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sábado, 2 de abril de 2016

Tumusla Último bastión Español

La última acción de armas entre realistas y patriotas que sintió este suelo americano, fue en la apacible población de Tumusla suelo potosino, cuando un 1ro. de abril de 1825 se dio el combate entre las dos fuerzas enemigas que tenían el mismo destino, luchar hasta el final.

Se inició el combate con la arremetida del Gral. Pedro Antonio de Olañeta contra los patriotas que encontrábanse en el sector Sur del río Tumusla. Entonces se escuchaban los sonidos estruendosos de los cañones, motivando a una lucha sangrienta donde los unos y los otros, ponían todo de sí para salir victoriosos de la batalla.

Finalmente los audaces patriotas consiguieron su objetivo venciendo a los uniformados españoles que habían insistido en defender a la Corona de España y mantener a favor de ella a estas tierras colonizadas por más de tres siglos.

Fue en esa histórica batalla de Tumusla donde numerosos soldados de ambos ejércitos, ofrendaron sus vidas por defender ideologías y consignas que perseguían cada uno de ellos, quedando allí mismo herido de muerte el único representante de la corona española, Mariscal de Campo Pedro Antonio de Olañeta, el que deseaba mantener a toda costa el absolutismo; y no pudo más frente al coraje y valentía de los patriotas encabezados por el Cnl. Carlos Medinaceli Lizarazu, sellando con ello la independencia de los pueblos charquenses.

La obtención de esta victoria tuvo lugar en la quebrada de Tumusla, en inmediaciones de la Hacienda “Patirana”, en cuyas proximidades encontrábase el cuartel del ejército patriota y la capilla colonial consagrada con el nombre de la Virgen del Carmen.

Fue en ese lugar valluno cuando los dos enemigos se parapetaron uno frente al otro, divididos por las aguas del río lugareño, para horas después teñirse de rojo con sangre de los combatientes.

La batalla empezó al promediar las tres de la tarde y concluyó a las siete de la noche después de cuatro horas llenas de tiroteo y matanza, hasta que el General realista, luego de haber caído herido, fue tomado preso y llevado a una pequeña chujlla, especie de habitación improvisada donde convino en capitular con el enemigo y abandonar su posición intransigente.

Horas más tarde, el Gral. Pedro Antonio de Olañeta, murió como había prometido, empuñando su sable y defendiendo sus ideales lejos de su suelo natal, huérfano de los honores que habría brindado España, por haber sido el más fiel a su Rey y a la Corona de la monarquía de España, sabiendo que este incorrupto militar, antes de su muerte fue nombrado Virrey del Río de la Plata, como se le tenía ya ofrecido; designación que fue firmada en fecha 27 de marzo de 1825. De esta manera la Batalla de Tumusla dio por terminada la dominación española en América.

La persona que dio la noticia de este suceso de armas al Mcal. Antonio José de Sucre que encontrábase en Potosí, fue el Cnl. Carlos Medinaceli Lizarazu, enviando el parte de guerra a través del My. Juan de Villegas, documento fechado el primero de abril, aunque la carta fue redactada pasada la media noche de aquella fecha, dando cuenta del encuentro sangriento de las dos fuerzas enemigas, así como la muerte del Gral. Olañeta, ocurrida en la madrugada del día 2 de abril en que la carta era remitida con urgencia a Potosí.

Siete días después, o sea el 8 de abril, fue dirigida una segunda carta al Mcal. Sucre por parte del vencedor de la batalla de Tumusla, haciendo saber la nómina de todos los jefes y oficiales que participaron en la acción de armas, tanto de las fuerzas realistas como de las patriotas, encontrándose en dicha nómina el nombre del Tcnl. Melchor Daza, héroe del grito libertario potosino del 10 de Noviembre de 1810, el mismo que había tomado como trofeo, la imprenta que era propiedad del Gral. Olañeta.

Esta máquina imprimía la propaganda bélica entre realista y patriotas, dando a saber mayormente las victorias de las fuerzas militares que representaban al soberano de España. Propaganda que se distribuía en todos los poblados por donde pasaba el general realista, al margen de que en esta imprenta se publicó el primer periódico editado en territorio alto-peruano el año de 1823 con el nombre de “El Telégrafo”.

Y bueno, en una de las partes de la carta remitida por Medinaceli al Mcal. Sucre, señala lo siguiente: “La imprenta, el parque y todo el cargamento que fue del Mariscal Olañeta, tomamos como botín de guerra en Tumusla”.

Separadamente, en otro anexo, el Cnl. Medinaceli dice: “Fuimos 28 xefes y Oficiales con 1.300 clases i soldados, los vencedores en la batalla de Tumusla, efectuada frente al río Tumusla i sobre el camino real i adyacencias del cerro, la tarde del jueves santo 1ro. de abril de 1825…”.

“Tuvimos 150 clases i soldados muertos i 6 Xefes y Oficiales con 10 heridos y 260 clases i soldados de nuestro regimiento Cazadores de a caballo, comandado por el Tcnl. Melchor Daza herido en la batalla, no de gravedad, de 600 hombres, i batallón Cazadores de Chichas de 700 plazas, comandado por el Tcnl. Miguel Mérida”.

De acuerdo a ese parte, se deduce que la Batalla de Tumusla fue realmente sangrienta y llena de furor donde se enfrentaron dos ejércitos con buen número de efectivos y muy bien equipados en armamento; conociéndose que en el sector de los patriotas, encontrábanse valientes chicheños y otros guerrilleros de las facciones patriotas que participaron en una y otra batalla del Sur alto-peruano.

Sobre la muerte del Gral. Pedro Antonio de Olañeta, se dice que un oficial de nombre Francisco Sánchez, habría acabado con la vida del mencionado general realista, disparándole por la espalda tres tiros de fusil, aunque esos disparos no fueron tan efectivos para dar muerte instantánea a Olañeta, habiendo expirado este general, tres horas más tarde después de aquel suceso.

Sobre este hecho surgen las siguientes interrogantes: ¿Qué es lo que motivó al hombre para que disparase contra el general realista….?. ¿Fue por alguna venganza o, el no permitir que Olañeta sea vejado o maltratado para herir su dignidad…?. Sobre el particular hay muchas hipótesis que al final solo podrían manejarse como tales.

Potosinos festejan su aniversario con un llamado a la unidad

Los potosinos recordaron ayer el 471 aniversario del nacimiento de la ciudad de Potosí.

Primero el alcalde, Williams Cervantes y después el gobernador, Juan Carlos Cejas convocaron a la unidad del pueblo potosino como requisito esencial para lograr el desarrollo económico y social que demanda la población.

La convocatoria a deponer las actitudes de venganza y división también se hizo presente durante el acto central del aniversario regional desarrollado en el teatro municipal Modesto Omiste, a través de la presidenta del Concejo Municipal, Ximena Prieto.

UNA MISMA VISIÓN

“Como autoridades, tenemos retos fundamentales y uno de los retos más allá de la inversión es construir valores y principios, estos valores y estos principios que nos van a permitir tener una misma visión, un mismo objetivo sin distinción. Muchas veces elogiamos a países y ciudades que no están en nuestro contexto y decimos ‘¿por qué Potosí no es igual que este lugar?’ o ‘¿porqué Potosí no tiene estas cosas que existen en este otro lugar?’. Llega un momento en el que estamos comenzando a construir lo que hemos visto en otro lado, generalmente entre nosotros hacemos todo lo imposible para no lograr este objetivo; hoy en este día tendríamos que cambiar esta percepción, tendríamos que unirnos todos aquellos con credos religiosos distintos, con formaciones políticas distintas, con visiones distintas de desarrollo, tendríamos que sentarnos y comenzar a caminar juntos porque la única forma en que encontremos el desarrollo y el buen vivir acá en Potosí es cuando comencemos a tomarnos de la mano y caminar juntos”, destacó el alcalde Cervantes durante su intervención en la sesión de honor.

A su turno, el gobernador Juan Carlos Cejas destacó que coincide con un legislador que sostiene que Potosí continúa siendo saqueado, pero se preguntó si todos no seremos corresponsables de ese atraso; en especial, aquellos que estuvieron a cargo de las instituciones públicas.

Con relación a los conflictos cívicos, indicó que los actuales funcionarios no son solo responsables de la falta de atención a las demandas porque los propios dirigentes cívicos no entendieron la predisposición del alcalde y gobernador que fueron a un consejo consultivo a plantear que estaban dispuestos a trabajar.

“Cuando se inauguró la Asamblea Legislativa Departamental pedí que trabajemos todos, legisladores departamentales, nacionales, nuestros cargos son prestados, no son perpetuos, de aquí en unos cuatro años o más nos vamos a estar retirando, pero debemos trabajar por Potosí. Sin embargo, cuando estamos concluyendo la gestión ya viene la ofensa ya viene el insulto... Dejemos a un lado eso y nos pongamos a trabajar por esta tierra en la que queremos vivir y morir”.

En relación a la consigna del “Potosí federal”,. Cejas manifestó que es hora de preguntar a pobladores de las provincias, a los de Llica o Betanzos si de verdad quieren el federalismo o se trata de una posición que tiende a dividir al Departamento de Potosí. Remarcó que cuando se habla de esos temas, algunos no pueden atribuirse la representación del pueblo, porque el pueblo potosino son 16 provincias y 40 municipios.

SOLOS

Tanto en el tedéum como en el acto central de homenaje no se contó con la representación gubernamental ya que no estuvo el presidente o vicepresidente, funcionarios que generalmente asisten a los actos de homenaje de las regiones.

El presidente y vicepresidente desarrollaron sus actividades en Cochabamba y La Paz, de manera normal. Se supo que no atendieron la invitación de la Alcaldía de Potosí

Dirigentes sociales potosinos ya habían anunciado que Morales y García no estarían en los actos del 1 de abril. Solo estuvo la ministra de Transparencia, Lenny Valdivia, que llegó tarde a la sesión de honor y estuvo sentada entre la gente y no en la palestra, aunque destacó que estaba en representación del Gobierno y anunció que se estaba apoyando a Potosí con diferentes proyectos a través del programa "Bolivia Cambia, Evo Cumple", tal como lo informaron Cervantes y Cejas con la entrega de diferentes obras en la capital y las provincias por el aniversario regional.

Los dirigentes cívicos, a través de una carta pública, saludaron el nacimiento de la Villa Imperial e indicaron que los potosinos resistieron en la colonia, en la república y hoy en el Estado Plurinacional y están dispuestos a luchar contra cualquier tirano que quiera atentar contra el futuro regional.

Ciudadanos consultados sobre los actos de homenaje destacaron que con los mandatarios o sin ellos Potosí tiene que buscar el desarrollo, pero ello pasa por demandar la coparticipación regional de los beneficios que generen proyectos que se desarrollan en esta parte del país como el del litio que permitirá generar ingente cantidad de recursos económicos para el gobierno nacional.

Festejo

El 1 de abril, la población potosina festeja el inicio del proceso de consolidación de una ciudad que en 1545 comenzó como "asiento minero", tras la posesión del Cerro Rico de Potosí.

Para el año de 1561 se reconoce a Potosí legal y políticamente como “Villa Imperial”. Deja de ser un asiento minero y se convierte en una ciudad. Fue ascendida al rango de Villa y exentada de la ciudad de La Plata.

La importancia de la Villa Imperial, durante la colonia, fue enorme debido a la gran cantidad de plata que se extraía del Cerro Rico de Potosí, lo cual permitió el desarrollo del capitalismo europeo.

Aniversario entre ausencias y anuncios

1 de abril de 2011

No se contó con representantes nacionales, lo cual se atribuyó al distanciamiento con el pueblo potosino durante los 19 días de paro ejecutado entre julio y agosto de 2010.

1 de abril de 2012

Evo Morales participó en los actos de homenaje al nacimiento de la Villa Imperial y anunció que Potosí participará de los benéficos que genere la explotación e industrialización del litio del Salar de Uyuni.

1 de abril de 2013

Álvaro García asistió a los actos de homenaje a la posesión del cerro y el nacimiento de la ciudad de Potosí, oportunidad en la que anunció que hasta 2015 esta ciudad será un pilar de la modernidad con diferentes obras.

1 de abril de 2014

En ausencia de representantes nacionales se desarrollaron los actos de homenaje por el nacimiento de Potosí. En la oportunidad, el gobernador Félix Gonzales convocó a los empresarios a invertir en el Departamento.

1 de abril de 2015

Evo Morales anuncia su apoyo a proyectos municipales como el de las catacumbas con la finalidad de sentar las bases de la diversificación económica regional en beneficio de la población potosina.

1 de abril de 2016

Tras el paro de 27 días de julio y agosto de 2015, los actos de homenaje al nacimiento de Potosí no tienen la presencia del presidente y del vicepresidente. Solo estuvo la ministra de Transparencia Institucional, Lenny Valdivia.

“Dejemos a un lado eso (el ataque, la diatriba) y nos pongamos a trabajar por esta tierra en la que queremos vivir”.

Juan Carlos Cejas - GOBERNADOR DE POTOSÍ

miércoles, 30 de marzo de 2016

Eduardo Abaroa Hidalgo El Héroe de Calama

Héroe nacional
Defensa de calama

Eduardo Abaroa Hidalgo tomó su arma y se plantó en el puente del Topáter, sobre el río Loa, para librar la que sería su última batalla.

“¿Rendirme yo ?... ¡Qué se rinda su abuela, carajo!", fueron las últimas palabras que este boliviano pronunció, rechazando la propuesta de capitulación que le ofrecían los soldados chilenos; quienes -ante su altivez- no tuvieron más alternativa que apretar el gatillo de sus armas y abrir fuego.

Dos balas segaron su vida a los 40 años, una que impactó en su cabeza y, la otra, en el vientre.

Primera época

Abaroa nació un 13 de octubre de 1839 en San Pedro de Atacama, que por aquel entonces era un pueblo minero, al cual acudían industriales y empresarios para explotar los ricos yacimientos de oro, plata y cobre.

La incipiente ciudad estaba rodeada por un arenal, sus casitas estaban construidas con techo de paja, frente a frente sobre las callejuelas angostas.

Eduardo provenía de la familia Abaroa, un clan tradicional de la zona.

Hijo de Juan Abaroa con Benita Hidal-go, era el tercer hijo de cuatro hermanos: Guadalupe, Ignacio e Irene.

Según datos del historiador chileno, Vicuña Mackenna, la familia firmaba su apellido con “v”, pero su uso a través de la historia se modificó a “b” labial.

Se trataba de una familia relativamente acomodada, situación que permitió a Eduardo Abaroa realizar sus primeros estudios en la escuela del pueblo.

Con el tiempo comenzó a adquirir conocimientos de Teneduría de Libros y Contabilidad, que luego serían la base de su profesión. También era un

empresario independiente y trabajaba en una mina de plata localizada en el departamento del Litoral.

En sus años mozos, conoció y convivió con Irene Rivero Pachas, quien fue la madre de sus cinco hijos: Amalia, Antonio, Andrónico, Eugenio y Eduardo.

El escritor Roberto Querejazu, en su libro “Guano, Salitre, Sangre. Historia de la Guerra del Pacífico”, describe a Abaroa como un hombre alto, delgado y con personalidad un tanto introvertida.

LLAMADO A BATALLA,

RESISTENCIA BOLIVIANA

En marzo de 1879, Abaroa -que se

encontraba en Calama por razones

laborales- no dudó en alistarse como combatiente.

El 23 de marzo de 1879, los habitantes de esta región se enteraron

del ataque de más de 500 soldados chilenos y rápidamente se organizaron para defender Calama, apoyados por el prefecto de Antofagasta, Severino Zapata y por una tropa de unos 100 efectivos, que se situaron en varios puntos de la población boliviana.

Cuando llegó la hora de la batalla, Eduardo Abaroa fue nombrado segundo jefe de los rifleros de Calama; puesto que aceptó honrosamente, no sin antes escribir su testamento y una carta poder a un amigo para que se casara en su nombre con su pareja, Irene Rivero, madre de sus cinco hijos y así no dejarlos desamparados ante la ley.

Si bien la resistencia boliviana fue difícil de aplastar, la superioridad numérica de las tropas invasoras determinaría el desenlace de esta situación.

LOS ÚLTIMOS INSTANTES

La batalla fue cruenta pero la fuerza de su espíritu permaneció intacta. Se quedó en una zanja armado

de un fusil Winchester, que llevaba desde un principio, y de otras dos armas que pertenecieron a sus compañeros caídos a su lado. También estaba acompañado por un peón que fue con él desde San Pedro de Atacama y le ayudaba a cargar las armas.

Es así como, desde su trinchera, el héroe nacional dio pelea a más de 100 chilenos para impedir la irrupción del enemigo al puente Topáter, en medio de la Batalla de Calama.

Cuando cayó en manos de los chilenos, el coronel Avelino Villagrán no podía creer que este hombre hubiera causado tantas bajas a su ejército y lamentó ser él mismo quien ordenara disparar los fusiles de sus soldados, ante la firme negativa de Abaroa de rendirse ante los chilenos.

Precisamente fue Villagrán quien escribiría en 1880 la primera biografía del héroe nacional, de quien se refirió de la siguiente manera:

"No investía carácter militar, pero era boliviano y sobre todo un buen patriota".

La hazaña de Eduardo Abaroa trascendió gracias a los relatos de los

testigos de ese día, los mismos que fueron recopilados por los historiadores en una serie de escritos.

Así lo revela una carta escrita por el subteniente chileno Carlos Souper, publicada en un diario de Valparaíso hace 137 años: “Nos sorprendió ver que un boliviano desde adentro hiciera fuego a más de 100 hombres, pues amigo, nos dio bala duro, y fue imposible pillarlo por más que se lo buscara”.

Un relató que se trasmite de generación tras generación y que quedó clavado en la memoria colectiva de todo un pueblo.

Terminada la batalla, el cuerpo de Abaroa fue enterrado por el Ejército chileno, el mismo día de su deceso, en el cementerio de Calama.

Su sepelio se realizó con honores de héroe: con 21 disparos al aire

y siendo envuelto con la bandera

chilena, a falta de la boliviana.

El historiador Querejazu se refiere a Abaroa como un Quijote, ya que incluso tenía a su escudero -el peón que lo acompañó en la lucha- y un fiel caballo, llamado Chaska.

honores y reconocimiento

Ese día nació la leyenda de Eduardo Abaroa, cuyo rol en la defensa del Litoral se ha consagrado como un relato fundacional de la identidad nacional boliviana.

El 14 de febrero de 1952, el Gobierno boliviano aprueba el Decreto Ley

Nº 2976, para repatriar los restos mortales del Héroe del Topáter.

Durante su exhumación se recuperaron restos de la bandera chilena con la que fue enterrado y casquillos de las balas disparadas en su honor.

Ya en territorio nacional fue sepultado en medio de una muchedumbre impresionante (decenas de miles) en la plaza de La Paz que lleva su nombre.

Asimismo, se erigió una estatua de bronce del mártir boliviano en una postura desafiante, como la que habría realizado el momento antes de su muerte.

Como un homenaje, la empresa Correos de Bolivia honró su memoria con la creación de una serie de sellos postales en los que se citaron sus últimas palabras, aquellas que aún hoy en día, luego de 137 años, llenan de orgullo el corazón de todos los

bolivianos.

Monumentos que evocan la historia boliviana


Patrimonio departamental. ¿Quién podría imaginar el paseo de El Prado sin el monumento de Simón Bolívar o el puente

de la Recoleta sin Eduardo Abaroa, su gran custodio? Hoy, un homenaje a las obras de arte arquitectónicas distribuidas en plazas, plazuelas y calles de la ciudad de Cochabamba.



La ciudad, un museo a cielo abierto



Cochabamba tiene una gran riqueza arquitectónica e histórica. Estatuas, monumentos y bustos dispuestos en plazas y plazuelas de la ciudad son símbolos que evocan la historia, los sueños y las utopías de miles de cochabambinos.

De acuerdo al Departamento de Patrimonio Cultural y Servicios Culturales de la Alcaldía de Cercado, actualmente hay 96 monumentos, de los cuales se escogió a 11, para contar su historia e importancia.

EDUARDO ABAROA

El paseo por los monumentos más representativos de la ciudad se inicia con el Héroe del Topáter, ubicado en el puente de la Recoleta; precisamente es la imagen que este 23 de marzo volverá a ser el centro de los actos de conmemoración recordando el Día del Mar.

Esta obra fue planteada por las autoridades de la Alcaldía a principios de 1970, quienes tenían el deseo

de establecer un trabajo artístico que simbolizara la defensa de la soberanía marítima.

La escultura se encuentra sobre un pedestal de piedra, que asemeja la forma de un montículo; Eduardo Abaroa se encuentra en actitud de resistencia, porque lleva el fusil en la mano derecha.

El diseño de este monumento tiene una anécdota muy particular que pocos conocen. En esa época, Guillermo Aldunate, intendente de los mercados de la ciudad, fue uno de los artífices para la conclusión del trabajo, puesto que se requería de gran cantidad de estaño para fundir y rellenar la estatua.

Aldunate, ingeniosamente, se encargó de abastecer una parte de ese material, entregando al autor de la obra -que no está identificado- todas las pesas falsas que decomisaba a las vendedoras de los centros de abasto que eran sorprendidas tratando de engañar a las amas de casa.

Desde 1972, Eduardo Abaroa es parte importante del patrimonio estatuario de Cochabamba.

Simón Bolívar

Ballivián y La Paz



Esta obra fue adquirida por los socios del Club Social Cochabamba para celebrar y conmemorar el primer centenario del país en 1925.

La estatua fue esculpida en Italia. Su autor, Pietro Pi-raíno, trabajó en bronce y le imprimió un estilo realista, dando como resultado un Simón Bolívar con los brazos cruzados y a discreción, vestido con un uniforme militar del ejército patriota -que se distingue por una franja en la cintura- y en el pecho luce una medalla

y charreteras.

Este monumento alcanza los 2.60 metros y está sobre un pedestal de piedra.

Gerónimo de Osorio

Calama y Tarapacá


Este personaje fundó la Villa de Oropesa, actual

Cochabamba. Fue su autoridad hasta el 1 de enero de 1574, fecha en la que se efectuó la segunda creación a cargo de Sebastián Barba de Padilla.

Durante ese tiempo, Gerónimo de Osorio ejerció

el cargo de Corregidor y llegó a vivir en esta ciudad cerca de 30 años.

Como homenaje a este hombre, el 15 de agosto de 1971 se erigió un monumento en la plazuela ubicada en las calles Calama y Tarapacá.

El autor de esta escultura es César Terrazas, quien

trabajó la obra dentro de lo que es la escuela clásica, con un estilo realista. Sus dimensiones son de 1.90

metros de alto por 70 centímetros de ancho.

Está trabajada en fibra de cemento y fue colocada

sobre un pedestal cuadrado, que aún está en buenas condiciones.

Antonio José de Sucre

Plazuela Sucre


No se tienen muchas referencias de este busto,

se cree que fue colocado en la década de 1940

en la plazuela que lleva su mismo nombre, ubicada

en la zona de San Pedro.

Antonio José de Sucre es un personaje de la historia nacional que contribuyó a la construcción del nuevo estado naciente del Alto Perú; quien inspirado por las ideas de libertad e independencia francesa, dejó su país de origen, Venezuela, y emprendió la campaña

de liberación de América junto a Simón Bolívar.

Fue presidente de Bolivia desde el 3 de enero de 1826 hasta el 18 de abril de 1828, aportando de manera decisiva en la consolidación y establecimiento de la nueva república.

Durante su presidencia dividió a Bolivia en departamentos, provincias, cantones y aldeas.

Homenaje a Cobija

Ecuador y mayor rocha


En 1904 se colocó esta estatua al centro de la plazuela Cobija, la misma que fue fabricada por el artista francés Emanuel Fontaine. Se trata de una estructura de bronce sobre un pedestal circular. Representa a una niña con expresión triste que está abrazando una bandera. La estatua está rodeada por una cadena, que simboliza la mediterraneidad de Bolivia.

El proyecto de la obra comenzó en 1901, cuando

el prefecto de ese entonces, Venencio de Jiménez, realizó una colecta para el pago del trabajo.

Los extrabajadores de las salitreras de Chile, residentes bolivianos en Buenos Aires, y la poetisa Adela Zamudio fueron los primeros en apoyar esta iniciativa.

La fabricación fue encargada a Fontaine. Una vez concluida fue embarcada desde París y demoró dos años en llegar a Cochabamba.

Adela Zamudio

ballivián y oruro


La estatua de Adela Zamudio fue esculpida en 1977 por el artista plástico César Terrazas, quien realizó el trabajo utilizando bronce, cobre y concreto. Ella está de pie con una expresión reflexiva y con la mano derecha sostiene un libro. Tiene una dimensión de 1.80 metros de alto por 75 centímetros de ancho y está asentada sobre un pedestal de dos cuerpos.

Este monumento se erigió en gratitud a la mujer poetisa y escritora que fundó el primer Liceo Fiscal de Señoritas, el que -posteriormente- llevaría su nombre.

En honor a Adela Zamudio se instituyó el 11 de octubre como el Día de la Mujer Boliviana.

Monumento al deporte

Estadio Félix Capriles


La estatua representa a un hombre que tiene en la mano derecha un laurel y en la izquierda una antorcha, reposa sobre arcos deportivos entrelazados

de colores azul, amarillo, negro, verde, rojo; que son el emblema olímpico que muestra la unión de los cinco continentes del mundo.

Esta imagen tiene 2.60 metros de alto; fue trabajada en fibrocemento y bronce. Se instaló en la parte frontal del estadio Félix Capriles en 1968.

Su creador, César Terrazas, se inspiró en la imagen

que se difundió en los VIII Juegos Olímpicos realizados en Amberes-Bélgica el año 1920.

Manuel A. Villarroel

Aniceto Arce y Colombia


Este monumento se erigió en 1947 como agradecimiento al benefactor de los niños, doctor Manuel Ascencio Villarroel, un médico cirujano filántropo, catedrático honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Simón.

El artista plástico encargado de la obra fue Alejandro Guardia, escultor y arquitecto fundador de la Academia de Bellas Artes de La Paz y Cochabamba, quien trabajó en bronce fundido, con un estilo realista.

El médico está sentado, con la mano derecha sostiene la cabeza de un niño y con la izquierda agarra su mano en actitud de protección, ternura y amparo.

Mientras que el pequeño lo mira con una actitud de admiración.

Francisco  del Granado

Ecuador y Baptista


El monseñor Francisco María del Granado fue el tercer Obispo de Cochabamba y Arzobispo de la Plata. Falleció en 1895.

El monumento fue inaugurado el 25 de septiembre de 1921 en la plazuela que lleva su nombre y donde se encuentra el templo de Santa Teresa.

El sacerdote se encuentra ataviado con traje ceremonial eclesiástico, en posición de bendición solemne, con la mano izquierda sobre el pecho. La estatua está sobre un pedestal de tres metros de altura.

La obra fue encargada al escultor Pietro Piraíno, en Italia, quien la trabajó en bronce dentro del estilo realista. Demoró un año en llegar a Cochabamba.

Homenaje al maestro Ballivián y Oruro


El monumento representa a un profesor acompañado de dos niños, uno de ellos

está leyendo concentrado un libro.

El conjunto escultórico se encuentra sobre un pedestal, que fue trabajado en bronce y piedra. Éste tiene formas armoniosas y está sostenido por cuatro columnas dóricas, cuyo color blanco resalta sus contornos.

La parte inferior del pedestal está adornada con hojas de acanto y una corona de laurel.

También contiene plaquetas con los nombres de distinguidos maestros cochabambinos.

Sobre su fabricación, lamentablemente,

no existen datos precisos acerca de su

creador y tampoco las medidas específicas de la estatua.

Aurelio Meleán

Facultad de medicina


Este es un personaje oriundo de los valles cochabambinos que llegó a constituirse en uno de los profesionales más visionarios, patriotas y destacados en el campo de las ciencias de la salud.

Se formó como cirujano en Alemania, a su retorno a Bolivia trabajó incesantemente para que se construyera la Facultad de Medicina en la Universidad Mayor de San Simón, la cual lleva su nombre.

Luego de una larga vida al servicio de la sociedad, falleció el 12 de diciembre de 1952. Por su vocación de servicio, sus compañeros y autoridades universitarias vieron por conveniente colocar un busto de bronce dentro la misma facultad.





Isacc Attie, el alcalde que le dio identidad a Tarija



Cuando se habla con personas que tienen arriba de los 50 años no es raro escuchar decir que la ciudad es obra de Isaac Attie o que fue “el mejor alcalde que tuvo Tarija”; Al parecer, esto no es una exageración, ya que a cada paso que uno da por la capital del departamento puede ver los testimonios e hitos que dejó el paso de ese hombre singular por esta tierra. Él dejó una huella imborrable a través de sus obras.

Isaac Attie llegó a Tarija como muchos migrantes en una época en que las guerras separaban familias y lanzaban a sus jóvenes a lugares remotos, uno de ellos fue Argentina, cuyo puerto en Buenos Aires fue la entrada que utilizaron muchos migrantes del medio oriente y de otras regiones del planeta para ingresar al continente americano.
Se ha escrito tan poco sobre la vida y obra de Isaac Attie que no se tiene certeza sobre el año ni los motivos por los cuales llegó a Tarija. Se presume, de acuerdo a la maestra e investigadora, Anne Amado Romero, que fue por el año 1914. Una hipótesis es que habría llegado motivado por la fama de Potosí y la minería, así como que decidió quedarse porque encontró un lugar que le gustó para vivir.
De lo que si queda constancia es de su vida posterior y su obra, orientada a hacer de Tarija una ciudad moderna y con las condiciones necesarias para tener una buena calidad de vida.
Al parecer, el golpe de inspiración de Isaac Attie fue el Cementerio General, un lugar de aspecto desolado y distribución caótica de tumbas a ras del suelo que en 1929 conoció y decidió mejorar. Lo primero que emprendió fue la arborización, que pasó por una planificación de las sendas.
“Fue un trabajo de Isaac Attie que comenzó cuando todavía no era alcalde, él personalmente delineó las calles, él personalmente puso los pinos, él enseñó el enterramiento en nichos”.
En esta primera obra se puede vislumbrar una cualidad muy particular de la personalidad del turco rubio, como llamaban a este árabe de origen sirio quien profesaba la religión judía. Esa cualidad era el amor desinteresado que ponía en todo lo que hacía y que para bien de Tarija se tradujo en la necesidad de traer el desarrollo a esta ciudad.
El cambio en el cementerio permitió que con los años el camposanto se convirtiera en un lugar que la gente escogía para pasear.
Se puede decir que Isaac Attie tuvo una concepción ecologista y medioambiental en cuanto a la configuración de una nueva ciudad. Herencia suya son los pinos y árboles que le dan una belleza única al bosque del Rincón de la Vitoria, en donde se trabajó una de las obras más importantes para Tarija, la toma de agua de la cual se abastece hasta el día de hoy la capital.
“Antes de él, por Tarija cruzaban acequias, fue él quien hizo el alcantarillado sanitario para Tarija”, comenta Anne Romero quien estableció, durante su investigación que Attie buscó financiamiento para esta obra de la Alcaldía de Nueva York, cuyo alcalde era Fiorllo La Guardia.
“Él le mandó una carta a La Guardia y le solicitó un crédito de un millón de dólares para hacer el alcantarillado de Tarija, el alcalde de Nueva York le dijo que sí, que le daba el crédito pero con la condición de que fuera un crédito directo con Tarija, que no pase por el Gobierno central, pero eso no lo aceptó el Gobierno así que no pudo conseguir el préstamo”, rememora.
El amor del alcalde Attie por la tierra que lo acogió se manifestó también a través de su desprendimiento, cada vez que escaseaban los recursos para una u otra obra, ya que sin pensarlo dos veces ponía dinero de su bolsillo.
Así lo consigna la publicación de El Antoniano, utilizada por Anne Amado para su investigación y en la que el Alcalde declara: “De mi parte quiero hacer la siguiente declaración, para evitar torcidas apreciaciones. He cedido mis haberes del año 1936, destinándolos a los trabajos de las portadas de hierro del Cementerio General; y el sueldo del presente año, lo obsequio para obras públicas. Hago esta declaración, no con el fin de recoger aplausos, sino con el deseo de que se conozca por el pueblo, que he venido a este cargo no para lucrar sino para servir a Tarija”.
Las obras de Isaac Attie le han dado a Tarija la imagen y personalidad que la han caracterizado y caracterizan aún, ya que en cada una de ellas se puede observar su aprecio por la naturaleza, los árboles y las plantas.
“Imagino que él ha debido pensar cuando hizo la biblioteca que uno lee mejor si se encuentra en un lugar agradable, por lo que la construyó con una vista linda que beneficiaba a la Alcaldía y a la Biblioteca”, comenta Amado en relación a los amplios ventanales que dan al jardín de la biblioteca Tomás O´Connor d’Arlach.
Lo mismo puede decirse del Palacio de Justicia, rodeado de jardines y con una verja cuyos espacios, por muchos años, fueron utilizados por los tarijeños para descansar o dar un paseo y cuya construcción se logró gracias que Attie prestó dinero para completar el monto necesario para comprar los terrenos que eran de propiedad del Convento Franciscano.
“Sin Justicia no hay libertad y sin libertad no puede haber justicia”, sentenció Attie cuando hizo realidad esta obra.
Lo mismo puede decirse de su obra en el Hospital San Juan de Dios, que refaccionó y dotó de jardines para dar a los pacientes un ambiente mejor para su recuperación.
Pasar por la Tercera Orden Franciscana igual trae remembranzas de la Tarija de antaño, porque en ella está la marca de Attie: el área verde, los jardines junto a la sólida obra de cal y piedra.
Su visión de gestor de la cosa pública también se aprecia en lo que aún queda de los chalets que albergaron por mucho tiempo algunas carreras de la Universidad Juan Misael Saracho y que hoy son ocupados por el Mercado Central.
“Isaac Attié construyó esos chalets para lograr ingresos para el municipio, su visión era el poder alquilar esos chalet a personas, familias que no tuvieran casa y así generar ingresos”, dice la profesora.
El único ingreso fijo del municipio era producto de la venta de cueros que resultaban del faenado de reses en el matadero municipal.
La vida de Isaac Attie frente al municipio se puede resumir como trabajo destinado a concluir obras que beneficiaban a Tarija, ya que se ocupaba de ellas desde la planificación y una vez concluidas, verificaba que cuenten con el equipamiento necesario.
“Para la biblioteca donó libros, compraba libros de donde había, iba a Potosí y compraba bibliotecas completas para traerlos a la biblioteca de Tarija. Los sillones que servían para los lectores eran sillones ingleses muy cómodos”, rememora.
Una de sus últimas obras fue el Club Social, que se construyó en una de sus últimas gestiones, en 1952. “Él era además una persona emotiva y sensible-comenta Anne Amado-. Cuando hubo la inauguración se organizó un baile y luego de dar su breve discurso se le salieron las lágrimas”.
El mercado central, la avenida Domingo Paz, las calles pavimentadas luego de la instalación del alcantarillado son solo parte de la obra que Isaac Attie dejó para Tarija en una época en la que los recursos escaseaban, en una Tarija semidestruida por la Guerra del Chaco, en la que había que convertir todo en hospital.
Isaac Attié en pocos años logró darle a Tarija un rostro como ciudad que es parte de su identidad y que es necesario preservar.
Algunas obras ya no son lo que fueron, principalmente el mercado central que fue modificado por varias gestiones de alcaldes hasta desaparecer para dar paso a una nueva infraestructura, actualmente en construcción.
Sin embargo, es necesario destacar que las obras del Alcalde que más hizo por Tarija son parte de la historia y deben ser conservadas como patrimonio histórico, de acuerdo a Anne Amado, quien considera que un primer paso es preservar la casa en la que vivió este hombre ilustre ya que más allá de ser una edificación representativa de una época, es una muestra de lo que fue Isaac Attié como personalidad.
“Un hombre visionario que trabajó por mejorar Tarija y que habitó una casa sobria, sin lujos en la que había lo necesario para vivir cómodamente”, finaliza Amado.



LA OBRA VISIONARIA
DEL ALCALDE TARIJEÑO

Palacio de Justicia
Los terrenos para el Palacio de Justicia pertenecían al Convento Franciscano y fueron adquiridos con esfuerzo económico de la comuna, lo que faltó lo puso el alcalde Isaac Attié para hacer realidad esta obra.

Los chalets
Una de las iniciativas del alcalde Attié para obtener recursos fue la construcción de chalets con el fin de alquilarlos como viviendas. Posteriormente estas infraestructuras pasaron a manos de la Universidad.

La avenida
La avenida Domingo Paz también fue obra del alcalde que se preocupó por dotar de servicios básicos y calles pavimentadas a la ciudad de Tarija con el fin de darle las características de una ciudad moderna.

martes, 29 de marzo de 2016

29 de marzo de 1829 Cornelio Saavedra

El general Cornelio Saavedra nació en Otuyo, en la hacienda “La Fombera”, el 15 de septiembre de 1759, dentro de una familia española, por entonces el lugar era el Corregimiento de Potosí (hoy uno de los departamentos de Bolivia).

En 1767 la familia se mudó a Buenos Aires, allí, durante su adolescencia, Cornelio asistió al Colegio Real de San Carlos (actualmente Colegio Nacional Buenos Aires) en donde estudió filosofía y gramática latina (1773 y 1776). Sin embargo, no pudo completar la escuela porque debió dedicarse a la administración de la estancia familiar. Por ese entonces la ciudad ya había sido convertida en capital del Virreina-to del Río de la Plata. El 17 de abril de 1788 contrajo matrimonio con María Francisca Cabrera y Saavedra, su prima hermana, que falleció el 15 de agosto de 1798. Comenzó su carrera política en 1797 al ser nombrado Regidor del Cabildo y, en 1801, fue elegido Alcalde de Primer Voto. En ese mismo año se casó en segundas nupcias con Doña Saturnina Otárola del Rivero, hija del coronel José Antonio Gregorio de Otálora.

Durante la primera de las invasiones Ingle-sas en 1806, participó en la reconquista de la ciudad, comandando el Cuerpo de Patricios. Al año siguiente ante un nuevo ataque inglés, Saavedra marchó hacia Montevideo pero no pudo impedir el sitio a la ciudad. En mayo de 1810 llegó la noticia de la caída de toda España en manos francesas, excepto Cádiz, donde se había formado un Consejo de Regencia que reemplazaba a la Junta Suprema de Sevilla. Dicha noticia desencadenó el proceso revolucionario conocido como Revolución de Mayo.

Saavedra, que estaba en el campo fue convocado con urgencia, le expusieron la noticia y las reacciones, y le preguntaron: “¿Aún dirá usted que no es tiempo?”. También le mostraron la proclama que acababa de publicar Cisneros, convocando a un cabildo abierto para decidir qué hacer. Saavedra la leyó, y dio su famosa respuesta:

“Señores, ahora digo que no es sólo tiempo, sino que no se debe perder una sola hora”.

El 25 de mayo de 1810 Cornelio Saavedra es nombrado Presidente de la Primera Junta de Gobierno y de la Junta Grande. Posteriormente, la Junta es disuelta por un Triunvirato y Saavedra separado de su cargo. Fue perseguido por sus opositores políticos, viéndose obligado a trasladarse a San Juan de donde pasó a Mendoza, ante el peligro de caer preso huyó a la ciudad chilena de Santiago. En marzo de 1815 fue llevado escoltado a Buenos Aires por orden del nuevo Director Supremo Alvear, pero tras la revolución del 15 de abril de 1815, el Cabildo lo indultó provisoriamente y le regresó su cargo militar.

En 1820 apoyó el efímero gobierno de Juan Ramón Balcarce como Ministro de Guerra, y tras su fracaso se exilió en Montevideo. Regresó a la ciudad, instalándose en una estancia en el norte de la provincia. Allí escribió su autobiografía Memoria autógrafa. Cornelio Saavedra falleció en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829. El gobernador Juan José Viamonte ordenó su traslado al Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires.

Hernán Cortés vs. Francisco Pizarro, la familia española que conquistó los grandes imperios de América

CÉSAR CERVERA

El coronel no tiene quien le escriba, tituló el americano Gabriel García Márquez una de sus obras más entrañables. Los conquistadores tampoco tienen quien los escriba. Su historia resulta políticamente incorrecta, y los países que contribuyeron a fundar no los reconocen como suyos. Pero incluso así, el caso de Francisco de Pizarro, conquistador del Perú, es más doloroso que otros. A diferencia del admirado Hernán Cortés, Pizarro y sus hermanos gozaron de escaso reconocimiento en el periodo que les tocó vivir. El carácter gris del extremeño y las sucesivas guerras civiles entre ellos no ayudaron, precisamente, a que Pizarro encontrase quien le escriba.

HERNÁN CORTÉS, EL APUESTO CAPITÁN

Cuando Pizarro comenzaba a gestar su leyenda hacía veinte años que Hernán Cortés había conquistado Tenochtitlan. Llovía sobre mojado. Cortés fue considerado el mayor héroe en Castilla por sus coetáneos, incluso por encima del militar más prestigioso del periodo, el Gran Capitán. “Fue en tanta estima el nombre sola-mente Cortés, así en todas las Indias como en España, como fue nombrado el nombre de Alejandro de Macedonia, y entre los ro-manos Julio César”, escribió Bernal Díaz del Castillo, autor de “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”. Cor-tés no era un hombre culto, pero sabía impresionar a la gente a través del verbo. Siendo uno de los encandilados el Emperador Moctezuma, que, en una mezcla de síndrome de Estocolmo y admiración sincera, mantuvo una extraña amistad con el hombre que pretendía derribar su imperio.

Valiéndose de la hostilidad que el Imperio azteca arrastraba entre las tribus vecinas, el extremeño fue capaz de aunar los esfuerzos de distintos jefes locales para abrirse paso por el norte de América, usando aquí la superioridad de las armas euro-peas para imponerse en el campo militar. No obstante, su gesta estuvo en todo momento acompañado de una cuidada propaganda, buscando así convencer a Carlos V de que la suya era su causa, y no la de su rival y superior, el gobernador de Cuba, que se enfrentó a Cortés durante la conquista de México.

Por lo mucho que le importaba su imagen, Cortés insistió en que su biografía la escribiera su capellán, Francisco López de Gómara. Como recuerda Henry Kamen en su libro “Poder y gloria: Los héroes de la España imperial” (Austral), en esta biografía el descubrimiento y conquista de América se presentaban como elogio triunfal de España y obra bendecida por el mismísimo Señor.

La imagen del héroe extremeño quedó grabada sobre toda una generación. También en el extranjero fue visto durante mu-cho tiempo como el estereotipo de héroe europeo. “Es el producto final de siglos de preparación para un esfuerzo colectivo de la voluntad humana”, describe el historiador norteamericano W. L. Schurz en “This New World”.

FRANCISCO PIZARRO, EL CRUEL CONQUISTADOR

Nada que ver con la imagen del gris Pi-zarro. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Pizarro era un hijo bastar-do de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés de forma lejana, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. Aunque tradicionalmente se ha con-siderado que ambos eran primos, en realidad su parentesco era de tío y sobrino, puesto que la línea de Hernán Cortés ha-bía corrido una generación más que la de Francisco Pizarro.

En 1502, el extremeño se trasladó a América en busca de fortuna y fama, no siendo hasta 1519 cuando participó de forma directa en un suceso relevante de la Conquista. Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán, Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico, por orden de Pedro Arias de Ávila, Gobernador de Castilla de Oro. El descubridor fue finalmente decapitado ese mismo año con la ayuda de la versión más oscura de Pizarro, la que alimenta en parte la antipatía histórica que sigue generando este personaje.

FRANCISCO PIZARRO ARRESTÓ Y LLEVÓ A JUICIO A SU ANTIGUO CAPITÁN VASCO NÚÑEZ DE BALBOA, EL PRIMER EUROPEO EN DIVISAR EL OCÉANO PACÍFICO

Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más os-curos que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente en busca del otro gran imperio americano de su tiempo: los incas. Precedida por la viruela traída por los europeos en 1525, que había diezmado a la mitad de la población inca, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el empujón final a un imperio que se tambaleaba a causa de las enfermedades, la hambruna y las luchas internas que enfrentaban a dos de sus líderes (Atahualpa y Huáscar) por el poder.

La inferioridad numérica de Pizarro no fue ningún obstáculo. ¿Cómo fue posible que tan pocos pudieran vencer a tantos? es la pregunta que ha causado fascinación en la comunidad de historiadores. “En Ca-jamarca matamos 8.000 hombres en obra de dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa”, escribió un miembro vasco de la expedición en una carta desti-nada a su padre. La superioridad tecno-lógica y lo intrépido del plan de Pizarro, cuyas intenciones no habían sido previstas por el emperador Atahualpa, al estimar a los españoles como un grupo minúsculo e inofensivo, obraron el milagro militar.

El secuestro y muerte de Atahualpa, que no llegó a ser liberado pese a que los incas pagaron un monumental rescate en oro y tesoros por él como había exigido Pizarro, marcó el principio del fin de este imperio. Sin embargo, lejos de la imagen de que el extremeño conquistó el Perú en cuestión de días, hay que recordar que la guerra to-davía se prolongó durante toda una gene-ración hasta que los últimos focos incas fueron reducidos.

PIZARRO Y LA GUERRA DE LOS CONQUISTADO-RES

Los conflictos internos entre los conquis-tadores, que enfrentaron a Pizarro y sus hermanos contra su otrora aliado, Diego de Almagro, enturbiaron todavía más la imagen de los conquista-dores del Perú. Tras la de-rrota y ejecución de Alma-gro, en un nuevo giro de los acontecimientos, los partidarios del derrotado irrumpieron el 26 de junio de 1541 en el palacio de Pizarro en Limay “le dieron tantas lanzadas, puñala-das y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la gargan-ta”, relata un cronista so-bre el amargo final del con-quistador extremeño. Las guerras civiles entre los conquistadores se prolongaron hasta fina-les del siglo XVI, convirtiendo a los Pizarro también en villanos a ojos de la Corona.

Frente al encantador de serpientes de Cortés, que acudió a la Corte de Carlos V a contar sus hazañas, Pizarro no parecía hecho de la materia de que están hechos los héroes. Codicioso por naturaleza, cruel y dado a buscar su interés personal, o al menos así le recordó el mundo. Fue con el paso de los años cuando surgió la leyenda del humilde Pizarro: una persona sin privi-legios que abandona la pobreza y engrosa las filas de la nobleza tradicional. Un héroe para el pueblo.

A lo largo de los siguientes siglos, Piza-rro ganó en reputación. Los historiadores norteamericanos, que veían en los con-quistadores a los precursores de sus gran-des pioneros, elevaron a la categoría de esforzado héroe al extremeño. La primera biografía fiel de Pizarro la publicó el norte-americano William H. Prescott en su “His-tory of the Conquest of Peru”, quien consi-deraba que España había descuidado a uno de sus más famosos héroes: “Ningún español ha intentado escribir una historia de la conquista del Perú basada en docu-mentos originales”. La prueba de este des-cuido es que en Trujillo, su lugar de naci-miento, nadie hizo el menor intento de erigir una estatua al conquistador hasta la década de 1890.

Mientras España empezaba a recuperar a sus héroes levemente, Iberoamérica co-menzaba a considerar a los conquistado-res como genocidas que habían destruido las fértiles culturas previas a la llegada de los españoles. La Guerra de Cuba de 1898 sumó a EE.UU. a esta tendencia histórica contra los personajes españoles. Aquí, tanto Cortés como Pizarro, compartieron el mismo destino. Ni Perú ni México les acep-taron como los padres fundacionales de sus países.

SOBRE TUMBAS, ESTATUAS Y BIOGRAFÍAS PERDIDAS

Tras ser trasladados desde Europa los restos de Cortés a una iglesia de Ciudad de México en el siglo XVII, la independen-cia del país cambió radicalmente la imagen que tenían sobre él. A diferencia de otros países como Colombia, que sí conservó el culto a Benalcázar o Ecuador con Orellana –en un intento de dar sentido histórico a sus países–, la oposición a Cortés se man-tuvo firmemente enraizada hasta el punto de que en la actualidad no hay ninguna estatua de cuerpo entero del conquistador en todo México.

Su tumba llegó a correr peligro. Poco después de la independencia, empezaron a correr pasquines que incitaban al pueblo a destruir el sepulcro. Previniendo la inmi-nente profanación, las autoridades ecle-siásticas decidieron desmontar el mauso-leo y ocultar los huesos. En la noche del 15 de septiembre de 1823, los huesos fueron trasladados de forma clandestina a la tari-ma del altar del Hospital de Jesús y el bus-to y escudo que decoraban el mausoleo fueron enviados a la ciudad siciliana de Palermo.

LA ÚNICA ESTATUA DE CORTÉS ERIGIDA EN TERRITORIO MEXICANO PERMANECE JUNTO A SU HUMILDE TUMBA

Trece años después los restos cambia-ron su ubicación a un nicho todavía más oculto, donde permanecieron en el olvido durante 110 años. El 9 de julio de 1947, tras un estudio de los huesos, Cortés fue enterrado de nuevo en la iglesia Hospital de Jesús con una placa de bronce y el escudo de armas de su linaje. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a esta humilde tumba, cuya existencia se guarda de for-ma discreta en un país que, en su mayor parte, sigue sin asumir como positivo el pa-pel que jugó el conquistador en su fundación.

El caso de Pizarro es casi idéntico. Durante un siglo se creyó que se habían exhu-mado y expuestos en un fé-retro de cristal los restos del extremeño. Sin embargo, a finales del siglo XX unos hombres descubrieron una caja de plomo en un nicho sellado de la catedral de Lima con la inscripción “aquí yace la cabeza del Señor Marqués don Francisco Pizarro, que descubrió y ganó los reinos del Perú y los puso en la Real Corona de Castilla”. Un grupo de forenses confirmó que esos eran los restos auténticos, y no los que se ho-menajeaban desde 1892.

A partir de entonces Perú ha mostrado poco interés en homenajear o reivindicar la figura de Pizarro. A petición de las autori-dades peruanas, una estatua del conquis-tador fue trasladada de Nueva York a Lima en 1934, lo cual se convirtió automática-mente en un foco de controversia. En 2003 las presiones de la mayoría indígena die-ron como resultado que esta estatua ecuestre de Pizarro fuera llevada al depó-sito municipal, a la espera de encontrarle una nueva ubicación. Al año siguiente la colocaron, ya sin pedestal, en un parque rehabilitado del barrio de Rimac. La polé-mica promete seguir vigente.