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martes, 10 de junio de 2014

La misión Francisco Burdett O'connor al Litoral Boliviano

Desde el nacimiento de Bolivia (1825), hasta el inicio de la denominada Guerra del Pacífico (1879) diversos científicos, cartógrafos, geógrafos, exploradores, marineros y militares desembarcaron en el Litoral Boliviano y registraron en informes, memorias de viaje, apuntes y descripciones sobre la riqueza mineral, vegetal y experiencias personales de cuando estuvieron en esta región del Pacífico.

En ese sentido, en este trabajo describiremos y presentaremos uno de estos apuntes, que son parte de las memorias de Francisco Burdett O’connor. Para entender de una mejor manera, sobre quien fue este personaje, Julio Díaz Arguedas, nos menciona: “nació en la ciudad de Cork, Irlanda, el 12 de junio de 1791. Estudió en colegios y escuelas militares francesas…en junio de 1819 se embarcaba con cien oficiales y otros tantos de tropa formando la legión inglesa, la misma que desembarcaba en América o Colombia, en los últimos días de febrero de 1820 para ponerse a órdenes del gran Simón Bolívar, que acababa de proclamar la libertad e independencia de los americanos. O’Connor tenía en ese momento 18 años de edad.

Desde ese momento fue un infatigable luchador por la causa de la independencia americana y por el engrandecimiento de Bolivia. Asistió a las batallas por la causa libertaria con Bolívar y Sucre, y más tarde, ya en Bolivia, a las de la Confederación con Santa Cruz, ganando merecidos honores y grados militares hasta el de general de división.

Ya un tanto cansado se radicó definitivamente en la ciudad de Tarija, una de cuyas provincias lleva su nombre como premio a su constante labor bolivianista y en bien de Tarija, ciudad donde había formado su hogar. Falleció a la edad de 80 años el 5 de octubre de 1871” 1.

En este contexto, a fines de octubre de 1825, mientras permaneció el coronel Francisco Burdett O’Connor, en la ciudad de Tarija, le llegó una nota oficial emitida el 25 de ese mes, por el Gral. José Antonio de Sucre, que le ordenaba, por disposición del Libertador Simón Bolívar, lo siguiente:

“…marche a la provincia de Atacama a hacer el mas prolijo reconocimiento, i levantar un plano de sus costas; al mismo tiempo que forme US. los mas esplicados detalles que acompañen a los planos i reconocimientos. Hai tres puertos de que puede escojerse el mejor; que son el que se llama de Atacama, el de Mejillones i el de Loa; los dos primeros no tienen agua, i el último que por ser un río, dicen que no es bueno en su fondeadero, aunque el Libertador tiene por él inclinación, por tener ya ese río, i porque es el más cerca de Potosí. Si fuere totalmente desechable, es menester examinar los otros dos, o cualquiera otro, i ver de donde se lleva agua, en el concepto de que sea cual fuere el que se elija, ha de considerarse, que allí debe fundarse una ciudad o un gran pueblo. Es preciso calcular que el agua que se lleve sea bastante, no solo para el consumo de los habitantes i de las bestias que se empleasen en el tráfico, sinó también para regar el terreno, en que han de sembrarse muchos alfalfares i también las legumbres i artículos de consumo para la población, i aun para proveer de algu-nos objetos a los buques. Por supuesto que con un examen prolijo de todo, formará US. un presupuesto del costo que se causaría en llevar toda esa agua al puerto.- Después de esta primera dilijencia, debe practicarse la de reconocer cual sea el mejor camino de ruedas o de carro que pudiese abrirse desde el puerto a Potosí, o a cualquiera de las ciudades de el Alto Perú…” 2.

Sobre la misión de Francisco Burdett O'con-nor, de partir al Litoral Boliviano cumpliendo la orden de Sucre, este gran militar irlandés, anotó: “pocos días después, en cumplimiento de esta orden salí de Tarija y me dirigí a la Villa de Tupiza, llevando de ayudante al cadete Matilde Rojas, tarijeño, y un sirviente mío, colombiano” 3.

De Tupiza, se dirigió a la rinconada de Salta, luego llegó a las minas de oro de Santa Rosa. Partió después hasta Tocanao, “el primer pue-blo de la costa de Atacama, pasando por la cordillera” 4, en este pueblo lo dejó a Fermín Torres. Posteriormente llegó a San Pedro de Atacama, la capital de la provincia, donde encontró al capitán Casanova y la compañía de Cazadores del Batallón Segundo del ejército del Perú. Pasó dos días en esta población bus-cando burros fletados y cebada en grano para las mulas. En ese lugar luego dejó al cadete Rojas, sus equipajes y mil pesos con el capitán Casanova y partió a la población de Calama, con su asistente y los arrieros de las cargas de forraje. Recorrió Calama, Chacance y Cu-lupo, llegando a Cobija sin novedad, aunque el principal problema que tuvo fue la falta de agua. Sobre esta última población, escribió: “en Cobija no encontré más que un hombre, cochabambino, llamado Maldonado. Este me dijo que habían muerto de viruelas todos sus changos, pescadores de lobos, que no había más viviente en el puerto que él y su hermano, que había traído todos los santos de la Iglesia, que se hallaba abajo en la playa, á su casa, para que no se apestasen, y dormí esa noche en su casa con todos ellos” 5.

Al día siguiente llegó al puerto de Cobija el bergantín de guerra colombiano ‘Chimbora-zo’, con la orden de llevarlo y reconocer todos los puertos solicitados en sus instrucciones. Sobre el puerto de Cobija, inspeccionó que: “tenía el mejor fondo para anclar y el puerto más cómodo también, aunque escaso de agua”6. Luego se separó de la embarcación comandada por el comodoro Carlos Wright, en el puerto de Loa, que según el coronel irlandés “no es más que una rada, y con el agua del río Loa, tan salada que no se puede beber” 7. Re-ferente al puerto de Mejillones, declaró: “es hermoso, pero carece de agua. El de Paposo tiene río con pescado que le entra, pero el tránsito desde Paposo por tierra á Atacama no tiene una gota de agua, ni pasto, y por estas razones inverificable” 8. Posteriormente, el coronel irlandés continúo su recorrido por tierra, pero con anterioridad encargó al corre-gidor Maldonado llevar sus mulas hasta la boca del río Loa.

En Quillagua, Burdett O’Connor, se detuvo unos días y escribió: “este pueblo tiene una calle larga que corre de naciente á poniente, y se decía que esta calle era la línea divisoria entre el Alto y Bajo Perú; pero que habiéndose dado parte al rey que la guarnición que se mantenía en Arica, y que se relevaba mensual-mente, se enfermaba de una terciana muy mortífera se dio una real orden para que se retirase esa guarnición y que no se relevase más… Al poniente del pueblo de Quillagua, en la costa, hay un puerto que tiene por nombre Mamiño, entre Cobija y Loa. Lo reconocí con el comodoro. Tiene agua buena, contenida en el hueco de una peña en la costa. El puerto no sirve, ni hay tampoco terreno inmediato sobre que formar una población” 9.

Desde este poblado, despachó á su asistente á Atacama con la intensión de traerle los animales y equipajes dejados conjuntamente al cadete. Mientras tanto el coronel irlandés re-corrió las inmediaciones del pueblo y envió un informe pormenorizado al general Sucre, de las actividades realizadas. Transcurrido el tiempo llegaron a Quillagua, su asistente acompañado de lo citado anteriormente.

Luego partieron hacia la plaza de Manin, de la cual escribió: “este lugar había sido un potrero de alfalfares, pero dejado por la falta de agua… dejé los animales en Manin, y me dirigí á Huatacondo, un miserable lugar” 10. En esta localidad O’connor se alojó en la casa de un cura, luego retorno a Manin, posterior-mente se dirigió á Chiuchiu, para continuar su recorrido con dirección hacia Potosí, fijando puntos para hacer construir casas de posta, corrales y potreros. Sobre ello escribió: “Pasé por el cerro de San Pedro á la mano derecha, y el cerro Cebollazo á la izquierda, los dos de la Cordillera de los Andes, á Polapo, de aquí á Viscachilías, hasta San Cristóbal. De aquí al campo de Avilcha, con mucha piedra imán en todo el campo, y llegué á Potosí, por el cerro de Mauquí y Cebadillas, tardando en todas las pascanas para dar el debido cumplimiento á mi comisión” 11. De esta manera concluyó la exploración de Francisco Burdett O’Connor, al litoral boliviano.

A su regreso, inmediatamente entregó al ge-neral Sucre, su diario y un mapa de las costas bolivianas, además de todos los apuntes y declaraciones relativas á las demarcaciones de las costas. Al día siguiente dicho general lo mandó a llamar y le dijo: “que había examina-do con atención mi mapa, mi itinerario y mis datos tomados en el curso de mi comisión, y que estaba muy contento. Me dijo que iba á nombrarme jefe de Ingenieros de la Repúbli-ca” 12.

Pero su informe, tuvo como resultado que el Libertador Bolívar promulgué: “el decreto emitido el 28 de diciembre de 1825, habilitan-do el puerto de Cobija con el nombre de La Mar (en homenaje al gran mariscal José de La Mar, vencedor de Ayacucho), como la princi-pal vía marítima de la República” 13. De esta manera, fue refundado el antiguo puerto heredado de la Real Audiencia de Charcas, Cobija, que fue instituido en 1587 con la intensión de “establecer un puerto propio pa-ra Potosí por el cual exportara la plata a Europa en vez de hacerlo por Arica. Fue bau-tizada con el nombre de Puerto Santa María Magdalena de Cobija” 14.

A modo de conclusión, en palabras del pro-fesor Fernando Cajías, podemos decir que: “el viaje de O’Connor es de suma importancia, sobre todo porque… influyó enormemente en la habilitación de Cobija” 15, como vimos an-teriormente.

domingo, 8 de junio de 2014

Recuerda a los beneméritos de la Guerra del Chaco

Los antiguos terrenos de ganadería y de cultivos de caña pertenecientes a Hugo Chávez y Lucio Carrillo, por donde cruzaba una senda rumbo a Paurito, comenzaron a ser poblados desde 1977, siendo bautizados como barrio Héroes del Chaco en honor a los excombatientes de esa contienda bélica librada contra Paraguay entre 1932 y 1935, estableciéndose el 14 de junio como la fecha de fundación, por lo que el sábado cumplirá 37 años.

Uno de los pioneros del barrio es Clemente Huallpa, que hoy tiene una pequeña tienda en la avenida Sudamericana, y que recuerda que antaño era un curichal de 300 metros hasta llegar al cuarto anillo o hasta la avenida Tres Pasos al Frente.

“Todo ha cambiado para bien, porque tenemos varias calles con pavimento, aunque falta mejorar otras que siguen siendo intransitables cuando llueve”, anotó Huallpa.

“Faltan ser pavimentadas 48 cuadras, porque el barrio es grande, abarca la UV 91, pero gracias a la buena voluntad de la Subalcaldía del distrito 3 esperamos que nos las mejoren en el POA de 2015”, agregó Angélica Jaime, presidenta de la junta vecinal.

Asimismo, entre los ilustres dirigentes del barrio figura la exparlamentaria Delmira Villa.



Obras

Entre los atractivos del barrio se encuentra el parque cerrado Héroes del Chaco, inaugurado en octubre de 2009; en su interior se creó un paseo temático de señalizaciones y de semáforos donde se enseña a los niños acerca de las reglas de Tránsito.

Entre las vías que rodean la UV 91 están las avenidas Sudamericana y Tres Pasos al Frente, las cuales cuentan con aceras y buena arborización.

Además, los vecinos ven con buenos ojos la realización de la feria de Alasitas, pues le da movimiento al barrio.

También cuentan con un moderno local educativo para primaria, bautizado con el nombre de la barriada.

Pese a todas las obras que le han dado otra cara, aún persiste la presencia de grupos de pandilleros y drogadictos que no ocultan sus actividades en los alrededores del parque cerrado. “La Policía debe venir a controlar porque los malvivientes traen inseguridad”, dijo Mechi Polanco, otra vecina

JUAN MISAEL SARACHO



(Disertación del catedrático Dr. Octavio O'Connor d’Arlach, en la inauguración del Año Académico 1957)

Han transcurrido muchos días desde aquel en que se cumplieron cien años del nacimiento de uno de los más esclarecidos personajes tarijeños y de los más eminentes ciudadanos de Bolivia: el doctor Juan Misael Saracho. Ese centenario debió haberse celebrado en toda la República con todo el realce con que los pueblos suelen patentizar su justo reconocimiento a los hombres que laboraron arduamente por su engrandecimiento y su cultura. Entre los pueblos bolivianos ninguno estaba más llamado a magnificar esa fecha, desplegando el caudal de su emotividad, de su entusiasmo y ardor cívico, que esta tierra que es la del nacimiento del prócer y la que nutrió los sueños de su infancia y tempranamente acicaló su espíritu con las virtudes que habían de caracterizarlo en toda la trayectoria de su vida. Y en Tarija, correspondía, ante todo, a la Universidad “Juan Misael Saracho” consagrar un homenaje fervoroso y un recuerdo emocionado a aquel cuyo nombre tomó ella como égida y como lábaro para desenvolver su acción educativa inspirándose en el ejemplo del gran educador tarijeño.

Desafortunadamente, acontecimiento de tanta significación y trascendencia pasó casi inadvertido para el público, embargado por las preocupaciones políticas y económicas en que se debatía el país. La Universidad, entretanto, en pleno período de vacaciones y cuando la dispersión de profesores y alumnos hacía casi imposible la realización de actos académicos que revistieran la jerarquía deseable, vióse obligada a dejar transcurrir en silencio esa fecha, postergando su homenaje para la primera oportunidad que se le presentara, que es precisamente este acto solemne de la inauguración de su año lectivo. Ha querido, pues, que en él se exteriorizara el sentimiento de veneración y gratitud que catedráticos y alumnos, unánimemente, profesan a la egregia figura de Saracho, iniciándose, con esta breve disertación que me ha sido encomendada, la serie de actuaciones académicas destinadas a honrar su memoria. Procuraré esbozar, siquiera, los rasgos más salientes de su personalidad y de su obra.
Nacido en esta ciudad, el 27 de enero de 1857, cursó en ella sus estudios de primaria y de secundaria, destacándose entre sus condiscípulos por su claro talento y constante aplicación, cualidades que le hicieron, más tarde, brillar también en la Universidad. Es todo cuanto sabemos de esa primera etapa de su vida, que transcurrió, seguramente, con el ritmo sosegado y monótono que imprimía a Tarija su ambiente conventual, en la segunda mitad del siglo XIX. Vencidos los seis años de humanidades en el Colegio Nacional “San Luis”, su anhelo de cultura y de adquirir una profesión, lo lleva a Sucre, donde ingresa a la Universidad Mayor de “San Francisco Xavier”, que atrae, con su secular prestigio, a todos los bachilleres tarijeños. En 1873 se recibe de abogado, coronando así toda una serie de sacrificios que se impuso en aras de su vocación, pues no poseyendo bienes de fortuna, gran parte de su tiempo tuvo que dedicarlo a la lucha por la vida y, robando horas al sueño, a copiar, en las noches, los textos de estudio que le prestan sus compañeros, según solía él, más tarde, contar a sus amigos.
De Sucre se traslada a Camargo donde se entrega al ejercicio de la profesión, pero, sus inclinaciones a la docencia se imponen cada día con más fuerza a su espíritu y no tarda en fundar un establecimiento de secundaria al que bautiza con el nombre de “Liceo Porvenir”, exteriorizando así su invariable convencimiento de que el porvenir de la patria debía cifrarse, por encima de todo, en la educación. Se siente feliz pensando en el aporte que hará a la cultura y al progreso del país con ese hogar espiritual donde las jóvenes generaciones podrán adquirir los conocimientos humanísticos y prepararse para la universidad y para la vida; pero, muy pronto tiene que abandonarlo todo, pues ha estallado la guerra del Pacífico y él se apresura a cumplir el deber patrio con la plenitud de decisión y de fervor que suele poner en todo lo que hace. Forma el escuadrón Camargo con los profesores y alumnos del curso, y como segundo comandante de aquél concurre a la campaña. El desenlace de ésta, desastroso para Bolivia, amargó su corazón, pero afirmó, sin duda, su resolución de consagrarse a la enseñanza, pensando en que ella transformaría, andando el tiempo, las condiciones adversas en que nuestro país tuvo que afrontar al enemigo.
De regreso a Camargo, reanuda, en su Liceo, con renovado entusiasmo, sus actividades docentes. Sin embargo, poco después, busca para ellas y para su propio desenvolvimiento Intelectual, más amplios horizontes, y se traslada a Potosí. Allí, al lado de un selecto grupo de hombres de estudio, se ocupa activamente de la educación primaria, en cuyo terreno recoge observaciones y experiencias que le servirán más tarde para emprender, desde el Ministerio de Instrucción, las grandes reformas que han de consagrarlo como a un verdadero pionero de la educación boliviana. Funda el periódico “El Tiempo” que le brinda la oportunidad de difundir sus ideales y que pronto descuella, entre los órganos de la prensa nacional, como una tribuna de civismo, de honradez y de cultura.
La conducta siempre rectilínea de Saracho, la ponderación de su criterio, la serenidad y firmeza de su carácter, en una palabra, los altos quilates de su personalidad, acrecientan rápidamente su prestigio en un pueblo, que sin ser el suyo, lo rodea de sus simpatías y le tributa el reconocimiento de sus méritos. Elegido munícipe, su labor edilicia fue tan eficiente que en varios períodos fue, nuevamente, llevado a la comuna. Designado Director del Colegio “Pichincha” acepta gustoso el cargo encontrando en él otra oportunidad preciosa para ahondar su experiencia sobre educación secundaria. Designado Rector de la Universidad, la organiza y logra hacer de ella una entidad señera del progreso cultural y un verdadero foco de inquietudes espirituales. Posteriormente, el pueblo potosino lo elige su representante a la Convención Nacional que se reunió en Oruro en 1899, en la que Saracho se inicia con brillo en las lides parlamentarias, revelándose, sobre todo, como un expositor talentoso y convincente. Elegido senador por Tarija, en 1904, a poco de incorporarse a la Alta Cámara, deja su asiento del Senado para asumir las funciones de Ministro de Instrucción Pública y Justicia, bajo la presidencia de Montes. Luego, durante la administración de éste y de Villazón, desempeñará las carteras de Gobierno y Fomento y de Relaciones Exteriores y Culto. Elegido segundo vicepresidente en 1909, tocóle asumir transitoriamente la Presidencia provisoria de la Nación. En 1913, es elegido primer vicepresidente de la República, en cuya virtud le correspondió ocupar la presidencia del Senado, donde puso en evidencia su talento, su sagacidad y su tino extraordinario en la conducción de los debates.
Proclamado candidato a la Presidencia de la República por el período de 1917-1921, cuando el reconocimiento unánime de sus virtudes, sus prestigios de estadista y la popularidad que rodeaba su nombre en todos los distritos, hacían augurarle un triunfo rotundo en las urnas, la muerte vino a tronchar las esperanzas nacionales, sorprendiéndolo en la ciudad de Tupiza el 14 de octubre de 1915, mientras viajaba a Buenos Aires. Esta cruel jugada del destino privó a Tarija de uno de sus hijos más conspicuos y a Bolivia de un mandatario que habría sido, seguramente, uno de los más eminentes de su historia.
Es principalmente en la cartera de Instrucción Pública donde la figura de Saracho cobró mayor relieve, pues pocas veces la ocupó, en nuestro país, una mentalidad tan robusta, animada de un fervor patriótico tan sincero y de un anhelo tan hondo de resolver el problema educativo. Nadie, tal vez, antes de él, había meditado tanto sobre ese problema hasta hacerlo su preocupación constante, una especie de obsesión fecunda a la que nada podía sustraerlo y que parecía constituir la razón misma de su existencia.
Ágil en el pensar, pero cauteloso y metódico en la acción, jamás se precipita en la realización de sus proyectos, sino que, paso a paso, va ejecutando lo que en largas vigilias ha planeado minuciosamente. Dotado de una disciplina mental poco común y entregado al estudio y la lectura con avidez incesante, bebió en todas las fuentes los conocimientos que habría de utilizar para cumplir la gran misión que se había impuesto; pero también hizo acopio de la experiencia necesaria, que lo preservaría de las divagaciones teóricas, de los utopismos estériles, de los impulsos inocuos, que se malogran y se desvanecen en la realidad.
Contrasta el ritmo pausado que caracteriza a la reforma emprendida por él con la impaciente ligereza con que, en diversas épocas, se realizaron otras reformas educativas, de tan escasa vitalidad y consistencia, que pasaron fugazmente sin dejar huella alguna duradera. Empieza Saracho por reunir todos los datos a su alcance: analiza, compara, discrimina, para tener una visión clara de las fallas y deficiencias que, por entonces, aquejan al desenvolvimiento de la educación boliviana. Luego, convencido de que, principalmente, faltan en Bolivia verdaderos pedagogos, piensa que solo podría conseguirlos enviando a Europa grupos selectos de jóvenes que se empapen de la ciencia pedagógica y regresen luego a servir en el magisterio nacional; destaca al viejo Continente una comisión, encabezada por Daniel Sánchez Bustamante, encargada de estudiar los sistemas de enseñanza allí usados y cuyo informe serviría para la reforma que se propone; contrata pedagogos extranjeros para las escuelas y colegios del país; todo lo cual no le impide fundar al mismo tiempo, nuevas escuelas, importar material didáctico, fomentar la enseñanza rural y proyectar la primera Ley de Educación Indigenal.
Finalmente, se dicta el Plan General de Educación que es aprobado por la legislatura de 1908. Culmina así una larga serie de esfuerzos tesoneros para cimentar sobre nuevas bases la educación boliviana; pero la fecundidad de su propósito aún da margen para ir más allá de la obra realizada, y uno de sus mejores discípulos y colaboradores, precisamente Sánchez Bustamante que le sucede en el Ministerio, se encarga de completar esa obra fundando la Escuela Normal de Sucre, de la que se hace cargo la misión belga encabezada por Georges Rouma.
En torno a la obra de Saracho se han suscitado ardientes debates y apasionadas polémicas. Sus impugnadores le han reprochado lo que ellos llamaron su “extranjerismo” o sea el afán de buscar en otros países que no guardan similitud alguna con el nuestro, sistemas ajenos a la idiosincrasia del pueblo, a las necesidades del ambiente, en una palabra, a la realidad boliviana.
Naturalmente, la obra de Saracho no podía ser perfecta, siendo humana, pero es necesario situarse en la época en que a él le tocó actuar y comparar esa actuación con la de muchos otros de sus contemporáneos y predecesores para aquilatar en su justo valor el avance enorme que significaron sus realizaciones en materia de educación. Claro está que luego vendrá el filósofo de la educación boliviana, el gran Tamayo, que señalará rumbos quizá definitivos a la teoría educativa, pero nada podrá menoscabar la importancia de lo que nos legó el gran realizador que fue Saracho; prueba de ello es que pese a la versatilidad de nuestro país en el aspecto educativo, muchas de las reformas introducidas por él se mantienen vigentes en la actualidad. Su obra ha resistido al tiempo y a las pasiones políticas. El hecho de que el mismo Tamayo se haya educado en Europa y haya bebido gran parte de su saber en la Sorbona, antes de darnos, a su regreso a Bolivia, su magnífica “Creación de la Pedagogía Nacional”, parecería, hasta cierto punto, justificar la tesis de Saracho relativa al envío de jóvenes intelectuales a Europa. Por otra parte, la tendencia que irrumpe con Tamayo de crear una pedagogía nacional, de acuerdo con nuestras características raciales, con nuestros gustos y costumbres, puede considerarse como una consecuencia dialéctica de aquella tesis sustentada por Saracho. Sin ésta, no habríamos, tal vez, tenido aquélla.
De todo lo dicho podemos desprender que la figura del gran tarijeño está destinada a perpetuarse en nuestra historia como una de las preclaras de la República; y los fundadores de esta Universidad tuvimos una feliz inspiración al bautizarla con su nombre para cobijarla, como dije en otra oportunidad, “bajo la sombra tutelar del que fue un maestro en la plenitud de la palabra, un patriota en la acepción más pura del vocablo, un estadista dotado de una clara visión de la realidad, un político honrado, austero, de corte catoniano, cuya integridad moral jamás se mancilló en las deformaciones de la democracia criolla, un espíritu sereno, ponderado, vigoroso, ajeno al verbalismo y a los afanes retóricos, pero empeñoso en la acción y constante en la persecución de sus ideales, sobre todo un gran Ministro de Instrucción, que, al afrontar los sistemas de enseñanza abrió nuevos derroteros a la educación boliviana, convencido de que sólo preparando a las nuevas generaciones para las responsabilidades del ciudadano, es posible afianzar las conquistas democráticas de los pueblos, y acelerar su desenvolvimiento espiritual y material, cimentando sobre bases firmes el orden, la libertad y la justicia. Por todo eso y porque fue tarijeño de nacimiento y de corazón, en quien se conjugaron las mejores virtudes de la raza, Tarija se enorgullece de haber mecido su cuna y nosotros los de la Universidad “Juan Misael Saracho” buscamos en su recuerdo el ejemplo y la guía que iluminen nuestros pasos en la noble labor en que estamos empeñados”.

De la revista de la Universidad
“Juan Misael Saracho” N°s 18 y 19
Año VIII; Octubre 1957
Tarija - Bolivia

viernes, 6 de junio de 2014

En Bolivia, hace 90 años se instituyó el Día del Maestro

Con el objetivo de hacer un justo homenaje a los maestros del país, desde hace 90 años, cada 6 de junio se celebra el Día del Maestro. Esta fecha fue instituida por Decreto Supremo del 24 de mayo de 1924 durante el mandato gubernamental del presidente Bautista Saavedra.

La fecha está asociada a dos hechos importantes. El primero, relacionado con la fundación de la primera Escuela Normal de Profesores y Preceptores de la República -en 1909- en la ciudad de Sucre, durante la presidencia del general Ismael Montes. Esta escuela fue un homenaje a los 100 años de la gesta libertaria de 1809 en Chuquisaca.

El segundo, coincide con la fecha de nacimiento de Modesto Omiste Tinajeros, un pionero de la educación en el país, considerado “Padre de la educación boliviana”. Conocido como un polifacético educador, fundó escuelas, fue diplomático y periodista.

Omiste, maestro de maestros

Modesto Omiste Tinajeros, nacido el 6 de junio de 1840 en Potosí, dedicó su vida a la educación popular. Fue maestro de otros grandes de la educación del país, como es el caso de Juan Misael Saracho y Daniel Sánchez Bustamante, quienes tuvieron marcada influencia en su política educativa.

La personalidad y talento de Omiste lo llevaron a crear y orientar las escuelas municipales.

Fundó la primera Escuela Normal de Maestros de Sucre. Creó las escuelas "1º de Abril" (para niños) y "Juana Azurduy de Padilla" (para niñas), en 1883. Fue gestor de las Asambleas del Maestro, donde impartió modernos métodos pedagógicos para su tiempo, convirtiendo a las escuelas municipales en las abanderadas del país. Éstas funcionaron hasta el 9 de abril de 1952 y se reactivaron gracias a la Ley de Participación Popular.

Algunos escritores como Subieta Sagárnaga lo llamaron "El Sarmiento Boliviano", por su consagración a la enseñanza libre en todos sus grados y la influencia que tuvo en la Ley de Libertad de Enseñanza, aprobada un 22 de noviembre de 1872.

Hombre polifacético

Al margen de sus dotes de educador, Omiste fue periodista, abogado, historiador, diplomático y político. Fundó el periódico “El Tiempo” el 1 de enero de 1883, gracias a la imprenta que trajo consigo desde Filadelfia (Estados Unidos).

Asimismo, fue considerado precursor del periodismo nacional, debido a las múltiples tareas que desempeñó como funcionario de gobierno. En su imprenta publicó libros traducidos del inglés y del francés, cuya distribución fue gratuita en las escuelas municipales.

Como historiador sobresalió con obras como "Crónicas Potosinas", "Caracas Cuna del Libertador", "Historia de Potosí 1811 y 1812" y "Monografía de la Ciudad de Potosí", ésta última fue presentada en la Feria Internacional de Chicago en conmemoración del primer centenario de la creación de los Estados Unidos.

Además, representó a Bolivia como enviado especial en países como Brasil, México y Estados Unidos. También fue Ministro Plenipotenciario en Argentina y Venezuela, al margen de ser presidente del Congreso Bolivariano.

En el ámbito literario fundó la Sociedad Cortez y el Centro de Estudios de Potosí. Convirtió el Salón Prefectural en centro cultural cuando ejerció como prefecto de Potosí. Fue diputado y senador de la República en 1874, 1889 y presidente del Concejo Municipal en 1892.

Otros personajes

Entre otros personajes influyentes en el ámbito de la educación boliviana, se puede citar a Franz Tamayo, Adela Zamudio, Enrique Finot, Jaime Escalante y Natalia Palacios.

Franz Tamayo explicó la urgencia de una pedagogía basada en nuestra realidad étnica antes que en modelos extranjeros en su obra “Creación de una Pedagogía Nacional”. Avelino Siñani y Elizardo Pérez marcaron hito con la escuela productiva de Warisata.

1909 se fundó

La primera Escuela Normal de Profesores y Preceptores de la República.



1840 nació

Modesto Omiste Tinajeros, considerado el "Padre de la educación boliviana".



ADELA ZAMUDIO

Ilustre escritora, pensadora, pintora y maestra boliviana que dedicó su vida a las letras y a la docencia. Nació en La Paz en 1854 y falleció en 1928.

Desde muy joven se inclinó a la poesía, con el seudónimo de Soledad, obteniendo un prestigio literario entre los escritores románticos de su época. Manejó acertadamente todos los géneros y formas retóricas. Sus temas favoritos fueron la vida y la naturaleza. Desde su postura filosófica denunció la injusticia social y económica con sutileza e ironía.

Con firmeza luchó por la emancipación social e intelectual de la mujer, sin menoscabar su femineidad.

A pesar de manifestar en toda su vida un alto sentido cristiano, fue combatida por las autoridades civiles y clericales hasta suscitar una célebre polémica nacional en la sociedad boliviana que le valió el apoyo solidario de la casi totalidad de los escritores importantes de su país.

En 1911 fundó la primera Escuela de Pintura para señoritas y otra del mismo tenor para los niños de los suburbios.

Fue profesora y directora de la primera Escuela Laica de Bolivia y autora de piezas de teatro y lecciones líricas para niños.

Maestra y precursora boliviana cuya obra fue motivo de análisis de muchos críticos bolivianos.

jueves, 5 de junio de 2014

Alcaldía convoca a estudiantes a conocer sobre la historia chapaca

Con motivo de valorar, difundir la importancia de la lectura y promover la identidad cultural, el Gobierno Municipal de Tarija convoca al concurso de teatro escolar, destinado a niño del nivel primario y secundario de la ciudad y provincias de Cercado.

El evento se realizará en tres etapas: La selección en cada unidad educativa, semifinales en las 11 bibliotecas municipales de la ciudad, y la final en el Patio del Cabildo a realizarse el 16 de julio, a partir de las 08:30 horas.
El concurso tiene como propósito mejorar los soportes de desarrollo educativo integral, conocimiento y empoderamiento sobre la historia, e identidad cultural y cívica de los niños y jóvenes estudiantes, dijo la oficial mayor de fomento a la cultura y producción del municipio de Cercado, Cira Flores.
Los alumnos pueden inscribirse en las bibliotecas municipales cercanas a la unidad educativa, con la fotocopia de libreta de notas y certificación de la dirección del establecimiento que acredite que el estudiante pertenece a la entidad escolar que a va a representar, explicó.
Flores indicó que la selección de los ganadores estará a cargo de un selecto jurado calificador, conformado por personalidades del medio y entendidos en la materia de historia.
Se tiene previsto otorgar como premios, una cámara digital para la unidad educativa que logre el primer lugar, además de MP4 a cada uno de los integrantes del elenco ganador, que no deberá ser mayor de cinco niños.
Asimismo, se otorgará un set de juegos didácticos y de MP3 a cada uno de los integrantes; y quienes alcancen el tercer lugar, estuche geométrico y mapamundi para el establecimiento al que representan, y un set de juegos didácticos para cada integrante del grupo ganador. Se incluirá certificados de participación a todas las unidades educativas participantes.
“Lo que se pretende es estimular en los niños y jóvenes estudiantes de nuestras unidades educativas tarijeñas la práctica de la investigación, valoración, reconocimiento y expresión de nuestras raíces cívicas y culturales”, señaló Flores.

martes, 3 de junio de 2014

El conflicto boliviano-paraguayo

El 9 de mayo de 1933 comienza otra guerra que deja en dos años más de 100 mil muertos latinoamericanos. Tras el triunfo chileno en la guerra del Pacífico (1879-1883) Bolivia se queda sin salida al mar, llena de resentimiento y muertos. Busca un puerto marino por el río Paraguay, pero para los guaraníes ese brazo fluvial era lo poco que le había dejado la masacre y saqueo de la Triple Infamia (Argentina, Brasil y Uruguay, 1864-1870).

Ambas empobrecidas naciones apuntan entonces a los pantanos del Chaco Boreal. Los del Alto Perú tienen en la zona fortines desde 1922, por lo que Paraguay levanta los suyos. Hasta que un día, la sed impulsa a los bolivianos a ocupar un fortín paraguayo para tomar su pozo de agua.

Así, desde mayo de 1933 a junio de 1935 combaten los dos pueblos. Como en esos páramos de 250 mil kilómetros cuadrados del Chaco Boreal la riqueza subterránea era el petróleo, los intereses de grandes petroleras intervienen en el conflicto. Los soldados pe-lean, casi sin saber, para la estadounidense Standard Oil desde Bolivia o la anglo holandesa Royal Dusch Shell, desde Asunción.

El periodista argentino Rogelio García Lupo, cofundador con Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Jorge Masetti de la Agencia de Noticias Prensa Latina -además de coordinar con Walsh y Horacio Verbitsky el Semanario CGT de los Argentinos-, también investigó una intriga que no trascendió ni se recuerda con la atención merecida. Sucede que el entonces presidente argentino, gene-ral Agustín Pedro Justo, “fue un abierto ope-rador a favor de Paraguay contra Bolivia”.

El apoyo a los guaraníes no surgía de un mea culpa por las masacres cometidas antes durante la guerra de la Triple Infamia. Sucede que tras esa contienda, capitales porte-ños desembarcaron en esas tierras para invertir en la reconstrucción. La reconstrucción paraguaya fue un negocio para intereses porteños. En 1904, ya más de 140 mil kilómetros cuadrados de territorios del oeste guaraní eran vendidos a capitales argentinos, algo como el 93,68 por ciento de las tierras fiscales.

La prensa y los libros de la historia oficial retoman estos hechos. Pero los hombres comprometidos con la palabra y la memoria, como Eduardo Galeano, entre otros, también trabajaron el tema. “Está guerra es entre los dos pueblos más pobres de América del Sur: los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. Escondidas entre los plie-gues de ambas banderas, la Standard Oíl Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco. Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obli-gados a odiarse en nombre de una tierra que no aman, que nadie ama: el Chaco es un desierto gris, habitado por espinas y serpien-tes, sin un pájaro cantor ni una huella de gente. Todo tiene sed en este mundo de es-panto. Las mariposas se apiñan, desespe-radas, sobre las pocas gotas de agua. Los bolivianos vienen de la heladera al horno: han sido arrancados de las cumbres de los Andes y arrojados a estos calcinados mato-rrales. Aquí mueren de bala, pero más mue-ren de sed”. (Memoria del Fuego 3: El Siglo del Viento).

Desde Bolivia, El Chueco Augusto Cés-pedes Patzi (Cochabamba, 1904-1997), es-critor, periodista y político, relata: “Un pelo-tón de soldados empieza a excavar un pozo, a pico y pala en busca de agua. Ya se ha evaporado lo poco que llovió y no hay nada de agua por donde se mire o se ande. A los doce metros, los perseguidores del agua encuentran barro líquido. Pero después, a los treinta metros, a los cuarenta y cinco, la polea sube baldes de arena cada vez más seca. Los soldados continúan excavando, día tras día, atados al pozo, pozo adentro, boca de arena cada vez más honda, cada vez más muda; y cuando los paraguayos, también acosados por la sed, se lanzan al asalto, los bolivianos mueren defendiendo el pozo, como si tuviera agua”.

En el libro La Guerra del Chaco: Petróleo, del escritor-periodista brasileño Julio José Chiavenato, se relata: “En el Chaco, diez mil bolivianos mueren de sed en un solo cerco”. Se agrega luego que en 1938 una misión militar norteamericana, sobrevolando la zona de operaciones en el Chaco, hace un maca-bro hallazgo: las osamentas de 10.000 sol-dados bolivianos muertos de sed en el cerco de Picuiba-Irendague.

Viveza criolla

“Todo el trigo, la nafta y el fuel-oil que con-sumió el ejército paraguayo durante los tres años de guerra le fueron facilitados gratuita-mente por el gobierno argentino” (David Zook, The conduct of the Chaco War, New Haven, Bookman Associates, 1960).

García Lupo señala que además de planifi-car necesidades de armas, créditos, trans-portes y alimentos, el gobierno comprometió al Estado Mayor del Ejército Argentino.

En la logística, el coronel Abraham Schweizer, hijo de un estanciero judío de Co-rrientes y con prácticas pro-longadas en el ejército ale-mán, antes del nazismo, fue destinado al Paraguay entre 1931 y 1934, para el espionaje de Bolivia.

También documenta que el entonces mayor Juan Domingo Perón “era desde febrero de 1932 el ayudan-te de campo del Ministro de Guerra, el general Manuel Rodríguez, a su vez perso-na de confianza del presi-dente Justo”.

Esa intervención argenti-na llevó a que Gran Breta-ña y Francia le recrimina-ran al canciller argentino Carlos Saavedra Lamas la violación del embargo de venta de armas a países en guerra.

Luego de tres años de guerra y muertes, en 1935 se logra un acuerdo de paz. Ga-leano retoma ese momento no en despachos ministeriales, sino entre el polvo del espanto: “Al mediodía llega al frente la noticia. Callan los cañones. Se incorporan los soldados, muy de a poco, y van emergiendo de las trincheras. Los haraposos fantasmas, ciegos de sol, caminan a los tumbos por campos de nadie hasta que quedan frente a frente el regi-miento Santa Cruz, de Bolivia, y el regimien-to Toledo, del Paraguay: los restos, los jirones. Las órdenes recién recibidas prohíben hablar con quien era enemigo hasta hace un rato. Solo está permitida la venia militar; y así se saludan. Pero alguien lanza el primer alarido y ya no hay quien pare la algarabía. Los soldados rompen la formación, arrojan las gorras y las armas al aire y corren en tropel, los paraguayos hacia los bolivianos, los boli-vianos hacia los paraguayos, bien abiertos los brazos, gritando, cantando, llorando, y abrazándose ruedan por la arena caliente”.

Paraguay se queda con el 75 por ciento de la región y el resto es para Bolivia, ocupando un acceso al río Paraguay y al puerto de Casado. Pero los bolivianos siguen acusando la intervención argentina: “Quien manejara las supuestas condiciones de paz, el argentino Saavedra Lamas, favoreció grandemente a Paraguay. Por las ironías de la vida, este señor argentino luego se hizo acreedor del premio Nobel de la paz”, indica Roberto Querejazu Calvo en Masamaclay (lugar donde se pelearon dos hermanos).

EL ESLABÓN - REDACCIÓN ROSARIO.

ARGENPRESS

El hijo del príncipe africano

Cuentan que el gobernador de Cartagena de Indias, don Jerónimo de Suazo y Casasola, compró un lote de esclavizados entre los que se destacaba un príncipe guineano llamado Benkos Biohó.

Cuando llevaron los africanos a la plantación, la hija del gobernador quedó cautivada por la fuerza y distinguido porte del guerrero bissago.

La mujer se percató que el guineano se bañaba todas las noches en el arroyo para armonizarse con Ochun, Yemayá y Oyá sus Orishas protectores y los ele-mentales del agua llamados nereidas y ondinas por los africanos. La española decidió abordarlo en ese sitio y la noche escogida para buscarlo, dio a su consorte una pócima para dormirlo; cuando cayó rendido, fue al arroyo en pos del príncipe.

Este accedió a “entrar” en la dama a sabiendas que si rehusaba, esta diría que el africano quería violarla y hacerlo acreedor a los crueles castigos que daban a los esclavizados en esas plantaciones.

Respondiendo por obligación y no por amor, el guerrero poseyó a la española esa noche y durante varios meses. La esposa del español dejó de visitar al africano cuando la preñez hizo prominente su vientre. Los mayorales estaban ale-gres por el parto de la dama a la que los esclavizados paseaban en palanquín. El ibérico esposo encargaba a capitanes de bergantines y goletas, dátiles, jamones, turrones, colas de cerdo y arenques de Vigo en barriles para los antojos de la preñez de la dama española.

Cuando empezó el trabajo de parto, buscaron al médico que estaba cerca de la plantación. Este pidió al esposo que esperara en la planta baja mientras atendía el desembarazo con dos matronas.

En las primeras horas de la madrugada parió doña Isabel. El galeno ordenó asear al niño y acunarlo en el regazo sudoroso aun, de la somnolienta primeriza. Pusieron al recién nacido en el seno de su madre para recibir calor y alimento mientras el médico ratificaba la orden que nadie subiera hasta que el decidiera.

Cuando todo estuvo listo, se acercó al padre en la planta baja y al ser inquirido por este acerca del sexo de su primer hijo este contestó: “Es un robusto varón”.

El feliz padre subía raudo al segundo piso para cargar y acunar a su primogénito.

El médico se embarcó en su calesín, azuzó las monturas y como una exhala-ción salió a galope tendido por los polvo-rosos caminos que conducían a Carta-gena de Indias, para alejarse de la plantación donde había nacido el hijo de la española.

El ansioso padre entró a la alcoba don-de su esposa cansada por el desemba-razo, dormía con el bebé en su regazo de madre primípara, era una escena maternal y conmovedora. Recibió el niño de la matrona gritando impaciente: ¡Qui-tadle todo trapío! ¡Quiero verlo como vino al mundo, ver el lunar en su mejilla izquierda!

Las mujeres desarroparon al infante quién con una sonrisa cautivadora, ino-cente y tierna, observaba al gigantón que lo cargaba en esos momentos.

Era un niño de color nubio como la noche profunda, de una africanía inne-gable. El ofendido español lanzó un grito indignado, las matronas presurosas le quitaron al bebé evitando que este caye-ra al piso. ¡Maldición!! Gritaba el ofen-dido plantador. ¡Al diablo con África, me importa un rábano el rey del Congo y de Guinea! Gritaba mientras se dirigía a la sala principal donde colgaba un mosque-te.

En la plantación sabían lo que estaba ocurriendo; los capataces esperaban con sus látigos al cinto, la orden para en-trar en acción.

El guineano príncipe y varios guerre-ros, tranquilizaban a sus compañeros de infortunio, el bissago se deslizó furtiva-mente al barracón mientras el español al salir de la casa gritaba indignado: ¡Reu-nid a estos salvajes que voy a matarlos!

Los mayorales sacaron a los africanos de los oscuros barracones para llevarlos ante el ofendido español que estaba de-cidido a asesinarlos.

Al levantar el mosquete con intención de matar a los esclavizados, una saeta de guayacán surca vengadora los aires, clavándose en el pechó del ofendido ibé-rico. Cayó para siempre en esa tierra que conquistaron a sangre y fuego asesinan-do a ancianos, mujeres y niños nativos, de manera infame y sin remordimientos.

Apreció el agonizante asesino penin-sular en la lanza africana que le quitaba la vida, varias ranuras en el mango que tenían como objetivo evitar que se desli-zara de las manos guerreras, el español, pasó su mano agonizante por el tramado de la agarradera de la azagaya justiciera y sin tener tiempo de preguntarse qué había sucedido, una negrura como ja-más en su vida había visto, lo fue envol-viendo mientras sus ojos, ya sin ver, esta-ban fijos en el profundamente azul cielo Caribe.

En el dintel del barracón se erguía el príncipe bissago que parecía un divinidad, ni Zeus, Ares, Tor, Odín o Júpiter podían comparársele, su imagen de Orisha gue-rrero como Elegguá, Ochosi, Oggún, Osaín o Changó, tenía como fondo los soles de esa campiña Caribe de colores que iban desde el rosado sonriente, hasta el esplendoroso plateado de las mañanas cartageneras.

Cuando los mayorales se acercaron pa-ra atacarlo, uno a uno cayeron atrave-sados por las lanzas vengadoras arrojadas por los brazos invictos del magnífico prín-cipe bissago que cobraba venganza por el asesinato de tantos hombres en esas plantaciones de muerte donde se había matado tanto africano esclavizado.

El último mayoral creyendo poder esca-par del brazo vengador del príncipe bissa-go, corrió a refugiarse en la casa huyendo de la furia justiciera del africano que se erguía como un Dios. Cuando creía estar a salvo, el silbido mortal de Ikú, anunciaba la lanza vengadora que se incrustó con fuerza en la espalda española, atravesán-dolo de lado a lado.

El peninsular oriundo de los fértiles viña-les catalanes, cayó en el florido jardín de la entrada de la casona que aromaba el en-torno con su delicado olor floral. Todavía le quedaba un hálito de vida al español, que le alcanzó para percibir el tierno aroma de las begonias y arrepentirse de tantas muertes y daño ocasionado a esos hom-bres a quienes afligía reiteradamente maltratándolos sádicamente.

El inmenso guerrero a quién una coloración dorada envolvía su entorno áurico, reunió a los esclavizados y los invitó a luchar contra el español que los oprimía. Les narró las historias de los africanos de los primeros tiempos que siempre lucharon contra el europeo con denuedo y valor diciendo que prefería morir peleando, a ser esclavizado por los españoles y los dejó escoger la opción que decidieran. Todos lo acompañaron en esta decisión que iba a marcar un hito en la historia de las luchas reivindicativas de los africanos en América.

Las mujeres entraron a la casona y recogieron de los brazos de la parturienta al recién nacido infante para embarcarlo en los carretones que cargaban armas, provisiones alimentos y menajes de toda espe-cie.

Los africanos iban a fundar un poblado para vivir en el, iban a luchar contra los españoles hasta la muerte. Caminaban sonrientes, erguidos y se sentían libres.

Ese día, se inició el más importante movimiento emancipador, reivindicativo y libertario del continente americano.

¡Benkos Biohó el rey de los cimarrones, había iniciado la lucha!

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