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sábado, 6 de agosto de 2022

El frente externo del imperio - Alejo García y los chiriguanos: las migraciones del Este

Entre las diversas expediciones, destaca la de Alejo o Alexo García, navegante de origen portugués, que al parecer participó en la expedición de Juan Díaz de Solís y naufragó con una de las naves. Habiendo aprendido la lengua y las costumbres, había recibido de los indios informaciones sobre un rico reino y emprendido una expedición desde el Brasil hacia el interior del continente. Su trayectoria habría llegado tan lejos como la frontera con el imperio incaico.

Expedicionarios y cronistas como Ruy Díaz de Guzmán y Alvar Núñez, dan versiones sobre un enfrentamiento entre tropas del Inca Huayna Capac (1493 -1528) con Alejo García en la región del Chaco. Aunque el historiador Eduardo Arze (1969) sostiene que no hubo tal encuentro, tanto Saignes (1985) como Barnadas (1973) y Julien (2005), revisando la historiografía paraguaya y argentina de principios de siglo, consideran que efectivamente Alejo García y varios de sus compañeros pasaron a territorio del Collasuyo. Julien establece que García pasó al Paraguay entre 1522 y 1526 donde reunió unos 2.000 guaraníes con los que atravesó las llanuras que separan los Andes de la región del Chaco. García, que recibió el apodo de “Maraita”, sostuvo varios combates contra las naciones halladas en el camino cuya situación étnica era sumamente compleja, aunque entre muchos pueblos (carios, payzunos, guaxarapos, gueno, xarayes, ymore, tarapecosis, chimenecos …) se destacaron los chané, pueblo de lengua arawak, agricultor y considerado como el pueblo de contacto y de intercambio del metal andino (Combes, 2010). Un chané habría sido la persona que dio a Alejo García el metal que buscaba.

El pueblo chané sufró el acoso de los guaraníes, pueblo guerrero que avanzaba desde el Este. Este avance de los guaraníes pudo tener antecedentes en el periodo incaico pues se sabe que durante los siglos XIII-XV y aún antes, los guaraní-hablantes migraron unos en pos de las riquezas andinas y otros hacia el norte donde habitaron la cuenca del Amazonas junto con grupos de lenguas arawak y caribe. Estos movimientos produjeron a su vez una gran diversidad de grupos, lenguas y tribus en estos territorios. Información etnohistórica sugiere que diversos grupos habitaron el piedemonte andino antes que los chiriguanos tupi-guaraníes (Alconini, 2002). Pero especialmente en la región de la Cordillera chiriguana, la migración guaraní se incrementó en los siglos XV y XVI. (Para una ampliación de este punto ver tomo I).

La presencia europea habría incentivado estas migraciones que ya estaban en curso y los guaraníes terminaron instalándose en los llanos de Itatín al sudoeste de la región posteriormente conocida como Chiquitos y en la llamada Cordillera chiriguana y llanos de Grigotá hasta las cercanías de Tarija. Para contener este avance, los incas establecieron una cadena de fuertes como se observa en el mapa de Saignes (2007). Las fuentes designan a este grupo con distintas denominaciones, pero la más popular fue la de chiriguanos, utilizada recién a partir de 1557 como un término divulgado por los indios de las provincias del Perú. Barnadas (1973) calcula que el número de chiriguanos era aproximadamente de 5.000, pero por su movilidad, dio la impresión de una multitud.

Al parecer, finalmente, Alejo García y sus aliados indígenas lograron penetrar hasta Tomina y Mizque y saquear las fortalezas y depósitos incas. Al regresar, se habrían enfrentado en Tarabuco con los indios caracaraes, pueblo aymara- hablante que tenía su territorio nuclear en la región actual de Norte de Potosí, quienes fueron obligados a replegarse. A pesar del aparente éxito de la empresa, debido al propio carácter de la sociedad guaraní-chiriguana en constante tensión, el ingreso resultó en la muerte de García cuando retornaba hacia el Paraguay (Rodríguez, 2011).

Según Saignes (2007), el contacto de García con los caracaras constituyó el primer ingreso europeo al Tawantinsuyu, diez años antes que Pizarro. Sin embargo, las fuentes andinas son confusas al respecto: se sabe que el Inca Huayna Capac, preocupado por las invasiones chiriguanas y la muerte de los capitanes incas Guancané y Condori en la región de Samaipata, envió a su capitán Yasca logrando expulsar a los chiriguanos del pie de monte. Pero no se sabe si esta incursión correspondía al evento relacionado con Alejo García. Lo que parece ser cierto es que los chané del Chaco conocían anteriormente a los caracaras a quienes llamaban “puños” (Combes, 2010).
Mapa de Paraguay Siglo XVI

Mapa avance Inca en Paraguay

viernes, 5 de agosto de 2022

Elecciones Generales de Bolivia 1855

Jorge Córdova puede considerarse el primer presidente surgido de la voluntad popular, aunque hubo votaciones previas.

Merece ser considerada tal, pues si antes hubo otras dos votaciones directas (1844 y 1850), se las llevó a cabo sin oposición y fueron más bien ratificaciones.

1. EL TATA BELZU. Para inicios de 1855, el presidente Manuel Isidoro Belzu, se encontraba desgastado luego de seis años de gobierno en los que el fisco alcanzó superávit. Numerosas intentonas subversivas promovidas por la élite antagonista, hicieron que decida convocar a proceso electoral y la primera “transmisión” constitucional de la presidencia en 30 años de sistema republicano. El gobernante en la culminación de sus esfuerzos de bolivianidad, tenía en mente la “sucesión” legal, institucional y democrática en términos de aquellos tiempos de “voto calificado”. El 12 de marzo de 1855, el presidente Manuel Isidoro Belzú, mediante un decreto supremo llamó a elecciones presidenciales en el país a realizarse el 1 de mayo de ese año.

2. LAS CAMPAÑAS. Campañas electorales y la pulseta correspondiente son interesantes. El periódico democrático-popular La Época, ofrece panorama a tomar en cuenta. Muestra la construcción de las imágenes de los principales contendientes. Por ejemplo, a Córdova, yerno del mandatario saliente casado con su hija Edelmira, lo presenta como persona nueva, honesta, aguerrida, apegada a la ley, proveniente del “pueblo” e identificada consecuentemente con quienes tenían menos poder. Contrapone dichas virtudes, a la figura doctoral, teórica, insensible y separada de la gente, de Linares. Se capta que los adeptos de éste, a su vez, consideraban al candidato promovido por Belzu, inexperto y poco preparado para ejercer la primera magistratura. Confiaban en la trayectoria y prestigio de quien los representaba. Al acercarse las elecciones, la intensidad de los debates fue subiendo. Pero hay que remarcar que hubo alto grado de respeto y legalidad en dicha época electoral.

3. GANAR VOTOS. Hábilmente, se debe reconocer, la campaña de Córdova también estuvo dirigida a ganar confianza y votos entre sus opositores. A la vez que recibía constantes manifestaciones de apoyo popular rural y urbano, mensajes claros fueron emitidos, en sentido de, acuerdos, conciliación, defensa de las libertades y políticas que favorecieran la producción boliviana y consiguientemente a propietarios y comerciantes. En ello se marcaba alguna diferencia respecto a Belzu. Además, que llegando a la presidencia fue cumplido en gran medida.

4. EL DÍA DEL VOTO. La votación “popular”, según el historiador José Agustín Morales, se verificó el 1º de mayo. Inscribieron candidaturas: Córdova, Linares, Andrés de Santa Cruz y Calavmana, Tomás Frías, Gregorio Pérez, Celedonio Ávila y Calixto Ascarrunz. Más allá de que dos candidatos no pudieron volver a territorio boliviano, se conoce que el sufragio se efectuó sin presiones ni violencias. Linares y Santa Cruz y Calavmana fueron los ciudadanos que participaron estando exiliados.

5. LARGA ESPERA. Dadas las distancias, y sobre todo lo difícil que resultaba recoger los votos de los cantones provinciales y centralizarlos, se esperó los resultados durante tres meses en los cuales siguió el duelo entre el Gral. Córdova y el Dr. Linares. De tal manera, el 6 de agosto, fue instalado el Congreso Nacional en Sucre, presidido por el cruceño Manuel María Aguirre.

6. LOS RESULTADOS. El día 11, terminó el escrutinio de alrededor de 15.000 votos. Considerando el censo de 1846, participó un 1,09 por ciento del total de la población, cabe señalar. Las candidaturas más votadas fueron las que se incluye a continuación:


Jorge Cordova Presidente de Bolivia


El número de votantes estaba limitado por una serie de requisitos que necesariamente debían cumplir los ciudadanos. En ese sentido, sólo aquellos que sabían «leer y escribir», y tenían «un capital de cuatro cientos pesos», o ejercían «algún empleo, profesión, ciencia, arte u oficio» que les proporcionara «la subsistencia, sin sujeción a otro en clase de sirviente doméstico», gozaban «del derecho de sufragio en las elecciones»

En las elecciones de 1855, sufragaron solamente 14.414 individuos.

Las elecciones fueron relativamente correctas, absolutamente perfectas no las ha habido en Bolivia, por ellas se comprobó que Linares no contaba con la mayoría de la Nación. Los partidarios de Linares triunfaron en las capitales de Sucre y La Paz y en algunas provincias. En Potosí, su ciudad natal, perdió la elección. Las cifras anotadas ponen de manifiesto que los fraudes electorales fueron insignificantes, a no ser que se suponga que el partido belcista no contaba con ese escaso número de electores, lo cual estaría desmentido por la realidad de los hechos. Los partidarios más obsecados  de Linares, confirman que no hubo coacción oficial, y esto basta para abonar la conducta de los que presidieron aquellas elecciones".

También es ilustrativo, sobre este particular, tener en cuenta las siguientes palabras pertenecientes a Víctor Santa Cruz:

«Pese, sin embargo, a las tachas ciertas o atribuídas de la elección realizada el Io de mayo de 1855, lo evidente, lo que nunca puede ser desmentido, es el hecho de que el gobierno de Belzu dió una alta lección de democracia, al convocar por primera vez en Bolivia a una elección para designar por voto popular y directo al Presidente de la República»

El frente externo del imperio - La expedición de Gaboto hacia el Río de La Plata en 1526

El año 1526, en un viaje que originalmente tenía como destino las islas Molucas, Sebastián Gaboto encontró en las costas del actual Brasil, en Santa Catalina y la isla de Los Patos, a los náufragos de la expedición de Solís. Los españoles y portugueses habían recogido objetos de plata y cuerdas de camélidos comprobando que alguna relación ya se había establecido con las tierras altas. Estas informaciones hicieron cambiar la ruta anteriormente planificada por Gaboto que se dirigió hacia el estuario del Río de la Plata que, por entonces, aún no se conocía con ese nombre. Arribó a la desembocadura del Río de La Plata en febrero de 1527 y se internó hasta alcanzar los ríos Paraguay y Uruguay en abril de 1528, ríos que junto con el Paraná y otros grandes cursos fluviales forman la cuenca del Plata. En sus expediciones llegaron hasta la desembocadura de los ríos Bermejo y Pilcomayo. Entre tanto, Diego García, otro navegante español, había planificado su segundo viaje a América para pasar por el estrecho de Magallanes y remontar hacia el norte; sin embargo el cambio de planes de Gaboto frustró su empresa.
La mar del sur

jueves, 4 de agosto de 2022

El frente externo del imperio

Paralelamente al grupo de los Pizarro, otros europeos seguían el rastro de un fabuloso imperio por una ruta diferente: la del Río de la Plata. Entrando por el sudeste en una ruta más larga y más lenta que la del Pacífico, buscaban la sierra donde, según los guaraníes de la costa, moraba el Rey Blanco. La región del Río de la Plata era estratégica tanto por ser una ruta alternativa al rico imperio incaico como por que la Corona española no podía perder tiempo, porque desde el descubrimiento del Brasil en 1500 por Pedro Alvares Cabral, los portugueses amenazaban con expandirse al sur hasta el Río de la Plata y más allá, privando a los españoles de valiosas posesiones en América. El avance por el Río de la Plata era por tanto un proyecto de la Corona pactado con particulares.

Las costas del Brasil y el estuario del Río de la Plata habían sido alcanzados por Juan Díaz de Solís siguiendo la ruta de Américo Vespucio (1502). Díaz de Solís realizó su expedición entre 1517 y 1518: él y la mayoría de sus compañeros pagaron con su vida la audaz empresa; solamente un grupo de once sobrevivientes quedó por diez años entre los indígenas del lugar recogiendo informes acerca de un reino de fábula del que obtenían algunos objetos de metal.
gobernador Vaca de castro

miércoles, 3 de agosto de 2022

La mayor crisis demográfica de la historia

El hecho más dramático del choque cultural que tuvo lugar con la llegada de los europeos a América fue sin duda la caída demográfica que comenzó en las islas de las Antillas y dio inicio a un largo ciclo de crisis demográfica en todo el Nuevo Mundo.

Este choque significó un cataclismo biológico y un enorme cambio ecológico que transformaron por completo las perspectivas de ocupación humana del planeta. Los conquistadores ibéricos trajeron consigo un poderoso conjunto de materiales biológicos; algunos de manera consciente como las nuevas plantas (viñedos, naranjas, trigo…) y nuevos animales (caballos, mulas, ganado vacuno, cerdos, ovejas…). Pero junto a estos, otros organismos llegaron, otros gérmenes patógenos de distinta calidad y efecto. Las consecuencias de estos últimos fueron tan enormes que causaron un verdadero colapso demográfico a partir de 1492.

A partir de la presencia europea en México comenzó una caída que no pararía sino a fines del siglo XVII. Los estudios indican que la caída fue más violenta en las primeras décadas para continuar, aunque con menos intensidad, por dos siglos más. Las cifras son asombrosas: para México se ha calculado la siguiente tendencia: el año 1519 se calcula había 25 millones de habitantes; en 1532, 16.8 millones; en 1548, 6.3 millones; en 1568, 2.65 millones; en 1580, 1.9 millones y en 1605, 1.075 millones.

En los Andes, aunque la baja demográfica fue enorme, no llegó a la magnitud de las Antillas o Mesoamérica. La población del Tawantinsuyu era de aproximadamente 10 millones de habitantes en la década de 1530. El siguiente registro data de 1575 cuando se anotó para el virreinato del Perú una población indígena de 1.300.000 habitantes; sin embargo, una década más tarde, se contabilizó 3.000.000. A pesar de estas discrepancias, se coincide en que hubo una muy importante caída demográfica cuyo descenso fue desigual según las regiones. Se sostiene que la baja demográfica fue más aguda en las tierras cálidas y al norte donde la caída fue del orden de 75% y menor en las tierras más altas y frías del altiplano. Además, allí, un sistema de poblamiento en pequeños poblados aislados unos de otros contribuyó a mitigar la propagación de las epidemias. Asimismo, la caída demográfica no fue igual en todos los lugares ni a lo largo de todo el período. Fue mucho más aguda los primeros veinte años de presencia europea y posteriormente fue menos intensa.

Admitiendo las anteriores cifras, la población de la América precolombina habría sido de unos 40 a 80 millones de habitantes. En esa misma época, Europa tenía alrededor de 100 millones de habitantes y en el mundo, la población era de alrededor de 400 millones. Esto significa que en el momento del contacto, la población del continente pudo haber representado entre 10 y 20% del total de la humanidad. Un siglo después, la población americana, incluyendo a los europeos recién inmigrados, no representaba en términos cuantitativos más de 3% de la especie humana.
Crisis Sanitaria de la Historia

martes, 2 de agosto de 2022

El inicio del fin - Las campañas de conquista

Tras la ejecución del Inca, Pizarro inició la campaña sobre Quito donde se había organizado la resistencia y tuvo que enfrentar los ejércitos incaicos, venciendo a los generales incas. Aprovechó las peleas entre facciones incas y el 11 de agosto de 1533, todavía en Cajamarca, nombró como nuevo Señor del Tawantinsuyo al Inca Tupac Huallpa, representante del bando “huascarista”. Este joven inca tuvo un brevísimo gobierno de tres meses ya que murió en el camino hacia Cusco, asesinado por los seguidores de Atahuallpa. El 14 de noviembre, Francisco Pizarro, sus tropas y los auxiliares indios, hicieron su entrada en la capital inca. Contaban entonces con la ayuda de los indios huancas de Jauja que le prestaron su colaboración entonces y a lo largo de la conquista. El ingreso al Cusco tuvo lugar en medio del estupor de la gente que había salido en multitud a los caminos para ver pasar la comitiva.

Precisamente, la colaboración de grupos contrarios a los incas que aprovecharon la coyuntura para oponerse a su dominio fue una de las explicaciones a la facilidad de la conquista. A diferencia de lo que suele creerse, la resistencia a la invasión europea –a cargo de los capitanes de Atahuallpa– fue sostenida y aunque Quisquis y su ejército estaban en el Cusco, Pizarro logró ingresar y tomar el fabuloso tesoro de Coricancha. Se ha escrito mucho sobre la diferencia de armamento, el uso de perros y de caballos que creaban pánico entre los indios, pero a pesar de ello, en el fondo del enfrentamiento, lo que se observa es un abismo cultural entre europeos y americanos. ¿Se pudieron imaginar los generales incas que los españoles recibirían refuerzos de ultramar? ¿Cómo podía romperse la creencia de que si tomaban las wakas, controlaban a su pueblo? ¿Cómo contrarrestar las epidemias de enfermedades desconocidas?

Sin embargo tampoco era simple dominar un imperio. Los invasores tenían la necesidad de contar con el aval de los incas para consolidar su conquista, pues de otro modo podían descabezar el imperio pero no someter a los súbditos. Los conquistadores aceptaron entonces la coronación de Manco Inca, uno de los hijos de Huayna Capac, elegido por la élite inca del lado de Huáscar. Manco salió del Cusco hasta Vilcacunca a dar encuentro a los españoles. Aunque cronistas como Murúa ([ca.1600] 2001) dijeron que fue este encuentro un signo de sumisión y obediencia del nuevo inca a los españoles, lo que tuvo lugar fue un extraño acto de mutuo reconocimiento de poder, tanto de parte de Manco como de Pizarro. Manco dio a Francisco Pizarro un capac unco, la ropa con que vestían los incas cuando iban a ser coronados. Por su parte, Pizarro reconoció a Manco como nuevo inca gobernante delante de los conquistadores, de los orejones y de los curacas de todas las provincias que venían con él y mandó le obedeciesen. Para esta ocasión, llegó su hermano Paullu desde la isla Titicaca donde había estado escondido de la furia de los partidarios de Atahuallpa; tenía 18 años, y era solamente unos meses menor que el nuevo inca. 
Mapa de las Gobernaciones de Sudamerica

Coronación de Manco Inca

Muerte de Athauallpa

En el Cusco, hubo rituales consagratorios durante treinta días, sacando en procesión a las momias de los antepasados incas ¿Qué indicaban estos rituales? Al parecer se celebraba la derrota de Atahuallpa y el nombramiento de Manco Inca bajo el poder de los Viracochas y por lo tanto, como dice el cronista Garcilaso, “no les resistieron en su conquista como pudieron” pues continuaban las pugnas entre las facciones incas, ejecutando a los generales de Atahuallpa.

Hasta este momento, los acontecimientos más notables ocurrieron desde el Cusco hacia el Norte. En Trujillo, Francisco Pizarro recibió la noticia de los problemas que ocasionaba Diego de Almagro que pretendía posesionarse del Cusco, ciudad que, según él, entraba en el territorio que el rey le había otorgado. La gobernación de Almagro, denominada Nueva Toledo, era una de las cuatro divisiones administrativas creadas en América del Sur por el emperador Carlos V en 21 de mayo de 1534, en reemplazo de las gobernaciones creadas en 1529 que no favorecían a Almagro. La real cédula le otorgaba 200 leguas en dirección norte-sur que comenzaban aproximadamente en el paralelo 14° S., cerca de Pisco, correspondiendo al límite sur de la Gobernación de Nueva Castilla otorgada a Pizarro. Al enterarse de la creación de la gobernación, Diego de Almagro se dirigió al Cusco a tomar posesión del cargo de Teniente de Gobernador de esa ciudad. A partir de este momento, las tensiones entre los conquistadores fueron creciendo y sólo terminarán con la muerte de ambos.
Retrato de Diego de Almagro

En muchos casos, las explicaciones acerca de la conquista no tomaron en cuenta que la resistencia fue feroz, como ocurrió en Tenochtitlan, capital de los aztecas cuya fabulosa arquitectura fue totalmente destruida. Fue recién en la década de 1940 que se encontraron los restos del templo mayor azteca debajo de la catedral de la ciudad de México. En los Andes, no hubo enfrentamientos en la capital sino estrategias distintas frente al invasor. La resistencia se trasladó a la selva durante cuarenta años y no fue sino en 1575, bajo el gobierno del virrey Toledo, que el último Inca, Tupac Amaru I, fue ejecutado; entonces se pudo decir que terminó la etapa de la conquista.

Entre las causas de la derrota, se menciona la superioridad en armas que trajeron los europeos, lanzas, picas, espadas, ballestas y armas de fuego como los arcabuces de mecha y algunos cañones, la mayoría de bronce y algunos de hierro. Pero sobre todo, usaron caballos y perros entrenados para la guerra, que causaron estragos entre los guerreros americanos, tanto que escribió Cortés: “¡No teníamos, después de Dios, otra seguridad sino la de los caballos”.

Jugaron en contra de los indígenas las concepciones sobre la guerra que eran cultural y diametralmente distintas a las europeas. En los Andes, la guerra era un asunto religioso: se marchaba a la guerra en compañía de las momias de los antepasados y si éstas eran tomadas por los enemigos, se lo consideraba como una derrota total. También se dijo que, en realidad, la conquista no hubiera podido llevarse adelante sin la colaboración de pobladores locales que, ansiosos de terminar con el dominio ya sea azteca o inca, optaron por colaborar con los extranjeros. Allí estuvieron tlascaltecas acogiendo a las huestes de Cortés luego de la “noche triste” y a los chachapoya y los huancas marchando con los españoles en Perú. Se sostiene que sin su auxilio, no solamente en la guerra sino en la retaguardia, por el apoyo dado por yanaconas y mujeres, la sobrevivencia de los españoles hubiera sido imposible. Se ha acuñado también el término de “la maliche”, mujer amante del conquistador que abrió las puertas mediante su conocimiento de las lenguas locales y los códigos culturales que los conquistadores debían conocer para dominar a los pueblos. Así, mientras Cortés tuvo a Marina como su mujer y traductora cultural, Pizarro contó con el apoyo de su joven esposa Inés Huaylas, hermana del inca que, durante el cerco a Lima (1536), apoyó a Pizarro con las huestes de su madre, la curaca Contar Huacho.

Fueron dos sistemas culturales en choque cuyas expresiones se vieron en profundo conflicto; este enfrentamiento, en toda su complejidad, es parte de la explicación del rápido sometimiento. Ya señaló en su momento Levi Strauss (1952) que una de las fatalidades de los americanos fue su aislamiento geográfico: a diferencia de los europeos que estuvieron en contacto con Asia y África y tuvieron sociedades en constante mestizaje, los americanos en cambio apenas tuvieron contactos esporádicos entre Mesoamérica y los Andes. Esta realidad tuvo consecuencias no solamente a nivel cultural sino incluso biológico pues eran poblaciones que no habían desarrollado anticuerpos hacia enfermedades tan comunes como la gripe que hizo estragos en la población, y ni qué decir de otras enfermedades. Respecto a las epidemias, se sabe, por ejemplo, que el Inca Huayna Capac, que se encontraba en Quito, murió de sarampión o viruela pues la epidemia llegó antes que las personas. Asombrados, lo amautas embalsamaron el cadáver y lo llevaron hasta el Cusco escondiendo su muerte en previsión de la guerra civil que se venía.

lunes, 1 de agosto de 2022

El inicio del fin - La muerte de Atahuallpa

Cuando llegaron Francisco Pizarro y sus tres hermanos al Perú, ya Cortés había controlado al imperio azteca. El dominio que llevó adelante Cortés fue veloz: en 1518 los navíos estaban frente a la isla Cozumel donde se encontraban pueblos mayas y ya el 10 de febrero de 1519 partían hacia México. El 8 de noviembre de ese año, los hombres de Cortés entraron en Tenochtitlán, la capital azteca, siendo recibidos por el emperador Moctezuma en persona. Fueron alojados en un gran edificio pero, al enterarse de una conjura para expulsarlos de la ciudad, tomaron a Moctezuma como rehén y se valieron de él para mantenerse en la corte azteca, tal como hará luego Pizarro con Atahuallpa. Pedro de Alvarado, convencido de que los aztecas planeaban una nueva conjura, ordenó pasar a cuchillo a varios nobles aztecas durante la celebración de un ritual. Como respuesta, miles de indígenas en actitud amenazante hostilizaron a los españoles. Entonces, Cortés envió a Moctezuma para calmar a su pueblo pero lejos de lograrlo, el emperador murió en el intento. En tanto Cortés y sus hombres tuvieron que huir de la ciudad situación en la que murieron muchos de ellos; aquella sangrienta retirada fue recordada por el cronista Bernal Díaz y pasó a la historia como “la noche triste”. En 1520, después de 93 días de asedio y luchas, calle por calle y cuerpo a cuerpo, Tenochtitlan, totalmente devastada, cayó definitivamente. Así, en dos años de cruentos enfrentamientos y juegos de alianzas con los enemigos de los mexicas, Cortés consiguió dominar al mundo azteca.

Un año antes, en 1519, se creó el Consejo de Indias que sería el ente encargado de administrar el Nuevo Mundo en lo ejecutivo, legislativo y judicial y ese mismo año, una epidemia de viruela hizo estragos en la isla de Cuba. En el Perú, por entonces reinaba el Inca Huayna Capac que, en un viaje a la región del Ecuador, contrajo la viruela, un virus europeo que se había adelantado a los conquistadores. Más de una década después Francisco Pizarro y su gente llegaron a Cajamarca.

El encuentro de Atahuallpa con Pizarro ha sido registrado con todo detalle. El 16 de noviembre de 1532, Francisco Pizarro al mando de 168 hombres ingresó al valle de Cajamarca recibiendo a lo largo del camino pruebas del espíritu pacífico del Inca: obsequios exquisitos y suministros para su tropa. Pero, al anochecer, Atahuallpa no había salido aún de su palacio. Pizarro, alarmado, le mandó decir que se encontrasen antes de que cayera la noche pues temía un ataque en la oscuridad. Salió el Inca lentamente en una litera cubierta de plumas de papagayo y decorada con chapas de oro y plata; detrás de él caminaba una comitiva de principales y, según los cronistas, con él estaban unos 5.000 indios. Este caminar apenas perceptible ha sido estudiado llegándose a la conclusión de que era otro signo de paz, pues cuando partían a la guerra, lo hacían a toda carrera (Martínez, 1986). Cuando llegó Atahuallpa, fray Vicente Valverde avanzó solo al centro de la plaza, leyó el requerimiento y le entregó la Biblia. Los hombres de Pizarro se encontraban escondidos en las construcciones aledañas; cuentan los cronistas que se orinaban de terror pues, aunque las armas de hondas y mazos parecían inferiores, Atahuallpa contaba con miles de hombres.

La actitud del Inca frente al fraile fue altiva: le reclamó enérgicamente por los saqueos. Valverde regresó casi gritando ante Pizarro que salió a la plaza y, tomando del brazo a Atahuallpa, lo hizo prisionero, como había hecho Cortés con Moctezuma. Al grito de “¡Santiago!” tocaron las trompetas y españoles de a pie y a caballo salieron de sus escondites liquidando a la guardia del Inca y a otros nobles. Entonces, la mayoría de los que conformaban la comitiva huyó ante la confusión aunque otros intentaron defender al Inca. Al final del día, la plaza estaba llena de cadáveres y al día siguiente, se recogió el primer botín que fue avaluado en 40.000 pesos, dejando en claro el interés por las riquezas del Imperio. A pesar de que este hecho se recordaría como el hito que cambió la historia andina, Edmundo Guillén (1978) sostiene que en Cajamarca solamente tuvo fin la rebelión de Atahuallpa contra su hermano Huáscar; según este autor, el fin del Tawantinsuyu ocurrió décadas más tarde, en 1572, después de largas y sangrientas luchas.

Mientras el Inca estaba prisionero, seguían las luchas entre los bandos de Huáscar y Atahuallpa quien, para recuperar su libertad, prometió llenar de oro y plata la habitación donde estaba prisionero. Mientras el Inca estaba en Cajamarca, en enero de 1533, salió una expedición de allí hacia Pachacamac, santuario cercano a la actual ciudad de Lima, de donde Pizarro recogió el tributo que la gente de los valles aledaños había llevado a los europeos. La comisión retornó de Pachacamac con un fabuloso botín al que se unió el recogido en el Cusco. Las piezas fueron fundidas para ser repartidas mientras que Hernando Pizarro fue comisionado para escoltar el quinto (impuesto del 20%) del rey. Este botín fue usado por Carlos V en su campaña contra los turcos.

Entre tanto, el intérprete Felipillo difundía rumores de rebelión contra los españoles sosteniendo que se reunía un ejército de 200.000 indios, este rumor parecía cierto pues, aún encarcelado, Atahuallpa seguía siendo temido por sus tres generales Rumiñahui, Quisquis y Chalcochimac que estaban preparados para reorganizar el ejército. Desde su prisión, el Inca mandó matar a su hermano Huáscar, mostrando así que la pugna entre las panacas incas todavía continuaba en una lucha intestina que dividía a la élite gobernante. Al parecer, no tenían consciencia de que, con ello, ayudaban al desmoronamiento del imperio.

En abril de 1533, cinco meses después que Pizarro, Diego de Almagro llegó a Cajamarca con 150 hombres de refuerzo que marcharon en varias expediciones a Pachacamac y al Cusco, a recoger el oro prometido. En junio del mismo año se repartió el tesoro del rescate del Inca, y al mes siguiente, el 28 de julio, Atahuallpa fue ejecutado. El cronista Cieza cuenta que, antes de morir, Atahuallpa dijo que volvería al Cusco hecho culebra. La muerte del Inca constituye un hito fundacional en la memoria de los Andes que marca el inicio de una nueva historia que ha tratado de ser explicada por los propios indígenas mediante una serie de mitos que intentan dar sentido al fin de una era.

Según el cronista mestizo Garcilaso de la Vega ([1606]1985), los Andes se sacudieron con violentos terremotos y sacacas o cometas de fuego cruzaron el cielo, anunciando desastres según expresó Atahuallpa cuando estaba en prisión. El Inca lamentaba que los sacacas anunciaban “caída de imperios y muerte de reyes” (Arze y Medinacelli, 1991). Estos mitos presagiando ruinas son comunes en este periodo de la historia. En México, los informantes del franciscano Bernardino de Sahagún refirieron también sucesos sobrenaturales: columnas de fuego, cometas en pleno día y nacimiento de seres extraños. Entre los mayas, en el Chilam Balam, figura una predicción sobre el trastorno del mundo. Esta parece ser la perspectiva del lado indígena que intentaba explicar lo inexplicable. Del lado europeo, se crearon otros mitos: de las inagotables riquezas de un imperio, del Gran Paitití y de la intervención divina a su favor.

Un punto común en la literatura sobre esta época es sostener que los indígenas creyeron que los españoles eran dioses. Gruzinski y Bernand (1996) dan al respecto un argumento sencillo y contundente: no los tomaron por dioses porque simplemente en las culturas prehispánicas no había dioses en el concepto cristiano y occidental, omnipotentes y creadores de hombres y la naturaleza, como se entiende hoy; los consideraban simplemente como una verdadera aberración.

Aporte de los trabajos sobre la conquista

Queremos resaltar el aporte de varios trabajos escritos acerca de la conquista del Collasuyu en su mayoría en la década de 1960:

Altieri, Andrés (s.f.), “El camino del Collasuyu”. Revista Panorama del mundo. Buenos Aires.

Arze Quiroga, Eduardo (1969), Historia de Bolivia. Fases del proceso Hispano–Americano: orígenes de la sociedad boliviana en el siglo XVI. La Paz: Editorial Los Amigos del Libro.

Barnadas, Josep (1973), Charcas, Orígenes históricos de una sociedad colonial (1535 -1565). La Paz: CIPCA.

Vega, Juan José (1969), La guerra de los Viracochas. Lima: Ed. Universidad Nacional de Educación. Villalobos, Sergio (1962), “Almagro y los Incas”. Revista Chilena de Historia y Geografía, 130, Santiago.