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domingo, 27 de abril de 2014

Homenaje a Alberto Paz Soldán, héroe de los cielos

REMEMBRANZA | EL ÚLTIMO PILOTO DE LA GUERRA DEL CHACO HA MUERTO. PERO SUS HAZAÑAS Y MEMORIAS QUEDAN PRESENTES PARA LAS FUTURAS GENERACIONES QUE TIENEN LA OBLIGACIÓN DE ADMIRARLO.

Alberto Paz Soldán murió el pasado sábado 19 de abril a los 102 años rodeado de su familia. Fue un hombre que hizo todo lo que quiso en su vida, y hasta más. En septiembre de 2012, fue condecorado por el presidente Evo Morales con la Orden Mariscal Andrés de Santa Cruz, y en 2011 las Fuerzas Armadas lo condecoraron con la Medalla al Mérito en el Grado de Gran Cruz de la Orden “Coronel Eduardo Abaroa”.

Como un merecido homenaje a su memoria, reproducimos la entrevista que concedió a OH!, en la que pudo contarnos sus hazañas y además dejar en claro que los héroes siempre están un paso delante de los demás.



EL PILOTO

A sus 95 años el General Alberto Paz Soldán todavía puede volar. Lo hace cada vez que alguien golpea la puerta de su memoria, donde atesora sus experiencias como aviador en la Guerra del Chaco. En 1935 fue nombrado por el Senado, Héroe Nacional y en 1996 fue elegido Personaje Notable. Es el único sobreviviente de su escuadrón y el único de los cadetes de su generación que llegó ascender al generalato (1965). “Qué por qué me hice piloto? Porque amo el peligro”, dice en presente, mientras le brillan los ojos azules, que conservan la energía del joven piloto.

El General pone las reglas en la entrevista y habla primero de lo que él quiere hablar. Le gusta mandar y se nota. No en vano recibió durante gran parte de su vida una rígida educación militar, “prusiana, con instructores alemanes”, describe con un entusiasmo que confirma que ciertos hombres han nacido para ser guerreros. Nacido en 1911 en Cochabamba y casado con María Luisa Zegarra, también cochabambina, con quien tuvo tres hijos, Tito, Olivia y Jorge, Paz Soldán ingresó al Colegio Militar cuando apenas había cumplido 15 años. Durante más de 16 estudió becado en distintas academias de Europa y fue escogido como uno de los mejores pilotos del país. Al terminar la guerra, trabajó varios años como piloto en el Lloyd Aéreo Boliviano.

“Soy el único sobreviviente, un piloto auténtico, he volado 50 tipos de aviones, hablo quechua, aymara, italiano e inglés”. Para comprobarlo nos da la bienvenida cordial en los cuatro idiomas. Dice que aprender a obedecer las reglas que conserva hasta ahora en su vida cotidiana y que también inculcó a sus hijos, como disciplina férrea, horarios a cabalidad y ningún exceso, le ha permitido bordear el siglo, pero aunque se aprecia claramente qué es lo que determina su personalidad, también hay espacio para la sensibilidad y se emociona profundamente cuando recuerda sus días en la guerra, pero también cuando habla de su infancia junto a sus 10 hermanos. “Mi infancia fue maravillosa, teníamos varias tierras y había abundancia de alimentos: lechería, quesería, abejas; de los hermanos, tres fuimos a la guerra. Todos sobrevivimos.” Sin embargo es imposible alejarnos mucho tiempo del tema que ha sido su motor siempre: “Mi vida está plasmada en función a esa guerra enigmática y trágica que le tocó vivir a mi generación, eso ha repercutido mucho en mí, me ha educado en un nivel práctico, difícil, peligroso”.



MEMORIAS DE UN GUERRERO

Desafiando al tiempo, el General Paz Soldán tiene grabada cada una de las estrategias que su escuadrón siguió durante la guerra. Recuerda que el ejército paraguayo tenía 40 aviones y el boliviano 60, y que volaban día y noche sobre el llamado infierno verde, los arenales recalentados por la furia del Chaco donde combatían los dos ejércitos.

Los pilotos eran oficiales de alto rango. El Ejército había invertido en su formación varios miles de dólares, incluyendo becas a distintas academias militares en Europa. Paz Soldán estudió en Italia, Alemania y EEUU. “En Tiestre (Italia) hice un curso de alta acrobacia aérea, después pasé a otra sección que se llama aviación de asalto, con aviones Fiat, Breda y Caproli. Luego a la Escuela de Guerra Aérea y soy oficial diplomado en esa escuela italiana. Después fui a Alemania, para comprar aviones y volé los Junker, los aviones alemanes que quería la Fuerza Aérea Boliviana. Cuando regresé, me enviaron a Estados Unidos, estudiaba inglés en la noches y por ello pude conseguir esa beca, soy oficial aéreo graduado en ese país”.

Durante cuatro años, Paz Soldán sobrevoló lo que llama “zona del petróleo”, toda la franja petrolera de Santa Cruz, Choreti, Camiri, Cuevo, Villamontes y Yacuiba. “Eran 320.000 kilómetros cuadrados y a mis compañeros y a mí nos asignaron hacer una cobertura aérea de todo ese terreno. Yo tenía 22 años. Han habido grandes acciones en la guerra: Strongest, El Carmen, Villamontes, Campo Vía, Ballivián, Boquerón, en todas ellas yo tomé parte”.

Del alba a la penumbra, los aviones salían por turnos para distintas maniobras como informes, fotografía aérea, croquizado aéreo, bombardeo, transporte, enlaces, etc. “Los aviones son los ojos del comando, el servicio que se llama inteligencia aérea. Cada día volábamos programados de uno a dos aviones. En el Altiplano esa exploración se hacía con caballos, pero cuando los llevaron al Chaco no sirvieron, así que entraron los aviones a reemplazar a la caballería”, explica. Los aviones que se piloteaban eran costosos, algunos con un valor de 50.000 dólares de ese entonces, equivalentes aproximadamente a un millón de ahora. Los pilotos debían manejar perfectamente esas máquinas. ¿Cuál era el secreto para poder pelear volando?, el General es tácito: “el piloto tiene que tener un don que le da la naturaleza, podía ser un hombre muy inteligente, pero sin ese don, no podía volar. Yo fui favorecido por la naturaleza y así da la casualidad de que soy el único sobreviviente de mi escuadrón, los demás murieron en tierra o en aire. La artillería antiaérea bajó a cuatro de mis compañeros en Villamontes”.

Pero no es una casualidad la sobrevivencia del viejo soldado, sino el resultado del éxito que tuvo con la estrategia que usaba para combatir: “atacaba a los aviones enemigos por la cola, me colocaba atrás, un poco alto, y los bombardeaba, unas veces los batía, otras escapaban, a mí casi me matan una vez porque me perforaron las alas y el fuselaje. Cuando llegué a la base, tenía 16 impactos de bala. Bombardeábamos objetivos lucrativos, fortines, camiones que llevaban tropas, que llevaban agua, columnas de carros tirados por bueyes”, se entusiasma. “En los combates aéreos hay que tener valor, hay que tener conocimiento táctico, hay que ser un profesional, el sol tenía que darme en la espalda y yo atacar por la cola y disparar, si bajas o te bajan, esa es la suerte. Casi caí prisionero cuando estaba aterrizando en una base en Picuiba, que no sabía que había sido tomada por los paraguayos, ellos tenían sombrero y los bolivianos teníamos gorras, mi observador me informó de que habían tomado la pista los paraguayos por ese detalle, así que le metí a todo motor, despegamos de nuevo y escapamos por gracia de Dios”, sonríe.

Por cierto, Paz Soldán tampoco fue herido ni hecho prisionero. Salvo por una bala que le arrancó el tiro de su anteojo de aviador, pudo salvarse varias veces. “Te nombran Héroe por una suma de varias hazañas, en mi caso por varios combates aéreos en Picuiba, en Algodonal, muchos de estos combates, junto a valerosos pilotos, eran vistos por los vecinos desde sus casas. El peligro era continuo, en tierra con combates a bayoneta, en el aire con batallas aéreas donde el peligro empezaba cuando comenzaba a girar la hélice del avión”.



UNA VIDA DE ORGULLO

El viejo General, que vive ahora en el barrio de Irpavi en La Paz al cuidado de uno de sus hijos, asegura ser uno de los pocos beneméritos que no tiene quejas económicas, “en términos generales, los beneméritos de la Guerra del Chaco, la clase tropa, se queja de miseria, de una pensión pobre, de mala atención médica, aunque yo no me puedo quejar porque vivo bien nomás, tengo una pensión vitalicia”. Paz Soldán, tío del escritor Edmundo Paz Soldán, también ha escrito varios libros, entre ellos Conducción de la Guerra del Chaco y Poder Aéreo, además de varios análisis militares y tácticos de esa contienda, y está por presentar una publicación que todavía guarda en secreto y que lleva a cabo con la complicidad de su hijo Jorge.

El General sabe que ha llegado el momento de hacer un balance de su vida, y está satisfecho con ella, “he llevado una vida pura y sacrificada, de respeto a la Patria y de honradez. En la guerra me he preocupado mucho para que mis subalternos no caigan prisioneros por irresponsabilidad o falta de habilidad mía. Nunca he permitido que mueran ni caigan prisioneros por mi culpa porque tenía la capacidad suficiente de protegerlos”, sostiene orgulloso. “Me hice aviador porque Dios quiso y porque me gustaba el peligro. Me sentía feliz volando solo sobre ese océano aéreo que era el Chaco”, recuerda. Para el veterano soldado la milicia es un apostolado, “es entregar tu vida al Estado y si mueres, mueres. Además tienes que ir a la guerra con la voluntad de combatir y de morir, sin miedo”. Y si hay algo que le ha faltado toda su vida a este hombre es, definitivamente, miedo. Eso es lo que hace a un héroe.



"atacaba a los aviones enemigos por la cola, me colocaba atrás, un poco alto, y los bombardeaba, unas veces los batía, otras escapaban, a mí casi me matan una vez porque me perforaron las alas y el fuselaje"

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