Temas
- 6 de Agosto
- Academia Boliviana de Historia
- Batalla de Aroma
- Batalla de Ayacucho
- Batalla de Bahía
- Batalla de Ingavi
- Batalla de la Tablada
- Batalla de Suipacha
- Batalla del Alto de la Alianza
- Beni
- chu
- Chuquisaca
- Cochabamba
- Deportes
- Día de la Madre
- Día del Maestro
- Día del Mar
- Día del Periodista
- Día del Trabajo
- Días Especiales
- Dictadura
- Economia
- Efemerides
- El Alto
- El Chaco
- El Litoral
- Elecciones
- Exploradores
- Fotos
- Golpes de Estado
- Guerra de la Independencia
- Guerra del Acre
- Guerra del Chaco
- Guerra del Gas
- Guerra del Pacifico
- Guerra Federal
- Guerrilla de Teoponte
- Guerrilla del Che Guevara
- Heroes
- Héroes
- Heroinas
- Himnos
- Historia prehispánica
- Historiadores
- Incas
- Industria
- Juan Mendoza y Nernuldes
- La Audiencia de Charcas
- La Colonia
- La Conquista
- La Paz
- Leyendas
- Mineria
- Monumentos
- Notas de Interes
- Oruro
- Pando
- Período Formativo
- Personajes
- Potosi
- Presidentes
- Revoluciones
- Santa Cruz
- Señorios
- Simbolos Patrios
- Tarija
- Tierras Bajas
- Tiwanacu
- Tratados
- vide
- Videos
Buscador
miércoles, 11 de octubre de 2017
martes, 10 de octubre de 2017
11 de octubre de 1854 - Nacimiento de Adela Zamudio
Adela Zamudio nació en Cochabamba, Bolivia, el 11 de octubre de 1854.
Ilustre mujer, escritora, pensadora, pintora, directora y profesora de la primera escuela laica en Bolivia. Muy joven se inició en la poesía bajo el seudónimo de SOLE-DAD y llegó a ser la figura literaria sobresaliente entre todos los escritores del período romántico. Manejó con acierto todos los gé-neros y formas retóricas. Su versificación fluida y correcta. Sus temas son la vida, la naturaleza, los sentimientos y la preocupación filosófica. Poetisa coronada en 1928 por el Gobierno de la Nación. Vivió para las letras y la enseñanza. Penetrante observadora del alma humana, sus cuentos reflejan el ambiente de su época y denuncian la injusticia social y económica con sutileza, medida e ironía.
Fundó en 1911 la primera escuela de pintura para señoritas y otra igual para niños del suburbio. Combatió gallardamente por la emancipación social e intelectual de la mujer, sin que esta actitud menoscabara su feminidad. Su rebeldía estaba unida a un alto sentido cristiano; sin embargo fue combatida por las autoridades eclesiásticas hasta suscitar una célebre polémica nacional en la que se solidarizaron con la Maestra y Poetisa la casi totalidad de los escritores bolivianos importantes. Autora de piezas de teatro y lecciones líricas para niños.
Su labor didáctica aparte del magisterio, cuenta con estudios y conferencias orientadoras. Sus obras: “Ensayos políticos”, Buenos Aires 1887; “Intimas”, “Peregrinando”, “Ráfa-gas”, París 1914; “Cuentos breves”. Murió el 2 de junio de 1928, en su ciudad natal, luego de haber recibido varios homenajes por su actividad, tanto poética como educativa. El Día de la Mujer Boliviana fue instituido en 1980 en memoria a su natalicio.
Ilustre mujer, escritora, pensadora, pintora, directora y profesora de la primera escuela laica en Bolivia. Muy joven se inició en la poesía bajo el seudónimo de SOLE-DAD y llegó a ser la figura literaria sobresaliente entre todos los escritores del período romántico. Manejó con acierto todos los gé-neros y formas retóricas. Su versificación fluida y correcta. Sus temas son la vida, la naturaleza, los sentimientos y la preocupación filosófica. Poetisa coronada en 1928 por el Gobierno de la Nación. Vivió para las letras y la enseñanza. Penetrante observadora del alma humana, sus cuentos reflejan el ambiente de su época y denuncian la injusticia social y económica con sutileza, medida e ironía.
Fundó en 1911 la primera escuela de pintura para señoritas y otra igual para niños del suburbio. Combatió gallardamente por la emancipación social e intelectual de la mujer, sin que esta actitud menoscabara su feminidad. Su rebeldía estaba unida a un alto sentido cristiano; sin embargo fue combatida por las autoridades eclesiásticas hasta suscitar una célebre polémica nacional en la que se solidarizaron con la Maestra y Poetisa la casi totalidad de los escritores bolivianos importantes. Autora de piezas de teatro y lecciones líricas para niños.
Su labor didáctica aparte del magisterio, cuenta con estudios y conferencias orientadoras. Sus obras: “Ensayos políticos”, Buenos Aires 1887; “Intimas”, “Peregrinando”, “Ráfa-gas”, París 1914; “Cuentos breves”. Murió el 2 de junio de 1928, en su ciudad natal, luego de haber recibido varios homenajes por su actividad, tanto poética como educativa. El Día de la Mujer Boliviana fue instituido en 1980 en memoria a su natalicio.
“Estar de Jauja”, “vale un Potosí” y otras expresiones que derivan de los conquistadores españoles
Incluso cuando Cristóbal Colón no hubiera sido el primer europeo en llegar a América, como apuntan las pruebas arqueológicas sobre la presencia de vikingos en el continente; lo importancia de lo ocurrido en 1492 fue el encuentro definitivo y continuado entre dos civilizaciones, que dio lugar a un mestizaje único y a un intercambio en numerosos ámbitos. El Descubrimiento supuso un cambio para toda la humanidad y una revolución para Castilla, cuya lengua regó las nuevas tierras, y que, a su vez, se contagió de un sinfín de expresiones y refranes que tenían referencias en América y en la exploración de territorios americanos y pacíficos por parte del Imperio español. La gesta de Colón impregnó también el imaginario popular.
“HACER LAS AMÉRICAS”
La larga tradición de emigración española a América, tanto después del Descubrimiento como en tiempos más recientes, dio lugar a la expresión popular “hacer las américas”, como sinónimo de una empresa arriesgada donde se tiene la esperanza de hacer fortuna.
“ESTAR DE JAUJA”
En su viaje al corazón del Imperio inca, Fran-cisco Pizarro dio con una ciudad llamada Jauja, cuya fama de oasis en medio de las adversidades que sufrían en ese momento los conquistadores españoles terminó evolucionando en el sinónimo de un lugar idílico y paradisiaco, donde no faltaba de nada y todo eran placeres. Lope de Rueda escribió en 1547 el paso titulado “La tierra de Jauja” y fabuló que allí las calles estaban empedradas con piñones y por ellas corrían arroyos de leche y miel. Así, pues, el dicho “¡esto es Jauja!” se suele pronunciar para expresar abundancia, si bien puede tener un sentido irónico: ¿Estamos aquí o en Jauja? Expresión coloquial usada para reprender una acción o un dicho im-portuno o indecoroso.
“QUEMAR LAS NAVES”
La expresión “quemar las naves” ha sido sinónimo a lo largo de la historia de lanzarse a por un objetivo a la desesperada, renunciando a la posibilidad de dar marcha atrás ante un eventual fracaso. Algo similar a lo que Hernán Cortés hizo en su campaña contra el Imperio azteca. “Propuso Cortés ir a México. Y para que le siguiesen todos, aunque no quisiesen, acordó quebrar los navíos, cosa recia y peligrosa y de gran pérdida”, narra el cronista López de Gómara sobre la decisión de Cortés. El 8 de noviembre de 1519 iniciaron el viaje definitivo hacia Tenochtitlán los 400 españoles supervivientes, acompañados de 15 caballos y siete cañones, que pasarían a la historia como los principales responsables del derrumbe del estado mexica. Ya no había marcha atrás.
Su decisión kamikaze se considera el origen de la expresión, si bien puede que su origen aun más lejano esté en el siglo III antes de Cristo, tal y como refleja Manuel Campuzano en su li-bro “Alejandro Magno. La excelencia desde el liderazgo” (Visión). Al llegar a la costa Fenicia, Alejandro Magno observó que sus enemigos le triplicaban en número y que su tropa se veía derrotada antes de pisar el campo de batalla. Alejandro Magno desembarcó e inmediatamente mandó quemar todas las naves. Mientras su flota ardía, el líder macedonio “reunió a sus hombres y les dijo: Obser-vad cómo se queman los barcos... Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos”. “Cuando regresemos, lo haremos en los barcos del enemigo”, anunció.
“HACER EL INDIO”
Como equivalente de actuar de forma ridícula, festiva o extravagante se emplea la expresión “hacer el indio”, lo cual no tiene ninguna relación con el primer significado que se le dio a esta expresión. Según cuenta Ramón J. Sender en su libro “Túpac Amaru” (Navona), “los criollos habían troquelado una expresión que expresaba cualquier clase de resignación vergonzosa ante el oprobio: hacer el indio”. Es decir, que a mediados del siglo XVIII, “hacer el indio” era sinónimo de asumir sin rechistar las humillaciones.
“EN FILA INDIA”
Se cree que esta expresión deriva de la costumbre, obligada por las condiciones geográficas y la ausencia de caminos anchos, de avanzar en fila de a uno de los indígenas. El principal motivo por el que marchaban así era por estrategia y defensa, pues el primero abría paso y todos los siguientes iban pisando sobre las mismas huellas que había dejado el cabeza de la fila. El último miembro iba borrando las huellas para no dejar rastro alguno en la estrecha ruta. De ahí viene que el ir de un sitio a otro manteniendo un orden y uno detrás de otro se le llame “ir en fila india”.
“VALER UN POTOSÍ”
Potosí significa hoy “riqueza extraordinaria”, por lo que valer algo un Potosí equivale a ser algo de mucho precio o estimación. Las asombrosas minas de Potosí están en el origen de este significado. Así, el oro fue el protagonista de los primeros años de la conquista, viviendo su punto álgido entre 1550 y 1560, coincidiendo con un periodo de gran escasez de este mineral en Europa. Pero pronto el oro fue sustituido por el verdadero “Dorado” de América: las minas de plata. La expresión “vale un Perú o un Potosí” hace referencia a que fue en esta región donde estaba una de las minas más emblemática y productiva. En 1545 se inició la explotación de estos yacimientos de plata en el Alto Perú (hoy Bolivia), siendo el año cero del boom en la extracción de este material.
“CHILE, LA FLOR DE MIS GUZMANES”
Este caso no es en sí una expresión popular, sino más bien una cita con tono novelado. Para Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV la Guerra de Arauco, en Chile, fue un quebradero de cabeza por su irresuelta situación constante en el tiempo y su alto coste de vidas. En una ocasión, el Emperador Carlos V resumió con sátira el asunto: “Chile le cuesta al Imperio la flor de mis guzmanes”. Esto es, “la conquista de Chile se ha llevado mis mejores hombres{.
“EL HUEVO DE COLÓN”
La definición de esta expresión es la de “cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio”. Una expresión que surgió por la novelización de una reunión en la que algunos cortesanos le dijeron a Cristóbal Colón que su Descubrimiento no tenía nada de particular y tarde o temprano hubiera ocurrido. Para demostrarles su error, Colón les invitó a que pusiesen derecho un huevo cocido. Todos dijeron que aquello era imposible, y él, entonces, dando al huevo un pequeño golpe contra la mesa, lo colocó de pie por efecto de la abolladura del cascarón. Protestaron diciendo que aquello era muy fácil, pero a ninguno de ellos se le había ocurrido hacerlo.
No obstante, esta misma anécdota se contaba anteriormente a Colón con otros protagonistas, como Brunelleschi, el célebre arquitecto florentino, y el famoso constructor Juanelo Turriano, quien inventó el artificio para subir a lo más alto de Toledo las aguas del Tajo.
“DE AQUÍ A LIMA”
La expresión de “aquí a Lima” es equivalente a recorrer una gran distancia o una ruta muy dificultosa. Si bien Cuzco (la Roma de América) era la ciudad más importante del Imperio inca y dejó impresionados a Pizarro y sus hombres, lo cierto es que su posición geográfica entre montañas hizo desaconsejable establecer allí el aparato burocrático que trajo la llegada de los españoles. La administración virreinal prefirió la ubicación de Lima (fundada dos años después que Cuzco, en 1535) y principalmente la cercanía de ésta con el puerto natural de lo que sería El Callao, para establecer la cabecera de sus dominios en Sudamérica. Lima deriva del nombre del río que atraviesa la ciudad, el Rímac; pero fue llamada originalmente la Ciudad de los Reyes.
“EL DORADO”
Tras la conquista de Quito (Ecuador), que se suponía más rica que Cuzco pero no lo era, el cordobés Sebastián de Belalcázar tuvo noticia de una tierra más al norte llamada Cundinamarca, donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte para ofrendarlo a los dioses, naciendo allí la actual leyenda de “El Dorado”. “Desnu-daban al heredero y lo untaban con una liga pegajosa, y lo rociaban con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de este metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba de pie, y a su alrededor depositaban un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios”, escribió muchos años después el cronista Juan Rodríguez Freyle sobre el mito que corrió febril entre los conquistadores españoles. Hoy el término “El Dorado” hace referencia a un sitio de gran riqueza y valor, aunque de carácter imposible.
“HACER EL MISIONERO”
La posición del “misionero” es una de las más utilizadas para mantener relaciones sexuales y, según una leyenda urbana posiblemente falsa, el origen de esta designación está en la evangelización que acompañó a la colonización y conquista de América. En términos de esta teoría, los indios vincularon esta posición con los misioneros porque éstos en su evangelización afirmaban que era el único modo correcto de colocarse para mantener relaciones sexuales. Y ciertamente desde la Iglesia Católica fue ampliamente recomendada durante siglos realizar esta postura (considerándola la más ‘casta’ y efectiva para procrear, evidentemente dentro del matrimonio). No obstante, no hay ni una sola constancia escrita de que a esta postura, empleada desde la Antigüedad, se le llamara de ese modo antes de mediados del siglo XX, cuando recibía el nombre de “postura angelical o de la serpiente”, tal y como explica el doctor en antropología Robert J. Priest en su artículo “Missionary Positions: Chris-tian, Modernist, Postmodernist”, publicado en febrero de 2001.
“VETE AL CARAJO”
Se trata de un interjección para expresar un desacuerdo con alguien. Y curiosamente el origen de su uso está en el tiempo del Descubri-miento, pues “carajo” se le llamaba al lugar si-tuado en lo alto del palo mayor de las antiguas carabelas españolas. Servía como puesto de observación desde el que los vigías oteaban el horizonte en busca de naves enemigas o lugares a donde querían llegar. Cuando un marinero co-metía una falta se le mandaba al carajo en señal de castigo, estando obligado a permanecer allí como vigía.
“SER POBRES EN PANAMÁ”
Tras dos años y medio de viajes hacia Tierra Firme, Pizarro recibió órdenes de cancelar la expedición al Perú y regresar a Panamá. El ex-tremeño, que carecía de la elocuencia de su sobrino lejano Hernán Cortés, el conquistador de México, pero estaba convencido de que era la empresa más importante de su vida, trazó una raya en el suelo en la Isla del Gallo, cerca del municipio de Tumaco (Colombia), y dijo con palabras gruesas: “Por este lado se va a Panamá a ser pobres. Por este otro al Perú a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere”. Solo 13 hombres de los 112 supervivientes que componían su expedición decidieron cruzar la línea para “ser ricos en el Perú”.
“LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS”
Filipinas se convirtió con los años y la primera circunvalación a la tierra en un punto clave del Imperio español. Allí llegaba y partía cada año el llamado Galeón de Manila, que conectaba el comercio de Asia con el de América, y este a su vez con Europa. De ahí que la pérdida de este territorio en 1898 a manos de EE.UU. supusiera un golpe moral para un España herida de muerte. Con la expresión “los últimos de Filipinas” se alude hoy en día a las últimas personas que permanecen en un lugar o a las últimas personas que defienden unas ideas, en referencia a la resistencia que unos cuantos soldados españoles llevaron a cabo en el fuerte filipino de Baler contra las tropas americanas. Los pocos soldados del fuerte de Baler continuaron resistiendo, incluso después de que se rindiera la capital de las islas, Manila.
“MALINCHISTA”
La palabra malinchismo se usa de modo peyorativo en la cultura popular mexicana para definir la permeabilidad de un grupo social o étnico frente a un proceso de asimilación cultural de costumbres o hábitos ajenos a la cultura de origen. Su origen está en la figura histórica de La Malinche, una mujer indígena que acompañó a Hernán Cortés durante la conquista de lo que hoy es el territorio de México y ejerció como su intérprete y ayudante.
César Cervera
FUENTE: ABC
“HACER LAS AMÉRICAS”
La larga tradición de emigración española a América, tanto después del Descubrimiento como en tiempos más recientes, dio lugar a la expresión popular “hacer las américas”, como sinónimo de una empresa arriesgada donde se tiene la esperanza de hacer fortuna.
“ESTAR DE JAUJA”
En su viaje al corazón del Imperio inca, Fran-cisco Pizarro dio con una ciudad llamada Jauja, cuya fama de oasis en medio de las adversidades que sufrían en ese momento los conquistadores españoles terminó evolucionando en el sinónimo de un lugar idílico y paradisiaco, donde no faltaba de nada y todo eran placeres. Lope de Rueda escribió en 1547 el paso titulado “La tierra de Jauja” y fabuló que allí las calles estaban empedradas con piñones y por ellas corrían arroyos de leche y miel. Así, pues, el dicho “¡esto es Jauja!” se suele pronunciar para expresar abundancia, si bien puede tener un sentido irónico: ¿Estamos aquí o en Jauja? Expresión coloquial usada para reprender una acción o un dicho im-portuno o indecoroso.
“QUEMAR LAS NAVES”
La expresión “quemar las naves” ha sido sinónimo a lo largo de la historia de lanzarse a por un objetivo a la desesperada, renunciando a la posibilidad de dar marcha atrás ante un eventual fracaso. Algo similar a lo que Hernán Cortés hizo en su campaña contra el Imperio azteca. “Propuso Cortés ir a México. Y para que le siguiesen todos, aunque no quisiesen, acordó quebrar los navíos, cosa recia y peligrosa y de gran pérdida”, narra el cronista López de Gómara sobre la decisión de Cortés. El 8 de noviembre de 1519 iniciaron el viaje definitivo hacia Tenochtitlán los 400 españoles supervivientes, acompañados de 15 caballos y siete cañones, que pasarían a la historia como los principales responsables del derrumbe del estado mexica. Ya no había marcha atrás.
Su decisión kamikaze se considera el origen de la expresión, si bien puede que su origen aun más lejano esté en el siglo III antes de Cristo, tal y como refleja Manuel Campuzano en su li-bro “Alejandro Magno. La excelencia desde el liderazgo” (Visión). Al llegar a la costa Fenicia, Alejandro Magno observó que sus enemigos le triplicaban en número y que su tropa se veía derrotada antes de pisar el campo de batalla. Alejandro Magno desembarcó e inmediatamente mandó quemar todas las naves. Mientras su flota ardía, el líder macedonio “reunió a sus hombres y les dijo: Obser-vad cómo se queman los barcos... Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos”. “Cuando regresemos, lo haremos en los barcos del enemigo”, anunció.
“HACER EL INDIO”
Como equivalente de actuar de forma ridícula, festiva o extravagante se emplea la expresión “hacer el indio”, lo cual no tiene ninguna relación con el primer significado que se le dio a esta expresión. Según cuenta Ramón J. Sender en su libro “Túpac Amaru” (Navona), “los criollos habían troquelado una expresión que expresaba cualquier clase de resignación vergonzosa ante el oprobio: hacer el indio”. Es decir, que a mediados del siglo XVIII, “hacer el indio” era sinónimo de asumir sin rechistar las humillaciones.
“EN FILA INDIA”
Se cree que esta expresión deriva de la costumbre, obligada por las condiciones geográficas y la ausencia de caminos anchos, de avanzar en fila de a uno de los indígenas. El principal motivo por el que marchaban así era por estrategia y defensa, pues el primero abría paso y todos los siguientes iban pisando sobre las mismas huellas que había dejado el cabeza de la fila. El último miembro iba borrando las huellas para no dejar rastro alguno en la estrecha ruta. De ahí viene que el ir de un sitio a otro manteniendo un orden y uno detrás de otro se le llame “ir en fila india”.
“VALER UN POTOSÍ”
Potosí significa hoy “riqueza extraordinaria”, por lo que valer algo un Potosí equivale a ser algo de mucho precio o estimación. Las asombrosas minas de Potosí están en el origen de este significado. Así, el oro fue el protagonista de los primeros años de la conquista, viviendo su punto álgido entre 1550 y 1560, coincidiendo con un periodo de gran escasez de este mineral en Europa. Pero pronto el oro fue sustituido por el verdadero “Dorado” de América: las minas de plata. La expresión “vale un Perú o un Potosí” hace referencia a que fue en esta región donde estaba una de las minas más emblemática y productiva. En 1545 se inició la explotación de estos yacimientos de plata en el Alto Perú (hoy Bolivia), siendo el año cero del boom en la extracción de este material.
“CHILE, LA FLOR DE MIS GUZMANES”
Este caso no es en sí una expresión popular, sino más bien una cita con tono novelado. Para Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV la Guerra de Arauco, en Chile, fue un quebradero de cabeza por su irresuelta situación constante en el tiempo y su alto coste de vidas. En una ocasión, el Emperador Carlos V resumió con sátira el asunto: “Chile le cuesta al Imperio la flor de mis guzmanes”. Esto es, “la conquista de Chile se ha llevado mis mejores hombres{.
“EL HUEVO DE COLÓN”
La definición de esta expresión es la de “cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio”. Una expresión que surgió por la novelización de una reunión en la que algunos cortesanos le dijeron a Cristóbal Colón que su Descubrimiento no tenía nada de particular y tarde o temprano hubiera ocurrido. Para demostrarles su error, Colón les invitó a que pusiesen derecho un huevo cocido. Todos dijeron que aquello era imposible, y él, entonces, dando al huevo un pequeño golpe contra la mesa, lo colocó de pie por efecto de la abolladura del cascarón. Protestaron diciendo que aquello era muy fácil, pero a ninguno de ellos se le había ocurrido hacerlo.
No obstante, esta misma anécdota se contaba anteriormente a Colón con otros protagonistas, como Brunelleschi, el célebre arquitecto florentino, y el famoso constructor Juanelo Turriano, quien inventó el artificio para subir a lo más alto de Toledo las aguas del Tajo.
“DE AQUÍ A LIMA”
La expresión de “aquí a Lima” es equivalente a recorrer una gran distancia o una ruta muy dificultosa. Si bien Cuzco (la Roma de América) era la ciudad más importante del Imperio inca y dejó impresionados a Pizarro y sus hombres, lo cierto es que su posición geográfica entre montañas hizo desaconsejable establecer allí el aparato burocrático que trajo la llegada de los españoles. La administración virreinal prefirió la ubicación de Lima (fundada dos años después que Cuzco, en 1535) y principalmente la cercanía de ésta con el puerto natural de lo que sería El Callao, para establecer la cabecera de sus dominios en Sudamérica. Lima deriva del nombre del río que atraviesa la ciudad, el Rímac; pero fue llamada originalmente la Ciudad de los Reyes.
“EL DORADO”
Tras la conquista de Quito (Ecuador), que se suponía más rica que Cuzco pero no lo era, el cordobés Sebastián de Belalcázar tuvo noticia de una tierra más al norte llamada Cundinamarca, donde los reyes eran cubiertos con oro en polvo a su muerte para ofrendarlo a los dioses, naciendo allí la actual leyenda de “El Dorado”. “Desnu-daban al heredero y lo untaban con una liga pegajosa, y lo rociaban con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de este metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba de pie, y a su alrededor depositaban un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios”, escribió muchos años después el cronista Juan Rodríguez Freyle sobre el mito que corrió febril entre los conquistadores españoles. Hoy el término “El Dorado” hace referencia a un sitio de gran riqueza y valor, aunque de carácter imposible.
“HACER EL MISIONERO”
La posición del “misionero” es una de las más utilizadas para mantener relaciones sexuales y, según una leyenda urbana posiblemente falsa, el origen de esta designación está en la evangelización que acompañó a la colonización y conquista de América. En términos de esta teoría, los indios vincularon esta posición con los misioneros porque éstos en su evangelización afirmaban que era el único modo correcto de colocarse para mantener relaciones sexuales. Y ciertamente desde la Iglesia Católica fue ampliamente recomendada durante siglos realizar esta postura (considerándola la más ‘casta’ y efectiva para procrear, evidentemente dentro del matrimonio). No obstante, no hay ni una sola constancia escrita de que a esta postura, empleada desde la Antigüedad, se le llamara de ese modo antes de mediados del siglo XX, cuando recibía el nombre de “postura angelical o de la serpiente”, tal y como explica el doctor en antropología Robert J. Priest en su artículo “Missionary Positions: Chris-tian, Modernist, Postmodernist”, publicado en febrero de 2001.
“VETE AL CARAJO”
Se trata de un interjección para expresar un desacuerdo con alguien. Y curiosamente el origen de su uso está en el tiempo del Descubri-miento, pues “carajo” se le llamaba al lugar si-tuado en lo alto del palo mayor de las antiguas carabelas españolas. Servía como puesto de observación desde el que los vigías oteaban el horizonte en busca de naves enemigas o lugares a donde querían llegar. Cuando un marinero co-metía una falta se le mandaba al carajo en señal de castigo, estando obligado a permanecer allí como vigía.
“SER POBRES EN PANAMÁ”
Tras dos años y medio de viajes hacia Tierra Firme, Pizarro recibió órdenes de cancelar la expedición al Perú y regresar a Panamá. El ex-tremeño, que carecía de la elocuencia de su sobrino lejano Hernán Cortés, el conquistador de México, pero estaba convencido de que era la empresa más importante de su vida, trazó una raya en el suelo en la Isla del Gallo, cerca del municipio de Tumaco (Colombia), y dijo con palabras gruesas: “Por este lado se va a Panamá a ser pobres. Por este otro al Perú a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere”. Solo 13 hombres de los 112 supervivientes que componían su expedición decidieron cruzar la línea para “ser ricos en el Perú”.
“LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS”
Filipinas se convirtió con los años y la primera circunvalación a la tierra en un punto clave del Imperio español. Allí llegaba y partía cada año el llamado Galeón de Manila, que conectaba el comercio de Asia con el de América, y este a su vez con Europa. De ahí que la pérdida de este territorio en 1898 a manos de EE.UU. supusiera un golpe moral para un España herida de muerte. Con la expresión “los últimos de Filipinas” se alude hoy en día a las últimas personas que permanecen en un lugar o a las últimas personas que defienden unas ideas, en referencia a la resistencia que unos cuantos soldados españoles llevaron a cabo en el fuerte filipino de Baler contra las tropas americanas. Los pocos soldados del fuerte de Baler continuaron resistiendo, incluso después de que se rindiera la capital de las islas, Manila.
“MALINCHISTA”
La palabra malinchismo se usa de modo peyorativo en la cultura popular mexicana para definir la permeabilidad de un grupo social o étnico frente a un proceso de asimilación cultural de costumbres o hábitos ajenos a la cultura de origen. Su origen está en la figura histórica de La Malinche, una mujer indígena que acompañó a Hernán Cortés durante la conquista de lo que hoy es el territorio de México y ejerció como su intérprete y ayudante.
César Cervera
FUENTE: ABC
Victoria en Batalla de Bahía es la mayor contribución del actual Pando
Los pandinos resaltan que la Batalla de Bahía es la más importante contribución del departamento amazónico a Bolivia porque esa acción civil-militar, hace 115 años, significó una victoria, ya que evitó su anexión a Brasil.
“Más que figura (política) yo creo que es importante destacar esa batalla. Nuestro departamento hubiese sido tomado por brasileños, quienes pensaban anexar hasta el río Madre de Dios, ya que reclamaban la propiedad de estos territorios”, manifestó el gobernador Luis Adolfo Flores.
La autoridad dijo que fueron los siringueros, hombres y mujeres, y empresarios de la goma quienes aportaron al país, así como el entonces presidente José Manuel Pando y Federico Román, un militar retirado que volvió a la milicia para enfrentar a los brasileños.
“Existe una ley que debiera difundirse a nivel nacional porque esta batalla, que se recuerda el 11 de octubre, es importante para todos los bolivianos y especialmente para la región amazónica”, apuntó Flores.
PANDINOS
El senador Sebastián Texeira Rojas, del Movimiento Al Socialismo (MAS), dijo que los pandinos estuvieron un tanto alejados del círculo político nacional, pero no se puede negar su contribución productiva.
“Pando ha aportado con el ‘oro negro’ (caucho o goma), que se exportaba a los países europeos. También ha contribuido con su riqueza forestal, la diversidad de maderas que hay en su suelo, y en los últimos años con la castaña, un producto 100% amazónico que se exporta a varios e importantes mercados internacionales”, apuntó.
Texeira dijo que como ocurre con varias de las exportaciones, falta incorporar valor agregado a la castaña, como se lo viene haciendo hace un tiempo mediante la Empresa Boliviana de Almendra y Derivados (EBA), un emprendimiento público productivo.
El diputado pandino considera además que Pando debe aprovechar su potencial para incursionar en el turismo ecológico y de aventura, considerando la existencia de infinidad de especies, así como ríos y selva, que pueden captar a quienes gustan de este tipo de turismo y que fluye a países vecinos como Brasil y Perú, en Puerto Maldonado, y en poca cantidad al país.
CONTEXTO
Durante el gobierno de José Manuel Pando se registró la Guerra del Acre (1899-1903), donde Bolivia enfrentó a Brasil.
Además de la castaña, la moringa, el asaí, el majo y el copoazú son algunos frutos naturales de la amazonia pandina.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Senadora: Antes sólo promesas, ahora obras
A diferencia de lo que ocurría con los anteriores gobernantes, ahora el presidente Evo Morales invierte en obras viales que integran a Pando con el resto del país, destacó la senadora Eliana Mercier Herrera.
“Estos últimos 11 años tuvimos muchos cambios, en los que también contribuyó el gobernador Luis Adolfo Flores, quien al cabo de siete años de gestión logró que Pando deje de ser el patio trasero de Bolivia, y el Presidente apoyó decididamente”, aseveró la senadora electa por el Movimiento Al Socialismo (MAS).
El pueblo pandino está satisfecho por las obras viales que impulsa el Gobierno, que se traducen, por ejemplo, en la llegada de la energía eléctrica, así como del agua potable a las principales poblaciones del departamento y de Cobija.
“Los que hemos nacido y crecido en esta tierra recordamos cómo nos trataban los anteriores gobiernos que venían, nos prometían y no pasaba nada. Mientras que ahora el Presidente cumple lo que promete”, dijo.
Además, resaltó que el sector campesino y los indígenas también se ven beneficiados con una serie de políticas que implementa el Gobierno a nivel nacional, aunque “falta seguir creciendo”, añadió.
lunes, 9 de octubre de 2017
"Fue duro dar la orden de eliminar al Che"
Félix Rodríguez, el agente de la CIA que participó en la captura de Guevara, afirma que EEUU lo quería vivo para interrogarlo. Él le comunicó que lo ejecutarían: "Mejor así", respondió el guerrillero.
El agente cubano de la CIA que participó en la captura del Che Guevara en Bolivia, Félix Rodríguez, nos recibe a sus 76 años en su casa de Miami rodeado de recuerdos de su carrera de soldado de la Guerra Fría. Pistolas, puñales, granadas y fotografías suyas con presidentes de EE UU y espías que ya no existen. La productora española Scenic Rights prepara un documental sobre su vida. Veterano de Vietnam e involucrado en la contrainsurgencia en Centroamérica, Rodríguez asegura que la CIA quería vivo al guerrillero para interrogarlo, pero el Gobierno de Bolivia ordenó su ejecución. "Traté de salvarlo sin éxito", afirma, aunque considera a Ernesto Guevara de la Serna "un asesino". Al lado, en una mesilla, tiene una vieja pistola Star de fabricación española. "Cuidado si la coge, está cargada. Yo siempre tengo algo a mano, por si acaso", dice el hombre que aparece satisfecho a la derecha del Che en su última foto –astroso, en pie– antes de ser ejecutado por un sargento boliviano.
–Esta es la última imagen suya vivo.
–Sí –responde–. La última que se le tiró antes de morir.
–En La Higuera.
–Eso es. En La Higuera.
–¿Quién tomó la foto?
–Esa foto la tomo el piloto del helicóptero, el mayor boliviano Jaime Niño de Guzmán.
–¿Quién pide que se haga la foto y para qué?
Rodríguez necesita meterse en detalles para responder a esa pregunta. Regresar en su memoria a Bolivia en el año 1967 y contar aquello por lo menudo. "Déjame hacerte la historia", dice.
Durante 20 minutos, toma el hilo y lo extiende desde el momento en que lo avisan de la caída de Guevara hasta que una cámara retrata su última mirada.
El monólogo –abreviado– dice así:
"Nosotros recibimos la información de la captura del Che el domingo 8 de octubre por la mañana. Se había entrenado a un grupo de soldaditos jóvenes que hablaban el quechua, el aymara y el guaraní para que fueran adelante del batallón a buscar inteligencia e información en ropa de civil, porque así era más fácil hablar con el campesinado. Y esta gente en ropa de civil regresa el siete por la noche, sábado, y le da la información al capitán Gary Prado de que un campesino les había enseñado un área que se llamaba la Quebrada del Yuro donde estaban escondidos los guerrilleros; porque este campesino tenía una hortaliza cerquita de ahí y los vio.
Entonces, con esa información el capitán Gary Prado rodea la Quebrada del Yuro el siete por la noche. Y el domingo ocho de octubre empieza a avanzar por la mañana y ahí empieza el tiroteo. En esa operación el Che es herido en la pierna izquierda, un balazo entre la rodilla y el tobillo, pero nada de peligrosidad. Ahí mueren la mayor parte de los guerrilleros y mueren algunos soldados, y ahí es donde cae preso el Che Guevara, al que estaba intentando ayudar a salir Simeón Cuba Sarabia, que usaba el nombre de Willy, un guerrillero boliviano bajito, prietecito, con una barba enorme, una barba más tupida yo creo que la de los propios cubanos, y ese no tenía un rasguño. Con ese lo agarran. Y en el momento en que lo van a agarrar, me cuentan los soldaditos, el Che les dice: "No tiren que yo soy el Che. Yo les valgo más vivo que muerto". Y ahí se lo llevan y lo mandan para la escuelita de La Higuera y lo ubican a él –mirando la escuelita de frente– en el salón de la izquierda, y detrás de él, en el mismo cuartico, le ponen los cadáveres de dos cubanos.
De ahí entonces, ellos me mandan la información por la mañana en código, que decía: "Papá cansado", lo que significaba que el líder de la guerrilla estaba preso y vivo. Pero no sabíamos si "Papá" era el Che Guevara o si era el Inti Peredo, que era el líder de la guerrilla por la parte boliviana. Así que volamos al área de operaciones y ahí nos verificaron que "Papá cansado" era el Che Guevara.
El extranjero. No dijeron el Che, dijeron "el extranjero".
Esa noche tuvimos una recepción en un hotelito de Vallegrande, con velas porque no había electricidad, y yo saqué un par de botellas de scotch que había comprado hacía tiempo para un evento como este, para celebrar. Eso era el domingo por la noche, el día que cayó preso él.
Al día siguiente, nueve de octubre, lunes, a las siete de la mañana despegamos en un pequeño helicóptero pilotado por Niño de Guzmán. Aterrizamos al lado de la escuelita donde estaba el Che preso y estaban esperándonos todos los oficiales del batallón, entre ellos el teniente coronel Selich que tenía toda la documentación suya. El Che usaba una cartera de cuero como las que cargan las mujeres, ancha, color camello, y adentro tenía un libro grande que era un diario con los meses escritos en alemán, del año 67, pero claro, escrito por él en español. Tenía adentro una serie de fotografías de la familia, medicamentos para el asma, unos libritos para mensajes en clave numérica de una sola vía, que son imposibles de descifrar. Tenía unas libreticas negras de argollitas escritas a máquina de escribir y firmadas por un tal Ariel, que eran los mensajes que él recibía de Cuba. Aunque él no podía transmitirle a Cuba porque Cuba le dio a propósito un transmisor roto, porque a él lo mandan allá para que lo maten. Porque el Che era prochino y Cuba dependía de la URSS. O sea, los soviéticos no tenían ningún interés en que el Che Guevara triunfara en Bolivia. Lo dejaron solo, para que lo mataran ahí, definitivamente.
Así que entramos a la escuelita y en una habitación estaba el Che tirado en el suelo, amarrado de pies y manos abajo de una ventanita que había al lado de la puerta, y atrás los dos cadáveres. El único que habló fue el coronel Zenteno Anaya. Le hacía preguntas pero el Che lo miraba y no contestaba nada. Ni le habló. Al punto de que el coronel le dijo: "Óigame, usted es un extranjero, usted ha invadido mi país. Lo menos que puede tener es la cortesía de contestar". Y nada.
Entonces de ahí yo le pido al coronel si me puede facilitar la documentación del Che para fotografiarla para mi gobierno y le da orden al teniente coronel Selich de que me la entregue. Se me entrega la cartera aquella de cuero y yo me voy a trabajar con la documentación a otro lugar. Iba fotografiando el diario y regresaba a hablar con el Che. Entraba y salía constantemente, desde la mañana hasta la una de la tarde. Estando en eso suena el teléfono y uno de los soldaditos me dice: "Mi capitán, una llamada". Voy hasta el teléfono y me dan "órdenes superiores: 500–600". Era un código muy sencillo que habíamos estipulado.
500 era el Che Guevara.
600 muerto.
700, manténgalo vivo.
Pido que me repitan. Me vuelven a confirmar.
"Órdenes del alto mando: 500–600".
Cuando Zenteno Anaya viene lo llamo a parte y le digo: "Mi coronel, han llegado instrucciones de su gobierno de eliminar al prisionero. Las de mi gobierno son tratar de salvarle la vida y tenemos helicópteros y aviones para llevarlo a Panamá para un interrogatorio". Él responde: "Mira, Félix, son órdenes del señor presidente y señor comandante de las Fuerzas Armadas". Miró su reloj y me dijo: "Tienes hasta las dos de la tarde para interrogarlo. Y a las dos de la tarde lo puedes ajusticiar de la forma que tú quieras porque sabemos el daño que le ha hecho a tu patria. Pero yo quiero que a las dos de la tarde tú me traigas el cadáver del Che Guevara". Yo le respondí: "Mi coronel, he tratado de hacerle cambiar de idea, pero si no hay una contraorden le doy mi palabra de hombre que yo le llevo el cadáver del Che".
Más tarde, estando hablando yo con el Che, viene el piloto Niño de Guzmán con una cámara Pentax del jefe de Inteligencia. "Mi capitán, el mayor Saucedo quiere una foto con el prisionero". Yo miro al Che y le digo: "Comandante, ¿a usted le importa?". Y dijo: "No, a mí no". Entonces caminamos. Él caminaba con dificultad por el balazo en la pierna izquierda. Salimos de la escuelita y ahí fue cuando nos paramos a hacer la foto esta. Yo le doy mi propia cámara al piloto y le digo al Che: "Comandante, mire al pajarito". Empezó a reirse, porque es lo que decimos nosotros en Cuba a los niños.
"Niño, mira el pajarito".
Es más, yo pensé que él se estaba riendo en el momento en que se tiró la foto. Pero, obviamente, cambió para esta expresión de la cara que ves ahora. Yo vestía el uniforme de tropas especiales de EE UU, pero sin insignia ninguna. Yo ahí tenía 26 años. Él 39. Parecía un pordiosero. Las ropas estaban raídas, sucias, cochinas. No tenía botas, eran unos pedazos de cuero amarrados en los pies. El pelo mugreño. Realmente, a veces yo estaba hablando con él y no le prestaba atención a lo que me estaba diciendo, porque yo nunca lo había visto personalmente pero me acordaba de las imágenes del Che cuando visitaba Moscú, que estaba con los rusos, cuando visitaba Mao Zedong en Pekín. Aquel hombre arrogante, con aquellos abrigos del carajo. Y ver a este hombre ahora como un tipo que estaba pidiendo limosna. Daba pena".
–¿Cuál fue para usted el mayor defecto y la mayor virtud del Che?
–Virtud yo creo que no tenía ninguna. Lo que puedo decir es que el tipo era dedicado a sus ideales, que obviamente estaban equivocados y fueron un desastre total. Y que en los mismos entrenamientos me contó gente que entrenó con él que era muy persistente. Estaba cansado, muerto y trataba de seguir adelante. No se rendía. Pero, por otro lado, fue un asesino que disfrutaba matando gente y que estaba lleno de odio hacia el enemigo. Una persona que mandó fusilar a miles de cubanos.
–¿Su captura fue el mayor logro de su carrera?
–Uno de los principales, aunque es el que más ha salido a relucir.
–¿Hay alguna operación que le duela recordar?
–Posiblemente el episodio más duro fue precisamente cuando tuve que comunicar la orden, de parte del Gobierno boliviano, de que eliminaran al Che. Aunque también pensé en el desastre que causó en mi patria en su día que dejaran libre a Fidel Castro.
–¿Comunicó la orden delante de Guevara?
–No, a mí me la comunican y luego entro a la habitación, me paro delante de él y le digo: "Comandante, lo siento, es una orden superior". Y él entendió perfectamente lo que le estaba diciendo.
–¿Qué dijo?
–"Es mejor así. Yo nunca debí haber caído preso vivo". Entonces sacó la pipa y me dijo: "Yo quiero entregarle esta pipa a un soldadito boliviano que se portó bien conmigo". Me guardé la pipa y le pregunté: "¿Quiere algo para su familia?". Y él me respondió, diría que de forma sarcástica: "Bueno, si puedes dile a Fidel que prontó verá una revolución triunfante en América". Yo lo interpreto como si le hubiera dicho a Fidel: "Me abandonaste, pero esto va a triunfar de todas maneras". Después cambió la expresión y me dijo: "Si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz". Esas fueron sus últimas palabras. Se acercó a mí, nos dimos la mano, nos dimos un abrazo, dio unos pasos atrás y se paró fijo pensando que era yo quien le iba a tirar.
–¿Qué pasó con la pipa?
–Mira, fue una de las cosas de las que sí me arrepiento. A la pipa yo le saqué la picadura y la guardé. Inclusive en la culata de una de las pistolas que uso tengo parte de la picadura de su última fumada, metida en un cristalito. Después vino el sargento Mario Terán diciendo: "¡Mi capitán, yo quiero la pipa! ¡Yo lo maté, yo me lo merezco!". Y yo, que por dentro no quería tener que cumplir con un deseo suyo sabiendo todo lo que le había hecho a mi patria, cogí la pipa y se la di al sargento: "Toma, para que te acuerdes de tu hazaña" [dice con tono de rechazo]. Cogió la pipa, bajó la cabeza y se fue.
–¿Qué fue lo que más le llamó la atención al ver al Che?
–Ver a un hombre tan destruido.
–¿Qué sintió mientras hablaba con él?
–En ese momento, honestamente, no tenía la percepción de lo que estaba ocurriendo, la magnitud que tenía esa operación. Para mí era una operación más. Para mí el Che Guevara no era la gran cosa, no era la figura que fabricó después Cuba.
–¿Le sorprendió algo de lo que le dijo?
–Cada vez que yo le hacía preguntas de interés táctico para nosotros me respondía: "Usted sabe que yo no le puedo contestar eso". Por otro lado, hubo un momento en que empezamos a hablar de la economía cubana, y él se puso a culpar de todo al embargo americano. Y yo le dije: "Comandante, usted fue presidente del Banco de la Nación y ni siquiera era economista". Entonces él me contesta: "¿Tú sabes cómo llegué a presidente del Banco?". Y me cuenta: "Un día entendí que Fidel estaba pidiendo un comunista dedicado y levanté la mano. Pero estaba pidiendo un economista dedicado".
–¿Presenció su ejecución?
–No. No tenía ningún interés en ver eso. Me fui para otro lugar y me senté en un banquito a unos cien metros a tomar notas. Oí una ráfaga corta e hice la anotación: una y quince de la tarde. La hora exacta en que fue ejecutado.
El agente cubano de la CIA que participó en la captura del Che Guevara en Bolivia, Félix Rodríguez, nos recibe a sus 76 años en su casa de Miami rodeado de recuerdos de su carrera de soldado de la Guerra Fría. Pistolas, puñales, granadas y fotografías suyas con presidentes de EE UU y espías que ya no existen. La productora española Scenic Rights prepara un documental sobre su vida. Veterano de Vietnam e involucrado en la contrainsurgencia en Centroamérica, Rodríguez asegura que la CIA quería vivo al guerrillero para interrogarlo, pero el Gobierno de Bolivia ordenó su ejecución. "Traté de salvarlo sin éxito", afirma, aunque considera a Ernesto Guevara de la Serna "un asesino". Al lado, en una mesilla, tiene una vieja pistola Star de fabricación española. "Cuidado si la coge, está cargada. Yo siempre tengo algo a mano, por si acaso", dice el hombre que aparece satisfecho a la derecha del Che en su última foto –astroso, en pie– antes de ser ejecutado por un sargento boliviano.
–Esta es la última imagen suya vivo.
–Sí –responde–. La última que se le tiró antes de morir.
–En La Higuera.
–Eso es. En La Higuera.
–¿Quién tomó la foto?
–Esa foto la tomo el piloto del helicóptero, el mayor boliviano Jaime Niño de Guzmán.
–¿Quién pide que se haga la foto y para qué?
Rodríguez necesita meterse en detalles para responder a esa pregunta. Regresar en su memoria a Bolivia en el año 1967 y contar aquello por lo menudo. "Déjame hacerte la historia", dice.
Durante 20 minutos, toma el hilo y lo extiende desde el momento en que lo avisan de la caída de Guevara hasta que una cámara retrata su última mirada.
El monólogo –abreviado– dice así:
"Nosotros recibimos la información de la captura del Che el domingo 8 de octubre por la mañana. Se había entrenado a un grupo de soldaditos jóvenes que hablaban el quechua, el aymara y el guaraní para que fueran adelante del batallón a buscar inteligencia e información en ropa de civil, porque así era más fácil hablar con el campesinado. Y esta gente en ropa de civil regresa el siete por la noche, sábado, y le da la información al capitán Gary Prado de que un campesino les había enseñado un área que se llamaba la Quebrada del Yuro donde estaban escondidos los guerrilleros; porque este campesino tenía una hortaliza cerquita de ahí y los vio.
Entonces, con esa información el capitán Gary Prado rodea la Quebrada del Yuro el siete por la noche. Y el domingo ocho de octubre empieza a avanzar por la mañana y ahí empieza el tiroteo. En esa operación el Che es herido en la pierna izquierda, un balazo entre la rodilla y el tobillo, pero nada de peligrosidad. Ahí mueren la mayor parte de los guerrilleros y mueren algunos soldados, y ahí es donde cae preso el Che Guevara, al que estaba intentando ayudar a salir Simeón Cuba Sarabia, que usaba el nombre de Willy, un guerrillero boliviano bajito, prietecito, con una barba enorme, una barba más tupida yo creo que la de los propios cubanos, y ese no tenía un rasguño. Con ese lo agarran. Y en el momento en que lo van a agarrar, me cuentan los soldaditos, el Che les dice: "No tiren que yo soy el Che. Yo les valgo más vivo que muerto". Y ahí se lo llevan y lo mandan para la escuelita de La Higuera y lo ubican a él –mirando la escuelita de frente– en el salón de la izquierda, y detrás de él, en el mismo cuartico, le ponen los cadáveres de dos cubanos.
De ahí entonces, ellos me mandan la información por la mañana en código, que decía: "Papá cansado", lo que significaba que el líder de la guerrilla estaba preso y vivo. Pero no sabíamos si "Papá" era el Che Guevara o si era el Inti Peredo, que era el líder de la guerrilla por la parte boliviana. Así que volamos al área de operaciones y ahí nos verificaron que "Papá cansado" era el Che Guevara.
El extranjero. No dijeron el Che, dijeron "el extranjero".
Esa noche tuvimos una recepción en un hotelito de Vallegrande, con velas porque no había electricidad, y yo saqué un par de botellas de scotch que había comprado hacía tiempo para un evento como este, para celebrar. Eso era el domingo por la noche, el día que cayó preso él.
Al día siguiente, nueve de octubre, lunes, a las siete de la mañana despegamos en un pequeño helicóptero pilotado por Niño de Guzmán. Aterrizamos al lado de la escuelita donde estaba el Che preso y estaban esperándonos todos los oficiales del batallón, entre ellos el teniente coronel Selich que tenía toda la documentación suya. El Che usaba una cartera de cuero como las que cargan las mujeres, ancha, color camello, y adentro tenía un libro grande que era un diario con los meses escritos en alemán, del año 67, pero claro, escrito por él en español. Tenía adentro una serie de fotografías de la familia, medicamentos para el asma, unos libritos para mensajes en clave numérica de una sola vía, que son imposibles de descifrar. Tenía unas libreticas negras de argollitas escritas a máquina de escribir y firmadas por un tal Ariel, que eran los mensajes que él recibía de Cuba. Aunque él no podía transmitirle a Cuba porque Cuba le dio a propósito un transmisor roto, porque a él lo mandan allá para que lo maten. Porque el Che era prochino y Cuba dependía de la URSS. O sea, los soviéticos no tenían ningún interés en que el Che Guevara triunfara en Bolivia. Lo dejaron solo, para que lo mataran ahí, definitivamente.
Así que entramos a la escuelita y en una habitación estaba el Che tirado en el suelo, amarrado de pies y manos abajo de una ventanita que había al lado de la puerta, y atrás los dos cadáveres. El único que habló fue el coronel Zenteno Anaya. Le hacía preguntas pero el Che lo miraba y no contestaba nada. Ni le habló. Al punto de que el coronel le dijo: "Óigame, usted es un extranjero, usted ha invadido mi país. Lo menos que puede tener es la cortesía de contestar". Y nada.
Entonces de ahí yo le pido al coronel si me puede facilitar la documentación del Che para fotografiarla para mi gobierno y le da orden al teniente coronel Selich de que me la entregue. Se me entrega la cartera aquella de cuero y yo me voy a trabajar con la documentación a otro lugar. Iba fotografiando el diario y regresaba a hablar con el Che. Entraba y salía constantemente, desde la mañana hasta la una de la tarde. Estando en eso suena el teléfono y uno de los soldaditos me dice: "Mi capitán, una llamada". Voy hasta el teléfono y me dan "órdenes superiores: 500–600". Era un código muy sencillo que habíamos estipulado.
500 era el Che Guevara.
600 muerto.
700, manténgalo vivo.
Pido que me repitan. Me vuelven a confirmar.
"Órdenes del alto mando: 500–600".
Cuando Zenteno Anaya viene lo llamo a parte y le digo: "Mi coronel, han llegado instrucciones de su gobierno de eliminar al prisionero. Las de mi gobierno son tratar de salvarle la vida y tenemos helicópteros y aviones para llevarlo a Panamá para un interrogatorio". Él responde: "Mira, Félix, son órdenes del señor presidente y señor comandante de las Fuerzas Armadas". Miró su reloj y me dijo: "Tienes hasta las dos de la tarde para interrogarlo. Y a las dos de la tarde lo puedes ajusticiar de la forma que tú quieras porque sabemos el daño que le ha hecho a tu patria. Pero yo quiero que a las dos de la tarde tú me traigas el cadáver del Che Guevara". Yo le respondí: "Mi coronel, he tratado de hacerle cambiar de idea, pero si no hay una contraorden le doy mi palabra de hombre que yo le llevo el cadáver del Che".
Más tarde, estando hablando yo con el Che, viene el piloto Niño de Guzmán con una cámara Pentax del jefe de Inteligencia. "Mi capitán, el mayor Saucedo quiere una foto con el prisionero". Yo miro al Che y le digo: "Comandante, ¿a usted le importa?". Y dijo: "No, a mí no". Entonces caminamos. Él caminaba con dificultad por el balazo en la pierna izquierda. Salimos de la escuelita y ahí fue cuando nos paramos a hacer la foto esta. Yo le doy mi propia cámara al piloto y le digo al Che: "Comandante, mire al pajarito". Empezó a reirse, porque es lo que decimos nosotros en Cuba a los niños.
"Niño, mira el pajarito".
Es más, yo pensé que él se estaba riendo en el momento en que se tiró la foto. Pero, obviamente, cambió para esta expresión de la cara que ves ahora. Yo vestía el uniforme de tropas especiales de EE UU, pero sin insignia ninguna. Yo ahí tenía 26 años. Él 39. Parecía un pordiosero. Las ropas estaban raídas, sucias, cochinas. No tenía botas, eran unos pedazos de cuero amarrados en los pies. El pelo mugreño. Realmente, a veces yo estaba hablando con él y no le prestaba atención a lo que me estaba diciendo, porque yo nunca lo había visto personalmente pero me acordaba de las imágenes del Che cuando visitaba Moscú, que estaba con los rusos, cuando visitaba Mao Zedong en Pekín. Aquel hombre arrogante, con aquellos abrigos del carajo. Y ver a este hombre ahora como un tipo que estaba pidiendo limosna. Daba pena".
–¿Cuál fue para usted el mayor defecto y la mayor virtud del Che?
–Virtud yo creo que no tenía ninguna. Lo que puedo decir es que el tipo era dedicado a sus ideales, que obviamente estaban equivocados y fueron un desastre total. Y que en los mismos entrenamientos me contó gente que entrenó con él que era muy persistente. Estaba cansado, muerto y trataba de seguir adelante. No se rendía. Pero, por otro lado, fue un asesino que disfrutaba matando gente y que estaba lleno de odio hacia el enemigo. Una persona que mandó fusilar a miles de cubanos.
–¿Su captura fue el mayor logro de su carrera?
–Uno de los principales, aunque es el que más ha salido a relucir.
–¿Hay alguna operación que le duela recordar?
–Posiblemente el episodio más duro fue precisamente cuando tuve que comunicar la orden, de parte del Gobierno boliviano, de que eliminaran al Che. Aunque también pensé en el desastre que causó en mi patria en su día que dejaran libre a Fidel Castro.
–¿Comunicó la orden delante de Guevara?
–No, a mí me la comunican y luego entro a la habitación, me paro delante de él y le digo: "Comandante, lo siento, es una orden superior". Y él entendió perfectamente lo que le estaba diciendo.
–¿Qué dijo?
–"Es mejor así. Yo nunca debí haber caído preso vivo". Entonces sacó la pipa y me dijo: "Yo quiero entregarle esta pipa a un soldadito boliviano que se portó bien conmigo". Me guardé la pipa y le pregunté: "¿Quiere algo para su familia?". Y él me respondió, diría que de forma sarcástica: "Bueno, si puedes dile a Fidel que prontó verá una revolución triunfante en América". Yo lo interpreto como si le hubiera dicho a Fidel: "Me abandonaste, pero esto va a triunfar de todas maneras". Después cambió la expresión y me dijo: "Si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz". Esas fueron sus últimas palabras. Se acercó a mí, nos dimos la mano, nos dimos un abrazo, dio unos pasos atrás y se paró fijo pensando que era yo quien le iba a tirar.
–¿Qué pasó con la pipa?
–Mira, fue una de las cosas de las que sí me arrepiento. A la pipa yo le saqué la picadura y la guardé. Inclusive en la culata de una de las pistolas que uso tengo parte de la picadura de su última fumada, metida en un cristalito. Después vino el sargento Mario Terán diciendo: "¡Mi capitán, yo quiero la pipa! ¡Yo lo maté, yo me lo merezco!". Y yo, que por dentro no quería tener que cumplir con un deseo suyo sabiendo todo lo que le había hecho a mi patria, cogí la pipa y se la di al sargento: "Toma, para que te acuerdes de tu hazaña" [dice con tono de rechazo]. Cogió la pipa, bajó la cabeza y se fue.
–¿Qué fue lo que más le llamó la atención al ver al Che?
–Ver a un hombre tan destruido.
–¿Qué sintió mientras hablaba con él?
–En ese momento, honestamente, no tenía la percepción de lo que estaba ocurriendo, la magnitud que tenía esa operación. Para mí era una operación más. Para mí el Che Guevara no era la gran cosa, no era la figura que fabricó después Cuba.
–¿Le sorprendió algo de lo que le dijo?
–Cada vez que yo le hacía preguntas de interés táctico para nosotros me respondía: "Usted sabe que yo no le puedo contestar eso". Por otro lado, hubo un momento en que empezamos a hablar de la economía cubana, y él se puso a culpar de todo al embargo americano. Y yo le dije: "Comandante, usted fue presidente del Banco de la Nación y ni siquiera era economista". Entonces él me contesta: "¿Tú sabes cómo llegué a presidente del Banco?". Y me cuenta: "Un día entendí que Fidel estaba pidiendo un comunista dedicado y levanté la mano. Pero estaba pidiendo un economista dedicado".
–¿Presenció su ejecución?
–No. No tenía ningún interés en ver eso. Me fui para otro lugar y me senté en un banquito a unos cien metros a tomar notas. Oí una ráfaga corta e hice la anotación: una y quince de la tarde. La hora exacta en que fue ejecutado.
DETALLES DE LOS DUROS MOMENTOS QUE PASARON LOS JÓVENES SOLDADOS BOLIVIANOS AL ENFRENTAR A LOS CAMARADAS DEL CHE
Julio Clavijo Guzmán, tendido en el suelo boca abajo, monta guardia frente a un cañadón por donde tienen que cruzar los guerrilleros. Tiene 17 años y apenas soporta el hambre y la sed, además de los rayos del sol que caen inmisericordes sobre él. Está ansioso, no sabe qué pasará. Sostiene el fusil. Está listo para jalar el gatillo en cualquier momento…
De pronto escucha un ruido de hojas secas aplastadas y su corazón late apresuradamente. En vez del hombre que se imaginó, del guerrillero al que tendrá que matar, aparece la cabeza de una enorme boa que con su lengua bífida toca el punto de mira del fusil, balanceándolo suavemente… de milagro, el animal desciende por donde llegó. ¿Clavijo? Se desmaya por la impresión. Dice que esa emoción sobresaltó su vida hasta 20 años, y que no podía dormir.
Él estuvo en la Primera Compañía del Regimiento Sucre II de Infantería. Combatió en la reyerta de Taperillas, donde el suboficial Guillermo Torres fue herido por un guerrillero que sorprendió a todos en el campamento cuando escapaba de sus captores. Como lo intimidaron para que se rinda, abrió fuego hiriendo a Torres y a otro soldado.
“En esos momentos uno siente terror, pues no sabe qué pasará”, relata Clavijo a ECOS. “El suboficial Torres gritaba ‘¡no quiero morir!’, ‘¡no quiero morir!’. Era desesperante, no sabíamos qué hacer”. Cuenta que al día siguiente llegó un helicóptero para recogerlo, pero… Torres ya había muerto.
“Tuvimos que soportar temperaturas de más de 40 grados, el sol, la lluvia que caía durante varias horas y a campo abierto; la picadura de insectos, que incluso depositaban huevos en nuestros cuerpos, teníamos que quemar nuestra piel para que los animales salgan. Yo me acordaba de mis padres y veía como en una película todo lo que había hecho en mi casa y cómo muchas veces despreciaba algunos alimentos”.
Según este ex combatiente, desgraciadamente nadie reconoce todo lo que tuvieron que pasar ellos por defender la patria. Aun así se sienten orgullosos de haber contribuido a la defensa de la soberanía nacional. Dice que su compañía fue la primera en utilizar los trajes camuflados de combate en el país.
La guerrilla del Che
En 1967, los bachilleres no podían ingresar a la universidad sin libreta militar. Como incentivo, para que cumplan con el servicio obligatorio, el Gobierno redujo el tiempo a tres meses solo para ellos. Así, un gran contingente de adolescentes ingresó a los cuarteles.
En ese contexto surgió en el sureste del país un foco guerrillero internacional comandado por Ernesto “Che” Guevara; se desarrolló entre marzo y octubre de 1967. Guevara estaba convencido de que este era el país que tenía las mejores condiciones para hacer la revolución.
Los muchachos que cumplían su servicio militar asumieron la defensa de la soberanía frente a la guerrilla. Pero, ¿en qué condiciones lo hicieron?
De acuerdo con el relato de cinco beneméritos chuquisaqueños de la guerrilla de Ñancahuazú, las condiciones en las que defendieron la patria fueron muy desiguales: ellos eran novatos, nunca habían estado en la selva, tenían poca instrucción militar, carecían de armas modernas (solo fusiles Mauser) y una precaria alimentación. En cambio, según la versión de los ex combatientes, los guerrilleros tenían mucha experiencia porque habían participado en diferentes contiendas y poseían armamento moderno y automático.
Ya conocemos la experiencia vivida por Julio Clavijo Guzmán. Ahora, veamos la de otros cuatro beneméritos. Todos ellos eran muy jóvenes cuando tuvieron que enfrentar a la guerrilla del Che. Ahora son septuagenarios (o casi) y, a la luz del tiempo, cuentan a ECOS lo vivido en primera persona:
Tomás Tudela Tapia
Ingresó al cuartel del Regimiento Sucre II de Infantería a los 18 años y asegura que no había soldados antiguos, ni reservistas de la categoría 1966; solo músicos que controlaban a los recién llegados.
A un mes de estar en el cuartel, Tudela escuchó de un movimiento sospechoso por el sudeste boliviano, dato que fue confirmado por el prisionero Salustio Choque, que apoyaba a la guerrilla, tras su captura. Así, tuvieron la certeza de que existía un grupo armado, pero desconocían su ideología y su procedencia.
Después de un mes de instrucción elemental en el manejo de armas, la Primera Compañía de soldados de dicho regimiento, conformada por cinco escuadras, cada una con nueve soldados, partió a lo desconocido.
Luego de una refriega en Taperillas, retornó a Sucre. En esa escaramuza falleció el suboficial Guillermo Torres, resultó herido el soldado Espada y cayó prisionero el guerrillero Jorge Vásquez Viaña.
Con esas noticias, oficiales que estuvieron en la Escuela de las Américas, en Panamá, del Regimiento Ranger de Challapata y otros, entrenaron contra guerrillas a la Segunda Compañía de Morteristas, a la cual pertenecía Tudela.
Así, un 13 de mayo de 1967, partieron a la zona de combate 47 soldados. Cuando llegaron al Bombeo, en Monteagudo, el Ejército les dotó de botas y prendas de combate camufladas y cambiaron su armamento. Estaban mejor preparados que la Primera Compañía.
Ingresaron a Taperillas, donde hicieron el rastrillaje correspondiente y se encontraron con varios regimientos, como los Alumnos de la Escuela de Clases, el Regimiento Bolívar, Regimiento Manchego, el Centro de Instrucción de Operaciones en la Selva del Beni, los Paracaidistas, entre otros.
“En ese tiempo se efectuaban las famosas ‘operaciones’, que consistían en reuniones de todas las unidades que estaban separadas por diferentes lugares para coordinar un ataque a los→ →guerrilleros detectados; sin embargo fracasaban, seguramente, gracias al servicio de inteligencia que tenían los guerrilleros. Después de reunirnos en un determinado lugar y llegar al sitio para atacar, ya no encontrábamos nada. Entonces el Alto Mando Militar cambió de táctica, definiendo que unidad que se encuentre cerca del enemigo entable el combate y la persecución correspondiente”, narra Tudela a ECOS.
En ese momento solo había un grupo de guerrilleros con experiencia en combate. “Practicamos la táctica de emboscada, que ellos utilizaron con el Ejército boliviano entrenando desde tiempo atrás en esos lugares, mientras que los soldados bolivianos éramos novatos y no conocíamos nada”, sentencia él.
Joaquín Ávila Bravo
Perteneció a la Cuarta División. Cuenta que cuando se enteró de la presencia de guerrilleros en el sudeste de Chuquisaca fue al Ejército, junto con 43 voluntarios, el 3 de marzo. Tenía 18 años. Le faltaba uno para salir bachiller. “Me presenté por una situación familiar, lamentablemente perdí a mi madre y a mi padre y pensaba que la vida ya no tenía sentido, porque me había quedado solo”, relata con lágrimas en los ojos.
Como Ávila ya tenía algo de experiencia, le dieron la misión de recorrer Muyupampa y Monteagudo (la condición era que sea del lugar y tener parientes en la zona). De esa manera se enteró de que eran comunistas que al parecer se presentaban como geólogos que habían ido a estudiar la tierra para crear una cooperativa.
El 23 de marzo ocurrió el primer choque. Al día siguiente Bravo salió de Camiri rumbo a Choreti, al mando del mayor García Meza, para internarse en Pirirenda.
Se enteraron de que la misión de los “hombres raros” era apoderarse de las zonas petrolíferas. Pirirenda se ubica en la ruta Camiri-Santa Cruz, Camiri-Sucre y Tatarenda, en la zona de Bombeo. Sin embargo, lograron detenerlos y hacerlos retroceder.
Esa vez, ocurrieron tres choques: el primero fracasó por la poca visibilidad debido a la espesa neblina. Ávila dice que había dos periodistas en el lugar, José Luis Alcázar y un francés que tenía carta libre para ingresar a todas las reuniones. Se cree que era un espía y que se internaba en la selva para poner al tanto a los guerrilleros de todo lo que sucedía.
“Curiosamente, pese a que me enfrenté a ellos, nunca los vi de frente: solo los veía correr o escuchaba sus gritos. La gente nos tildó de asesinos porque éramos más numerosos, pero carecíamos de su experiencia pues ellos participaron en grandes combates en otros países. Sin embargo, aprendimos y pusimos en práctica sus tácticas; ellos nos emboscaban en un cañadón y desde la altura nos gritaban ‘¡ríndanse, soldaditos!’. No podíamos verlos. Quedé con traumas, hasta ahora no permito que una persona esté detrás de mí”.
Roberto Vedia Ramírez
Fue destinado a la Cuarta División del Batallón de Camiri en 1966, cuando tenía 19 años. “Antes solo íbamos al cuartel los provincianos y los estudiantes que querían servir a su patria, no iban así por así nomás los de familias aristocráticas”, manifiesta Roberto Vedia Ramírez.
Tras cumplir con el servicio militar se fue como telefonista al puesto Guapoya. Ahí, un hombre le informó que había “gente extraña” entre Monteagudo y Muyupampa, por el sector de Taperillas, Ticucha e Ipitimiri.
Obedeciendo la orden del comandante Urquieta, Vedia, junto con ocho soldados que estaban a su cargo, partió de Camiri rumbo a Muyupampa, en busca de esos hombres, de los que se decía que eran cazadores en busca de pieles de animales. También que ellos ofrecían a los pobladores dólares a cambio de sus animales, propuesta que rechazaban porque desconocían el valor de la moneda extranjera.
El 2 de abril, entraron a un cañadón de La Overa guiados por el paceño Salustio Choque Choque, que antes de caer prisionero de los soldados trabajaba con los guerrilleros.
Siguiendo con la narración de Vedia, una vez dentro del cañadón no podían comunicarse usando las radios (antiguas, de la época del Guerra del Chaco) y por equivocación fueron bombardeados por los aviones bolivianos. Supieron eludir el ataque, pero cuando retornaban otra vez fueron bombardeados. Fue entonces que decidieron usar unas pañoletas anaranjadas para que los identificaran. Nuevamente llegaron cinco aviones y soltaron un paquete con una nota indicándoles que avancen por el cañadón mientras ellos les acompañaban por aire.
Al acercarse a un campamento un guía paceño casi escapa y decidieron dificultar su paso colocando piedras en su mochila. En ese lugar, Choque les dijo: ‘tomen precauciones’, y les indicó dónde se apostaban los centinelas. Así ingresaron al campamento donde los guerrilleros comían la última mula que tenían; ellos huyeron del lugar como pudieron.
Los soldados se quedaron en el sitio unas dos horas para alimentarse con su ración seca. Choque les aconsejó salir lo antes posible porque los guerrilleros volverían en cualquier momento.
Cuando dejaron el cañadón, unos 400 metros más allá encontraron los cadáveres de siete de sus pares que habían caído en la refriega del 23 de marzo. En el lugar se encontraron con otro regimiento, pero recién al día siguiente pudieron sacar a los muertos. “Es mentira que haya ido la Cruz Roja, nadie iba a esos lugares, nosotros los sacamos”, asegura Vedia, que sobrevivió tres emboscadas y con suerte fue liberado luego de haber estado prisionero.
Roberto Huaylla
A los 19 años fue soldado del Regimiento Sucre II de Infantería. Roberto Huaylla dice que gracias a la valentía de los soldados en la guerrilla, ahora Bolivia es libre, soberana e independiente.
Sin embargo, “desde hace 50 años no somos reconocidos por nadie, nos sentimos huérfanos y hasta humillados. No había razón para que maten a tantos camaradas, lo único que hacíamos era defender a la patria; desgraciadamente nos tocó ser partícipes de ese evento, pero estamos orgullosos de haber empuñado un arma para defender la patria”, señala.
Luego, Huaylla sentencia: “Cumplimos con ese deber sin pertenecer a ningún partido político. Es importante que se dé valor al soldado boliviano y se reconozca que esa fue la única batalla que el Ejército boliviano ha ganado en los últimos años. Este gobierno nunca nos hará un homenaje, más bien ensalza a quienes mataron a sus soldados”. •
No participarán en los actos oficiales organizados por el Gobierno
Los beneméritos y excombatientes de la guerrilla de Ñancahuazú no participarán hoy de los actos del 50 aniversario de la muerte en Bolivia del líder cubano-argentino anunciados por el Gobierno. Ellos festejarán el triunfo de las Fuerzas Armadas con la entrega de un mural en una plaza de Santa Cruz, donde están los nombres de todos los soldados y oficiales que defendieron el país de la incursión extranjera. En la guerrilla de Ñancahuazú fallecieron 59 soldados, tres de los cuales eran de Chuquisaca. Hubo muchos heridos y varios quedaron discapacitados.
Se calcula que desde aquella defensa de la patria sobreviven 700 soldados, entre los que se cuentan 88 de Sucre. De estos, seis tienen distintas discapacidades; algunos, hasta hoy, sobrellevan diferentes traumas y otros problemas psicológicos.
sábado, 7 de octubre de 2017
Exguerrilleros cubanos llegan a Bolivia para rendir homenaje al Che
Harry Villegas (Pombo) declaró que volver a Bolivia por primera vez luego de medio siglo de su incursión con Guevara le trae "recuerdos muy fuertes", pero está agradecido por la invitación a estos actos
Los exguerrilleros cubanos Harry Villegas (Pombo) y Leonardo Tamayo (Urbano), que combatieron en Bolivia junto al argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara, llegaron al país andino para participar en los homenajes dedicados a conmemorar el próximo lunes los 50 años de la muerte del revolucionario. "Podrán imaginarse la emoción y lo que representa desde el punto de vista humano volver a estos lugares en los que dimos algo de nuestras propias vidas", dijo Villegas al llegar anoche a Bolivia, según declaraciones difundidas este sábado por la Cancillería de La Paz.
Villegas declaró que volver a Bolivia por primera vez luego de medio siglo de su incursión con Guevara le trae "recuerdos muy fuertes", pero está agradecido por la invitación a estos actos, en los que se recordará "el 50 aniversario del asesinato del Che". "Imagínense, estar otra vez donde tuve que correr tanto, en donde tuve que pelear, donde tuve que matar y en donde tuve que luchar para vivir", comentó "Pombo" a los periodistas.
También recordó que la columna guerrillera era internacional y estaba integrada por argentinos, peruanos y cubanos para apoyar la lucha de un grupo de jóvenes "progresistas" bolivianos. "Los logros que ha alcanzado este pueblo por la vía no guerrera, no armada, sino por la vía pacífica, que no quiere decir que no haya que defenderla, satisfacen", agregó el cubano al sostener que el Che quería una revolución para mejorar la vida de los pueblos.
Pombo y Urbano fueron dos de los tres cubanos que lograron escapar al evadir el cerco cuando se enfrentaron a los soldados bolivianos en la Quebrada del Churo el 8 de octubre de 1967.
Previamente, Villegas y Tamayo también combatieron con Guevara en la Sierra Maestra, en Cuba y en el Congo, en África.
De su parte, Tamayo precisó que llega a Bolivia por cuarta vez después de la muerte de Guevara en 1967. En dos ocasiones anteriores visitó Bolivia para ayudar a buscar los restos del legendario revolucionario que habían sido enterrados por el Ejército boliviano en la pista aérea de Vallegrande (sureste) y que fueron finalmente encontrados en 1997.
Tamayo destacó que el Che Guevara fue quien les "enseñó el camino del internacionalismo, el camino del comunismo", incluso cuando ellos como combatientes no sabían ni leer ni escribir. "Todas las revoluciones las hacen los pueblos y a ustedes les toca luchar por consolidar lo que el compañero presidente Evo Morales comenzó y continua forjando", aconsejó el militar cubano.
El Gobierno de Evo Morales anunció estos días su deseo de que los dos exguerrilleros cubanos participen en un acto de unidad para cerrar las heridas con los soldados bolivianos de entonces, pero los excombatientes del Ejército lo rechazaron por completo.
El próximo lunes, Morales encabezará en Vallegrande una marcha antiimperialista para resaltar el legado político del revolucionario argentino cubano para coronar los homenajes al rebelde que se realizan estos días en ese pueblo y en La Higuera (sureste).
El sargento boliviano Mario Terán ejecutó a Guevara en La Higuera el 9 de octubre de 1967.
Los exguerrilleros cubanos Harry Villegas (Pombo) y Leonardo Tamayo (Urbano), que combatieron en Bolivia junto al argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara, llegaron al país andino para participar en los homenajes dedicados a conmemorar el próximo lunes los 50 años de la muerte del revolucionario. "Podrán imaginarse la emoción y lo que representa desde el punto de vista humano volver a estos lugares en los que dimos algo de nuestras propias vidas", dijo Villegas al llegar anoche a Bolivia, según declaraciones difundidas este sábado por la Cancillería de La Paz.
Villegas declaró que volver a Bolivia por primera vez luego de medio siglo de su incursión con Guevara le trae "recuerdos muy fuertes", pero está agradecido por la invitación a estos actos, en los que se recordará "el 50 aniversario del asesinato del Che". "Imagínense, estar otra vez donde tuve que correr tanto, en donde tuve que pelear, donde tuve que matar y en donde tuve que luchar para vivir", comentó "Pombo" a los periodistas.
También recordó que la columna guerrillera era internacional y estaba integrada por argentinos, peruanos y cubanos para apoyar la lucha de un grupo de jóvenes "progresistas" bolivianos. "Los logros que ha alcanzado este pueblo por la vía no guerrera, no armada, sino por la vía pacífica, que no quiere decir que no haya que defenderla, satisfacen", agregó el cubano al sostener que el Che quería una revolución para mejorar la vida de los pueblos.
Pombo y Urbano fueron dos de los tres cubanos que lograron escapar al evadir el cerco cuando se enfrentaron a los soldados bolivianos en la Quebrada del Churo el 8 de octubre de 1967.
Previamente, Villegas y Tamayo también combatieron con Guevara en la Sierra Maestra, en Cuba y en el Congo, en África.
De su parte, Tamayo precisó que llega a Bolivia por cuarta vez después de la muerte de Guevara en 1967. En dos ocasiones anteriores visitó Bolivia para ayudar a buscar los restos del legendario revolucionario que habían sido enterrados por el Ejército boliviano en la pista aérea de Vallegrande (sureste) y que fueron finalmente encontrados en 1997.
Tamayo destacó que el Che Guevara fue quien les "enseñó el camino del internacionalismo, el camino del comunismo", incluso cuando ellos como combatientes no sabían ni leer ni escribir. "Todas las revoluciones las hacen los pueblos y a ustedes les toca luchar por consolidar lo que el compañero presidente Evo Morales comenzó y continua forjando", aconsejó el militar cubano.
El Gobierno de Evo Morales anunció estos días su deseo de que los dos exguerrilleros cubanos participen en un acto de unidad para cerrar las heridas con los soldados bolivianos de entonces, pero los excombatientes del Ejército lo rechazaron por completo.
El próximo lunes, Morales encabezará en Vallegrande una marcha antiimperialista para resaltar el legado político del revolucionario argentino cubano para coronar los homenajes al rebelde que se realizan estos días en ese pueblo y en La Higuera (sureste).
El sargento boliviano Mario Terán ejecutó a Guevara en La Higuera el 9 de octubre de 1967.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






