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martes, 7 de octubre de 2014

PARTIDOS POLÍTICOS DE LA POST GUERRA DEL CHACO

El POR, que se decantó por el trotskismo en 1938; el PIR, de orientación marxista, y el MNR, nacionalista, surgieron después del conflicto bélico

Los partidos políticos en Bolivia durante la post Guerra del Chaco se caracterizaron por su gran participación, si bien en algunos casos fueron violentos y, en otros concretos, mantuvieron tendencias e ideologías disímiles en un momento en que Bolivia se debatía en busca de nuevas páginas y proyectos de desarrollo. Hito significativo es el 30 de octubre de 1938, cuando el gobierno de Germán Busch promulgó una nueva Constitución que cambió la orientación de algunos principios esenciales que permanecieron inamovibles desde la Constitución bolivariana de 1826. Estos cambios obedecían a la corriente denominada constitucionalismo social, que fue inspirada por la Constitución mexicana de 1917, producto, a su vez, de la revolución de 1910 en ese país.

Constitucionalismo social. El constitucionalismo social fue adoptado en Bolivia por algunos partidos políticos como una respuesta a la profunda crisis política, social, económica y cultural que imperaba, sobre todo después de la Guerra del Chaco. Ese contexto también dio paso a la fundación de nuevos partidos políticos de diferente tendencia tales como el Partido Obrero Revolucionario (POR) fundado en Córdoba, Argentina, en junio de 1935 por José Aguirre Gainsborg, destacado ideólogo marxista de la época, y Tristán Marof y su agrupación “Túpac Amaru”; marxista de origen, el POR definió su identidad en 1938 después de la IV Internacional, donde nació la corriente de Trotsky que enfrentó a Stalin. Fue el primero de los partidos antioligárquicos de la postguerra con Paraguay que logró avances significativos entre los mineros, pero no alcanzó a tener una influencia nacional hasta la década de 1940. Será un partido importante porque, a pesar de su pequeña dimensión, influyó por más de 70 años y marcó una línea ideológica en momentos clave. Los dos más significativos: la “Tesis de Pulacayo” en 1946 y la Asamblea Popular en 1971. A partir de 1953, Guillermo Lora fue su máximo líder en Bolivia de diversos modos y en diferentes magnitudes.

En 1940 nació el Partido de Izquierda Revolucionaria (PIR), bajo la conducción ideológica de jóvenes líderes marxistas como José Antonio Arze, Ricardo Anaya y Abelardo Villalpando. Más definidamente marxista según su Programa de Principios emitido en 1941, asumió una posición más concreta sobre una reforma agraria “orientada a liquidar el latifundio feudal improductivo, abolir la servidumbre del indio y convertir los pueblos indígenas en cooperativas agrícolas”.

En el puente de la villa... Un año después, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) sentaba presencia por primera vez en el ámbito político el 25 de enero de 1941. Surgió a iniciativa de jóvenes excombatientes de la contienda del Chaco como Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Zuazo, Carlos Montenegro, Wálter Guevara Arze, José Cuadros Quiroga, Germán Monroy, Raúl Molina, Fernando Iturralde, Jorge T. Lavadenz, Rigoberto Armaza Lopera, Rodolfo Costas y Julio Espinoza, con una serie de planteamientos favorables a los sectores populares y campesinos, que se correspondían con las ideas de la Constitución de 1938 plasmadas durante el gobierno de Busch.

El MNR sintetizaba su posición en la búsqueda de una solución definitiva al aislamiento de la clase campesina con tres acciones: la integración cultural y educativa, la afectación de tierras baldías en los extensos e improductivos latifundios y la eliminación de la servidumbre en las haciendas, mediante un Estatuto o Código Agrario para regir las relaciones laborales en el agro.

Estos tres partidos políticos emergieron en un contexto en el que el país, por un lado, estaba gobernando por militares de tendencias nacionalistas que pretendían que las actividades estratégicas del país estuvieran en manos del Estado, como por ejemplo los hidrocarburos mediante la creación Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Y por el otro, de aquellos gobiernos entreguistas como es el caso del general Enrique Peñaranda, quien había suscrito contratos de goma y de minerales, entre otros, a precios muy por debajo de los que regían en el mercado libre y tan despreocupado de los asuntos públicos y sociales, lo que culminó en una sangrienta represión en Catavi (1942), cuyo trágico saldo fue la pérdida de cientos de vidas.

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