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viernes, 7 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Las lenguas de las Tierras Bajas

La principal recopilación actualmente existente de las lenguas bolivianas es la coordinada por Pieter Muysken y Mily Crevels, con dos volúmenes ya publicados: Lenguas de Bolivia Plural Editores: vol. I, Ámbito Andino 2009 (incluyendo algunas de la Amazonía del pie Andino, como el Leco); y vol. II, Amazonía, 2012, más otros dos en proceso en Holanda III Mojeño, Bésiro/Chiquitano y Chaco y IV Temas generales.

El panorama precolonial era mucho más complejo que el actual y es aún muy hipotético. Los mencionados estudiosos piensan que del foco amazónico nor boliviano, donde persisten bastantes lenguas aisladas y en serio peligro de extinción, podrían haber surgido algunas de las actuales familias lingüísticas de Sudamérica, incluida la tupí guaraní que, en la Bolivia actual ya sólo está presente por migraciones posteriores de la lengua guaraní ya evolucionada, en períodos más cercanos e incluso coetáneos con la Conquista.

Lo que de la situación presente podemos colegir es lo siguiente: Varias de ellas pertenecen a familias lingüísticas mayores extendidas por otros varios países de Sudamérica, de las que en la Bolivia actual prevalecen.
  • (tupi-)guaraní (con los GUARANÍ*, guarayu, sirionó, yuki y tapieté*), sobre todo en el Chaco y Oriente;
  • arawak (Mojeño trinitario e ignaciano y baure) en la Amazonía central y que está en otros países amazónicos e incluso más al Norte;
  • takana (araona, takana, ese ejja* y cavineño) en menor grado, también en nuestra Amazonía Norte,
  • pano (chácobo, pakawara*, yaminawa* y cavineño).
  • Hay además numerosas lenguas o algunas mini-familias aisladas, como la ayoreo/zamuco* y weenhayek/ wichí (antes “mataco”)* en el Chaco;
  • besiro/chiquitano, en el oriente;
  • Y, en diversas partes de la Amazonía: chimán/mosetene, movima, yurakaré, canichana, cayuvaba, itonama, leco y quizás algunas otras casi extinguidas.

Las que tienen asterisco tienen hablantes tradicionales (aparte de emigrantes recientes) en ambos lados de la frontera con alguno de los países colindantes. Limitándonos a su presencia en Bolivia, según el censo de 2001, la lengua más hablada era el guaraní 58000 hablantes. Sólo otras siete (aquí subrayadas) superaban los mil habitantes y las cuatro además en negrilla tenían entre 2000 y 9000. Pero, además, en muchas partes de las Tierras Bajas las lenguas originarias actualmente más habladas son el quechua y, en menor grado, el aymara por inmigrantes llegados de la región andina.

Xavier Albó, elaboración para este tomo, 2013.

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Diversidad cultural y lenguas originarias

Aunque no existe una relación mecánica entre lengua y nación o grupo étnico, la diversidad y distribución de las lenguas originarias da una interesante base para establecer la diversidad cultural. Gracias a muchas investigaciones entre las que sobresale la obra de Alfredo Torero (1972/1992) tenemos un panorama de la sucesión de lenguas y culturas en los Andes, lenguas que van superponiéndose en el tiempo pero sin eliminar necesariamente a la precedente. Asimismo, aunque se conocen las principales lenguas también estamos conscientes de que hubo muchas otras que se perdieron en el tiempo. Las lenguas que sobrevivieron hasta el periodo colonial son la uruquilla, puquina, aymara y quechua en las tierras altas y valles. Sabemos que yampara y chuis en Chuquisaca y Cochabamba tenían lenguas propias, que se terminaron perdiendo, lo mismo que la lipe, atacameña y cunza en el altiplano seco del sur. En las Tierras Bajas el panorama es complejo con la presencia de algunas familias lingüísticas como la tacana, mataco, zamuco, pano, chapacura arawak y tupi - guaraní de la que se desprenden otras menores. Existen además otras lenguas de familia lingüística aislada o que carecen de familia lingüística conocida.

En las tierras altas y hasta donde se conoce, la lengua más antigua fue la uruquilla hablada por los urus aún hoy en día. Más tarde aparece en el escenario andino la lengua puquina hablada en el altiplano y hacia los valles orientales y occidentales de la cordillera. Confirmando lo afirmado se halla alguna toponimia en puquina en Arequipa, Charazani, la actual ciudad de La Paz y también en Chuquisaca. Gracias al catecismo en legua puquina del cura Francisco de Oré en el siglo XVII se estableció una relación entre las leguas puquina y kallawaya; Torero encuentra un 41.26% de raíces vinculadas entre ambas lenguas; cuando compara el puquina con otras lenguas originarias establece que el 33.73% comparte raíces con el quechua y el 26.98% con el aymara y sólo el 3.96% con la lengua uru-chipaya. Fuera de estas lenguas de gran difusión existieron un número de lenguas locales menos conocidas que terminaron perdiéndose.

Torero logró establecer además algo sumamente importante: durante el apogeo de Tiwanaku, la lengua preponderante en la región del lago Titicaca era precisamente la puquina. Esto no desecha que también se hablara aymara y uruquilla evidenciando una interesante diversidad lingüística en la región del Titicaca y parece estar ausente en los actuales departamentos de Oruro y Potosí; es más en la región de Potosí en el siglo XVI aparece solamente el aymara.

Más moderno que los anteriores es el aymara, uno de los tres dialectos (aymara, jaqaru y cauqui) de la lengua aru. Sobre ella se tiene la hipótesis que tuvieron su origen en la costa central del Perú. El aymara fue abarcando cada vez más zonas del el altiplano boliviano siendo fuerte especialmente en sector occidental del lago Titicaca y hacia el Sur de la actual Bolivia. Su extensión hasta el Cusco fue gracias al Imperio Wari (Torero, 1972). Y su difusión se debe en buena parte el tráfico de los caravaneros que circularon por la región intercambiando no solamente bienes materiales sino culturales.

El ámbito espacial del aymara ha cambiado en el tiempo, ganando algunas zonas y perdiendo otras. Por ejemplo en una parte de Cochabamba y Potosí se hablaba aymara y su quechuización data del siglo XIX (Albo, 1980). En Chuquisaca se hablaba una lengua particular, hoy perdida, pero hay toponimia puquina. De hecho, hubo muchas más lenguas y dialectos hoy perdidos a favor del quechua y el aymara.

El quechua ingresó a territorio boliviano inicialmente con los incas que lo promovieron como parte de su política expansiva. Primero la hablaron las autoridades locales, los caciques y su familia, pero desde el siglo XVI los españoles contribuyeron a su difusión gracias al trabajo minero, la constitución de haciendas y sobre todo a la evangelización. Es gracias a esta última que se escribieron los vocabularios en aymara y quechua antiguos.
En el altiplano Sur se encuentra una diversidad lingüística dependiendo del periodo. Hacia el siglo XVI en Lípez y Atacama se hablaban las lenguas lipe, cunza, atacama, uruquilla, aymara y quechua. Esta diversidad además está apoyada por la alta movilidad de estas poblaciones de llameros y urus. Entender que la lengua es un elemento cultural vivo es indispensable para poner en perspectiva los procesos históricos e identitarios.
Una situación similar se observa en las Tierras Bajas, donde la distribución de las lenguas, datos históricos y arqueológicos sugieren un proceso acelerado de desintegración social y división étnica. Este proceso parece haber estado acompañado por movimientos masivos de población entre regiones distantes. Alrededor del Rio Beni y en las orillas de los ríos Matos y Apere se asientan grupos pequeños y móviles muy similares a los modernos pano, chapacura y tacana. En contraste, en el área central de los Llanos de Mojos registros etnohistóricos sugieren la existencia de grupos mayores, con fuerte integración política, como es el caso de los mojo y los baure.
Actualmente no tenemos suficiente información acerca de cuál es la historia detrás de esta distribución. Desde el punto de vista lingüístico se trata en su mayoría de grupos con lenguas relacionadas de raíz arawak lo que sugiere un origen común. Sin embargo, más allá de los datos lingüísticos es interesante pensar cuál es su relación con la desintegración de las grandes culturas agrícolas de los llanos y con la penetración inca en la zona.

Mucho mejor documentado está el masivo movimiento de población en la región Sureste de Bolivia. Desde el siglo XVI la región de Chiquitos en el departamento de Santa Cruz está dominada por la incursión de grupos con lenguas de raíz tupi-guaraní, algunas de las cuales se movilizaron hacia los Llanos de Mojos en tiempos históricos, como es el caso de los sirionó. El chaco está poblado por grupos cazadores de la pampa de la sub-familia Mataco, como por ejemplo los weenhayek y zamuco.

jueves, 6 de enero de 2022

Ponce Sanginés e Ibarra Grasso, dos perspectivas diferentes

Hemos querido enfatizar en dos personalidades que influyeron mucho en los estudios de arqueología de mediados del siglo XX. Aunque no son los únicos, interesa comparar sus figuras, pues dedicaron sus esfuerzos a dos concepciones diferentes pues mientras Ponce Sanginés contribuía a reforzar la idea de un Estado centralizado e incluso llamó “Imperio” a Tiwanaku, Ibarra Grasso se ocupó de los Desarrollos Regionales.

Carlos Ponce Sanginés

Biografía

Nació en Bolivia en laciudad de La Paz el 6 de marzo de 1925; se dedicó a la arqueología, a la historia y fue restaurador. Pionero en las investigaciones principalmente de las ruinas de Tiwanaku.  Se desempeñó como jefe del Instituto Indigenista Boliviano en 1952. Fue posteriormente Director de Excavaciones de Tiawanaku (1957). 
Creó en 1958 el “Centro de investigaciones arqueológicas Tiwanaku” en Bolivia. Fue Director del Instituto de Investigación Arqueológicas ( 1958). En 1964 descubrió en Tiwanaku una de las estelas mejor conservadas de esa cultura a la que luego se conoció como “Monolito Ponce”. Fundador del Instituto Nacional de Arqueología (1975). Restauró el templo de Kalasasaya e inició las excavaciones en el sitio de la Pirámide de Akapana. Consiguió la declaratoria de las ruinas de Iskanwaya como monumento nacional de Bolivia. En 1975 fundó el Instituto nacional de Arqueología de Bolivia. Entre sus galardones se encuentran: El Premio Nacional de Cultura (1977), Pergamino al Mérito de la Alcaldía de Tiwanaku (1989), Condecoración del Puma de Oro (1986), Condecoración Medalla de Oro (1978), Hijo Predilecto de Samaipata (1974) y Condecoración Pedro Domingo Murillo (1971). Finalmente en su lecho de muerte recibió el Cóndor de los Andes.

 Murió en su ciudad natal el 18 de marzo de 2005.

Principales obras

  • Cerámica tiwanakota (1948)0
  • Arqueología boliviana (1957)
  • La Cerámica de Mollo y la Escultura de una Piedra Chiripa (1963).
  • Tunupa y Ekako (1969).
  • Catalogación del patrimonio arqueológico de Bolivia (1974).
  • Tiwanaku: espacio, tiempo y cultura (1981)
  •  Tiwanaku: 200 años de investigaciones arqueológicas (1999).
  • Arqueología política. Tiwanaku un Estado precolombino (2000)
  • Los jefes de Estado de Tiwanaku (2000)
  • La cultura Tiwanaku y el sistema socio cultural prehispánico (ensayo, 2003)
  • Tiwanaku (2003)

Dick Ibarra Grasso

Biografía

Nació en Argentina en Concordia, Entre Ríos, 17 de enero de 1917. Su estudio exploró la posibilidad de colonización de las Américas por varios grupos étnicos antiguos.

Arribó a Bolivia en 1940; a sus 26 años, su primer lugar de destino fue Potosí. Llegó buscando la existencia de una escritura ideográfica andina que había visto mencionada en textos de Nordenskiold, Tschudi y Wiener. En 1963 creó la Escuela de Antropología y Arqueología, la primera en Bolivia y la tercera en Latinoamérica con 18 estudiantes. Sin embargo, no se logró homologar el nivel
de licenciatura de la nueva carrera por problemas de personal y de financiamiento.

Junto a sus estudiantes realizó muchas veces trabajo de campo obteniendo abundante material arqueológico (tejidos, objetos de piedra, cerámica) que incrementó notablemente la colección del Museo de laUMSS. Ibarra y sus estudiantes trabajaron en Mizque, Aiquile, Omereque,Tiwananku, Incarrakaye Incallajta. Fundó tres museos arqueológicos: el de la Casa de la Moneda de Potosí (1940), el de la Universidad San Francisco Xavier (1944), y el Museo Arqueológico de la UMSS(1951). La Universidad Mayor de San Simón le otorgó el Doctorado Honoris Causa y el Estado boliviano el Cóndor de los Andes. Retornó a Buenos Aires donde murió el 13 de julio de 2000.

Principales obras

  • La escritura indígena andina (1953) Tiahuanaco (1956)
  • Mapa arqueológico de Bolivia (1962)
  • Lenguas indígenas de Bolivia (1964)
  • Prehistoria de Bolivia (1965)
  • Argentina indígena y prehistoria americana (1967)
  • La verdadera historia de los incas (1969)
  • Ciencias astronómica y sociología incaica (1982)
  • Restos líticos y cerámica en el Sur de Bolivia (1991)
  • The Ruins of Tiahuanacu Parte I,II y III (1959)
  • Arqueología Boliviana (1952)
  • New Archaeologica lCultures from the Departaments of Chuquisaca, Potosí and Tarija, Bolivia (1953)
  • Descubrimientos Arqueológicos en Potosí

miércoles, 5 de enero de 2022

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Los Señoríos y la ausencia del Estado

Si durante el periodo de Tiwanaku hubo en el altiplano un Estado cuya ideología se expandió con más o menos fuerza por toda el área, en el siguiente periodo encontramos unidades que es difícil denominarlas como Estados, no solamente porque tenían un carácter más restringido en cuanto al territorio, población y organización social sino que no tuvieron las instituciones que forman un Estado propiamente dicho. Siendo en gran medida pueblos pastoriles con la necesidad de moverse constantemente en el espacio tienen la tendencia a la autodeterminación en los aspectos básicos de su vida (económica, ritual, política…) lo que en cierta medida entra en contradicción con una organización estatal centralizada y territorializada (Khasanov, 1994; Barth, 1976). Sin embargo la participación en rutas de intercambio obliga, por lo menos a parte de ellos, a manejarse con un tipo de organización que tiene muchos atributos de los Estados: regulación de ciertas normas y soberanía interna necesaria para su desenvolvimiento.

En este periodo tuvieron lugar cambios profundos; es posible constatar en diversas regiones (valles de Chuquisaca, región intersalar, Potosí…) un importante aumento demográfico, mayor extensión de tierras cultivadas así como el uso de terrazas de cultivo y de canales de riego. También son evidentes el incremento de la construcción de pucaras o sitios defensivos y la presencia de enterramientos en chullpares que es la materialización del culto a los antepasados. Estos cambios, asimismo produjeron otros de carácter menos evidente como la forma de organización social que implicaban. La propuesta de Nielsen (2006) para la región circumpuneña y que se podría extender hacia el resto de los Andes, es que constituyeron prácticas de gobierno descentralizado y apropiación corporativa de recursos. Esta forma de ejercicio del poder y apropiación de recursos podría reflejarse en la organización segmentaria en ayllus que se evidencia en la documentación colonial temprana y que proviene de una larga data.
Los Señoríos se caracterizan por el dominio que ejercían sus autoridades sobre una población organizada en una cantidad variable de grupos de parentesco o ayllus que ocupaban un territorio básicamente en el altiplano pero con dominio discontinuo en otras ecologías, lo que John Murra (1975) ha llamado “control vertical” y Ramiro Condarco (1971) “simbiosis interzonal”. Aunque se conoce menos. La situación en las Tierras Bajas, parece ser un periodo de masivos movimientos de población estando ausente algún tipo de organización estatal.

En el altiplano, las autoridades de los Señoríos ejercían el poder gracias a líneas de descendencia de un antepasado mítico heredando el cargo en líneas paralelas que iban de padre a sobrino, o hermano para luego retornar al hijo. El ejercicio de la autoridad era considerado como la consecución de un camino, taki, que implicaba haber seguido una serie de cargos menores hasta llegar al de mallku. Este señor étnico ejercía el cargo de manera paralela a su “segunda” o yanapaco que normalmente era la autoridad de una “parcialidad” secundaria denominada urinsaya. La parcialidad principal se denominaba aransaya, aunque según las zonas los términos podrían variar y también la organización dual pues a veces se organizaron en tres segmentos.

La independencia que se observa en cada uno de estos Señoríos, que no está sujeto a un poder superior, va a ser una de las particularidades de más larga duración entre los pueblos del altiplano. En este sentido el posterior dominio inca fue posible gracias a que incorporó bajo su Estado a grupos con un margen interesante de autogobierno y autosuficiencia. En el periodo colonial se pudo seguir una serie de estrategias de las poblaciones locales en busca de esta autonomía aun bajo las imposiciones de la Corona española.

¿Cuál es el término que mejor define a estas unidades sociopolíticas? ¿Denominamos “reino”, “señorío”, “nación”, “curacazgo”? Las ciencias sociales y las humanidades encuentran que los límites del lenguaje son, al mismo tiempo, los límites discursivos donde la complejidad del mundo social sobrepasa la capacidad expresiva 104 DE LOS ORÍGENES A LA CONSTRUCCIÓN DE LOS ESTADOS PRESHISPÁNICOS / TOMO I del lenguaje convencional. Para referirse a las especificidades del mundo andino es preciso plantearse el problema de la originalidad social del mismo así como sus similitudes con realidades en otras partes del mundo. Señorío, queda como un término relativamente más adecuado, que enfatiza en el poder de un señor, entendiendo que el proceso andino tampoco es único en el mundo y tiene puntos en común con el desarrollo histórico que tuvo lugar en otras partes del planeta. Aquí tiene lugar un sistema de autoridades que gobernaron a un grupo social, más o menos numeroso, ubicado en un territorio dado sin llegar a constituir un Estado. La expresión “desarrollo regionales” tiene una mayor aceptación entre los arqueólogos, pues hace énfasis en procesos más ligados a la cultura material más que a la política y se aplica con mayor facilidad al discurso arqueológico, además el término es tan amplio que podría aplicarse a otras épocas. Finalmente Intermedio Tardío corresponde a una cronología arqueológica planteada en horizontes culturales por Rowe en los años ’50 pero sigue en vigencia.

Señoríos y Desarrollos Regionales (1000/1100- 1440 d. C.) - Introducción

Tiwanaku se presenta en la historia prehispánica como uno de los mayores logros culturales de los Andes, representa una etapa donde se consolida un poderoso Estado con particularidades específicas. Probablemente los términos que mejor lo definen son un Estado segmentario con diferentes niveles de inclusión en cuanto a su organización y teocrático en cuanto a su carácter. Después de aproximadamente 700 años de desarrollo e influencia no sólo sobre el altiplano, sino sobre costa y valles, Tiwanaku se fue desintegrado aproximadamente entre los años 1000 y 1100 de nuestra era. Cuando Tiwanaku había desaparecido, hacia el año 1250, cerrando un ciclo devastador, tuvieron lugar movimientos telúricos en el Sur del continente así como una fuerte sequía a tal punto que se secó el río Desaguadero. Es durante esta etapa de desintegración y sequías que se desarrolló el periodo llamado Intermedio Tardío, o Desarrollos Regionales por la arqueología y de los Señoríos por la etnohistoria. 

 Sin embargo, la desintegración de Tiwanaku no afectó de igual manera a todas las regiones pues su influencia en regiones como Oruro o el Norte de Potosí no fue definitiva, por tanto en esas regiones no se observa un corte abrupto sino una complejización de un periodo Intermedio Temprano a otro Intermedio Tardío. Lo que parece ocurrir en regiones tan diversas como la región del lago Titicaca, la ubicada entre los salares de Uyuni y de Coipasa, el Sur de Potosí, los valles de Chuquisaca e incluso los llanos de Mojos es el incremento de la población y un cambio en el patrón de asentamientos. En el altiplano lo común es la utilización de sitios de altura fortificados y es posible que incluso en el Beni hubiera alguna forma de protección mediante fosos o canales.

La discusión acerca de las causas de la desaparición de Tiwanaku ha incentivado mucha investigación y debate pero también especulación. Lo cierto es que después de Tiwanaku encontramos un escenario distinto en el altiplano: ya no es una unidad política centralizadora sino más bien los llamados reinos o Señoríos o Desarrollos Regionales. Es decir una serie de unidades políticas menores con territorio y autoridades claramente delimitados aunque no necesariamente iguales a las encontradas por los españoles y que se conocen por fuentes etnohistóricas.
Otro elemento que parece común a estas formaciones sociales aunque fueran de distintas ecologías es su constante interrelación y circulación además de una explosión de identidades expresadas en una infinidad de estilos cerámicos como se verá en el detalle de cada unidad social. En este sentido es sumamente importante subrayar el rol que jugaron los camélidos particularmente la llama como el producto más importante de la puna, no solamente porque proporcionan fibra y carne sino particularmente por servir como animales de carga y permitir una profusa circulación de bienes materiales y simbólicos. Varios autores (Troll, 1958; Browmann, 1991, 1990 y Núñez y Dillehay, 1995) llamaron la atención sobre la contribución de los rebaños en la conformación de la cultura andina. Estos últimos resaltaron los ejes de intercambio interregionales que facilitaron la difusión de ideas y de técnicas en una vasta cadena productiva, la cual ponía en contacto a los pueblos de distintas ecozonas y presentaban una gran diversidad de organizaciones socio-políticas”.


martes, 4 de enero de 2022

Tiwanaku (500-1100 d.C.) - Consideraciones finales

Tiwanaku fue un Estado de la zona centro-Sur andina, en la época prehispánica, que se extendió e influyó sobre un amplio espacio que comprendía zonas altas, valles, costa y Tierras Bajas. Tuvo su época de mayor esplendor a partir del siglo VIII y continuó hasta desintegrarse a principios del siglo XII. Se inició en la época del Formativo Medio, desde un núcleo ubicado en el altiplano, muy cerca del lago Titicaca. Comenzó como una de las varias formaciones sociales que vivieron en ese período en el entorno del lago y que tuvieron probablemente características similares expresadas en la tipología de sus construcciones y en el estilo de la iconografìa de la piedra tallada. Más adelante, el sitio inicial se convirtió en un complejo ceremonial que gravitó sobre la zona, transformándose en un centro alrededor del cual se tejieron relaciones entre diferentes sociedades, con estructuras cada vez más complejas y que se configuraron como una formación estatal, en la que se incluían diferentes grupos, y con diferentes estratos sociales. La producción material en todo este territorio fue amplia; sus construcciones, formas, diseños, colores y símbolos tuvieron rasgos en común que marcaron un estilo característico y que expresaba contenidos de visión de mundo, pensamiento e ideología, desarrollados a lo largo de siglos en la zona del Titicaca. Tiwanaku fue el Estado prehispánico más importante al Sur del lago Titicaca.

Tiwanaku (500-1100 d.C.) - Desintegración de Tiwanaku

 Cerca al año 1150, Tiwanaku se desintegró como Estado y los estudiosos aún no se han puesto de acuerdo sobre las causas de este colapso. Posiblemente la desintegración de Tiwanaku como centro y la ruptura de sus mecanismos de cohesión se dieron porque, en un momento determinado, Tiwanaku dejó de cumplir con su rol cohesionador debido a factores que llevaron a la desintegración entre los diversos grupos que lo conformaban, como consecuencia de diferentes causas internas o del medio ambiente. Probablemente surgieron después estrategias de subsistencia regionales; el territorio estatal perdió cohesión y los conocimientos sofisticados comenzaron a ser dejados de lado para aplicar todos los esfuerzos a la tarea de sobrevivir a escala más reducida, territorial y organizativamente. Desde ese momento se produjo, posiblemente, un proceso inverso, que iba desde un desarrollo urbano hacia concentraciones poblacionales menos complejas.

Es probable que los cambios climáticos, con un largo período de sequías que afectaron la base económica, hayan influido en este proceso de desintegración. Esto, sumado a una serie de contradicciones sociales internas, pudo dar lugar a la progresiva disgregación de sociedades que habían estado adheridas e integradas anteriormente. Se propuso también que pudo tratarse de catástrofes climáticas asociadas a una desintegración política (Ponce, 1980) o de invasiones desde el Sur (Gisbert, 1987).

Este proceso ocurrió alrededor de los años 1000 y 1100 d. C., pero posiblemente había empezado ya un siglo antes. Las últimas investigaciones sostienen que tuvo lugar en las áreas periféricas, como en Azapa (Arica, Chile), donde las tumbas de la élite local fueron destruidas, y en Moquegua, donde también pudo haberse producido la destrucción de edificaciones. Hacia el siglo XII, el núcleo había sido abandonado en un proceso iniciado, al parecer, hacia el año 900. Según Albarracín y Matheus (1990), el número de asentamientos más pequeños se incrementó en la última fase de Tiwanaku. Después del fin de Tiwanaku, se perdieron muchas de las técnicas materiales y de las prácticas económicas, que ya no eran posibles fuera de un contexto estatal, sin embargo, el sistema de camellones (sukakollos) siguió en uso unos dos siglos después del fin del Estado.

La fuerza de la cultura y los logros de Tiwanaku dejaron una huella imborrable en las sociedades posteriores de la zona andina. La cultura incaica, posiblemente la más conocida de toda Sudamérica, no quedó al margen de esta influencia. Algunos mitos de origen de los incas sitúan el surgimiento de su civilización en el lago Titicaca y, además, sus gobernantes convalidaban su legitimidad considerándose herederos de la cultura de Tiwanaku. De esta manera , el corto lapso de dominio incaico en la zona andina (poco más de un siglo, hasta la llegada de los europeos en 1532) quedaba conectado en el imaginario colectivo con un proceso de larga duración y prestigio en toda la región, representado por Tiwanaku. Muchos de los logros que por décadas se consideraron incaicos habían sido ya desarrollados por los tiwanakotas, como las terrazas de cultivo (takanas). Incluso los llamados “caminos del Inca”, la red del Capac Ñan, son muy anteriores a esta época. Tanto en la cosmovisión como en la iconografía, los incas recogieron también la experiencia de Tiwanaku, que provenía también de la experiencia desarrollada por sociedades de épocas anteriores en la región. La dualidad, la cuatripartición, el ordenamiento del espacio y el tiempo, el aprovechamiento de diferentes pisos ecológicos, las redes de alianza con grupos étnicos distantes, al igual que símbolos como la cruz escalonada, la arquitectura monumental, el trabajo en la piedra, la tecnología textil y la forma de la vestimenta son solamente algunos de los elementos que los incas heredaron y que, a su vez, Tiwanaku recibió en parte de las sociedades que la antecedieron, transformándolos creativamente en función de las necesidades de su época y de sus formaciones sociales.