libro contiene información que supone una "revolución" frente a la historia oficial de la ciudad.

Contrariamente a lo que se cree, la fundación de la ciudad por Alonso de Mendoza no supuso el inicio de su existencia, porque ya tenía una historia previa con ocupaciones tiahuanacotas, incas y de los primeros españoles que llegaron quince años antes de 1548.

Uno de los descubrimientos claves de Bedregal es haber establecido que Pizarro estuvo en el lugar, un dato desconocido hasta ahora.

El célebre conquistador llegó a lo que años después sería Nuestra Señora de La Paz atraído por las leyendas de su riqueza aurífera escuchadas por boca del inca Atahuallpa, a quien tuvo de rehén en 1532.

Al año siguiente, en 1533, Pizarro envió a su escribano Pedro Sancho a verificar el lavado de oro en Chuquiabo, una riqueza usada por los seguidores de Atahuallpa para formar el famoso tesoro que había ofrecido a los españoles para que lo liberaran.

Según el autor, la confirmación de la estancia de Pizarro en 1540 en Pueblo Nuevo fue posible gracias al primer libro de las Guerras Civiles del Perú de Pedro Cieza de León, quien registra ese viaje al asentamiento Chuquiabo o Chuquiago Marka, al sur del Cuzco.

Pizarro hace el viaje tras vencer sus tropas a las de Diego de Almagro (1538) en la primera guerra civil española en América.

Para Bedregal, el hallazgo de las citas de Cieza de León supuso descubrir un "tapado histórico", es decir un tesoro oculto en la historia, porque ilumina el hasta ahora ignorado asentamiento urbano que precedió a La Paz.

Al autor le parece sorprendente que esas referencias de Cieza de León y las de propio Pedro Sancho "no hubieran sido consideradas por los historiadores o especialistas".

Pizarro estuvo en el barrio de Churubamba que, agrega Bedregal, fue "el asiento más antiguo de la ciudad y más importante desde el punto de vista histórico", tanto para los incas como para los españoles.

"El barrio de Churubamba, en Chuquiabo, fue el lugar que acogió a Francisco Pizarro, comendador, adelantado, lugarteniente, Capitán General, Gobernador de Nueva Castilla, en el año de 1540, por el lapso de dos meses", sostiene el investigador boliviano.

Tal barrio aún existe y es uno de los más emblemáticos de La Paz, se conoce popularmente con el mismo nombre y en su centro tiene un monumento dedicado a Alonso de Mendoza frente al museo Tambo Quirquincho, que supuestamente fue el palacio de un líder indígena.

Según Bedregal, estando allí, Pizarro mandó fundar la ciudad La Plata (hoy Sucre) y Arequipa (Perú), en lo que entonces era el territorio sureño del Collasuyo, del imperio inca.

A juicio del autor, resulta sugerente que Pizarro instruya en 1540 fundar una ciudad con el nombre de La Plata cerca de donde estaba el Cerro Rico de Potosí, pero es posible que el conquistador contara con un información clave, un khipu real, sobre esa mina argentífera descubierta cinco años después.

De esta forma, Pizarro llegó a las tierras de la actual Bolivia tras el oro de Chuquiabo y la plata de Potosí, enfatiza Bedregal.

El desconocimiento de estos hechos por parte de la historia oficial se explica porque hubo un "olvido, una amnesia y una amnistía tras la larga guerra que hubo entre los conquistadores y la Corona de España", desatada porque esta desconoció los derechos de los primeros en América, apunta.

Por eso, sostiene el investigador, la fundación formal de la ciudad en 1548, con el nombre de "Pueblo Nuevo de Nuestra Señora de La Paz", fue un "hecho tardío" y se llamó así porque Pedro de la Gasca pacificó el Perú tras esa prolongada guerra civil (1538-1548).

Como evidencia ha quedado el lema consagrado en el escudo de La Paz que pervive hasta ahora: "Los discordes en concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria".

Una frase, según Bedregal, que en los hechos expresa la decisión de los españoles de olvidar voluntariamente lo sucedido.

Con este libro, el autor contribuye a despejar esa amnesia para devolverle a La Paz su memoria perdida.

martes, 4 de febrero de 2014

LA RECLAMACIÓN CHILENA SOBRE LA LEY DE 14 DE FEBRERO DE 1878

El gobierno de Chile, tomando voz y caución por la compañía de salitres y ferrocarriles de Antofagasta, y dando carácter diplomático a la gestión de ésta, que por su propia naturaleza, era de derecho interno, envió a Bolivia, a don Pedro Nolasco Videla, en calidad de encargado de negocios, y con la misión especial de pedir la derogatoria de la ley de 14 de febrero de 1878, que estableció el impuesto de diez centavos sobre cada quintal de salitre exportado por el puerto de Antofa-gasta.

Entáblose la reclamación por el diplomático chileno, y la discusión entre éste y el ministro de relaciones exteriores de Bolivia duró por algún tiempo. El lenguaje descortés y duro que emplearon en esta discusión, tanto la cancillería chilena cuanto su encargado de negocios en Bolivia, hizo deducir, sin temor de engañarse, que lo que se pretendía era precipitar un rompimiento, tomando por pretexto ostensible el impuesto salitrero y otros de carácter municipal establecidos en el puerto de Antofagasta.

LOS PREPARATIVOS BÉLICOS DE CHILE

En momentos en que la discusión había llegado a un estado álgido, el gobierno boliviano recibió avisos de haber fondeado en el puerto de Antofagasta el buque de guerra chileno “Blanco Encalada” con elemen-tos bélicos y miras hostiles. Asimismo fue informado de la actitud de resistencia que había tomado el gerente de la compañía salitrera, para no pagar el impuesto, en virtud del apoyo que le prestaba el gobierno de Chile por medio de su cónsul en aquel puerto.

LA RESCISIÓN DEL CONTRATO CON LA COMPAÑÍA SALITRERA

En vista de todo esto, el gobierno de Bolivia, para cortar toda dificultad, dictó la resolución suprema de 1º de febrero de 1879, por la que se declaraba rescindido el contrato con la mencionada compañía salitrera. Esta solución no podía ser más natural y lógica y al mismo tiempo más justa y pacífica, puesto que abría las puertas a la compañía para hacer valer tus derechos ante los tribunales competentes.

Mas, el encargado de negocios de Chile se negó a conformarse con la resolución, aduciendo que el gobierno boliviano había evitado dar una resolución clara y definitiva y que desentendiéndose del arbitraje había abandonado la gestión diplomática. Como complemento, dirigió al gobierno de Bolivia, la célebre nota –ULTIMATUM, en la que se leen estos conceptos:

LOS TÉRMINOS DE LA NOTA-ULTIMÁTUM

Teniendo presente la seguridad, que V. E. me da en la nota que me ocupo en contestar, de que en caso de un nuevo incidente -como yo califico el actual- el gobierno de V. E. estará siempre dispuesto a apoyarse en el recurso arbitral, me apresuro a rogar a V. E. que se sirva declararme definitivamente, en una contestación franca y categórica, si el gobierno de V. E. acepta o no el arbitraje establecido en el pacto de 1875 suspendiendo previamente toda innovación hecha en el Litoral con respecto a la cuestión en que nos ocupa-mos.

“En atención a los inmensos perjuicios que diariamente reciben las industrias y el comercio de aquel departamento, y en obsequio a la tranquilidad pública seria-mente amenazada me permito también pedir a V. E. que se digne darme dicha contestación en el perentorio término de cuarenta y ocho horas.

Las consecuencias que forzosamente tienen que desprenderse de una contestación negativa serán de la exclusiva responsabilidad del Excmo. gobierno de Bolivia”.

Un oficio tan descortés y tan insolente no podía ser tomado en cuenta por el gobierno de Bolivia sin mengua del decoro nacional; el oficio no fue contestado. Entonces, el ministro chileno, dirigió otro, con fecha 12, en el que decía:

EL MINISTRO CHILENO PIDE SUS PASAPORTES

Hasta hoy miércoles a la 1 p. m. ha co-rrido con exceso el plazo fijado y sin em-bargo aun no he tenido la honra de recibir la contestación de V. E. Este silencio equivale a una negativa que hace del todo inútil e infructuosa la permanencia de esta legación cerca del Excelentísimo gobierno de Bolivia.

“Por lo tanto y en conformidad con las Instrucciones que de mi gobierno tengo recibidas, he resuelto regresar a Chile y me permito rogar a V. E. que se sirva expedir-me los pasaportes necesarios”.

Y el gobierno de Bolivia le expidió los pa-saportes, no sin haber tentado antes otros medios de conciliación.

La nota ultimátum del ministro Videla fue de 8 de febrero; el termino perentorio fijado para la contestación debía cumplirse a la una del día 12, y como la ocupación de An-tofagasta por fuerzas chilenas se verificó el 14, a las seis de la mañana, resulta que el gobierno de Chile no esperó el aviso de las negociaciones de La Paz para dar sus ór-denes para aquella ocupación.

Esta deducción cronológica demuestra que las últimas gestiones del encargado de negocios Videla no tuvieron otro objeto que ganar tiempo para llevar a cabo las nefas-tas intenciones chilenas.

EL DIARIO, 8 de Febrero de 1928

gonzalocrespo30@gmail.com

domingo, 2 de febrero de 2014

Simulacro de combate aéreo en los cielos de la paz en 1928

El domingo 13 de marzo de 1928 se realizó un festival aéreo en el aeropuerto de El Alto en la Ciudad de La Paz., en el que participaron los aviadores americanos James Doolitte y Mac Muclem, los mismos que llegaron a Bolivia para hacer vuelos de demostración de los aviones Curtiss “Hawk” y “Falcon” en Sudamérica. Participaron el aviador francés Henry Lemaitre, instructor de la Escuela Militar de Aviación de Bolivia, y que también era representante de la fábrica de aviones Breguet, el piloto alemán Luis Ernest, representante de la fábrica de aviones COUDRON, también instructor de la Escuela Militar de Aviación y el piloto boliviano Faustino Rico Toro.

Los 20 mil espectadores se entusiasmaron con la demostración de acrobacia aérea que realizaron los diferentes pilotos. Una nota simpática e imprevista fue constituida por el arribo del avión Junkers “Beni” que llegó de Cochabamba a las 10 de la mañana, bajo el comando del Sr. Schroth, gerente del Lloyd Aéreo Boliviano, que llegaba después de efectuar su memorable vuelo Santa Cruz-Puerto Suarez, quien es recibido por los espectadores con una ovación.

La fiesta se abre con el vuelo que realizan dos aviones Coudron de instrucción.

LAS PRIMERAS PRUEBAS

Poco rato después se elevan al aire los aviones “Hawk”, “Falcon” y “Potosí” piloteados por Mc Mullen, Doolittle y Lemaitre. Se los ve majestuosamente en el aire alineados. Dada la señal de dispersión en el aire, los aviones que van casi juntos se separan tocándole a Lemaitre ejecutar una arriesgada maniobra con un veloz descenso que parece precursor de un aterrizaje. El “Potosí” pasa a muy poca altura de los espectadores, pero luciendo un entusiasmo enorme.

Mientras tanto, Doolittle y Mc Mullen empiezan a realizar simulacros de combate. El “Hawk” persigue al “Falcon”, el cual trata de eludir la proximidad del primero sin poder conseguirlo porque el Curtiss de Doolittle es más veloz y ligero y su piloto está perfectamente posesionado de su situación.

Después de recrear al público con otros actos acrobáticos, los tres aviones descienden a tierra, siendo frenéticamente saludados.

EL COMBATE AÉREO

El público esperaba ansioso la realización del simulacro de combate. Llega el presidente de la República, Hernando Siles, y se anuncia que los aviones decolarán inmediatamente para efectuar la prueba anunciada. La expectación pública se explica fácilmente si se considera que Doolitle es un audaz oficial del Ejército de Aviación de Estados Unidos. Por su parte, Lemaitre, que tiene una brillante hoja de servicios, es piloto de la casa Breguet. El público supone que el duelo tendrá contornos llenos de emoción y no se equivoca, porque el simulacro tiene características maravillosas.

Durante los instantes que dura la singular batalla aérea, hay una ansiedad visible en el público. Las alternativas son emocionantes. El Breguet y el Curtiss tratan de alcanzarse y no chocar, el “Potosí” realiza un looping sobre el “Hawk” el cual se eleva más mediante un tirabuzón ascendente, consiguiendo colocarse encima del otro aparato. El Breguet trata de reconquistar su anterior posición, pero es inútil porque el ligero “Curtiss” se ha impuesto sobre el peso del Breguet.

Las maniobras ejecutadas en el simulacro fueron admirables. El público creyó muchas veces que los dos aviones se habían chocado debido a la proximidad con que maniobraban sus aviones.

LOS PROTAGONISTAS DEL SIMULACRO DE COMBATE

James H. Doolittle. Ingeniero aeronáutico y piloto, en ese momento representante de la fábrica de aviones Curtiss. Varios años más tarde, siendo general de la Fuerza Aérea del ejército de Estados Unidos, concibió y dirigió el 18 de abril de 1942, el bombardeo a la ciudad de Tokio con aviones B-25 que despegaron desde un portaviones, acción insólita y audaz. También bombardeó la retaguardia del Mariscal Rommel en África del norte, convirtiéndose en una leyenda y en un héroe de la aviación americana.

Henry Lemaitre. El Cap. Lemaitre, piloto francés, héroe de la primera guerra mundial, fue contratado el 21 de octubre de 1926 por el gobierno boliviano para organizar la aviación militar en Bolivia. Trajo al país dos aviones bombarderos Breguet a los que se los bautizó “Potosí” y “La Paz”. El 19 de diciembre de 1926 realizó el primer vuelo nocturno a La Paz, acompañado por el piloto nacional Faustino Rico Toro.

El 10 de noviembre del mismo año, efeméride de Potosí, cruzó reiteradas veces con el avión “Potosí” entre las dos torres de la catedral.

(Fuentes: Diario “El Republicano” del 14 de marzo de 1928. Libro “Alas de Bolivia” de Amalia Villa de la Tapia).

El origen tiwanacota del poder incaico

"Quiero que Tiwanaku se conozca en todo el mundo”, dice la historiadora Patricia Montaño Durán, quien afirma que la antigua urbe andina fue la capital de un gran imperio que se extendió por todo el occidente boliviano, casi toda la costa del Perú, el norte de Chile y el noroeste argentino.
Para Montaño, Tiwanaku es el antecedente directo de la conformación del imperio incaico, lo cual argumenta en su libro El imperio de Tiwanaku.
Montaño ha estudiado Tiwanaku por varios años y parte de sus investigaciones las realizó junto al famoso arqueólogo boliviano Jorge Ponce Sanjinés (1925 – 2005), con quien estuvo casada por varios años.
Un imperio se caracteriza por la asimilación de culturas que son dominadas políticamente, lo cual pasó en la antigua urbe andina, en la cual junto al aymara, que era la lengua predominante, se hablaban los idiomas de las culturas asimiladas, como el puquina, el uru y el quechua, dice la especialista.
Tiwanaku nació como una aldea en 1580 a.C. y como un Estado en 133 d.C., y fue a partir de 724 d.C. que logró su mayor esplendor, hasta 1187 d.C.
El imperio se construyó por medios militares, pues la capital contaba con un ejército especializado, que incluso tenía órdenes de élite y una construcción militar como era Puma Punku.
Era frecuente que se representara a los guerreros sosteniendo cabezas trofeo y ellos incluso tenían perros, los cuales seguramente eran usados en las batallas para amedrentar al enemigo, dice Montaño.
Así, los guerreros tiwanacotas dominaron los valles, de donde se obtenían recursos y tributos. Para ejercer su influencia en cada enclave se contaba con funcionarios, quienes se ocupaban de hacer las recaudaciones.
En muchos de estos lugares, la dominación fue de forma pacífica, pues también se establecían alianzas, por ejemplo, a través del matrimonio con diferentes señores locales, indica la historiadora.
El fin
Montaño dice que no se sabe si hubo una resistencia por parte de las poblaciones locales, pero sí quedan evidencias de una guerra civil que antecedió el final del imperio, que fue precedida por una crisis económica provocada por una gran sequía que produjo inestabilidad política. De las culturas que habitaban las regiones vallunas, posiblemente los mollo fueron los que se enfrentaron con el ejército tiwanacota en una última batalla, dice Montaño.
En 1644, Fernando de Montesinos escribió Memorias historiales y políticas del Perú, obra en la cual afirmó que en aquella batalla murió el último rey de Tiwanaku, que causó la desmoralización y posterior derrota y desintegración del ejército tiwanacota.
El historiador peruano Waldemar Espinoza afirma que tras aquella hecatombe una caravana real que llevaba a un niño heredero del trono partió de Tiwanaku.
A partir de esta caravana surgió el imperio incaico, dice Montaño, quien argumenta que por ello todas las mitologías en torno al origen inca se ubican en el lago Titicaca y por tanto en Tiwanaku.
Nombres aymaras
Una prueba de la relación entre Tiwanaku y los incas también fue dada por Montesinos, quien en su obra consignó una lista de 105 gobernantes incas.
Ponce Sanjinés consideraba que sin saberlo este cronista había recogido una parte de la historia de Tiwanaku, afirma Montaño.
Según el arqueólogo boliviano, 49 de los 105 soberanos consignados por el cronista en el siglo XVII eran señores tiwanacotas. Ponce Sanjinés se basaba en que estos nombres no tienen sentido en quechua, pero sí lo tienen en aymara.
Por ejemplo, Manco Khapaj en aymara equivale a Mallku Capaca, que equivale a "jefe poderoso”, dice la historiadora.
De esta forma, Ponce Sanjinés consignó una lista de 49 soberanos tiwanacotas, que para Montaño eran verdaderos reyes, los cuales están consignados en su libro El imperio de Tiwanaku. Sin embargo, todavía queda por investigar al resto de los gobernantes citados por Montesinos, afirma la autora.
El legado
Montaño dice que los incas mantuvieron y aprovecharon lo que quedaba del imperio tiwanacota, como el ayllu, que era una de sus instituciones.
Incluso la ideología era la misma, pues en Tiwanaku existía el Putisuyo, que significa cuatro partes, lo cual fue tomado por los incas, que constituyeron el Tawantinsuyo. "La ideología era la misma”, afirma la investigadora.
El legado de Tiwanaku hasta ahora permanece vigente, asegura Montaño, quien argumenta que además de la vigencia del idioma aymara, todavía se hacen sahumerios y se tiene devoción por los achachilas y otras deidades, como por ejemplo el Ekeko, que en Tiwanaku representaba al dios del trueno y se llamaba Ekako, el cual era representado con joroba.

Es necesario recuperar la memoria de Tiwanaku, afirma la historiadora, para así mejorar la autoestima de los bolivianos, que son herederos de esta antigua cultura. "Tiwanaku fue un imperio, un Estado rico, basta ver sus construcciones”, dice.

En 1644, Fernando de Montesinos escribió Memorias historiales y políticas del Perú, obra en la cual afirmó que en una batalla murió el último rey de Tiwanaku.