El historiador y docente universitario, Fernando Cajías de la Vega, en entrevista con el El DIARIO, sostuvo que en tiempos aún lejanos al conflicto por el mar, en 1842, Chile intentó expandirse en lo fue la entonces provincia Atacama de la costa boliviana, porque ahí se descubrieron riquezas como el guano y el salitre.
Explicó que después de largas negociaciones se firmó el Tratado de 1866, por el cual se fijaba como límite el grado tres, sin embargo, Cajías sostiene que los negociadores chilenos consiguieron hábilmente que durante 25 años las empresas trasandinas no paguen ningún impuesto por la explotación de esas riquezas.
Así fue como los trasandinos empezaron a explotar, principalmente el salitre que benefició especialmente a la otrora Empresa de Ferrocarriles Orientales de propiedad de empresarios chilenos e ingleses.
IMPUESTO DE 10 CENTAVOS
Afirmó que luego el Gobierno de Bolivia decidió cobrar el impuesto de los 10 centavos, lo que se estuvo negociando durante un año, donde Bolivia argumentaba que esos recursos le pertenecían al país y que, por tanto, era un tema a tratarse entre la empresa chilena y el Estado boliviano, a lo que el gobierno trasandino argumentaba que era una negociación entre estados.
El historiador aclaró que mientras se estaba negociando las modalidades del pago, Chile decidió invadir territorio boliviano, sin previa declaratoria de guerra. En ese marco, dijo que el 14 de febrero de 1879 amaneció el puerto de Antofagasta tomado por tropas chilenas, apoyados por dos blindados y una corbeta que estaban en cercanías del puerto. “Lastimosamente, no estábamos preparados para resistir, así que el pueblo fue tomado por el ejército trasandino. Ahí empieza la invasión a nuestra costa y toda la provincia de Atacama”, sentenció.
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domingo, 14 de febrero de 2016
viernes, 12 de febrero de 2016
De caudillos a exiliados, destino final de los próceres del 10 de Febrero
La Revolución del 10 de Febrero de 1781, considerada como el primer grito libertario de América, conlleva diferentes relatos e historias de las consecuencias que sufrieron aquellos caudillos que osaron levantarse contra el yugo español, algunos cayeron ante el olvido del tiempo, ya que sólo se tiene unas cuantas líneas sobre lo que aconteció con sus vidas luego de la revolución, otros fueron exiliados a diferentes países para sufrir torturas y vejaciones y los más perecieron en una situación de absoluta pobreza.
SEBASTIÁN PAGADOR
Según la versión escrita por Fernando Cajías de la Vega, la noche del 9 de febrero, la revolución estaba preparada, algunos españoles se encontraban escondidos en la casa de Endeiza, ubicada en lo que hoy es la plaza "Manuel de Castro y Padilla", Pagador se convertiría en uno de los caudillos de la sublevación con la proclama revolucionaria que exhortaba a la defensa de la libertad y el amor a su patria, instando a los campesinos a invadir la ciudad y erradicar a los "chapetones", emulando en cierta medida el manifiesto de Agravios expresado por Juan Bélez de Córdoba.
Luego de que Jacinto Rodríguez tomara el poder del corregimiento de la villa, nombró a Pagador, héroe del pueblo, y lo mandó a cuidar las cajas reales, ubicadas en lo que hoy son las calles La Plata y Ayacucho, pero los campesinos que habían profanado templos y casas en busca de riquezas, decidieron irrumpir el lugar, fue en ese instante que sucedió el deceso de Sebastián Pagador, producto de una pelea por cumplir con la misión que le habían encomendado, hiere en la cabeza a uno de los indígenas, enarceciendo los ánimos de los demás sublevados.
Llevaron a Pagador hasta la Plaza Mayor, hoy 10 de Febrero, pero en el trayecto recibió múltiples heridas y palazos que acabaron con su vida, sus restos fueron esparcidos por inmediaciones de la Plaza, se podría asegurar que Pagador fue el primero de los revolucionarios en perder la vida.
LOS HERMANOS
RODRÍGUEZ
Se conoce que Jacinto Rodríguez fue el "cerebro" que planificó la sublevación del 10 de Febrero, colaborado por sus hermanos Juan de Dios e Isidro, considerado por los indígenas como el "Tata", sus negocios con la minería le darían gran influencia entre los mestizos, factor fundamental para la revolución.
Jacinto Rodríguez, llegó a ocupar el cargo de corregidor de la villa, cargo fungió por 18 meses, pues el ex corregidor Manuel Urrutia había sido capaz de huir de la revuelta y en afán de venganza, en 1783 logró que la Corona española dé vía libre para juzgar a los alzados de Oruro, con la ayuda del corregidor de La Paz, Sebastián Segurola, ejecutó las aprehensiones en 1784.
Jacinto y su hermano Juan de Dios fueron los primeros en ser apresados, la historia no da cuenta si Isidro Rodríguez también corrió la misma suerte, los dos hermanos fueron llevados junto a otros caudillos hasta Potosí y luego hasta Buenos Aires, en ambientes del Real Colegio "San Carlos" luego denominada la "Cárcel de Oruro", donde fueron alimentados a plan de agua y pan.
El juicio duró varios años y Jacinto Rodríguez fallecería en 1793 sin una sentencia definida, sus restos fueron enterrados en el Hospital de Bethlemitas, la sentencia definitiva fue promulgada en 1795 por el oidor Francisco Garasa Giménez de Vázquez, condenando a Jacinto y su hermano Juan de Dios a la pena de muerte, pero ya habían fallecido, por lo cual se hizo una ejecución simbólica post mortem.
OTROS CAUDILLOS
Según el autor argentino José Oscar Frigerio, en su libro "La Rebelión Criolla en la Villa de Oruro Principales Causas y Consecuencias", menciona que junto a los hermanos Rodríguez, se sumaron otros artífices de la revolución como Manuel Herrera, Diego Flores, Nicolás Iriarte, Miguel Portillo, José Azurduy, entre otros, a todos ellos se les confiscó sus bienes y fueron llevados a Buenos Aires para su juzgamiento, menos Portillo que murió arrastrado por una mula soltada por los españoles donde él estaba atado, esto ocurrió en Oruro.
En el trayecto, llegando a Potosí, murió Manuel Herrera, los demás presos llegaron hasta Buenos Aires para ser encerrados en la "Cárcel de Oruro". Otros patriotas también corrieron la misma suerte como los hermanos Ventura, Miguel y Felipe Azeñas, María Quiroz, María Francisca Goya, Francisca Orosco, Isidro Quevedo, Bernardino Ibáñez, Pedro Ascuas, Bernabé Pinedo, Sebastián Rodríguez Crespo, Francisco Javier Velasco, Casimiro Delgado e Isidro de la Riva.
A la mayoría de los apresados se les confiscó sus
bienes, a pesar de que habían fallecido se les dio una sentencia simbólica, Manuel Herrera debería ser decapitado, mientras que José Menacho y Diego Flores fueron condenados a la horca, para luego ser arrastrados y descuartizados. Todos ellos fueron calificados como reos de primer orden.
A los reos de segundo orden: José Azurduy y Nicolás Iriarte, se les castigó cortándoles la lengua y la confiscación de sus bienes. La sentencia fue también para Nicolás Herrera y Miguel Portillo, sólo que ellos ya habían muerto antes del dictamen de la pena.
Antonio Quiroz y Juan Gualberto Mejía fueron declarados reos de alta traición a la corona, fueron remitidos a Madrid, España, al igual que el padre Gabriel Menéndez, para Sebastián Pagador el tribunal juzgador determinó que se haga lo que en justicia correspondía a pesar de haber sido cruelmente asesinado.
En 1800 la Corona española reconoció que cometió excesos contra los revolucionarios y para absolver su culpa, a los pocos sobrevivientes se determinó liberarlos de su encierro, así como devolver todas sus posesiones, para sus hijos y nietos, entre los que quedaron absueltos estaban Diego Flores, Clemente Menacho, Nicolás Iriarte y José Azurduy, mas los que ofrendaron su vida a la Patria, que hoy es Bolivia, fueron considerados como los héroes de la Revolución del 10 de Febrero de 1781.
José Oscar Frigerio en su libro "La revolución criolla de Oruro fue juzgada en Buenos Aires", refiere: "Que dentro de la institución educativa estuvieron gran parte de argentinos, próceres de la revolución de mayo de 1810, aunque aún no están confirmadas, existen versiones del carácter oculto en el que fueron juzgados los próceres orureños que dio cierta influencia en el pensamiento de los caudillos de la revolución argentina, específicamente se habla de Mariano Bernal, cura de Paria, que también fue llevado a Buenos Aires, por su condición, trabajó algunos años dentro del Real Colegio "San Carlos", pero no se conocen datos complementarios".
SEBASTIÁN PAGADOR
Según la versión escrita por Fernando Cajías de la Vega, la noche del 9 de febrero, la revolución estaba preparada, algunos españoles se encontraban escondidos en la casa de Endeiza, ubicada en lo que hoy es la plaza "Manuel de Castro y Padilla", Pagador se convertiría en uno de los caudillos de la sublevación con la proclama revolucionaria que exhortaba a la defensa de la libertad y el amor a su patria, instando a los campesinos a invadir la ciudad y erradicar a los "chapetones", emulando en cierta medida el manifiesto de Agravios expresado por Juan Bélez de Córdoba.
Luego de que Jacinto Rodríguez tomara el poder del corregimiento de la villa, nombró a Pagador, héroe del pueblo, y lo mandó a cuidar las cajas reales, ubicadas en lo que hoy son las calles La Plata y Ayacucho, pero los campesinos que habían profanado templos y casas en busca de riquezas, decidieron irrumpir el lugar, fue en ese instante que sucedió el deceso de Sebastián Pagador, producto de una pelea por cumplir con la misión que le habían encomendado, hiere en la cabeza a uno de los indígenas, enarceciendo los ánimos de los demás sublevados.
Llevaron a Pagador hasta la Plaza Mayor, hoy 10 de Febrero, pero en el trayecto recibió múltiples heridas y palazos que acabaron con su vida, sus restos fueron esparcidos por inmediaciones de la Plaza, se podría asegurar que Pagador fue el primero de los revolucionarios en perder la vida.
LOS HERMANOS
RODRÍGUEZ
Se conoce que Jacinto Rodríguez fue el "cerebro" que planificó la sublevación del 10 de Febrero, colaborado por sus hermanos Juan de Dios e Isidro, considerado por los indígenas como el "Tata", sus negocios con la minería le darían gran influencia entre los mestizos, factor fundamental para la revolución.
Jacinto Rodríguez, llegó a ocupar el cargo de corregidor de la villa, cargo fungió por 18 meses, pues el ex corregidor Manuel Urrutia había sido capaz de huir de la revuelta y en afán de venganza, en 1783 logró que la Corona española dé vía libre para juzgar a los alzados de Oruro, con la ayuda del corregidor de La Paz, Sebastián Segurola, ejecutó las aprehensiones en 1784.
Jacinto y su hermano Juan de Dios fueron los primeros en ser apresados, la historia no da cuenta si Isidro Rodríguez también corrió la misma suerte, los dos hermanos fueron llevados junto a otros caudillos hasta Potosí y luego hasta Buenos Aires, en ambientes del Real Colegio "San Carlos" luego denominada la "Cárcel de Oruro", donde fueron alimentados a plan de agua y pan.
El juicio duró varios años y Jacinto Rodríguez fallecería en 1793 sin una sentencia definida, sus restos fueron enterrados en el Hospital de Bethlemitas, la sentencia definitiva fue promulgada en 1795 por el oidor Francisco Garasa Giménez de Vázquez, condenando a Jacinto y su hermano Juan de Dios a la pena de muerte, pero ya habían fallecido, por lo cual se hizo una ejecución simbólica post mortem.
OTROS CAUDILLOS
Según el autor argentino José Oscar Frigerio, en su libro "La Rebelión Criolla en la Villa de Oruro Principales Causas y Consecuencias", menciona que junto a los hermanos Rodríguez, se sumaron otros artífices de la revolución como Manuel Herrera, Diego Flores, Nicolás Iriarte, Miguel Portillo, José Azurduy, entre otros, a todos ellos se les confiscó sus bienes y fueron llevados a Buenos Aires para su juzgamiento, menos Portillo que murió arrastrado por una mula soltada por los españoles donde él estaba atado, esto ocurrió en Oruro.
En el trayecto, llegando a Potosí, murió Manuel Herrera, los demás presos llegaron hasta Buenos Aires para ser encerrados en la "Cárcel de Oruro". Otros patriotas también corrieron la misma suerte como los hermanos Ventura, Miguel y Felipe Azeñas, María Quiroz, María Francisca Goya, Francisca Orosco, Isidro Quevedo, Bernardino Ibáñez, Pedro Ascuas, Bernabé Pinedo, Sebastián Rodríguez Crespo, Francisco Javier Velasco, Casimiro Delgado e Isidro de la Riva.
A la mayoría de los apresados se les confiscó sus
bienes, a pesar de que habían fallecido se les dio una sentencia simbólica, Manuel Herrera debería ser decapitado, mientras que José Menacho y Diego Flores fueron condenados a la horca, para luego ser arrastrados y descuartizados. Todos ellos fueron calificados como reos de primer orden.
A los reos de segundo orden: José Azurduy y Nicolás Iriarte, se les castigó cortándoles la lengua y la confiscación de sus bienes. La sentencia fue también para Nicolás Herrera y Miguel Portillo, sólo que ellos ya habían muerto antes del dictamen de la pena.
Antonio Quiroz y Juan Gualberto Mejía fueron declarados reos de alta traición a la corona, fueron remitidos a Madrid, España, al igual que el padre Gabriel Menéndez, para Sebastián Pagador el tribunal juzgador determinó que se haga lo que en justicia correspondía a pesar de haber sido cruelmente asesinado.
En 1800 la Corona española reconoció que cometió excesos contra los revolucionarios y para absolver su culpa, a los pocos sobrevivientes se determinó liberarlos de su encierro, así como devolver todas sus posesiones, para sus hijos y nietos, entre los que quedaron absueltos estaban Diego Flores, Clemente Menacho, Nicolás Iriarte y José Azurduy, mas los que ofrendaron su vida a la Patria, que hoy es Bolivia, fueron considerados como los héroes de la Revolución del 10 de Febrero de 1781.
José Oscar Frigerio en su libro "La revolución criolla de Oruro fue juzgada en Buenos Aires", refiere: "Que dentro de la institución educativa estuvieron gran parte de argentinos, próceres de la revolución de mayo de 1810, aunque aún no están confirmadas, existen versiones del carácter oculto en el que fueron juzgados los próceres orureños que dio cierta influencia en el pensamiento de los caudillos de la revolución argentina, específicamente se habla de Mariano Bernal, cura de Paria, que también fue llevado a Buenos Aires, por su condición, trabajó algunos años dentro del Real Colegio "San Carlos", pero no se conocen datos complementarios".
El Grito Libertario del 10 de Febrero marcó la independencia de América
La Revolución del 10 de Febrero de 1781 significó mucho para varios países de América Latina, que asumieron el ejemplo de los héroes orureños provocando gritos libertarios que marcaron el inicio de la independencia.
Con este ejemplo de valentía que repercutió a nivel latinoamericano, el yugo español en América empezó a recortarse después de dos siglos de dominación debido a la imposición de cargas cada vez más onerosas, como el reparto o los privilegios de los corregidores hispanos sobre los indios.
Entre otras cosas lo que molestó a la gente fue la imposición de compra venta de infinidad de mercancías para ellos exóticas como libros y prendas que no formaban parte de su atuendo y no sabían usarlas.
Los nativos estaban hartos de la mita que diezmaba sus comunidades y pueblos, de tributos altos que lindaban con la exacción sistemática, imposible de seguir aceptando, solo faltaba la chispa para encender la hoguera.
Como antecedentes a tan magna fecha señalamos por ejemplo la baja en el precio de los minerales, el cierre de varias de las minas de la Villa de San Felipe de Austria, los problemas políticos, la economía y el comercio.
Los nuevos impuestos y el establecimiento de aduanas contribuyeron al tema de descontento, el impuesto a la coca fue otro factor que aportó a la revolución.
Según Ángel Torres Sejas en su libro "Oruro en su Historia", lo político también estaba marcado por la supremacía de alcaldes de origen español, contra el de los criollos y el odio y la rivalidad se fueron acrecentando.
Ante estos antecedentes se encendió la chispa de la Revolución el 10 de Febrero de 1781 que significó la cárcel para muchos de los cabecillas de la insurrección, sacrificio que debieron pasar tras ser parte de los movimientos revolucionarios que marcaron la vida futura, no solo de la Villa también de regiones aledañas y de otros países.
Pero a la vez fue crucial esta fecha en la villa porque tras varios años de enfrentamientos por lograr la emancipación, se rehabilitaron las minas que estaban en creciente actividad, dando movimiento a los ingenios y a las cajas
reales.
Al lugar llegaban personas de varios lugares en busca de hacer fortuna, existía un movimiento comercial amplio y por los caminos se observaba filas de ganado camélido cargando minerales hacia la costa y de esta retornaban con distinta mercancía.
Algunas casas abandonadas y derruidas eran reconstruidas por nuevos dueños, las instituciones religiosas extendían su misión evangelizadora por el lugar, y en 1789, la situación en la villa comenzó a mejorar, se registró una notable reactivación en la vida religiosa.
Los sacerdotes, en sus sermones, se prodigaban en persuadir a los creyentes de lo pecaminoso que era el tratar de alterar el orden que provocaba la muerte y la detención de muchas personas.
De este año data, el inicio del proceso de propagación del culto a la Virgen de la Candelaria más conocida como Virgen del Socavón, en clara expresión de gratitud por parte de los mineros.
El ambiente de restauración económica y social que se registraba en la villa, fue alterado por el conocimiento de sucesos políticos en Chuquisaca y La Paz, además del arribo de fugitivos de las villas insurreccionadas, por lo que las autoridades tomaron medidas precautorias para la preservación del orden.
Los moradores tenían la fama de rebeldes desde el siglo anterior en alusión a los hechos de 1781, así los esfuerzos de reconstrucción en 1809 fueron sacudidos por hechos de levantamiento en otras poblaciones que podrían influir en su futuro.
Fue en realidad el último año de mejoramiento económico dentro el régimen colonial, porque lo de Charcas y La Paz, señalaron el principio de un desmoronamiento en América que podría ingresar a un periodo de lucha antes de su fin, teniendo a Oruro como centro del conflicto.
El 15 de noviembre de 1803 solicitaron al Rey Carlos IV la concesión de varias gracias, resaltando la confirmación regia de la fundación y dotación de un Escudo de Armas, originando un moroso proceso que para septiembre de 1808 no había concluido y fue interrumpido para siempre por los pronunciamientos libertarios de años subsiguientes. La fundación de la Villa fue confirmada por el Virrey del Perú, Juan de Mendoza y Luna, mediante cédula real de 25 de octubre de 1610, en nombre del Rey Felipe III.
En concreto, a diferencia de otras villas de la Real Audiencia de Charcas, en el caso de San Felipe de Austria, lo mismo que para su fundación, hubo necesidad de un proceso administrativo para su confirmación, que no se concretó debido a la falta de miles de pesos.
Con este ejemplo de valentía que repercutió a nivel latinoamericano, el yugo español en América empezó a recortarse después de dos siglos de dominación debido a la imposición de cargas cada vez más onerosas, como el reparto o los privilegios de los corregidores hispanos sobre los indios.
Entre otras cosas lo que molestó a la gente fue la imposición de compra venta de infinidad de mercancías para ellos exóticas como libros y prendas que no formaban parte de su atuendo y no sabían usarlas.
Los nativos estaban hartos de la mita que diezmaba sus comunidades y pueblos, de tributos altos que lindaban con la exacción sistemática, imposible de seguir aceptando, solo faltaba la chispa para encender la hoguera.
Como antecedentes a tan magna fecha señalamos por ejemplo la baja en el precio de los minerales, el cierre de varias de las minas de la Villa de San Felipe de Austria, los problemas políticos, la economía y el comercio.
Los nuevos impuestos y el establecimiento de aduanas contribuyeron al tema de descontento, el impuesto a la coca fue otro factor que aportó a la revolución.
Según Ángel Torres Sejas en su libro "Oruro en su Historia", lo político también estaba marcado por la supremacía de alcaldes de origen español, contra el de los criollos y el odio y la rivalidad se fueron acrecentando.
Ante estos antecedentes se encendió la chispa de la Revolución el 10 de Febrero de 1781 que significó la cárcel para muchos de los cabecillas de la insurrección, sacrificio que debieron pasar tras ser parte de los movimientos revolucionarios que marcaron la vida futura, no solo de la Villa también de regiones aledañas y de otros países.
Pero a la vez fue crucial esta fecha en la villa porque tras varios años de enfrentamientos por lograr la emancipación, se rehabilitaron las minas que estaban en creciente actividad, dando movimiento a los ingenios y a las cajas
reales.
Al lugar llegaban personas de varios lugares en busca de hacer fortuna, existía un movimiento comercial amplio y por los caminos se observaba filas de ganado camélido cargando minerales hacia la costa y de esta retornaban con distinta mercancía.
Algunas casas abandonadas y derruidas eran reconstruidas por nuevos dueños, las instituciones religiosas extendían su misión evangelizadora por el lugar, y en 1789, la situación en la villa comenzó a mejorar, se registró una notable reactivación en la vida religiosa.
Los sacerdotes, en sus sermones, se prodigaban en persuadir a los creyentes de lo pecaminoso que era el tratar de alterar el orden que provocaba la muerte y la detención de muchas personas.
De este año data, el inicio del proceso de propagación del culto a la Virgen de la Candelaria más conocida como Virgen del Socavón, en clara expresión de gratitud por parte de los mineros.
El ambiente de restauración económica y social que se registraba en la villa, fue alterado por el conocimiento de sucesos políticos en Chuquisaca y La Paz, además del arribo de fugitivos de las villas insurreccionadas, por lo que las autoridades tomaron medidas precautorias para la preservación del orden.
Los moradores tenían la fama de rebeldes desde el siglo anterior en alusión a los hechos de 1781, así los esfuerzos de reconstrucción en 1809 fueron sacudidos por hechos de levantamiento en otras poblaciones que podrían influir en su futuro.
Fue en realidad el último año de mejoramiento económico dentro el régimen colonial, porque lo de Charcas y La Paz, señalaron el principio de un desmoronamiento en América que podría ingresar a un periodo de lucha antes de su fin, teniendo a Oruro como centro del conflicto.
El 15 de noviembre de 1803 solicitaron al Rey Carlos IV la concesión de varias gracias, resaltando la confirmación regia de la fundación y dotación de un Escudo de Armas, originando un moroso proceso que para septiembre de 1808 no había concluido y fue interrumpido para siempre por los pronunciamientos libertarios de años subsiguientes. La fundación de la Villa fue confirmada por el Virrey del Perú, Juan de Mendoza y Luna, mediante cédula real de 25 de octubre de 1610, en nombre del Rey Felipe III.
En concreto, a diferencia de otras villas de la Real Audiencia de Charcas, en el caso de San Felipe de Austria, lo mismo que para su fundación, hubo necesidad de un proceso administrativo para su confirmación, que no se concretó debido a la falta de miles de pesos.
El 10 de Febrero no tuvo participación indígena
Seguramente es un tema que causará polémica entre los historiadores, sin embargo, para llegar a esa conclusión tuvimos que basarnos en varios autores reconocidos como Alfonso Gamarra Durana, Adolfo Mier, Ángel Torres Sejas, Marcos Beltrán Ávila, que advierten esa situación, rescatando información de los escritos del Archivo General de Indias Sevilla, mediante el diario del cura de Oruro, Patricio Gabriel Menéndez, quien hizo una relación trágica de los "funestos y ruinosos acontecimientos de Oruro".
O el relato de los "sucesos más principales acaecidos en la Villa de Oruro, entre europeos o criollos" registrado en la Revista de Archivos y Biblioteca de Lima, por solo citar un par de ejemplos, entre otras bibliografías encontradas en los rincones de bibliotecas, archivos y apuntes.
Aunque ese concepto será rebatido por autores que reivindican a los indígenas en la sublevación del 10 de Febrero de 1781, como el Inka Waskar Chukiwanka Kunturkanki en su obra "Insurrección de Indios y Toma de Oruro" o Antonio Revollo en su libro "Pututus y wiphalas en la rebelión india: 1780-1782".
Los escritos mencionados en el párrafo anterior datan de 1781, motivo por el cual nos ajustaremos a sus elementos para determinar que los indígenas nada tuvieron que ver con la Revolución del 10 de Febrero de 1781, como dice Gamarra:
"La tendencia libertaria surgió en Oruro espontáneamente, porque no se necesita estudiar tratados ni a enciclopedistas para percibir que la libertad no existe en un determinado territorio o que se vive aplastado por la opresión (…) La de 1781 fue una rebeldía propia, cuya causa y doctrina se puede pesquisar en la filosofía que aunó a los insurgentes de febrero a la sola voz de un clarividente (…). Fue la reacción en busca de nuevos mundos de la integridad de un pueblo. Popular y general de hondo contenido autóctono (…) Este alzamiento fue de criollos que inicialmente se preparaban a defenderse de los indios; que luego, ante la invasión, se los aceptó como aliados: y que, después, ante el vandalismo desatado, se los tuvo que combatir para reducirlos a sus poblaciones naturales".
EL PROCESO
Como todos saben cualquier revolución, levantamiento, alzamiento, rebelión, no se da de la noche a la mañana, en el caso de Oruro, la tan ansiada libertad del yugo español y hablar de la formación de una Patria independiente como lo hizo Sebastián Pagador en su proclama del 10 de Febrero, incluso ocho años de la primera declaración de los derechos humanos con la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Hay un detalle que no podemos dejar de lado y estará establecido por siempre en los anales de la historia, como es el Manifiesto de Agravios del 7 de julio de 1739, documento base para los movimientos alzados contra la Corona española.
Su autor, Juan Bélez de Córdoba, quien además de denunciar las atrocidades de la dominación peninsular establece las directrices para sembrar la semilla ideológica de la emancipación que tendría sus efectos años posteriores.
LOS INDÍGENAS
Si bien los indígenas, no tuvieron una participación directa en la gesta del 10 de Febrero, indirectamente actuaron antes y catastróficamente después. Es necesario identificar a algunos personajes que la historia no los olvida.
Uno de ellos es Tomás Katari, natural de Chayanta, era un jefe indígena de todas las comunidades de su lugar de nacimiento. Se autonombró cacique y trabajaba para la corona española como recaudador de tributos. Pero, no logró de lleno servir a los europeos porque le arrebataron el cargo y él en su lucha de justicia por recuperar lo que le correspondía fue muerto el 15 de enero de 1781 tras ser lanzado por el ejército realista de la cima del cerro Chataquila, en presencia de miles de indios.
Corrió el rumor que sus seguidores invadirían a la Villa de Oruro, en venganza por la muerte de su líder. Sin embargo, aquel hecho nunca sucedió. Por contrario, los españoles alertas a la amenaza se alistaron para recibir a los indígenas. En el lado de los criollos, para defender la Villa.
Otro personaje, fue Túpac Katari cuyo nombre fue Julián Apaza Nina, quien tampoco tuvo nada que ver con la Revolución de Oruro, pero sus seguidores se dieron a la tarea de saquear la villa y hacer escarnio por su condición numérica. Luego de ser expulsados por los criollos se unieron al cerco que Katari realizó a La Paz en marzo de 1781 y que luego pagaría con su vida el 15 de noviembre de 1781.
Un tercer personaje fue el cacique Santos Mamani, quien traicionó a su coterráneo de Challapata, Mariano Lope Chungara, logrando que lo mataran y quien en tres oportunidades intentó invadir la Villa. En ninguno de los intentos pudo concretar sus malas intenciones y más tarde sería abandonado por la gente que comandó, su accionar se canceló con su vida.
El marqués de Oropeza, José Gabriel Condorcanqui Noguera, conocido como Túpac Amaru II nació en el Cuzco, si bien su origen era mestizo, tuvo mucha influencia en el indigenismo, logrando adeptos que sobrepasaron las fronteras de los Virreinatos del Perú y de La Plata.
Se cree que este mestizo-indígena tuvo contacto con Jacinto Rodríguez, uno de los líderes de la Revolución del 10 de Febrero de 1781. Se creía que Amaru llegaría a la Villa de Oruro, después de la gesta para recibir el dinero de las Cajas Reales, situación que le permitiría fortalecer su camino hacia la libertad.
Nunca llegó a Oruro y por el contrario fue ejecutado por el ejército realista el 18 de mayo de 1781, sus extremidades fueron atadas a cuatro caballos, con la finalidad de descuartizarlo y enviarlas por partes a diferentes sectores del Alto y Bajo Perú como un mensaje de amedrentamiento hacia sus seguidores.
PRESENCIA
Tras el accionar criollo y mestizo del 10 de Febrero de 1781, arribaron un día después a la Villa de Oruro, grupos de indígenas de Sora Sora, Aullagas, Salinas, Challapata, Sica Sica, Pacajes, Jayaquisa, Bombo, Antequera, Sillota, Paria y Poopó supuestamente con la finalidad de celebrar la victoria de los locales frente a los europeos, sin embargo, su comportamiento fue más que agresivo.
Aprovecharon la situación para hacer escarnio del levantamiento. Saquearon las casas de los europeos que aún faltaban, ingresaron a las iglesias para robar cuanta pieza valiosa encontraban, además de matar a aquellos españoles que se escondieron en esos lugares, debido al alzamiento de los orureños.
El 13 de febrero ocurrió un crimen de proporciones mayúsculas, cuando en la calle hoy denominada La Plata, mataron a golpes de palos y puntas de cuchillo a uno de los caudillos de la Revolución, Sebastián Pagador.
Según los historiadores, Pagador fue nombrado por Rodríguez para la protección de las Cajas Reales hasta la llegada de Amaru, sin embargo, fue muerto por la ambición
indígena.
"El miércoles 14, después que robaron del Convento de San Agustín muchas alhajas, plata labrada y sellada y otros efectos pertenecientes de varios depósitos extrajeron de la iglesia a Don Francisco Cacho, Don Pedro Bustos, Don Ventura Ayarza, sin que se hubiesen podido libertar de la furia de los enemigos" (De los sucesos más principales acaecidos en la Villa de Oruro, entre europeos y criollos- Revista de Archivo y Biblioteca de Lima).
"Eran ya tanto los indios, y tanta la dominación sobre la villa, que mandaron que hombres y mujeres vistiesen sus trajes, y mascasen coca; y los vecinos estaban tan miedosos y obedientes que no rabiaron por eso y algunos días siguientes dejar sus vestiduras y usar la de los indios" (Parte del relato del cura Gabriel Menéndez en su diario relación trágica de los funestos y ruidosos acontecimientos de Oruro).
Finalmente, llegó de Cochabamba el comandante José de Ayarza, quien logró espantar a los indios y junto a los criollos los mandaron por partes nuevamente a sus comunidades. Sin embargo, detrás de todo ese plan de retoma de la Villa por parte de los españoles estaba el corregidor Urrutia, quien años después se encargaría de apresar a todos los héroes de Oruro, para juzgarlos y condenarlos a muerte.
Oruro La muerte de los Katari y las elecciones del cabildo antecedieron a la revolución
La muerte de los hermanos Katari en Chayanta, la de Túpac Amaru en Tinta del Bajo Perú, además de las elecciones de cabildantes de enero de 1781; son algunos de los hechos que fueron encendiendo la "chispa" que derivó en la Revolución del 10 de Febrero de 1781.
Entre los antecedentes de la revolución de febrero, el historiador Ángel Torres Sejas, en su libro "Oruro en su Historia", resalta tres hechos, al margen por supuesto del descontento que ya existía contra la administración de la corona española, por los altos impuestos, los tributos a la mita y otros aspectos más, que afectaban a la magra economía de algunos criollos, mestizos y de los indios; principalmente porque el auge de la minería parecía estar pasando, muestra de esto era el cierre de algunos campamentos mineros, sobre todo en poblaciones aledañas a Oruro.
CHAYANTA
Lo acontecido en Chayanta, con la muerte de los tres hermanos Katari; Tomás, Dámaso y Nicolás; empezó a generar un clima de sublevación india, que por la estratégica posición geográfica de Oruro, afectaba a sus pobladores y autoridades.
Hacia 1778 en Macha, Tomás Katari fue relevado de su cargo de gobernador de Indios, por el Corregidor de Chayanta Joaquín de Alós; en su reemplazo fue nominado Blas Doria Bernal. Esto motiva que el depuesto reclamara ante distintas instancias, primero en Potosí y después en La Plata, esta injusticia. Fue escuchado a medias, por lo que decidió trasladarse a Buenos Aires.
En su viaje le acompañó otro gobernador indio depuesto, Tomás Acho, con quien con mucho esfuerzo llegó hasta Buenos Aires, donde lograron que el Virrey Juan José Vertiz instruyera a la Audiencia de La Plata se enmiende la situación, con la reposición de Katari en el puesto.
A su llegada a Macha, Katari fue aprehendido por orden de Alós, por supuestos cargos de alborotador y sublevado. Los partidarios de Tomás Katari, comandados por sus hermanos Dámaso y Nicolás, además de Tomás Acho, protestaron por el arresto de su líder. Fue puesto en libertad, pero más tarde volvería a ser apresado.
En enero de 1781, cuando el Corregidor de Chayanta era el capitán José Antonio Acuña, se volvió a apresar a Katari. Intentaron llevarlo a Chuquisaca para juzgarlo, pero en el camino un grupo de indios los enfrentaron. Acuña en su desesperación empujó por un barranco a Tomás, dándole muerte. Esto en vez de pacificar los ánimos, generó mayores sentimientos de sublevación, que a la postre no pudieron ser controlados. Sus hermanos serían posteriormente ejecutados también.
AMARU
El 4 de noviembre de 1780 en Tinta, en el Bajo Perú, Túpac Amaru se rebeló contra la administración española, reclamando la eliminación de algunos tributos. Amaru declaró la guerra a los corregidores de la región y es así que llegó a enfrentarse al Visitador General José Antonio de Areche, derrotandolo en primera instancia en la batalla de Sangarará.
Posteriormente se volverían a encontrar en Tungasuca, donde a pesar de la mayoría de indios, los españoles lograron la victoria, tomando preso a Amaru, a quien condenaron a muerte, junto a toda su familia y varios allegados.
Su ejecución fue cruel, le cortaron la lengua, amarraron sus cuatro extremidades a
caballos que corrían en direcciones diferentes; finalmente le cortaron la cabeza y llevaron sus distintas partes a incinerar.
La cruenta muerte de Amaru, al igual que con los hermanos Katari en Chayanta, en vez de apaciguar los ánimos de los indios, solo provocó más molestia y odio hacia los españoles.
ELECCIONES
Con ese panorama, de forma paralela a las muertes de Amaru y los Katari, en Oruro se desarrollaron el 1 de enero de 1781, las elecciones de cabildantes, en las que se enfrentaban dos marcados frentes, uno el del Corregidor Ramón de Urrutia y Las Casas pro realista; y el de los hermanos Rodríguez, Jacinto, Juan de Dios e Isidro; que eran americanistas o solo de criollos, que simpatizaban con los movimientos indios.
Finalmente, ganaron los "chapetones" que postularon al cargo de alcalde de primer voto a Miguel de Llano. El candidato de los Rodríguez era Manuel de Herrera. Pero la derrota no amainó su espíritu, sobre todo el de Jacinto, que era el más avocado de los tres, hacia la política.
Con los ánimos de insurrección en Chayanta y también en otras poblaciones cercanas a Oruro, como Challapata, Caracollo, Condo, entre algunas; sumado a lo ocurrido en el Bajo Perú con Túpac Amaru, hicieron que las nuevas autoridades convoquen a un cabildo, para tratar una posible defensa de la ciudad, considerando que geográficamente era un punto importante, donde al parecer era inminente la llegada de indios sublevados.
Se planteó reclutar hombres y armarlos para una hipotética defensa de la ciudad. El problema era la falta de recurso, pero tras una acalorada discusión se acordó que el Tesorero Salvador Parrilla prestaría 2 mil pesos de a 8 reales, para la defensa de la Villa.
Mientras todo esto se iba organizando, los Rodríguez en complicidad con otras personas como su amigo Manuel de Serrano y Sebastián
Pagador; conspiraban contra los "chapetones".
Pero esta llamada conspiración de los Rodríguez, no fue solo de algunos días, sino que se inició desde el mismo mes de enero de 1781; pero la llamada al estado de guerra que hizo el Corregidor Urrutia, apresuró los eventos de desbaratar los planes de éste.
El 8 de febrero, dos días antes de la revolución; los rumores indicaban que el Corregidor había decidido dar muerte a Jacinto Rodríguez, a su hermano Juan de Dios, a Manuel de Herrera y a otros criollos. Paralelamente empezaron a circular manuscritos en referencia a Túpac Amaru y su sublevación, además se coreaban en las calles estribillos anti españoles.
Ese era el ambiente la noche del 8 de febrero, por un lado, los criollos y mestizos temerosos de un intento de los españoles de darles muerte; y por otro los "chapetones", de miedo ante una invasión india. Muchos pasaron en vela esas últimas horas del día.
Entre los antecedentes de la revolución de febrero, el historiador Ángel Torres Sejas, en su libro "Oruro en su Historia", resalta tres hechos, al margen por supuesto del descontento que ya existía contra la administración de la corona española, por los altos impuestos, los tributos a la mita y otros aspectos más, que afectaban a la magra economía de algunos criollos, mestizos y de los indios; principalmente porque el auge de la minería parecía estar pasando, muestra de esto era el cierre de algunos campamentos mineros, sobre todo en poblaciones aledañas a Oruro.
CHAYANTA
Lo acontecido en Chayanta, con la muerte de los tres hermanos Katari; Tomás, Dámaso y Nicolás; empezó a generar un clima de sublevación india, que por la estratégica posición geográfica de Oruro, afectaba a sus pobladores y autoridades.
Hacia 1778 en Macha, Tomás Katari fue relevado de su cargo de gobernador de Indios, por el Corregidor de Chayanta Joaquín de Alós; en su reemplazo fue nominado Blas Doria Bernal. Esto motiva que el depuesto reclamara ante distintas instancias, primero en Potosí y después en La Plata, esta injusticia. Fue escuchado a medias, por lo que decidió trasladarse a Buenos Aires.
En su viaje le acompañó otro gobernador indio depuesto, Tomás Acho, con quien con mucho esfuerzo llegó hasta Buenos Aires, donde lograron que el Virrey Juan José Vertiz instruyera a la Audiencia de La Plata se enmiende la situación, con la reposición de Katari en el puesto.
A su llegada a Macha, Katari fue aprehendido por orden de Alós, por supuestos cargos de alborotador y sublevado. Los partidarios de Tomás Katari, comandados por sus hermanos Dámaso y Nicolás, además de Tomás Acho, protestaron por el arresto de su líder. Fue puesto en libertad, pero más tarde volvería a ser apresado.
En enero de 1781, cuando el Corregidor de Chayanta era el capitán José Antonio Acuña, se volvió a apresar a Katari. Intentaron llevarlo a Chuquisaca para juzgarlo, pero en el camino un grupo de indios los enfrentaron. Acuña en su desesperación empujó por un barranco a Tomás, dándole muerte. Esto en vez de pacificar los ánimos, generó mayores sentimientos de sublevación, que a la postre no pudieron ser controlados. Sus hermanos serían posteriormente ejecutados también.
AMARU
El 4 de noviembre de 1780 en Tinta, en el Bajo Perú, Túpac Amaru se rebeló contra la administración española, reclamando la eliminación de algunos tributos. Amaru declaró la guerra a los corregidores de la región y es así que llegó a enfrentarse al Visitador General José Antonio de Areche, derrotandolo en primera instancia en la batalla de Sangarará.
Posteriormente se volverían a encontrar en Tungasuca, donde a pesar de la mayoría de indios, los españoles lograron la victoria, tomando preso a Amaru, a quien condenaron a muerte, junto a toda su familia y varios allegados.
Su ejecución fue cruel, le cortaron la lengua, amarraron sus cuatro extremidades a
caballos que corrían en direcciones diferentes; finalmente le cortaron la cabeza y llevaron sus distintas partes a incinerar.
La cruenta muerte de Amaru, al igual que con los hermanos Katari en Chayanta, en vez de apaciguar los ánimos de los indios, solo provocó más molestia y odio hacia los españoles.
ELECCIONES
Con ese panorama, de forma paralela a las muertes de Amaru y los Katari, en Oruro se desarrollaron el 1 de enero de 1781, las elecciones de cabildantes, en las que se enfrentaban dos marcados frentes, uno el del Corregidor Ramón de Urrutia y Las Casas pro realista; y el de los hermanos Rodríguez, Jacinto, Juan de Dios e Isidro; que eran americanistas o solo de criollos, que simpatizaban con los movimientos indios.
Finalmente, ganaron los "chapetones" que postularon al cargo de alcalde de primer voto a Miguel de Llano. El candidato de los Rodríguez era Manuel de Herrera. Pero la derrota no amainó su espíritu, sobre todo el de Jacinto, que era el más avocado de los tres, hacia la política.
Con los ánimos de insurrección en Chayanta y también en otras poblaciones cercanas a Oruro, como Challapata, Caracollo, Condo, entre algunas; sumado a lo ocurrido en el Bajo Perú con Túpac Amaru, hicieron que las nuevas autoridades convoquen a un cabildo, para tratar una posible defensa de la ciudad, considerando que geográficamente era un punto importante, donde al parecer era inminente la llegada de indios sublevados.
Se planteó reclutar hombres y armarlos para una hipotética defensa de la ciudad. El problema era la falta de recurso, pero tras una acalorada discusión se acordó que el Tesorero Salvador Parrilla prestaría 2 mil pesos de a 8 reales, para la defensa de la Villa.
Mientras todo esto se iba organizando, los Rodríguez en complicidad con otras personas como su amigo Manuel de Serrano y Sebastián
Pagador; conspiraban contra los "chapetones".
Pero esta llamada conspiración de los Rodríguez, no fue solo de algunos días, sino que se inició desde el mismo mes de enero de 1781; pero la llamada al estado de guerra que hizo el Corregidor Urrutia, apresuró los eventos de desbaratar los planes de éste.
El 8 de febrero, dos días antes de la revolución; los rumores indicaban que el Corregidor había decidido dar muerte a Jacinto Rodríguez, a su hermano Juan de Dios, a Manuel de Herrera y a otros criollos. Paralelamente empezaron a circular manuscritos en referencia a Túpac Amaru y su sublevación, además se coreaban en las calles estribillos anti españoles.
Ese era el ambiente la noche del 8 de febrero, por un lado, los criollos y mestizos temerosos de un intento de los españoles de darles muerte; y por otro los "chapetones", de miedo ante una invasión india. Muchos pasaron en vela esas últimas horas del día.
miércoles, 10 de febrero de 2016
235 aniversario del departamento de Oruro
HISTORIA
El 10 de febrero de 1781 estalló la revolución contra la tiranía colonial, siendo encabezada por don Sebastián Pagador, los Menacho y otros patriotas más. Los hermanos Juan de Dios y Jacinto Rodríguez fueron los cerebros de la rebelión. Fue en la Villa Real de San Felipe de Austria (Oruro) que se produjo uno de los primeros gritos libertarios de América Latina, continuando con las rebeliones contra la corona española.Es entonces que Sebastián Pagador emite la siguiente proclama: “Amigos paisanos y compañeros; en ninguna ocasión podemos dar mejores pruebas de nuestro amor a la patria, sino en ésta. No estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémosla gustosos en defensa de la libertad; convirtiendo toda la humildad y rendimiento que hemos tenido con los españoles europeos en ira y furor...”. Se sacaron a las milicias para evitar atropellos contra el edificio de las Cajas Reales, cuya seguridad estaba a cargo de Sebastián Pagador, que en medio de los incidentes acaecidos, fue asesinado por la turba indígena.
La historia de Oruro comenzó con Don Francisco de Medrano, hacia el año 1585, cuando bautizó con el nombre de San Miguel de Oruro a un pueblo denominado Ururu, notable por su desarrollo en cerámica, fama que se extiende desde Venezuela hasta más allá de Tucumán, en la Argentina.
El 1º de febrero de 1606, sobre lo que fue este poblado, el licenciado en cánones y letras, oidor de la audiencia de Charcas, don Miguel de Castro y Padilla, fundó la Real Villa de San Felipe de Austria, refleja el historiador orureño, Carlos Condarco Santillán.
El 6 de octubre de 1810 tuvo lugar la hazaña más firme de la emancipación, que se consolidó con la victoria de Aroma, cuyo principal protagonista fue Esteban Arze.
Finalmente, el 5 de septiembre de 1826, durante la presidencia del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre fue creado por decreto supremo el departamento de Oruro.
Su nombre deriva de la más antigua civilización milenaria de los andes bolivianos, los Urus.
Datos
Creación: La fecha cívica del departamento de Oruro es el 10 de febrero, en homenaje al levantamiento del pueblo orureño contra la corona española. Fue fundada el 1 de noviembre de 1606.Población: Total 494.587 habitantes (INE 2012)
Hombres 244.818 (49.5 por ciento )
Mujeres 249.769 (50.5 por ciento )
Ubicación y superficie: Está situada a 3.706 metros sobre el nivel del mar. Tiene una superficie de 53.588 kilómetros cuadrados y una tasa de crecimiento intercensal de 2.1 por ciento . El 54 por ciento de los pobladores reside en el área rural y el 36 por ciento en el área urbana.
División política: El departamento está constituido por 16 provincias que a la vez se dividen en 175 cantones y 35 municipios.
Límites: Limita al norte con el departamento de La Paz, al oeste con la República de Chile, al sur con el departamento de Potosí y al este con los departamentos de Cochabamba y Potosí.
ESCUDO
En 1606 el oidor Manuel Castro de Padilla, en nombre del rey de España, enarboló el escudo y estandarte de la Villa de San Felipe de Austria (Oruro).
El escudo tiene forma acorazada, heráldicamente definido como “coronado terminado en punta”.
Se encuentra el ave fénix de color blanco con alas doradas, surgiendo de sus propias cenizas de una hoguera. También están cruzadas las herramientas de la minería (un barreno y un mechero o lámpara minera). Se destaca el majestuoso Sajama que muestra su nevado y cielo azul. En su base se extienden las paralelas de hierro sobre las que avanza la primera locomotora que ingresará a Bolivia. Están el Lago Poopó y una llama que mira hacia la orilla. Un bote a vela flota, como símbolo de reinvindicación marítima. Todo el Escudo está orlado en oro simbolizando heráldicamente la nobleza, riqueza, poder y sabiduría ancestral. Abajo están las ramas de olivo y laurel. (educa.com.bo).
Bandera
Es de color carmesí. La bandera original fue traída desde España. Representa el valor, el coraje, la valentía y la sangre del pueblo orureño que luchó por la libertad y mejores días para sus hijos.
Himno a ORURO
Letra: José Encinas Nieto
Música: César Achaval
Música: César Achaval
Cuando irradia el fulgor de la aurora al morir en la tierra el capuz,
todo el mundo de pie te saluda,
porque nace en tus cumbres la luz.
El Sajama es el trono sublime
do se asienta la hermosa deidad
la que vino radiante del cielo
coronada de luz y libertad.
Pagador el titán de los Andes
ante quien humillóse el león,
como Dios separando tinieblas
con su genio forjó otra creación.
Él, también en el mar de la vida
cual Colón otro mundo nos da
libertad, que es el mundo bendito
donde vive feliz el mortal.
todo el mundo de pie te saluda,
porque nace en tus cumbres la luz.
El Sajama es el trono sublime
do se asienta la hermosa deidad
la que vino radiante del cielo
coronada de luz y libertad.
Pagador el titán de los Andes
ante quien humillóse el león,
como Dios separando tinieblas
con su genio forjó otra creación.
Él, también en el mar de la vida
cual Colón otro mundo nos da
libertad, que es el mundo bendito
donde vive feliz el mortal.
Ta
Rinden honores a la batalla de Yuquina después de dos siglos
COLOQUIO
Un día antes, el sábado 30 de enero, se desarrolló un coloquio con la participación de los historiadores Willams Lofstron, Elias Vacaflor y Luis Alberto Guevara en la Alcaldía de Culpina.
“Desperté a las 4:30 de la madrugada y a esa hora estaba lloviendo. Inmediatamente recordé que algo similar había ocurrido hace 200 años, cuando en la comunidad de Yuquina (Culpina) se realizó una batalla entre las fuerzas patriotas y realistas en el marco de la guerra de la independencia. Cuatro horas más tarde, me encontré con el doctor William Lofstrom, historiador, y Elías Vacaflor también historiador. Luego del saludo la expresión fue: Hace 200 también llovía”.
En efecto, los tres, a invitación del Gobierno Municipal de Culpina, asistimos a la primera conmemoración de la Batalla de Yuquina, justo después de 200 años de aquella gesta heroica que protagonizaron las fuerzas patriotas comandadas por Vicente Camargo y Gregorio Araoz de la Madrid contra el ejército realista dirigido por el coronel Antonio María Álvarez.
“El día comenzó lluvioso y bajo esas condiciones se desarrolló la batalla”, narro en mi libro la “Revolución en los Cintis 1810-1820” de reciente publicación.
¡Qué coincidencia! Ese día también, el domingo pasado, llovía. Llovía no sólo para pintarnos con mayor cercanía el escenario donde se habían desarrollado los acontecimientos sino también para alegrar a los agricultores, que durante largos días y noches esperaban agua para sus cultivos. Una sequía casi nunca antes vista marchita el alegre verde de verano con un sol inclemente que arruga las hojas de las plantas como hojas en otoño.
Era la primera conmemoración y muchos en el pueblo no sabían qué estaba sucediendo. Un grupo de jinetes jóvenes de la comunidad de Yuquina y sus alrededores llegó a la plaza 20 de Diciembre alrededor de las 8:30, cuando la lluvia había calmado.
Su presencia causó expectativa y poco a poco la gente se fue concentrando en medio de una permanente convocatoria por medio de altavoces. Los actos de homenaje comenzarían con una cabalgata que partiría de Culpina rumbo a Yuquina, distante a cuatro kilómetros.
A esa hora, hace 200 años, “el brigadier español Antonio María Álvarez se presentó en Yuquina al mando de 500 infantes y 150 caballos, fuerza superior a la que Gregorio Araoz de la Madrid y Vicente Camargo tenían juntos”.
El ejército español se posicionó en una pequeña colina, en el cerro Mok’o llamado así por los lugareños; los patriotas en la planicie inmediata, con una fuerza de no más de 80 hombres de fusilería, otros tantos de caballería y cientos de indígenas provistos de hondas y piedras.
“Descendió el enemigo al llano de Culpina en columna con toda su infantería. En el acto destacaron dos guerrillas de caballería por la derecha e izquierda de su línea, mientras que otra de infantería se ubicó en el centro”. La batalla comenzó mientras llovía.
“A degüello” gritó Araoz de la Madrid y el estrépito de las balas se escucharon en medio de los churquis y cactus que pintan el paisaje del lugar, mientras que los sembradíos de papa, maíz y alfalfa se convertían en alfombras verdes de campo de batalla regada con sangre patriota y realista.
200 años después. Los jinetes partieron de la plaza central. Encabezaron el peregrinaje y tras ellos el pueblo se fue sumando en autos y camiones. Mientras la comitiva se acercaba a Yuquina, mucha gente de las comunidades se unió a pie.
A esa hora, el momento ya era más emotivo. Ver cómo decenas de personas se convertían en centenares emocionaba. Quizá estaba sucediendo algo parecido a hace 200 años, cuando los patriotas se sumaron para luchar contra los españoles.
Compañías de patriotas argentinos y altoperuanos se juntaron y fue una fuerza demoledora. Triunfaron luego de una dura batalla en la que los comandantes Araoz de la Madrid y Camargo demostraron gran valentía. “Gregorio Jaramillo, salteño; Santos Frías, puntano, y Juan Manzanares, correntino”, se destacaron en la lucha por sus acciones increíbles.
“Alrededor del mediodía la calma había vuelto al campo de batalla”. El enemigo retrocedió, pero no se alejó del lugar. Más tarde, “el coronel Camargo reunió en esa noche y en el día siguiente 1º de febrero, como 300 ó más indios con ondas”, relató De la Madrid en sus Memorias.
Mientras estos acontecimientos sucedían hace 200 años, dos siglos después los jinetes de Yuquina ingresaron al campo de batalla portando un estandarte y una bandera bolivianas, como muestra de la libertad ganada por ese suelo.
Sonaron algunos petardos y los jinetes empezaron a subir la colina alejándose cada vez más de nuestra vista, haciéndonos imaginar lo que había sucedido la mañana del 31 de enero. En medio de los churquis los comunarios explotaron dinamitas y nuestros ojos alcanzaron a ver el polvo que se levantaba, sin lugar a dudas, de los cañonazos de hace 200 años.
En las faldas y el abra del cerro Mok’o los jinetes se movilizaban en desorden, unos intentaban subir un poco más, otros querían bajar y algunos llamaban a formar una sola escuadra.
¿Buscaban al enemigo? Quien sabe sí. Nada estaba preparado. Quizá los espíritus de los caídos hace dos siglos se agitaban con la presencia de tanta gente que no habían visto en ese lugar después de aquel glorioso día.
La emoción se apoderó del público. El historiador Vacaflor se subió a un camión para observar mejor lo que acontecía y tomar fotos. “Las dinamitas y los caballos con sus jinetes en el cerro me hacían imaginar lo que sucedía hace 200 años”, dijo más tarde.
Después, los jinetes ingresaron al campo de concentración donde fueron recibidos con aplausos, aplausos que también eran para aquellos bravos guerreros salidos de las comarcas del partido de Pilaya y Paspaya, hoy provincias de Nor y Sud Cinti.
Se instaló el acto con la entonación del Himno Nacional, la expresión de libertad y orgullo bolivianos; ahora mucho más fuertes para el culpineño, pues la libertad también fue lograda con la sangre de sus antepasados.
Había que recordar a todos, pero antes era necesario convencer a toda la gente que ese acontecimiento sí se había dado en ese lugar. Era la primera vez que escuchaban algo semejante. En 200 años la historia había obviado no sólo a ese acontecimiento, sino también a otros que se dieron en la región de los Cintis.
La gente escuchó con mucha atención los discursos. De la incertidumbre pasó a la certidumbre, del asombro a la alegría. Alegría de saber que ese suelo que pisaban tenía un gran pasado histórico y un potencial turístico enorme. Así lo plantearon el alcalde de Culpina, Wilfredo Aguirre, y el presidente del Concejo Municipal, Santos Subia. Esas afirmaciones fueron corroboradas por las palabras de Lofstrom y Vacaflor.
Al acto de homenaje también se adhirió la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) desde Tarija. Los jefes militares se instalaron en el palco de honor; como homenaje a la Batalla de Yuquina prepararon una demostración de aviones de guerra, que al final no pudo realizarse por las malas condiciones climáticas. ¡Qué lástima que no haya sido así! Sin embargo, el pueblo se sintió feliz por su presencia.
Fue el primer acto de homenaje en 200 años y había que sentirse con el deber cumplido por la Alcaldía que asumió esta responsabilidad, por la comunidad de Yuquina que brindó una cálida acogida a todos los visitantes, por la gente del pueblo y comunidades que dejó su tradicional domingo para vivir una nueva experiencia y por los historiadores que con su información dieron sustento a este histórico acontecimiento.
Empero, hay que ir por más. “Un año y un mes después de la batalla de Culpina, al hacerse cargo del comando General del Ejército del Norte (de Argentina), el general Manuel Belgrano se enteró de las acciones y resolvió premiar a los participantes” en Tucumán.
Gregorio Araoz de la Madrid, en su condición de comandante de los Húsares de Tucumán, presentó una lista del distinguido mérito que han contraído en Culpina: “Alejandro Ayala, Anacleto Soria, Juan Teodoro Urueña, Bernardino Benencia, Ramón Salguero, Gregorio Jaramillo, Esteban Magallán, Juan Acosta, Santos Frías, Marcos Villarroel, Santiago Bracamonte, Juan Eugenio Silva, Pedro Pablo Bustos, José Mariano Reynoso, Esteban Olguín, Pedro José Carrizo y Bonifacio Romero. A estos héroes y a todos los demás concedió una cinta blanca, con la inscripción ‘Culpina’ de letras celestes que deberá ponerse en los ojales de la chaqueta del lado del corazón”.
Gregorio Jaramillo, salteño; Santos Frías, puntano y Juan Manzanares, correntino, fueron distinguidos con el ascenso de “Sargentos de Culpina”, mientras que Juan Acosta fue ascendido a “Sargento de a caballo”. El acto se desarrolló el 2 de marzo de 1817, en Tucumán.
De hecho, algún día, algún año, el Estado boliviano tendrá que reconocer este acontecimiento como un hecho relevante de la historia nacional y rendir su homenaje como los héroes de la región de los Cintis se merecen.
Yuquina recurrió a sus tradiciones para festejar la hazaña
“Salud con chicha y cañazo animadores de mi lugar”, así dice la tonada escrita por Edwar Barrios. Fiel a esta costumbre, la comunidad de Yuquina preparó varios cántaros de chicha y alistó decenas de litros de cañazo para invitar a los visitantes.
La ocasión daba para esto y mucho más, y qué mejor celebrarlo a la manera tradicional: Un plato lleno de habas y papas hervidas recién cosechadas acompañadas de un buen pedazo de queso. Luego, un exquisito asado de chancho y encima un vaso de vino.
La atención de la comunidad de Yuquina fue digna de todo agradecimiento, pero sus habitantes no se sintieron conformes. Así se estuviera a mediodía, invitaron a los visitantes a servirse leche al pie de la vaca. Para esa ocasión la bebida elegida fue el cañazo (licor de caña de azúcar) que acompañado con un poco de azúcar y la leche calentita recién salida de la ubre, fue una delicia.
Mientras los visitantes hacían fila junto al pie de la vaca, un joven, buen mozo como se dice allá, se presentó tocando el erke y la caja. La fiesta se desató en una rueda en medio del corral, en medio de un olor a excremento y alfalfa, con tal alegría que todos se unieron al baile en signo de amistad y esperanza.
De ahí en más dos grupos musicales folclóricos, uno de Tarija y otro de Sucre animaron la tarde, mientras los jóvenes jinetes jugaban a la sortija reivindicando una tradición de sus antepasados.
En medio de la música y el juego las conversaciones no se dejaron esperar, y se habló de lo que tendría que ser esta conmemoración. Llamó mucho la atención cuando los comunarios decían que para el próximo año comunicarían a sus familiares en Argentina, para que vinieran a celebrar la Batalla de Yuquina. “Ellos también tienen que conocer nuestra historia”, decían.
De hecho, esta es una tarea que asumieron para el próximo año, convencidos de convocar a una mayor cantidad de gente.
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