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miércoles, 7 de agosto de 2013

Sucre, Alto Perú, 10 de agosto de 1825.-

El nuevo país que se había declarado independiente el 6 de agosto, por voluntad de sus habitantes ha sido bautizado con el nombre de Bolívar.

En el Congreso se presentaron tres alternativas: reunirse con el Bajo Perú, adherirse al Río de la Plata o constituir un Estado independiente. Tanto como Perú como las Provincias Argentinas admitían esta última posibilidad. En cambio, Simón Bolívar, si bien no llegó a desautorizar públicamente a Sucre, no creía conveniente alentar una resolución de esa manera “pues entendía que conspiraba contra los intereses de los demás países de la América del Sur”.

Finalmente el Congreso optó por la independencia. La capital se denominó Sucre en homenaje al héroe de Ayacucho y Bolívar fue designado Protector de la Patria.

Posteriormente se aprobó una Ley Fundamental que instituye un régimen unitario basado en la división de poderes y establece los símbolos nacionales y la moneda.

Nadie duda en este nuevo país de la estrecha relación existente entre su consolidación como Estado independiente y la gestión del llamado “Libertador”, general Simón Bolívar, en todo el norte de Sudamérica. Pero de lo que sí se tiene vacilaciones es respecto al nombre oficial con que deben referirse sus habitantes a la flamante república, tras haberse cambiado recientemente el nombre de República de Bolívar por el de Bolivia.

Algunos asesores políticos, por su parte, han comentado que la medida intenta disimular vanamente la influencia que el Libertador ejerce sobre la Asamblea Constituyente y sobre la legislación del país en general. “Ya en los primeros días de septiembre, Bolívar aconsejó a la Asamblea enviar una representación diplomática a todos los países de América, con objeto de gestionar el reconocimien

to de la nueva República, Ahora, desde el Perú, ya comenzó a legislar en materia económica”, informaron las mismas fuentes.

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