martes, 14 de febrero de 2017

LEYENDA DEL QUIRQUINCHO

En épocas, cuando las plagas atacaban a Oruro, muchos quirquinchos habitaban en las riveras y faldas de los cerros Pie de Gallo y Pampas Arenales en representación de la Virgen del Socavón. Vivían felices y tranquilos, hasta que percibieron que algo catastrófico iba a pasar.

Los quirquinchos sostuvieron un gran cabildo y decidieron irse al oeste donde se oculta el sol, junto al Tata Sabaya y Sajama. La noche del Sábado de Tentación dejaron su habitad, tenían que marchar sin darse la vuelta.

Cuando llegaron al lugar llamado "Vito", el anciano jefe decidió descansar un rato y le dio un profundo sueño. Se quedó al centro de los cerros detrás del río Chusaqeri mientras los demás siguieron caminando sin descanso. Pero, desesperados por la falta de un jefe, se empezaron a diseminar por el lugar y ante el susto, a escarbar para ocultarse bajo la tierra.


LA LEYENDA DE HUARI

El semidiós Huari había hecho su guarida dentro los cerros de Uru Uru, en cuyas proximidades habitaba un pueblo Uru, fiel al dios Inti (Sol). Todas las mañanas, Huari era despertado por la primogénita y bella hija de Inti, Huara (Aurora), enamorándose de ella. Al intentar tomarla a la fuerza provocó la ira de Inti, quien le encerró en su guarida.

Huari tomó la forma humana e inculcó odio y envidia a los Urus, quienes abandonaron el trabajo y dejaron de orar a Inti. Además, en venganza, desencadenó cuatro plagas sobre el pueblo: una víbora, un sapo y un lagarto de tamaños descomunales e innumerables y voraces hormigas.

Pero, después de copiosa lluvia, se abrió el cielo cortado por un arcoíris, de donde salió una Ñusta de singular belleza que se enfrentó, en batallas épicas, a las plagas, dejando los rastros de los monstruos petrificados por diferentes sectores. El pueblo, en agradecimiento, decidió vestirse de diablos, personificando a Huari, dando origen así al Carnaval.

LEYENDA DE TATA SABAYA

La imponente montaña Tata Sabaya es la Jach’a Pukara (fortaleza sagrada) de la comunidad aymara de Sabaya en la provincia del mismo nombre.

Según la leyenda, vivía en esa región una doncella, Kariquima, de la que se enamoraron por su belleza los mallkus Sabaya y Sajama. El primero animado por los yatiris enamoró a la doncella; en tanto, el soberbio Sajama, al enterarse del idilio rompió en cólera y tramó una emboscada en la que utilizando su honda hirió a Sabaya, le destrozó los dientes. Sabaya huyó por el extenso salar de Coipasa, donde escupió sangre, con el tiempo cada escupitajo se convirtió en aislados y pequeños cerros (llamados hoy "Sikaa Qullu Qullunaka")

Sin embargo, Sabaya no se rindió y, en venganza, envió conejos silvestres para que comieran la espalda de Sajama. Éste envío a su sirviente a buscar un antídoto donde su hermano Illimani. A su retorno, encontró a Sajama moribundo, le cubrió la espalda con densa niebla que luego se convirtió en nieve, congelando a los conejos.

La Rebelión de Oruro

La raíz de la rebelión orureña, tiene como impulsor los acontecimientos a comienzos del año 1781, ya que hubo incontenibles levantamientos indígenas contra la corona española en diferentes regiones del Perú, la mayoría tuvo carácter antifiscal, entre ellas estuvo la rebelión liderada por Tupac Amaru en el Alto Perú. Oruro, una importante ciudad minera en ese entonces aunque afectada por la baja producción de sus minerales, no quedó indiferente a estos movimientos.

En la víspera del 10 de febrero de 1781, ante las noticias de una invasión de hordas indígenas supuestamente relacionadas con Amaru, el Corregidor de la ciudad orureña, Ramón de Urrutia, ordenó replegar las tropas realistas, compuesta en su mayoría por indígenas, pero corrió el rumor de que los soldados serían pasados por las armas, ante el temor de que se vuelquen a favor de sus coterráneos, se alzaron voces de alarma de los familiares y en la noche los milicianos huyeron del cuartel.

Por otro lado, el pueblo que vivía agobiado por las obligaciones tributarias, los abusos de las autoridades españolas y la decadencia minera, aprovechó esta situación y el 10 de febrero de 1781, salió enardecido a las calles ante el repique de las campanas de las iglesias y por la noche –en medio de la confusión–, grupos exaltados asaltaron e incendiaron las residencias de los españolas, quienes buscaron refugio en el templo de La Merced y otros murieron.

Entre los sublevados se encontraba Sebastián Pagador, sargento mestizo considerado el principal caudillo de la rebelión, quien el 9 de febrero se refirió a un gentío compuesto de indígenas y criollos: "Amigos, paisanos y compañeros: estad ciertos que se intenta la más aleve traición contra nosotros por los chapetones, esta noticia acaba de comunicárseme por mi hija. En ninguna ocasión podemos mejor dar evidentes pruebas de nuestro honor y amor a la patria, sino en ésta. No estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas, gustosos en defensa de la libertad, convirtiendo toda la humanidad y rendimiento, que hemos tenido con los españoles europeos, en ira y furor y acabemos de una vez con esta maldita raza".

Estas palabras exaltarían aún más los ánimos de los rebeldes, que derivaron en la gesta del 10 de febrero y la proclamación de nuevas autoridades en un cabildo abierto. Días después, la insurgencia fue aplacada por los chapetones y los mismos criollos.



Héroes

Sebastián Pagador Sargento mestizo, de cuya vida poco se conoce, al extremo que hay quienes afirman que Pagador, no era su apellido, sino que era su cargo (de pagador) en las Cajas Reales. Es reconocido como el principal caudillo de la gesta del 10 de febrero.



Los Rodríguez

Detrás de la insurrección de febrero de 1781, estuvieron varios personajes que la articularon, entre ellos los hermanos Juan de Dios, Jacinto e Isidro Rodríguez, quienes no participaron de la reyerta, sino que junto a la familia Herrera sustentaron la sublevación.



Clemente Menacho Capitán de Milicias, fue detenido junto a otros cabecillas de la insurgencia del 10 de febrero de 1781, tres años después.

Todos fueron trasladados, primero a Potosí y luego a la cárcel de Buenos Aires. Su esposa María Quiroz también fue torturada y encarcelada hasta que murió.



SÍMBOLOS

Bandera: Fue traída por los españoles. Es de un solo color rojo purpúreo vivo que representa el amor, el coraje, la valentía y la sangre derramada por los orureños en muchas rebeliones.



Escudo: Data de 1606, fue traído por Manuel Castro de Padilla en nombre del rey de España, para que sea símbolo de la villa de San Felipe de Austria. Hoy es el escudo del departamento

Asalto al puerto boliviano de Antofagasta

El Concejo de Ministros de Chile, desechando la opinión contraria del presidente Aníbal Pinto, acordó enviar al norte, es decir a Antofagasta, el Cochrane y la corbeta O’Higgins cuyo arribo al puerto había tenido lugar en la madrugada, viniendo ambos a toda máquina desde Taltal. A las ocho de la mañana del 14 de febrero de 1879, se vio desprenderse del Cochrane, un bote con algunos tripulantes, en él venía el emisario, y casi simultáneamente, se procede al desembarco de dos compañías, una de artillería de marina y otra de tierra, a cargo del coronel Emilio Sotomayor y mandada ambas, por el capitán Exequiel Fuentes, el mismo día señalado para la subasta pública de las pertenencias de la Compañía de Salitres, Chile ocupaba militarmente el puerto boliviano de Antofagasta. El jefe de la escuadra chilena, coronel Emilio Sotomayor, en oficio dirigido al Prefecto boliviano en Antofagasta, coronel de ejército Severino Zapata, le expresaba: “Considerando el gobierno de Chile roto por parte de Bolivia el Tratado de 1874, me ordena tomar posesión con las fuerzas a mi mando del territorio comprendido en el grado 23”.

El Prefecto Severino Zapata, protesta enérgicamente en estos términos: “Prefectura del Departamento de Cobija. Antofagasta, febrero 14 de 1879. Señor mandado por mi gobierno, sólo podré salir a la fuerza. Puede usted emplear ésta, que encontrará ciudadanos de Bolivia desarmados, pero dispuestos al sacrificio y al martirio. No hay fuerzas con qué poder contrarrestar a tres vapores blindados de Chile: pero, no abandonaremos este puerto, sino cuando se consuma la invasión armada.

“Desde ahora, y para cuando haya motivo protesto a nombre de Bolivia y de mi Gobierno contra el incalificable atentado que se realiza.

Dios guarde a UD.– (Fdo.) Severino Zapata”.

El prefecto Zapata luego de protestar y ante la evidente inferioridad numérica boliviana, ya que sólo tenía a sus órdenes algo más de 40 policías y Sotomayor había desembarcado con 300 hombre, abandonó el edificio y buscó seguridad en el consulado peruano.

La población antofagastina predominantemente chilena, celebró con entusiasmo el arribo de los buques chilenos, desplazando luego, el escudo boliviano. Dos días después eran ocupados sin ofrecer resistencia alguna Caracoles y Mejillones, puertos también bolivianos.

El 23 de marzo, Calama, donde 135 bolivianos comandados por Eduardo Abaroa oponen resistencia al ataque chileno, muriendo en la acción el héroe de Topáter.

En la ciudad de La Paz al conocerse la ocu-pación de Antofagasta y otros puertos, el presidente Hilarión Daza esperó a que pasaran las fiestas del carnaval para dar a conocer la ocupación de los puertos bolivianos, así el 26 de febrero leyó una proclama que decía: “El 14 de los corrientes, dos vapores de guerra chilenos con 800 hombres de desem-barco y apoyados por un considerable número de gentes depravadas por la miseria y el vicio, asesinos de cuchillo corvo se han apoderado de nuestros indefensos puertos de Antofagasta y Mejillones por sorpresa”.

Una vez tomada Antofagasta sin resistencia alguna los chilenos tomaron Mejillones, Cobija y Tocopilla hasta el 21 de marzo de 1879. Antofagasta inmediata-mente fue convertido en el centro de operaciones militares para futuras acciones a tomar.

14 de febrero de 1879

No hay fecha tan hiriente para los bolivianos, como el 14 de febrero de 1879, porque representa una herida abierta que todavía no cicatriza, un dolor que después de haber transcurrido 138 años lo siente todo un pueblo, al encarnar la injusta e indigna invasión militar chilena al puerto boliviano de Antofagasta, que dio inició a la denominada Guerra del Pacífico, que ocasionó la pérdida del litoral boliviano.

Sin embargo, la historiografía actual, que estudia la citada guerra, describe muy poco sobre la posición de la diplomacia Boliviana de este período histórico. En ese sentido, en esta nota describiremos la manifestación de nuestra diplomacia a través de la correspondencia enviada por el entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Eulogio D. Medina a su similar de la República del Perú, Manuel Irigoyen. La citada correspondencia fue fechada el 31 de marzo de 1879 y fue redactado en La Paz, posteriormente fue publicada por la Cancillería Peruana en la memoria institucional de la época, quizá es la primera nota oficial que describe la posición de la diplomacia Boliviana.

Es interesante señalar, que en la nota desde un inicio subraya, de que Chile: “ocupó a mano armada la parte del litoral boliviano…haciendo presa de las importantes poblaciones de Antofagasta, Mejillones y Caracoles, tres fuentes de riqueza por sus productos naturales de salitres, huano, metales de plata y de cobre y otras muchas sustancias”. Además, resalta que: “aquel acto atentatorio y altamente depresivo de la soberanía e independencia de Bolivia, de su derecho y dignidad ha sido reagrava-do…con la ocupación de los puertos de Cobija y Tocopilla, que se ha verificado en los días 21 y 22 de marzo (de 1879, J. P.)”.

Para precisar la situación, el diplomático boliviano señala sobre la invasión: “lo encubierto del pensamiento lento y tranquilamente preconcebido, desde tiempo atrás, son circunstancias que afectan la honorabilidad del gobierno de Chile y que dan su verdadero carácter y colorido al crimen consuma-do contra Bolivia y contra el derecho público de las naciones”.

En un esfuerzo de síntesis valioso el diplomático boliviano, repasó a través de su ágil pluma, la titularidad de Bolivia: “que bajo el nombre de el Alto Perú, fue la sección americana, que luchó por mas largo tiempo para con-quistar su emancipación, proclamó su independencia y autonomía en 1825, bajo los límites de las antiguas provincias, que debían constituirla… fue en 1842, con motivo de los descubrimientos del huano de Mejillones, que Chile manifestó sus primeras e infundadas pretensiones al territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24 de latitud austral”. También describe sobre las gestiones diplomáticas enviadas a Santiago por Bolivia, para solucionar el problema limítrofe: “los trabajos é instancias de seis distintas legaciones constituidas en diferentes épocas, no fueron bastantes para sacar á aquel gobierno del medio calculado de aplazamiento y moratorias…consecuencia natural y precisa de semejante conducta, ha sido el sistema chileno de ocupar á mano armada ad perpetuam, en la ocasión mas favorable el territorio codiciado”.

Evidentemente la nación de Chile utilizó como pretexto la Ley boliviana dictada el 14 de febrero de 1878, para invadir. Esta Ley imponía el pago de 10 centavos sobre el quintal de salitre exportado por una sociedad anónima, denominada “Compañía Anónima de salitres y de ferrocarril de Antofagasta”, empresa a la cual el gobierno de Bolivia había concedido la explotación de un vasto terreno salitrero. Es necesario mencionar, que la medida tomada por el gobierno boliviano, fue una cuestión totalmente privada, que no vulneraba los derechos de Chile, ni afectaba su política internacional. Por otro lado, la compañía alegó nacionalidad chilena con residencia en Valparaíso.

Sin embargo, el diplomático boliviano también señaló que el representante chileno en Bolivia, el Sr. Videla, Encar-gado de Negocios a. i., distrajo la atención del entonces gobierno de nuestro país, con el discurso de mediar entre ambos países el conflicto por intermedio de amistosas negociaciones diplomáti-cas. Sin duda, la agresión de Chile en pleno estado de paz, sin previa declara-ción de guerra y pendientes las negocio-nes ofrecidas tomaron completamente desprevenido a Bolivia.

En términos diplomáticos sobre la invasión al litoral boliviano, el canciller Medina, menciona: “ha sido juzgado ya por la opinión pública de América, co-mo un acto atentatorio e injustificable” y que la nación de Chile, “ha alegado razón justifica-tiva ninguna, que autori-ce la guerra ofensiva que ha promovido a Bolivia”.

De esta manera, me-diante esta nota, presenta-mos segmentos de un documento que demues-tra el punto de vista de la diplomacia boliviana, sobre la dolorosa invasión chilena al puerto bolivia-no de Antofagasta.

Video 10 de Febrero de 1781 Grito de Independencia de Oruro