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jueves, 6 de junio de 2013

Al maestro boliviano con cariño

Durante el gobierno de Bautista Saavedra, bajo Decreto Supremo, es declarado en mayo de 1924, cada 6 de junio, como el Día del Maestro boliviano como un sentido homenaje a ese ser que imparte nuevos conocimientos en diferentes centros.

Como figura histórica en Bolivia tenemos a Modesto Omiste que aportó enormemente a la educación de nuestro país. Considerado por muchos escritores como “El Sarmiento boliviano”. Creó las escuelas “1º de Abril” (niños) y “Juana Azurduy de Padilla” (niñas) en el año 1883. Fue gestor de las Asambleas del Maestro, donde impartió en conferencias modernos métodos pedagógicos para su tiempo. Se consagró a la libertad de enseñanza en todos sus grados e influyó en la Ley de Libertad de Enseñanza que se aprobó un 22 de noviembre de 1872.

Otros personajes influyentes para la educación boliviana fueron: Franz Tamayo, quien explicó la urgencia de una pedagogía basada en nuestra realidad étnica antes que en modelos extranjeros en su obra Creación de una Pedagogía Nacional.

Por su parte, Avelino Siñani y Elizardo Pérez, marcaron un hito con la escuela productiva de Warisata. Se puede citar a más personajes que dieron a Bolivia un impulso importante en la educación, pero son más importantes aquellos maestros que, anónimamente y desde las aulas, luchan día a día por sembrar en las jóvenes mentes “la alegría de aprender” que ya Jaime Escalante hace más de 40 años enunció. La libertad y alegría de aprender es el máximo reto que todo buen maestro toma en sus manos antes de entrar al aula. Homenaje en el Día del Maestro en Bolivia

Todos debemos rendir un justo homenaje a las personas que nos nutrieron y robustecieron nuestros primeros conocimientos con las sabias y pacientes enseñanzas, impartidas años atrás cuando estuvimos en la escuela.

Rindamos también un homenaje a los que tuvieron la responsabilidad de prepararnos en el nivel secundario, los cuales merecen respeto y toda nuestra consideración.

Aún recordamos sus sabios consejos maestro y amigo, teniendo muy presente, entre tantos pasajes de nuestra vida escolar, la vez que un grupo de alumnos faltamos a clases durante varios días, aprovechando ese tiempo para formar un club deportivo y para colmo de la imprudencia o inocencia de niño, mediante una carta con pésima ortografía, retamos al equipo del colegio vecino y adversario para sostener un encuentro futbolístico, lógicamente resignados al posterior castigo que se nos vendría encima, sin lugar a dudas.

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