martes, 23 de mayo de 2017

En gestión bono de Bs 15 mil para dos beneméritos en Tarija

La Federación Departamental de Hijos y Nietos de los Beneméritos de la Guerra del Chaco inició gestiones ante la Gobernación para viabilizar el pago de un bono de Bs 15 mil para los dos excombatientes que aún viven en Tarija.

A 23 días de celebrarse otro aniversario del cese de hostilidades con el Paraguay, el presidente de esa organización, Lidio Claros, confirmó que buscan reunirse con el gobernador Adrián Oliva para solicitar su cancelación el 14 de junio como justo homenaje en vida a Eusebio Muñoz y Julio Gareca, quienes son los únicos sobrevivientes del conflicto bélico.

Claros dijo que el bono está sustentado en la Ley Departamental 118 que fue aprobada por la Asamblea Departamental Legislativa (ALD) en 2014.

“En 2016 ya hicimos el reclamo en su momento, pero no hubo respuesta y ahora esperamos tenerlo confiado en la mejor voluntad política del Gobernador que hace poco le hizo un reconocimiento a don Eusebio Muñoz por celebrar sus 100 años”, afirmó.

Muñoz vive en la comunidad de San Agustín, cerca de la ciudad de Tarija, y Gareca, que es oriundo de Junacas, se encuentra en Villamontes.

Por tres años consecutivos se incumplió con el pago, tal como señala la normativa en su artículo 4 que “el pago de este beneficio correspondiente a la gestión 2014 deberá realizarse inmediatamente después de la presente ley y a partir de la gestión 2015 se cancelará durante el primer trimestre de cada año”.

Morales rinde homenaje al héroe de la Guerra del Pacífico, Ladislao Cabrera

El presidente Evo Morales rindió hoy homenaje al héroe de la Guerra del Pacífico Ladislao Cabrera quien organizó la defensa de Calama en 1879 con 135 voluntarios entre los que estaba Eduardo Avaroa.

“En 1830,nace en Totora, Cochabamba Ladislao Cabrera, héroe de la Guerra del Pacífico, defensor de la integridad boliviana contra la usurpación”, publicó el Jefe de Estado en su cuenta de Twitter @evoespueblo.

“En la batalla de Calama, Cabrera, al mando de 135 patriotas escasamente armados, enfrentó una división chilena de al menos 1.500 hombres (…) Honor y gloria al héroe de Calama, que junto a un puñado de valientes, protagonizaron el 1er combate de reivindicación ante la invasión”, complementó en otros dos tuits.

Biografía

Ladislao Cabrera Vargas nació en Totora, Cochabamba, un 23 de mayo de 1830. Sus padres de origen español fueron Dn. Mariano Cabrera Fernández y Dña. Manuela Vargas La Faye. Ladislao fue el hermano mayor de los nueve hijos que tuvieron sus padres.

Recibió una educación esmerada, estudió abogacía en los claustros de la Universidad de Arequipa, Perú, graduándose en 1854, a los 24 años de edad. Contrajo matrimonio con Petronila Valdez el 31 de agosto de ese mismo año. Tuvo dos hijos Ma. Esther y Manuel Ladislao.

A la muerte de su padre regresó a Cochabamba donde tuvo que asistir la muerte de su madre. Poco después también fallecía su esposa. Pese a estos terribles contrastes, trabajó como maestro y como periodista. En 1863, fue Fiscal de Distrito de La Paz. En 1864 lo nombraron Prefecto en Cobija o Puerto La Mar. También asumió la presidencia municipal de Caracoles.

En febrero 1879, le cupo al Dr. Ladislao Cabrera dar aviso al gobierno de Hilarión Daza de los hechos dramáticos que vivía el puerto de Antofagasta, que era ocupado por el ejército chileno el 14 de febrero.

Ante el avance del invasor a Caracoles y como los residentes bolivianos eran amenazados de ser pasados a degüello, Cabrera ya como coronel de artillería, salió hacia Calama, para organizar allí la defensa del territorio boliviano, entre ellos Dn. Eduardo Avaroa.

El 23 de marzo de 1879, Calama es tomado por el ejército chileno después de una heroica resistencia de los 135 voluntarios, Avaroa y otros valientes defensores caen abatidos por las balas enemigas.

Cabrera se ve obligado a evacuar sus hombres hacia Chiu Chiu y de allí se dirige a La Paz, donde desempeña importantes cargos públicos. En 1881 ocupa la presidencia de la República interinamente. Fallece en Sucre, Bolivia, el 24 de diciembre de 1904, cuando ejercía el cargo de Ministro de la Corte Suprema de Justicia.

lunes, 22 de mayo de 2017

Cochabamba revivió la batalla de las Heroínas


Cientos de personas se dieron cita, ayer, en la colina de San Sebastián, para participar de la dramatización de la batalla de las Heroínas de la Coronilla, acontecida el 27 de mayo de 1812 en ese mismo lugar.

De este modo se recordó uno de los hechos más importantes en la historia de la revolución cochabambina, que dio paso al Día de la Madre, por haber sido liderada por mujeres.

La recreación fue organizada por la Casa de la Cultura, en tanto que la producción y puesta en escena estuvo a cargo de Gunter Revollo.

El ejército patriota se rindió a finales de mayo de 1812. Los realistas abatieron las fuerzas del pueblo en Pocona y se alistaron para cabalgar hasta la ciudad; pero en el valle de Cochabamba un grupo de mujeres, ancianos y niños, alrededor de 130, se atrincheraron en la colina de San Sebastián para dar lucha al ejército de Goyeneche.

Este significativo fragmento de la historia nacional se rememora desde el 2011 en una puesta en escena que involucra a más de 300 personas, entre actores, equipo de apoyo, logística, extras y voluntarios. Se presentó nuevamente a la población, en el escenario real donde sucedió.

“Esperamos que la gente nunca olvide lo que significa este espacio. Por eso hemos organizado la escenificación de la batalla en la misma colina de San Sebastián donde lucharon y murieron nuestras heroínas”, indicó la secretaria de Cultura de la Alcaldía, Ninozka Lazarte.

Por su parte, Revollo explicó la importancia del proceso de investigación histórica para revalorizar esta batalla. “En ocasión del bicentenario, en 2012, se me encomendó la tarea de hacer el guión de esta obra como parte de una investigación muy profunda, en que debía recurrir a fuentes primarias para determinar los antecedentes precisos”, dijo.

Según Revollo, la gente dijo durante mucho tiempo, que lo que ocurrió en San Sebastián fue “sólo una pequeña pelea”. Y si bien era una fracción del ejército contra 130 mujeres, ancianos y niños, “ahí está la prueba de la valentía, entrega y coraje de las mujeres cochabambinas”.



DATOS DOCUMENTADOS DE LA MAGNITUD DE LA BATALLA

Había historiadores que hablaban que nunca se dio esta batalla. Sin embargo, en el instituto Belgrano de Argentina se conserva una serie de cartas que recibió el General Belgrano de parte de un soldado llamado Francisco Turpin, quien se había quedado después de la batalla del desaguadero asentado en el alto Perú y combatía con el ejército.

En las cartas se encuentran relatos pormenorizados, como reportes enviados a Belgrano, en los que se menciona todo lo que ocurrió el 27 de mayo en la colina de San Sebastián. “Esto se constituye en una prueba documental de la información que hemos utilizado para hacer los diálogos y la representación de lo que fue la batalla de las heroínas de la Coronilla”, aclaró el director de la Academia de arte Dejavú y responsable de la propuesta escénica en la Colina de San Sebastián, Gunter Revollo.

La cruz de San Andrés



A cuatro días de la celebración de la efemérides del 25 de Mayo, la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre (SGHS) sale a defender la cruz aspada y espinada de San Andrés (roja y en forma de equis) como la auténtica bandera de Chuquisaca e insta a dejar de usar otros símbolos como la cruz patada de los caballeros templarios, que, a juzgar por sus estudios, no tienen nada que ver con la identidad, la historia y el espíritu de justicia que caracterizó desde siempre a la antigua Villa de La Plata.

“El año pasado, para el 25 de Mayo, la Alcaldía de Sucre embanderó la ciudad con banderas con dos tipos de cruces: la cruz aspada de San Andrés y la cruz patada o de los templarios, que ahora usan de manera arbitraria y que no tiene nada que ver con la ciudad ni con su historia”, explica a ECOS el sacerdote Bernardo Gantier Zelada, quien es vicepresidente de la SGHS. “La cruz que exhibe la Alcaldía tan equivocadamente ni siquiera es la de Jerusalén”, acota, por su parte, Ronald Gantier Lemoine, socio de la misma institución.

Estas precisiones de orden histórico evidencian la confusión que en los últimos años derivó en el mal uso de tan importante símbolo para la región. Al fin y al cabo, una bandera representa el alma de un lugar y está profundamente ligada a su identidad.

“La pervivencia en el tiempo de la bandera de la cruz aspada de San Andrés tiene mucho que ver con nuestros tormentosos y sangrientos años como Villa, cuando tuvimos que enfrentar cuatro guerras civiles”, apunta Bernardo Gantier.

Comisión “Cruz de San Andrés”

La SGHS comisionó a sus socios Bernardo y Ronald Gantier para fundamentar y hacer las gestiones necesarias de forma tal que la Alcaldía rectifique el uso de la cruz patada de la Orden de Los Templarios y más bien promueva la cruz aspada de San Andrés, que es la que ha permanecido en el tiempo.

A pesar de varias representaciones de la institución que cumplió 131 años de vida, la municipalidad persiste obstinadamente con el uso de la bandera incorrecta, dice el padre Bernardo, experto en el tema. Asegura que en la Alcaldía creen que se trata de la cruz de Jerusalén, “pero no lo es”.

Ronald Gantier aclara que la cruz de Jerusalén o cruz potensada (que tiene una especie de martillos en las puntas) tampoco tiene relación con la identidad y el sentido de pertenencia de Sucre y, prueba de ello es que jamás arraigó en el imaginario social. Explica que solo quedó en el papel de un decreto del Virrey de 1559 que otorgaba el escudo a la ciudad con una referencia de la bandera allí contenida.

El pueblo la adoptó

Cuando en 1559, La Plata reclama su escudo de armas al virrey de Lima Andrés Hurtado de Mendoza, siendo ya reconocida como “ciudad insigne, muy noble y muy leal” por haber enfrentado cuatro guerras civiles contra los rebeldes, esa autoridad emite un decreto que dice que llevará una mano armada portando la cruz potensada de Jerusalén.

Sin embargo, más allá de la referencia documental, el pueblo no hizo representación alguna de esa cruz en su bandera y, contrariamente, adoptó como única, desde aquellos tiempos hasta ahora, a la cruz de San Andrés o cruz de Borgoña, que representaba al emperador Carlos V, el rey que hizo las nuevas leyes a favor de los indígenas, de acuerdo con la información recopilada por dicha comisión de la SGHS.

Los platenses, desde que tienen memoria, vuelcan hacia esa bandera su sentido de pertenencia porque la enarbolaron en todos sus eventos históricos importantes: desde campañas de guerra y celebraciones de sus patronos San Miguel y la Virgen de Guadalupe, hasta el reciente movimiento cívico de 2009 por la Asamblea Constituyente, que sacó a las calles a la gente para defender sus principios de libertad y justicia.

La bandera y los indígenas

Los habitantes de La Plata, al inicio de la historia de la Villa, se pusieron del lado de Carlos V defendiendo sus leyes, las nuevas que había enviado a América en 1541 y que favorecían a los indígenas. Esas normas fueron impulsadas por Fray Bartolomé de Las Casas y suprimían las encomiendas, entre otras instituciones que los oprimían.

Contra esas leyes se reveló Gonzalo Pizarro en el Cusco y tomó Lima. Entonces, los vecinos de la joven Villa de La Plata, hoy Sucre, deliberaron en el atrio de San Lázaro y levantaron la bandera del Rey en contra de los rebeldes. Ese símbolo contenía la cruz de San Andrés o cruz de Borgoña. Organizaron una milicia compuesta por los mismos vecinos —entre ellos indígenas, criollos y españoles— a la cabeza del capitán Diego Centeno y marcharon para enfrentarse contra Pizarro.

“Aquí estamos nosotros, y digo ‘nosotros’ porque allí estuvieron peleando nuestros antepasados con los apellidos más comunes como Rojas y Mancilla, por mencionar solo un par. El cacique Aymoro también llevó a su gente a estas batallas”, relata Bernardo Gantier mientras exhibe grabados del antiguo ‘Libro de las Décadas’, titulado “Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano”, del cronista Antonio de Herrera y Toledo (1613), que recupera esa parte de la historia de Sucre.

Allí se ve a los ejércitos platenses enarbolando la bandera con la cruz en equis, la de San Andrés, contra los pizarristas, en las batallas de Huarina, Pocona, Chuquinga y Jaquijahuana, “en la cual —añade el Vicepresidente de la SGHS— se captura a Gonzalo Pizarro y se lo ejecuta finalmente”.

“Nacimos mestizos”

El sacerdote introduce a continuación el dato histórico de que en 1555 ya se fundó el primer asilo de Santa Isabel de Hungría, para huérfanas mestizas, “donde estuvieron nuestras abuelas”. Luego, “nacimos mestizos, desde el principio”, sostiene Gantier Zelada.

Sobre este tema, Gantier Lemoine afirma que cuando llegaron los españoles se estableció en estas tierras un pacto entre reinos (indígena y español) para consolidar un territorio. Y que los caciques Aymoro tenían su solar en la plaza y su nobleza era reconocida.

Desde esos tiempos la bandera que enarbolaron los leales al emperador Carlos V fue la de la cruz de San Andrés, que se conoce también como ‘de Borgoña’ porque la abuela paterna del Rey se llamaba María de Borgoña. Esos leales eran gente mestiza o indígena, precisan ambos historiadores.

“Nuestra ciudad nace mestiza. Desde que llegan los españoles ya se casan, ya viven, ya habitan la Villa de La Plata, y desde entonces los platenses ya enarbolábamos esta bandera, la aspada de la cruz de San Andrés”, enfatiza Bernardo Gantier.La “prueba lapidaria”

Según los comisionados de la SGHS, la “prueba lapidaria” fue tallada en piedra en 1613 y colocada en la esquina de la fachada del Cabildo de La Plata, actual Alcaldía de Sucre. Se trata de la parte del escudo dislocado (la otra, con el resto de los elementos heráldicos, está en una segunda piedra, a la izquierda del inmueble), donde los chuquisaqueños expresan su escudo de armas con la cruz de San Andrés en vez de la de Jerusalén (la patada o de los templarios jamás existió, según esta versión de los hechos).

“Aunque en el Decreto del Virrey dice que en el escudo de La Plata ha de venir la mano armada llevando la bandera con la cruz de Jerusalén, en la práctica se representó el escudo de Chuquisaca, hecho en Chuquisaca, con la cruz aspada de San Andrés porque, en la memoria de los platenses, esa es la bandera que levantamos desde siempre y ninguna otra que se quiera imponer”, refuerza el sacerdote jesuita. •

¿De dónde viene la cruz de San Andrés?

San Andrés fue un discípulo de Jesús, hermano de San Pedro, martirizado en Patras en una cruz en forma de equis con dos troncos de árbol cruzadas por el centro. Los gajos de las ramas de esos troncos fueron cortados de manera improvisada, resultando en las aspas o espinas que hasta ahora se ven en la bandera. Es roja porque el discípulo predicó el santo Evangelio hasta derramar toda su sangre sobre la cruz, tiñéndola.

Por eso, de acuerdo con la explicación ofrecida por el padre Bernardo Gantier a ECOS, se llama “cruz aspada y espinada de San Andrés”.

El debate sobre la bandera con la cruz de Jerusalén

El año 2000, una comisión de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre (SGHS) encabezada por Hugo Poppe Entrambasaguas y Jorge Querejazu Calvo presentó una argumentación para hacer una “fiel representación del Escudo de Armas de la Ciudad” ante el Concejo Municipal, recuerda la entonces presidenta del ente deliberante local, Mary Echeñique.

El Concejo aceptó la rectificación y replicó el escudo tal como lo recomendó la SGHS, que en esos días sustentaba a la cruz de Jerusalén como elemento heráldico dentro del escudo, siguiendo el contenido del decreto del virrey de Lima en 1559. Incluso, llegó a emitir ordenanzas para el uso de la variante sugerida de la cruz de Jerusalén, que no caló en el imaginario del pueblo y se quedó en los papeles porque no encontró un sentido de pertenencia, según el criterio de los actuales delegados de la mencionada Sociedad.

La nueva gestión de la SGHS lamenta que en la representación del año 2000, en la que se enfatizó en el escudo de Chuquisaca, no se haya tomado en cuenta a la cruz de San Andrés, que es la que pervivió en el tiempo.

LA CRUZ QUE NO ES

La patada o de los templarios tiene cuatro lados iguales en forma de cola de pato y no guarda ninguna relación con la historia de la ciudad de Sucre. Es la que difunde la Alcaldía erróneamente, según la postura de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre.

Los templarios fueron suprimidos en el siglo XIV (año 1312). Los españoles estuvieron en Chuquisaca desde 1538, es decir, desde la primera mitad del siglo XVI.

LA QUE NO FUE ASIMILADA

La Cruz griega de Jerusalén es potensada o como martillo en las puntas y tiene cuatro crucecillas insertas en los espacios de la cruz, puede tener sus variaciones.

El Decreto del escudo de armas de la ciudad de 1559 la sugiere en su composición, pero nunca fue adoptada por el pueblo de la ciudad de La Plata, hoy Sucre, porque ya enarbolaba la cruz de San Andrés, que más bien insertaron en posteriores representaciones de sus escudos.

LA QUE DEBE SER, SEGÚN SGHS

La cruz aspada y espinada de San Andrés o de Borgoña es un símbolo que adoptaron los leales a la persona del rey Carlos V, un emperador modernista. Fue el monarca que hizo leyes para abolir abusos contra los indígenas. Tuvo muchos enemigos que no estaban de acuerdo con sus innovaciones y sus leales, tanto en Europa como en las tierras de Indias (América), se levantaron contra los rebeldes enarbolando esta bandera que desde entonces identifica al espíritu de un pueblo desde siempre apegado a la justicia.

Piden retirar la cruz patada o de los templarios

“A ver... ¿nos respetaremos?”, dice en lenguaje coloquial el vicepresidente de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre (SGHS), Bernardo Gantier, al pedir por el emblema que representa a Chuquisaca y que, de acuerdo con sus estudios, desde siempre ha sido la bandera con la cruz aspada y espinada de San Andrés.

“Nuestro pedido a las autoridades municipales es que quiten esa bandera con cruz patada de los templarios (con las aspas abiertas en forma de cola de pato), o por lo menos nos den una explicación de por qué la usan, que sabemos que no la hay. Parecería un capricho político”, cuestionan los representantes de la SGHS.

“Desde nuestros primeros antepasados hasta ahora nos identificamos con la cruz de San Andrés. Está presente en toda su historia. Incluso a la Virgen de Guadalupe se la relaciona con esta bandera”, concluye el Vicepresidente de la SGHS.

La Virgen de Guadalupe y la bandera de Chuquisaca

Hay imágenes de la Virgen de Guadalupe con la bandera de la ciudad que, para el sacerdote Bernardo Gantier, son antecedentes históricos importantes por lo arraigada que está la Patrona de Sucre en el sentimiento del pueblo.

En representaciones de la Virgen, que datan de tiempos anteriores a la independencia de Bolivia, se observa un emblema delante de una panoplia en cuyo fondo aparece la bandera con la cruz de San Andrés, entre otras armas.

La más significativa es la imagen de Guadalupe que está en el Museo de Arte de La Paz, donde además de la bandera con la cruz aspada hay dos indígenas yamparas devotos y los dos toritos que la Virgen habría enviado para dispersar a los ejércitos de los Katari en Punilla, cuando se dirigían a tomar la ciudad (1881) amenazando de beber la sangre de los oidores en sus calaveras.

“Cuentan que mientras en Punilla los hombres de La Plata, entre indígenas y criollos, se enfrentaban a los Katari, las mujeres sacaban en procesión a la patrona, la Virgen de Guadalupe, alrededor de la plaza cuando en el lugar del enfrentamiento los platenses vieron aparecer a una mujer con dos toros que arremetieron contra la gente de los Katari, dispersándolos. En ese tiempo lo interpretaron como un prodigio o milagro de la Virgen y por eso a los pies de la imagen, en la Catedral, hay dos toritos de oro y esmeraldas, como agradecimiento o exvoto por haber protegido a la ciudad del ataque”, relata a ECOS el también Vicepresidente de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre.

Entre otras referencias está una de 1539, cuando Ramírez del Águila hace un dibujo del escudo de la ciudad y lo representa con dicha cruz aspada, y las representaciones de escudos como la de un álbum de grabados sito en la Casa de la Libertad y en cuya portada aparece el de Chuquisaca con la bandera de San Andrés (1930). O un sobre dedicado al padre Cerro, con remitente de la Alcaldía (1938), que tiene el escudo de Chuquisaca con la cruz aspada; un documento resguardado en el archivo del Colegio del Sagrado Corazón.

domingo, 7 de mayo de 2017

¿Por qué Potosí nunca ascendió oficialmente a rango de ciudad?

¿Por qué Potosí, una de las urbes más importantes del mundo, nunca ostentó un título oficial en el rango de “Ciudad” y se quedó como simple “Villa”?

La historia de Potosí está envuelta entre el mito, la leyenda y lo inexplicable. Su fama y riqueza hicieron que su famoso Cerro y su magnífica urbe ingresaran en el imaginario popular como un todo inaudito e increíble.

Su historia tiene tanto de paradójico como de irónico e increíble.

En este estudio se profundizará y reflexionará, buscando una respuesta coherente de por qué una de las urbes más importantes del mundo, nunca ostentó el título oficial en el rango de “ciudad” y quedó como simple “villa”, por más imperial o noble que fuera el título honorifico y nobiliario.

Es importante también mencionar que en la época en que Potosí destellaba esplendor de riqueza, existían ya, rangos y títulos urbanísticos que le daban estatus a un establecimiento urbano, estos estatus no solo eran de simple nombre, sino que conllevaban ciertas prerrogativas y privilegios varios e importantes. Por ello era fundamental para un poblado ascender en esa jerarquía de estatus para acceder a esos privilegios de los que solo gozaban los que estaban en el escalafón más alto.

Aún hoy en muchos países se establecen de forma legal ciertas características o condiciones que debe poseer un poblado para acceder y gozar de estos privilegios. (Se incluye el estatus o rango de asiento minero, por ser este el establecimiento primigenio en el que nació Potosí). Entre los títulos urbanísticos de rango más comunes están: los asientos mineros (o campamento minero como se conoce ahora), aldeas, pueblos, villas, ciudades y las metrópolis.

Precisamente Potosí hasta hoy se mantiene en el rango urbanístico de villa y no de ciudad. No por población o atributos jurisdiccionales, sino a titulo histórico.



Titulo noble de Villa Imperial de Potosí

Hasta 1561, Potosí era denominado oficialmente como un simple “asiento de minas “o “asiento de minas de Potosí”, aunque en los hechos era ya, una de las urbes más grandes e importantes de América. Tal fue el denominativo con el que se referían a Potosí.

Ese mismo año, Potosí va a ascender de categoría urbanística y pasara de ser un simple asiento de minas a poseer el rango de Villa. Y no solo eso, pues le es otorgado el título nobilísimo de Villa Imperial (esto último es importante diferenciarlo de otras, pues es la única urbe en el virreinato y en América con un título imperial de nobleza y no como simple villa).

Con lo que el título y nombre oficial de la urbe sería “Villa Imperial de Potosí” (es de hacer notar por otra parte que el título y nombre que le es otorgado a Potosí, comprende las tres palabras que la forman y por lo tanto deben ser escritas todas con mayúsculas inicial y no solo el nombre de Potosí como comúnmente suele hacerse)

Como ya se mencionó antes, debe diferenciarse dos aspectos importantes.

Primero, que Potosí ascendió a rango urbanístico de villa, con todos los atributos y privilegios que ello conllevaba. Y segundo, pero no menos importante, es que a Potosí le es otorgado un título real de nobleza (honorifico). Un título nobiliario que pocas o ninguna villa ostenta en el virreinato.

Este aditamento por mandato real, en el que Potosí sea considerada “imperial” la diferencia de las demás y le da estatus noble, título de la que los potosinos se sentirán sumamente orgullosos, tanto que formara parte de la idiosincrasia potosina el llamado orgullo potosino, que aún pervive en el colectivo sociocultural. A esta ya de por si ostentoso y magnánimo título se le añadirá, según Arzans, el Villa Imperial de Carlos V.



Intenciones y motivos de poder

Este importante título que no fue un simple arranque de orgullo potosino, de obtener títulos nobles ni mucho menos, conllevaba abiertamente un sinnúmero de intenciones de carácter político, administrativo y comercial entre otras prerrogativas.

Potosí se había convertido en el más grande yacimiento y minas productoras de plata, mismas que rentaban sendas ganancias, tanto a la corona de España como a los mismos mineros avecindados en Potosí. Pero este emporio de riquezas era administrado jurisdiccionalmente desde Chuquisaca, sede de la Real Audiencia de Charcas que además fuera recientemente creada, precisamente para la administración jurídica, entre otras cosas, del emergente complejo industrial de las minas de Potosí.

El recelo de ambas partes por obtener los más grandes beneficios resultaría en la separación de Potosí de la jurisdicción de Chuquisaca en lo administrativo, civil y criminal. Era más que gran logro para los ricos vecinos de Potosí. Tanta fue su euforia y contento que cuando llegó la noticia del nombramiento a Potosí, todos los pobladores y los vecinos más influyentes y poderosos salieron a las calles y a la plaza principal (denominada plaza del Regocijo, actual plaza de Armas o 10 de Noviembre), a celebrar el título de Villa Imperial y en esa desbordante euforia, tomaron a un indígena inocente, que se encontraba por ahí y amarrándolo le propinaron duros azotes en señal de posesión y autonomía por la nueva administración y gobierno que en adelante regiría en Potosí. Este ascenso importante para Potosí no fue gratis ni mucho menos, pues se pagaron grandes sumas a la corona española y a Chuquisaca, esta última luego de algún tiempo se quejaría que la Villa de Potosí no había pagado a la Ciudad de la Plata o Chuquisaca el monto estipulado por su exención.

Queda claro que los vecinos de Potosí y entre estos los más ricos y poderosos del virreinato, tramitaron el nombramiento y ascenso del asiento de minas de Potosí para que ostente título y rango de Villa Imperial, por una necesidad urgente de tener el control y dominio en la administración de sus riquezas, como luego lo harían, efectivamente.

Pero ¿por qué no aspiraron en ese momento o después a otro título de más rango, como el de elevar a Potosí, de simple Villa a rango de ciudad?



La villa más grande, más poblada y más rica del mundo, se queda como villa

Potosí con todos sus altibajos y caídas, siempre fue el yacimiento y la urbe más rica y rentable del virreinato del Perú y del virreinato de Buenos Aires consecutivamente.

Potosí era en el siglo XVII “la Villa más grande y poblada del mundo”, (haciendo énfasis en el título de Villa, que ostentaba y ostenta aún), y entre tanto otras urbes, más pequeñas y menos importantes que Potosí, ascendían luego de ser aldeas, asiento mineros, villas a rango de ciudad. O simplemente eran fundadas y nacían ya, con el título de ciudad o metrópoli, pero Potosí seguía ostentando el simple título de Villa, con el aditamento de Imperial claro está.

Así mientras existían urbes con pequeñas poblaciones que ostentaban el rango de ciudad, podría decirse que por el título de nobleza y rango, Potosí era en verdad como “villa”, la más grande y poblada del mundo, pues no había otra “villa más poblada que Potosí”, (y si la había, no era precisamente una villa, sino una ciudad).

Como se dijo, una villa se caracterizaba por ser un poblado pequeño, de pocos habitantes y limitada administración jurisdiccional, pero cuando ya alcanzaban cierta importancia eran ascendidas al rango de ciudad, pero es importante recalcar, que no solo importaba el número de población para ascender a rango de ciudad o metrópoli, sino más bien las atribuciones que un poblado podía poseer u obtener. Como el de la administración política que se le otorgaba, ya por estar en un lugar estratégico, o por recibir ahí altos funcionario de la nobleza entre otros motivos. Así una ciudad podría tener poquísimos habitantes en comparación a Potosí u otras urbes, pero que en dicho poblado podrían estar las instituciones y oficinas centralizadas, con lo que la convertían en ciudad y metrópoli, como sucedió con Chuquisaca o Lima, sede virreinal esta última, comúnmente denominada como la ciudad de los reyes.

Importante jerárquicamente solo por ello.



Una villa de nombre, una ciudad de hecho

En su mayor apogeo, la Villa Imperial de Potosí contaba con más de 160.000 habitantes y aún así era nombrada oficialmente como villa y no como ciudad.

Esta denominación obedecería al título oficial de villa y no a los hechos propiamente. Es decir, en los papeles oficiales, Potosí era nombrada como villa, pero en los hechos era como se dijo antes, una gran metrópoli.

Es de hacer notar que Potosí no contaba como Villa de otras prerrogativas y privilegios que como ciudad hubiera obtenido, gozado y aprovechado. Su población, riqueza, poderío e influencia hubiera podido lograr ese ascenso sin mayor dificultad, si se lo hubiera propuesto el pueblo potosino. Pero no lo hicieron ¿por qué?

Es que acaso aquella administración política y autónoma, aunque limitada, que ejercían como villa, ¿les bastaba para sus propósitos?. La realidad era que muchos de estos chapetones avecindados en Potosí, acumulaban rápidamente una rentable riqueza y marchaban hacia España, llevándose todo lo que podían. Entonces poco o nada les importaba la condición de la Villa de Potosí después de aprovecharla.

Con la llegada de la república, Potosí se quedaba con una población reducida, pero aún así era mucho más grande e importante que otras ciudades de América. Los nuevos ciudadanos bolivianos, no se preocuparon de darle prominencia a Potosí y los potosinos se conformaron con el título imperial de Villa. Ni aún los patriotas más contrarios a la corona de España, repararon en el titulo Imperial de Potosí, que a largas, connotaba un resquicio y recuerdo del imperio español al que combatían y que precisamente flameaba orgullosa en el titulo imperial de Potosí.

Hasta hoy, Potosí nunca ha sido oficialmente reconocido como cuidad, este denominativo se da por hecho. Por ser además la capital del departamento del mismo nombre. Potosí nunca lo solicitó y nunca se autoproclamó de manera oficial como tal.

Paradójicamente y aun irónicamente, tuvo que pasar casi cuatro siglos para que Potosí alcanzase el número de población que ostentara en su mayor esplendor, ahora este número se ha sobrepasado, aunque no con mucha diferencia.

Incluso hoy el título de Villa Imperial es solo un denominativo con connotación histórica y no institucional u oficial. De haber sido otra y con más visión de futuro las pretensiones de los potosinos de entonces y los de ahora, la villa no debiera ser solo Villa Imperial, sino, Ciudad Imperial de Potosí.

Potosí nunca ascendió a rango de ciudad de manera oficial

Nota: Este artículo es un resumen de otro estudio más amplio y profundo del tema tratado, en el libro; “La Historia Mítica de Potosí”, del mismo autor.



*Artista, escritor e investigador historiográfico.

viernes, 5 de mayo de 2017

Declaran héroe nacional al poeta indígena Juan Wallparrimachi



El poeta y líder indígena Juan Wallparrimachi Mayta fue declarado Héroe Nacional, por la Cámara de Diputados, en memoria y reconocimiento a su lucha durante la Guerra de la Independencia de Bolivia, junto a sus padres adoptivos Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy de Padilla.

El segundo artículo de la ley que declara a Wallparrimachi como Héroe Nacional y que fue sancionada por el pleno de la Cámara de Diputados la noche del jueves, establece que el Órgano Ejecutivo, a través de los ministerios de Cultura y Educación, en coordinación con las autoridades autónomas territoriales, implemente políticas públicas de promoción y difusión con fines educativos, culturales e históricos de la trayectoria de Juan Wallparrimachi.

Wallparrimachi nació en Macha (Potosí) el año 1793, de padre español y madre indígena. Huérfano de madre y abandonado por su padre, creció padeciendo hambre hasta que fue adoptado por los esposos Padilla, con quienes emprendió la lucha revolucionaria contra la corona española.

En sus momentos de descanso, Wallparrimachi escribía obras literarias en quechua y castellano, principalmente poesías, por lo que fue conocido como el "Soldado Poeta" hasta su muerte, registrada en 1814 durante el combate del Cerro de Las Carretas.

martes, 2 de mayo de 2017

Academia Boliviana de Historia Militar

La Academia se enorgullece de sus 38 años de servicio a nuestra patria, los que se han materializado en una extensa edición de libros, ensayos históricos, gacetas académicas, publicaciones varias y en la conducción de conferencias, talleres, coloquios, exposiciones y otras actividades relacionadas a la historia militar de Bolivia.

Además del museo de la guerra del Chaco y la biblioteca especializada, la Academia cuenta con un hermoso salón de honor y una pinacoteca, junto a un edificio declarado Patrimonio Histórico de la ciudad de La Paz. Es que en esta consonancia, la Academia Boliviana de Historia Militar en su postulado tiene una doble significación: Por un lado, mantener latente nuestra reivindicación marítima hasta el retorno a nuestras costas en el Pacífico; y por otro lado, la noble misión de formar patriotas, a través del culto a la historia militar, maravillosa, legendaria y épica.

Este recinto maravilloso que nos envuelve hoy, el Palacio Goitia, que encierra tantas leyendas del pasado histórico de esta heroica Plaza Murillo, también albergó el primer cine –biógrafo– y un restaurante, el más elegante de la ciudad de La Paz. En su solar se dio el almuerzo de despedida a los oficiales de los “Tres pasos al frente”, que se dirigieron al frente de batalla en la guerra del Chaco, de los cuales casi ninguno volvió con vida.

Durante la colonia, en el edificio estaban instaladas las milicias españolas, con sus dos túneles secretos, que nos recuerdan el dramático cerco que sufrió la ciudad de La Paz impuesto por Túpac Catari en 1781, que sirvió para la huída de los españoles en los levantamientos indígenas.

Se comprende que la doctrina militar se asienta principalmente en la historia, y esta nos permite filosofar, analizar y producir las bases históricas e ideológicas de la milicia, construir un pensamiento militar, una visión estratégica, y este, al mismo tiempo, nos da el reto mayor, bolivianizar el pensamiento militar que permitirían el salto cualitativo a la Academia, abriendo sus puertas a todo militar y ciudadano, y cubrir todo el espacio geográfico del país con su pensamiento.

Integrar su accionar equitativamente con la mujer, considerando su estirpe guerrera, necesaria espiritualidad para fortalecerlo necesitamos del valor, vigor y la entrega de Juana Azurduy –heroína de la independencia de las tierras del Alto Perú-. Muchos dirán, que todo esto es un sueño, pero ya lo dijo el gran Libertador Simón Bolívar: “...SOLO LOS HOMBRES SOÑADORES ALCANZAN GRAN-DES REALIZACIONES...”, y cuando se refería a los hombres hablaba de instituciones, creía profundamente en ellas, adelantándose a su tiempo.