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jueves, 19 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Curiosidad tecnológica

Son muy conocidas las estatuillas de oro y plata ofrendados en tiempos del Inca al lago Titicaca dentro de urnas de piedra, como las que se observan al lado derecho de la fotografía. Algunos de estos preciosos ejemplares se conservan actualmente en el Museo del Oro de la ciudad de La Paz. Estas piezas muestran la habilidad de los orfebres de la época por la representación de esculturas antropomorfas en posiciones específicas.

Sin embargo, la pieza de madera del lado izquierdo, procedente de Nueva Guinea y registrada en la colección etnográfica de Ralf Buschardt - Berlin (2014), nos muestra mucha similitud con los ídolos de oro. La escultura corresponde a un bastón, cuya terminación es una representación antropomorfa del mismo tamaño y similar posición a las estatuillas referidas.

Sin el afán de interpretar difusiones o paralelismos culturales, llama la atención que en diferentes espacios geográficos y momentos de la historia se registren aspectos como éstos. Si se observara con detenimiento la producción tecnológica de las diferentes culturas en el planeta, sin duda se encontrarían aspectos particulares que podrían motivar muchos análisis e hipótesis sobre las representaciones del imaginario colectivo actual y del pasado.
Curiosidad tecnológica

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Arquitectura inca

El principal material utilizado en la arquitectura Inca fue la piedra. En las construcciones más simples era colocada sin tallar, más no así en las estructuras complejas e importantes.

Los constructores de la época desarrollaron técnicas para levantar muros enormes, verdaderos mosaicos formados por bloques de piedra tallada que encajaban perfectamente, sin que entre ellos pudiera pasar un alfiler. Muchas veces, esos bloques eran tan grandes que resulta difícil imaginar su colocación, estando las mejores muestras de esa habilidad en Cusco. Se sabe que los mejores talladores de piedra eran collas, provenientes del altiplano, posiblemente como parte de la herencia que dejó Tiwanaku en esas poblaciones.

Es por ello que se dice que la arquitectura Inca fue influenciada técnicamente por Tiwanaku, y el lugar donde se hace evidente ese hecho es en Ollantaytambo - Cusco.

miércoles, 18 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Sistema adiministrativo y organización política

Como se vio en el capítulo precedente, en el período que va entre Tiwanaku y los incas, las sociedades andinas estaban organizadas de formas muy simples, con niveles de jefaturas que no implicaban organizaciones centralizadas o estatales. Con las fases expansivas de los incas esta situación fue cambiando paulatinamente, ya que necesariamente implicó la vuelta a un nivel de centralización política con grandes cambios de orden social y económico.

Por ejemplo, los señores del altiplano y los jefes de los pueblos de las Tierras Bajas tuvieron que establecer diferentes niveles de relaciones con el Inca, ya sea para acceder a sus favores y ser parte de la élite gobernante, o para negociar la anexión de sus territorios al Imperio. Ahora bien, esta anexión fue secuencial y se dio a partir de una re-estructuración que implicó el establecimiento de un “tributo” y la organización de las poblaciones en la mit’a para la producción, la edificación de arquitectura pública o el servicio a la élite gobernante.

De la misma forma, la anexión de determinado territorio no era un caso fortuito, pues implicaba la construcción de un centro regional, la vinculación de una red de caminos a la principal (Capac Ñan) y la obtención de algún recurso que pudiera fortalecer los intereses del Imperio. Esos recursos eran de tipo productivo o poblacional; en el primer caso, relacionados a la agricultura, minería o ganadería y, en el segundo, como parte de la gente que fortalecía los ejércitos imperiales o que era enviada a otros territorios como mitmas.

El resto de la población, dependiendo del tipo de alianza que habían logrado los jefes locales, estaba destinada a pagar al Imperio con mano de obra y, excepcionalmente, con excedentes de producción. Todas las poblaciones dedicadas a la agricultura debían abastecer a los ejércitos imperiales; por su parte, los especialistas a nivel de textilería, metalistería, orfebrería, manufactura de cerámica y construcción de obras públicas contribuían con su mano de obra. Por último, una población más restringida, como la de las ñustas (princesas incas) o los niños, era dedicada a actividades sacerdotales o al sacrificio, a pesar de que salían de la contabilización de sus lugares de origen, pues estas personas eran trasladadas a los santuarios principales.

Un fenómeno similar no se había dado antes, y los pobladores andinos estaban en un proceso de asimilación y/o reacción hacia esa nueva situación socio-política. Luego de casi un siglo en este estado, había disconformidad en las poblaciones locales, ocasionadas en algún sentido por tensiones internas vinculadas al acceso al poder. En esta situación se encontraba gran parte de los Andes cuando irrumpió la Colonia, que cambió –en parte– el panorama, pero aumentó grandemente dichas tensiones.

martes, 17 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - La conquista de otros territorios

Una vez establecido el Imperio y sus estrategias de control en los Andes y los valles mesotermos, se inició una campaña militar esforzada en establecer control político y económico en otras regiones. Esas regiones eran parte de las Tierras Bajas de la Amazonía y el Chaco, zonas muy ricas en recursos como madera, alucinógenos, plumas, productos exóticos y psicotrópicos. La conquista o expansión hacia la Amazonía y el Chaco fue uno de los últimos eventos desarrollados por los incas en esta parte de los Andes.

En este ámbito es que como parte de las políticas de avance se construyeron fortalezas para albergar a los ejércitos incaicos, compuestos por pobladores andinos. Ese hecho posibilitó la demarcación de una frontera entre el mundo andino y el de la Amazonía y el Chaco, consolidada a partir del establecimiento de ese tipo de sitios.

En ese mismo sentido, debe decirse que el concepto de frontera fue mal entendido, tanto por la etnohistoria como por la arqueología. Desde una lógica positivista, se entiende como un espacio de conflicto constante y donde las variables de interrelación son anuladas por acciones bélicas o de sometimiento. Sin embargo, la denominada frontera de los incas, a más de contar con esas características, también mostraba una dinámica cultural y poblacional que permitía la circulación de bienes y la interacción de las poblaciones en conflicto.

Es así que se estableció una organización distinta en estas zonas, con niveles de control diferenciados. Éstos tenían que ver con las alianzas que en muchos casos los incas lograron con algunos grupos para permitir el paso de sus ejércitos, lo cual no necesariamente se plasmó en el sometimiento de dicho grupo. Un caso visible de ese hecho es la relación de los incas con los tacanas para acceder a las llanuras de Mojos; se estableció una interacción socio-política que, a la postre, se manifestó en una influencia cultural quechua sobre este pueblo amazónico (ver Tyuleneva, 2010).

Por otra parte, también se advierte que en algunas áreas, el control fue reforzado con la presencia de mitmas, como en Oronkota, para posibilitar el mantenimiento de la dinámica fronteriza (Alconini, 2002). Pero, como en todos los casos de la presencia inca en los Andes, el establecimiento de esta red de puestos fronterizos también respondió a particularidades de cada uno de los casos. Dado que el tema fue escasamente estudiado, el análisis de la organización de zonas de frontera en Bolivia aún está incompleto.

Sin embargo, a partir de los datos etnohistóricos, se conoce que los conflictos y la avanzada hacia las Tierras Bajas por territorio de Charcas (cara caras, yamparas, chichas) motivaron la conformación de los ejércitos expansivos. Este hecho derivó en el establecimiento de una frontera étnica entre los Andes y las Tierras Bajas, denotando un relacionamiento de conflicto que tuvo sus repercusiones hasta el período colonial (Saignes, 1985).

Los principales sitios registrados en esa frontera son Oronkota, Cusco Tuyo e Incahuasi,en Chuquisaca; Samaipata (Fig. 111) y Saipina, hacia Santa Cruz; La Yunga, en Cochabamba, y también varios sitios de Ixiamas, en el Norte de La Paz. Sin embargo, sitios como Las Piedras, en Riberalta (Beni), muestran que los incas ya habían logrado una gran avanzada por el Norte, probablemente a partir de su incursión en Mojos por territorio kallawaya (Fig. 112).

De la misma forma, este hecho sacó a la luz la existencia de un conglomerado poblacional hasta ese entonces mimetizado en su propia dinámica, el cual había desarrollado características y patrones culturales particulares, pero también complejos. Estas poblaciones, consideradas “salvajes” por los documentos coloniales, desarrollaron una dinámica muy interesante en ese último período.

Son muy conocidas, por ejemplo, las invasiones desarrolladas por los chiriguanos en los Andes, quienes nunca fueron sometidos y pelearon hasta tiempos coloniales. Otro caso registrado por los documentos son las alianzas logradas entre los capitanes incas y el cacique Grigotá, quienes sellaron el pacto con la entrega de mujeres a los jerarcas andinos.

Para lograr este impacto sobre los grupos locales, los incas tuvieron que movilizar una gran cantidad de poblaciones, las que generalmente estaban constituidas por mitmas destinados a la guerra y que conformaban sus ejércitos. Todo ello nos muestra que la presencia del Imperio tuvo diferentes matices en las diferentes regiones, haciendo uso de las potencialidades materiales y humanas disponibles, ya que cambiaron y reestructuraron la dinámica existente para lograr un fenómeno político y social no igualado hasta ahora.
La conquista de otros territorios

La conquista de otros territorios

lunes, 16 de mayo de 2022

La impronta inca en Bolivia (1470-1540 d. C.) - Tambos y áreas administrativas

Asociadas a la red principal de caminos, se construyó también una red de edificaciones administrativas, las cuales fueron denominadas tambos, y que mostraban la indudable presencia imperial. Los tambos eran concentraciones constructivas y de poblaciones, que tenían el objetivo de congregar a las elites y administradores de los lugares conquistados por los incas. Contaban con arquitectura monumental y en la mayor parte de los casos estaban asociados al camino principal inca, seguramente en la lógica de controlar el movimiento de poblaciones y de productos locales (Fig. 108).

Tambo Quillacas


Las principales estructuras de un tambo eran las kallankas, grandes construcciones rectangulares, de hasta 70 metros de largo. Se piensa que fueron edificios públicos que servían para el hospedaje de gente, administradores y funcionarios imperiales. Dichas construcciones también estuvieron vinculadas a actividades ceremoniales y a la administración de almacenes. Por lo general, presentan varias puertas, nichos y ventanas en forma trapezoidal, típico signo constructivo imperial. De acuerdo a los registros realizados en gran parte de los sitios, se plantea que las kallankas habrían sido cubiertas con un techo a dos aguas.

Dentro de los tambos más importantes, también se observa la existencia de una plaza central en la que se edificó un ushnu o asiento imperial; se dice que el Inca visitaba los tambos y ese era el lugar en el que tomaba posición para dirigirse a la población. Su arquitectura generalmente corresponde a un estilo arquitectónico local, pero –en relación al grado de importancia que tenía– se observan algunos rasgos sobresalientes. Entre ellos, podemos citar su asociación a torres funerarias de estilo cuzqueño, como las encontradas en el territorio de los carangas. En algunas de las estructuras, también se pueden registrar restos de enlucidos de color, como se observa en Incallacta, sitio administrativo de central importancia. En Bolivia, los tambos más relevantes se encuentran en Paria, Incallacta, Incarracay, Sevaruyo, Opoco, entre otros (Fig. 109).

A manera de balance, puede decirse que la red regional de caminos cambió el patrón de manejo del espacio para adecuarse a la administración incaica, observándose una clara relación entre los caminos, tambos, áreas agrícolas y de almacenaje para abastecer los sitios administrativos. Del mismo modo, dichos sitios se asocian a cerros o huacas, dejando claro que los aspectos rituales, económicos y administrativos formaban un todo indisoluble. Otro aspecto que cabe resaltar es la articulación con la población conquistada, como se evidencia en los restos materiales típicamente Inca o en los restos que son producto del sincretismo entre el estilo imperial y los estilos locales.

A la pregunta de quiénes habitaban esos sitios, se puede indicar que hubo población de distinta jerarquía, compuesta por dignatarios imperiales (hatun curacas), élites locales, funcionarios encargados de la administración económica y sirvientes. Adicionalmente, debido a la naturaleza de los tambos, se observa una población itinerante que era movilizada por los caminos y que se refugiaba momentáneamente en esos sitios. Una imagen congelada de esa dinámica mostraría a los tambos como un pueblo grande, diverso y con mucha actividad.

Un análisis regional de estos sitios muestra que una gran mayoría de los mismos se ubican en áreas de frontera de los grupos locales. Este hecho –en algunas regiones– parece haber demarcado una concentración de poblaciones y de contactos multiculturales, propiciando un fenómeno intercultural y de globalización, en desmedro de las identidades étnicas locales. Tal caso parece observarse en la región de Quillacas (Lima, 2008).

Los tambos tenían gran importancia para el Imperio, ya que eran parte de la avanzada política hacia el sur, lo que explica la inversión en edificación de infraestructura administrativa. En relación a los datos de fines del siglo XVI, las negociaciones con los grupos locales para el establecimiento de esos sitios parece haber sido muy compleja. Los documentos mencionan niveles de alianza de los jefes locales con los incas; pero lo que se observa es una evidente política de desestructuración, manifestada en la implantación de tambos en zonas que teóricamente eran multiétnicas, así como en la emergencia y difusión de elementos globalizantes u homogeneizadores. 
Las Kallankas


Es muy difícil saber cuál fue la reacción de las poblaciones locales frente a esos cambios, aunque puede inferirse que tuvo diferentes expresiones. Sin embargo, el proceso mencionado parece haber sido lento y, en algún momento, pudo ocasionar una crisis interna, sobre todo a nivel socio-cultural. La masificación de los símbolos de la presencia imperial parece marcar el surgimiento de nuevas identidades sociales y/o políticas, debilitando los niveles de autoadscripción étnica. Este es un aspecto que merece ser profundizado en el análisis del impacto que ocasionó la presencia del Imperio en los Andes Centro Sur.

En relación a ese tema, un ejemplo son las alianzas políticas logradas con las élites locales de algunos grupos, como los carangas, que tuvieron como resultado la construcción o edificación de diferentes símbolos, tales como las chullpas de color del Río Lauca (Fig. 110). Estos elementos no sólo muestran una alianza política, sino también la pervivencia de una costumbre y tradición mortuoria que fue conservada por los incas y que se mantiene hasta la actualidad.

Por lo observado, los incas lograron una incursión sutil, pero políticamente respaldada por las jefaturas locales en sus territorios. Los centros administrativos parecen haber centralizado los poderes locales, siendo los sitios desde donde se implementó toda la estrategia para debilitar social y políticamente a las poblaciones. Por tanto, es posible confirmar la generación de sistemas de control, políticamente sustentados en toda la región.
Torres Funerarias

viernes, 13 de mayo de 2022

El Capac Ñan en Bolivia

También se ha mencionado de la importancia que tenía el Capac Ñan para los incas y la movilización de poblaciones, información y producción. Parte de esa red de caminos fue registrada en Bolivia, patentizando la presencia imperial en este territorio. Como se dijo, esta red permitía el aprovechamiento de productos como la coca, metales preciosos, piedras y productos exóticos, y sus registros muestran que estaba dispersa a lo largo de todo el país, definiéndose principalmente dos áreas: el sector Uma y Urco del territorio.

El Cápaq Ñan empieza en Cusco, presentando varias bifurcaciones que luego se extienden a manera de red por todo los Andes. En esta parte, es el eje acuático, el lago Titicaca y el lago Poopó, el que define la red. La entrada del Capac Ñan en territorio boliviano se da a partir de Desaguadero, por el lado Uma, y por el Norte del Titicaca hacia el sector Urco. Los caminos corren en dirección Norte-Sur hasta encontrase en las márgenes del lago Poopó, donde también divergen para luego unirse y llegar al Sur de Bolivia, ingresando a territorio de la actual Argentina (ver Fig. 103).

Paralelamente, se observan caminos transversales que son parte de la red, los cuales comunican los diferentes ambientes ecológicos. Por ejemplo, del camino Uma se desprenden ramales que derivan a la costa y hacia la región de los salares. De la variable Urco se desprenden ramales hacia la región de los valles, tanto al Norte de Bolivia como hacia el este.

Todo ese movimiento estaba relacionado con la circulación de bienes y productos, tanto de orden doméstico como de orden suntuario. Es por ello que el Capac Ñan es entendido como una red y no sólo como un camino real, establecido sobre las antiguas rutas de los llameros, los que desde tiempos tan tempranos como el Formativo circulaban los productos a través de los Andes.

Debido a su importancia, el Imperio invirtió una gran fuerza de trabajo en su construcción. Se puede decir que gran parte de la monumentalidad arquitectónica observada en Cusco es posible de ser apreciada en la elaboración de algunos de los caminos en Bolivia (Fig. 107). De la misma forma, la construcción de estas vías estaba relacionada a un sistema de ingeniería muy elaborado, consistente en la construcción de imponentes plataformas que eran adecuadas a la topografía de los Andes, las cuales tenían un ancho de entre 3 y 10 metros. Esas plataformas eran empedradas y contaban con canales, áreas de drenaje, pasos de agua, etc. adecuados tanto a zonas secas como a áreas de inundación.

Por otro lado, debe mencionarse que los caminos siempre estaban orientados en dirección Nortesur, por lo cual se consideraban las rutas más directas para llegar a Cusco. Se asociaban a apachetas en las abras de cerros y en algunos casos parecen estar marcados por sitios de torres funerarias (chullpas), como se observa en Oruro. Lo que se concluye de estas características es que el Capac Ñan también implicó una transformación del paisaje, tanto visual como ritual, de las poblaciones prehispánicas.

La inmensa red de caminos registrada en Bolivia permitió lograr un amplio dominio territorial, así como el abastecimiento y dinámica de diversos productos materiales, rituales e ideológicos, entre centros poblados ubicados en lugares estratégicos para la agricultura, la ganadería y la minería, principalmente.

Sitios relacionados a los caminos incas son los tambos y las postas, lugares donde se cobijaban los viajeros en sus largas caminatas por los Andes. Los tambos grandes, algunos de los cuales se constituyeron en áreas administrativas debido a la congregación de poblaciones que registraron, se ubicaban cada dos días de caminata. En cambio, las postas se ubicaban a cada día, estando algunas de las veces asociadas a sitios con aguas termales (Lima y Michel, 2005). Algunos de estos sitios presentaban una inmensa plaza rodeada de kallankas, con un ushnu o pirámide trunca en el centro. Este tipo de enormes centros abiertos son también una característica fundamental de la ruta principal.

La ruta por el altiplano se relacionaba a una estrategia cuya finalidad era la de lograr mayor aprovechamiento del camino para la obtención de recursos de humedales alto andinos. Sin embargo, algunos ramales que se bifurcan de la red principal se internan hacia valles mesotermos de producción de granos y otros productos típicos de ese ambiente. Toda esa dinámica, como se puede observar, está interrelacionada con la construcción de áreas administrativas, con la estructuración de complejos sistemas agrícolas y con el aprovechamiento de regiones ricas en minerales.
El Capac Ñan en Bolivia

miércoles, 4 de mayo de 2022

Aprovechamiento de la producción agrícola

Ya se ha mencionado que los incas tuvieron mucha incidencia en el fomento de la actividad agrícola. Eso se debió a que ese tipo de producción, como se observó en Tiwanaku, pudo mantener al Imperio y a sus ejércitos.

En ese sentido, se puede decir que, en ese tiempo, eran tres las formas más comunes para el desarrollo de la agricultura: la construcción de andenes o takanas, la reutilización de camellones o suka kollus y el uso de qochas o lagunas artificiales. Sobre todo en los dos primeros casos, se demandaba de la movilización de grandes cantidades de mano de obra, aspecto que fue asegurado por la política imperial.

Los andenes son también conocidos como terrazas agrícolas o takanas; permitían aprovechar mejor el agua, tanto en lluvia como en regadío, haciéndola circular a través de los canales que comunicaban sus diversos niveles. Este sistema era adecuado, sobre todo, a los lugares escarpados, por lo que sus restos son registrados en las laderas de cerros.

En cambio, la tecnología de los sukakollus es propia de las riberas del lago Titicaca, habiendo sido utilizados durante el periodo Tiwanaku. Son montículos de tierra que permitían almacenar y aprovechar mejor el agua en áreas de frecuentes inundaciones a causa de las lluvias. Se componen de un gran número de surcos simétricos que recolectan el agua y la conducen entre sus canales, permitiendo la fertilización de la deposición adyacente. Esta forma de cultivo fue complementada con la construcción de qochas o lagunas artificiales, utilizadas para cultivar y dar de beber al ganado.

Todos los complejos agrícolas fueron complementados por elaborados sistemas hidráulicos y áreas de almacenaje. Los primeros estaban constituidos por canales y bocatomas, que permitieron la irrigación y el cultivo; en cambio, las áreas de almacenaje estaban relacionadas a una cantidad ingente de silos o qollcas asociadas a las áreas agrícolas. Evidencias de estos sistemas fueron registradas en diferentes regiones de los Andes.

Aunque en muchos sitios se observó el crecimiento de producción agrícola en el último período prehispánico, el amplio valle de Cochabamba fue –en Bolivia– el área más importante. Su importancia radicaba en que era la zona de mayor producción de maíz, considerado éste un recurso de primera necesidad para la elaboración de chicha, además de ser un producto de tipo suntuario que otorgaba prestigio, por lo que también era cultivado con fines burocráticos, militares y ceremoniales. El maíz estaba relacionado a los ritos y fiestas que desarrollaban los incas en honor al dios Sol, a quien le hacían libaciones en vasos rituales de cerámica con esta sagrada bebida.

Con ese fin, una gran cantidad de población fue movilizada al valle (Wachtel, 1982) en calidad de mitmas agricultores, poblaciones foráneas que constituyeron una adecuada fuerza de trabajo. Esas poblaciones provenían de diferentes partes del altiplano y, con el tiempo, se sincretizaron a la población local.

Los centros agrícolas estaban distribuidos en gran parte del valle de Cochabamba, consistiendo en inmensos campos de terrazas, asociados a áreas de almacenaje que mantenían a la élite y a los ejércitos del Inca. Entre los más famosos se encuentran los sitios de Cotapachi y Colcapirhua, áreas donde se almacenaba toda la producción para luego redistribuirla. La evidencia arqueológica permitió el registro de más de 2000 silos en un solo sitio, lo cual da una idea de la magnitud de la producción agrícola en la región.

En función de la documentación etnohistórica, se sabe que esa producción era llevada a los silos para luego ser transportada, por los llameros del Inca, desde Sipe Sipe hasta Cusco (Wachtel, 1982), es decir que el maíz del valle era consumido por la élite imperial. Esto a pesar de que la producción de áreas adyacentes servía para el sustento de los ejércitos imperiales, apostados en las inmediaciones con el objetivo de avanzar por los valles hacia el Chaco y la Amazonía.

Tal vez debido a ello, la construcción de Incallajta muestra la importancia que tenía el valle de Cochabamba para los incas. Ya se ha mencionado que con la incursión de Huayna Capac el valle cobró mayor relevancia, por lo cual en esa región fue construido uno de los centros administrativos más importantes del Imperio. Las fuentes coloniales mencionan la presencia del palacio de este Inca en Incallajta, aspecto que fue corroborado por las excavaciones arqueológicas..

En la parte central del sitio fue registrada una estructura de doble planta que contaba con un espeso revoque blanco, identificándose como el palacio de Huayna Capac. Asociados a este rasgo, se registraron una plaza central, varias kallankas y un ushnu, que denotan la presencia imperial (Muñoz, 2012).