Buscador

jueves, 10 de febrero de 2022

Valles y altiplano sur: Chuis, cotas y sipesipes: la frontera ecológica y política

La población de los chuis se hallaba dispersa por los valles cochabambinos desde Potopoto hasta Canata y Sacaba. Se trata de un pueblo cuya lengua estaba emparentada con la yuracaré según Schramm. No se reconoce que tuvieran un centro específico aunque parece que hubo cierta concentración en Punata y Sacaba. Esta diversidad sugiere que su organización no debió estar ordenada de manera lineal sino que funcionaban sin la necesidad de un núcleo de control central, sin embargo su importancia se reconoce porque los documentos tempranos señalan a este valle como “tierra de los chuies”. Desde una perspectiva histórica, la documentación los presenta junto con cotas y sipe sipes y también da indicios de una posible obediencia de los cotas hacia los chuis.

Una feroz resistencia a la conquista inca subraya su calidad guerrera y se sabe que entonces los chuis fueron prácticamente exterminados. Los que quedaron fueron sacados del valle y reubicados en Mizque, Pocona, Montepuco y Pucara, sitios de frontera donde cumplirían una misión defensiva en los fuertes incaicos contra los pueblos de Tierras Bajas. Durante un largo periodo los valles de Mizque y Cochabamba, fueron el punto de partida, lugar de tránsito o punto final de grandes movimientos migratorios (Schramm, 2012)

Mientras los cotas se encontraban junto a los chui, otro pueblo valluno, los sipe sipe, fue ubicado en tierras más altas convirtiéndose luego en “llameros del inca”. Por su ubicación geográfica cotas y chuis podrían ser los pueblos que produjeron cerámica durante el periodo Intermedio Tardío (1100 - 1470 d. C.); cerámica característica de Cochabamba que lleva decoración geométrica en blanco, negro, café y naranja.

Como a todos los pueblos de Tierras Bajas, los chuis se conocían como indios de “arco y flecha”, denominación compartida con los yamparaes, churumatas y chichas. Se relacionan también con urus, juries, yuracarés, amos, moyomoyos, chichas y charcas. Hay indicios sobre un idioma compartido entre los chuis y los yuracarés que se encontrarán luego en el Chapare denominado “idioma chui” (Schramm, 1990). Según fray Diego Martínez de Salazar residente de los conventos de Pocona en el año 1687 los yuracarés eran descendientes de los chuis de Mizque.

El valle de Cochabamba fue conquistado por el Inca Tupac Yupanqui (1471-1493) y luego reorganizado para convertirlo en un inmenso centro de producción agrícola del Tawantinsuyu. Con esta finalidad Huayna Capac, hijo de Tupac Yupanqui, pobló la zona con centenares de mitimaes trasladados de todas las zonas del Imperio. Luego de sometidos, los chuis pasaron a formar parte del ejército inca y participaron de algunas conquistas. Según Schramm (2012). los soldados del Inca no solo se reclutaban a los chuis sino también a los cotas que estaban a cargo de varias pucaras.

Formaron junto con los charcas, caracaras y chichas la llamada Confederación Charka. Cuando llegaron los españoles, los chuis juntamente con las “siete naciones” de la región resistieron su ingreso en el valle de Cochabamba. Por entonces el jefe de esta nación se llamaba Xaraxuri, quien también habría señoreado sobre los urus de la zona.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Caracaras, dueños de Potosí

Durante el Intermedio Tardío se supone un incremento de la población reflejado en la multiplicación de conjuntos habitacionales pequeños y medianos. También la región sufrió una importante modificación del paisaje gracias al desarrollo de la agricultura con terrazas de cultivo y canales de riego. Asimismo la importancia de la ganadería de camélidos continúa; hay sin embargo ausencia de registro de sitios mineros. Aunque no hayan muestras de una sociedad estratificada y con el poder centralizado, si se puede aseverar la existencia de una unidad cultural en el territorio de Potosí en forma de sociedades corporativas. No se observa un corte abrupto con el periodo anterior como en la región del lago Titicaca. En la cerámica sobresalen los estilos Yura-Potosí (negro sobre naranja), Caracara (rojo, púrpura, naranja y negro sobre color de la pieza) y Chaquí- Condoriri (Huruquilla), (Cruz, 2008).

Según el estudio realizado por Lecoq en los alrededores de Porco y de Potosí, se puede ejemplificar el tipo de ocupación de los caracara. Casi todos los sitios tienden a concentrarse alrededor de las fuentes de agua y de los ríos buscando controlar otras zonas ecológicas. Los sitios más tardíos se desplazan en las cimas de los cerros desde las que se podía controlar las principales vías de acceso.

En la mayoría de los casos, se trata de un conjunto de estructuras a veces defensivas o pucaras que muestran los restos de construcciones de piedra ubicadas sobre terrazas, como viviendas de planta rectangular. Asimismo pequeñas torres muy parecidas a los graneros o colcas de otras zonas que se construyeron alineadas a lo largo de las terrazas. Frecuentemente estos sitios están asociados con corrales, pequeños muros de fortificación y terrazas agrícolas con antiguos canales de irrigación. También quedan restos de enterramientos que suelen estar ubicados fuera de los límites del pueblo; no todas son en chullpas sino que existen otras en cistas (Lecoq, 2003). Estas características comparten con otros sitios de la región meridional de los Andes. Un ejemplo de sitio es el “Río Panagua” descrito por Chervin en 1908.

En cuanto a la ocupación espacial, se presentan algunos cambios en relación al periodo anterior; de los Desarrollos Regionales tardíos, como por ejemplo el abandono de algunos sitios como el de Palcamayu y crecen otros sitios como Jatun Talasa Huankarani con varios otros sitios secundarios. También se intensifica el uso de terrazas de cultivo con canales de riego y construcciones para el almacenamiento de productos así como la presencia de algunos sitios con muros. y los enterramientos en cistas y construcciones con patio. En la zona de valle fueron registrados pocos corrales y no se encontraron áreas de producción artesanal. Tampoco hay evidencia de fiestas o rituales (Rivera, 2006).

Estudios sobre la cerámica indican que se utilizaban grandes jarras y cántaros para preparar y guardar alimentos, cuencos en forma de campana invertida, ollas y platos de uso doméstico. Según Ibarra Grasso (1973) y Querejazu Lewis (1986) la decoración que presenta este material es de estilo Yura caracterizado por líneas negras con puntos o cruces. Otro material con fondo gris caracterizado como huruquilla ha preferido llamarse Yura Sobre Gris (Céspedes y Lecoq varios años).

La presencia en esta zona, de tantos pueblos contemporáneos con el mismo patrón de asentamiento, parece reflejar una misma organización socio-política y económica que controlaba los recursos regionales, agricultura, minerales e intercambio interregional. Este dinamismo de la circulación regional los hace parte de una cadena productiva que los ponía en contacto con otras regiones y donde el uso de la llama como animal de carga era un elemento clave (Núñez y Dillehay, 1995).

La mina de Porco, una huaca reverenciada por los pueblos del lugar, se encontraba en territorio caracara. En el periodo del Intermedio Tardío se encuentra ocupación en la zona ciertamente ligada a la explotación en pequeña escala de la mina. Sin embargo, como lo venimos observando para otros sitios mineros, la pequeña cantidad de sitios encontrados en los alrededores de Porco y su carácter exclusivamente habitacional y no minero, no corresponden al cuadro que brindan las fuentes etnohistóricas acerca de la mina de Porco (Lecoq, 2003; Van Buren, Cohen y Rehren, 2008).

Según la información etnohistórica, Porco fue célebre por haber sido entregada como botín a los españoles cuando la resistencia del Sur se rindió en 1536. Tata Purqu era considerado patrón sagrado de la minería, la guerra, la fecundidad y la salud. Al igual que Porco, Potosí que también estaba en su territorio desempeñaba el papel sagrado de puerta o “punku”, separando el mundo luminoso del exterior donde se multiplicaban las plantas, los animales y los hombres del mundo oscuro interior de las raíces donde brillaba y crecía el metal (Platt, Bouysse y Harris, 2006).

Esta suerte de contradicción entre los datos arqueológicos y los históricos obliga a hacerse preguntas acerca del tipo de explotación minera que se llevaba a cabo en este lugar y periodo. Cruz (2008) plantea que no deberíamos esperar una separación estricta entre el mundo doméstico y el tecnológico minero. La cuestión queda abierta. Acerca del significado del nombre de la nación, la posibilidad más cercana es que caracara signifique “el alba”, título que les había concedido el Inca y por tanto se los conocería como Hanko Charka” o Charca Blanco. La idea del alba, al igual que en el escudo de armas que solicitaron los charcas al rey en el periodo colonial, el de los caracara incorpora una “flor blanca que florece”. Se trata de una amancaya, flor de pétalos alargados que asemejan a Venus también representada en el escudo (Platt, 2013).

Hanko Tutumpi Ayra Kanchi, “flor blanca que brota”, fue un jefe guerrero poderoso antes del Tawantinsuyu; este señor de los caracara intercambiaba regalos con Pachakuti Inka Yupanqui y más tarde su hijo Uchutuma recibió a la hija del Inca Wayna Capac, llamada Payku Chimpu, a cambio de su servicio militar en la campaña cusqueña contra Quito. Desde entonces los charcas blancos serían conocidos con el título honorífico que les dio el Inca: caracara que significa “el alba”.

En tiempos del Inca Huayna Capac, el señor de la nación Caracara era Tata Paria, aliado de Coysara y de Gualca, señores de dos naciones cercanas: Charca y Sora. En alianza con los incas, se dice que los caracaras barrieron a los de Pilaya y Paspaya además de derrotar a los chuis, momento en que habrían ganado los cocales de Tiraque. La categoría de Tata Paria se refleja en el culto que le rindieron después de su muerte pues le hicieron dos sepulturas, una en Macha y la otra en Curata (del Río, 2006).

El territorio ocupado por los caracara abarcaba aproximadamente la región del actual Norte de Potosí; incluía lo que hoy es la ciudad de Potosí y se extendía por los valles del Sureste de Cochabamba llegando hasta los ríos Grande y Pilcomayo; colindaba al Norte con los charcas, al Oeste con los quillacas, al Sur con los chichas y al Este con chuis y yamparaes. Sus principales recursos fueron minerales y también los hatos de llamas y alpacas, con ellas se facilitaba el acceso a sus tierras distantes en otras zonas ecológicas consiguiendo en ellas lo necesario para su sustento.

Todo su territorio formaba parte del Urcusuyu y se hallaba dividido en dos mitades: Macha (hanansaya) donde se encontraba la capital y Chaquí (urinsaya) que ocupaba los alrededores de Potosí. Al mismo tiempo cada mitad se volvía a subdividir. Las poblaciones que eran parte de este Señorío fueron Aymaya (ubicada en medio de los charcas), Pocoata, Macha, Sullaga, Surumi, Carasi, Micani, Moscarí, Chaquí, Visisa, Cayza, Tacobamba, Colo, Caquina, Picachuri, Caracara, Moromoro y San Marcos de Miraflores. También el valle de Cinti parace haber formado parte de la confederación Caracara (Fig. 87)

Al igual que los charcas, los caracara formaron un grupo bastante homogéneo donde se hablaba solamente aymara. La diferenciación interna se puede plantear a nivel intermedio o pues la mitad Macha, estaba compuesta por pueblos con cierta unidad étnica, en tanto que la mitad Chaquí era más compleja pues incorporaba a diversidad de grupos con sus particularidades. El poblado central y más prestigioso era Macha.

Es precisamente en el periodo conocido como Desarrollos Regionales tardíos que se consolidan las grandes confederaciones. Este periodo se caracteriza por una intensa inter-relación entre la puna y los valles adyacentes, construyendo una identidad regional que se expresa en estilos cerámicos como el Huruquilla. Este estilo tiene una amplia distribución que corresponde en parte con el territorio que fue ocupado por la confederación Caracara siendo su rasgo principal el color gris de la pasta. Sin embargo los motivos parecen tener variaciones locales y regionales que podrían corresponder a los diferentes grupos sociales que conformaban la confederación. Fuera de la Huruquilla, la cerámica foránea más común es la chicha dando pautas acerca de una interacción en un eje Este - Oeste. Al igual que en otras áreas, las caravanas de llamas jugaron un papel central en la integración regional cuyas huellas y rutas se pueden seguir en los sitios de arte rupestre en lugares de descanso (Rivera Casanovas, 2003).

El inventario de ceramios realizado por Ibarra Grasso (1973) incluye jarritas con asa pitón o solamente pitón y un asa vertical, menciona que ellas se usaron para beber chicha basándose en observaciones etnográficas en los valles de Cochabamba.

Resulta significativa la relación con los chiriguanos, por representar “el otro”, con quien tuvieron una relación conflictiva debido a los constantes intentos de los chiriguanos por ingresar a territorio caracara y llegar a las minas de plata; su interés en Porco había sido tanto religioso - militar como económico pues debieron oír de la fama de su huaca.
Ceramica Huruquilla

CAracara

martes, 8 de febrero de 2022

Charcas y la tradición guerrera

De acuerdo a la tradición oral recogida en la probanza del Capac Ayllu del Cusco ([1569] 1985), cuando llegaron los tres hijos del Inca Pachacuti a conquistar las provincias al Sur de Paria, ingresaron hasta Charcas a la que conocían como “Vila Charka” y “Hanco Charka”. Platt, Bouysse y Harris (2006) proponen que el “Vila Charka” o Charca Rojo corresponde a los charcas propiamente y Charca Blanco a los caracara.

El nombre de su capital, Sacaca, estaba inscrito en un escudo de armas que solicitaron a la Corona Española. A pesar de tratarse de una manera de mostrar la nobleza en tiempos coloniales, los charcas lo utilizaron para registrar su historia prehispánica. Representaron a Sacaca en forma de un pájaro de colores con rayos de fuego a su alrededor pues Sacaca es precisamente el nombre de “un pájaro de la puna de colores” y también de un cometa que presagia cambios profundos, tanto así que se dice vieron uno en el cielo cuando Atahuallpa estaba preso en manos de los españoles (Arze y Medinacelli, 1991).

Los charcas dejaron escrita en tiempos coloniales un memorial donde dejan claro que estaban orgullosos de haber sido “guerreros del Inca”, lo propio se puede “leer” en el mismo escudo, donde en uno de los cuarteles aparece una mano tomando de los cabellos la cabeza cortada de un enemigo. Anotaron también que sus antepasados partieron hacia el Cusco para unirse al ejército inca e ir en son de conquista hasta el Ecuador. Para partir a la guerra vestían sus mejores galas, ropa bellamente tejida y tocados con adornos de plumas de aves. Tan importante como su calidad de guerreros era el culto a sus antepasados cuyos nombres se recordaban por generaciones. Los charcas recordaron a sus mallkus por varias generaciones (Memorial de Charcas, 1582): 
Genealogia de los Ayaviri

También participaban del culto al dios Tanga Tanga o Acatanga junto a otros pueblos de la región como lo registraron los cronistas Acosta y Garcilaso de la Vega. Se trata de un dios de naturaleza trinitaria representado con tres cabezas. Una de las huacas de Tanga Tanga se encontraba en La Plata en las faldas que separan los cerros Sicasica y Churuquella.

En el Norte de Potosí y extendiéndose hacia los valles de Cochabamba y Tarija se encontraba la Confederación Charca, formada por charcas, caracaras, chuis y chichas, es decir dos pueblos de puna y dos de valle.

Los charcas habitaban en una región de altiplano bajo que se conectaba directamente con los valles, en las actuales provincias de Bustillos, Ibáñez, Bilbao y Charcas. El pueblo de Sacaca, cabecera del Señorío, se ubicaba en la puna pero controlaba una cantidad de pueblos distribuidos de manera dispersa entre la puna y los valles que se despliegan hacia el actual departamento de Cochabamba: San Pedro de Buena Vista, Santiago del Paso, Moscarí y Acacio llegando hasta Totora donde tenían chacras de coca. A partir del dominio inca también tuvieron tierras en el valle de Cochabamba. Ubicados en el sector umasuyu no accedieron a tierras en la costa como ocurría con los Señoríos del Urcusuyu. Los charcas tenían como vecinos a los quillacas, los caracaras y los yamparas y se relacionaban de manera conflictiva con los chiriguanos con quienes tuvieron algunos enfrentamientos.

Aunque la información etnohistórica se refiere sobre todo al periodo colonial, quizás se pueda extender hacia el periodo anterior a ellos. Sabemos que en el siglo XVI la nación Charca estaba organizaba en dos grandes parcialidades: Sacaca y Chayanta. Sacaca a su vez tenía tres parcialidades: Hila, Pagre y Sullca, en tanto que eran parte de Chayanta los Chullpas, Laymes, Carachas, Chayantacas y Sicoyas (Fig. 61).

Los charcas hablaban aymara y hasta donde han avanzado los estudios, no se encuentra en la toponimia de la zona ni en los documentos históricos referencia a que hablaran alguna otra lengua. Este dato tan importante debe relacionarse con lo que ocurre en los otros Señoríos donde hay presencia del idioma uruquilla y puquina, además de otras lenguas locales. Es posible, sin embargo, que las familias de los mallkus conocieran además el quechua, debido a la política inca de difundir su lengua entre las elites locales.

escudo de armas ayaviri


lunes, 7 de febrero de 2022

Norte de Potosí

El patrón de asentamiento del Período Intermedio Tardío en la región de Potosí ofrece un panorama de la ocupación regional antes de la conquista inca. Según Lecoq (2003) casi todos los sitios tienden a concentrarse alrededor de la fuentes de agua y de los ríos aunque los sitios se ubican hacia las alturas en la cima de los cerros desde donde se podía controlar las principales vías de acceso; se trata a veces de pucaras defensivas que muestran los restos de estructuras de piedra que pudieron ser viviendas rectangulares o también silos para el almacenamiento. También se encuentran corrales, muros y terrazas agrícolas con canales de irrigación.

Frecuentemente estos sitios están asociados a necrópolis localizadas fuera del pueblo y ubicadas cerca de un riachuelo. Los enterramientos se caracterizan por tener inhumaciones simples o múltiples, en cistas o en pequeñas construcciones en forma de chullpa, construidas debajo de los abrigos de roca, y que fueron ampliamente descritas por Ibarra Grasso (1965), antes de que fueran totalmente saqueadas.

Todos estos sitios tienen muchas similitudes con los asentamientos contemporáneos de las zonas del altiplano meridional de Bolivia o del Norte de Chile y de Argentina (Hidalgo et al. 1989; Lecoq, 1999).

En cuanto a la cerámica, el material se asemeja mucho a las formas del periodo anterior presentando grandes jarras y cántaros para preparar y guardar alimentos, cuencos, pucos y escudillas. La decoración que presentan es de estilo “Yura” o “Yura Poligonal” caracterizado por líneas negras con diseños geométricos y tiene muchas variantes.

Un importante sistema de circulación e intercambio no solamente con valles sino también en el mismo altiplano expresa la construcción de una identidad regional.

Siendo el territorio fuente de riqueza mineral se podría esperar una extendida actividad minera, sin embargo esta actividad se asemeja a una recolección de superficie que no requiere altas técnicas y como lo plantea Pablo Cruz (2003) en los Andes no hay ‘sitios mineros’ prehispánicos en el sentido europeo de la palabra; hay minas, hay huayrachinas, pero no existe una frontera marcada entre el mundo ‘técnico’ de la producción y el mundo ‘domestico’ y también sagrado de los trabajadores con sus pueblos ubicados cerca de las minas” (Lecoq, 2003).

En relación a la ocupación pre-inca e inca en el Sur de Potosí se puede afirmar que la conquista de la región no parece haber modificado mucho la organización que prevalecía antes de su llegada, al parecer los llamados luego caracaras. Su integración con el Tawantinsuyu ha debido ser un acto voluntario de los señores étnicos.
Ceramica Yura

viernes, 4 de febrero de 2022

Quillacas y la Confederación de pueblos

Quillaca, más que un Señorío constituye una federación de varias naciones: quillacas, asanaques, sevaruyos - aracapis y aullagas-uruquillas, de las cuales los los quillacas eran la cabeza política. Junto con sus vecinos carangas formaron la llamada Confederación Quillaca. Cada una de estas naciones se dividía en parcialidades y luego en ayllus. Este fenómeno de aglutinación de segmentos de varias identidades, es más notorio aquí que en la región del lago Titicaca. La variedad de pueblos que veremos entre los quillacas es una muestra de la multietnicidad del altiplano boliviano en tiempos prehispánicos.

Los quillacas propiamente, formaron una unidad cuya cabecera era el pueblo de Hatun Quillaca, centro ritual de una amplia zona. El territorio Quillaca incluía tierras en Chuquisaca como, Pojpo, San Lucas de Paacollo y San Juan del Pedroso e incluso tuvieron tierras en los valles de Tarija. El sistema de autoridades era como en todos los Señoríos hereditario y binario; a la llegada de los españoles el mallku de los quillacas era Colque Guarachi.

La base de su economía descansaba en la cría de camélidos que les permitía un intenso intercambio con diferentes regiones donde posiblemente la sal fue un bien de primera importancia, pero además explotaban minas de plata y se dedicaban a la agricultura en la región de puna y también en sus tierras en los valles.

Los estudios arqueológicos en la región intersalar, Coipasa y Uyuni (Lecoq, 1997), indican que en el Intermedio Tardío (ca. 1200- 1400) hubo una fuerte presión demográfica manifiesta en una gran cantidad de ciudadelas encontradas en la región. Esto refleja, además, un estricto control de la producción y de la distribución de bienes, que se corrobora por la presencia de silos de almacenamiento, tambos y red de caminos. También se encontraron fortificaciones en lugares elevados o en faldas de los cerros; ubicadas siempre en proximidades de pequeños riachuelos o fuentes de agua. Más adelante durante el periodo inca varios de estos sitios fueron reocupados.

Otra característica de la zona es que presenta indicios de una ocupación multiétnica, expresada en una variedad de inhumaciones (en torres funerarias, en cuevas y en cistas). Los ajuares funerarios con objetos provenientes de zonas limítrofes confirman relaciones interecológicas, con los valles orientales y los oasis del litoral pacífico. Este panorama referido a la región intersalar, se podría extender a toda la región del Poopó. Es importante subrayar la menor incidencia de Tiwanaku en la región, por tanto la ausencia del dominio tiwanakota no afectó de la misma manera que al altiplano paceño.

Los sevaruyo - aracapi se ubicaban en Puna, Coroma y Tolapampa, teniendo además otros centros en Talavera de la Puna (Potosí) y Quiocalla (Chuquisaca). También accedían a tierras en el valle de Cochabamba desde tiempos del Inca Huayna Capac. En el siglo XVI, su población se encontraba dispersa en 28 pequeños pueblos a lo largo de 30 leguas españolas; estaba compuesta por 5968 sevaruyos y aracapis y 292 urus, todos ellos organizados en tres segmentos 1) Sevaruyo 2) Marca Soraga 3) Aracapi. Alguna documentación insinúa que los aracapis hablarían puquina. Los Choqueticlla, eran sus principales autoridades.

Los asanaques se ubicaron al Sureste del lago Poopó, teniendo como pueblos principales Condo Condo, Challapata y Culta (hoy de los qaqachaca). El cerro Azanaque figura en mitos modernos como el viejo que se enamora de la bella Tunupa un volcán ubicado en el salar de Uyuni. Su organización socioespacial presenta una división en tres segmentos. Hanansaya - Urus - Urinsaya, cada cual con varios ayllus. Sus autoridades eran los Copatiti.

Los aullagas - uruquillas: el Sur del Poopó cuenta con una tradición de larga data que da una cierta unidad a la región. Trabajos de excavación refieren que la región intersalar presenta diversidad de estilos cerámicos que podría efectivamente reflejar una ocupación pluriétnica o contactos interregionales constantes. De los restos, el tipo “Taltape” está particularmente bien representado en la región quillaca por ello han sido designados como Quillacas-Taltape. Este estilo parece inlfuir en regiones vecinas particularmente en Macha (Lecoq, 1997).

Lecoq (1997) se pregunta si es posible identificar cada una de las naciones que formaban parte de los quillacas a partir de restos arqueológicos y encuentra ciertos indicios, como por ejemplo que los quillacas tenían deformaciones craneanas aunque no fueran los únicos en hacerlo, pero en general es difícil establecer diferencias tajantes.

Algunos restos arqueológicos de la región intersalar se podrían asimilar al resto de la región quillaca como la arquitectura donde la mayor parte de los emplazamientos son pucaras defensivas que probablemente son bastante antiguas (600 - 900 d. C.) pero cuya difusión aumentó en el siguiente periodo (1000- 1350 d. C.). Las viviendas son de tipo cuadrangular distintas de las casas redondas típicas de la cultura wankarani, mucho más antigua y las colcas de almacenamiento probablemente de quinua eran pequeñas torres redondas y a veces cuadradas.

La cerámica de la región intersalar se cracteriza por ser utilizaria (jarras, tarros, tazones y escudillas) y algunas rituales como los kerus que proceden de tumbas saqueadas. El estilo cerámico mejor representado es el Cabuza que se caracteriza por una serie de pequeños triángulos y líneas onduladas pintadas en negro, cuya difusión llega por lo menos hasta Arica. Este estilo coincide con otros como el Taltape, Las Maytas y otros como el Puquí (Lecoq, 1997).

En la región Sur del Poopó existen restos de ciudadelas que tenían un carácter religioso y de culto a las huacas de origen pero conservan también el carácter defensivo de pucaras con muros de protección y circunvalación de los barrios que agrupaban a conjuntos de casas de planta circular. Su posición cerca de las planicies las diferencia de las pucaras de altura y difícil acceso. Alrededor de los años 1000 - 1400 d. C. (Intermedio Tardío) la población se expandió gracias a una alta densidad demográfica, a partir de 1450 la región fue controlada por los incas, localizados en ciudadelas. Es probable que se hubiera producido una reorganización del sistema productivo, lo que no significa una ocupación directa. El modelo administrativo inca se evidencia por la construcción de tambos estratégicamente ubicados.

Los aullagas-uruquillas tenían como centro más importante el tambo de Aullagas al Sur del lago Poopó; en su territorio también se encuentra el importante tambo de Sevaruyo. En documentos coloniales del siglo XVII, los aullagas y uruquillas se denominaron “yucasas”. Es difícil saber si hubo una diferencia entre urus y uruquillas. Uruquilla es un término que designa a la etnia del Sur del lago Poopó, a la lengua de los urus y a un estilo cerámico bautizado así por Ibarra Grasso. Abercrombie (2006) considera que los uruquillas eran especialistas en labores mineras, tarea que los diferencia de la tradicional actividad de los urus pescadores. Su territorio llegaba hasta Salinas de Tunupa hoy Garci Mendoza. Tenían tierras de comunidad en Sause, Cainaca y Pocpo en territorio de los yamparaes (Chuquisaca) asimismo en Chulla (Cochabamba) y Tuctapari (Porco). Su organización socioespacial era muy compleja y fragmentada pues su población se movía constantemente. Tentativamente se puede suponer que se organizaba en la siguientes parcialidades: Hanansaya, Urus, Urinsaya, Huari y Salinas de Tunupa, cada cual con sus ayllus.

La información que se tiene sobre los quillaca proviene sobre todo de la etnohistoria, pues la mirada arqueológica, centrada en Tiwanaku y el lago Titicaca ignoró frecuentemente la situación del Sur y más aún de los sectores de valle que controlaban los quillacas como fueron los valles interandinos de Chuquisaca. Estos tratados como recipientes pasivos de las influencias de las tierras altas.

Recién a fines del siglo XX y principios del XXI se encuentran aportes que permiten un diálogo aún incipiente con la información etnohistórica. Una serie de estilos cerámicos y una compleja red de caminos da cuenta que hubo una fluida interacción entre las poblaciones del altiplano y la de los valles de Chuquisaca, algunos de los cuales, como el de San Lucas, eran controlados directamente por población quillaca (Rivera, 2006).

miércoles, 2 de febrero de 2022

Mito de la Tunupa

De: Ramiro Molina Rivero

Las diferentes versiones del Mito de la Tunupa contemporánea se identifican claramente con un personaje femenino, a diferencia del personaje del siglo XVI que se caracteriza por un personaje de edad y masculino. Fueron recogidas principalmente en las localidades de Pampa Aullagas, Quillacas, Huari, Sevaruyo, Salinas de Garci Mendoza, Aroma, Ucumasi y Challapata. La versión que sigue es una de las más completas que incluye una serie de fragmentos existentes en las diferentes localidades estudiadas:

«Se dice que un día el viejo Asanaques se casó con la Tunupa y tuvieron varios hijos. El Asanaques era un viejo con barba blanca y el principal mallku de la región y la Tunupa una bella y joven mujer que llevaba doce polleras de muchos colores y doce enaguas.

El viejo Asanaques era muy celoso de la bella Tunupa ocasionándole muchos sufrimientos a la joven mujer. Así un día, tanto sufrir, la joven Tunupa decidió irse hacia la costa. En esa ocasión la Tunupa y el Asanaques tuvieron una riña, en la que el Asanaques comenzó a pegarla, mientras que la Tunupa pidió auxilio y salió a su defensa su hermana, Chullasi, que se encontraba al otro lado del lago cerca a Orinoca. Esta, para defender a su hermana Tunupa, le lanzó con una honda, una piedra a la cabeza del Asanaques, hiriéndole de esta forma al Mallku para siempre. Por esa razón el Mallku se encuentra inclinado hacia donde sale el sol y la piedra que le hirió se encuentra todavía en la pampa cerca al camino, que la llaman Pacokahua. Mientras estaba herido el Asanaques, la Tunupa aprovechó de marcharse, dejando atrás a sus hijos: Wilacollo, Huatascollo, Huari y Sevaruyo (Cerro Gordo).

En su recorrido hacia la costa, la Tunupa se orinó en las pampas de Aguas Calientes, donde hoy en día aún existen brotes de aguas termales. Luego, de transitar por las pampas de Condo, la Tunupa decidió descansar en la localidad de Quillacas, donde se hizo un fogón para cocinar, formando así los cerros de Santa Bárbara y San Juan Mallku, donde luego se ubicaría el actual pueblo de Quillacas. Al día siguiente, dirigiéndose rumbo al Oeste, la Tunupa para cruzar el río Márquez, dejó una de sus abarcas, en lo que hoy en día es la pequeña loma Sato. Al otro lado del río, decidió descansar un poco dejando su aposento temporal (jaraña) en esa localidad, conocida con el nombre del cerro de Pedro Santos Willka y donde se encuentra, al pie de dicho cerro, el pueblo de Pampa Aullagas. Rumbo al sur, cerca de Tambillo, la Tunupa excavó la tierra para construir una Tiwaraña y beneficiarse su quinua, comida que se guardó para el resto del camino. Continuando su trayectoria hacia el sur, en una localidad llamada Jayu Cota, excavó nuevamente la tierra para luego verter su leche y dejarla a su hijo menor que la seguía. Este lugar es actualmente un pequeño salar de color rojizo. Más adelante en su camino dejó a un hijo enfermo con viruela, llamado Salviano, nombre de un cerro que tiene muchos huecos.

Siguió su camino hasta llegar salir de Uyuni y perder de vista al Asanaques. En esta zona se encontró con dos jóvenes muy guapos, el Cora Cora y el Achacollo (o Cerro Grande), con los que tomó amistad, y quienes la convencieron que se quedase por esos lugares.

Muy pronto los jóvenes se enamoraron de la bella Tunupa. Su belleza atrajo la atención de conocidos y poderosos Mallkus como el Tata Sabaya y el Aconcagua. Algunos dicen que el Mallku Sabaya mandó su ejército para conquistar y robar a la Tunupa; en su intento fracasó. Mientras tanto los dos jóvenes pretendientes comenzaron a pelearse por la Tunupa hasta iniciar una guerra. Con un hondazo, el Cora Cora hirió el corazón del Achacollo, por lo que desangró mucho. Por ello este cerro hoy en día aparece totalmente seco. Por su parte, el cerro Achacollo también le lanzó un hondazo al Cora Cora, hiriéndolo en la vejiga y abriéndole muchos huecos. Este cerro hasta ahora tiene vertientes de agua que salen de su interior. Así ambos jóvenes pretendientes murieron por el amor de la Tunupa. Y desde entonces la Tunupa se quedó para siempre en esta región.” 
Ruta de la Tunupa

martes, 1 de febrero de 2022

Carangas: cultura pastoril de larga duración

¿Cuál es la antigüedad de este Señorío? Estudios arqueológicos basados en la continuidad del estilo de cerámica (llamado caranga en Bolivia y chilpe en Chile) proponen que los carangas provienen de una larga historia que se remonta hasta cerca al año 300 d. C. (Michel, 2000). Un equipo de investigación de la Universidad de Pittsburg sugiere que hubo continuidad de modelos cerámicos que no muestran interferencia tiwanakota. Esta continuidad también tiene que ver con la menor presencia que pudo tener Tiwanaku en la zona, pues, hasta el momento los estudios muestran que la huella que habría dejado esta cultura en Oruro es menor que en otras zonas.

En cambio los incas dejaron importantes huellas en el sector occidental del lago Poopó. Precisamente uno de los sitios arqueológicos más impresionantes de carangas es el de las chullpas decoradas del río Lauca, ubicado cerca de lo que fue la antigua cabecera. Todo indica que este sitio fue re-construido para conmemorar la alianza inca-caranga, en un espacio que es en verdad un santuario al aire libre. Esta alianza se traduce en la complementación de elementos incas con carangas; siendo las chullpas de origen preinca, el decorado de las mismas asemejan textiles incas; además en el lugar se construyó una chullpa de grandes piedras talladas de estilo inca imperial y con vanos trapezoidales típicamente incas, pero las propias chullpas y la concepción de este espacio como un paisaje sagrado, son carangas.

Los asentamientos dispersos en carangas siguen una tradición que se desarrolló hasta aproximadamente el año 1000/1200 d. C. cuando los pobladores construyeron las pucaras o asentamientos defensivos en altura, que son la expresión de un periodo de inestabilidad y enfrentamientos que duraron hasta cerca de 1450 d. C., momento en que fueron conquistados por los incas. El territorio y la población fueron reacomodados por los incas con fines administrativos formando una provincia.

A la llegada de los españoles gobernaban a los carangas Condor Vilca (en la parte de Huachacalla, Sabaya y Turco) y Vilca Callisaya (en la parte de Totora), por encima de todos ellos estaba Chuquichambi que residía en Chuquicota. Es notable que los documentos denominen a Condor Vilca como uru, lo que indicaría que el status de los urus en esta zona no seguía el patrón de sometimiento de otras regiones.

Ubicados en el sector Urcusuyo del altiplano, los carangas ocupaban las provincias de Sajama, Caranga, Atahuallpa y Totora del departamento de Oruro aunque antiguamente su territorio era más extenso e incluía tierras en distintos pisos ecológicos. La cabecera preinca era Turco cuya ubicación original se desconoce debido a que en el año 1600 tuvo que trasladarse por la explosión del volcán Huayna Putina. Turco no fue el único poblado importante pues además de éste hubo en Carangas unos seis o siete poblados principales o markas: Corquemarca, Andamarca, Chuquicota, Sabaya, Totora, Orinoca y Huachacalla. Cada una de ellas se dividía en hanansaya y urinsaya; varias markas se agrupaban formando una “parcialidad”. La parcialidad principal estaba presidida por Turco y se denominaba Hatun Caranga.

Las menores posibilidades de agricultura, limitada a algunas especies fuertes de papa y cañahua, se veían compensadas por la riqueza ganadera. En consecuencia, su organización social y territorial, así como el resto de su cultura se pueden considerar como expresiones de un pueblo pastoril andino que se movía constantemente por el territorio teniendo viviendas principales y secundarias. La población dispersa llegaba a la marka en momentos del año de importancia ritual y económica y se reunían en fiestas y ferias temporales.

Aunque la arqueología discute que los límites que señala la etnohistoria no coinciden con exactitud con los restos arqueológicos, los límites aproximados de la provincia de Carangas eran los siguientes: al Norte el río Mauri hacía de frontera natural con los pacajes. Al Noreste, la división entre carangas y soras era más difusa. Al Este, el lago Poopó separaba claramente a carangas de soras y al Sudeste y Sur nuevamente la frontera con los quillacas no era clara. El problema se presenta con la frontera Oeste; allí la Cordillera Occidental parecería ser un límite preciso, sin embargo hay datos que muestran que todavía en la provincia de Tarapacá al “otro lado” de la cordillera, los caranga tenían dominio discontinuo incluso hasta la costa donde interactuaban no solamente con otros Señoríos del altiplano (pacajes y lupacas) sino también con la población originaria local como los changos y camanchacas. Los recursos de esta zona eran no solamente coca, sino también pastizales irrigados y permanentes. Riviere (1986) propone que los lazos de complementariedad con la vertiente del Pacífico, que se encontraba entre tres y cinco días de camino, eran más antiguos que con los valles interandinos.

Precisamente accedieron a los valles de Cochabamba, Chuquisaca, Tarija y Lípez recién a partir del dominio incaico. Allí tenían tierras los de Totora, Andamarca, Urinoca, Corque y Chuquicota es decir las markas orientales de los carangas. En Tarija, se encontraban en la fortaleza de Aquilacha enviados por los incas como guardianes de frontera, una situación similar parece fue la de los carangas que se encontraban en Toco (Lípez). A su vez, encontramos en medio del territorio caranga a mitimaes provenientes de otros Señoríos y trasplantados en la época incaica: lupacas en el tambo de Cosapa; collas en la estancia de Choati de Huachacalla y charcas en el pueblo de Pacha.

A la llegada de los españoles, el centro de poder o “cabecera” donde residían las autoridades principales era Chuquicota, que desde los incas se convirtió en un importante tambo. Sin embargo esto no fue siempre así, en tiempos preincas fueron más importantes que Chuquicota, Corquemarca y Turco.

Los carangas estaban formados por los pueblos carangas y urus, los primeros eran llameros de lengua aymara y los segundos “hombres del agua”, ambos compartían una alta movilidad en el espacio, aunque con distintas características. Los llameros circulaban intercambiando bienes, en cambio los urus se movían tras los recursos lacustres.

Ambos pueblos formaban las markas que generalmente eran biétnicas, estando bien definidos los ayllus de urus y los de aymaras. Los primeros se identifican por el carácter lacustre de su cultura, pero esta relación con los lagos, ríos y salares ha hecho que tanto ellos mismos como los demás, los vean como una cultura al margen del orden establecido, como si fueran parte de otra humanidad. Incluso sus mitos de origen, sostienen que son “chullpapuchos” (los restos de los chullpas), como recuerdan los chipayas que mantienen aún hoy su lengua, costumbres, viviendas y creencias.

Sin embargo, esta marginalidad no puede generalizarse a todas las regiones y a todos los tiempos. En los documentos más tempranos sobre Carangas figuran autoridades uru como jefes de parcialidades completas como el caso de Condor Vilca, quien, era un cacique uru de la parcialidad de Sabaya - Huachacalla.

Por su parte los pastores carangas desarrollaron una cultura que hizo del espacio motivo de culto y ámbito de lo sagrado. Muchos mitos y tradiciones locales dejan saber que las montañas eran consideradas deidades con características humanas, podían ser hombres o mujeres que protegían, proveían y castigaban. Las leyendas del Sajama, la Tunupa y del Tata Sabaya son sólo algunos ejemplos. Este espacio estaba señalado por rasgos de la propia naturaleza por ejemplo ciertas montañas, volcanes, lagos, ríos y vertientes eran expresiones sagradas que los carangas resaltaron mediante construcciones de carácter religioso (tumbas de los antepasados) donde se realizaba una serie de rituales. Allí confluyeron elementos naturales y culturales demarcando los límites entre una parcialidad y otra; entre un Señorío y otro pero también entre los espacios sagrados y los profanos.
Reconstruccion sitio Caranguillas