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lunes, 4 de mayo de 2015

Gumercindo Rivera López ideólogo y gestor del sindicalismo boliviano

El ideólogo y gestor del movimiento sindical boliviano, Gumercindo Rivera López, igual que el actual Presidente Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, emergió del Chapare, para asentarse en Uncía, provincia Bustillo del Departamento de Potosí y convertirse en uno de los primeros líderes de los obreros bolivianos.

La historia del movimiento sindical boliviano reconoce a Gumercindo Rivera López como al principal ideólogo y gestor del movimiento obrero-sindical boliviano. Los dirigentes sindicales, trabajadores y las autoridades del Estado Plurinacional de Bolivia ignoran a este boliviano, que gracias a su valiente decisión de organizar una de la primeras agrupaciones sindicales de los obreros de Bolivia, se inició la lucha obrera para enfrentar los abusos y arbitrariedades de los amos de cabellos rubios y alma negra, como se manifiesta en la obra "La masacre de Uncía"

Gumercindo Rivera López, de ocupación peluquero, nació en Sacaba-Cochabamba el 20 de enero de 1888. Sus padres fueron Francisco Rivera y Narcisa López. Cuando aún era niño y huérfano se vio obligado a dirigirse al Chapare para trabajar en la agricultura en una hacienda de sus tíos.

En año 1907 cuando se puso en vigencia el Servicio Militar Obligatorio en el país, a sus 19 años se enroló a una Unidad Militar de Caballería que no tenía un lugar fijo de residencia y que sus efectivos eran obligados a deambular por diferentes sectores del territorio nacional en busca de pastizales y agua para los caballos.

Después de permanecer dos años en el Ejército, donde aprendió el oficio de peluquero, al ser licenciado del cuartel retornó al Chapare para reiniciar su trabajo en la agricultura. Las condiciones no eran favorables en ese lugar y por ello decidió buscar nuevas alternativas de vida y el destino lo llevó a Uncía, donde instaló un pequeño taller de peluquería.

En ese taller, diariamente escuchaba comentarios de sus ocasionales clientes sobre los ultrajes, vejámenes inhumanos que brindaban a los mineros los poderosos administradores de las compa-ñías mineras La Salvadora y Llallagua. En ese ambiente germinó la bronca y decisión de luchar contra los opresores de los obreros.

En esa humilde peluquería Gumercindo Rivera López sugirió la necesidad de organizar a los trabajadores mineros y obreros para luchar por las reivindicaciones sociales, para enfrentar a los opresores y explotadores de los obreros bolivianos. Al ser el ideó-logo para formar la primera organización sindical de los obreros bolivianos, fue propuesto para que ocupe el cargo de Presidente. Gumercindo Rivera López declinó esa designación y sugirió que un minero sea el líder de ese instrumento de defensa de los obreros y se comprometió a secundarlo y ayudarlo en las luchas de reivindicación social de los obreros bolivianos.

Para el 1º de mayo de 1923, Gumercindo Rivera López, junto a sus compañeros de lucha organiza los festejos del Día del Trabajo y ese día en Uncía se enciende la antorcha de las reivindicaciones sociales de los obreros bolivianos, como se relata en el libro "La masacre de Uncía", que es un documento valioso escrito por un peluquero, que se convirtió en un dirigente sindical de los mineros.

"La masacre de Uncía", en su páginas relata que, ese día, más de 5.000 obreros participaron de una movilización histórica para rendir homenaje a quienes ofrendaron sus vidas en aras de las justas reivindicaciones sociales (los mártires de la masacre de Chicago 1886).

Después de recorrer las principales calles de Uncía, los trabajadores y obreros se concentraron en la plaza 6 de Agosto de Uncía, donde los líderes obreros inicialmente distribuyeron ropas interiores a los niños huérfanos, cuyos padres ofrendaron a sus patrones despóticos su sangre convertida en libras esterlinas, dejando a los suyos en la miseria.

Para que conozcan los actuales dirigentes del movimiento sindical boliviano y las mismas organizaciones sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, en esa ocasión (1º de mayo 1923) se fundó la Federación Obrera Central de Uncía, marcando la fecha inicial en la emancipación del proletariado boliviano.

El primer Directorio del movimiento sindical de los obreros bolivianos se encontraba integrado por los siguientes líderes:

Presidente, Guillermo Gamarra, representando a los obreros de la Empresa Minera "La Salvadora" de propiedad de Simón I. Patiño.

Primer Vicepresidente, Gumercindo Rivera López, representante de los obreros del pueblo de Uncía.

Segundo Vicepresidente, Manuel Herrera, representando a los obreros de la Compañía Estannífera Llallagua (Compañía chilena).

Tesorero, Julio M. Vargas, (del pueblo); Secretario General, Ernesto Fernández (pueblo); Secretario de Actas, Marcial Arana (La Salvadora); Vocales, Ezequiel Pereyra, Melquiades Maldonado, Espectador Mendoza, Julio Soto, Francisco Irusta y Rigoberto Oquendo.

Desde la fundación de la primera organización sindical de Bolivia, los amos y señores de las mineras La Salvadora y Llallagua, emprendieron una sañuda persecución a los líderes de los obreros y especialmente a Gumercindo Rivera López, a quien lo ultrajaron y lograron su detención cuantas veces era necesario, sólo por intimidarlo. No lograron su objetivo.

El 4 de junio de 1923, Gumercindo Rivera López y Guillermo Gamarra por exigir mejores condiciones laborales, salariales y que se respeten los derechos de los trabajadores, provocaron que el Subprefecto interino de Uncía Tcnl. José Villegas y el My. Arturo Guillén, después de recibir denuncias de los administradores de las mineras La Salvadora y Llallagua, ordenaron la detención de ambos dirigentes acusándoles de ser subversores del orden público y amenazados con ser conducidos al Panóptico Nacional de La Paz.

Los obreros-mineros, anoticiados acerca de las detenciones, se concentraron en la Plaza de Uncía para exigir la libertad de sus compañeros dirigentes. Rivera y Gamarra fueron obligados por las autoridades a salir de su encierro y solicitarles a los obreros que se retiren a sus domicilios. Rivera para evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre de los obreros solicitó que se retiren de ese lugar y les informó que el Ejército estaba preparado para reprimirlos.

Según el relato de Gumercindo Rivera, después de esa intervención persuasiva, fue introducido brutalmente a su celda donde fue humillado y acusado de exaltar a los obreros y recriminado soezmente. Rivera le contestó: "Señor Mayor (José Ayoroa, Comandante del Batallón Técnico) es usted valiente tratando de humillarlo a un preso indefenso. Pero yo quisiera que me hablara usted en esta forma estando de civil o sin estar al mando de una tropa inconsciente e irresponsable, que se limita a cumplir órdenes a tontas y ciegas; entonces variarían las cosas y esa su… boca que me ha arrojado su baba inmunda, la limpiaría con una escoba de limpiar excusados". Ayoroa reaccionó apuntándole con un arma de fuego al pecho de Rivera López. No disparó.

Casi inmediatamente de ese episodio, se escucharon disparos en la Plaza "Alonso de Ibáñez", donde el propio My. José Ayoroa empuñó una ametralladora dando orden de abrir fuego contra los obreros. Allí murieron Manuel Leyza Tapia, Manuel Palomino, Víctor Mendoza y Pablo Montaño. Aurelia de Leyza (esposa de Manuel Leyza), resultó gravemente herida. Si bien sólo se identificaron a cuatro fallecidos se hace conocer que los muertos fueron más de cien y que los cadáveres fueron llevados a los hornos de calcinación de Miraflores, donde se habían convertido en cenizas. Ese es el resultado de la "Masacre de Uncía".

En el prólogo de su libro "La masacre de Uncía", se recuerda a Gumercindo Rivera López como al viejo e insobornable pionero de las luchas sociales y manifiesta que esta obra, "es uno de los que se ajusta a ese límpido caudal de las exégesis que han tomado la temática de las gloriosas luchas de los obreros bolivianos que, desde los primeros instantes de su vida organizada, han enfrentado con claro sentido de clase todos los desafíos del írrito ordenamiento social y económico impuesto por la penetración capitalista, que ha provocado la parálisis total de todas las fuerzas motrices que habrían de jalonar el mejor destino de la Patria decapitada por el verdugo extranjero y su corte de serviles, al redoble de los lúgubres tambores que pretenden sepultar hasta el orgullo nacional".

Gumercindo Rivera López en tres ocasiones fue confinado en Corque (Oruro) y después de su último confinamiento, el 28 de diciembre de 1923, por orden del Gobierno de Bautista Saavedra, junto a otros dirigentes sindicales, fueron puestos en libertad obligándoles a abandonar el país o fijar su residencia en Oruro sin derecho a regresar a Uncía o Llallagua, bajo ningún pretexto.

El ideólogo y gestor del movimiento sindical de Bolivia, vivió en la humildad en Oruro y murió el 20 de junio de 1968. Rivera injustamente nunca recibió un homenaje y reconocimiento alguno de la Central Obrera Boliviana, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia ni de los sindicatos. ¡Gloria al líder del movimiento obrero de Bolivia!



(*) Presidente de la Asociación de Periodistas de Oruro

Matrícula Profesional 031 ANPB

Fotografías y memoria visual del barón del estaño Simón I. Patiño

Oruro, corazón minero por excelencia desde la época de la Colonia, ha pasado por largas datas de investigación. No hay duda, otrora época republicana, trajo consigo adelanto para nuestra ciudad y regiones cercanas y lejanas como Llallagua, Uncía, Catavi, Siglo XX, Huanuni. Ese movimiento dio inicio a cobrar vida en los suelos, en las vetas escondidas y en los habitantes que comenzaron a multiplicarse, llegando de otras ciudades y países distantes.

"Fotografías para la historia" Simón I. Patiño: estaño y vida cotidiana 1900-1930, nos conduce primero, al "Contexto histórico" como reminiscencia de lo acontecido en el siglo XX, los avatares de la Guerra Federal, dos únicos partidos, el Conservador y el Liberal que cobraron notoriedad precisamente por el poder que se posesionaría con fuerza y el deseo del triunfador que motivó para que Bolivia se actualice.

Corría el año 1901, cuando don Simón I. Patiño, desde Cochabamba se trasladó hacia Potosí, le sonrió la fortuna al encontrar el filón de estaño "La Salvadora".

Este contexto, permitió que la vida de Oruro tome otra dimensión, es decir otros asientos mineros al ser explotados desencadenaron que este territorio, sea el eje de tránsito para llegar a los puertos del Pacífico, fue el principio para ser llamada ciudad cosmopolita, por la evidencia de la llegada de profesionales y comerciantes extranjeros.

Al mismo tiempo, se sumaban etapas de tensión, otra escaramuza suscitada con Chile e Intereses personales provocaron la construcción de la línea férrea interna, administrada por ingleses con el denominativo conocido The Bolivian Railway.

Existía necesidad de contar con expertos que conduzcan la parte técnica, anuncios en diarios de Alemania, Inglaterra y Francia, donde se solicitaban ingenieros de minas. Motivando a esos ciudadanos postular a dichos cargos, a través de algunas representaciones en esos países, así llegó el ingeniero Hans Block Burhaus contratado por don Simón I. Patiño, como gerente general de sus minas, participó en la exploración y explotación de la mina Siglo XX y la construcción del ingenio de Catavi, del nosocomio de Miraflores en la localidad de Uncía, hospital Santa Albina y otro en Colquechaca. Esta situación de necesidad, motivó para la creación en Oruro y Potosí de las "Escuelas de Minas", lógica que tuvo ponderados augurios. En ambas ciudades se concretó la apertura de estos espacios de enseñanza. Oruro se pronunció desde 1905 al contar con el apoyo del Dr. Ismael Montes, ese año se publicaron avisos para la búsqueda de un ambiente donde pudiese concretarse este objetivo, se convocó a alumnos a inscribirse para iniciarse en la carrera de Técnicos de minas, agrimensores y ensayadores. Su destino debía ser el ir a trabajar a las minas de don Simón I. Patiño. Llegaron ingenieros europeos para enseñar y graduar como técnicos medios hasta 1915, cuando los mismos alumnos posteriormente se inscribieron para ser ingenieros, era otro status que buscaban, la Escuela cambiada de nombre al convertirse en Escuela de Ingenieros.

A estos afanes sobrevino la primera guerra mundial, pasaron un sinfín de vicisitudes. Oruro, se encontraba en el mejor momento, los extranjeros trajeron consigo sus costumbres, cultura, conocimiento y se afincaron en este territorio para que sea un emporio durante la explotación de minas. Nos convertimos en el centro del movimiento económico, cultural y de desarrollo nacional, contábamos con teléfonos de tres dígitos, el correo vital para la comunicación, las salidas de trenes hacia el interior y Antofagasta, con horarios establecidos, apertura de sucursales de bancos internacionales, es decir Oruro parecía una ciudad luz.

Nuestro país fue motivo de agresión ante la invasión del Paraguay a Laguna Chuquisaca, derivando en el inicio de la Guerra del Chaco. Ese hecho provocó que don Simón I Patiño contribuyera con múltiples donaciones en vituallas, dinero en efectivo para la adquisición de varios elementos.

El primer sindicato minero en Bolivia: La Federación Obrera Central Uncía, creada en 1911, con obreros de la Empresa Minera La Salvadora.

Otra vez el universo transformaba su quietud en conflicto, la segunda guerra mundial, asomaba la insolvencia moral para dominar territorios ajenos. Cuando corría el año 1952 se creó la Central Obrera Boliviana, bajo la dirección de un trabajador minero, don Juan Lechín Oquendo.

Las personas que rodearon a don Simón Patiño escribieron en los anales de la historia, que los mineros de la empresa cada 12 de septiembre se dirigían al santuario milagroso del Señor de Quillacas. Otra referencia probablemente inadvertida fue que el ahorro minero sirvió de antecedente para la jubilación.

No hay duda, este libro ha sido labrado como testimonio del legado de un hombre que sufrió y luchó por sus principios. Nunca se rindió, había trazado tener un horizonte, la meta triunfar, la suerte fue para don Simón.

"Fotografías para la historia" Simón I. Patiño, estaño y vida cotidiana 1900-1930, esta memoria está dividida en ocho singulares capítulos: las primeras imágenes comienzan con un obsequio a los amigos de don Simón Patiño, precisamente de instantes irrepetibles, fotografías de la Mina "La Salvadora", Don Simón I. Patiño en las faldas del cerro "Espíritu Santo", edificaciones de la Administración del Socavón "Juan del Valle", Bocamina de "La Salvadora", trozos de minerales raros de la mina, El distrito de "minas de plata con estaño" de la Challapería", colección que refrenda la importancia de 172 imágenes.

Cada fotografía, es testimonio que el tiempo no ha borrado, considero, que haber registrado cada toma antes de ser instalada y después en pleno funcionamiento, como los ingenios a todo vapor, muestran todos los planos, edificaciones incluyendo páramos, son registros de arte, es innegable hacer el seguimiento visual. El lente captó a profesionales nacionales y extranjeros armados ante una intervención del francés Pedro Artegui de Colquechaca.

Las construcciones en 1899 del ingenio Miraflores los ambientes de las máquinas automáticas como los molinos de bolas, la sección de los Jiggers, sección de mesas concentradoras en el ingenio de Miraflores, son una muestra del adelanto de la tecnología, no olvidemos que para extraer y transportar los minerales era necesaria la inversión.

Uncía en 1900, la laguna artificial en la cumbre "Espíritu Santo", la represa, la caída del agua son evidencias del trance que cambió una población. Un año después se dio inicio a la apertura del Socavón "Luzmila Patiño", otros personajes acreditan este paraje. Continúa la evolución, desde 1908, ya se advierten los campamentos, se tiene un registro de la infraestructura que cobra vigor.

Para 1920 en Cerro Juan del Valle marca otra faceta relacionada a la línea férrea. En Machacamarca se inaugura el ferrocarril uniéndose con Uncía, la toma es imperdible por el instante de la imagen y la asistencia de personalidades nacionales y extranjeros. Exactamente la primera locomotora a diesel y vagones de carga deben recorrer por el puente construido en 1914. En estas fotografías de calidad puede valorarse las imágenes capturadas del tren de carga con bolsas de estaño para su exportación.

Don Simón, seguía invirtiendo en enormes y sofisticadas máquinas de concentrado, tableros de control de la generadora eléctrica, motores y otros.

Las fotografías tienen consistencia el argumento valioso en blanco y negro. Don Simón siempre fue solidario, instaló grandes almacenes de materiales, el hospital Santa Albina, las pulperías donde concentraban desde finas telas, material de escritorio, herramientas, juguetes, alimentos.

Otro importante distrito, Huanuni también fue centro de posesión desde 1908 hasta 1921 advirtiéndose en las fotografías numerosas máquinas que fortalecieron la explotación.

Otros asientos mineros Poopó, Oruro en 1900, la ciudad a principios del siglo XX, observándose al fondo el cerro Pie de Gallo y otros espacios no identificados.

Pairumani, Cochabamba, en 1920 construcción inmensa en el espacio abierto con áreas frutícolas, poblada de árboles y la hacienda denominada Villa Albina, con lago artificial en todo su esplendor.

Cochabamba en 1920, Palacio Portales en construcción. Hoy este palacio se erige con bibliotecas para fomentar la lectura infantil, niveles básico y medio. Oficinas como Centro Pedagógico y Cultural "Simón I. Patiño", donde permanentemente irradia cultura. En Cochabamba, La Paz y Oruro hizo construir de sólida infraestructura los Bancos Mercantil que aún están vigentes, manteniendo el mismo nombre y con el prestigio de ese entonces.

Su vida cotidiana, registrada desde 1903 en Uncía, siempre fue motivo de atención hacia su familia, el deceso prematuro de uno de sus infantes, motivó a retratar la capilla ardiente. Fotografías de la Sra. Albina Rodríguez Patiño, una fiesta infantil con mucho significado por el instante que captó el lente, a niños que llenan estos peldaños. Testimonio de estos ambientes que fueron residencia, hoy en posesión de la Universidad Técnica de Oruro, convertida en Casa de Cultura y Museo "Simón I. Patiño".

Luzmila Patiño Rodríguez probablemente por ser la menor, gozó de más consideración de sus hermanos y progenitores. Don Simón se retrató junto a su querida familia. Este lenguaje fotográfico, es vivo porque fue real, instante irrepetible de los años dorados del siglo XX. Don Simón I. Patiño dejó estas fotografías de valor incalculable, registro de arte que cobra notoriedad como legado de su vida cotidiana, perpetuando su memoria, los hábiles fotógrafos que se pronunciaron a través de sus sellos.

Estas fotografías evidencian las instantáneas de los episodios del tiempo en que vivió don Simón I Patiño, conocido y reconocido en el mundo como barón del estaño.

domingo, 3 de mayo de 2015

Luis Antezana Ergueta: Linares y Melgarejo abrieron paso a la invasión chilena

Para el historiador y periodista Luis Antezana Ergueta, los expresidentes de Bolivia, José María Linares y Mariano Melgarejo, abrieron paso a la invasión chilena ya que estos formaron parte del partido Rojo, orquestado en Chile por grandes comerciantes librecambistas.
Antezana aseveró que la política económica de Chile tenía grandes intereses en penetrar a Bolivia porque buscaba (más que expandirse territorialmente), mercados de consumo para la industria chilena que estaba en una etapa de prosperidad entre 1840 y 1870.
Aseguró que los gobiernos oligárquicos chilenos, inspirados en el ideólogo librecambista Diego Portales, prepararon las condiciones para que los países vecinos se conviertan en mercado de consumo para su producción industrial y así evitar la crisis económica.
En esa política –dijo– les fracasó que la Argentina se coinvierta en mercado de consumo de Chile, por lo que la oligarquía chilena siguió insistiendo en que Bolivia y Perú podían ser sus mercados de consumo y para este objetivo inició una política intensa para debilitar a sus gobiernos y controlarlos.
Explicó que con ese fin, lo que hizo la oligarquía chilena fue crear un partido boliviano que se llamó Partido Rojo, organizado en Chile con grandes comerciantes bolivianos, especialmente del sur de Bolivia, cuyo fin era tomar el poder para aplicar su política económica inspirada en la economía chilena e inglesa del libre comercio.
“Esta invasión ideológica de Chile a Bolivia tuvo éxito y especialmente fueron los agentes de ese Partido Rojo, Linares y Melgarejo, y los intereses chilenos que debilitaron al país totalmente y abrieron el camino para que Chile invada Bolivia”, aseguró.
Manifestó que, entonces, cuando Bolivia y Perú estaban completamente debilitados con en el máximo grado de crisis económica, social, política y cuando, por su parte, Chile se había fortalecido se produjo la invasión chilena.
“Por eso digo, que fue una política colonial chilena, porque convirtió a Bolivia (en) colonia de Chile, debiendo agregarse que este país era colonia de Inglaterra por lo que Bolivia terminó como subcolonia de una colonia. porque en estos tiempos, como antes, seguimos siendo mercado de consumo de la producción de Chile. Seguimos consumiendo productos chilenos en grandes cantidades, las frutas, verduras, productos farmacéuticos, etc.”, aseguró.
“BOLIVIA, PERÚ Y CHILE ANTES DE LA GUERRA DEL PACÍFICO”
El libro Bolivia, Perú y Chile antes de la Guerra del Pacífico, escrito por Luis Antezana Ergueta, será presentado el 7 de mayo en la Academia Boliviana de Historia Militar.
Se trata de una inédita investigación, siendo que toda la literatura sobre la época se refiere a la Guerra del Pacífico y todos los problemas diplomáticos después, pero no se ha escrito nada antes de eso, qué pasaba en Bolivia, Perú o Argentina y esta es la primera vez que va a salir un trabajo específico sobre este tema.
GUERRA DEL PACÍFICO
- Febrero y marzo 1879, ejército chileno ocupa Antofagasta.
- 1 marzo 1879, Bolivia declara la guerra a Chile.
- 5 de abril 1879, Chile declara la guerra a Perú y Bolivia.
- 21 de mayo 1879, Combate Naval de Iquique.
- 21 de mayo 1879, Combate Naval de Punta Gruesa.
- 8 de octubre 1879, Combate de Angamos.
- 2 de noviembre 1879, Desembarco de Pisagua.
- 19 de noviembre 1879, Batalla de Dolores.
- 26 de noviembre 1879, Batalla de Tarapacá.
- 26 de mayo 1880, Batalla de Tacna.
- 7 de junio 1880, Toma del Morro de Arica.
- 22 y 27 octubre 1880, Conferencias de Arica.
- 13 de enero 1881, Batalla de Chorrillos.
- 15 de enero 1881, Batalla de Miraflores.
- 26 y 27 de junio 1881, Combate de Sangra.
- 9 y 10 de julio 1882, Combate de La Concepción.
- 10 de julio 1883, Combate de Huamachuco.
- Tratado de Ancón (20 de octubre de 1883).
- Tratado de Tregua con Bolivia (4 de abril de 1884).
- Tratado de Paz con Bolivia (1904).

viernes, 1 de mayo de 2015

En Bolivia, el festejo del 1 de mayo se consolidó en 1907



Bolivia celebró por primera vez el 1 de mayo en 1906, cuando un grupo de trabajadores se animó a organizar una tímida velada artística; pero la celebración logró consolidarse en 1907 con una marcha realizada por la Sociedad de Obreros de La Paz.

El Día del Trabajador llegó a Bolivia cuando el país era una sociedad artesanal, a diferencia de otros Estados que ya estaban en el proceso de industrialización. Coincidió con el agotamiento de la minería de la plata y la iniciación de la economía del estaño, aunque los que empezaron a festejar la fecha no fueron los mineros, sino los artesanos.

El historiador Carlos Soria Galvarro citó al libro El poder minero, de Juan Albarracín Millar, para recordar esa primera celebración en territorio nacional. “Desde los talleres artesanales y los barrios populares, el pueblo se fue reuniendo hasta formar la primera marcha de protesta en contra del submundo sumergido en el atraso”, indica el texto.

Agrega que fueron “horas de pavoroso sufrimiento” de los bolivianos, que en ese entonces vivían acosados por la crisis y extenuados por la expoliación minera, las causas para que los trabajadores paceños decidieran celebrar el 1 de mayo saliendo a las calles, en 1907, “año de terror social”. “Las calles de La Paz y de algunos distritos mineros vieron flamear las nuevas banderas de la emancipación obrera, que antes habían sido impedidas por el despotismo feudal-minero”, relata Albarracín en su libro.

Protesta. El escritor hace referencia a la publicación de un medio de comunicación impreso, que al enterarse de la movilización tituló, en ese entonces, “¡Alerta!” y llamó a la marcha obrera “paso temerario”, cuando los artesanos la denominaban “la fiesta del trabajo”.

Albarracín señala que la oligarquía boliviana se movía detrás de esa noticia y que la derecha aseguraba que el origen del 1 de mayo era “una manifestación emboscada de la protesta contra el capitalismo... La fiesta del trabajo es esencialmente socialista…es de aquellas que tratan de inculcar en los pueblos la criminal utopía de la igualdad soñada”.

En el libro se apunta que bajo esas ideas se amenazaba con cárcel a las organizaciones gremiales de La Paz, movilizadas emotivamente en 1907, “año cargado de terribles presagios, de despidos, de pánico y de protestas”.

Las acciones bolivianas fueron una corriente de lo ocurrido el 1 de mayo de 1886 en Chicago, Estados Unidos, cuando obreros de esa ciudad organizaron una huelga que terminó marcando la historia de trabajadores en varias partes del mundo. Uno de los logros fue el respeto a las ocho horas laborales.

Antes de la Masacre de Chicago, los trabajadores eran sometidos a jornadas laborales de 10 a 12 horas, sin condiciones laborales y con escasa remuneración. Los obreros que se atrevían a organizar a sus compañeros o intentaban protestar eran castigados con multas, prisión o incluidos en listas para luego ser despedidos.

Los sindicatos de maquinistas, gasistas, ebanistas, moldeadores de hierro, ladrilleros y estibadores decidieron que el 1 de mayo empezarían una huelga indefinida, si su petición de una jornada laboral de ocho horas no era atendida. Esta demanda fue presentada a los “patrones” el 12 de abril de ese mismo año, luego de que en 1885 recorriera una circular con la propuesta por manos de organizaciones del proletariado estadounidense.

Al no existir una respuesta de los “patrones” se efectuó el paro. No solo fue en Chicago, sino en todo el territorio de Estados Unidos. El 1 de mayo unos 340.000 trabajadores desfilaron. En Chicago, centro del movimiento, marcharon cerca de 80.000 personas.

Estos sucesos desataron hechos sangrientos. Albert Parsons, August Spies, George Engel y Adolph Fisher, organizadores de las protestas, fueron enjuiciados y sentenciados a muerte. El 11 de noviembre de 1887, estos líderes recordados como los mártires de Chicago, fueron ahorcados.

Louis Lingg, otro imputado condenado a muerte, apareció muerto en su celda. A Samuel Fielden y Michel Schwab, dos líderes sindicales, les cambiaron la pena de muerte por prisión perpetua, ante el escándalo desatado por el deceso misterioso de Lingg. Pero en 1893, Fielden y Schwab, junto a Oscar Neebe, el octavo líder, consiguieron el “perdón absoluto” tras protestas sindicales y actuación de políticos. Estos eventos generaron el Día del Trabajador.

En París se instituyó la celebración

Obreros

Por un acuerdo en el Congreso Obrero Socialista, de la Segunda Internacional, desarrollado en París, en 1889, se instituyó el 1 de mayo el Día Internacional de los Trabajadores, en homenaje a los mártires de Chicago (Estados Unidos), quienes comenzaron la primera huelga en demanda de una jornada laboral de ocho horas.

Actividad

No obstante, Estados Unidos, Canadá y otros países no celebran en esta fecha, sino en septiembre.

Campesinos y gremiales se suman a los actos

El festejo del 1 de mayo refleja en la actualidad la variedad de identidad de la clase trabajadora boliviana, pues ahora los gremiales y campesinos se suman a los actos. Después de la Revolución de 1952, el sindicalismo logró ser determinante en la vida política del país.

Antes de la Revolución de 1952, los trabajadores artesanos, vendedoras de mercados y floristas desfilaban como celebración. Posteriormente, los mineros, la vanguardia del movimiento sindical, tomaron la batuta de las celebraciones, portando guardatojos y dinamita.

“Los trabajadores, especialmente el sector minero, eran la columna vertebral de las movilizaciones sociales y de la resistencia a las dictaduras. Pero los tiempos han cambiado, el lugar que ocupa ahora el movimiento obrero es distinto, equiparable a otros que han surgido y ocupan espacios políticos, como los campesinos”, expresó el historiador Carlos Soria Galvarro.


El movimiento obrero en Bolivia

La Central Obrera Boliviana (COB) surgió como principal entidad protectora de los derechos laborales de los trabajadores del país, representando a más de 2 millones de obreros.

Nació el 17 de abril de 1952, tras culminar un largo proceso de construcción de un movimiento proletario que represente a la totalidad de los trabajadores bolivianos, aunque en primera instancia estuvo controlada por el poder hegemónico del Movimiento Nacionalista Revolucionaria (MNR) a la cabeza de Juan Lechín, después se desmarcó de cualquier gobierno para encarar una lucha firme y férrea en defensa de las demandas sindicales.

Uno de los principales temas que manejó la COB tras su fundación fue la conocida Tesis de Pulacayo elaborada por Guillermo Lora en 1946, con la cual la clase obrera mostraba su impulso y su conciencia revolucionaria en la que se planteaba la necesidad de la toma del poder por los trabajadores, y que estos gocen de mejores condiciones de vida y trabajo.

La COB ha sido actor principal en los procesos revolucionarios del país y no se puede dejar de lado su lucha en contra de los gobiernos de las dictaduras militares, por un salario digno y respeto a los derechos de los trabajadores.

Actualmente, el movimiento sindical de los trabajadores decidió formar una alianza, denominada por ellos como "estratégica" con el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Aparición de los sindicatos en Bolivia

La organización de los sindicatos bolivianos se originó en las fábricas de la Cervecería Boliviana Nacional y Embotelladora Salvietti, pero no tuvo poder ni base sólida hasta que los mineros, con su Tesis de Pulacayo, pusieron en papel las reivindicaciones laborales para el proletariado en 1946. Este documento daría origen al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que con apoyo de las bases mineras y campesinas llegaría al poder en 1952, dándole al sector fabril leyes que normarían las condiciones de trabajo.

Los Mártires de Chicago

La represión en forma de detenciones y torturas no tardó en llegar. August Spies, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab, George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Louis Lingg, obreros de filiación anarquista fueron juzgados bajo el cargo de asesinato y conspiración.

Todos fueron condenados a la horca, aunque solamente Fischer, Parsons, Engel y Spies fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1886. Lingg apareció muerto en su celda.

Justo antes de morir, Albert Parsons – el más popular de los mártires de Chicago– pronunció su histórica frase "let the voice of the people be heard!" (dejad que se escuche la voz del pueblo).

Engel, otro de los mártires, recriminó durante su proceso al tribunal: "¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones […], otros caen en la degradación y la miseria".