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viernes, 12 de febrero de 2016

El Grito Libertario del 10 de Febrero marcó la independencia de América

La Revolución del 10 de Febrero de 1781 significó mucho para varios países de América Latina, que asumieron el ejemplo de los héroes orureños provocando gritos libertarios que marcaron el inicio de la independencia.

Con este ejemplo de valentía que repercutió a nivel latinoamericano, el yugo español en América empezó a recortarse después de dos siglos de dominación debido a la imposición de cargas cada vez más onerosas, como el reparto o los privilegios de los corregidores hispanos sobre los indios.

Entre otras cosas lo que molestó a la gente fue la imposición de compra venta de infinidad de mercancías para ellos exóticas como libros y prendas que no formaban parte de su atuendo y no sabían usarlas.

Los nativos estaban hartos de la mita que diezmaba sus comunidades y pueblos, de tributos altos que lindaban con la exacción sistemática, imposible de seguir aceptando, solo faltaba la chispa para encender la hoguera.

Como antecedentes a tan magna fecha señalamos por ejemplo la baja en el precio de los minerales, el cierre de varias de las minas de la Villa de San Felipe de Austria, los problemas políticos, la economía y el comercio.

Los nuevos impuestos y el establecimiento de aduanas contribuyeron al tema de descontento, el impuesto a la coca fue otro factor que aportó a la revolución.

Según Ángel Torres Sejas en su libro "Oruro en su Historia", lo político también estaba marcado por la supremacía de alcaldes de origen español, contra el de los criollos y el odio y la rivalidad se fueron acrecentando.

Ante estos antecedentes se encendió la chispa de la Revolución el 10 de Febrero de 1781 que significó la cárcel para muchos de los cabecillas de la insurrección, sacrificio que debieron pasar tras ser parte de los movimientos revolucionarios que marcaron la vida futura, no solo de la Villa también de regiones aledañas y de otros países.

Pero a la vez fue crucial esta fecha en la villa porque tras varios años de enfrentamientos por lograr la emancipación, se rehabilitaron las minas que estaban en creciente actividad, dando movimiento a los ingenios y a las cajas

reales.

Al lugar llegaban personas de varios lugares en busca de hacer fortuna, existía un movimiento comercial amplio y por los caminos se observaba filas de ganado camélido cargando minerales hacia la costa y de esta retornaban con distinta mercancía.

Algunas casas abandonadas y derruidas eran reconstruidas por nuevos dueños, las instituciones religiosas extendían su misión evangelizadora por el lugar, y en 1789, la situación en la villa comenzó a mejorar, se registró una notable reactivación en la vida religiosa.

Los sacerdotes, en sus sermones, se prodigaban en persuadir a los creyentes de lo pecaminoso que era el tratar de alterar el orden que provocaba la muerte y la detención de muchas personas.

De este año data, el inicio del proceso de propagación del culto a la Virgen de la Candelaria más conocida como Virgen del Socavón, en clara expresión de gratitud por parte de los mineros.

El ambiente de restauración económica y social que se registraba en la villa, fue alterado por el conocimiento de sucesos políticos en Chuquisaca y La Paz, además del arribo de fugitivos de las villas insurreccionadas, por lo que las autoridades tomaron medidas precautorias para la preservación del orden.

Los moradores tenían la fama de rebeldes desde el siglo anterior en alusión a los hechos de 1781, así los esfuerzos de reconstrucción en 1809 fueron sacudidos por hechos de levantamiento en otras poblaciones que podrían influir en su futuro.

Fue en realidad el último año de mejoramiento económico dentro el régimen colonial, porque lo de Charcas y La Paz, señalaron el principio de un desmoronamiento en América que podría ingresar a un periodo de lucha antes de su fin, teniendo a Oruro como centro del conflicto.

El 15 de noviembre de 1803 solicitaron al Rey Carlos IV la concesión de varias gracias, resaltando la confirmación regia de la fundación y dotación de un Escudo de Armas, originando un moroso proceso que para septiembre de 1808 no había concluido y fue interrumpido para siempre por los pronunciamientos libertarios de años subsiguientes. La fundación de la Villa fue confirmada por el Virrey del Perú, Juan de Mendoza y Luna, mediante cédula real de 25 de octubre de 1610, en nombre del Rey Felipe III.

En concreto, a diferencia de otras villas de la Real Audiencia de Charcas, en el caso de San Felipe de Austria, lo mismo que para su fundación, hubo necesidad de un proceso administrativo para su confirmación, que no se concretó debido a la falta de miles de pesos.

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