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lunes, 6 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - La cultura Formativa de los valles

 La riqueza cultural de los valles interandinos tiene tanta profundidad temporal como la que conocemos en el área altiplánica. Esta característica ya fue advertida a mediados del siglo XX por los investigadores del Museo Arqueológico de Cochabamba, quienes la denominaron “Cultura de Túmulos”.

Al igual que Wankarani, algunas poblaciones del Formativo de los valles también reocuparon los sitios y crearon montículos artificiales donde actualmente se registran los restos materiales de sus actividades. Pero, por otro lado, también se registraron asentamientos formativos con terrazas habitacionales en las laderas de los cerros, en el piedemonte, así como en lugares planos. Gran parte de estos sitios fueron ubicados preponderantemente al sureste de Cochabamba, siendo Mizque y Aiquile las áreas donde se registraron los más importantes (Pereira y Brockington, 2005). Sin embargo, investigaciones también realizadas en otras regiones de los valles del Sur y del Oeste de Santa Cruz muestran una dinámica muy particular para el tratamiento de este período a nivel macroregional.

La cultura Formativa de los valles

Las características más sobresalientes de los sitios formativos en los valles son:

  • Asentamientos en montículos de ocupaciones sucesivas, áreas de plataformas y planicies, cuyas dataciones más tempranas se remontan hacia el 1300 a.C.
  • Identificación de una tradición escultórica, en la que predomina una especie de estatuillas antropomorfas que principalmente son representadas con ojos rasgados, característica denominada “grano de café” (Fig. 23).
  • Existencia de una tradición cerámica que en sus fases más tempranas presenta incisiones sin pintura y formas muy particulares que la caracterizan. Para las últimas fases del Formativo, dichas tradiciones se complejizan con decoración pintada, dando paso a los estilos que luego serán claramente manifestados en el período de Desarrollos Regionales Tempranos.
  • Elaboración de artefactos de metal y de piedra, los cuales son producto de un sistema de intercambio y de acceso a recursos de otras regiones ecológicas.

Los sitios más característicos en Cochabamba son Sierra Mokho, Chullpa Pata, Mayra Pampa, Conchupata, Villa Granado, Khopi, Yuraj Molino, Valle Ibirza y Sehuencas (Pereira y Brockington, 2005) (Fig. 24). En esos asentamientos está representada toda la secuencia del Formativo de Cochabamba, desde la presencia más temprana hasta lo que luego dará paso al surgimiento del estilo Tupuraya, paralelamente al desarrollo del Formativo Tardío en la cuenca del Titicaca.

Muchos de esos asentamientos fueron estudiados durante décadas y los resultados nos llevan a discutir la heterogeneidad de las poblaciones y el grado de influencia de las mismas a escala regional. A partir de excavaciones y dataciones radiocarbónicas se han establecido secuencias locales, cuyo fechado más temprano se encuentra en Yuraj Molino (1300 a.C.), como parte del Fomativo Temprano (1300-500 a.C.); luego se identifican el Formativo Medio (500 a.C.-200 d. C.) y el Formativo Tardío (200-600 d. C.). Aunque gran parte de los sitios se encuentra en Cochabamba, muestras de su relacionamiento se observan hasta los valles de Santa Cruz.

Las excavaciones y dataciones del sitio Tambo en Santa Cruz son hitos que permiten entender el Formativo de los valles interandinos. El trabajo desarrollado por Pereira y Brockington (2005) muestra una profundidad temporal que llega alrededor del 2000 a.C. Este proceso dio paso al estilo Mojocoya Monócromo, el cual es antecedente estilístico del Mojocoya Tricolor que se manifiesta en el período de Desarrollos Regionales Tempranos y que desde los valles cruceños llega hasta Chuquisaca y Cochabamba.

La cultura Formativa de los valles

De la misma forma, los trabajos desarrollados en la región Sur de Potosí por Lecoq (2001) muestran otro tipo de asentamientos del Fomativo, relacionados a la existencia de aldeas con estructuras circulares de barro o piedra, asociadas a terrazas de cultivo. En la misma línea, es relevante el trabajo desarrollado por Claudia Rivera (2011), quien establece una periodización del Formativo en los valles de Cinti y San Lucas. La investigadora establece secuencias cronológicas que identifican la presencia de asentamientos formativos asociados a antiguas áreas de caza, los cuales desde una cerámica sin pintura desarrollan estilos locales que luego serán manifestados en el período posterior. Otros asentamientos representativos son los registrados en los valles de Tarija, cuyo indicador más claro es el registro de cerámica incisa sin pintura.

En esta larga secuencia de asentamientos también se hace evidente el relacionamiento de las poblaciones del Formativo de los valles con las del altiplano, ya que en algunos de los sitios se registraron materiales muy similares a los existentes en tierras altas. Un caso bien documentado al respecto es el movimiento de cerámica wankarani hasta los valles de Cochabamba y hacia la costa, aspecto que pudo deberse a movimientos de intercambio (Gabelman, 2001; Ayala y Uribe, 2003).

Toda esa información lleva a plantear que desde un período tan temprano se dio un tipo de articulación interzonal que integraba diferentes nichos ecológicos. De ahí surge la idea de un movimiento transversal que unía los valles interandinos con la costa a través del altiplano. Probablemente, los restos altiplánicos encontrados son parte de esa dinámica, consolidada en tiempos posteriores.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - Los asentamientos más antiguos del Formativo del Altiplano

 La presencia wankarani no muestra homogeneidad regional, pues se identifican variantes locales tanto a nivel de los tipos de asentamiento como de sus expresiones materiales. Sin embargo, los fechados de los sitios muestran una permanencia de estas poblaciones entre el 1800 a. C. y el 500 d. C., con un rango de más de 2000 años de pervivencia. Ese fechado corresponde al sitio de San Andrés en Oruro, área de mayor concentración de montículos formativos (Bermann y Estévez, 1995).

Wankarani se fue dispersando, lo que permitió localizar sitios en áreas más alejadas como las registradas al Sur de Oruro. En estos casos se identificaron montículos de menor tamaño, asociados a una especie de plataformas agrícolas, como se observa en la región de Quillacas. Este hecho lleva a plantear que en los últimos tiempos de Wankarani las poblaciones también se dedicaban a la agricultura, a la par de su actividad pastoril.

En esos sitos se identificaron evidencias de artefactos foráneos como el mullu (Spondylus), proveniente de la costa Norte, lo cual indica el movimiento interregional realizado en esos tiempos (Michel et. al., 2002). Dicho movimiento se dio tanto a nivel local, como desde los valles costeños y mesotermos. Trabajos realizados en ambas áreas permiten observar la influencia de una tradición wankarani, relacionada sobre todo a la cerámica local. Este aspecto podría estar mostrando que la gente ya en el Formativo utilizaba las caravanas de llamas para acceder a recursos de otros ambientes ecológicos; dejando, a través de ellas las huellas de su presencia cultural. La afinidad de Wankarani con la representación de camélidos puede ser la explicación o prueba de que estas poblaciones utilizaban ese medio de contacto.

El Formativo de esta región del altiplano no presenta una secuencia tan claramente definida como la registrada en el área circunlacustre. Lo que se advierte más bien, y como propuesta de diferentes investigadores, son secuencias locales con manifestaciones materiales particulares (Bermann y Estévez, 1995; McAndrews, 2006; Rose, 2001). Al parecer, lo que identifica a los asentamientos wankarani es la estructuración de sus sucesivas ocupaciones en montículos y la elaborada escultura de cabezas de camélidos.

Una pregunta que queda por responder es si esta tradición escultórica estuvo relacionada a una tradición religiosa o ritual regional, como la observada en la cuenca del Titicaca.

Para los tiempos más tardíos, en la región de La Joya se identificó el complejo cerámico Jachakala, producto del contacto de la población local con Tiwanaku. Al parecer, los núcleos poblacionales wankarani fueron mantenidos hasta tiempos en que en la cuenca del Titicaca se establecía el Estado. Esto probablemente dio lugar al establecimiento de identidades locales bien definidas, período conocido como el de Desarrollos Regionales Tempranos.

En cuanto al relacionamiento interregional de Wankarani, los investigadores han propuesto la movilidad de esas poblaciones hacia los valles de la vertiente oriental, en Cochabamba (Gabelmann, 2001). Se piensa que este relacionamiento fue producto de una interacción económica por el acceso a recursos específicos, ocurrida en las fases tempranas del desarrollo Formativo de ese valle, denominado Sierra Mokho (Pereira y Brockington, 2005).

¿Urus como producto de Wankarani?

Al ser una cultura acuática y de pescadores, además de presentar rasgos tan diferentes a los aymaras, todavía no se han identificado a los ancestros culturales de los urus. Debido a la similitud de sus putucus con los restos de estructuras wankarani y a la pervivencia de una tradición de movilidad constante, se plantea hipotéticamente que los urus son los descendientes de los antiguos wankarani. Aunque este planteamiento no está comprobado, promueve mucho interés y discusión en el ámbito académico.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - La cultura Wankarani

 Esta denominación deriva de un sitio arqueológico ubicado al Sur del departamento de La Paz, el mismo que es considerado el sitio epónimo de la cultura Wankarani. Su principal característica son los montículos artificiales registrados cerca de fuentes de agua y bofedales. Dicha característica hizo que también se la denominara “Cultura de Túmulos” o de “Mounds”, como las registradas en otras partes del mundo (Ibarra y Querejazu, 1986).

Otro indicador que sobresale en Wankarani es la presencia de esculturas líticas en forma de cabezas de camélidos, llamas y vicuñas. La mayor parte son de arenisca y presentan tamaños entre 0.30 a 1 metro de altura. En ellas se observa desde un estilo naturalista hasta la estilización propia de tiempos más tardíos (Fig. 21). Como esculturas presentan un pedúnculo que hace suponer que eran clavadas en el suelo, pero se desconoce su carácter y funcionalidad. Por el simbolismo de sus representaciones, se piensa que eran estelas rituales relacionadas con aspectos funerarios.

Al parecer, las poblaciones wankarani se asentaban en determinados sitios y habían desarrollado cierta tecnología cerámica y lítica. Arqueológicamente se ha registrado una tradición alfarera sin decoración pintada, sino ocasionalmente incisa o en forma de pequeñas estatuillas. Tecnológicamente sobresale el acabado y tipo de engobe, que es un bruñido muy particular en piezas con los labios hacia el exterior, aspecto que los arqueólogos denominaron “borde coma” (Bermann y Estévez, 1995). Sus formas más comunes son domésticas: ollas y cántaros; sin embargo, también se registran algunos artefactos más elaborados, como ser estatuillas o tubos que parecen haber tenido una función de carácter ritual.

En comparación a los desarrollos de la cuenca del Titicaca, los sitios wankarani parecen ser menos complejos, presentando niveles de organización más incipientes. Este hecho se observa, sobre todo, en la escasa presencia de sitios de carácter administrativo. Sin embargo, las investigaciones realizadas en varios lugares de Oruro muestran sitios nucleados de estructuras domésticas circulares, las cuales, en algunos casos, también se encuentran asociadas a estructuras de mayor tamaño, como en el sitio La Barca (Rose, 2001) (Fig. 22). Esto lleva a presumir que se trata de áreas ceremoniales, ya que también en ellas se registraron artefactos rituales. 

Elementos de la Cultura Wankarani

Representación asentamiento de la cultura Wankarani

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - El Formativo del altiplano de Oruro

El Altiplano Central y meridional corresponde a la categoría ecológica de puna seca. Se encuentra ubicado en medio de los nevados de la cordillera Occidental y de los salares, es un lugar seco e inapropiado para el desarrollo de la agricultura (Fig. 19). Este hecho parece haber influido para que las poblaciones de cazadores se especializaran en la actividad pastoril, en la que se tiene a la llama (Lama glamma) como especie emblemática.

Datos generados en diferentes lugares de los Andes Centrales y de los Andes Centro-Sur indican que el proceso de domesticación de la llama se dio en lugares diferentes y en tiempos sucesivos. La información más conocida indica que en la sierra peruana se domesticó la llama hace 5500 años (Wheeler, 1998); otros estudios plantean, sin embargo, que los camélidos fueron domesticados hace 4000 años en Atacama (
Dransart, 1999) y el Noroeste Argentino (Yacobaccio, 2003), lo que lleva a suponer que en ese intervalo del proceso surgieron las sociedades pastoriles, más o menos hace 3000 años (Ibid.).

Esta tendencia productiva probablemente se extendió por el resto de los Andes y se consolidó como la principal característica para los habitantes del altiplano central. Esa actividad, junto a la cacería de vicuñas y guanacos, probablemente representó la base productiva de las sociedades del Formativo en esta región.

Paralelamente, el proceso consolidado de la sedentarización posibilitó la construcción de aldeas, cuyos espacios fueron reutilizados y sobrepuestos continuamente por cerca de 2000 años. El proceso de reutilización del espacio dio lugar a montículos artificiales, construidos por siglos, que llegan incluso a los 15 metros de altura y que ahora son los testigos de la presencia cultural de ese tiempo.

No tan elaborada como la cerámica del Titicaca, la alfarería del Formativo en el Altiplano Central presenta características muy particulares y está más relacionada al ámbito utilitario. La distribución de ese material demarca un área de expansión que más adelante llevó a considerar la existencia de la llamada cultura Wankarani (Fig. 20). Esta distribución comprende parte del Sur de La Paz y el departamento de Oruro, identificándose su influencia hasta los valles de Cochabamba.
El Formativo del altiplano de Oruro

Cultura Wankarani



martes, 30 de noviembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - Hacia la formación del Estado

 El proceso descrito fue consolidado durante el Formativo Tardío. Los diferentes grupos tenían similar organización además de compartir elementos culturales comunes, por ejemplo se había consolidado el cultivo a gran escala en sukakollus. Esto fortalecía un esquema de relacionamiento y también la creación de una esfera de competencia por la hegemonía regional.

Esta competencia se manifestaba en la construcción de centros ceremoniales, la producción agrícola excedentaria, el control de redes de intercambio para la obtención de productos exóticos de alto valor social, la realización de alianzas y también de conflictos. Hasta ese momento ya se había consolidado un sistema social jerárquico y se había hecho evidente la existencia de élites regionales.

Durante el Formativo Medio, Pukara se había consolidado en el lado Norte del Titicaca. Conformaba un complejo ceremonial y político de alta relevancia durante el Formativo Medio y Tardío (Fig. 17), y fue el área donde se elaboraron las representaciones iconográficas y arquitectónicas más relevantes de ese período (Stanish, 2003).

Este panorama hizo que el asentamiento existente en Tiwanaku pugnara también por el control político de la cuenca.

En Tiwanaku, ya se había construido el Templete Semisubterráneo (Fig. 18) y probablemente algunas otras estructuras del área ceremonial, lo que muestra la importancia del sitio como centro religioso, incluso en relación a sitios como Chiripa, que en su momento fueron los más importantes.

Alrededor del 400 d. C., la élite que ocupaba Tiwanaku se consolidó como una entidad política regional de gran alcance. La llegada de poblaciones de diferentes partes del altiplano a este centro le dieron la hegemonía que buscaba, y dos siglos más tarde (600 d. C.) se consolidó la formación del Estado en la cuenca del Titicaca (Kolata, 1993).

Sitio Arqueologico de Pukara

Templete semisubterraneo de Tiwanacu


Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - El sitio arqueológico de Chiripa

 Desde inicios de los años 30, Chiripa fue el sitio emblemático del Formativo en Bolivia. Se encuentra en la península de Taraco y forma un montículo habitacional que muestra sucesivas y continuas fases de ocupación. Esta zona era parte de una hacienda, habiéndose encontrado el sitio al hacer la limpieza de terreno para la construcción de una cancha de tenis.

Las primeras excavaciones de Chiripa le corresponden al arqueólogo Norteamericano Wendell Bennett (1933-1934), quien identificó cuatro niveles estratigráficos. Sucesivos trabajos permitieron la identificación de un patio central hundido, rodeado por estructuras rectangulares, que tenían puertas corredizas y una especie de dobles muros utilizados para el almacenaje de productos agrícolas (Fig. 15). Debajo de los pisos se encontraron entierros de personas de alto status, siendo muy famoso el entierro excavado por Maks Portugal Zamora (1940) que pertenecía a un hombre y una mujer juntos, al cual se denominó como “entierro de los amantes”. 

Templete Semisubterraneo de Chiripa

Las investigaciones han mostrado que existen varias fases constructivas en Chiripa. Se identificaron dos niveles de casas, Nivel Inferior y Nivel Superior, asociadas a templos con estilos constructivos diferentes. En el Nivel Superior los pisos y muros tenían revoques de color (rojo, verde y blanco), aspecto comprobado por las excavaciones del Proyecto PACH (2007) (Fig. 16).

Trabajos más recientes permitieron obtener el fechado más antiguo del Formativo de la cuenca del Titicaca en este sitio (1500 a.C.), el cual corresponde a la fase más temprana de Chiripa. A partir de estos trabajos y con el aporte de otros investigadores, se estructuró una secuencia propia para el sitio la cual contempla las fases Chiripa Temprano (1500-1000 a.C.), Chiripa Medio (1000-800 a.C.) y Chiripa Tardío (800 - 100 a.C), las mismas que corresponden a su vez al Formativo Temprano y Formativo Medio (Hastorf et. al., 2001).

Los datos existentes en el sitio de Chiripa muestran que se trataba de un área residencial, funeraria y ceremonial, lo cual implicó la existencia de una sociedad en proceso de complejización. El templete semisubterráneo que actualmente se observa en el sitio corresponde a un período posterior (Tiwanaku), y resalta la importancia ceremonial de este sitio.

Sin embargo, Chiripa también es conocido como un estilo cerámico. Sus principales características son pastas con inclusiones de arena y mica, decoración incisa, así como bandas horizontales con motivos escalonados incisos. Parte de este material fue registrado fuera del área circunlacustre, lo que muestra el movimiento de estas poblaciones a regiones tan alejadas como los Yungas o los valles del Norte de La Paz.

Esto lleva a plantear que durante el Formativo Medio, la cuenca del Titicaca fue un área de interacción social y económica, tanto al interior como hacia regiones adyacentes. Las relaciones distantes implicaron la circulación de bienes, pero también el movimiento de una ideología que permitió crear vínculos entre poblaciones diversas. A su vez, este fenómeno dio lugar a procesos de integración a través de esferas religiosas, comerciales, políticas y culturales. 

Estructura alrededor del templete de Chiripa

Templete Cultura Chiripa

martes, 23 de noviembre de 2021

Período Formativo - Las primeras aldeas (2000 a.C.-500 d. C.) - El Formativo en la cuenca circunlacustre

 El lago Titicaca se encuentra a aproximadamente 3810 m.s.n.m., es el lago navegable más alto del mundo. Ecológicamente ésta es una región benéfica para el desarrollo de sistemas de producción agrícola y pastoril, ya que su gran cuerpo de agua irriga los bordes, lo que crea un ambiente húmedo en relación a otras regiones del altiplano. Esto se manifiesta también en la generación de pasturas que ofrecen un hábitat adecuado para el ganado. Por esas razones, las riberas del Titicaca son áreas privilegiadas para el asentamiento humano, pues también permiten el desarrollo de la actividad pesquera (Fig. 12).

Lago Titicaca

En este paisaje y con el aprovechamiento de esos recursos es que tuvo lugar el establecimiento de poblaciones tempranas que todavía se dedicaban a la caza y recolección durante el Formativo Temprano (1500-800 a.C.). Como parte de un proceso continuo se dio la sedentarización, lo que implicó también el crecimiento demográfico y la complejización de los grupos asentados en esas regiones. Parte de esa complejización es el surgimiento de la noción de territorialidad, pues cada grupo empezó a demarcar su territorio y reconocer espacios de interacción que fueron consolidados a partir de redes de tráfico de bienes. Consecuentemente, se dio paso también a una ideología religiosa, la cual fue consolidada materialmente durante el siguiente período.

A nivel de producción material, la cerámica reportada de este período corresponde a los trabajos desarrollados en la península de Taraco, donde se identificaron los estilos Chiripa Temprano (1500-1000 a.C.) y Chiripa Medio (1000- 800 a.C.) (Hastorf et. al., 2001). Este tipo de materiales entonces, podrían estar considerados entre los más antiguos de la cuenca del Titicaca.

Ya en la fase del Formativo Medio (800-200 a.C.) los grupos empezaron a mostrar niveles de centralización política y jerarquización social, marcando el desarrollo de un nivel de complejidad no observado hasta ese entonces. Parte de esa complejidad se advierte en la construcción de arquitectura pública y monumental, la cual era destinada al ámbito ritual, implicando un sistema religioso que lograba la comunión entre el hombre andino y las divinidades naturales. Una prueba de ello son los templos con patios hundidos, conocidos como templetes semisubterráneos o semi-hundidos, en los que se aprecian pilastras con grabados zoomorfos (sapos, lagartos, serpientes y felinos), o monolitos con forma humana (antropomorfos) en posiciones particulares (Fig. 13). Los ritos realizados en los templos fueron los primeros esfuerzos por congregar a las comunidades en base a un fin común, el religioso en este caso, promoviendo también niveles de autoadscripción regional y local. La construcción de templos hundidos y la representación de esculturas y artefactos de la denominada tradición Yaya-Mama o Pa-ajanu, son los aspectos más característicos del Formativo Medio (Chavez y Mohr, 1975).

La alfarería de este período está relacionada con el estilo Chiripa Tardío, es decir una cerámica con antiplástico de fibra vegetal, que presenta decoración en rojo y crema. También, se inicia la elaboración y utilización de trompetas cerámicas, destinadas a fines rituales.

Al parecer, la economía de este tiempo estuvo basada en la agricultura, el pastoreo y la pesca. Por lo mismo, se plantea que los sitios del Formativo Medio pudieron estar ya asociados a incipientes campos elevados de cultivo, tecnología que permitió el cultivo a gran escala en tiempos sucesivos.

Esculturas en Piedra en el Formativo

Por otra parte, el Formativo Tardío (200 a.C.- 400 d. C.) fue relacionado con el surgimiento de Pucara, un sitio que centralizó e influyó en los asentamientos de la cuenca del Titicaca (Stanish, 2003). Este período se caracteriza por una complejidad política no observada antes, la consolidación del sistema económico precedente y una manufactura artefactual más elaborada. El estilo decorativo de la cerámica era más complejo, pues se observa la policromía del rojo, crema y negro, algunas veces asociado a un delineado inciso de los motivos.

Los indicadores mencionados son aspectos representativos, así como elementos típicos de varios grupos asentados en las márgenes del Titicaca. Los principales sitios de las distintas fases del Formativo se encuentran en Chissi, Escoma, la península de Santiago de Huata, Tiwanaku, Tumatumani, Titinhuayani, Casani, Ckackachipata, Chiripa y Pukara, éstos últimos son los sitios más conocidos de la cuenca del Titicaca (Fig. 14).

Riberas Lago Titicaca

La tradición escultórica Yaya-Mama

Esta tradición, que articuló una serie de manifestaciones religiosas diseminadas en toda la cuenca del Titicaca, es también conocida como Pa-ajanu . Sus expresiones iconográficas son muy particulares, pues presentan motivos recurrentes como los brazos cruzados sobre el pecho de algunas esculturas antropomorfas de piedra, cuyos costados muestran representaciones de animales. Esta simbolización también se observa en artefactos rituales, como trompetas o sopladores de cerámica con decoración incisa, muy típicas de ese tiempo. Debido a su área de difusión y su simbolización es considerada una tradición religiosa, indicador representativo del Formativo Medio.