La exploración de las regiones Amazónicas y Chaqueñas de Bolivia, tuvo como objetivo el reconocer el territorio nacional, establecer la navegabilidad de los ríos y a través de ellos buscar una salida al Océano Atlántico. Para entender de una mejor manera, el diplomático boliviano Manuel Macedonio Salinas en su obra Navegación de los ríos de Bolivia confluentes del Madera y Amazonas y Colonización, (Cochabamba, 1858) señala sobre el tema; “Tal es nuestra actualidad deplorable a causa de que Bolivia está incrustada en los peñascos de los Andes. Sin embargo, tiene caminos que andan… son multitud de ríos confluentes del Madera, por donde puede abrirse paso al Atlántico. Así pues el día en que se remuevan los obstáculos a la navegación, con el ferrocarril que flanquee las cachuelas, y los buques de vapor que surquen el Mamoré, el Beni y el Itenes, este país mediterráneo se convertirá en marítimo, operándose una transformación de sus condiciones geográficas: ese día será el que señale una nueva era de progreso”.
En ese sentido, varios fueron los intentos para explorar la región Amazónica, entre los más significativos podemos mencionar: José Agustín Palacios (1843-1846) 1, José Buza (1846), Lewis Herndom y Lardner Gibbon (1851 - 1852), Faustino Maldonado (1860-1861), Quintín Quevedo (1860 - 1861) 2, Lucio Pérez Velasco (1870-1875), James Orton (1877), Cura Venancio Sara-bia (1879) y Edwin R. Heath (1879-1881), entre otros.
Es de esa manera, que narraremos la exploración de Edwin R. Heath, para una mayor comprensión, Julio Díaz Arguedas nos recuerda sobre este personaje: “Nació en la ciudad de Janesville (Estados Unidos de América), el 13 de julio de 1839. Se graduó como medico el año de 1863. En 1869 es destinado como Secretario de la Legación Americana en Chile; luego pasó al Perú como médico de la empresa del ferrocarril a Pacasmayo, Guadalupe y Magdalena, cargo que ejerce hasta el 1878 en que vuelve a su patria resuelto a emprender la exploración del río Beni. En noviembre del mismo año (1878), zarpa de Nueva York, rumbó al Pará (Brasil), desde donde se dirige a San Antonio del río Madera; allí es contratado como médico de la Compañía Constructora del ferrocarril Madera Mamoré, en la que presta servicios profesionales hasta el año de 1879, en que llega a Bolivia” 3.
En ese sentido, el citado explorador norteamericano llegó a la población de Reyes y permaneció diez meses en ese lugar e inició su recorrido el 3 de agosto de 1880, con el objetivo de visitar los gomales de Cavinas. En el transcurso del recorrido el Dr. Heath, pasó por los arroyos Sayuva, Tarene, Enapurera, Tequeje, Undumo, Santa Clara (antiguo puerto de Cavinas) y Santa Rosa (boca del río Madidi), además de las poblaciones de Todos Santos y San Antonio. El 14 de agosto llegaron a su primer destinó, la barraca cauchera “Maco”.
Los días 16 y 17 de agosto acompañado por Antenor Vás-quez dueño de la citada barra-ca, bajaron por el río Beni y pasaron por San Juan, Santo Domingo, California, Etea y San Lorenzo, luego acampa-ron en Santa Ana, sobre esto escribió: “allí encontramos una familia de indios pacaguaras, que vivían con don Fidel Endera y le ayudaban en la extracción de la goma y en las plantaciones de arroz, maíz, yuca plátanos, caña de azúcar y construcciones de casas. Tanto hombres como mujeres se perforan la ternilla de la nariz, introduciendo en el agujero plumas por ambos lados, de un tamaño tal que parece que tuvieran un espeso mostacho. Llevan en las orejas colmillos de caimán” 4.
Al día siguiente continuaron el viaje llegando a un campamento cauchero, en ese lugar el señor Vásquez, otorgó un nuevo bote, nueve originarios y dos funcionarios, después continuaron el viaje atravesando el río Jeneshuaya. Para el 25 de agosto, sus compañeros se reusaron a continuar el recorrido y al día siguiente regresaron, luego el 12 de septiembre descendieron en la barraca cauchera “Maco”.
Después de unos días, Edwin R. Heath, acompañado por el Dr. Antonio Vaca Diez y nueve originarios de la tribu aranoas, bajaron por el río Beni, desembarcando el 28 de septiembre en la barraca California, el 1° de octubre llegaron a la población de Concepción. El 8 de octubre Heath, vió un arroyo que fluye del sur, al que le dio el nombre de Ivon, en memoria de su herma-no Ivon D. Heath 5. Al desembarcar en la costa el explorador norteamericano nom-bró a ese lugar: Antenor, en memoria del cauchero Antenor Vásquez. Al día siguien-te pasaron un río caudaloso que fluía del norte, a este afluente lo bautizó con el nombre de Orton, en memoria de su com-patriota explorador James Orton, sobre esto escribió: “era conocido por los salvajes aranoas con el nombre de Datimanu –Río de las Tortugas. Se halla su desemboque en el Beni… a 6 leguas de Riberalta. Corre paralelo al (río) Madre de Dios, en una distancia de 25 á 40 kilómetros. Esta formado de los ríos Manuripi y Tahuamanu y se calcula que las cabeceras se origi-nan en Carabaya” 6.
El 11 de octubre llegaron a los rompien-tes del río Mamoré, en ese territorio el Dr. Heath, informó a sus dos acompañantes originarios sobre la situación de su expedi-ción: “¿Entonces, dijo Ildefonso, tenemos esperanza de no perder la vida? Contéstele que sí. ‘Entonces llamemos Esperanza á esta cachuela (rompiente), desde que, ha-biéndola pasado, tenemos que vivir’. ¡Po-bre hombre, hasta ese momento había vivi-do bajo la impresión de que eran pocos y contados los días de vida que le queda-ban! Este es el punto en que (el explorador, J. P.) Buza, en 1846 refiere que encontró muchedumbre de salvajes” 7.
Después de este hecho, decidió subir al río Mamoré. El 13 de octubre pasaron los rápidos de Layo y Palo Grande, posterior-mente las caídas de Bananera y los rápidos Guajaraguassu y Guajamirim. Tras mu-chos días de navegación llegaron a San Martin, puerto inferior de la población de Exaltación, de este recorrido detalló: “las autoridades se resistían á creer en la posibilidad de nuestra empresa y dieron de comer y beber á mis dos indios, teniéndo-los en su presencia para poder palparlos y tocarlos y convencerse que eran seres humanos” 8.
Tras muchos días de navegación, el 12 de noviembre llegaron a Santa Ana, sobre el río Yacuma, desde este lugar se fueron por tierra a Reyes, llegando el 11 de di-ciembre. Con el transcurso del tiempo, el 27 de abril de 1881, el Dr. Heath, dejó la población de Reyes, acompañado por el Sr. Fetermann y su esposa. Al día siguiente, partieron en una canoa tripulada por seis originarios con el objetivo de visitar el puerto bajo, del cual retornó el 30 de abril.
Los primeros días del mes de mayo via-jaron a lomo de mula hasta Tumupasa, so-bre este lugar escribió: “se halla situado al costado de la cadena de los Andes, justa-mente encima de los bosques del contorno, de manera que, echando la vista al Orien-te, se divisa únicamente un mar de verdu-ra” 9. Después de navegar muchos días, el 16 de mayo pasaron por una montaña lla-mada ‘Encañada de Bala’ y acamparon en la ribera del río Saius, al día siguiente pasaron por la boca de los ríos Tuichi y Quiquivé.
El 18 de mayo establecieron un campa-mento sobre las extremidades de unas montañas erosionadas, posteriormente franquearon el río Sihuapio y subieron al río Quendeque, luego Chapi y ascendieron al río Beni. Luego de seis días pasaron por el río kaka o Huanay, llegando a la misión de Muchanes. El 27 de mayo, uno de sus ayudantes falleció enfermo de tétanos. Posteriormente el 30 de mayo llegaron a la misión de Santa Ana y fue recibido por el P. Cesáreo Fernández.
El 1º de junio pasaron por Chivoy, al si-guiente día acamparon en Huachi. Tras na-vegar muchos días subieron el río Bopi o Wopi, franquearon los ‘Tres bancos’ y ‘El Mal paso chico’; los rápidos Santa Rosa, Mal Paso de Ayuna, hasta llegar a Pasto Rico.
El 13 de junio, llegaron a Siguani, des-cansaron por cuatro días y continuaron el viaje, franquearon Chaquites, San José, Santa Rosa Foriati, Evanay y Asunta de Belmonte sobre este recorrido relató: “ahora hemos dejado atrás nosotros las selvas de la hoya Amazonas, y las monta-ñas son menos tupidas de vegetación. El valle aquí es más espacioso y abierto” 10.
El 19 de junio pasaron por el río Quinuni y acamparon en Charobamba, dos días des-pués pasaron el río Tamampaya y la ‘Enca-ñada de Miñique’. Al día siguiente navega-ron el río Suri cerca del río Miquilla desembarcaron e iniciaron su recorrido por tierra hasta el valle de Tamampaya, atra-vesando Irupana, del cual se marcharon el 21 de julio. Luego ascendieron navegando el río Chungamayo, para el 23 de julio deambularon por Caracato. Dos días des-pués llegaron a La Paz, del cual escribió: “El gobierno boliviano se mostró sobre-manera satisfecho de mi empresa” 11.
Es de esta manera, que a través de esta nota, describimos la destacada labor de Edwin R. Heath, sus trabajos describen la expansión de las barracas gomeras, que fueron importantes poblaciones fluviales y la navegabilidad del río Beni. Además, es necesario mencionar, que como un home-naje a las exploraciones realizadas por este explorador norteamericano, el Cnel. José Manuel Pando bautizó como Edwin R. Heath a un río que se halla en el norte de Bolivia, que fluye en el río Amaru Mayo o Madre de Dios.
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martes, 17 de septiembre de 2013
La última sopa del Che
Julia Cortez entró en la escuelita porque quería ver al "monstruo”. Los milicos y la CIA llevaban tanto tiempo tratando de dar con él… Y ahora estaba allí, detenido, en La Higuera, encerrado en su diminuta escuela. A esa aldea boliviana de poco más de 50 almas, perdida en la montaña, ella había llegado hacía no muchos meses para ser la maestra.
"Tenía 19 años”, cuenta lento esta mujer de 65 años. "Yo ni siquiera sabía cómo se llamaba el preso. Lo que nos habían dicho desde meses atrás es que era un cubano comunista que venía a Bolivia a imponer sus ideales y a hacernos daño. Que era el jefe de unos guerrilleros que asaltaban y violaban. Que llevaba una coraza y un casco y que era imposible que muera”. No pudo resistir la tentación de ver al villano, al animal enjaulado, a ese tipo que más tarde supo que se llamaba Ernesto Guevara.
"El Che estaba sentado en una silla al lado izquierdo de la pieza, detrás de la puerta, a oscuras. Le alumbraba una vela”, relata esta docente jubilada, acomodada en el sofá de su casa en Vallegrande, 45 años después. "Llevaba una manta sobre las piernas y con eso tapaba la herida de bala que tenía del combate en la Quebrada. Estaba pálido, deteriorado, sin higiene, aunque trataba de demostrar firmeza”.
El guerrillero acababa de ser capturado. La maestra entró porque el centinela que vigilaba le había dado permiso para ojear. Eso hizo. "Esperaba otra cosa, ese hombre no daba miedo”, cuenta que pensó. Entonces Guevara levantó el rostro para mirar a la persona que había venido a observarlo: "Se saluda”, dijo él. Ella no supo qué hacer y se marchó corriendo.
La campaña
Era un 9 de octubre de 1967 y la cacería que habían llevado a cabo durante los últimos 11 meses el Ejército boliviano y la inteligencia estadounidense se cerraba en brindis. Del comando de 52 guerrilleros con el que había contado el Che en este país para tratar de derrocar la dictadura de René Barrientos y avivar la mecha que hiciera triunfar la revolución de Latinoamérica -la que él mismo había prendido en Cuba-, ya no quedaba nadie.
Todos habían muerto en combate, o fusilados, pocos pudieron huir y alguno había desertado. Liquidada la parte del grupo que había tratado de abrirse camino por Río Grande, el último halo de resistencia liderado por Guevara se extinguía un mes después en un valle llamado la Quebrada del Churo, a las faldas del monte espeso donde se ubica La Higuera. Allí, a la escuelita de esta aldea, trasladaron al líder comunista herido.
El silencio del insignificante habitáculo aún hoy impone. Sus paredes, su piso y su techo están renovados. Conserva su emplazamiento, sus ínfimas dimensiones y algunas de las sillas y pupitres de madera carcomida donde permaneció sentado el comandante durante el arresto. La cabaña entonces tenía el suelo de tierra. El que volvió a pisar Julia cuando horas más tarde de su primer encontronazo con el mito fue avisada por los militares de que el prisionero pedía verla.
"No sé por qué quiso verme a mí, pero pasó eso. Yo ni quería”, prosigue esta anciana de ojos negros, recuerdos intactos y tono severo.
- ¿Qué le dijo?
- Que si era la maestra y que si había escrito yo en la pizarra "angulos” sin acento, que eso era una falta de ortografía.
- Tenía carácter.
- Sí, ya lo creo que tenía. Pero era algo más.
- ¿Qué más?
- No sé bien cómo hacerlo entender. Mire, yo lo que tenía ante mis ojos era un hombre pálido, sucio, sentado y herido -afloja la aspereza de su rostro Julia-, pero no entiendo por qué no podía verlo así. Era raro. Con todo eso, era fuerte, firme, atractivo. Empezó a hablarme...
- ¿De qué?
- Fueron unos diez minutos. Me empezó a contar que él y sus guerrilleros habían venido a Bolivia a luchar por los débiles. Que había llegado el momento de que los pobres vencieran a los ricos. Que nosotros teníamos que luchar... Me hablaba de sus ideales.
- ¿Y qué pensó usted cuando escuchó todo eso?
- Verá, era inteligente, respetuoso, hablaba bien. Decía cosas con mucho sentido. Lo cierto es que me quedaba parada mirándolo. No sé. Por lo que decía y cómo lo decía más que por su aspecto. Pero también por su aspecto. Yo siempre digo que era hermoso, bello. No era un monstruo. Pensé que tenía razón en lo que hablaba.
A Julia le desapareció el miedo. Horas más tarde sintió el impulso de preparar una sopa para llevársela al recluso. "El guardia me dio permiso para entrar de nuevo”.
- ¿De qué era la sopa?
- De maní.
- ¿Le gustó?
- No lo sé, pero me dio las gracias.
- ¿Le habló de algo más?
- Sí, ahí fue cuando le hice la promesa. Se lo había prometido.
- ¿Prometer? ¿Qué le prometió?
- Estuvo hablándome otro ratito de su causa y yo le escuchaba. Estaba cómoda hablando con él. Yo lo miraba todo el rato.
- ¿Pero cuál fue la promesa?
- Él me pidió que si podía enterarme, preguntando con disimulo a los militares, qué iba a pasar con él. Le dije que lo iba a hacer. Quedé con él de volver a la escuelita y contárselo. Se lo prometí, ¿sabe?
- ¿Lo hizo? ¿Se lo dijo?
- 20 minutos más tarde o algo así, desde mi casa, escuché disparos -entrecruza Julia los dedos de las manos como haciendo resistencia al recuerdo-. Volví corriendo a la escuelita y la puerta estaba abierta. Entré y él estaba allí, tirado en el suelo. (…) No pude cumplir mi promesa.
- ¿Qué hizo cuando entró usted en esa escuelita y vio a Guevara muerto, doña Julia?
- Para mí no era Guevara, era ese hombre que me había hablado y al que le había hecho una promesa. Me quedé paralizada. No sé por qué. Me había entrado mucho miedo. No podía ir ni quedarme. Estaba sola e inmóvil. Lo miraba. Cuando pude mover las piernas, sin pensar, empecé a andar muy rápido hacia fuera del pueblo.
La ejecución
Ernesto Guevara había sido ejecutado. La rebeldía del combatiente más conocido de todos los tiempos había terminado en el habitáculo donde esta sexagenaria impartía sus clases de joven, ese día suspendidas por causas mayores.
Un miembro de la CIA -supuestamente- dio órdenes de asesinarlo disparándole del cuello hacia abajo, ya que las radios llevaban desde el día anterior diciendo que el Che había muerto en combate. Mario Terán, el suboficial del Ejército boliviano que ofició de verdugo, entró con su fusil M-2 al aula y efectuó las descargas.
Fueron dos ráfagas que le agujerearon primero las piernas y luego el pecho. Más tarde, el suboficial relató aquel momento en una emotiva carta de arrepentimiento (según publicaron algunos medios) en la que cuenta cómo al ingresar en aquella escuelita el condenado se puso de pie, levantó la cabeza y le lanzó una mirada que le hizo "tambalear por un instante”.
"Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre”, le ordenó el reo a su ejecutor. Terán fue quien, con la camisa impregnada "de miedo, sudor y pólvora”, salió de allí tras finalizar su encargo dejando a su espalda "la puerta abierta” que encontró Julia instantes después.
"Trajeron un cuerpo a la lavandería del hospital y me dijeron que lo lavara, que era el Che Guevara. Pero yo no sabía quién era el Che Guevara. Qué iba a saber”. Habla doña Susana Osinaga, una señora de 82 años sentada dentro de una minúscula tienda de abarrotes. Le ha costado desvelar a la primera que ella fue una de las dos enfermeras que lavaron el cadáver del revolucionario.
Doña Susana agarra la foto enmarcada que posee del cuerpo del guerrillero sin vida. La imagen preside su pequeña tienda. No sabía ella cuando le encomendaron aquella tarea a los 35 años que estaba enjuagando al que más tarde convertiría en su santo. El cadáver del Che que aparece en la fotografía, una instantánea replicada en todo el mundo, lo había adecentado ella. La anciana está "orgullosa” de eso. Para inquietud de la versión oficial, insiste en que en el cuerpo del rebelde no había varios, sino un solo agujero de bala.
- ¿Cuándo supo realmente la importancia del fallecido que usted limpiaba?
- Años más tarde, responde esta exenfermera de pelo grisáceo desde la banqueta de su tienda de la que no se levanta, o no puede levantarse. "Aquí ha venido harta gente a estrecharme la mano con la que lo lavé”, afirma y muestra la extremidad de su cuerpo que es parte de la historia.
"Tenía 19 años”, cuenta lento esta mujer de 65 años. "Yo ni siquiera sabía cómo se llamaba el preso. Lo que nos habían dicho desde meses atrás es que era un cubano comunista que venía a Bolivia a imponer sus ideales y a hacernos daño. Que era el jefe de unos guerrilleros que asaltaban y violaban. Que llevaba una coraza y un casco y que era imposible que muera”. No pudo resistir la tentación de ver al villano, al animal enjaulado, a ese tipo que más tarde supo que se llamaba Ernesto Guevara.
"El Che estaba sentado en una silla al lado izquierdo de la pieza, detrás de la puerta, a oscuras. Le alumbraba una vela”, relata esta docente jubilada, acomodada en el sofá de su casa en Vallegrande, 45 años después. "Llevaba una manta sobre las piernas y con eso tapaba la herida de bala que tenía del combate en la Quebrada. Estaba pálido, deteriorado, sin higiene, aunque trataba de demostrar firmeza”.
El guerrillero acababa de ser capturado. La maestra entró porque el centinela que vigilaba le había dado permiso para ojear. Eso hizo. "Esperaba otra cosa, ese hombre no daba miedo”, cuenta que pensó. Entonces Guevara levantó el rostro para mirar a la persona que había venido a observarlo: "Se saluda”, dijo él. Ella no supo qué hacer y se marchó corriendo.
La campaña
Era un 9 de octubre de 1967 y la cacería que habían llevado a cabo durante los últimos 11 meses el Ejército boliviano y la inteligencia estadounidense se cerraba en brindis. Del comando de 52 guerrilleros con el que había contado el Che en este país para tratar de derrocar la dictadura de René Barrientos y avivar la mecha que hiciera triunfar la revolución de Latinoamérica -la que él mismo había prendido en Cuba-, ya no quedaba nadie.
Todos habían muerto en combate, o fusilados, pocos pudieron huir y alguno había desertado. Liquidada la parte del grupo que había tratado de abrirse camino por Río Grande, el último halo de resistencia liderado por Guevara se extinguía un mes después en un valle llamado la Quebrada del Churo, a las faldas del monte espeso donde se ubica La Higuera. Allí, a la escuelita de esta aldea, trasladaron al líder comunista herido.
El silencio del insignificante habitáculo aún hoy impone. Sus paredes, su piso y su techo están renovados. Conserva su emplazamiento, sus ínfimas dimensiones y algunas de las sillas y pupitres de madera carcomida donde permaneció sentado el comandante durante el arresto. La cabaña entonces tenía el suelo de tierra. El que volvió a pisar Julia cuando horas más tarde de su primer encontronazo con el mito fue avisada por los militares de que el prisionero pedía verla.
"No sé por qué quiso verme a mí, pero pasó eso. Yo ni quería”, prosigue esta anciana de ojos negros, recuerdos intactos y tono severo.
- ¿Qué le dijo?
- Que si era la maestra y que si había escrito yo en la pizarra "angulos” sin acento, que eso era una falta de ortografía.
- Tenía carácter.
- Sí, ya lo creo que tenía. Pero era algo más.
- ¿Qué más?
- No sé bien cómo hacerlo entender. Mire, yo lo que tenía ante mis ojos era un hombre pálido, sucio, sentado y herido -afloja la aspereza de su rostro Julia-, pero no entiendo por qué no podía verlo así. Era raro. Con todo eso, era fuerte, firme, atractivo. Empezó a hablarme...
- ¿De qué?
- Fueron unos diez minutos. Me empezó a contar que él y sus guerrilleros habían venido a Bolivia a luchar por los débiles. Que había llegado el momento de que los pobres vencieran a los ricos. Que nosotros teníamos que luchar... Me hablaba de sus ideales.
- ¿Y qué pensó usted cuando escuchó todo eso?
- Verá, era inteligente, respetuoso, hablaba bien. Decía cosas con mucho sentido. Lo cierto es que me quedaba parada mirándolo. No sé. Por lo que decía y cómo lo decía más que por su aspecto. Pero también por su aspecto. Yo siempre digo que era hermoso, bello. No era un monstruo. Pensé que tenía razón en lo que hablaba.
A Julia le desapareció el miedo. Horas más tarde sintió el impulso de preparar una sopa para llevársela al recluso. "El guardia me dio permiso para entrar de nuevo”.
- ¿De qué era la sopa?
- De maní.
- ¿Le gustó?
- No lo sé, pero me dio las gracias.
- ¿Le habló de algo más?
- Sí, ahí fue cuando le hice la promesa. Se lo había prometido.
- ¿Prometer? ¿Qué le prometió?
- Estuvo hablándome otro ratito de su causa y yo le escuchaba. Estaba cómoda hablando con él. Yo lo miraba todo el rato.
- ¿Pero cuál fue la promesa?
- Él me pidió que si podía enterarme, preguntando con disimulo a los militares, qué iba a pasar con él. Le dije que lo iba a hacer. Quedé con él de volver a la escuelita y contárselo. Se lo prometí, ¿sabe?
- ¿Lo hizo? ¿Se lo dijo?
- 20 minutos más tarde o algo así, desde mi casa, escuché disparos -entrecruza Julia los dedos de las manos como haciendo resistencia al recuerdo-. Volví corriendo a la escuelita y la puerta estaba abierta. Entré y él estaba allí, tirado en el suelo. (…) No pude cumplir mi promesa.
- ¿Qué hizo cuando entró usted en esa escuelita y vio a Guevara muerto, doña Julia?
- Para mí no era Guevara, era ese hombre que me había hablado y al que le había hecho una promesa. Me quedé paralizada. No sé por qué. Me había entrado mucho miedo. No podía ir ni quedarme. Estaba sola e inmóvil. Lo miraba. Cuando pude mover las piernas, sin pensar, empecé a andar muy rápido hacia fuera del pueblo.
La ejecución
Ernesto Guevara había sido ejecutado. La rebeldía del combatiente más conocido de todos los tiempos había terminado en el habitáculo donde esta sexagenaria impartía sus clases de joven, ese día suspendidas por causas mayores.
Un miembro de la CIA -supuestamente- dio órdenes de asesinarlo disparándole del cuello hacia abajo, ya que las radios llevaban desde el día anterior diciendo que el Che había muerto en combate. Mario Terán, el suboficial del Ejército boliviano que ofició de verdugo, entró con su fusil M-2 al aula y efectuó las descargas.
Fueron dos ráfagas que le agujerearon primero las piernas y luego el pecho. Más tarde, el suboficial relató aquel momento en una emotiva carta de arrepentimiento (según publicaron algunos medios) en la que cuenta cómo al ingresar en aquella escuelita el condenado se puso de pie, levantó la cabeza y le lanzó una mirada que le hizo "tambalear por un instante”.
"Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre”, le ordenó el reo a su ejecutor. Terán fue quien, con la camisa impregnada "de miedo, sudor y pólvora”, salió de allí tras finalizar su encargo dejando a su espalda "la puerta abierta” que encontró Julia instantes después.
"Trajeron un cuerpo a la lavandería del hospital y me dijeron que lo lavara, que era el Che Guevara. Pero yo no sabía quién era el Che Guevara. Qué iba a saber”. Habla doña Susana Osinaga, una señora de 82 años sentada dentro de una minúscula tienda de abarrotes. Le ha costado desvelar a la primera que ella fue una de las dos enfermeras que lavaron el cadáver del revolucionario.
Doña Susana agarra la foto enmarcada que posee del cuerpo del guerrillero sin vida. La imagen preside su pequeña tienda. No sabía ella cuando le encomendaron aquella tarea a los 35 años que estaba enjuagando al que más tarde convertiría en su santo. El cadáver del Che que aparece en la fotografía, una instantánea replicada en todo el mundo, lo había adecentado ella. La anciana está "orgullosa” de eso. Para inquietud de la versión oficial, insiste en que en el cuerpo del rebelde no había varios, sino un solo agujero de bala.
- ¿Cuándo supo realmente la importancia del fallecido que usted limpiaba?
- Años más tarde, responde esta exenfermera de pelo grisáceo desde la banqueta de su tienda de la que no se levanta, o no puede levantarse. "Aquí ha venido harta gente a estrecharme la mano con la que lo lavé”, afirma y muestra la extremidad de su cuerpo que es parte de la historia.
lunes, 16 de septiembre de 2013
El nefasto gobierno de Melgarejo
Durante la presidencia de Mariano Melgarejo (1864-1871), Chile manejó hábilmente su diplomacia. Benjamín Vicuña Makena acudió a otras relaciones influyentes, como la hermandad masónica, a la que estaban subordinados los más altos colaboradores de Melgarejo, incluido su cogobernante y canciller, Mariano Donato Muñoz, y el prefecto del departamento, Juan Ramón Muñoz Cabrera, quien se encontraba precisamente en el puerto de Cobija.
Inexplicablemente, el 30 enero de 1866, Muñoz (aliado interno de Chile), con la firma de Melgarejo, determinó que Bolivia se sumase al Pacto Defensivo del Pacífico, suscrito entre Perú y Chile, después de que la Armada española desembarcara en las islas peruanas Chinchas, en el intento de reivindicar parte del territorio que había constituido su antiguo imperio colonial en América.
Chile, usando sus influencias, logró que la Ley de 1863, por la que el Congreso boliviano autorizaba al Ejecutivo la declaratoria de guerra en su contra sea abrogada, lo que abrió el camino para reanudar las relaciones con Chile en los siguientes términos: “El Gobierno de Bolivia queda apto para enviar y recibir ministros plenipotenciarios que pongan en relación a ambas repúblicas”.
Preparada la tramoya diplomática, el 18 marzo de 1866 llegó a Bolivia Aniceto Vergara Albano como ministro plenipotenciario de Chile. Traía dos misiones en concreto: una, para formalizar el trabajo defensivo en contra de España, y, la otra, para tramitar un acuerdo de cesión de territorio en el Litoral. Con estas gestiones se inició una invasión silenciosa a la costa boliviana, tras la emisión del decreto de tono americanista que disponía que “las fronteras de Bolivia eran sólo líneas matemáticas” y que “los naturales de las repúblicas sudamericanas que ingresen a Bolivia gozan de los mismos derechos que los bolivianos, excepto únicamente para desempeñar la presidencia de los altos poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial”.
Así, los acólitos bolivianos de los intereses oligárquicos chilenos, con estas maniobras que parecían inofensivas, inocuas, propias de un quijotismo absurdo, lograron la firma del Tratado de Alianza del 19 de marzo de 1866, con el que se introdujo el “caballo de troya” a nuestro territorio para ejecutar el plan más depredatorio que haya sufrido Bolivia, que consistía en arrebatarle a corto plazo sus territorios costeros de Atacama.
Tanto Vergara Albano como Carlos Walker Martínez (secretario del plenipotenciario chileno) se presentaron porfiadamente ante el presidente Melgarejo a ejecutar todos los actos de servilismo y abyección inimaginables para conquistar la buena voluntad del mandatario, explotando su vanidad con alabanzas, mediante artículos halagüeños y laudatorios que se publicaban en la prensa chilena, que eran transcritos en los periódicos nacionales, en los que se le comparaba incluso con el Libertador Simón Bolívar, Washington y Napoleón.
Asimismo, fomentaron sus vicios, le obsequiaron licores importados de la más fina calidad, y comprometieron su gratitud con joyas para su uso y la de su amante. Por último, concedieron a su arrogancia títulos, condecoraciones y el grado de General de División del Ejército chileno, hasta que convirtieron al rígido tirano en fiel y discrecional compañero y cómplice.
El 3 de junio de 1866, cuando ya el ánimo de Melgarejo estaba preparado, Muñoz le presentó el infame documento mediante el cual se cedía parte del territorio patrio a manos extranjeras. En 41 años de vida republicana, ningún boliviano se había permitido poner en duda los derechos de Bolivia sobre sus territorios de la costa del Pacífico; sin embargo, Muñoz se permitió desconocer los derechos y títulos incuestionables de nuestra patria, y comprometió la soberanía del Litoral reservado al país, para comunicarse con el mundo.
El canciller Muñoz preparó las bases del infame contrato y lo entregó a Melgarejo. Este documento fue aprobado sin leerlo, pues su limitación intelectual permanente no le permitía discernir si sus cláusulas eran justas o lesivas para el país. Cuando sus demás ministros le hicieron notar que se trataba de ceder a Chile un extenso territorio, pidió que se le explicara dónde quedaba aquél, y en base a un pequeño mapa le enseñaron la zona que debía transferirse. Melgarejo midió en el mapa con el pulgar de su mano derecha y dijo: “Pero si apenas mide una pulgada, ¡no merece la pena de pleitear por tan poca cosa!”. Y dio por aprobada la flagrante traición.
La pulgada a la que se refería abarcaba nada menos que 1.200 leguas cuadradas (30.000 km2), desde el grado 25º31’36” hasta el 24º. Y lo inconcebible, este documento fue remitido al argentino Juan Ramón Cabrera, nombrado embajador y ministro plenipotenciario ante el gobierno de La Moneda. Este personaje extranjero se permitió agregar una cláusula más en el acuerdo: la liberación de impuestos a la internación de productos naturales de Chile, gravamen que pesó funestamente en la economía de Bolivia. Este abominable tratado fue firmado el 10 de agosto de 1866, día fatal para la patria.
Estos funestos eventos han tratado de ser minimizados o desconocidos por intelectuales afiliados a las logias que ayer y hoy asumen una posición guardiana de los intereses oligárquicos chilenos, lo que hace patente que la mentira necesita siempre complicidad.
Aquel septiembre de octubre de 2003, más allá del gas por Chile
Pasaron diez años del inicio de los conflictos de la ‘guerra del gas’ (septiembre de 2003) que desencadenó en un levantamiento que no sólo “tumbó” al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, sino también socavó los cimientos del sistema político de entonces. Los hechos sucedieron por la reacción de las organizaciones sociales y la ciudadanía ante síntomas de una enfermedad y no por el mal mismo. Así, el cansancio popular en La Paz se tradujo en “bronca”, en rechazo a medidas estatales muy específicas (como el registro impositivo Maya Paya para El Alto o el anuncio de venta del gas a través de Chile), que eran el signo del modelo del Estado que, en el fondo, fue lo que estaba en cuestión.
En esto coinciden los actores principales de las jornadas de septiembre y octubre de 2003; es decir, el rechazo circunstancial se sustentaba en determinadas medidas que fueron sintomáticas y que muchas venían de tiempos anteriores al gobierno de Sánchez de Lozada.
Así, el registro impositivo de formularios Maya Paya, propuesto por el entonces alcalde de El Alto José Luis Paredes (en contra del cual empezó la marcha desde Caracollo el 2 de septiembre y el posterior paro cívico), el Código Tributario de agosto de ese año, la Ley de Seguridad Ciudadana y la exportación del gas por Chile fueron los detonantes de un conflicto que en el fondo cuestionó el modelo del Estado.
Felipe Quispe, conocido como el Mallku, fue uno de los líderes de las jornadas de octubre. Ahora dice que la mayoría de las medidas con las que comenzaron las movilizaciones venían de “antes de Goni”. Menciona algunos de esos motivos circunstanciales: “Nos debía 72 puntos, más el compañero detenido (Edwin Huampo, dirigente de Batallas, había sido encarcelado en el penal de San Pedro por participar en un ajusticiamiento que terminó con la vida de supuestos ladrones de ganado en un linchamiento), los tractores que se debían desde Hugo Banzer, la anulación de la Ley INRA, también de la 1008, las cuales siguen vigentes”.
Además, cita el Decreto Supremo 21060, la madre del modelo económico, al que complementaban todas las demás normas circunstanciales que motivaron las protestas. Waldo Albarracín, en aquel tiempo presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, señala que el fondo de los conflictos estaba relacionado directamente al 21060, “que no sólo era un modelo económico, sino un modelo de Estado que incluso estaba por encima de la propia Constitución Política del Estado vigente”.
Si bien hubo varios “coadyuvantes de los conflictos”, existió un “desenlace histórico” en octubre; es decir, una suerte de “gota que rebalsó el vaso”, pues la democracia participativa distanciaba al Estado de la sociedad civil, analiza.
De 1982 en adelante, ningún gobierno logró “democratizar la democracia”; las decisiones seguían siendo de minorías y para sus intereses. Adicionalmente, “más allá del partido que estuviese en el poder”, estaban los elevados “niveles de corrupción” y la clase política no se comprometía con el desarrollo nacional excluyendo a la sociedad, dice Albarracín.
El 21060 fue el “instrumento político que definió esa manera de administrar el Estado para manipular las cifras en desmedro del ser humano”. “Octubre de 2003 se inscribe en ese contexto, con un pueblo cansado que ya se había expresado en febrero de ese año (el ‘impuestazo’) y la ‘guerra del agua’ (Cochabamba, 2000)”. Todo eso contribuyó a que más allá de los hechos circunstanciales, un “cansancio histórico” se active en el rechazo, dice el que fuera luego Defensor del Pueblo.
Abel Mamani, entonces presidente del Distrito 3 de El Alto (zona que jugó un rol capital en el levantamiento), apunta algo similar a lo que rememoran Quispe y Albarracín, aunque con otro apelativo: “El origen fueron las políticas de la mal llamada capitalización, desde el 21060, que en realidad consistieron en regalar las empresas estratégicas del Estado”.
El modelo de la capitalización “asfixió año tras año a la gente, pues las empresas veían a los servicios básicos como un negocio”. Eso hizo que la gente “concentre bronca que se va desfogando en hechos concretos contra medidas específicas como el primer bloqueo y cerco a La Paz liderados por el Mallku o la ‘guerra del agua’, o el impuesto a los salarios de Goni (febrero de 2003)”.
Sin embargo, en criterio, la “bronca” no termina sino en 2005. En ese lapso se presionó al presidente Carlos Mesa para que cumpla la Agenda de Octubre, llamada así por la conjunción de demandas de la crisis de 2003. “Para mí, el desafío era mostrarle a Bolivia que yo había sido capaz de escuchar octubre y escuchar también lo que se había producido en tiempo previo, sobre todo desde el oriente”, decía Mesa en una entrevista con Animal Político en octubre de 2012.
Filemón Escóbar, en 2003 senador del Movimiento Al Socialismo (MAS), tiene una conclusión parecida a la de Mamani, aunque le suma una especificidad: “Lo que originó todo fue el 21060 y la relocalización del proletariado minero”.
El 21060 ofrecía una indemnización a los mineros de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), muy por encima de los años trabajados. La mayoría se acogió a la oferta gubernamental, pero se quedó en el desempleo.
Escóbar hace una conexión lógica en su tesis, en sentido de que “el 40% de la ciudad de El Alto es de mineros relocalizados” (por ejemplo todo Senkata). Alude así al papel central que jugaron los habitantes de esa urbe en las jornadas de octubre.
Escóbar y Quispe quieren restar el protagonismo en el levantamiento a Evo Morales, quien estaba de viaje esa vez por Libia, Ginebra y Venezuela. “Sólo llegó seis días antes de que termine todo”, recuerda el exlegislador del MAS.
El actual asambleísta departamental de El Alto Roberto de la Cruz, que en 2003 lideró la marcha de Caracollo en representación de la Central Obrera Regional (COR) de El Alto, coincide también con las consideraciones precedentes, aunque en otros términos. Afirma que la causa fue “un cabreo generalizado contra el imperialismo”. Su declaración coincide con las otras fuentes si se considera que el 21060 fue una medida fondomonetarista impuesta desde el imperio, al igual que la política de capitalización.
“Goni sólo era el administrador de ese poder imperial del neoliberalismo, un simple funcionario”, juzga. “Lo que colmó el vaso” fue querer vender el gas por Chile. “Bolivia es antiimperialista, por lo que ha sido fácil unir las fuerzas populares para hacer frente a su gobierno”.
Recuerda que el primer objetivo era evitar la salida del gas, pero como se quiso “pacificar El Alto a balazos, entonces el pedido fue la renuncia del presidente, hasta que se logró”. Como describen estas voces, el sistema político decantó años antes del levantamiento y tuvo su mayor convulsión entre septiembre y octubre de 2003, cuando los ánimos se exaltaron. Como la clase política de entonces no supo leer que debían dar un paso atrás en el modo de gestión del Estado, terminó por desmoronarse.
Huelga. Quispe, Mamani y De la Cruz relatan cómo a partir de una huelga de hambre se pasó a una marcha y luego a la resistencia que terminó por tumbar a Sánchez de Lozada.Primero fue la marcha de Caracollo a La Paz, iniciada el 2 de septiembre contra la medida de los formularios Maya Paya, el anuncio de la venta del gas y el encarcelamiento de Huampo.
“Iniciamos la marcha junto con Roberto de la Cruz, los militantes del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), los estudiantes de la UPEA (Universidad Pública de El Alto) y los compañeros de las 20 provincias”, recuerda Quispe. De la Cruz dice que hizo alianzas con la UPEA, los beneméritos y el Movimiento Sin Tierra (MST). Así empezó la marcha. Luego otra salió de Huarina y Laja.
Todo el movimiento convergió en la plaza de San Francisco de La Paz. “Ahí declaramos una huelga de hambre en masa. Subimos unos 2.000 al El Alto, con mujeres y niños. Tomamos la radio San Gabriel y allá nos declaramos en huelga de hambre”.
El dirigente campesino Rufo Calle también estaba en ayuno. Mamani cuenta que aquél se comunicó con él, pues era el dirigente cívico vecinal del Distrito 3, y la radio San Gabriel se encuentra en el barrio de Villa Adela, perteneciente a esa jurisdicción. “Nos reunimos cerca del mercado Pacajes Kaluyo y me pidió que la zona dé protección a la huelga contra una posible intervención”.
El 9 de septiembre dos ministros fueron al piquete. “Los secuestramos (a los ministros de Agricultura, Guido Áñez, y de Participación Popular, Mirtha Quevedo). Por miedo firmaron la liberación del compañero Huampo y cumplir los 72 puntos, pero no pasó nada y seguimos en huelga hasta el 20, cuando recibimos el reporte de Warisata”, cuenta Quispe.
Supuestamente habían secuestrado a tres bloqueadores de esa localidad y fueron llevados a Sorata. “Nos informaron que Sánchez Berzaín, ministro de Defensa, estaba por la zona, entonces pensamos que podía salir por el mismo camino, no sabíamos que estaba en helicóptero”.
Sus compañeros lo llamaron para preguntar qué hacer. “Saquen armas, mucho mejor sería matarle a ese criminal”, rememora el Mallku. Una columna se parapetó en una curva de Alto Warisata, para emboscar al ministro. Ése fue el inicio. “Luego, Warisata fue tomada con muertos y también Sorata, todo hasta el 20 de septiembre”.
Los dirigentes se quedaron en la huelga en la radio, coordinaron desde ahí las movilizaciones para la agitación. “Gracias a ese trabajo político la población se fue sumando. Si nos quedábamos sin comandar, no habría pasado nada, como tampoco habría sido igual sin la instalación de la huelga. Fue como la madre de todas las demás movilizaciones”, narra.
Quispe dice que la debilidad de la clase política de entonces fue su desconocimiento de la psicología del aymara: “El aymara es sentimental; cuando el aymara ve la sangre, se enfurece, se rebela. Así, los políticos hijos de Pizarro, como Goni o Jaime Paz Zamora querían definir todo con las armas, pensando que el pueblo se va a callar. No. Eso conocemos”.
La huelga duró entre el 8 de septiembre y el 17 de octubre, día en que Sánchez de Lozada huyó a Estados Unidos y Mesa juró en su lugar. Fue consecuencia histórica de aquel septiembre de octubre de 2003, la crisis que entre ese año y los sucesivos se perdieron 73 vidas, la mayoría alteños y paceños.
‘No pensábamos que se tumbaría a Goni’: Felipe Quispe, otrora dirigente indígena
Alzamos palos, chicotes, con todo, hasta hacerles escupir a los gobernantes de turno, pero, pues, tampoco pensábamos que íbamos a tumbar al Gonzalo Sánchez de Lozada, sino que nuestra lucha era radical con bloqueos y marchas. Hasta que las balas de Warisata perforaron los corazones de piedra de los compañeros que viven en El Alto de La Paz, que se sumaron a la lucha.
‘Hubo un cabreo generalizado’: Roberto de la Cruz, asambleísta de La Paz
Hubo un cabreo generalizado contra el imperialismo que imponía el neoliberalismo. Lo específico era que se quería vender el gas cuando nuestros compañeros estaban ahí cocinando con bosta, con leña. Por eso pedí que la COR se manifieste e hice una alianza solo con sectores para partir en una marcha desde Caracollo; llamé a Evo y al Mallku; Felipe vino y el Evo no, porque ya estaba Quispe.
‘Objetó el modo de administrar el Estado’: Waldo Albarracín, expresidente de la Asamblea de Derechos Humanos
El modo de administrar el Estado, bajo el modelo no sólo económico sino político del Decreto Supremo 21060, es lo que en el fondo se cuestionó en octubre de 2003. Si bien hubo circunstancias específicas en las movilizaciones, esos hechos concretos sólo fueron como la gota que rebalsó el vaso del distanciamiento entre el Estado y la sociedad civil.
‘El origen fue la mal llamada capitalización’: Abel Mamani, exdirigente vecinal de El Alto
El origen del levantamiento fue la mal llamada capitalización, el regalo de nuestras empresas estratégicas de servicios públicos y materias primas. Eso asfixió a la población y se fue concentrando una bronca que salió en hechos concretos como los formularios Maya Paya, la venta del gas o mucho antes, en febrero, el impuesto a los salarios que terminó en saqueos.
‘La causa se encuentra en la relocalización’: Filemón Escóbar, exdirigente minero y exsenador del MAS
Primero está el origen del 21060, el cerco de Calamarca, tan nefasto para el proletariado porque lo liquidó. La relocalización, con una indemnización que dejó a los mineros en el desempleo, privando a los trabajadores de salud y educación. Así, si uno ve, el 40% de la ciudad de El Alto son barrios de mineros relocalizados que fueron clave. Evo no participó en nada.
Del Libro “TARIJA, Bosquejo Histórico” de Tomás O’Connor d’Arlach Capitulo I
El día 22 de Enero de 1574, el virrey del Perú don Francisco de Toledo, firmaba en la ciudad de Chuquisaca, una provisión por la cual el capitán don Luis de Fuentes, distinguido caballero español, quedaba encargado de fundar en el valle de Tarija, extremo sur del virreinato del Perú, una villa con el nombre de San Bernardo de la Frontera, y dicho Fuentes era nombrado Capitán y Justicia Mayor así de la nueva villa como de toda su jurisdicción, que debía extenderse cincuenta leguas españolas, veinte por el lado de los Chichas y treinta por el de la región de los Chiriguanos(1).
Luis de Fuentes nació en la ciudad de Sevilla (España) y era hijo legítimo de don Pedro de Fuentes, natural de la Rioja y de Ana Vargas, de la misma ciudad de Sevilla. Después de haber fundado la villa de San Bernardo de Tarija y haber permanecido varios años en ella, se retiró en su vejez a Chuquisaca, en donde murió en el año de 1598.
Don Francisco de Toledo, que otorgó la provisión para que Luis de Fuentes fundara la villa de San Bernardo de Tarija, fue el quinto de los virreyes del Perú. Nació en la villa de Oropeza, diócesis de Toledo y era de familia noble y primo del gran duque de Alba, gobernador de los Países Bajos. A fines de 1568, el rey Felipe II le nombró virrey de Perú, cargo que ejerció desde 1569 hasta 1581, habiendo luego regresado a España, donde murió el 26 de Septiembre de 1584.
Si bien cometió la iniquidad de hacer matar al inca Tupac Amaru, desterrar a sus hijos y deudos y haber extinguido cruelmente la familia imperial de Manco Kapaj, lo que le mereció una fuerte reconvención del rey Felipe, fue por lo demás, un gobernante activo y laborioso. Bajo su administración en el Perú, se erigió el obispado de Tucumán, se trasladó la casa de la Moneda de Lima a Potosí, se fundaron, entre otras poblaciones, la villa de Oropeza en el valle de Cochabamba y la villa de San Bernardo en el valle de Tarija.
Una vez munido Luis de Fuentes de la cédula en que el virrey le encomendaba la fundación de la citada villa y de sus títulos de Capitán y Justicia Mayor de ella, logró reunir en las ciudades de Potosí y Chuquisaca, cuarenta y cinco españoles y un buen número de indios quechuas y nombró capellán al vicario del convento de Santo Domingo de Chuquisaca, quien había cooperado decididamente a la empresa de la fundación de la nueva villa, y que era el sacerdote español Padre Francisco Sedeño, el mismo que más tarde fue el fundador del templo y convento de Santo Domingo en Tarija.
Organizada así la expedición, y después de haberse despedido personalmente del virrey y miembros de la Real Audiencia de La Plata, emprendió su marcha con rumbo al Sud.
“Vencida, dice el Padre Corrado(2) la formidable sierra que amuralla por la parte del Poniente la llanura de Tarija (3) hizo alto la expedición a la falda de la Calama, en un paraje habitado por los pacíficos Tomatas, quienes recibieron a los nuevos huéspedes con mucha alegría, como a sus futuros defensores contra la ferocidad chiriguana.
“Mientras una tranquila y exacta exploración topográfica enseñase el lugar más adecuado a la formación de la proyectada villa, mandó Luis de Fuentes erigir allí un pequeño oratorio en donde los nuevos pobladores pudieran cumplir sus deberes religiosos, e hizo restaurar unas paredes viejas que allí se encontraron y que podrían servirles interinamente como de fuerte para defenderse de cualquier atentado de los salvajes.
“La estación de la colonia española en aquel sitio no fue larga. Tres leguas más al Sur, sobre la ribera izquierda del Nuevo Guadalquivir, al pie de una pequeña loma, extendíase una espaciosa y llana meseta. Parecióle a Luis de Fuentes la parte más cómoda del valle; mandó desembarazarla de la arboleda y maleza que la cubrían, y con las formalidades acostumbradas, tiró las primeras líneas de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa. Era el 4 de Julio de 1574, reinando en España el señor don Felipe II, y ocupando la Silla Apostólica el Sumo Pontífice Gregorio XIII. Seis días después se señaló en la plaza el sitio para la construcción de la Iglesia mayor, la cual quiso que se dedicase a la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora”.
Además de Luis de Fuentes y el Padre Francisco Sedeño, los principales españoles fundadores de la ciudad de Tarija, fueron: Francisco Chávez, Juan Durán, Alonso de Baeza, Pedro Fernández, Gonzalo Martín Hachero, Juan Rodríguez, Antonio Esquete, Diego Recio, Diego González, Alonso García, Juan de Valladolid, Juan García, Francisco Bravo, Domingo Hernández, José Guerrero, Juan Masías, Juan Redondo, Álvaro Ortiz, Vicente Añez, Juan de Obregón, Juan Pizarro, Juan de La Puente, Pedro Quijada, Hernán López, Francisco de Solíz, Pedro Suárez, Álvaro Sánchez. Pedro Fernández de Alava, Gerónimo Ortega, Juan Pedrero, Gaspar de la Rúa, Juan Cortés, Rodrigo Quiroga, Alonso de Ávila, Francisco Fernández Maldonado, Jaime de Luca, Antonio Domínguez, Gutierre Velasquez, Hernán González, Blas González Cermeño, Francisco Ortiz, Juan de la Vega y Diego de Palacios.
Pocos días después de la fundación de la villa, quedó organizado su Cabildo o Municipalidad, cuyos miembros fueron elegidos por el virrey, y no por el voto del pueblo, como debe ser y fue posteriormente, por la sencilla razón de que en aquel primer año de la fundación de la villa, no había elemento suficiente para hacer una elección popular.
Este Ayuntamiento, el primero que tuvo la villa de San Bernardo de Tarija, se componía de los alcaldes Antonio Domínguez y Gutierre Velásquez; de los regidores Jaime de Luca, Blas Gonzáles Cermeño, Francisco Ortiz y Hernán Gonzáles. Diego de Palacios fue nombrado procurador, Juan de la Vega mayordomo y Francisco Fernández de Maldonado escribano, habiendo el hidalgo don Alonso de Ávila obtenido el cargo de tesorero de la real hacienda(4).
Al principio el Ayuntamiento sesionaba en la casa de Luis de Fuentes, que se edificó en la plaza que es la que hoy lleva su nombre, y que estaba situada en la acera del Poniente, hasta que se acabó de edificar el edificio llamado Cabildo, en el cual, a más de la gran sala capitular, había otra destinada al archivo, otra para el depósito de las armas y dos que servían de cárcel.
Las primeras habitaciones de los españoles se construyeron cerca de la colina llamada de San Juan, donde pocos años más tarde, hacia el de 1578, se edificó la ermita consagrada, a San Juan Evangelista. Luis de Fuentes, en recuerdo del río que baña a Sevilla, su país, puso al hermoso río que pasa por la ciudad de Tarija, el nombre de Nuevo Guadalquivir.
En una carta que el primer Cabildo dirigió a la Real Audiencia de La Plata, tres meses después de la fundación de Tarija, el 29 de Octubre de 1574, le decía: “poblamos a cuatro de Julio en un sitio bueno y llano cerca del río principal; por medio del pueblo va una acequia de ocho pies de ancho y por la parte de arriba va otra del mismo ancho. La tierra, a lo que hasta agora ha mostrado, es fértil, y creese se darán en ella viñas y olivares y otras cualesquiera plantas. Es muy ancho el valle, que por partes tiene más de seis leguas y de largo habremos recorrido hasta diez leguas. Tiene muchos ríos y arroyos de muy estimadas aguas que riegan la mayor parte del valle. Es mucha tierra que hay aquí para poblar una insigne ciudad. Hay en los ríos mucho pescado de diferentes géneros, y en el valle mucha caza así de volatería como de montería; porque hay venados y urinas, y en lo alto, vicuñas y guanacos; hay palomas, perdices, patos, garzas, bandurrias y otros géneros de aves. Hay también mucho ganado vacuno cimarrón y puercos, y el ganado vacuno es en tan gran cantidad, que en esta provincia no se halla otra dificultad sino en haberlo, por el daño que hace en las sementeras y que los toros hacen en ellas por ser muchos, y en los indios y los españoles, por ser muy bravos”(5).
Esta gran cantidad de ganado montaraz que Luis de Fuentes y sus compañeros encontraron en Tarija, es una prueba de que algunos años antes que ellos, ya otros españoles habían estado en el fértil valle, que era conocido con su mismo nombre, mucho antes de la fundación de la villa de San Bernardo de Tarija, como veremos más adelante.
La ciudad de Tarija, que se levanta en la última ramificación de la cordillera oriental de los Andes, está a 1,957 metros de elevación sobre el nivel del mar. Su latitud Sur es de grados 21:—32” —11” 3, y su longitud Oeste del meridiano de París, 67, 5—25” 5, y 5 décimos de segundo.
El Reverendo Padre Corrado, a quien los tarijeños debemos imperecedera gratitud, porque salvó del olvido los principales hechos de nuestra Historia, compulsó con tanta paciencia como erudición los documentos que yacían cubiertos de polvo en nuestros archivos y fue el primero que escribió la historia de los primitivos tiempos de la ciudad de San Bernardo de Tarija, dice en su libro:
“No llano sino ondeado y cortado bizarramente por muchas y elevadas colinas, más bien que valle, el de Tarija, es un grupo de valles.
“Bajo un sol tropical y regado en la mitad del año por frecuentes y abundantes lluvias, ostentaba, antes que lo violara la mano del hombre, todo el lujo de una vegetación opulenta. Sus arroyos corrían frescos y puros por entre tupidos cañaverales coronados de sauces; una alfombra de perpetua verdura cubría sus mesetas; frondosos y robustos árboles sombreaban sus honduras y cañadas y hasta en las laderas de las escarpadas sierras que lo circundan criábanse helechos y raíces aromáticas (6).
“La opinión común, apoyada en antiguas tradiciones, y confirmada por las observaciones geológicas, afirma que esta gran cuenca en cuyo fondo está Tarija, rodeada completamente de cerros, estuvo en otro tiempo repleta de un inmenso depósito de aguas, las cuales, en las grandes crecientes extraordinarias de que se hallan evidentes vestigios, y en las ordinarias, desbordándose por la orilla más baja de la serranía, que las represaba, fueron abriendo la brecha que con el nombre de Angostura, se observa al S.E. del valle de la Concepción. Ella es aún hoy el único canal por donde se desaguan los muchos y copiosos arroyos y ríos que bañan todos estos valles y se incorporan al principal, honrado por los primeros pobladores españoles con el nombre de Guadalquivir. Este, después de haber entrado a la referida Angostura, lánzase por un salto a tierras fragosas, se enriquece con las aguas de los valles de Salinas e Itau, y sigue su curso con el nombre de Río de Tarija, hasta encontrarse cerca de Oran con el Bermejo que le quita el nombre, y recorriendo juntos el territorio del Gran Chaco (7) desemboca en el Paraguay".
“Este valle, dice el naturalista francés doctor Hugo A Weddell(8) tiene el aspecto de un inmenso canal, y tal sin duda fue en otro tiempo su destino. Las colinas esparcidas por su superficie y que se elevan en algunos puntos a una considerable altura, atestiguan evidentemente, que él fue recorrido por unas corrientes mucho más impetuosas de las que surcan hoy su suelo. En las inmediaciones de la ciudad se hace más evidente la naturaleza diluvial del terreno. Este está cortado en todas partes por hondos barrancos que se cruzan de mil maneras, formando verdaderos laberintos, y dejan de trecho en trecho aisladas unas eminencias de las formas más bizarras. La más simple observación de esas moles o de las paredes de esos barrancos, demuestra que el suelo del valle de Tarija está formado hasta una profundidad muy considerable, de un inmenso lecho de limo, cuyo origen es debido a un agua tranquila, ya a una corriente, como parecen probarlo las capas de guijarros que acá y allá se intercalan en el seno de la masa limosa”.
Aparte de la gran riqueza agrícola y pecuaria y la variedad de maderas y plantas de sus paradisíacos bosques, el valle de Tarija posee un tesoro en la inmensa cantidad de fósiles que guarda en su suelo.
“Los aluviones de la llanura de Tarija son ricos en vertebrados fósiles, y esta riqueza es conocida hace más de tres siglos. Desde el año de 1602, Diego de Asalo y Figueroa hablaba ya de las osamentas de los alrededores de Tarija” (9) de las que se han ocupado notables viajeros y hombres de ciencia, como el sueco Barón de Nordeskjold, el francés doctor Weddell, el argentino señor Carlés y muchos otros.
Son numerosas las comisiones científicas europeas que han venido a Tarija y han llevado grandes cantidades de fósiles a Europa. Son tarijeños los mejores ejemplares que se ven actualmente en los museos de Buenos Aires y de Berlín.
“Los restos de dentados y de paquidermos son relativamente numerosos, y dominan los géneros mastodonte, equos, megatherium, mylodón, clyptodón, etc.
“Es difícil, por ahora, dice Mr. Dereims, precisar la edad de los aluviones de las llanuras de Tarija, a que no podrá hacerse sino después del estudio completo de toda su fauna. Los mastodontes, en efecto, han vivido durante el período mioceno superior, el plioceno y el pleistoceno; pero los géneros megatherio, mylodón y clyptodón, dan a la fauna un aspecto pleitoceno, y es probablemente a esta época cuaternaria, que pertenecen los sedimentos de Tarija (10).
Es extraordinario el número de fósiles que se encuentran en el territorio tarijeño, y nos inclinamos a creer que la mayor parte de éstos, son de animales que vivieron en la época terciaria, contemporáneos de los mismos cuyos fósiles se encuentran en la República Argentina, particularmente en la provincia de Buenos Aires.
Se encuentran también muchas chullpas, o antiguos sepulcros indígenas, que por su estilo parecen ser de quechuas, que quizá llegaron hasta aquí en tiempos de las conquistas de los Incas.
Casi todo el valle está cubierto por una vegetación espléndida y abundan los árboles, plantas, frutas y aves de toda clase.
(1) El significado de la palabra chiriguano, es este: En una Relación que el Padre Diego Felipe de Alcayá, cura de Mataca, elevó ante el marqués de Montes Claros, virrey del Perú, sacada de la que el capitán Martín Sánchez de Alcayá, su padre, dejó hecha como conquistador de la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra, leemos: "Llegaron los indios, (chiriguanos), prisioneros, a la presencia del Inca, y fueron puestos por su mandato, desnudos, en los extremos más altos de unos cerros nevados, (en el Perú) atados de pies y manos, y allí, con guardia que les puso, pasaron la noche y amanecieron muertos. Sabido por el Inca, levantándose de su asiento muy contento exclamó: allá chiripiguañuchini!, que quiere decir: así les he dado escarmiento en el frío; pues en quichua, chiri, es frío y guana, escarmiento, de donde les quedó hasta hoy el nombre de chiriguanos.
(2) El colegio franciscano de Tarija y sus misiones.
(3) La altura de la cordillera en la cumbre de Iscayachi por donde pasa el camino del Norte, es de 3,621 metros de elevación sobre el nivel del mar; y en la de Calderilla, por la cual cruza el camino del Sud, es de 3,742 mts. (Observación del Padre Gerónimo Lavagna).
(4) En Villa Abecia, existe un retrato de un descendiente del hidalgo Alonso de Ávila.
(5) Libros de Cabildo de Tarija.
(6) El Colegio Franciscano de Tarija y sus Misiones.
(7) Llámase Chaco, dice Alcedo, en su Diccionario Americano, y con más propiedad Chacú, que en quichua significa junta o compañía, porque allí se juntaron los indios de muchos países, huyendo de las conquistas de los Incas y después de los españoles. El erudito Padre Honorio Mossi, dice que Chacu en quichua significa casa de fieras, y en guaraní reunión de muchos entre los montes. Gramática de la lengua Gral. del Perú, o quechua.
(8) Voyage dans le sur de la Bolivie.
(9) Miscelánea Austrial. — Lima, 1602
(10) Informe del ingeniero geólogo Alfredo Dereims. - La Paz 1906.
Del Libro “TARIJA, Bosquejo Histórico”
de Tomás O’Connor d’Arlach
Editorial Don Bosco
La Paz – Bolivia. 1974
Luis de Fuentes nació en la ciudad de Sevilla (España) y era hijo legítimo de don Pedro de Fuentes, natural de la Rioja y de Ana Vargas, de la misma ciudad de Sevilla. Después de haber fundado la villa de San Bernardo de Tarija y haber permanecido varios años en ella, se retiró en su vejez a Chuquisaca, en donde murió en el año de 1598.
Don Francisco de Toledo, que otorgó la provisión para que Luis de Fuentes fundara la villa de San Bernardo de Tarija, fue el quinto de los virreyes del Perú. Nació en la villa de Oropeza, diócesis de Toledo y era de familia noble y primo del gran duque de Alba, gobernador de los Países Bajos. A fines de 1568, el rey Felipe II le nombró virrey de Perú, cargo que ejerció desde 1569 hasta 1581, habiendo luego regresado a España, donde murió el 26 de Septiembre de 1584.
Si bien cometió la iniquidad de hacer matar al inca Tupac Amaru, desterrar a sus hijos y deudos y haber extinguido cruelmente la familia imperial de Manco Kapaj, lo que le mereció una fuerte reconvención del rey Felipe, fue por lo demás, un gobernante activo y laborioso. Bajo su administración en el Perú, se erigió el obispado de Tucumán, se trasladó la casa de la Moneda de Lima a Potosí, se fundaron, entre otras poblaciones, la villa de Oropeza en el valle de Cochabamba y la villa de San Bernardo en el valle de Tarija.
Una vez munido Luis de Fuentes de la cédula en que el virrey le encomendaba la fundación de la citada villa y de sus títulos de Capitán y Justicia Mayor de ella, logró reunir en las ciudades de Potosí y Chuquisaca, cuarenta y cinco españoles y un buen número de indios quechuas y nombró capellán al vicario del convento de Santo Domingo de Chuquisaca, quien había cooperado decididamente a la empresa de la fundación de la nueva villa, y que era el sacerdote español Padre Francisco Sedeño, el mismo que más tarde fue el fundador del templo y convento de Santo Domingo en Tarija.
Organizada así la expedición, y después de haberse despedido personalmente del virrey y miembros de la Real Audiencia de La Plata, emprendió su marcha con rumbo al Sud.
“Vencida, dice el Padre Corrado(2) la formidable sierra que amuralla por la parte del Poniente la llanura de Tarija (3) hizo alto la expedición a la falda de la Calama, en un paraje habitado por los pacíficos Tomatas, quienes recibieron a los nuevos huéspedes con mucha alegría, como a sus futuros defensores contra la ferocidad chiriguana.
“Mientras una tranquila y exacta exploración topográfica enseñase el lugar más adecuado a la formación de la proyectada villa, mandó Luis de Fuentes erigir allí un pequeño oratorio en donde los nuevos pobladores pudieran cumplir sus deberes religiosos, e hizo restaurar unas paredes viejas que allí se encontraron y que podrían servirles interinamente como de fuerte para defenderse de cualquier atentado de los salvajes.
“La estación de la colonia española en aquel sitio no fue larga. Tres leguas más al Sur, sobre la ribera izquierda del Nuevo Guadalquivir, al pie de una pequeña loma, extendíase una espaciosa y llana meseta. Parecióle a Luis de Fuentes la parte más cómoda del valle; mandó desembarazarla de la arboleda y maleza que la cubrían, y con las formalidades acostumbradas, tiró las primeras líneas de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa. Era el 4 de Julio de 1574, reinando en España el señor don Felipe II, y ocupando la Silla Apostólica el Sumo Pontífice Gregorio XIII. Seis días después se señaló en la plaza el sitio para la construcción de la Iglesia mayor, la cual quiso que se dedicase a la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora”.
Además de Luis de Fuentes y el Padre Francisco Sedeño, los principales españoles fundadores de la ciudad de Tarija, fueron: Francisco Chávez, Juan Durán, Alonso de Baeza, Pedro Fernández, Gonzalo Martín Hachero, Juan Rodríguez, Antonio Esquete, Diego Recio, Diego González, Alonso García, Juan de Valladolid, Juan García, Francisco Bravo, Domingo Hernández, José Guerrero, Juan Masías, Juan Redondo, Álvaro Ortiz, Vicente Añez, Juan de Obregón, Juan Pizarro, Juan de La Puente, Pedro Quijada, Hernán López, Francisco de Solíz, Pedro Suárez, Álvaro Sánchez. Pedro Fernández de Alava, Gerónimo Ortega, Juan Pedrero, Gaspar de la Rúa, Juan Cortés, Rodrigo Quiroga, Alonso de Ávila, Francisco Fernández Maldonado, Jaime de Luca, Antonio Domínguez, Gutierre Velasquez, Hernán González, Blas González Cermeño, Francisco Ortiz, Juan de la Vega y Diego de Palacios.
Pocos días después de la fundación de la villa, quedó organizado su Cabildo o Municipalidad, cuyos miembros fueron elegidos por el virrey, y no por el voto del pueblo, como debe ser y fue posteriormente, por la sencilla razón de que en aquel primer año de la fundación de la villa, no había elemento suficiente para hacer una elección popular.
Este Ayuntamiento, el primero que tuvo la villa de San Bernardo de Tarija, se componía de los alcaldes Antonio Domínguez y Gutierre Velásquez; de los regidores Jaime de Luca, Blas Gonzáles Cermeño, Francisco Ortiz y Hernán Gonzáles. Diego de Palacios fue nombrado procurador, Juan de la Vega mayordomo y Francisco Fernández de Maldonado escribano, habiendo el hidalgo don Alonso de Ávila obtenido el cargo de tesorero de la real hacienda(4).
Al principio el Ayuntamiento sesionaba en la casa de Luis de Fuentes, que se edificó en la plaza que es la que hoy lleva su nombre, y que estaba situada en la acera del Poniente, hasta que se acabó de edificar el edificio llamado Cabildo, en el cual, a más de la gran sala capitular, había otra destinada al archivo, otra para el depósito de las armas y dos que servían de cárcel.
Las primeras habitaciones de los españoles se construyeron cerca de la colina llamada de San Juan, donde pocos años más tarde, hacia el de 1578, se edificó la ermita consagrada, a San Juan Evangelista. Luis de Fuentes, en recuerdo del río que baña a Sevilla, su país, puso al hermoso río que pasa por la ciudad de Tarija, el nombre de Nuevo Guadalquivir.
En una carta que el primer Cabildo dirigió a la Real Audiencia de La Plata, tres meses después de la fundación de Tarija, el 29 de Octubre de 1574, le decía: “poblamos a cuatro de Julio en un sitio bueno y llano cerca del río principal; por medio del pueblo va una acequia de ocho pies de ancho y por la parte de arriba va otra del mismo ancho. La tierra, a lo que hasta agora ha mostrado, es fértil, y creese se darán en ella viñas y olivares y otras cualesquiera plantas. Es muy ancho el valle, que por partes tiene más de seis leguas y de largo habremos recorrido hasta diez leguas. Tiene muchos ríos y arroyos de muy estimadas aguas que riegan la mayor parte del valle. Es mucha tierra que hay aquí para poblar una insigne ciudad. Hay en los ríos mucho pescado de diferentes géneros, y en el valle mucha caza así de volatería como de montería; porque hay venados y urinas, y en lo alto, vicuñas y guanacos; hay palomas, perdices, patos, garzas, bandurrias y otros géneros de aves. Hay también mucho ganado vacuno cimarrón y puercos, y el ganado vacuno es en tan gran cantidad, que en esta provincia no se halla otra dificultad sino en haberlo, por el daño que hace en las sementeras y que los toros hacen en ellas por ser muchos, y en los indios y los españoles, por ser muy bravos”(5).
Esta gran cantidad de ganado montaraz que Luis de Fuentes y sus compañeros encontraron en Tarija, es una prueba de que algunos años antes que ellos, ya otros españoles habían estado en el fértil valle, que era conocido con su mismo nombre, mucho antes de la fundación de la villa de San Bernardo de Tarija, como veremos más adelante.
La ciudad de Tarija, que se levanta en la última ramificación de la cordillera oriental de los Andes, está a 1,957 metros de elevación sobre el nivel del mar. Su latitud Sur es de grados 21:—32” —11” 3, y su longitud Oeste del meridiano de París, 67, 5—25” 5, y 5 décimos de segundo.
El Reverendo Padre Corrado, a quien los tarijeños debemos imperecedera gratitud, porque salvó del olvido los principales hechos de nuestra Historia, compulsó con tanta paciencia como erudición los documentos que yacían cubiertos de polvo en nuestros archivos y fue el primero que escribió la historia de los primitivos tiempos de la ciudad de San Bernardo de Tarija, dice en su libro:
“No llano sino ondeado y cortado bizarramente por muchas y elevadas colinas, más bien que valle, el de Tarija, es un grupo de valles.
“Bajo un sol tropical y regado en la mitad del año por frecuentes y abundantes lluvias, ostentaba, antes que lo violara la mano del hombre, todo el lujo de una vegetación opulenta. Sus arroyos corrían frescos y puros por entre tupidos cañaverales coronados de sauces; una alfombra de perpetua verdura cubría sus mesetas; frondosos y robustos árboles sombreaban sus honduras y cañadas y hasta en las laderas de las escarpadas sierras que lo circundan criábanse helechos y raíces aromáticas (6).
“La opinión común, apoyada en antiguas tradiciones, y confirmada por las observaciones geológicas, afirma que esta gran cuenca en cuyo fondo está Tarija, rodeada completamente de cerros, estuvo en otro tiempo repleta de un inmenso depósito de aguas, las cuales, en las grandes crecientes extraordinarias de que se hallan evidentes vestigios, y en las ordinarias, desbordándose por la orilla más baja de la serranía, que las represaba, fueron abriendo la brecha que con el nombre de Angostura, se observa al S.E. del valle de la Concepción. Ella es aún hoy el único canal por donde se desaguan los muchos y copiosos arroyos y ríos que bañan todos estos valles y se incorporan al principal, honrado por los primeros pobladores españoles con el nombre de Guadalquivir. Este, después de haber entrado a la referida Angostura, lánzase por un salto a tierras fragosas, se enriquece con las aguas de los valles de Salinas e Itau, y sigue su curso con el nombre de Río de Tarija, hasta encontrarse cerca de Oran con el Bermejo que le quita el nombre, y recorriendo juntos el territorio del Gran Chaco (7) desemboca en el Paraguay".
“Este valle, dice el naturalista francés doctor Hugo A Weddell(8) tiene el aspecto de un inmenso canal, y tal sin duda fue en otro tiempo su destino. Las colinas esparcidas por su superficie y que se elevan en algunos puntos a una considerable altura, atestiguan evidentemente, que él fue recorrido por unas corrientes mucho más impetuosas de las que surcan hoy su suelo. En las inmediaciones de la ciudad se hace más evidente la naturaleza diluvial del terreno. Este está cortado en todas partes por hondos barrancos que se cruzan de mil maneras, formando verdaderos laberintos, y dejan de trecho en trecho aisladas unas eminencias de las formas más bizarras. La más simple observación de esas moles o de las paredes de esos barrancos, demuestra que el suelo del valle de Tarija está formado hasta una profundidad muy considerable, de un inmenso lecho de limo, cuyo origen es debido a un agua tranquila, ya a una corriente, como parecen probarlo las capas de guijarros que acá y allá se intercalan en el seno de la masa limosa”.
Aparte de la gran riqueza agrícola y pecuaria y la variedad de maderas y plantas de sus paradisíacos bosques, el valle de Tarija posee un tesoro en la inmensa cantidad de fósiles que guarda en su suelo.
“Los aluviones de la llanura de Tarija son ricos en vertebrados fósiles, y esta riqueza es conocida hace más de tres siglos. Desde el año de 1602, Diego de Asalo y Figueroa hablaba ya de las osamentas de los alrededores de Tarija” (9) de las que se han ocupado notables viajeros y hombres de ciencia, como el sueco Barón de Nordeskjold, el francés doctor Weddell, el argentino señor Carlés y muchos otros.
Son numerosas las comisiones científicas europeas que han venido a Tarija y han llevado grandes cantidades de fósiles a Europa. Son tarijeños los mejores ejemplares que se ven actualmente en los museos de Buenos Aires y de Berlín.
“Los restos de dentados y de paquidermos son relativamente numerosos, y dominan los géneros mastodonte, equos, megatherium, mylodón, clyptodón, etc.
“Es difícil, por ahora, dice Mr. Dereims, precisar la edad de los aluviones de las llanuras de Tarija, a que no podrá hacerse sino después del estudio completo de toda su fauna. Los mastodontes, en efecto, han vivido durante el período mioceno superior, el plioceno y el pleistoceno; pero los géneros megatherio, mylodón y clyptodón, dan a la fauna un aspecto pleitoceno, y es probablemente a esta época cuaternaria, que pertenecen los sedimentos de Tarija (10).
Es extraordinario el número de fósiles que se encuentran en el territorio tarijeño, y nos inclinamos a creer que la mayor parte de éstos, son de animales que vivieron en la época terciaria, contemporáneos de los mismos cuyos fósiles se encuentran en la República Argentina, particularmente en la provincia de Buenos Aires.
Se encuentran también muchas chullpas, o antiguos sepulcros indígenas, que por su estilo parecen ser de quechuas, que quizá llegaron hasta aquí en tiempos de las conquistas de los Incas.
Casi todo el valle está cubierto por una vegetación espléndida y abundan los árboles, plantas, frutas y aves de toda clase.
(1) El significado de la palabra chiriguano, es este: En una Relación que el Padre Diego Felipe de Alcayá, cura de Mataca, elevó ante el marqués de Montes Claros, virrey del Perú, sacada de la que el capitán Martín Sánchez de Alcayá, su padre, dejó hecha como conquistador de la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra, leemos: "Llegaron los indios, (chiriguanos), prisioneros, a la presencia del Inca, y fueron puestos por su mandato, desnudos, en los extremos más altos de unos cerros nevados, (en el Perú) atados de pies y manos, y allí, con guardia que les puso, pasaron la noche y amanecieron muertos. Sabido por el Inca, levantándose de su asiento muy contento exclamó: allá chiripiguañuchini!, que quiere decir: así les he dado escarmiento en el frío; pues en quichua, chiri, es frío y guana, escarmiento, de donde les quedó hasta hoy el nombre de chiriguanos.
(2) El colegio franciscano de Tarija y sus misiones.
(3) La altura de la cordillera en la cumbre de Iscayachi por donde pasa el camino del Norte, es de 3,621 metros de elevación sobre el nivel del mar; y en la de Calderilla, por la cual cruza el camino del Sud, es de 3,742 mts. (Observación del Padre Gerónimo Lavagna).
(4) En Villa Abecia, existe un retrato de un descendiente del hidalgo Alonso de Ávila.
(5) Libros de Cabildo de Tarija.
(6) El Colegio Franciscano de Tarija y sus Misiones.
(7) Llámase Chaco, dice Alcedo, en su Diccionario Americano, y con más propiedad Chacú, que en quichua significa junta o compañía, porque allí se juntaron los indios de muchos países, huyendo de las conquistas de los Incas y después de los españoles. El erudito Padre Honorio Mossi, dice que Chacu en quichua significa casa de fieras, y en guaraní reunión de muchos entre los montes. Gramática de la lengua Gral. del Perú, o quechua.
(8) Voyage dans le sur de la Bolivie.
(9) Miscelánea Austrial. — Lima, 1602
(10) Informe del ingeniero geólogo Alfredo Dereims. - La Paz 1906.
Del Libro “TARIJA, Bosquejo Histórico”
de Tomás O’Connor d’Arlach
Editorial Don Bosco
La Paz – Bolivia. 1974
“ODA AL PRÓCER MOTO MÉNDEZ” CANTATA ÉPICA
(19 DE SEPTIEMBRE 1784)
En Bolivia, pocos compositores han sido capaces de prosperar dentro de la diversidad creativa que representa dos mundos separados, pero paralelos a la música folklórica y la música clásica. Probablemente podríamos mencionar a Caba, Viscarra Monje o el polifacético Mendoza Nava y algunos más; sin embargo, el que puede representar estos dos mundos que mencionamos es el compositor contemporáneo Atiliano Auza León. El mismo que compuso la letra y la música de la cantata épica “Oda a Moto Méndez”.
Esta obra se estrenó el 19 de septiembre de 1984, en el cine teatro Gran Rex, con motivo del cumplimiento del bicentenario del nacimiento del guerrillero y prócer tarijeño, Dn. José Eustaquio Méndez. Estreno que tuvo un total éxito, con la participación de cuatro cantantes: María Eugenia de Kaune, soprano; Ingeborg Fischer, contralto; Pablo Aranda, tenor; Sebastián Fischer, bajo; Luz María Achá, narradora; Juan Antonio Maldonado, piano; todos bajo la dirección del autor, profesor Atiliano Auza León.
Es de mencionar que la creación de esta cantata y su posterior presentación al público de Tarija y de La Paz, se debió a la decidida y eficaz cooperación del Alcalde Municipal de esa época, licenciado Walter Mogro.
El autor escogió esta forma poética de expresión por el aval histórico que la Oda representó para el mundo helénico, es decir como poema épico cantado por los rapsodas y poetas en la antigua Grecia.
Son conocidas las famosas Odas de Píndaro y los poemas Homéricos que cantan la edad heroica de su pueblo exaltando tradición de valor, civismo, lealtad y libertad, frente a la opresión y dictadura colonialista. Valedera convicción para que el autor Auza León, dedique la obra en letra y música al fausto guerrillero de la independencia de Tarija librada en los campos de la Tablada, el 15 de abril de 1817 con los célebres patriotas: Méndez, Uriondo, Avilés y otros como los valientes chapacos montoneros (habitantes naturales del valle de Tarija) que defendieron con braveza la heredad nacional.
La Oda a Moto Méndez, es una obra de heroísmo y liberación expresada en símbolos musicales que recorren desde el sencillo tradicionalismo tonal de la melodía con elementos folklóricos de Tarija, hasta modernos acordes derivados del sistema modal y polimodal con una rítmica de variación constante, radicando allí la mayor importancia de la obra.
El texto asume la presentación del héroe desde sus años mozos y sus tremendas ansias de libertad en acciones que pronto encuentran eco en la guerra de la Independencia Americana de los 15 años.
El escritor y abogado Alberto Sánchez Rossel en su libro: “Moto Méndez, el caudillo chapaco”, señala en un párrafo de sus acotaciones preliminares: “Es sobradamente conocido que nuestro glorioso caudillo fue el protagonista señero de la Batalla de La Tablada en abril de 1817. A fines del mismo año, derrotó en San Lorenzo a Manuel José Vaca. De lo dicho, emerge irrebatible esta verdad: Eustaquio Méndez no abandonó la lucha ni antes ni después de 1818”. Octavio O´Connor D´Arlach, en su obra: “Calendario Histórico de Tarija”, dice: “El 5 de mayo de 1817, el general La Madrid que, apartándose de las órdenes del general Belgrano, desvió su camino entrando a Tarija, donde obtuvo la victoria de La Tablada, sale de la ciudad para dirigirse a Chuquisaca con 400 soldados argentinos y 500 tarijeños escogidos de los escuadrones de Méndez, Uriondo y Avilés, y derrota a las fuerzas realistas en las proximidades de la actual ciudad de Sucre, en el lugar llamado Cachimayu”.
Este es el relato histórico que a grandes rasgos muestra la Cantata Oda a Moto Méndez y sus montoneros, inspiración del compositor e historiador de la música boliviana Don Atiliano Auza León.
BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL GUERRILLERO CHAPACO JOSÉ EUSTAQUIO MÉNDEZ ARENAS
ODA A MOTO MÉNDEZ
–Cantata épica para cuatro solistas, coro y orquesta y un narrador-
Compositor: ATILIANO AUZA LEÓN
EL CAMPO DE IRUYA
Caudillo de mil jinetes
noble y aguerrido el Moto Méndez va
marchando sobre el campo de Iruya.
El más valiente guerrero del sud
de cuántos vio la campaña del Alto Perú.
Repican tambores y trompetas
al son del combate feroz;
Sella y Canasmoro, San Lorenzo y el Mollar,
Karachimayo también,
son testigos del gesto y bravura
del chapaco Moto Méndez
el patriota indómito.
Guerra y muerte es el grito de los patriotas
que luchan con denuedo
en las lomas de Tarija,
guerra y muerte se extiende
en las vastas llanuras de La Tablada.
Guerra y muerte van en pos del altivo
enemigo: Realista.
Sella y Canasmoro, San Lorenzo y el Mollar,
Karachimayo también,
son testigos de los heroicos
y valientes chapacos,
los valientes chapacos de sostenidas
y encarnizadas luchas
hasta lograr la victoria final.
2ª intervención del narrador
LA NOCHE ES TORMENTOSA
Los campos de batalla se tornan de plomo
y aumenta la exhalación mortecina;
el destino cruel estrellado
contra las recias vidas alarbes
envía a la parca fatal e implacable
para sembrar la tierra de yertas figuras
¡ay! Vida, efímera y divina.
La noche es tormentosa,
el hado maligno
al primer paso presagia
agonía, muerte y destrucción.
Con el trágico signo del cuchillo
que impetuoso desenvaina
enciende la funesta llama
que con furor al mundo derrama,
y sobre la diestra mano
corta el muñón de cuajo.
Así, se eleva inmortal leyenda
que en siglos crece y se agiganta:
la del Gran Moto Méndez Arenas,
el manco Glorioso y Valiente.
3ª y última intervención del narrador
15 DE ABRIL
La alborada del 15 de abril
envuelta aun en su túnica obscura,
se iluminó de luces rojas,
fogonazos de llamas encendidas;
eran los fusileros prestos al cruento combate,
eran los bizarros montoneros de Méndez,
que rasgando el aire con el tronar
de los cañones en lucha feroz, despiadada y cruel
arrasando con gran brío y febril coraje
los últimos reductos de los rendidos realistas.
Preludio inefable de la épica batalla,
la apoteosis de Méndez por la libertad americana,
libertad anhelada y bendecida.
Honor y gloria al coloso chapaco
y a los patriotas tarijeños
que por vez primera sembraron
la conciencia del ser americano LIBRE
en los inmortales campos de LA TABLADA.
Tierra americana, magnánima y generosa,
tus hijos te veneramos y glorificamos.
Tú eres la patria de amor, unión y libertad;
la sangre derramada es tu fuerza inmaculada
y con ella lucharán:
el niño y el joven, el indio y el minero,
el citadino y el poeta, el campesino y el obrero;
todos tus hijos lucharemos por ti.
TARIJA, TIERRA AMERICANA
TARIJA, TIERRA BOLIVIANA.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Una fecha importante en el calendario tiwanacota
Para la sociedad boliviana el día 6 de septiembre
parece ser un día cualquiera; pero, debiera ser
un día especial puesto que hemos descubierto el
calendario Tiwanacota, propio de una cultura per-
dida hace milenios y que ha dejado monumentos en
nuestro territorio: la ciudad ancestral de Tiwanacu, el
sitio arqueológico más importante de ésta parte del
mundo.
Han transcurrido más de dos mil años, tal vez muchos más, desde que los sabios Tiwanacotas inventaron un reloj y calendario hasta hoy nunca visto.
En él, como en todo artefacto destinado a medir el tiempo, señalaron ésta fecha como un hito muy importante. Vestigios de aquello son las actividades culturales que se observan en las prácticas agrícolas de las comunidades rurales durante el mes de septiembre.
Luego de haber dedicado el mes de agosto a realizar ofrendas hacia la "Pachamama" para pedir a la Madre Tierra nos provea generosamente con sus frutos, ha llegado el momento de introducir en el suelo la mies que brotará en fruto luego de varios meses de espera.
Como lo mostraremos adelante, estas actividades tienen un origen muy remoto, ya que si observamos las pistas labradas en la piedra y dejadas por aquella enigmática sociedad, veremos que, fuera de toda duda, ellos
también trabajaban la tierra con el mismo fin en éstas
fechas.
Para tener un acercamiento hemos preparado una serie de imágenes con cuya explicación deseamos alcanzar la comprensión de tan importante acontecimiento.
La premisa es que "todo está escrito en la Puerta del Sol de Tiwanacu":
Comencemos con el retrato de ésta reliquia, fundido con una rejilla que ha sido el resultado de un trabajo de investigación científica en la Universidad Técnica de Oruro. En ella revelamos el misterio del monolito: el friso se trataría de la impresión de una carta solar ancestral. Aclaramos que una carta solar es un diagrama que nos ofrece la información de la posición del Sol en cada instante, durante el día solar. Mediante ésta información podemos saber el dato de la hora y la fecha.
Omitiremos por ahora el detalle del descubrimiento completo y nos enfocaremos en el motivo de éste artículo: el nuevo significado del 6 de septiembre para la sociedad boliviana en su conjunto.
A continuación pasaremos a mostrar los íconos alusivos inscritos en la Puerta del Sol: ¿Dónde está escrita la fecha?
Para mostrar ésta señal oculta hemos de afinar nuestro registro temporal: han transcurrido 11 semanas desde el día del Solsticio de Invierno, el pasado 21 de junio de 2013. Recordemos que se trata de un suceso astronómico antes que un feriado nacional decretado por razones socio-culturales.
En efecto, si nos valemos de un calendario actual, confirmaremos éste dato.
Los símbolos que están escritos en la parte inferior del friso así lo confirman: El primer paquete de símbolos representa 3 semanas, el segundo 4 y el tercero 4, totalizando las 11 semanas transcurridas (áreas rojas).
El fenómeno solar que acompaña todas nuestras observaciones se pone en evidencia si disponemos de un artefacto medidor de tiempo muy preciso: "el cilindro Tiwanacota [1]". Con éste se puede registrar la señal que indica que se ha producido un desplazamiento de la primera línea diurna correspondiente al Solsticio de Invierno, que ocurrió hace 77 días, y que ahora pasa justamente por la línea que se encuentra debajo de los pies del Inti, así como a los pies de la segunda hilera de "chasquis" o guerreros alados.
Ahora la hilera de guerreros se halla interrumpida por el personaje central del friso, el Inti. A partir de éste día y a lo largo de 30 semanas todas las actividades de la comarca serán vigiladas por el Señor, un dios mitológico de cuyo significado se ha escrito bastante sin haberse aproximado a la función que acabamos de descubrir.
Antes de referirnos a ésta nueva aparición, aclaremos que ha finalizado la misión de la pirámide sobre la cual ahora se apoya la deidad. Como ya dijimos está su duración diaria, marcada por dos líneas verticales. Estas se hacen visibles solo cuando el Sol se sitúa a ambos lados y a la misma distancia del plano medio que marca la llegada del medio día solar (cuando el Sol pasa por el meridiano del lugar). Esta franja vertical en la Puerta del Sol que contiene al Inti se ha calculado y comprobado que su duración es de 103 minutos aproximadamente.
También se debe mencionar que existen íconos asociados con éstas líneas y que representan su visualización en otro portal (se ha comprobado que las cabezas de puma coronado representan a las paredes interiores del portal del templo de Kalasasaya). Estas deben entenderse como la llegada y posterior culminación del mediodía social o del periodo de descanso laboral. (Su comprobación se ve perjudicada por cuanto el portal ha sido erróneamente reconstruido, cuestión aparte es que las autoridades locales impiden cualquier apresto de medición).
Del mismo modo, éste mismo día coincide con la línea que está a los pies de la segunda hilera de "chasquis",
esta vez son los guerreros alados y presentan sus propias características:
Esta franja, al igual que la anterior, contiene 16 figuras repartidas en dos paquetes de 8, idénticas todas ellas y situadas a cada lado del cuerpo del Inti.
En primer término destaca su duración mensual que también es de 4 semanas, ya que está flanqueada por una línea superior que se presenta en el cilindro luego de 4 semanas transcurridas.
Su duración diaria, la cual se halla marcada por las mismas líneas verticales igualmente espaciadas que la franja anterior, significa 1 hora Tiwanacota.
La primera de las figuras del conjunto se inicia con el amanecer durante el equinoccio y la última finaliza con el inicio del mediodía social; al otro lado la señal se invierte, comienza en la línea que señala la culminación del mediodía social y termina con la última figura que corresponde al anochecer durante el equinoccio.
Se ha calculado y también comprobado que la
duración horaria de cada figura es de 40 minutos
aproximadamente.
Estos íconos en su morfología muestran una figura antropomorfa ataviada con una corona con apéndices similares a una medusa, de variada composición; su cabeza representa a la cabeza de un cóndor y sus extremidades superiores poseen una simbología similar a las alas de ésta gran ave, propia de la zona andina.
Adicionalmente a manera de plumas y de forma similar a la corona, se muestran terminaciones con cabezas de pez y algo parecido a flores, sugiriendo un paquete de instrucciones a seguir, según la época y el horario que
corresponda, como si se tratara de jornadas o actividades laborales distintas: unos días hay que pescar y otros
sembrar alimentos.
Al otro extremo, en la mano se sostiene un báculo muy elaborado, con cabezas de pez en cada
extremo. Destaca su altura que coincide con la dura-
ción mensual mencionada. Internamente los íconos poseen una suerte de adornos cuyo significado aún está por
resolverse.
Así, ponemos en evidencia con rigor científico una nueva fecha en el calendario cultural de nuestra sociedad. Recordando entonces, que las actividades agrícolas que se realizan a lo largo del mes de septiembre (del 6 de septiembre al 4 de octubre) tienen un antecedente muy remoto: durante éste periodo, nuestros antepasados realizaban labores agrícolas y pescaban, tal como lo hacemos hoy en día.
La información presentada aquí está respaldada por experimentos exhaustivos que se han realizado a lo largo de varios años, así como por el conocimiento matemático del fenómeno solar, toda ella lograda mediante las actividades académicas que contaron con la participación activa de los estudiantes del Departamento de Física de la Facultad Nacional de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Agrarias y Veterinarias pertenecientes a la Universidad Técnica de Oruro.
[1] La teoría del Cilindro Tiwanacota, Puña Velasco José Bernardo.
Latinas Editores. Oruro, 2012.
El presente documento fue escrito en Oruro, el 5 de septiembre de 2013, en conmemoración al primer año del anuncio oficial del descubrimiento del reloj y calendario Tiwanacota, realizado el 9 de agosto de 2012.
parece ser un día cualquiera; pero, debiera ser
un día especial puesto que hemos descubierto el
calendario Tiwanacota, propio de una cultura per-
dida hace milenios y que ha dejado monumentos en
nuestro territorio: la ciudad ancestral de Tiwanacu, el
sitio arqueológico más importante de ésta parte del
mundo.
Han transcurrido más de dos mil años, tal vez muchos más, desde que los sabios Tiwanacotas inventaron un reloj y calendario hasta hoy nunca visto.
En él, como en todo artefacto destinado a medir el tiempo, señalaron ésta fecha como un hito muy importante. Vestigios de aquello son las actividades culturales que se observan en las prácticas agrícolas de las comunidades rurales durante el mes de septiembre.
Luego de haber dedicado el mes de agosto a realizar ofrendas hacia la "Pachamama" para pedir a la Madre Tierra nos provea generosamente con sus frutos, ha llegado el momento de introducir en el suelo la mies que brotará en fruto luego de varios meses de espera.
Como lo mostraremos adelante, estas actividades tienen un origen muy remoto, ya que si observamos las pistas labradas en la piedra y dejadas por aquella enigmática sociedad, veremos que, fuera de toda duda, ellos
también trabajaban la tierra con el mismo fin en éstas
fechas.
Para tener un acercamiento hemos preparado una serie de imágenes con cuya explicación deseamos alcanzar la comprensión de tan importante acontecimiento.
La premisa es que "todo está escrito en la Puerta del Sol de Tiwanacu":
Comencemos con el retrato de ésta reliquia, fundido con una rejilla que ha sido el resultado de un trabajo de investigación científica en la Universidad Técnica de Oruro. En ella revelamos el misterio del monolito: el friso se trataría de la impresión de una carta solar ancestral. Aclaramos que una carta solar es un diagrama que nos ofrece la información de la posición del Sol en cada instante, durante el día solar. Mediante ésta información podemos saber el dato de la hora y la fecha.
Omitiremos por ahora el detalle del descubrimiento completo y nos enfocaremos en el motivo de éste artículo: el nuevo significado del 6 de septiembre para la sociedad boliviana en su conjunto.
A continuación pasaremos a mostrar los íconos alusivos inscritos en la Puerta del Sol: ¿Dónde está escrita la fecha?
Para mostrar ésta señal oculta hemos de afinar nuestro registro temporal: han transcurrido 11 semanas desde el día del Solsticio de Invierno, el pasado 21 de junio de 2013. Recordemos que se trata de un suceso astronómico antes que un feriado nacional decretado por razones socio-culturales.
En efecto, si nos valemos de un calendario actual, confirmaremos éste dato.
Los símbolos que están escritos en la parte inferior del friso así lo confirman: El primer paquete de símbolos representa 3 semanas, el segundo 4 y el tercero 4, totalizando las 11 semanas transcurridas (áreas rojas).
El fenómeno solar que acompaña todas nuestras observaciones se pone en evidencia si disponemos de un artefacto medidor de tiempo muy preciso: "el cilindro Tiwanacota [1]". Con éste se puede registrar la señal que indica que se ha producido un desplazamiento de la primera línea diurna correspondiente al Solsticio de Invierno, que ocurrió hace 77 días, y que ahora pasa justamente por la línea que se encuentra debajo de los pies del Inti, así como a los pies de la segunda hilera de "chasquis" o guerreros alados.
Ahora la hilera de guerreros se halla interrumpida por el personaje central del friso, el Inti. A partir de éste día y a lo largo de 30 semanas todas las actividades de la comarca serán vigiladas por el Señor, un dios mitológico de cuyo significado se ha escrito bastante sin haberse aproximado a la función que acabamos de descubrir.
Antes de referirnos a ésta nueva aparición, aclaremos que ha finalizado la misión de la pirámide sobre la cual ahora se apoya la deidad. Como ya dijimos está su duración diaria, marcada por dos líneas verticales. Estas se hacen visibles solo cuando el Sol se sitúa a ambos lados y a la misma distancia del plano medio que marca la llegada del medio día solar (cuando el Sol pasa por el meridiano del lugar). Esta franja vertical en la Puerta del Sol que contiene al Inti se ha calculado y comprobado que su duración es de 103 minutos aproximadamente.
También se debe mencionar que existen íconos asociados con éstas líneas y que representan su visualización en otro portal (se ha comprobado que las cabezas de puma coronado representan a las paredes interiores del portal del templo de Kalasasaya). Estas deben entenderse como la llegada y posterior culminación del mediodía social o del periodo de descanso laboral. (Su comprobación se ve perjudicada por cuanto el portal ha sido erróneamente reconstruido, cuestión aparte es que las autoridades locales impiden cualquier apresto de medición).
Del mismo modo, éste mismo día coincide con la línea que está a los pies de la segunda hilera de "chasquis",
esta vez son los guerreros alados y presentan sus propias características:
Esta franja, al igual que la anterior, contiene 16 figuras repartidas en dos paquetes de 8, idénticas todas ellas y situadas a cada lado del cuerpo del Inti.
En primer término destaca su duración mensual que también es de 4 semanas, ya que está flanqueada por una línea superior que se presenta en el cilindro luego de 4 semanas transcurridas.
Su duración diaria, la cual se halla marcada por las mismas líneas verticales igualmente espaciadas que la franja anterior, significa 1 hora Tiwanacota.
La primera de las figuras del conjunto se inicia con el amanecer durante el equinoccio y la última finaliza con el inicio del mediodía social; al otro lado la señal se invierte, comienza en la línea que señala la culminación del mediodía social y termina con la última figura que corresponde al anochecer durante el equinoccio.
Se ha calculado y también comprobado que la
duración horaria de cada figura es de 40 minutos
aproximadamente.
Estos íconos en su morfología muestran una figura antropomorfa ataviada con una corona con apéndices similares a una medusa, de variada composición; su cabeza representa a la cabeza de un cóndor y sus extremidades superiores poseen una simbología similar a las alas de ésta gran ave, propia de la zona andina.
Adicionalmente a manera de plumas y de forma similar a la corona, se muestran terminaciones con cabezas de pez y algo parecido a flores, sugiriendo un paquete de instrucciones a seguir, según la época y el horario que
corresponda, como si se tratara de jornadas o actividades laborales distintas: unos días hay que pescar y otros
sembrar alimentos.
Al otro extremo, en la mano se sostiene un báculo muy elaborado, con cabezas de pez en cada
extremo. Destaca su altura que coincide con la dura-
ción mensual mencionada. Internamente los íconos poseen una suerte de adornos cuyo significado aún está por
resolverse.
Así, ponemos en evidencia con rigor científico una nueva fecha en el calendario cultural de nuestra sociedad. Recordando entonces, que las actividades agrícolas que se realizan a lo largo del mes de septiembre (del 6 de septiembre al 4 de octubre) tienen un antecedente muy remoto: durante éste periodo, nuestros antepasados realizaban labores agrícolas y pescaban, tal como lo hacemos hoy en día.
La información presentada aquí está respaldada por experimentos exhaustivos que se han realizado a lo largo de varios años, así como por el conocimiento matemático del fenómeno solar, toda ella lograda mediante las actividades académicas que contaron con la participación activa de los estudiantes del Departamento de Física de la Facultad Nacional de Ingeniería y la Facultad de Ciencias Agrarias y Veterinarias pertenecientes a la Universidad Técnica de Oruro.
[1] La teoría del Cilindro Tiwanacota, Puña Velasco José Bernardo.
Latinas Editores. Oruro, 2012.
El presente documento fue escrito en Oruro, el 5 de septiembre de 2013, en conmemoración al primer año del anuncio oficial del descubrimiento del reloj y calendario Tiwanacota, realizado el 9 de agosto de 2012.
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