martes, 17 de enero de 2017

El cacicazgo Kutipa de Italaque

LOS CACICAZGOS Y SU

DEVENIR HISTÓRICO

Cacique o Curaca era el jefe político, administrativo y espiritual de un determinado territorio y representante del Sapa Inca en épocas prehispánicas, es así, que el incario utilizó al curzasgo como mecanismo de pacto, el Inca nombraba curacas a los líderes de los pueblos conquistados y aliados a su gobierno. Así se constituyó la nobleza inca (Los Orejones) grupo social privilegiado, compuesto principalmente por los descendientes del Inca (Hijos del Sol), organizados en panacas tanto en el Cuzco como en otras regiones, también incluía a curacas de naciones aliadas o conquistadas, como los señoríos aymaras de Lupacas, Huarcas, Pacajes, Omasuyos, Carangas.

"Fueron los curacas los que bajo la administración colonial se vieron obligados a adoptar el título de "caciques" como en el Caribe, conservando con ello parcialmente sus facultades de gobierno y administración, así como su legitimidad, pero sujetos al sistema de explotación colonial. Sin embargo, el cacique conserva aún los rasgos nativos de autoridad, como es el ser Awki (padre) de ayllu. Esta es la base de su legitimidad" (Carlos Mamani - Igidio Naveda: Reconstitución del ayllu. 2016).

Esta forma de organización fue asimilada por la Corona española y el cacique se constituyó en un puente entre la cultura ibérica y la cultura amerindia. Sinclair Thomson en su libro "Cuando solo reinasen los Indios", menciona: "La posición que ocupaba el cacique o curaca dentro el sistema colonial era de los más delicados e ingratos"

Un caso típico de esta incorporación y pacto de élites fue el matrimonio de Beatriz Coya, hija de Sayri Túpac, inca de Vilcabamba, con un sobrino de San Ignacio de Loyola. Beatriz era considerada un trofeo político y social. Esto ocurrió en Cuzco, en 1576. La hija de la pareja, Ana María Lorenza de Loyola y Coya-Inca, se convirtió en 1614 en la primera marquesa de Santiago de Oropeza. Sus descendientes fueron considerados la línea principal de la panaca de Huayna Cápac.

Durante todo el período colonial varios caciques descendientes del periodo prehispánico hicieron sus trámites para lograr su reconocimiento, como fue el caso de los Huayna Cápac, Cusi, Cusicanqui, Calahumana, Quirquincha y Kutipa en el Alto Perú, entre muchos otros.

El caso más emblemático y con consecuencias trágicas fue en 1776, cuando el cacique de Surimana, José Gabriel Condorcanqui Noguera, con el argumento de ser el pariente más cercano de Beatriz Coya, inició un proceso legal para reclamar el título de marqués de Santiago de Oropeza e Inca. Pero su pedido fue rechazado. Hay quienes ven en este desenlace el inicio de su rechazo a España y su rebelión como Túpac Amaru II, en 1780. Él, su familia y allegados pagaron las consecuencias de su rebeldía y fueron cruelmente ejecutados.

Sus actos tuvieron consecuencias desastrosas para lo que quedaba del sistema social inca. Hasta entonces los descendientes de la Nobleza Indígena recibían una serie de prerrogativas de la Corona española. Tras la rebelión de Túpac Amaru fueron castigados. De nada sirvió que apoyaran a la corona. La Corona española arremetió y decidió que la posición de cacique dejaba de ser hereditaria. Así, se redujo considerablemente las principales fuentes de ingreso económico de las familias. También se reprimió varias de sus manifestaciones culturales, como el uso de trajes tradicionales en las procesiones, entre otras.

El golpe de gracia para la nobleza indígena llegó, irónicamente, con la Independencia. En 1825, Simón Bolívar anuló el cargo de cacique y dictó nuevas leyes de propiedad, lo que derivó en la pérdida del estatus social, económico y político para lo que quedaba de las élites indígenas y en el siglo XIX empezaron a ser olvidadas. Hoy, lejos de las atrocidades del pasado, generaciones jóvenes se interesan en sus nobles orígenes.

EL CACICAZGO KUTIPA EN ITALAQUE

Italaque, población ubicada en el actual municipio de Mocomoco, de la provincia Camacho del departamento de La Paz, no quedó exenta de los cacicazgos y su propio proceso histórico y conto para el Siglo XVI como refieren los registros de la parroquia de Italaque "con tres caciques, uno por parcialidad. Estos caciques eran de la familia Quenallata en la parcialidad de Huarcas, Ninacanchis en la parcialidad de Canchis y Kutipa en la parcialidad de Pacaures". Y es de este último cacicazgo al que nos dedicaremos en esta oportunidad.



KUTIPA.- De las voces aymaras: Kuti que significa regreso o acción de regresar y Pa que significa Él y se designa la tercera persona gramatical; es decir que Kutipa significa "El que Regresa"; Así también atribuyen los aymaras el nombre Kutipa a "El venturoso o Afortunado".

Según los registros del Archivo General de las Indias en Sevilla España (AGI, 532): Los Kutipa son originarios del Cuzco y tienen relación con la familia del Inca Pacha Kutiy Yupanki, en tiempos prehispánicos.

El francés Thierry Saignes en su libro "Desde el Corazón de los Andes, cita: "Los Caciques -Gobernadores de las demás cabeceras, los Chambilla, los Catacora, y los kutipa perfilan un gran ascenso en 1567, y siguen alternando en los cargos de ´Capitanes Generales´ en Potosí y mostrando una nítida prosperidad económica gracias a los ingresos mercantiles, varios compran haciendas en los valles orientales de Larecaja o se hacen reconocer la propiedad, mediante de tierras, de terrenos adquiridos seguramente a partir de lotes antes cultivados por los mitimaes étnicos para su propio provecho".

En ese contexto, es que en el siglo XVI se crea la nueva reducción colonial de Italaque como los cita el registro del Archivo General de las Indias en Sevilla España (AGI, 532): "En 1596 Charazani forma una parroquia, Mocomoco otra, Carijana y Camata se reúnen en la misma, Umanatta debe unirse a los indios Canchis de Usadca para formar la nueva reducción y la parroquia de Italaque". Y son los cacicazgos Ninacanchi, Quenallata y Kutipa la base social y administrativa de este nuevo territorio.

Como testigos de esta administración cacical queda el legado plasmado en la construcción de la iglesia de Italaque. Dejando su sello personal en la parte inferior en el arco labrado en piedra caliza de la puerta principal de la iglesia que el cura Cejudo denomino "Mascarones Quenallata".

Por otra parte, tal fue la eficacia de la organización cacical que para la construcción del empedrado de la plaza principal de Italaque lograron distribuir espacios a los 49 ayllus o comunidades que para el siglo XVI constituían la reducción de Italaque divididos estos en tres parcialidades o grupos culturales (Huarcas, Canchis y Pacaures). La tradición oral y los registros en los libros de actas de Italaque describen sobre el cuidado y limpieza de la plaza de Italaque: "A cada ayllu o comunidad de Italaque se le designaba un cuadrado del empedrado de la plaza: para su cuidado, protección y mantenimiento, siendo el cumplimiento del mismo un deber ser categórico para su comunidad"

La mitad del siglo XVIII estuvo marcada por una fuerte intromisión y usurpación por parte de españoles y criollos en la sucesión de cacicazgos en varias regiones. El cacicazgo Kutipa fue víctima de la intromisión española, en el año 1750 Julián Ramírez, un español casado con la hija del Cacique Pablo kutipa, quien se autonombró y usurpó el título de cacique cometió una serie de abusos al extremo que los indios de la parcialidad de Pacaures denunciaron en la Real Audiencia de Charcas el asesinado del comunario Francisco Mamani, estos hechos tuvieron su desenlace una vez expulsado de Italaque al español Julián Ramírez, y devolviendo el título de cacique a Sebastián Kutipa, indígena y legítimo heredero. Así lo registra el Archivo Nacional de Bolivia en expediente (ANB EC 1755 No 56), el cual fue estudiado y citado por Sinclair Thomson en su libro "Cuando solo reinasen los Indios"

En el año 1780 estalló una cadena de revueltas en las ciudades del altiplano, los valles y la costa, como expresión del descontento indígena, mestizo y criollo frente a las reformas Borbónicas. El cacique de Surimana, José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru), líder de la rebelión del Perú convocó en Tungasuca a finales de 1779 a caciques de varias regiones a la que supuestamente asistieron Sebastián Kutipa y José Vera Ninacanchis por Italaque y Diego Quispe por Mocomoco. En marzo de 1780 Diego Quispe junto a Basilio Antonio, indígena oriundo de Italaque, y una tropa de seguidores de Túpac Amaru quemaron y saquearon la iglesia y varias viviendas de españoles de Italaque. Este relato se encuentra en los Archivos de la Parroquia de Italaque y los Archivos de la Catedral de La Paz y fueron recogidos por Homero Elías en su libro "Cuentos e Historias de un pueblo llamado Italaque".

Tras la rebelión de Túpac Amaru de 1781 los cacicazgos y las élites indígenas perdieron todas sus prerrogativas políticas y administrativas, conservando solo el poder espiritual.

Con la independencia de 1825 la figura del cacique fue desvalorada y denigrada por ser un título solo de indios, razón para que muchos descendientes del cacicazgo Kutipa se cambiaron el apellido indígena por uno español. Conocido es el caso que alguno se cambió de Kutipa a Ortiz, renunciado con esto a su linaje indígena e Incaico.

En el Archivo Nacional de Sucre se encuentran registradas las haciendas establecidas luego de la Independencia de Bolivia en 1825 donde se evidencia que el cacicazgo Kutipa aún contaba con tierras en la Parcialidad de Pacaures, específicamente en la comunidad de Cacachi, mismas que estaban al resguardo de Dominga Kutipa descendiente del cacicazgo Kutipa. Dominga Kutipa legó este patrimonio y otros del cacicazgo Kutipa a su descendiente Francisco Kutipa y este a su hija Rosa Kutipa quien tuvo como primogénito a Raúl Mansilla Kutipa último descendiente directo de este cacicazgo.

20 de enero de 1839 La Batalla de Yungay

Las banderas de la Confederación Perú-Boliviana habían paseado victoriosas por los campos de batalla de Yanacocha, Socabaya, Umahuaca, Iruya y Montenegro contra los ejércitos de Agustín Gamarra y Salaverry en el Perú, los del dictador Juan Manuel Rosas de la Argentina y en Paucarpata contra la fuerza expedicionaria chilena en-viada por Diego Portales y comandada por el vicealmirante Blanco Encalada.

La enseña boliviana había flameado triunfante desde Jujuy hasta el Ecuador. El Gral. Andrés Santa Cruz, Protector Supremo de la Confederación, no precisaba nuevas anexiones, pues bastantes problemas internos habían quedado aún por resolver, sin embargo sus ejércitos eran temidos y no conocían el amargo sabor de la derrota.

¡Qué alto había llegado el hijo de Juana Basilia Calahumana!

Qué tiempos venturosos para su Patria, además de contar con las leyes más avanzadas de América. Suyas serán las últimas victorias militares que conocerá que Bolivia y nunca desde entonces, volverá a recuperar tamaño esplendor. En adelante su camino estará jalo-nado de derrotas e infortunios; sus pendones no volverán a flamear más, besados por la brisa acariciante del triunfo.

Mas, ¡ay!, nubarrones se aproximaban por el sur, del lado del enemigo tradicional, una flota había zarpado de Valparaíso transportando al segundo ejercito expedicionario, comandado por el Gral. chileno Manuel Bulnes y coaligado con generales peruanos, bolivianos disidentes y aun argentinos, su objetivo: la destrucción de la Confederación.

Posesionados ambos contendientes a 96 leguas al norte de Lima, se aprestaban a librar la batalla decisiva que sellaría la suerte y el futuro de Bolivia, Perú y Chile.

EL COMBATE

El ejército protectoral ocupaba un campo llano encerrado entre el río Santa y la cordillera, teniendo como avanzadas los cerros empinados de Ancachs, Punyan y Pan de Azúcar; en el fondo se escondía la barranca profunda del estero de Ancachs. El caserío de Yungay cerraba el cuadro. La acción se realizaba a las 96 leguas al norte de Lima.

Santa Cruz situó en el Pan de Azúcar 600 hombres al mando del bravo general Anselmo Quiroz y en el Punyan 200, a órdenes del capitán Fructuoso de la Peña Santa Cruz. El protector consideró inatacables esas alturas y su ejército lo creyó destinado únicamente a cortar la retirada de los chilenos cuando se empeñase el combate. Mas Bulnes comenzó el ataque por los cerros, que eran la llave de la victoria. El Punyan, de fácil acceso, fue prontamente tomado por el batallón chileno “Aconcagua" y el Pan de Azúcar, de flancos rápidos y abruptos, dio mucho que hacer a los asaltantes, pero al fin fue tomado también. Los soldados chilenos dominaron la cima del cerro, donde yacían tendidos 600 cadáveres del ejército boliviano y el general Quiroz entre ellos.

EMPUJE DE DOS BATALLONES

Al mismo tiempo la batalla comenzaba en el llano. Santa Cruz horrorizado al ver el sangriento combate del Pan de Azúcar, mandó en su protección al “Batallón 4o.”, el que a órdenes de los jefes Deheza y Belzu, resistió el poderoso empuje del batallón chileno “Colchagua”, que oculto tras unos matorrales lo dejó acercarse hasta disparar una descarga que tendió un tercio de su gente. El bravo “4o.” vaciló un instante, pero en seguida cargó sobre el “Colchagua” haciéndole retroceder. El batallón “Portales”, que salió en su defensa, fue diezmado por el “Batallón 3” de Bolivia que lo cargó a la bayoneta.

Viendo que el “Portales” se batía en retirada, arrastrando en su derrota a toda la línea chilena, Bulnes con tres batallones de reserva restableció el combate y detuvo a los batallones bolivianos, que avanzaban victoriosos ya. Arrojándose de salto a la barranca de Ancachs, logró flanquear por la izquierda la línea boliviana, en la que la caballería, a las órdenes del Gral. Urdininea hacia prodigios con valor temerario.

Lanzadas al campo de batalla las reservas chilenas, ya nada pudo contener el empuje de ellas, protegidas por una certera artillería. Los bolivianos con un supremo esfuerzo se parapetaron tras unos tapiales de piedra, para resistir con heroica desesperación el avance de los chilenos, pero sus esfuerzos fueron ineficaces ante el brusco ataque de la caballería.

A las cuatro de la tarde todo estaba concluido. Quedaron en el campo de marte el ejército de Santa Cruz, 2 generales y 2.400 soldados muertos; cayeron prisioneros 3 generales, 3 coroneles, 155 oficiales de todas graduaciones y 2.000 soldados. Los restauradores perdieron 1 general, 2 jefes, 11 oficiales y 215 soldados muertos; heridos 28 oficiales y 417 soldados.

Los chilenos mostraron una ferocidad bárbara con los vencidos. “La mortandad -dice el mismo Gral. Santa Cruz- que hicieron de sol-dados indefensos, desarmados y la crueldad con que trataron a los prisioneros, son impropias de pechos generosos y esforzados”. El autor del “Diario militar de la campaña del ejército restaurador etc.” afirma (Pág. 122) que después de la batalla se encontró 277 soldados muertos en la “instancia de una le-gua” que hay de Yungay a Manco, dando a entender con esto que todos los que huían fuera ya del campo de batalla, fueron lanceados con saña y furor por los escuadrones vencedores, hasta dejarlos tendidos en el campo.

CAUSAS DE LA DERROTA

Se ha dicho que la derrota se debió, fuera de otras causas, a la traición de los jefes peruanos que combatían al lado de Santa Cruz y a los errores tácticos y estratégicos del protector desde la iniciación de la campaña: trai-ciones y errores que supo apro-vechar el jefe chileno. Los error-es de Santa Cruz consistieron en considerar como inexpugna-ble el Pan de Azúcar, por cuya razón colocó a tanta distancia el grueso de sus fuerzas, oca-sionando que éstas fueran batidas; el descuido de su línea izquierda que fue la parte más dé-bil de su formación y que hábilmente flanquea-da, decidió del éxito de ataque y el empleo prematuro de las reservas de infantería. Pero el error más notable fue la colocación de la caballería a una inmensa distancia del campo de batalla, dando lugar a que los escuadrones enemigos tuvieran el tiempo suficiente para pasar a la desfilada el barranco, formarse, arrollar toda la infantería, reorganizarse y vol-ver a cargar al primer escuadrón boliviano que tardíamente le salió al frente.

Algunos historiadores afirman que el desastre de Yungay se debió también a la ausencia de muchos jefes aguerridos, como Braun, Ve-lasco, Ballivián, O'connor y otros que habían prestado a Santa Cruz eficaz colaboración en anteriores

campañas.

Homenajean a mártires de la calle Harrington

Representantes de la comuna, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), personalidades políticas, representantes de instituciones defensoras de los derechos humanos y de los caídos en la calle Harrington rindieron homenaje a las víctimas de este ataque, a 36 años del hecho.

El acto se realizó en el Memorial 15 de Enero, ubicado en la avenida del Poeta.

En el acto, la concejala Katia Salazar, en representación el alcalde Luis Revilla, destacó la lucha de los ocho mártires y el significado que tienen los valores democráticos para las nuevas generaciones.

En el acto, Mónica Reyes Limpias, en representación de los caídos de la calle Harrington, destacó la importancia de la democracia y expresó su agradecimiento al exalcalde de La Paz, Juan del Granado, por la construcción de memorial 15 de Enero en la avenida del Poeta.

“La democracia en sí misma como un sistema, como un sistema de gobierno, tiene muchos valores, pero la forma de vida de los compañeros de la Harrington a partir de su muerte nos han dejado un ejemplo de vida, vivían en valores como el amor al prójimo, buscaban el bien común, no se resignaban cuando encontraban injusticia”, refirió Reyes.

Luego del acto, el exalcalde Juan del Granado manifestó que con dicho homenaje se reafirma la democracia a través de los ideales por los que murieron las ocho personas el 15 de enero de 1981.

“Hoy día es en el que rememoramos, repudiamos la dictadura, refirmamos la democracia, además, recordamos la vida de estos valerosos hombres y hacemos el compromiso interno, ojalá también colectivo de seguir el paso de estos hombres en el sentido de que la política deba ser siempre sino el servicio público, el compromiso con la comunidad, el compromiso con la democracia”, refirió el exdirigente político.

La exparlamentaria del MIR, Erika Brockmann, destacó que la lucha de los mártires permite a la nueva generación conocer cómo era Bolivia antes de la recuperación de la democracia, en 1982.

“La sociedad que no tiene memoria no tiene futuro, creo que lo que hoy hemos vivido en nuestra La Paz Maravillosa es importante porque estamos recuperando la mejoraría de quienes hicieron posible la recuperar una etapa en nuestro país que es precisamente la democracia”, destacó.

En el homenaje participaron también el presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de La Paz, Remberto Cárdenas, la jefa de la División de Cultura y Arte de la Universidad Mayor de San Andrés, Melisa Herrera, entre otras personalidades.

El 15 de enero de 1981 patrullas de paramilitares del régimen de Luis García Mesa irrumpieron en un domicilio de la calle Harrington y asesinaron a ocho miembros de la Dirección Nacional del MIR: Jorge Baldivieso, Gonzalo Barrón, Artemio Camargo, Arcil Menacho, José Luis Suárez, Ricardo Navarro, José Reyes y Ramiro Velasco, según la comuna.

jueves, 12 de enero de 2017

Bicentenario, versiones del Himno a Tarija emocionaron



La noche del miércoles, a los pies del Mirador La Loma de San Juan, se realizó el Lanzamiento del Programa del Bicentenario de la Batalla de la Tablada. Música, canto, danza y otras expresiones artísticas de la región fueron los componentes que conformaron el primer gran evento cultural del 2017 ante la presencia de la ciudadanía tarijeña.

Dos versiones del Himno al Tarija emocionaron a los asistentes.

Homenaje a Tarija
Ante un escenario apostado entre la Capilla de San Juan y el Mirador de La Loma, se dieron cita la noche del miércoles autoridades, personalidades de Tarija, artistas, visitantes y población en general para celebrar el inicio oficial del Bicentenario de la Batalla de la Tablada con un homenaje a la tierra del “Moto” Méndez.
El acto comenzó hacia las 19:30 con un grupo de aproximadamente veinte cañeros apostados sobre la pasarela que deleitaron al público con las notas del instrumento típico de Tarija. Casi sobrepuestas a las últimas notas de la caña se mostró en la pantalla gigante instalada junto al escenario una colección de fotografías de los lugares y la gente del valle central, y las provincias, desde los tiempos más antiguos hasta los más modernos, en una progresión que mostraba la historia e identidad del pueblo tarijeño.
A continuación, el artista tarijeño “Toto” Vaca, acompañado por la guitarra de Melvin Acosta, interpretó un emotivo monólogo en el que reflexionó sobre el sentido de la libertad obtenida por los héroes de la Tabalada y ensalzó lo mejor de la cultura tarijeña a través de sus canciones.
Luego, tras un discurso del alcalde de Tarija, Rodrigo Paz Pereira, en el que se refirió a las nuevas luchas a que enfrenta la región, la Orquesta de Cámara de Tarija se hizo presente sobre la pasarela para interpretar la reconocida pieza tarijeña de “La Pascua”, que fue zapateada por miembros del ballet Sangre Latina y elogiada por el público.
El Gobernador del departamento, Adrián Oliva, también subió al escenario para rendir homenaje a Tarija a través de un discurso centrado en la unidad del pueblo. Sus palabras fueron seguidas por el video “El fuego el bicentenario”, hecho exclusivamente para el evento por el productor Diego Pino. En la producción muestra a un joven tarijeño corriendo por lugares icónicos del valle central con la bandera tarijeña hasta llegar a la Capilla de la Loma de San Juan.
El momento poético de la noche llegó con la declamación de “El chapaco alzao” a cargo del grupo musical Sangre Nueva, que también deleitó a los presentes con algunas de las cuecas tradicionales de Tarija, como: El Moto Méndez de Nilo Soruco, para finalmente dar paso a un coro de seis voces masculinas y femeninas que interpretaron el Himno a Tarija en un arreglo especial de guitarras, violines, violonchelos y flautas.

Nueva época
La noche concluyó con el lanzamiento de globos blancos y rojos al aire por parte de personalidades y autoridades presentes.
“Esto es un símbolo de la construcción de una nueva época para Tarija, que empieza imaginándola y sentando las bases para el desarrollo regional”, comentó Sergio Lea Plaza, coordinador del Bicentenario.
La mayor parte de los artistas que se presentaron durante el evento lo hicieron de manera gratuita, por el afecto que tienen a Tarija.
Según Lea Plaza, los únicos gastos que se tuvieron fueron en el sonido y la pantalla gigante, mientras que el resto fue trabajo de las instituciones que conforman el comité.

miércoles, 11 de enero de 2017

Comienzan festejos por Bicentenario de la Batalla de La Tablada

Tarija Economía.- A los pies del Cristo de La Loma de San Juan se dará inicio hoy a los festejos por el Bicentenario de la Batalla de La Tablada a celebrarse el próximo 15 de abril.

El acto protocolar arrancará con las melodías de las tradicionales cañas, la proyección de un video de fotografías históricas de la ciudad de Tarija y la interpretación de canciones emblemáticas, como La Pascua, ‘Moto’ Méndez y Chapaco Alzao, por grupos del folklore tarijeño entremezclados con la orquesta sinfónica y un ballet.

Después están la proyección del video “El fuego del Bicentenario”, la entrega de árboles por los 200 años de la gesta libertaria y el lanzamiento de globos, con los tradicionales colores de la bandera de Tarija, por parte de personalidades destacadas.

El director de la Oficina Técnica del Bicentenario, Sergio Lea Plaza, dijo que eligieron el Cristo de La Loma de San Juan para el inicio de los festejos por ser un sitio con valor simbólico porque representa la historia, la fe religiosa, la arquitectura e integración de la Tarija tradicional y popular.

Cada año esta región productora de hidrocarburos conmemora su efeméride el 15 de abril en homenaje a la Batalla de La Tablada que fue liderada por el legendario guerrillero Eustaquio “Moto” Méndez.

Al acto protocolar asistirán el gobernador Adrián Oliva y el alcalde de Cercado, Rodrigo Paz, además de autoridades militares y policiales.

EN LAS PÁGINAS DORADAS DE LA HISTORIA DE BOLIVIA

La Batalla de la Tablada de Tolomosa tuvo lugar el 15 de abril de 1817 en las cercanías de la ciudad de Tarija (actualmente, en el sur de Bolivia). En ella se enfrentaron fuerzas realistas al mando del coronel Mateo Ramírez y fuerzas independentistas del Ejército del Norte al mando del tucumano Gregorio Aráoz de Lamadrid, como parte de la Expedición de Aráoz de Lamadrid al Alto Perú. Guerrilleros tarijeños provenientes de la denominada Republiqueta de Tarija ayudaron a la rendición realista sitiando a Tarija.

Al acercarse a Tarija, la división de Aráoz de Lamadrid pasó sin ser notada a la izquierda de un escuadrón y de 50 infantes al mando del entonces realista Andrés de Santa Cruz, que se hallaba en el valle de Concepción, y sin atacarlos para no perder la sorpresa sobre Tarija. Cuando el comandante y gobernador realista de Tarija observó el avance de las tropas, pensó que se trataba de las fuerzas gauchas del teniente coronel Francisco Pérez de Uriondo (quien había partido con sus fuerzas desde San Ramón de la Nueva Orán hacia Tarija), por lo que ordenó la salida de los granaderos del Cuzco para atacarlas, expresando: Vamos a desparpajar a esos gauchos. Luego de cruzar el río Guadalquivir, al observar el despliegue y darse cuenta de que no eran fuerzas irregulares, ante los primeros disparos ordenó el repliegue y se encerró en la villa protegida por las trincheras hechas construir recientemente por José de la Serna. Aráoz de Lamadrid ocupó el morro de San Juan, en donde emplazó sus 2 cañones y luego intimó la rendición de Ramírez, que fue rechazada.

Los gauchos de Pérez de Uriondo, junto con otros grupos de montoneros, entre ellos los comandados por Eustaquio Méndez y por José María Avilés (la después llamada Republiqueta de Tarija), aportaron un millar de hombres y colaboraron en el sitio de Tarija, rodeándola por orden de Aráoz de Lamadrid, a fin de capturar a los mensajeros despachados con pedidos de ayuda hacia las divisiones ubicadas en el valle de Concepción y en Cinti (la actual Camargo), mandada esta última por el presidente de la Real Audiencia de Charcas, el brigadier de marina José Pascual de Vivero y Salaverría. Méndez se adelantó con 100 jinetes bien armados a recibir a Aráoz de Lamadrid en la Cuesta del Inca. Santa Cruz, quien se hallaba casualmente en Tarija, intentó sortear el sitio para ir en busca de su división, pero no lo logró.

Al escuchar los cañonazos, las fuerzas realistas acantonadas en el valle de Concepción (unos 130 soldados) se dirigieron hacia Tarija, entrando por el campo de la Tablada en las primeras horas del 15 de abril de 1817 al mando del oficial Malacabeza. Aráoz de Lamadrid había salido a reconocerlas con solo 32 húsares, el ex capitán Lorenzo Lugones que viajaba como aventurero en la expedición,1 y los ayudantes de húsares: Manuel Cainzo y teniente Victorio Llorente. Al encontrarse de pronto con las fuerzas realistas, envió a Llorente en busca de la 1° compañía de húsares al mando del capitán Mariano García y cargó sable en mano obteniendo la victoria de la batalla, en la que murieron 65 realistas, incluso 2 oficiales, quedando prisioneros otros 40, con solo un muerto patriota y un portaestandarte y 3 soldados heridos. Inmediatamente después, Aráoz de Lamadrid retornó a Tarija y volvió a intimar la rendición al sitiado Mateo Ramírez, quien luego de rechazarla, la aceptó ante la amenaza de ser todos degollados y por temor al ataque desordenado de un millar de gauchos, y a pesar de contar con fuerzas superiores, salió él mismo a parlamentar con Aráoz de Lamadrid solicitando que no se saquearan sus pertenencias y que se le concediesen los honores de la guerra.

La rendición de los realistas en Tarija le significó al Ejército del Norte la captura de 20 oficiales (incluyendo a Ramírez, Santa Cruz y otro teniente coronel) y 274 soldados, habiéndose tomado 400 fusiles, 10 pares de pistolas, 20 sables,2 47 lanzas, 5 cajas de guerra, abundantes municiones, útiles de maestranza, víveres, e incorporándose además muchos altoperuanos al ejército. Posteriormente fueron encontrados otros 50 fusiles. El costo total del ataque a Tarija fue de 2 muertos y entre 5 y 7 heridos. Aráoz de Lamadrid envió un mensaje a Manuel Belgrano comunicándole la victoria y avisándole que enviaría los prisioneros por la ruta del Chaco salteño escoltados por una compañía de 50 milicianos de Tucumán al mando del capitán Carrasco que había llevado con la división, lo que ocurrió dos días después.

martes, 10 de enero de 2017

En cinco departamentos celebrarán el Día Nacional del Acullico



El Día Nacional del Acullico, que se recuerda este 11 de enero, se celebrará en las ciudades capitales de los departamentos de Cochabamba, Tarija, Oruro, Santa Cruz, y La Paz con multitudinarias concentraciones, informó el ministro de Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico.

La Ley 864, promulgada el 12 de diciembre de 2016, declara cada 11 de enero como el “Día Nacional del Acullico” en homenaje a que en esa fecha, el año 2013, el Estado Plurinacional de Bolivia volvió a adherirse a la Convención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961 con una reserva sobre el masticado de la hoja.

“Lo que queremos es que se pueda, sobre la base de esos datos históricos, revalorizar la hoja de la coca, que la gente siente a la hoja de la coca, por tanto vamos a regalar bastante coca a los pobladores de nuestro país”, explicó.

La concentración en La Paz será a partir de las 10.00 en la Plaza Mayor de San Francisco con todas las instancias que forman parte del trabajo para la revalorización de la coca y sus múltiples usos que van desde jarabes, pastillas, mate hasta productos de belleza como cremas, champú y pasta dental, detalló el ministerio en un boletín institucional.

Además, se distribuirá la hoja de coca, con información respecto de sus diferentes usos, en la Universidad Mayor de San Andrés, en la Línea Roja de Mi teleférico Rojo (ex estación Central) y en El Alto, la estación J’acha Qhathu (zona 16 de Julio).

El Acullico, es la masticación de la hoja de coca y es un modo de consumo particular ancestral y tradicional. Su consumo y uso trasciende los diferentes estratos sociales del país. (10/01/2017)

De la Guerra del Acre Tres veces héroe

Don Lucio Pérez Velasco, primer vicepresidente de la república, preclaro ciudadano que prestó importantes servicios a la nación y profundo conocedor del territorio del Acre, por haber vivido mucho tiempo en el Beni donde labró la fortuna que le hizo millonario, fu enviado por el gobierno de Bolivia como delegado, cuan-do estalló la revolución separatista. (Año 1900).

El coronel Ismael Montes por entonces Ministro de Guerra, propuso al presidente y general José Manuel Pando, su viaje al Acre con objeto de pacificar esa zona y defender la soberanía nacional gravemente amenazada por tropas irregulares de filibusteros codiciosos. El mandatario contestó al ministro Montes, que su viaje por el momento no era necesario, porque consideraba más conveniente su presencia en el gabinete. Entonces Montes a quien no pudo convencer la palabra persuasiva de Pando, argumentó, que él quería cumplir su deber de patriota y de militar y que además, el Sr. Pérez Velasco, ya había dado a conocer prematuramente sus aspiraciones a la primera magistratura y que con esa actitud patriótica, ganaría mucho terreno en la opinión pública sobre todo en el partido liberal.

Yo también abrigo iguales propósitos Sr. Presidente –añadió con voz enérgica Montes– y no puedo quedar relegado a segundo plano tratándose de defender a la patria.

El general Pando no quiso insistir más, y convencido de las razones expuestas por su ministro de guerra, autorizó el viaje de éste al Acre, en comisión especial, aplaudiendo su civismo que no consiste en el aplauso efímero sino en el sacrificio personal y desinteresado.

Una vez en el Acre el ministro Montes a la cabeza del aguerrido batallón “Independencia” 2° de infantería (hoy regimiento “Sucre”), demostró sobresalientes aptitudes estratégicas. Merced a su talento, su valor y su acierto para conducir y dirigir tropas en el bosque, ganó los combates de Riosinho (12 de diciembre de 1900), Amapá y Bagé (1° de enero de 1901), derrotando a las fuerzas revolucionarias muy superiores en número y armamento.

El nombre del coronel Montes adquirió en esas acciones heroicas mayor prestigio y popularidad en todo el país. En Riosinho, parodiando a Napoleón antes de la batalla de las Pirámides arengó a sus soldados con febril entusiasmo y dijo: “¡Desde el fondo de estos bosque, la patria nos contempla! ¡Derecha y en marcha!”.

Pero, Montes no sólo recogió los laureles de la victoria, sino que supo conquistar el cariño de sus soldados, con quienes había viajado hasta esta lejana región, sufriendo las mismas penurias de la larga travesía por la ruta de Mapiri (La Paz). Preguntados aquellos a su regreso a la ciudad sede de gobierno, si estarían dispuestos a ir otra vez al Acre, respondieron: ¡con el coronel Montes sí; con otros a ninguna parte!

Tal era el temor que infundía la distancia, la falta de caminos, inseguridad, el clima y las enfermedades tropicales, que hacían imposible la vida en aquella impenetrable selva que pocas veces había hollado la planta humana.

El coronel Montes regresó de esta primera expedición gravemente enfermo al punto de que “no se creía que sobreviviese”. Poste-riormente, restablecido, volvió en otra expe-dición al principios de enero de 1903, siem-pre en su calidad de Ministro de Guerra, cuando la insurrección separatista del Acre apoyada ya por el gobierno del Brasil, cundió en toda esa región y que también obligó al presidente general Pando a emprender una campaña más seria a la cabeza del ejército (enero de 1903).

A pesar de todo el esfuerzo, sacrificio de hombres valientes, Brasil por la fuerza, ame-nazando con una intervención armada, impu-so a su favor, la cesión del Acre mediante el Tratado de Petrópolis (17 de noviembre de 1903). Con esta ocupación el Brasil despo-jaba a nuestro país de una parte de su terri-torio con cuantiosos recursos naturales.

En otro acápite de esta historia, el Dr. Montes concurrió también a la guerra del Pacífico (1879 – 1880), como coronel, grado que había ganado por su destacada partici-pación en la batalla del Alto de la Alianza, participó también en la Guerra Civil de 1898-1899, en la batalla del segundo crucero, y después del conflicto con el Brasil, participó de la campaña del Chaco. Cumpliendo al final el destino que le trazó su convicción de patriota y vehemente defensor de su patria. Con mucha razón Montes ha sido calificado de “tres veces héroe”,

Ismael Montes Gamboa fue dos veces Presidente Constitucional de Bolivia (1904 – 1909 - 1913 – 1917). Falleció en La Paz el 16 de octubre de 1933 a causa de una enfermedad contraída en el Chaco, a los 72 años de edad. Había nacido en Corocoro, La Paz, el 5 de octubre de 1861.