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sábado, 14 de febrero de 2015

14 de febrero de 1879 Chile invade litoral boliviano

El “año fatídico” para Bolivia fue 1879 escribió Mariano Baptista Gumucio, en su obra Historia gráfica de la Guerra del Pacífico.

Sin exagerar, 1879 continúa siendo fatídico en este sábado 14 de febrero de 2014, cuando los bolivianos, sin excepción, lo tenemos presente pues, Bolivia sin acceso al océano Pacífico, es una nación obligada, contra sus derechos históricos, a vivir encerrada entre sus montañas.

Un siglo y treinta seis años, con hoy, los bolivianos llevamos en alto el estandarte del retorno al Pacífico, por la vía legal y pacífica, mientras que la diplomacia chilena apoyada por la fuerza bélica, hace de aquella invasión un derecho natural, basado inicuamente, en la geofagia.

La demanda marítima boliviana ante la Corte Internacional de Justicia, de La Haya es un recurso soberano de nuestra política sobre el Pacífico y así es comprendida en el concierto internacional.

En realidad, Bolivia ha saltado sus montañas y llegado a La Haya, para reconquistar lo que fue y es suyo mucho más antes de proclamada nuestra República. Documentos de la etapa colonial, mapas del Siglo Diecinueve y hasta libros escritos por ciudadanos chilenos de la época constituyen un bagaje histórico que refrenda, efectivamente, que Chile invadió por la fuerza el litoral boliviano y que lo retiene por más de trece décadas sin mayor derecho.

ANTOFAGASTA

El viernes 14 de febrero del año fatídico, la fuerza chilena, poniendo en práctica su proyecto geopolítico de apoderarse de la inmensa riqueza natural, contenida en las centenarias guaneras, da un ultimátum a la Prefectura del Departamento del Litoral boliviano, para que se rinda y abandone Antofagasta.

Ante la negativa de las autoridades bolivianas, Chile invade este departamento con sus fuerzas militares y civiles que, además, saquean la ciudad de Antofagasta y luego, prosigue la invasión capturando el territorio nacional: caen Mejillones, Cobija y Tocopilla.

Grupos bolivianos cobijados en Calama, cuyo comandante fue Ladislao Cabrera, en número de 135 combatientes, se parapetan y uno de ellos, Eduardo Abaroa, junto a doce de sus compañeros, enfrenta al grueso del ejército invasor.

Es conocida la actuación de nuestro héroe civil, don Eduardo Abaroa que prefirió morir disparando a rendirse a la tropa invasora.

Han transcurrido 136 años de aquella invasión, que la sentimos hoy con más nitidez que nunca pues, la ausencia obligada del Litoral, que además de impedir a Bolivia su acceso al Pacífico, detiene nuestro progreso.

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