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miércoles, 8 de diciembre de 2021

Tiwanaku (500-1100 d.C.) - Introducción

La zona del altiplano Norte de la actual Bolivia fue un espacio privilegiado para el desarrollo de grupos humanos desde épocas muy tempranas debido a su ubicación en medio de dos ramales de la cordillera, entre la costa y del piedemonte amazónico y con la presencia central del lago Titicaca. A finales del Pleistoceno, un lago cubrió gran parte del altiplano llegando hasta los actuales salares de Coipasa y Uyuni. Esta antigua formación del lago, al que los científicos denominaron Mataro, tuvo un nivel de aguas 140 metros por encima del nivel actual del Titicaca. Más tarde, este lago se fue reduciendo hasta una última fase antigua, el lago Tauca, hace 13000 años. El lago Titicaca actual es el resultado de ese proceso. La presencia central del lago en esta zona del altiplano hizo que el hábitat fuera apropiado para la existencia de distintas especies animales y vegetales y para el desarrollo de la vida humana; así, desde épocas muy tempranas, diferentes sociedades aprovecharon los recursos acuáticos (peces, plantas, aves, huevos) y los terrenos aledaños para la recolección de plantas y, más adelante, para su domesticación, en la agricultura y la cría de animales. Los deshielos de los nevados de la cordillera que proveían agua y la existencia cercana de cerros donde se refugiaban distintas especies animales favorecieron inicialmente la cacería y luego la ganadería. En esta zona, grupos humanos de cazadores, pescadores y recolectores establecieron campamentos de residencia temporal, dirigiéndose estacionalmente a diferentes zonas ecológicas en busca de variedad de productos naturales, controlando esos territorios o estableciendo relaciones con los grupos locales que los controlaban, generando y ampliando paulatinamente las redes sociales.

Durante siglos, la experiencia en el manejo de recursos y el conocimiento de la geografía, del clima y de sus indicadores y de la astronomía, que permitían comprender y anticipar estos ciclos, llevaron a desarrollos cada vez más complejos que implicaron tecnología, organización social, pensamiento, visiones de mundo y religiosidad, que se integraron y que se expresaron en prácticas en la vida cotidiana y ritual.

Algunas de estas sociedades de los alrededores del lago Titicaca se destacaron entre las demás en distintos momentos de la historia. A fines del Formativo Medio, varias formaciones sociales de la zona del Titicaca alcanzaron un alto nivel de complejidad. Surgieron templos y centros ceremoniales con características similares así como un estilo escultórico, el Yaya-Mama, que identifica a la época y a la región, y que pudo ser el mecanismo principal que llevó al surgimiento de las élites y el Estado (Stanish, 2001).

Pucara declinó hacia el año 200 d. C. y Tiwanaku, que hasta ese momento había tenido un desarrollo similar, ganó prestigio e importancia y se convirtió en un eje aglutinador en torno a su centro ceremonial, transformándose en una formación social y política más compleja, en un Estado. Durante más de cinco siglos, Tiwanaku conglomeró bajo su ideología, culto y organización a sociedades de una amplia región, aunque su presencia en el altiplano, valles y costa no fue resultado de conquistas militares.

El actual sitio arqueológico de Tiwanaku, lugar que fue el núcleo de este Estado, se encuentra a una distancia de 20 Km. del lago Titicaca, en un valle flanqueado al Sur por la cordillera de Quimsachata con tres picos que sobresalen en el horizonte (Albarracín, 1996), hacia el este se ve el nevado Illimani y al Oeste el Titicaca.

En el contexto de la historia prehispánica y en la cronología de la región andina, Tiwanaku ocupa una larga etapa conocida como Horizonte Medio (500 d. C. a 1100 d. C.) que se sitúa entre la época del Formativo (2000 a. C a 500 d. C.) y el período del Intermedio Tardío (1100 d. C. a 1450 d. C.), este último también se conoce como la época de los Señoríos, que fue seguida por el período de la presencia inca, llamado Horizonte Tardío (1450 a 1532-38), y que culminó con la incursión española en esta región.

Mapa de Ubicación de Tiwanacu


martes, 7 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - Las características más importantes del Formativo

 El Formativo es el periodo más amplio en la escala temporal prehispánica, ligada al sedentarismo y al desarrollo cultural y tecnológico en Bolivia, abarcando cerca de 2000 años. Las poblaciones de este tiempo desarrollaron y sentaron las bases culturales que llegaron hasta la época de los incas y que incluso se mantuvieron durante la Colonia.

  • Los avances más importantes son: Definición de la vocación productiva de los pueblos, que permite diferenciar entre agricultores, pastores, pescadores y/o cazadores, actividades que pueden ayudar a explicar ciertas adscripciones culturales que se mantienen hasta la actualidad. Estos aspectos estuvieron íntimamente ligados con el conocimiento del medio y la buena utilización de sus recursos. Por ejemplo, en la región del Titicaca las poblaciones fueron agricultoras debido al aprovechamiento de las bondades del lago y la fertilidad de la tierra; en cambio hacia el Sur se desarrollaron sociedades de pastores que aprovecharon a la llama como un recurso productivo.
  • La movilidad y el intercambio son aspectos recurrentes en todos los espacios analizados; ya sea entre los grupos alrededor del Titicaca o como entre las poblaciones de los valles o del altiplano sur. Los datos muestran niveles de interrelación permanente que son resultado de la existencia de una compleja red de intercambio interzonal que conectaba, desde períodos tan tempranos, la región de los valles mesotermos con la costa. Por otro lado, esta movilidad tuvo incidencia en la diferenciación étnica y la multiculturalidad, aspecto consolidado en los valles y presente hasta los tiempos de la Colonia.
  • Aunque en el Formativo se habla de sociedades sin Estado, los fenómenos desarrollados sobre todo en el Formativo Tardío condicionaron el devenir histórico y político de las sociedades que los sucedieron. Como ejemplo tenemos la conflictividad desarrollada en el Titicaca por la hegemonía política, la cual dio paso a la formación del Estado en Tiwanaku. Por otra parte, la pluralidad desarrollada en los valles fue el antecedente de la consolidación de organizaciones no centralizadas, pero altamente complejas.

Aspectos de igual relevancia se observan durante el periodo Formativo en las Tierras Bajas, mostrando la importancia de su conocimiento e investigación en cualquier región de Bolivia. La investigación de problemáticas específicas de este periodo ayudará a comprender los sucesos culturales posteriores, relacionados con la complejidad social y política de las poblaciones prehispánicas. Algunos de esos sucesos serán presentados en los siguientes capítulos de esta historia de Bolivia.

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - Hacia la diversidad cultural

 Al igual que en la cuenca del Titicaca, aproximadamente hacia el 400 d. C. se dio un fenómeno que cambió la dinámica existente en las pequeñas aldeas formativas. Las poblaciones constituidas muestran una tendencia a la diferenciación, probablemente étnica o de autoadscripción, que se plasma en los estilos cerámicos posteriores.

La característica que marca el denominado Formativo Tardío de los valles es el surgimiento de cerámica con decoración pintada que parece caracterizar grupos sociales étnicamente definidos. De ahí es que, por ejemplo, se reconoce el surgimiento de la cerámica Tupuraya, Mojocoya bícromo y Omereque, expresiones tempranas de la variabilidad poblacional existente en los valles interandinos durante ese tiempo. Como se ha visto, estilos como el Mojocoya parecen haberse originado en espacios de Tierras Bajas, llegando a consolidar desarrollos complejos en los valles de Chuquisaca.

En adelante, esta matriz estilística marcará la variabilidad de los valles interandinos, lo que implicará también una multietnicidad mantenida hasta los tiempos del Inca y registrada incluso en la Colonia. Lo interesante de todo el proceso es la continuidad que se observa en el desarrollo de las culturas de los valles desde el período Formativo, aspecto también evidente en el área circunlacustre, pero poco visible en el altiplano central.

En adelante, esta matriz estilística marcará la variabilidad de los valles interandinos, lo que implicará también una multietnicidad mantenida hasta los tiempos del Inca y registrada incluso en la Colonia. Lo interesante de todo el proceso es la continuidad que se observa en el desarrollo de las culturas de los valles desde el período Formativo, aspecto también evidente en el área circunlacustre, pero poco visible en el altiplano central.

Precisamente por encontrarse en áreas de contacto entre el contingente altiplánico y las Tierras Bajas, las expresiones materiales de esas poblaciones presentan influencias en ambos sentidos. Esto muestra también que dichas poblaciones fueron el eje articulador del movimiento interzonal o transversal que ha caracterizado a  las sociedades del pasado.

lunes, 6 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - La cultura Formativa de los valles

 La riqueza cultural de los valles interandinos tiene tanta profundidad temporal como la que conocemos en el área altiplánica. Esta característica ya fue advertida a mediados del siglo XX por los investigadores del Museo Arqueológico de Cochabamba, quienes la denominaron “Cultura de Túmulos”.

Al igual que Wankarani, algunas poblaciones del Formativo de los valles también reocuparon los sitios y crearon montículos artificiales donde actualmente se registran los restos materiales de sus actividades. Pero, por otro lado, también se registraron asentamientos formativos con terrazas habitacionales en las laderas de los cerros, en el piedemonte, así como en lugares planos. Gran parte de estos sitios fueron ubicados preponderantemente al sureste de Cochabamba, siendo Mizque y Aiquile las áreas donde se registraron los más importantes (Pereira y Brockington, 2005). Sin embargo, investigaciones también realizadas en otras regiones de los valles del Sur y del Oeste de Santa Cruz muestran una dinámica muy particular para el tratamiento de este período a nivel macroregional.

La cultura Formativa de los valles

Las características más sobresalientes de los sitios formativos en los valles son:

  • Asentamientos en montículos de ocupaciones sucesivas, áreas de plataformas y planicies, cuyas dataciones más tempranas se remontan hacia el 1300 a.C.
  • Identificación de una tradición escultórica, en la que predomina una especie de estatuillas antropomorfas que principalmente son representadas con ojos rasgados, característica denominada “grano de café” (Fig. 23).
  • Existencia de una tradición cerámica que en sus fases más tempranas presenta incisiones sin pintura y formas muy particulares que la caracterizan. Para las últimas fases del Formativo, dichas tradiciones se complejizan con decoración pintada, dando paso a los estilos que luego serán claramente manifestados en el período de Desarrollos Regionales Tempranos.
  • Elaboración de artefactos de metal y de piedra, los cuales son producto de un sistema de intercambio y de acceso a recursos de otras regiones ecológicas.

Los sitios más característicos en Cochabamba son Sierra Mokho, Chullpa Pata, Mayra Pampa, Conchupata, Villa Granado, Khopi, Yuraj Molino, Valle Ibirza y Sehuencas (Pereira y Brockington, 2005) (Fig. 24). En esos asentamientos está representada toda la secuencia del Formativo de Cochabamba, desde la presencia más temprana hasta lo que luego dará paso al surgimiento del estilo Tupuraya, paralelamente al desarrollo del Formativo Tardío en la cuenca del Titicaca.

Muchos de esos asentamientos fueron estudiados durante décadas y los resultados nos llevan a discutir la heterogeneidad de las poblaciones y el grado de influencia de las mismas a escala regional. A partir de excavaciones y dataciones radiocarbónicas se han establecido secuencias locales, cuyo fechado más temprano se encuentra en Yuraj Molino (1300 a.C.), como parte del Fomativo Temprano (1300-500 a.C.); luego se identifican el Formativo Medio (500 a.C.-200 d. C.) y el Formativo Tardío (200-600 d. C.). Aunque gran parte de los sitios se encuentra en Cochabamba, muestras de su relacionamiento se observan hasta los valles de Santa Cruz.

Las excavaciones y dataciones del sitio Tambo en Santa Cruz son hitos que permiten entender el Formativo de los valles interandinos. El trabajo desarrollado por Pereira y Brockington (2005) muestra una profundidad temporal que llega alrededor del 2000 a.C. Este proceso dio paso al estilo Mojocoya Monócromo, el cual es antecedente estilístico del Mojocoya Tricolor que se manifiesta en el período de Desarrollos Regionales Tempranos y que desde los valles cruceños llega hasta Chuquisaca y Cochabamba.

La cultura Formativa de los valles

De la misma forma, los trabajos desarrollados en la región Sur de Potosí por Lecoq (2001) muestran otro tipo de asentamientos del Fomativo, relacionados a la existencia de aldeas con estructuras circulares de barro o piedra, asociadas a terrazas de cultivo. En la misma línea, es relevante el trabajo desarrollado por Claudia Rivera (2011), quien establece una periodización del Formativo en los valles de Cinti y San Lucas. La investigadora establece secuencias cronológicas que identifican la presencia de asentamientos formativos asociados a antiguas áreas de caza, los cuales desde una cerámica sin pintura desarrollan estilos locales que luego serán manifestados en el período posterior. Otros asentamientos representativos son los registrados en los valles de Tarija, cuyo indicador más claro es el registro de cerámica incisa sin pintura.

En esta larga secuencia de asentamientos también se hace evidente el relacionamiento de las poblaciones del Formativo de los valles con las del altiplano, ya que en algunos de los sitios se registraron materiales muy similares a los existentes en tierras altas. Un caso bien documentado al respecto es el movimiento de cerámica wankarani hasta los valles de Cochabamba y hacia la costa, aspecto que pudo deberse a movimientos de intercambio (Gabelman, 2001; Ayala y Uribe, 2003).

Toda esa información lleva a plantear que desde un período tan temprano se dio un tipo de articulación interzonal que integraba diferentes nichos ecológicos. De ahí surge la idea de un movimiento transversal que unía los valles interandinos con la costa a través del altiplano. Probablemente, los restos altiplánicos encontrados son parte de esa dinámica, consolidada en tiempos posteriores.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - Los asentamientos más antiguos del Formativo del Altiplano

 La presencia wankarani no muestra homogeneidad regional, pues se identifican variantes locales tanto a nivel de los tipos de asentamiento como de sus expresiones materiales. Sin embargo, los fechados de los sitios muestran una permanencia de estas poblaciones entre el 1800 a. C. y el 500 d. C., con un rango de más de 2000 años de pervivencia. Ese fechado corresponde al sitio de San Andrés en Oruro, área de mayor concentración de montículos formativos (Bermann y Estévez, 1995).

Wankarani se fue dispersando, lo que permitió localizar sitios en áreas más alejadas como las registradas al Sur de Oruro. En estos casos se identificaron montículos de menor tamaño, asociados a una especie de plataformas agrícolas, como se observa en la región de Quillacas. Este hecho lleva a plantear que en los últimos tiempos de Wankarani las poblaciones también se dedicaban a la agricultura, a la par de su actividad pastoril.

En esos sitos se identificaron evidencias de artefactos foráneos como el mullu (Spondylus), proveniente de la costa Norte, lo cual indica el movimiento interregional realizado en esos tiempos (Michel et. al., 2002). Dicho movimiento se dio tanto a nivel local, como desde los valles costeños y mesotermos. Trabajos realizados en ambas áreas permiten observar la influencia de una tradición wankarani, relacionada sobre todo a la cerámica local. Este aspecto podría estar mostrando que la gente ya en el Formativo utilizaba las caravanas de llamas para acceder a recursos de otros ambientes ecológicos; dejando, a través de ellas las huellas de su presencia cultural. La afinidad de Wankarani con la representación de camélidos puede ser la explicación o prueba de que estas poblaciones utilizaban ese medio de contacto.

El Formativo de esta región del altiplano no presenta una secuencia tan claramente definida como la registrada en el área circunlacustre. Lo que se advierte más bien, y como propuesta de diferentes investigadores, son secuencias locales con manifestaciones materiales particulares (Bermann y Estévez, 1995; McAndrews, 2006; Rose, 2001). Al parecer, lo que identifica a los asentamientos wankarani es la estructuración de sus sucesivas ocupaciones en montículos y la elaborada escultura de cabezas de camélidos.

Una pregunta que queda por responder es si esta tradición escultórica estuvo relacionada a una tradición religiosa o ritual regional, como la observada en la cuenca del Titicaca.

Para los tiempos más tardíos, en la región de La Joya se identificó el complejo cerámico Jachakala, producto del contacto de la población local con Tiwanaku. Al parecer, los núcleos poblacionales wankarani fueron mantenidos hasta tiempos en que en la cuenca del Titicaca se establecía el Estado. Esto probablemente dio lugar al establecimiento de identidades locales bien definidas, período conocido como el de Desarrollos Regionales Tempranos.

En cuanto al relacionamiento interregional de Wankarani, los investigadores han propuesto la movilidad de esas poblaciones hacia los valles de la vertiente oriental, en Cochabamba (Gabelmann, 2001). Se piensa que este relacionamiento fue producto de una interacción económica por el acceso a recursos específicos, ocurrida en las fases tempranas del desarrollo Formativo de ese valle, denominado Sierra Mokho (Pereira y Brockington, 2005).

¿Urus como producto de Wankarani?

Al ser una cultura acuática y de pescadores, además de presentar rasgos tan diferentes a los aymaras, todavía no se han identificado a los ancestros culturales de los urus. Debido a la similitud de sus putucus con los restos de estructuras wankarani y a la pervivencia de una tradición de movilidad constante, se plantea hipotéticamente que los urus son los descendientes de los antiguos wankarani. Aunque este planteamiento no está comprobado, promueve mucho interés y discusión en el ámbito académico.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - La cultura Wankarani

 Esta denominación deriva de un sitio arqueológico ubicado al Sur del departamento de La Paz, el mismo que es considerado el sitio epónimo de la cultura Wankarani. Su principal característica son los montículos artificiales registrados cerca de fuentes de agua y bofedales. Dicha característica hizo que también se la denominara “Cultura de Túmulos” o de “Mounds”, como las registradas en otras partes del mundo (Ibarra y Querejazu, 1986).

Otro indicador que sobresale en Wankarani es la presencia de esculturas líticas en forma de cabezas de camélidos, llamas y vicuñas. La mayor parte son de arenisca y presentan tamaños entre 0.30 a 1 metro de altura. En ellas se observa desde un estilo naturalista hasta la estilización propia de tiempos más tardíos (Fig. 21). Como esculturas presentan un pedúnculo que hace suponer que eran clavadas en el suelo, pero se desconoce su carácter y funcionalidad. Por el simbolismo de sus representaciones, se piensa que eran estelas rituales relacionadas con aspectos funerarios.

Al parecer, las poblaciones wankarani se asentaban en determinados sitios y habían desarrollado cierta tecnología cerámica y lítica. Arqueológicamente se ha registrado una tradición alfarera sin decoración pintada, sino ocasionalmente incisa o en forma de pequeñas estatuillas. Tecnológicamente sobresale el acabado y tipo de engobe, que es un bruñido muy particular en piezas con los labios hacia el exterior, aspecto que los arqueólogos denominaron “borde coma” (Bermann y Estévez, 1995). Sus formas más comunes son domésticas: ollas y cántaros; sin embargo, también se registran algunos artefactos más elaborados, como ser estatuillas o tubos que parecen haber tenido una función de carácter ritual.

En comparación a los desarrollos de la cuenca del Titicaca, los sitios wankarani parecen ser menos complejos, presentando niveles de organización más incipientes. Este hecho se observa, sobre todo, en la escasa presencia de sitios de carácter administrativo. Sin embargo, las investigaciones realizadas en varios lugares de Oruro muestran sitios nucleados de estructuras domésticas circulares, las cuales, en algunos casos, también se encuentran asociadas a estructuras de mayor tamaño, como en el sitio La Barca (Rose, 2001) (Fig. 22). Esto lleva a presumir que se trata de áreas ceremoniales, ya que también en ellas se registraron artefactos rituales. 

Elementos de la Cultura Wankarani

Representación asentamiento de la cultura Wankarani

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - El Formativo del altiplano de Oruro

El Altiplano Central y meridional corresponde a la categoría ecológica de puna seca. Se encuentra ubicado en medio de los nevados de la cordillera Occidental y de los salares, es un lugar seco e inapropiado para el desarrollo de la agricultura (Fig. 19). Este hecho parece haber influido para que las poblaciones de cazadores se especializaran en la actividad pastoril, en la que se tiene a la llama (Lama glamma) como especie emblemática.

Datos generados en diferentes lugares de los Andes Centrales y de los Andes Centro-Sur indican que el proceso de domesticación de la llama se dio en lugares diferentes y en tiempos sucesivos. La información más conocida indica que en la sierra peruana se domesticó la llama hace 5500 años (Wheeler, 1998); otros estudios plantean, sin embargo, que los camélidos fueron domesticados hace 4000 años en Atacama (
Dransart, 1999) y el Noroeste Argentino (Yacobaccio, 2003), lo que lleva a suponer que en ese intervalo del proceso surgieron las sociedades pastoriles, más o menos hace 3000 años (Ibid.).

Esta tendencia productiva probablemente se extendió por el resto de los Andes y se consolidó como la principal característica para los habitantes del altiplano central. Esa actividad, junto a la cacería de vicuñas y guanacos, probablemente representó la base productiva de las sociedades del Formativo en esta región.

Paralelamente, el proceso consolidado de la sedentarización posibilitó la construcción de aldeas, cuyos espacios fueron reutilizados y sobrepuestos continuamente por cerca de 2000 años. El proceso de reutilización del espacio dio lugar a montículos artificiales, construidos por siglos, que llegan incluso a los 15 metros de altura y que ahora son los testigos de la presencia cultural de ese tiempo.

No tan elaborada como la cerámica del Titicaca, la alfarería del Formativo en el Altiplano Central presenta características muy particulares y está más relacionada al ámbito utilitario. La distribución de ese material demarca un área de expansión que más adelante llevó a considerar la existencia de la llamada cultura Wankarani (Fig. 20). Esta distribución comprende parte del Sur de La Paz y el departamento de Oruro, identificándose su influencia hasta los valles de Cochabamba.
El Formativo del altiplano de Oruro

Cultura Wankarani